De la noche de las velitas a la noche de Navidad. El presente artículo comenta las fiestas marianas de diciembre. Es una reflexión bíblica y teológica sobre estas celebraciones y se refiere también a las tradiciones cristianas del pueblo de Dios.
Recuerdo la anécdota de un jesuita que, volando sobre los campos de Colombia, advirtió que brillaban muchas lucecitas: era el 7 de diciembre, la noche de las velitas. Una costumbre colombiana y, quizás, internacional.
El Papa Pio IX se preparaba para proclamar al día siguiente, 8 de diciembre de 1854, el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Los fieles católicos de muchos países -incluida Colombia- se unieron a esa celebración encendiendo velas y faroles en ventanas, calles y plazas.
El orden cronológico (8 y 24) no está invertido en las fiestas litúrgicas, aunque la comprensión de su significado es retroactiva. El nacimiento de Jesús se celebra el 24 de diciembre, y no se puede separar de la concepción de la Virgen María. El dogma de la Encarnación del Hijo de Dios es el fundamento del dogma de la Inmaculada Concepción de María que también ha sido plasmado en la obra de destacados pintores, como en bellas composiciones musicales.
Lo que se quiere significar con la Inmaculada Concepción no es la concepción virginal de Jesús, sino que María, por ser la madre del Salvador, fue libre de pecado desde su concepción; es decir, que la eficacia de la acción redentora del pecado -obrada por Jesucristo- fue “retroactiva” para su madre.
Se suele acentuar la diferencia religiosa entre católicos y evangélicos acerca de la devoción a la Santísima Virgen María. Basándose en su principio de “Sola scriptura”, el protestantismo objetó que este privilegio mariano de la Inmaculada Concepción carece de fundamento bíblico y, por consiguiente, no podía ser objeto de fe cristiana; la segunda objeción es -argumentan- que Cristo es el único Mediador y Salvador.
Sería largo de explicar aquí el fundamento bíblico -especialmente en el Evangelio de San Lucas- del dogma de la Inmaculada Concepción de María, la madre de Jesús. Baste, por ahora, citar algunos textos:
“El ángel le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo… El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios… Respondió María: Yo soy la esclava del Señor, que se cumpla en mí tu palabra”.
“Isabel, llena de Espíritu Santo, exclamó con voz fuerte: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre… Dichosa tú que creíste, porque se cumplirá lo que el Señor te anunció…. María dijo: Mi alma canta la grandeza del Señor, mi espíritu festeja a Dios mi Salvador, porque se ha fijado en la pequeñez de su esclava y en adelante me felicitarán todas las generaciones. Porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí, su nombre es santo…”
De las palabras anteriores, se formó la oración del “Ave María” extendida por toda la catolicidad, y que se repite por decenas -como una especie de mantra- en el Santo Rosario.
En cuanto a la segunda objeción del protestantismo, el Concilio Vaticano II es claro al afirmar que “Uno solo es nuestro Mediador… el hombre Cristo Jesús, que se entregó a sí mismo para redención de todos. Sin embargo, la misión maternal de María para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo… y lejos de impedir la unión inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta.”
Es conveniente recordar el “Sensus fidei fidelium” (el sentido de la fe de los fieles) que es la capacidad del pueblo de Dios para no equivocarse en materias fundamentales de fe cuando está unido al Magisterio de la Iglesia, es decir, que el conjunto de los fieles por la gracia del bautismo y del Espíritu Santo no se equivoca en la fe. Desde el Concilio de Éfeso en el año 431, la Iglesia confiesa a María como la Madre de Dios.
Esto nos lleva a la fecha del 12 de diciembre, cuando se celebra la festividad de la Virgen de Guadalupe. Esta veneración popular a la Virgen María no es sólo mexicana, sino que -entre todas las advocaciones de la Madre de Dios- es de las más extendidas, en toda Latinoamérica y, de alguna manera, universalmente.
Según la tradición católica, la devoción a la Virgen de Guadalupe nace a partir de las manifestaciones de la Virgen María al indígena Juan Diego Cuauhtlatoatzin en Tepeyac entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531. Sería largo describir la historia de la Virgen de Guadalupe desde esa fecha hasta la actualidad; los santuarios en su honor y los más de 20 millones de peregrinos al año, hablan por sí solos de la importancia que ha mantenido esta devoción de la fe cristiana a la Madre de Dios y de la Iglesia.
Desde las fiestas del 8 y del 12 de diciembre, llegamos a la Noche de Navidad: el nacimiento del Niño Jesús, el Niño Dios, que celebramos el 24 de diciembre; no es simplemente una tradición, una fiesta popular, una costumbre folclórica (opacada en la actualidad por el árbol de navidad y la comercialización de los regalos que trae Santa Claus o Papá Noel o San Nicolás) sino que es la celebración de la Natividad de Jesús. En Colombia, se anticipa la gran fecha, con la Novena de Navidad.
El nacimiento de Jesús y el pesebre, evocados tres veces por San Lucas en su Evangelio, se lee así:
“José subió de Nazaret… a Belén, a inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Estando ellos allí, le llegó la hora del parto y dio a luz a su hijo… Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no habían encontrado sitio en la posada”.
“-Les doy una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy les ha nacido en la ciudad de David el Salvador, el Mesías y Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.
“Los pastores… fueron rápidamente y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre”.
El Evangelio de San Mateo, narra los hechos de esta manera:
“José, hijo de David, no temas recibir a María como esposa tuya, pues la criatura que espera es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”
“Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del profeta: Mira, la virgen está embarazada, dará a luz a un hijo que se llamará Emanuel que significa Dios con nosotros. José… recibió a María como esposa. Y sin haber mantenido relaciones, ella dio a luz un hijo, al cual llamó Jesús”.
“Unos magos de oriente… preguntaron: ¿dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos aparecer su estrella y venimos a adorarle… Entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y postrándose le adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron como regalos: oro, incienso y mirra”
Hemos recorrido unas fechas y unos acontecimientos. Nos falta meditar en estos misterios, y orar en estas festividades familiares para profundizar en nuestra fe y convertir en buenas obras solidarias nuestros sentimientos cristianos.
Vicente Alcalá Colacios
Diciembre, 2025


4 Comentarios
Buen día, amigo Vicente,Bien por tu recuento de las fesrividades decembrinas. Te propongo que mires despacio la fiesta de santa Lucía (“día de santa Lucía, el día más oscuro que exista” -en español sin rima porque en italiano la tiene), 13 de diciembre, una santa a la que se tien mucha devoción en Europa y alguna entre nosotros, un símbolo para mi del paso estacional de la oscuridad a la luz (que es Cristo Señor, claro). Esa fiesta me parece que coincide además con la fiesta judía de la Hanukah o de las luces, que celebra una liberación, la de los Macabeos, como liberación serían la de san Lucía y la de la Inmaculada… Sin olvidar que el cristianismo fue sustituyendo las fiestas judías con otras suyas en las mismas fechas…etc. Con un abrazo, querido Vicente.
Olvidé algo. No olides que EVANGÉLICOS son en el protestantismo, estrictmente,
Error, querido Vicente. Se fue sin querer un renglón que era solo el comienzo.de esta nota. Había dejado algo en el tintero. No olvides que EVANGÉLICOS son, en el protestantismo, los reformados, es decir, las comunidades originadas en Calvino y Zwinglio, y por lo general gentes de origen suizo. En Colombia, existen también esas comunidades pero la mayoría de los grupos que se llaman entre nosotros CRISTIANOS (“soy cristiano , no soy católico”, dicen, aunque los católicos afirmamos que somos iglesia cristiana una santa católica apostólica) son identificados por los estudiosos de las religiones como EVANGELICALES. Con otro abrazo, y este navideño.
Y a propósito de eso de que los católicos somos iglsia cristiana etc. me parece muy sugerente y aclaratoria la observación de Rodolfo en ssu último artículo sobre la adopción de “iglesia católica” para la qe hoy los historiadores de las religiones llaman iglesia católica romana para diferenciarla de otras confesiones cristianas que se sienten también católicas,. En últimas, un barullo complicado esto del cristianismo por todas las divisiones históricas…
Querido Alberto, muy “iluminadoras” tus aclaraciones. En un artículo, apenas se pueden dar unas puntadas… En cuanto a la Santa, te cuento que a mi hija la llamamos Pilar Lucía. Abrazo y felices fiestas.