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exjesuitas en tertulia

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Números, cifras, porcentajes, cálculos… estamos más que habituados a estas realidades que sirven para gestionar la vida pública en cuanto tiene que ver con la economía, la salud, la educación, y aun el credo religioso. 

Sin previsiones, expresadas también con cifras, las naciones no pueden garantizar a sus ciudadanos una existencia digna y justa. 

El mismo Jesús ha hecho cálculos en una de sus parábolas. Un rey que quiere afrontar el ejército de otro soberano deberá tener en cuenta la cantidad de sus recursos, al menos el total de sus guerreros, para vencer al enemigo: sería una tontería atacar al otro si las propias cifras plantean una evidente desventaja.

Los romanos invasores y explotadores de los hebreos en tiempos de Jesús se jactaban de la superioridad numérica de sus tropas. Las temibles legiones del imperio romano habían conquistado ya medio mundo y continuaban sus campañas contra el resto faltante.

Uno de tantos centuriones va donde el Señor en busca de ayuda para cierto servidor suyo, un esclavo  que está enfermo. Las diversas traducciones del texto griego usado por el evangelio para designar al joven, obviamente un hebreo que estaría encargado de las tareas domésticas del romano, no trasmiten una idea clara del vínculo existente entre ambos. Son varios los estudiosos de la Biblia que identifican las palabras del centurión, “mi hijo”, “mi muchacho”, con una relación homosexual. Nada de extrañar en una época en la que estos enlaces, sobre todo al interior de la alta oficialidad del ejército romano, eran algo normal. 

Sin embargo, para Jesús aquel centurión y aquel muchacho no son números ni cifras para archivar en un fascículo etiquetado “homosexuales”. Invitado por el romano a visitar al joven con sorprendente conciencia de la propia indignidad, el Señor lo hace retornar a casa, asegurándole que desde ese mismo instante su petición había sido escuchada. Y resulta al menos curioso que la iglesia católica romana haya conservado en su liturgia eucarística, para prepararnos a la comunión, las palabras de un homosexual.

Alberto Echeverri

Julio, 2026

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Érase una vez un mundo en que el honor era algo construido por la gente misma.

Mujeres y hombres honraban sus vidas en la medida en que las acciones concretas hablaban de su dignidad, de su credibilidad, porque el decir y el actuar coincidían en su historia. Sucedía a veces en tal medida que ella o él eran promovidos al honor de la santidad entre los cristianos. Y así el honrar a los santos no era nada distinto de reconocer en ellos la integridad de la vida. 

La historia había comenzado desde la declaración de las diez palabras, los diez mandamientos: “Honrar a padre y madre”. En su pacto con Israel, Yavé Dios pensaba en padres verdaderos, es decir, aquellos que generaban hijos educados para la belleza, la bondad, la verdad. En suma, para la vida. 

Hubo, sin embargo, una época que hizo una denigrante lectura de la palabra bíblica. Desde entonces “honrar a padre y madre” significó que el padre era algo sagrado pues la Escritura lo ponía en primer lugar; el segundo correspondía a su mujer, no otra cosa que un accesorio más; los doctos la llamaron complemento. 

Mientras Jesús afirmaba que su Dios era trinidad, y por tanto, una comunidad de amor, aquel padre se aburría en su solitaria dignidad. Ya que no había construido su propio honor, empezó a exigírselo a los otros: debía ser honrado a pesar de sus patrañas. Fue así como quiso hacerse pagar los tantos sacrificios que había asumido en nombre de los hijos. Y el honor fue ubicado en el primer puesto, más allá de la vida misma que poco a poco perdió su significado. 

Ya que el padre era el origen de la familia, el fundamento de toda humana existencia, bien podía él decidir sobre la vida y la muerte no solo de los hijos sino de todos los demás. Los tribunales rebajaron las penas para quien asesinaba al que había irrespetado su propiedad más preciada, la mujer: era tan solo un delito de honor. Al fin de cuentas era él, el varón, el garante de un derecho concedido por Dios mismo.

En un cierto momento, Eva y Adán descubrieron en el jardín del Edén que estaban desnudos. Vale decir, llegaron a tomar conciencia de su propia realidad. Y si aquel padre de quien hablamos descubriese su propia desnudez…

Alberto Echeverri

Junio, 2026

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El fraile dominico Gaspar de Carvajal nació hacia el año 1500. En la mitad del camino de su vida se unió como capellán a la expedición de Gonzalo Pizarro, teniente gobernador de Quito que iba en busca del mítico “País de la Canela”. Corría el año 1540. La expedición, en condiciones muy difíciles, pasó los Andes y se internó en la selva amazónica. Escasos de comida, Pizarro ordenó a su segundo al mando, Francisco de Orellana, que con cincuenta y siete hombres -entre los que se encontraba Carvajal- descendiera el río Napo y volviera con las provisiones que pudieran encontrar y cargar en el pequeño barco en el que iban. 

FRAY GASPAR.- (Todavía demacrado y con el rostro arrugado por las penurias pasadas como evangelizador-conquistador). Lo que de aquí en adelante dijere será como testigo de vista y hombre a quien Dios quiso dar parte en un extraordinario acontecimiento que narré en mi Relación del nuevo descubrimiento del famoso río Grande de las Amazonas que descubrió por muy gran ventura el capitán Francisco de Orellana

SOFROSINA.- Dicho sea de paso, Pizarro, Orellana y tú eran oriundos de Trujillo, ciudad de esa Extremadura cuya extrema y dura pobreza fue semillero de conquistadores que soñaron con “ser más” y “tener más” yéndose a buscar fortuna en el Nuevo Mundo.

LINGUACUTA.- Pero prosigue, Gaspar, cuéntanos tus aventuras amazónicas.

FRAY GASPAR.- El capitán Orellana comenzó a seguir río abajo con el propósito de luego dar la vuelta, si comida se hallase; lo cual salió al contrario de como todos pensábamos, porque no hallamos comida en doscientas leguas.

SOFROSINA.- Tremendo susto debieron pasar.

FRAY GASPAR.- Ni que lo digas. Aunque hubiésemos querido volver agua arriba no era posible por la gran corriente, e intentar regresar por tierra era imposible, de manera que estábamos en gran peligro de muerte a causa de la gran hambre que padecimos; vinimos a tan gran necesidad que no comíamos sino cueros, correas y suelas de zapatos cocidos con algunas yerbas, de manera que era tanta nuestra debilidad que sobre los pies no nos podíamos tener, que unos a gatas y otros con bordones se metieron a las montañas a buscar algunas raíces que comer, y algunos hubo que comieron algunas yerbas no conocidas y estuvieron a punto de muerte, porque estaban como locos y no tenían seso. 

LINGUACUTA.- ¿Por eso estás tan macilento?

FRAY GASPAR.- Por supuesto. Dos meses estuvimos avanzando por el río Napo y siete por el propio Amazonas, antes de llegar a su desembocadura en el océano Atlántico.

SOFROSINA.- ¿Cómo no se murieron de hambre?

FRAY GASPAR.- Gracias a la comida que nos dieron voluntariamente los indios, o que se las quitamos a la brava. Fue una vida de fatiga y de peligros continuos frente a la maraña desconocida, sobre las aguas tumultuosas y al asecho de los ataques indígenas.

LINGUACUTA.- ¿Fue en uno de esos ataques cuando te dejaron tuerto?

FRAY GASPAR.- Sí, me dieron un flechazo por un ojo, que pasó la flecha a la otra parte, de la cual herida he perdido el ojo y no estoy sin fatiga y falta de dolor.

SOFROSINA.- ¡Jesús mío!

FRAY GASPAR.- Haces bien en invocarlo. Nuestro Señor, sin yo merecerlo, me otorgó el seguir vivo para que me enmendara y le sirviera mejor que hasta ese momento.

LINGUACUTA.- ¡Cuánta fe tienes!

FRAY GASPAR.- Sin ella no hubiéramos sobrevivido. Imagínense que un día nos topamos de repente con la tierra y señorío de las Amazonas. Me dieron con una flecha en una ijada que me llegó a lo hueco, y si no fuera por los hábitos, allí hubiera muerto. Se anduvo en esta pelea más de una hora, que los indios no perdían ánimo, antes parecía que se les doblaba, aunque veían muchos de los suyos muertos, y pasaban por encima de ellos, y no hacían sino retraerse y tornar a volver. 

SOFROSINA.- ¡Qué valientes!

FRAY GASPAR.- Quiero que sepan cuál fue la causa por la que estos indios se defendían de tal manera. Han de saber que ellos son sujetos y tributarios de las Amazonas, y sabida nuestra venida, les fueron a pedir socorro y vinieron hasta diez o doce, que estas vimos nosotros, que andaban peleando delante de todos los indios como capitanas, y peleaban ellas tan animosamente que los indios no osaban volver las espaldas, y al que las volvía delante de nosotros le mataban a palos, y esta es la causa por donde los indios se defendían tanto.

LINGUACUTA.- ¿A pesar de estar herido pudiste verlas bien?

FRAY GASPAR.- Nunca las olvidaré. Estas mujeres son muy blancas y altas, y tienen muy largo el cabello y entrenzado y revuelto a la cabeza, y son muy membrudas y andan desnudas en cueros tapadas sus vergüenzas, con sus arcos y flechas en las manos, haciendo tanta guerra cada una de ellas como diez indios; y en verdad que hubo mujer de estas que metió un palmo de flecha por uno de los bergantines, y otras, aunque flechaban con menos fuerza, hicieron que nuestros dos bergantines parecieran puerco espín.

SOFROSINA.- Yo me hubiera desvanecido del susto.

FRAY GASPAR.- Bendito sea Nuestro Señor que fue servido de dar fuerza y ánimo a nuestros compañeros, que mataron a siete u ocho de las Amazonas, a causa de lo cual los indios desmayaron y fueron vencidos y desbaratados con harto daño de sus personas; y porque venía de los otros pueblos mucha gente de socorro y se habían de revolver, porque ya se tornaban a apellidar, mandó el capitán Orellana que a muy gran prisa se embarcase la gente, porque no quería arriesgar la vida de todos. Fue así como superamos tan tremendo trance.

LINGUACUTA.- Gaspar, me queda claro que ustedes se enfrentaron con unas valientes guerreras, pero no me queda claro por qué afirmas que eran Amazonas.

FRAY GASPAR.- ¿Qué otra cosa podrían haber sido tan fornidas y diestras arqueras? ¿Acaso no habéis oído hablar de la guerra de Troya y de las hazañas de Pentesilea? La cosa es clara como el agua.

SOFROSINA.- Claro es que todos examinamos el mismo mundo, pero no vemos las mismas cosas, porque cada uno las ve a través del cristal de sus propias experiencias y de la manera como tiene “formateado” el entendimiento por la educación que ha recibido.

Apareció como por encanto el gordo Tomás de Aquino del brazo de la bella Pentesilea y mirando al ojo sano de su cofrade dominico exclamó con tono apodíctico: Quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur.[1]

La reina de las Amazonas, flechada por la agudeza del Aquinate, agregó: Todo conocimiento está teñido por la perspectiva vital del sujeto. ¿Puedes verlo, Gaspar?


[1]           Lo que se recibe se recibe a la medida del recipiente. 

Rodolfo Ramón de Roux

Junio, 2026

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Esta fue la tertulia número 292 del grupo, donde Joe Broderick, un ex-sacerdote y escritor, compartió su experiencia viviendo en América Latina y su trabajo sobre Camilo Torres, un cura que se unió a la guerrilla en Colombia durante los años 1960. Joe explicó cómo conoció a Camilo Torres a través de un grupo de curas revolucionarios llamado “Golconda” en los años 1960-1970, y cómo escribió un libro sobre él que fue publicado en inglés por una editorial norteamericana. Compartimos orgullosos esta tertulia con nuestros lectores.

Haz click aquí para disfrutar de esta tertulia: https://youtu.be/k2aviveya9Y

Resumen: Esta fue la tertulia número 292 del grupo, donde Joe Broderick, un ex-sacerdote y escritor, compartió su experiencia viviendo en América Latina y su trabajo sobre Camilo Torres, un cura que se unió a la guerrilla en Colombia durante los años 1960. Joe explicó cómo conoció a Camilo Torres a través de un grupo de curas revolucionarios llamado “Golconda” en los años 1960-1970, y cómo escribió un libro sobre él que fue publicado en inglés por una editorial norteamericana. Durante la conversación, Joe también habló sobre su trabajo con otros curas revolucionarios como Germán Zavala y René García, y cómo estos movimientos influyeron en la teología de la liberación y en la Iglesia católica. Los participantes discutieron el impacto de estos movimientos en la historia de Colombia y la influencia que tuvieron en la renovación social y política del país.

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El Gobierno deja una situación fiscal complicada. Entre otras razones, porque la disciplina de los dos primeros años se perdió. 

La política económica de este gobierno fue errada. Con el paso de los meses se fue perdiendo el rumbo. En el último año (marzo de 2006 comparado con marzo de 2025) la economía creció 2,2 %. Entre 2023 y 2026, el PIB, que corresponde al período de Petro, la actividad económica aumentó en promedio año 1,8 %. Este ritmo es bajo, si se compara con el período anterior a la pandemia, entre 2000 y 2019, cuando el crecimiento promedio fue de 3,9 %. 

Para tener otro punto de referencia, en 2025 el crecimiento de los países de América Latina y el Caribe fue de 2,4 %. El Gobierno deja una situación fiscal complicada. Entre otras razones, porque la disciplina de los dos primeros años se perdió. Los enemigos del Gobierno dijeron que durante Petro la economía caería en situaciones similares a las de Venezuela o Cuba. Nada de esto sucedió. No se nacionalizó ninguna empresa privada y, a pesar de las discusiones permanentes de Petro con los empresarios y los gremios, la actividad económica fue resiliente. No se presentó la catástrofe que se había anunciado. 

El Gobierno se equivocó en el manejo de dos sectores estratégicos: el energético y el de la salud. No entendió que la transición energética tiene que ser progresiva. Se le ha hecho un enorme daño a Ecopetrol, sobre todo después del anuncio de suspender la exploración. Se ha olvidado que el 60 % de las exportaciones depende de la minería y los hidrocarburos. Sin duda, esta composición de las exportaciones se tiene que ir modificando, pero de manera progresiva. Es necesario irles dando mayor espacio a la manufactura y a la agroindustria, que han ido perdiendo importancia. La participación del sector manufacturero en el PIB disminuyó del 17,8 % entre 1975 y 1986 al 11,3 % entre 2016 y 2022. Para corregir esta tendencia se aprobó el Conpes 4129 de 2023, de reindustrialización. 

A pesar de sus bondades intrínsecas, el Gobierno no le ha prestado atención. Para avanzar hacia la economía limpia, la dependencia del petróleo se debe ir reduciendo lentamente. Las fuentes de energía diferentes al carbón y al petróleo se han rezagado, y el sector se encuentra en una situación crítica. El gran aporte del Gobierno Petro ha sido el nuevo lenguaje asociado al cambio climático y a su comprensión del desarrollo económico desde la perspectiva de una economía verde e incluyente. Al centrar la atención en la geografía, modificó de manera sustantiva la óptica de análisis convencional. 

Por primera vez, la política económica y el desarrollo se han concebido teniendo a la geografía como eje central. De acuerdo con el diagnóstico del plan de desarrollo Colombia Potencia Mundial de la Vida, el principal problema del país es el ordenamiento del territorio. En esta materia existe un caos que todavía no se ha corregido. El Plan es una alternativa de desarrollo de mediano plazo. No obstante sus bondades intrínsecas, sorprende que el presidente no le haya prestado la más mínima atención. 

Desde una mirada intersectorial, en el Plan se proponen instrumentos de acción que permiten avanzar hacia cambios estructurales. Se destacan tres. Primero, el catastro multipropósito que viene avanzando de manera adecuada con una cobertura del 44,5 % del área. El punto de partida al comenzar el gobierno era 9,4 %. Segundo, el registro universal de ingresos (RUI), que busca tener una escala continua del ingreso anual de todos los hogares, con el fin de poder diferenciar a quienes deben ser beneficiarios de subsidios de los contribuyentes al impuesto de renta. 

Cuando el RUI esté funcionando, se podrán eliminar los estratos, el Sisbén y otros formularios, como el de Familias en Acción. El RUI favorece la equidad y mejora la eficiencia del gasto porque evita que reciban subsidios quienes no los necesitan. Y, tercero, el presupuesto por programa, que ordena el presupuesto alrededor de proyectos estratégicos de impacto regional. 

Es un mecanismo adecuado para que haya concurrencia de recursos y no se dispersen en multitud de pequeños proyectos. La paz total ha fracasado, pero continuará siendo un objetivo prioritario. Aunque se ha ido avanzando hacia negociaciones parciales, los grupos armados siguen creciendo y su control del territorio ha aumentado.

Jorge Iván González

Junio, 2026

Publicado en Revista Semana- Colombia.

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Entrene su cerebro y, de paso, adelgace el impulso.

No todas las dietas empiezan en el plato. Algunas comienzan en la mente. Antes de que la mano busque una galleta, antes de que la ansiedad nos lleve a abrir la nevera sin hambre verdadera, suele haber un instante breve, casi imperceptible, cuando el impulso todavía puede ser educado. Ese instante es el terreno de la dieta de los números.

La expresión, por supuesto, no pretende reemplazar ninguna dieta médica, nutricional o deportiva. Es más bien una alegoría: así como se puede adelgazar el cuerpo mediante mejores hábitos, también se puede adelgazar el impulso mediante una práctica sencilla de atención, cálculo y disciplina interior.

Hace un buen tiempo he venido haciendo un ejercicio mental que encuentro muy provechoso, consistente en tomar dos dígitos del uno al diez y sumarlos, para luego sumar a este resultado el segundo número de los dos primeros. 

El procedimiento puede parecer elemental, pero precisamente allí reside su virtud. Si comienzo con 8 y 9, obtengo 17. Luego sumo 9 y llego a 26. Después sumo 17 y llego a 43. Luego sumo 26 y alcanzo 69, para después llegar a 112 y luego a 189. Y así sucesivamente. El desafío es llegar a sumar números de al menos 7 dígitos (millones). 

Una de las técnicas consiste en imaginar un tablero en el cual (mentalmente) se harán las sumas, pero si acude al tablero mental es mejor estar quieto y cerrar los ojos para aumentar la concentración. La mente debe recordar los dos últimos números, ejecutar la suma y evitar perder el hilo. Es una pequeña gimnasia cerebral, discreta y portátil, que se puede practicar esperando una cita, antes de dormir o en cualquier momento en que convenga ocupar la mente en algo ordenado.

Y así como el ejercicio físico entrena el cuerpo (y también el ejercicio espiritual fortalece el espíritu, como decía San Ignacio de Loyola), el cálculo mental entrena el cerebro y ayuda a regular impulsos, ansiedad y hábitos. 

Los beneficios mentales son múltiples: (i) entrena la memoria de trabajo, pues obliga a retener números anteriores mientras se calcula el siguiente; (ii) mejora la concentración, ya que exige atención sostenida y evita que la mente divague; (iii) agiliza el cálculo mental, fortaleciendo rapidez y precisión aritmética; (iv) estimula la flexibilidad cognitiva, al cambiar constantemente de referencia entre el último resultado y el número previo; (v) calma la mente, porque funciona como una forma de meditación activa al enfocar la atención en una tarea simple y repetitiva; (vi) fortalece la disciplina mental, especialmente si se practica con regularidad; y (vii) controla la imaginación —esa “loca de la casa”, como decía Santa Teresa de Ávila— al ocupar la mente en una secuencia ordenada y así, sirve de distracción saludable frente a la ansiedad, antojos o pensamientos repetitivos.

En ese sentido, la dieta de los números no consiste en quemar calorías como quien sube una montaña o corre una maratón. Su utilidad es más humilde y quizá más interesante: interponer una pausa entre el deseo y la acción. El antojo, así como muchas otras situaciones en que nos alteramos, no necesita una gran batalla; necesita que le cambiemos el escenario durante unos minutos, o incluso, segundos. Si la mente se engancha en una secuencia numérica, el impulso pierde protagonismo. No desaparece por arte de magia, pero deja de ser el dueño absoluto de la conducta.

Además, hay una enseñanza práctica: no siempre podemos controlar que aparezca la ansiedad, o se presenten situaciones inesperadas e incómodas, pero sí podemos entrenar la manera de reaccionar. La suma mental actúa como una pequeña baranda. No elimina el vacío, la tensión o el cansancio, pero ofrece un punto de apoyo. Y a fuerza de repetirlo, ese punto de apoyo se vuelve hábito.

Y otro beneficio adicional, aunque probablemente menor, pero no por eso despreciable como parte de un conjunto de actitudes, es el consumo de glucosa que se activa en el cerebro con el ejercicio mental. El cerebro, ciertamente, es un órgano de alto consumo energético. Sin embargo, conviene decirlo con prudencia: hacer cálculos no reemplaza el movimiento físico ni una alimentación equilibrada. Lo valioso de este ejercicio no está tanto en las calorías que pueda gastar, sino en la disciplina que puede despertar. Por eso, más que una fórmula milagrosa para adelgazar, es una invitación a entrenar la mente para adelgazar el impulso.

La próxima vez que aparezca un antojo, ensaye esto: escoja dos números, súmelos, continúe la secuencia durante tres o cinco minutos y observe qué ocurre. Tal vez el hambre siga allí, y entonces habrá que atenderla con sensatez. Pero tal vez descubra que no era hambre, sino ansiedad disfrazada; no era necesidad del cuerpo, sino ruido de la mente. Y para el ruido de la mente, a veces, un número bien puesto vale más que un sermón.

En conclusión: no se adelgaza simplemente haciendo sumas, pero sí se puede empezar a adelgazar aquello que muchas veces engorda primero: el impulso automático. Entrene su cerebro, ordene su atención y convierta los números en una dieta breve, silenciosa y disponible a cualquier hora.

Juan Laureano Gómez

Junio, 2026

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En el Día del Padre mis hijas me pidieron que definiera la paternidad en tres palabras. No tuve que pensarlo demasiado. Respondí: misterio, gozo y deber. 

Misterio, porque nada prepara del todo al hombre para verse clonado y continuado en otra vida, en un ser irrepetible. Podemos conocer la biología, explicar el origen de la vida y entender sus mecanismos; aun así, la llegada de un hijo conserva algo de asombro sagrado, de milagro terrestre, de don recibido de Dios antes que merecido.

Gozo, porque hay alegrías que se celebran y otras que se instalan para siempre en el alma. Fui padre casi a los 42 años, y tal vez por eso llegué a la paternidad con cierta conciencia del camino recorrido, con la posibilidad de comparar amores, intensidades y pérdidas. Ningún gozo me ha parecido tan hondo como ese amor que no calcula, que no exige devolución, que simplemente se entrega ante la existencia frágil y luminosa de un hijo.

Y deber, porque ese mismo amor no es solo ternura: también es responsabilidad. Un hijo llega indefenso, dependiente, abierto al mundo como una pregunta. Ante él, el padre descubre que amar no consiste únicamente en sentir, sino en permanecer; no solo en abrazar, sino en cuidar; no solo en hablar, sino en dar ejemplo cuando las palabras ya no alcanzan.

Cada padre, desde su propia historia, escogerá palabras distintas: amor, entrega, paciencia, ejemplo, ternura, acompañamiento, cuidado, guía, esperanza, responsabilidad o renuncia. Todas, de algún modo, orbitan alrededor de la misma verdad: cuando el amor ocupa el centro, la paternidad deja de ser una condición biológica para convertirse en una forma de vida. Entonces la entrega aparece como el deseo de dar lo mejor de sí; la paciencia, como el arte de esperar sin abandonar; la ternura, como el complemento necesario de la autoridad; la guía, como la delicada tarea de orientar sin imponer; y la renuncia, como la disposición silenciosa de dar la vida por el otro.

La familia encuentra en el hijo un centro que desplaza el egoísmo y obliga a mirar más allá de uno mismo. Padre y madre, con sus diferencias, convergen alrededor de esa vida nueva que reclama presencia, tiempo y sacrificio. Sin embargo, vivimos en una época en la que traer hijos al mundo parece cada vez más difícil. No solo por falta de voluntad, sino por presiones económicas, exigencias laborales, incertidumbre cultural y una idea de libertad que a veces se confunde con la ausencia de vínculos. En muchas sociedades prósperas, la familia numerosa se vuelve excepción, y la maternidad y la paternidad se aplazan, se calculan o se temen.

A esa transformación se suma otra, más profunda y quizá más inquietante: la tecnológica y su impacto en la cultura. La inteligencia artificial, los robots y las nuevas formas de reproducción podrían alterar no solo el trabajo o la economía, sino también nuestra comprensión de la familia. Cabe preguntarse si algún día la sociedad aceptará hijos diseñados, administrados o educados por sistemas impersonales, como en ciertas distopías literarias donde la vida nace separada del hogar y la crianza se convierte en función del Estado. Si ese mundo llegara a materializarse, palabras como misterio, gozo y deber correrían el riesgo de desdibujarse. Pero incluso entonces, seguiremos siendo humanos a pesar de las transformaciones culturales y tecnológicas, y algo esencial perdurará. Porque la paternidad, en su forma más verdadera, no es posesión ni proyecto ni cálculo: es amor que recibe, amor que cuida y amor que permanece.

Juan Laureano Gómez

Junio, 2026

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El asunto del presente escrito es que no se trata de ser conservador a la manera tradicional, en lo cual lo importante era la adherencia a los dogmas y a la autoridad de la Iglesia, ni liberal por criticar a los curas y por la preferencia a asistir a la misa dominical del medio día, sino en preocuparnos por cuáles son los asuntos, las reglas, las costumbres y las instituciones sociales que debemos conservar. 

Y en este listado se puede incluir infinidad de aspectos económicos, sociales, políticos y culturales, algunos más importantes que otros, pero que deben ser tenidos en cuenta a pesar de su probabilidad y grado de pertenencia o trascendencia. Y este es el marco conceptual que permite una evaluación aceptable de la realidad actual. 

Antes de iniciar cualquier análisis es preciso clarificar que conservadurismo no es aferrarse a lo existente, sino aceptar la necesidad de modificar, cambiar o sustituir lo que sea necesario. Esto, porque cualquier solución es limitada, y puede de hecho ser deficiente y susceptible de transformación o modificación. Más aún, el análisis de realidad puede devenir en la necesidad relativa o absoluta del cambio, ante lo cual es preciso tener una enorme apertura mental: es decir, una posición democrática liberal. 

En tercer lugar es preciso reconocer los problemas y, al considerarlos como tales, es necesario buscar y diseñar las soluciones. Solo es problema aquello que puede tener solución. Ahora bien, todo problema en sí mismo tiene un grado diferente de relevancia, lo cual significa que es complejo en sí mismo. Así, las políticas que se diseñen no tienen que considerar solo la complejidad del problema, sino su propia condición de complejidad y factibilidad como conjunto de propuestas de solución.  

Como consecuencia de lo anterior y como cuarto criterio complementario hay que partir del reconocimiento que las soluciones en sí mismas pueden ser múltiples y alternativas y, por lo tanto, diferenciadas y susceptibles de aceptación. Posiblemente ninguna de ellas, ni las posibles combinaciones de elección que se den para su implementación, conduzcan a una solución total del problema. Y cualquiera de ellas que se implemente, individual o colectivamente, necesariamente va a hacer surgir nuevos problemas. 

Partir de la adherencia ideológica, es decir, dogmática, inmodificable y “enfermiza” a cualquier solución o cualquier combinación de soluciones es no solo “irracional y absurda”, sino francamente inadmisible y reprobable. Eso conlleva a que las políticas que se hayan elaborado y realizado dentro de dicho esquema ideológico tienen que ser abierta y frontalmente criticadas, como camino cierto para la superación y viabilidad en el encuentro, diseño, elaboración o implementación de otras soluciones alternativas.

Es decir, el conservadurismo como “extrema coherencia” parte de procesos de análisis que permiten priorizar los problemas con el objeto de estimar su complejidad y darles un valor relativo, para encontrar soluciones que no solo son complejas sino posiblemente alternativas y complementarias, y sobre las cuales se puede dar un nivel de aceptación en función de los riesgos probables que implica su implementación. En este marco la adhesión a los programas de superación solo puede ser restringida, crítica y ajena a todo dogmatismo. El conservadurismo como “actitud liberal en la modernidad” es profundamente realista y basado en el ejercicio práctico y en el cultivo del sentido común.  

Así pues, en una situación en la cual la enumeración de los problemas incluyera  temas como el fracaso de la paz total , el deterioro reprobable de la seguridad ciudadana, la hecatombe del sistema de salud, el incremento del déficit presupuestal y la limitación incremental  en el acceso real a la educación superior, la posición racional implicaría reconocer la necesidad de enfrentarlos con decisión y claridad, pero en el marco de una relación de prioridad que posiblemente considerara de mayor importancia solucionar en primer lugar y en forma paralela la situación del déficit fiscal y de los problemas del sistema de salud, para dar paso luego al retorno de condiciones para la seguridad ciudadana y para la restitución de las posibilidades de acceso a la educación. En el diseño del esquema de soluciones es importante tener en cuenta además las variables de participación de todos los sectores del país y su condicionamiento regional y local.  La hipótesis de diseño de las políticas podría presumir que un resultado final sería el incremento de las condiciones para el entendimiento ciudadano y la solución constructiva de los conflictos, lo que significaría dar un sentido real al logro de la paz posible, en contraposición al calificativo de “total” con sus connotaciones peyorativas (Auschwitz). 

Esto implica de su parte diseñar con claridad la posible solución y las alternativas para cada uno de los problemas enunciados, establecer sus posibilidades y límites de riesgo y considerar sus interrelaciones en el marco de un ecosistema de ejecución e implementación, con medición y condicionamiento estratégico. 

¡Este es el crucial reto a cumplir, que implica un monumental esfuerzo y una enorme capacidad de construcción y resiliencia para el nuevo gobierno que todos esperamos!

Hernando Bernal Alarcón

Junio, 2026

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“Me asombra ver cómo le siguen lavando el cerebro a la gente a base de propaganda, especialmente en el momento de elecciones políticas”, exclamó Linguacuta. “No sólo en ese momento”, le dijo Vance Packard, y añadió: “No te asombres, los expertos en propaganda saben vender ilusiones. Hace más de medio siglo, en mi libro Las formas ocultas de la propaganda, expuse cómo lo hacen”. 

“Vance, competir por encontrar formas de modificar los comportamientos o los pensamientos de la gente es algo más viejo que la moda de andar a pie. Pero fue la Iglesia católica la que inventó la palabra propaganda y le dio consistencia”, dijo muy orondo el papa Gregorio XV. 

LINGUACUTA.- ¿Qué cuento es ese, Gregorio?

GREGORIO XV.- Así es, muchacha. El origen de la palabra propaganda -con el sentido de fomento interesado de ideas, creencias y comportamientos- procede de la Sacra Congregatio de Propaganda Fide [Sagrada Congregación para la propagación de la fe], órgano del Vaticano que creé en 1622 para propagar el catolicismo por múltiples medios: misiones, predicación, liturgia, educación, arquitectura, pintura, música….[1]

SOFROSINA.- De ahí surgió el arte tan particular del barroco romano, destinado a conmover a los creyentes.

MAQUIAVELO.- No niego que la Iglesia católica le dio una organización internacional e institucional a la propaganda, pero recuerden que, un siglo antes, yo ya le había dicho al Príncipe que debía jugar con las emociones para ganarse a la opinión pública.

BENJAMIN FRANKLIN.- Un gran empujón a la propaganda política lo va a dar, en la segunda mitad del siglo XVIII, el desarrollo de la prensa. Varios de los protagonistas de la independencia estadounidense tuvimos una relación directa y significativa con la prensa. Modestia aparte, fui un exitoso editor de periódicos, y propietario de la Pennsylvania Gazette.

SAMUEL ADAMS.- Por mi parte, escribí para el Boston Gazette, abogando por la acción militar contra los británicos. Tampoco olvidemos que los “padres de la patria” Alexander Hamilton, James Madison y John Jay escribieron los Federalist Papers, que fueron publicados por primera vez en el Independent Journal de Nueva York, como artículos de prensa destinados a persuadir a la opinión pública.

JEAN-PAUL MARAT.- También, durante la Revolución francesa, los panfletos y periódicos fueron claves para forjar la opinión pública. Intensifiqué mi propaganda de los ideales revolucionarios en mi influyente periódico L’Ami du Peuple. Camille Desmoulins lo hizo en sus publicaciones periódicas Les Révolutions de France et de Brabant, y Le Vieux Cordelier. Jacques Hébert, célebre por su lenguaje soez y agresivo, deliberadamente utilizado para “conectar” con el pueblo llano, agitó las masas con su periódico Le Père Duchesne.

MAXIMILIEN ROBESPIERRE.- Mis amigos jacobinos controlaron varios órganos de prensa. Pero también los contrarrevolucionarios utilizaron la prensa para defender la monarquía y atacarnos a nosotros, los revolucionarios. La libertad de expresión es un arma de doble filo, por eso utilicé la censura en la época del Terror revolucionario.

LINGUACUTA.- (Sonriendo maliciosamente.) Libertad de expresión sí, pero para los amigos. 

ANTONIO NARIÑO.-  En los movimientos de independencia hispanoamericanos la prensa desempeñó igualmente un papel significativo en la propaganda política. El 14 de julio de 1811 -el mismo día del aniversario de la Toma de la Bastilla- salió mi periódico La Bagatela, que fue leído no sólo en la Nueva Granada sino también en Venezuela, Quito, Panamá y Puerto Rico. 

MIGUEL HIDALGO.- Perdona, pero al fundar en Guadalajara El Despertador Americano, el 20 de diciembre de 1810,fui el primer caudillo hispanoamericano que utilizó la prensa periódica en la lucha independentista.

SOFROSINA.- Quién fue el primero es secundario. Lo importante es que la prensa se convirtió desde aquellos tiempos de revoluciones e independencias en un arma valiosa de propaganda para forjar la llamada “opinión pública” y orientar la “política de masas”.

GABRIEL TARDE.- Ah, las masas; empezaron a tomar tanta importancia que yo, como poco después Gustave Le Bon, en la segunda mitad del siglo XIX, fuimos pioneros de la sicología social analizando el fenómeno de las multitudes y de los medios para movilizarlas y manipularlas.

GUSTAVE LE BON.- En mi Psychologie des foules [Sicología de las multitudes], que publiqué en l895 y que tuvo gran éxito, expuse cómo los seres humanos desarrollan en colectivo comportamientos que jamás tendrían individualmente. Por otra parte, si se utilizan los métodos adecuados, es posible hacer que los individuos convertidos en masa actúen colectivamente en una misma dirección. 

SOFROSINA.- Por eso tu obra le ha interesado a figuras tan diversas como Mussolini, Roosevelt, Freud -que, en 1921, la analizó en su Psicología de las masas y análisis del yo- y los teóricos de la moderna publicidad y propaganda política. 

GUSTAVE LE BON.- Creo que hice un buen aporte al analizar cómo, convertidos en muchedumbre, los individuos disminuyen su capacidad crítica, se dejan llevar por emociones colectivas y aceptan fácilmente ideas simples, por no decir simplistas.

SOFROSINA.- Las emociones se contagian; la inteligencia no. Por eso poco o nada puede ésta contra aquéllas.

LINGUACUTA.- En política la masa es un pésimo conductor de energía racional y un óptimo conductor de energía pasional.

LENIN.- Ustedes, Tarde y Le Bon, eran conservadores y despreciaban o temían a las masas, pero nosotros, los de izquierda, necesitamos usar la propaganda para agitar a las masas explotadas y liberarlas. 

SOFROSINA. Propaganda hecha de mitos colectivos como el “hombre nuevo” y el “porvenir radiante” de la futura sociedad comunista.

GEORGES SOREL.- Los mitos colectivos son importantes para la acción colectiva. Te lo digo yo, que fui teórico del sindicalismo revolucionario a finales del siglo XIX y principios del XX y le hice propaganda a la “huelga general” que pondría fin al dominio de la burguesía. Por su parte, la derecha propagaba el mito de la nación que trasciende las clases sociales. 

LINGUACUTA.- La Revolución rusa nos saturó de propaganda revolucionaria. Y la Primera Guerra Mundial nos saturó de propaganda nacionalista.

SOFROSINA.- Tanto auge tomaron la publicidad y la propaganda política que, a finales de la década de 1920, Harold Lasswell y Edward Bernays señalaron que la propaganda había sustituido a la religión. Bernays, que publicó en 1928 su influyente libro Propaganda, utilizó ampliamente a Le Bon y a su tío Freud asumiendo que las masas son esencialmente irracionales, gobernadas por impulsos inconscientes, miedos y deseos que el propagandista puede canalizar. 

LINGUACUTA.- El comunismo y el nazismo, con sus bien orquestadas manifestaciones masivas, supieron sacar provecho de todos los análisis sobre la manipulación de las multitudes.

SOFROSINA.- Los gobernantes del “mundo libre” tampoco se quedaron atrás en el manejo de la propaganda, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial. 

LINGUACUTA.- A partir de entonces, todo el mundo está convencido de que la propaganda es eficaz y capaz de mantener unidas a las sociedades ante las mayores adversidades o de debilitar al adversario mediante mentiras. 

SOFROSINA.- Mentiras que, con la llegada del Internet y el auge de las redes sociales digitales, es ahora más fácil difundir masivamente. Aunque las formas clásicas de propaganda siguen existiendo, comienza una nueva era de desinformación… de la que Donald Trump es un destacado ejemplo: miente y manipula los medios de comunicación, favoreciendo las “redes sociales” en detrimento de la prensa.

LINGUACUTA.- Rusia, con su “fábrica de troles” de San Petersburgo al servicio de Putin; China, con sus miles de censores dedicados a Internet; e Irán, con el servicio de operaciones de los Guardianes de la Revolución, recurren a la manipulación profesional de la información. Y no dudo que muchos otros países -incluidos los democráticos- tienen sus servicios de propaganda y desinformación.

GEORGE ORWELL.- La generalización de las falsas informaciones y de las manipulaciones políticas hace indispensable la educación de los ciudadanos para saber analizar y verificar la propaganda a la que están sometidos.

SOFROSINA.- Espero que así sea, aunque es tarea de titanes: el buen ciudadano necesita tener capacidad para tomar decisiones reflexivamente meditadas, y vemos cómo los diferentes sistemas políticos favorecen la aparición de ciudadanos teledirigidos y con una capacidad crítica sedada.

HANNAH ARENDT.- Por eso mismo es urgente e indispensable la educación del espíritu crítico, para no “tragar entero” lo primero que se nos dice. Es el intercambio de opiniones y puntos de vista lo que teje nuestro mundo común, siempre y cuando esas opiniones y puntos de vista se basen en hechos. Las “verdades fácticas” constituyen la materia de las opiniones, y estas son válidas siempre y cuando se ajusten a la verdad de los hechos. 

LINGUACUTA.- ¿Y qué es la verdad de los hechos?

HANNAH ARENDT.- Mira, le preguntaron a George Clemenceau sobre la Primera Guerra Mundial: ¿Qué cree usted que pensarán los historiadores del futuro sobre este tema tan espinoso y controvertido? Él respondió: “De eso no tengo ni idea, pero de lo que sí estoy seguro es de que no dirán que Bélgica invadió Alemania”. Somos libres de tener opiniones, pero una opinión solo es válida y tiene sentido en la medida en que, de una forma u otra, se base en un hecho que, una vez verificado, no pueda ponerse en duda.[2]

SOFROSINA.- De acuerdo, Hannah, cuando se descarta u oculta la verdad de los hechos, el debate público pierde lo que le sirve de base y de punto de referencia. Menos mal los hechos son testarudos y la verdad factual acaba por salir a la luz. 

LINGUACUTA.- El inconveniente es que no siempre uno vive el tiempo suficiente para verlo.


[1]          El nombre de esta congregación se modificó en 1967 por el de Congregación para la Evangelización de los Pueblos, debido a la connotación negativa adquirida por el término “propaganda”.

[2]   Cf. Diálogos de Ultratumba, “Monólogo sobre la mentira en política”, tomo IV, pp. 203-218

Rodolfo Ramón de Roux

Junio 15, 2026

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Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella se enfrentan a los mismos retos. La forma de resolverlos es muy diferente. Desgraciadamente, durante este proceso electoral ha faltado debate programático y los candidatos no han sido suficientemente explícitos sobre los mecanismos que utilizarán para responder a los problemas estructurales del país.

Los aspectos cruciales son: (i) Crecimiento con industrialización e inclusión, (ii) Transición energética, (iii) Paz y ordenamiento del territorio, (iv) Situación fiscal, (v) Descentralización y autonomía regional y (vi) Política social.

(i) Crecimiento con industrialización e inclusión. Todos los diagnósticos coinciden en que el crecimiento de la economía colombiana sigue marcado por una clara dependencia del extractivismo. Este reconocimiento es explícito en el plan de desarrollo Colombia, Potencia Mundial de la Vida¹, y en el Conpes sobre reindustrialización². Desde que comenzó, la administración Petro tenía clara la importancia de avanzar hacia una economía verde. Pero, desgraciadamente, el gobierno nunca le prestó atención a los instrumentos propuestos en el Plan de Desarrollo, ni a las estrategias formuladas en el Conpes.

La industrialización tiene dos componentes. La participación del Estado, y el respeto por la iniciativa privada.

Desde el primer momento el presidente puso el énfasis en los aportes de Mazzucato³ y, en este sentido, el gobierno reconoció la importancia de la articulación entre el sector privado y el público. Desde esta perspectiva, el Estado debe crear las condiciones propicias para el desarrollo de la actividad privada.

Y en cuanto al respeto por iniciativa privada, el presidente ha tomado una posición ambigua. Por un lado, ha generado tensiones innecesarias con los empresarios y los gremios. Pero, por otra parte, reconoce que la legislación colombiana impide que el gobierno nacionalice firmas privadas, así que no es posible que en el país suceda algo similar a lo que pasó en Venezuela.

Se equivoca Abelardo de la Espriella cuando acusa de Petro y a Cepeda de comunistas. Ninguno de los dos ha propuesto la propiedad colectiva de los medios de producción. Nunca han negado la relevancia del sector privado en el quehacer de la economía.

En su relación con el sector privado, aunque la diferencia entre Cepeda y De la Espriella no es significativa, los empresarios confían más en De la Espriella. Cepeda nunca ha dicho que combatirá al sector privado, ni que estatizará la economía, pero se le acusa de comunista, como si estuviéramos en la época de la guerra fría.

La diferencia entre los dos candidatos sí es evidente en su manera de concebir la inclusión. La lucha contra la desigualdad es central en el discurso de Cepeda, como lo ha sido en el de Petro. Pero Cepeda no ha propuesto instrumentos claros para combatir la desigualdad. Este es un problema estructural muy complejo, que no pudo resolver este gobierno. A pesar de la tributaria progresiva de Ocampo, el Gini no se mueve. Entre el 2023 y el 2024 pasó de 0,553 a 0,551. Junto a la mala distribución de los ingresos se debe tener presente la creciente desigualdad de la riqueza. En el sector agropecuario la concentración es significativa, con un Gini cercano a 0,9.

(ii) Transición energética. En el plan de desarrollo se reconoce que la transición energética es progresiva. Es inevitable aceptar la paradoja de que la transición es más rápida si la producción de petróleo aumenta. Si se quiere acelerar la transición energética, la producción de petróleo debe pasar de 750.000 barriles día a un millón. Aceptando esta lógica, ni en el Conpes de reindustrialización, ni en el plan de desarrollo, se propone la no exploración. Este discurso del presidente ha sido perjudicial y le ha hecho un grave daño a las finanzas de Ecopetrol.

Se equivoca Cepeda al hacerle eco a Petro. Desconoce que la transición toma tiempo y que la dependencia del carbón y de los hidrocarburos no se puede eliminar en el corto plazo. La transición toca aspectos tan estructurales que no puede modificarse de forma inmediata. De la Espriella se va al otro extremo al no reconocer la importancia de la economía verde y en absolutizar la importancia del negocio petrolero.

(iii) La paz total ha fracasado. En el plan de desarrollo se muestra que la violencia está íntimamente ligada al ordenamiento del territorio. El desorden en su manejo es un factor determinante de la violencia. La expansión de los grupos armados muestra, de manera contundente, que el Estado no controla todo el territorio nacional. Durante este gobierno no se ofrecieron alternativas de desarrollo que permitieran ir modificando las economías ilegales.

A duras penas se pueden lograr acuerdos de paz parciales, reducidos a una región. Además, no existe ninguna garantía de que estos procesos se mantengan en el tiempo.

Frente a la coca, hay tres posibilidades. Una es la aspersión con glifosato. La otra es la sustitución de cultivos finca a finca. Estos dos enfoques no han dado los resultados esperados. La producción de coca continúa y el conflicto se ha agudizado. La tercera alternativa es el desarrollo de proyectos agroindustriales exitosos que generen suficientes incentivos económicos para que los campesinos abandonen la producción de coca y la minería ilegal.

Se han dado pasos importantes en la consolidación del catastro multipropósito, que es una condición básica para la reforma rural integral y el ordenamiento del territorio.

Cepeda no ha sido crítico de la paz total. Y De la Espriella se equivoca pensando que resolverá el problema con el ejército. La fuerza no es la solución.

(iv) La situación fiscal es grave. Frente a las dificultades fiscales, ninguno de los dos candidatos ha sido claro. De la Espriella ha insistido en una disminución drástica del gasto público. En las condiciones actuales esta alternativa no es posible. Cepeda no ha propuesto mecanismos creíbles. Tampoco se ha pronunciado sobre el aumento sustantivo de la deuda pública.

Para resolver la crisis fiscal es necesario explorar dos caminos. El primero es la realización de una reforma tributaria territorial, que involucre a la Nación, los departamentos y los municipios. Y el otro es mejorar la eficiencia del gasto. Ninguna de estas dos vías ha sido considerada por los candidatos.

(v) Descentralización y autonomía regional. En el proyecto de ley de competencias presentado por el gobierno se desperdició la oportunidad de repensar la descentralización y la autonomía de las regiones. Se terminó dándole prioridad a lo sectorial sobre la geografía. Los sectores de educación, salud y agua/saneamiento se trenzaron en una discusión sobre los porcentajes. El proyecto desconoce la geografía y los temas territoriales. Vuelve a cometer el error de poner todo el énfasis en los aspectos sectoriales. En el pasado las brechas no se han cerrado porque la geografía se ha dejado de lado. Y, de nuevo, se pretende cerrar las brechas sin considerar de manera explícita la geografía.

Ninguno de los dos candidatos ha presentado un análisis sistemático de la ley de competencias. No son claras sus posiciones.

(vi) Política social. En educación y salud el gobierno ha dado bandazos y el resultado es agridulce. En el campo de la educación se avanzó en gratuidad, pero se descuidó la calidad. Se mejoró el presupuesto de las universidades públicas, pero no se ha cuestionado su ineficiencia. En salud los resultados han sido negativos. En pensiones se avanzó bien, y la reforma laboral mejoró las condiciones de los trabajadores.

De la Espriella ha sido muy crítico de la situación de la salud, pero su propuesta de reforma no es clara, comenzando porque no ha precisado la fuente de los recursos, ni el ordenamiento institucional que podría ser más adecuado. Cepeda ha permanecido en silencio.

Sin explicación alguna, el gobierno avanza muy lentamente en la implementación del registro universal de ingresos(RUI), que permitiría organizar los subsidios y mejorar la focalización.

_______________________

¹ República de Colombia. (2023). Ley 2294. Por la cual se expide el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026 “Colombia Potencia Mundial de la Vida”. Bogotá: Congreso de la República.

² Departamento Nacional de Planeación, DNP. (2023). Política Nacional de Reindustrialización, Documento Conpes, no. 4129. Bogotá: DNP.

³ Mazzucato, Mariana. (2011). El Estado Emprendedor. Barcelona: RBA Libros, 2014.

⁴ Gobierno Nacional. (2025). Por la cual se dictan normas orgánicas en materia de competencias y recursos del Sistema General de Participaciones, de conformidad con los artículos 151, 356 y 357 de la Constitución Política, con el fin de fortalecer la autonomía territorial, la descentralización y el cierre de brechas y se dictan otras disposiciones. Tercera versión. Bogotá: Gobierno Nacional.

Jorge Iván González

Junio, 2026

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Varios amigos y conocidos (especifico: mujeres y hombres. Uso el género no marcado, como habla la mayoría de los hablantes. Cuando conversamos no decimos reiteradamente “los” y “las”) me han comentado que votarán en blanco.

Esa definición y opción política de ellos me puso a pensar en lo que significa e implica votar en blanco.

Quien vota en blanco, protesta: no lo convence ninguna de las alternativas que tiene la escogencia de candidato a la presidencia en las elecciones colombianas del 21 de junio. Acude a las urnas, porque le parece inadmisible abstenerse de votar. Quiere manifestar su desacuerdo y por eso elige marcar el espacio en blanco. El voto en blanco es simbólico.

Quien vota en blanco se centra en hacerlo porque no está convencido de la bondad de las dos opciones y porque la conciencia le dice que es antiético escoger una de ellas. Se prefiere votar así para rechazar el “voto útil”, pero esa decisión se convierte en “voto inútil”. Es tranquilizante, pero no beneficia al país: solo testimonia el desacuerdo.

No hay candidato perfecto, por lo que referirse a uno de ellos como “mal menor” es un tiro al aire. “Mal menor” encierra demasiadas variables y variantes. Los candidatos prometen tanto que ya no se sabe en quién o en qué confiar. Hallar diferencias significativas entre ellos resulta complejo y sopesarlas todavía más.

Cuando las alternativas que existen no coinciden con lo que yo quisiera, ¿el voto en blanco es escapismo? Se vota, pero no se incide. Uno quisiera que los finalistas fueran tan buenos que al escoger uno de ellos no entrara en el escenario el “mal menor”.

Votar en blanco es decidir que otro decida. Es algo parecido a lo que hizo Pilatos cuando se lavó las manos: ni absolvió, ni condenó a Jesús. Le trasladó a Caifás el “problema”, para que definiera lo que había que hacer con el reo.

Marcar un voto en blanco ni suma ni resta en la segunda vuelta (lo que no sucede en la primera, en la cual si el número de votos en blanco supera la cifra más alta de cualquier candidato, conlleva a una nueva votación y en ella no pueden participar los que ya lo hicieron). Es como barajar y volver a repartir. El voto en blanco apenas testimonia el número de personas que no se decidieron por ninguno de los dos que estaban en contienda y de esa manera aplacaron su conciencia.

Varios de los candidatos que obtuvieron del millón de votos para abajo en la primera vuelta expresaron inicialmente que no iban a votar por ninguno de los dos finalistas, dando a entender que si votaban lo harían en blanco. Pero a medida que pasaron los días, empezaron a declarar que descartan esa opción. Imagino que es porque entraron a negociar algo. El voto en blanco no servía a sus intereses.

Votar en blanco alivia la conciencia de optar por una de las alternativas. De ese modo si el que termina elegido hace un mal gobierno, se podrá decir “menos mal que no voté por él”. Y si llega a hacer un buen gobierno, ¡qué bien que no voté por el perdedor! Si se ubicara a los contrincantes en los extremos de caliente o frío, el voto en blanco podría calificarse como tibio. Recurriendo a la frecuentemente usada expresión de Horacio Serpa, ese voto no es “ni chicha, ni limoná”.

Dependiendo del total de votos emitidos, el voto en blanco constituye una señal de alerta para quien gane las elecciones: qué tantos no lo querían, a él y a su contrincante. Tendrá que verificar por qué lo rechazaban y saber que debe gobernar para todos.

A quienes votan en blanco los desaniman las expresiones beligerantes de ambas partes, sus calificativos, su agresividad, sus promesas de lo que harían y de lo que no harían. Sin embargo, basta con mirar la historia de lo que prometieron u ofrecieron otros presidentes y lo que cumplieron (o pudieron cumplir, porque no hay que olvidar que además del ejecutivo existe un Congreso que puede aprobar o improbar determinadas reformas). El porcentaje de cumplimiento resultó bajo, pero le endulzaron el oído a los votantes.

Llevando la situación a un límite, en el poco probable caso de que en el escrutinio llegara a haber un empate en el número de votos, el votante en blanco podría llegar a pensar: qué tal que yo hubiera votado por este candidato: no hubiera perdido y habría resultado vencedor.

William Mejía Botero

15 de Junio, 2026

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El 29 de mayo de 2026 fue recibido con pompa en Ultratumba el sabio humanista Edgar Morin. Tenía 104 lúcidos años. A los 103 había publicado el breve ensayo Y a-t-il des leçons de l’Histoire ? disponible en castellano con el título Lecciones de la Historia.

Como testigo y analista de las atrocidades de la guerra y de los trastornos económicos, políticos y ecológicos que asolan actualmente a los humanos, Morin extrajo de la Historia y de su historia penetrantes lecciones que Sofrosina y Linguacuta quisieron escuchar de su boca.

EDGAR MORIN.- Identifiqué y expuse dieciséis lecciones que aprendí de la Historia, pero no me siento con fuerzas para detallarlas todas. Todavía no me he adaptado al cambio de horario.

SOFROSINA.- Te prometemos no abusar. ¿Cuál fue la primera lección? 

E. MORIN.- El resultado de una acción puede ser contrario a su intención inicial.

LINGUACUTA.- Sabido es que el Infierno está pavimentado de buenas intenciones…

SOFROSINA.-  … y que nos hacemos mayores cuando nos damos cuenta de lo fácil que resulta que las cosas salgan mal. 

LINGUACUTA.- Por eso llaman “experiencia” a lo que se obtiene cuando no se consigue lo que se quería.

SOFROSINA.- Edgar, ¿cuál es la segunda lección?

E. MORIN.- No hay observación válida sin auto-observación.

SOFROSINA.- Es lo que estaba escrito en el frontón del templo de Apolo en Delfos: Conócete a ti mismo.

LINGUACUTA.- Conocimiento dificilísimo, por no decir imposible. Ni ilusionarnos, pues, con pretender conocer a los demás, y mucho menos cambiarlos.

E. MORIN.- Esas dos primeras lecciones nos recuerdan la complejidad de la realidad. La primera lección muestra que toda acción, en un entorno incontrolado o que implique un elemento de azar, está sujeta a fuerzas que pueden desviarla de su objetivo. La segunda lección apunta a que todo debe contextualizarse e historicizarse, incluido el historiador y el contextualizador.

SOFROSINA.- Pasemos a la tercera lección.

E. MORIN.- Lo improbable puede acontecer. Lo probable era que Atenas, en el siglo V a. C., hubiera sido arrasada por el Imperio persa. No fue el caso y, cincuenta años más tarde, se dio el establecimiento de la democracia ateniense y el florecimiento de las filosofías socrática, platónica y aristotélica, que van a ser muy influyentes en la cultura europea. De manera irresistible, me pareció así que, en lugar de lo probable, lo improbable podía suceder.

LINGUACUTA.- El triunfo de lo improbable está cargado a su vez de nuevas incertidumbres.

E. MORIN.- Por supuesto. Sigamos con el ejemplo de Atenas. En el año 339 a. C., Filipo de Macedonia derrotó a las ciudades griegas unidas en coalición y Atenas cayó bajo el yugo macedonio. Sin embargo, fue a partir de este desastre para la democracia griega que su hijo, Alejandro Magno, pudo, a lo largo de sus conquistas, difundir la cultura helenística por gran parte de Asia y Egipto. De ahí el doble aspecto de la caída de Atenas: negativo desde el punto de vista democrático, pero positivo por la difusión de la cultura griega. Ese fue mi primer gran descubrimiento de las ambivalencias que a menudo caracterizan a los grandes acontecimientos históricos.

SOFROSINA.- Ambivalencias y complejidades.

E. MORIN.- Esa es la cuarta lección: Las causas de los acontecimientos históricos son siempre múltiples y entrelazadas. En estos últimos cien años, cuántos episodios inesperados, incluso imprevisibles. Las causas que permiten explicarlos se van revelando poco a poco, y el establecimiento de una causalidad a posteriori suele conducir a una forma de racionalización. Pero no hay que olvidar los factores irracionales tan presentes en el comportamiento humano.

LINGUACUTA.-  Me asombra la capacidad de los humanos para comportarse de manera irracional, lo mismo que su propensión a la ilusión… 

SOFROSINA.- …la cual hace que el paso de los años nos convierta en desilusionadas y desilusionados con deseos de seguir creyendo.

E. MORIN.- Ni que hubieran adivinado la quinta lección: Los mitos tienen una gran influencia en la Historia.

SOFROSINA.- ¿Piensas también en las religiones?

E. MORIN.- Evidentemente. Las religiones nos muestran hasta qué punto la imaginación y el mito influyen en la Historia. 

LINGUACUTA.- Basta ver cómo, tanto los cristianos conservadores en Estados Unidos como los ayatolas en Irán o los jaredíes en Israel agitan el “Dios con nosotros”. 

E. MORIN.- Precisamente en la lección decimocuarta, Lo imaginario forma parte de la realidad, expuse que la imaginación, activa en la Historia, es letal en las religiones que conquistan o se enfrentan, así como en las mitologías nacionalistas.

LINGUACUTA.- Esas mitologías nacionalistas son expresión de narcisismo colectivo y de amor desmedido por las fronteras ajenas.

E. MORIN.- La sexta lección me la dio “El increíble destino de la revolución rusa”; así la titulé. Esa revolución es un buen ejemplo del triunfo de lo inesperado y del papel fundamental del mito en la Historia.

SOFROSINA.- Acontecimiento inesperado pues, según el análisis marxista, la revolución debería haberse dado en los países industrializados. 

LINGUACUTA.- Y también revolución portadora del mito del “Hombre nuevo” y el “Porvenir radiante”.

E. MORIN.- Al reflexionar sobre el nacionalismo, por el cual nos destripamos los humanos, la Historia me dio una séptima lección: La nación es una invención reciente. Si queremos comprender la historia humana tenemos que ver lejos.

LINGUACUTA.- Hoy la Tierra está poblada de naciones y su existencia nos parece algo evidente.

E. MORIN.- Sin embargo, la nación surgió tardíamente en la Historia, y de manera singular en Europa occidental, durante la transición de la Edad Media a la Edad Moderna. Mientras que en la Antigüedad el planeta contó principalmente con imperios y ciudades, el auge de Europa occidental dio origen a la nación, cuya fórmula se amplió en tres naciones-imperio que dominan el mundo y controlan, o incluso someten, a los pueblos: China, Rusia y Estados Unidos. 

SOFROSINA.- Como insinuó hace poco Linguacuta, las naciones se construyen también con inyecciones masivas de mitología: “somos el pueblo elegido”, “somos el ombligo del mundo”, “somos la raza superior”, “tenemos un Destino manifiesto”…

E. MORIN.- Por eso mi octava lección fue: La racionalidad de la Historia no es, a menudo, más que una posracionalización. La razón puede convertirse en instrumento de una actividad no solo irracional, sino también demencial. Así, una organización racional aliada a la racionalidad industrial se puso al servicio de una empresa de exterminio de los judíos de Europa. 

LINGUACUTA.- No es raro ver que la racionalidad de las ciencias y las técnicas se pone ampliamente al servicio de las guerras.

E. MORIN.- Al examinar las guerras, las devastaciones y las masacres que han asolado y destruido civilizaciones enteras desde el inicio de los tiempos históricos no se puede considerar el ruido y la furia como fenómenos marginales, sino que, por el contrario, hay que reconocer esa irracionalidad bárbara que se renueva sin cesar a lo largo de la Historia. Por otra parte, las guerras son una mezcla de azar y determinismo (lección dieciséis) y, paradójicamente, los destructores son a veces también grandes civilizadores (novena lección): una invasión puede dar lugar a la simbiosis creadora de una nueva civilización.

SOFROSINA.- Como dijo el poeta Horacio: “Grecia vencida conquistó (culturalmente) a su feroz vencedor (Roma)”. Desafortunadamente esa “destrucción/creación” por medio de la violencia guerrera es algo muy cruel.

E. MORIN.- Nada es más humano y más inhumano que la guerra, es la décima lección que me dio la Historia. Desde la más remota antigüedad la creación de herramientas de caza —lanzas, flechas— favoreció el carácter mortífero de las guerras entre las sociedades humanas. El Homo faber trabajó para el Homo demens.

LINGUACUTA.- Homo demens dispuesto a seguir al Führer de turno, para lo mejor y lo peor.

E. MORIN.- Esa es la undécima lección: Un solo individuo puede cambiar el curso de la historia mundial.

SOFROSINA.- Me parece una afirmación excesiva que no hace justicia a las dinámicas colectivas en la Historia.

LINGUACUTA.- No puedo dejar de pensar en las Preguntas de un obrero que lee: “El joven Alejandro conquistó la India. ¿Él solo? César derrotó a los galos. ¿No llevaba siquiera cocinero? Felipe de España lloró cuando su flota fue hundida. ¿No lloró nadie más? Federico II venció en la Guerra de los Siete Años. ¿Quién venció además de él? Cada página una victoria. ¿Quién cocinó el banquete de la victoria? Cada diez años un gran hombre. ¿Quién pagó los gastos?”.

E. MORIN.- Esa crítica me la hicieron cuando salió mi libro. Es cierto, puse el énfasis en los grandes personajes que modifican la Historia. Pero les señalo que también dije que a esos grandes personajes -sobre todo a los militares y políticos- los acecha la megalomanía -enfermedad del poder-, y que, cuando se dejan llevar por la hybris, siembran desolación y muerte. Menos mal es también en la Historia y a través de ella donde se nos revelan las cualidades excepcionales de los héroes y los santos, como expuse en la duodécima lección.

LINGUACUTA.- ¿Te volviste religioso?

E. MORIN.- Los santos que me interesan no son aquellos reconocidos como tales por su religión, por su inmensa piedad o por el martirio sufrido por su fe, sino esos hombres o mujeres, con o sin sotana, que dedican su vida a los demás, y en particular a los desfavorecidos. Esos santos son testimonio de lo mejor de la humanidad en el caos y las tinieblas de la Historia.

SOFROSINA.- Caos y tinieblas que pueden transformarse en pánico, en rebelión o en furia.

E. MORIN.- Hay que tener mucho cuidado con las angustias y frustraciones colectivas. Esa fue la decimotercera lección que me dio la Historia: De la euforia a la revuelta solo hay un paso.

LINGUACUTA.- Me temo que siempre habrá frustraciones, injusticias y revueltas.

E. MORIN.- También lo temo, pues el progreso material no va acompañado de ningún progreso moral (decimoquinta lección). La idea de que el progreso es la ley suprema de la Historia se impuso a lo largo del siglo XIX. Sin embargo, la paradoja es que no solo el progreso material no va acompañado del progreso moral, sino que además muchos adelantos técnicos se utilizan en favor de la servidumbre, incluso de genocidios, y en las matanzas y guerras que aún se libran con la mayor crueldad. 

SOFROSINA.- Y ni hablar del “progreso” que ha conducido a la degradación ecológica del planeta.

E. MORIN.- Aquí les va otra paradoja histórica: mientras el planeta se ve sumido en procesos regresivos que parecen implacables —con la hegemonía del lucro, la degradación ecológica, las guerras y las múltiples crisis entrelazadas en una policrisis—, una élite tecnocrática ha resucitado y globalizado una creencia en el progreso basada en los logros de la ciencia. 

LINGUACUTA.- Hasta sueñan con vencer a la muerte, con una sociedad perfectamente regulada por la inteligencia artificial y con la continuación de la aventura humana en planetas colonizados, comenzando por la Luna y Marte.

E. MORIN.- Francamente, me parece que el verdadero progreso que necesitaría la humanidad sería el de la comprensión humana, la benevolencia, la solidaridad y la amistad. Sin embargo, en esos ámbitos solo ha habido avances parciales y provisionales en medio de un retroceso generalizado.

SOFROSINA.- Edgar, te vemos cansado y no queremos abusar de tu proverbial amabilidad. ¿Cómo quisieras concluir?

E. MORIN.- La historia, incierta por naturaleza, solo ofrece certezas en retrospectiva, una vez que los hechos ya han ocurrido. Es orden y desorden, determinismo y azar. Es creadora y destructora. Es reveladora tanto del genio como de la estupidez. Nos muestra todas las facetas de la naturaleza humana. Desde las más sublimes hasta las más bárbaras. La principal lección de la Historia es que pone de relieve los diversos rostros de la humanidad, los diferentes comportamientos humanos, pero también la estrecha combinación antropológica de razón y locura, de técnica y mito. Nos recuerda que la humanidad siempre ha estado y siempre estará en constante evolución. Pero díganme ustedes ¿qué les ha enseñado la Historia?

SOFROSINA.- Que esa “maestra” es una continua montaña rusa con ascensos, descensos y giros inesperados… por eso -como dice el amigo Horacio- un pecho bien preparado espera en la adversidad y teme en la prosperidad un cambio de suerte.[1] Puesto que la enseñanza más cierta de la Historia es que la Historia es incierta, todo buen gobierno, toda buena sociedad, toda buena idea pueden llegar a dejar de serlo.

E. MORIN.-  Pesimista ¿no?

SOFROSINA.- Ni tanto. Pienso que el pesimismo de la lucidez se tempera con el optimismo de la creatividad, esa capacidad para crear alternativas cuando llegan las crisis…que en el mundo de los humanos no son la excepción sino la regla y que aparecen para señalar errores. Por lo demás, como dice Jerzy Lec, “jamás caigan en la desesperación: ella no cumple (siempre) sus promesas”.

LINGUACUTA.- Por mi parte, aprendí que con la maestra Historia poco se aprende porque somos alumnos necios y desmemoriados aunque, la verdad sea dicha, a veces hay algunos buenos estudiantes como tú, querido Edgar.

El buen Morin se sonrojó y pidió amablemente que lo dejaran ir a descansar. Su último viaje lo había dejado exhausto.


[1]   Sperat infestis, metuit secundis alteram sortem bene praeparatum pectus. Odas, II, 10.

Rodolfo Ramón de Roux

Junio, 2026

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Derrotado en primera vuelta el candidato por el cual voté, me enfrento a la situación de qué hacer en la segunda vuelta que definirá al presidente de Colombia para un mandato de cuatro años. Decidí explorar las opciones y hacer un cuadro de doble entrada.

Busqué trilema en el diccionario de la Real Academia Española. No aparece, pero considero que es asociable a dilema. Implica escoger entre tres opciones o alternativas. La Fundación del Español Urgente ‒Fundeu‒ va un poco más allá: “Si en lugar de dos, son tres, nos podemos encontrar ante un trilema. En filosofía y lógica, se continúa a veces la serie con cuadrilema, quintilema… e incluso polilema, si son muchas las opciones”. 

En el caso de la próxima elección presidencial el trilema significa: a) votar por Abelardo o por Iván; b) votar por ninguno de los dos (voto en blanco) y c) decidir abstenerse y no ir a votar. 

El voto en blanco (b) permite dos interpretaciones principales: una es que se vota contra ambos candidatos; otra, que como no hay preferencia, se manifiesta indiferencia. Quien vota en blanco expresa inconformidad. Es una señal de protesta: significa que se quiere participar, pero como ninguno de los dos candidatos convence, por las razones que sea, entonces se marca el espacio diseñado para ello.

El hecho de votar en blanco en Colombia trae beneficios, gracias al certificado electoral, que acredita que ejercieron su derecho al sufragio. Son beneficios principalmente para los jóvenes, como prioridad en el proceso para entrar a una universidad pública, para obtener becas en el exterior o para subsidios de vivienda. También un descuento de 10 % en la matrícula de universidades públicas, expedición del pasaporte, trámites de libreta militar y duplicados de la   cédula. Todos los votantes tienen derecho a medio día compensatorio laboral.

En c), quien se abstiene de votar decide no manifestar su decisión política. Hay desinterés en participar, puede que por pereza de ir hasta el sitio de votación y hacer cola, rechazo a las opciones políticas, consideración de que ninguno de los candidatos vale la pena, creencia en que ninguno de los candidatos resolverá los problemas acuciantes del país. Es una forma de protesta que responde a muchas causas. Sin embargo, también implica que otros decidirán por mí y que rechazo un derecho a participar como ciudadano. 

Como considero indispensable tomar posición ante la elección presidencial, el trilema desaparece (ni voto en blanco ni abstención) y aparece el dilema: a) por cuál de los dos candidatos votar y con base en qué argumentos. Hay que votar, así ninguno de los dos candidatos me convenza del todo, pero es a lo que llegó el país después de un largo proceso y una multiplicidad de opciones, que logró superar la centena y luego se redujo a los 13 que aparecieron en el tarjetón. Como la decisión no es fácil (hay que dejar de lado la propaganda, la emocionalidad, los prejuicios, la presión de las redes sociales…), una salida es encontrar criterios para comparar las propuestas y tomar una decisión razonada. Ahí surge la tabla de dos entradas que aparece a continuación, concentrándome en los programas de ambos candidatos.

Revisando los programas de los dos candidatos, parece que ninguno tiene un programa de gobierno claro y que su preocupación es más por los “qué” que por los “cómo”. Habrá que ver si en los días que faltan para la elección se enriquece ese programa y se despejan algunos interrogantes, entre ellos el dinero con que van a hacer buena parte de lo que quieren, pero que tendrá que pasar por el tamiz del Congreso.

Quizás estos elementos de juicio contribuyan a tomar una decisión y votar por uno de los dos candidatos a la presidencia el 21 de junio de 2026. Prefiero votar por uno de ellos que votar en blanco o abstenerme.

William Mejía Botero

Junio 2, 2026

Fuentes

https://www.elespectador.com/politica/elecciones-colombia-2026/propuestas-de-abelardo-de-la-espriella-este-es-su-plan-de-gobierno

https://www.semana.com/politica/articulo/las-propuestas-de-abelardo-de-la-espriella-en-13-puntos-clave/202654

https://www.movimientopactohistorico.co/docs/programa-gobierno-2026-2030.pdf

https://www.eltiempo.com/economia/sectores/la-ruta-economica-para-el-pais-que-tendran-que-definir-los-colombianos-en-las-urnas-el-proximo-21-de-junio-3561194?utm_source=exacttarget&utm_medium=enlace&utm_campaign=Mailing%20Economia

https://fundacionexe.org.co/wp-content/uploads/2026/05/Analisis-segunda-vuelta-candidatos-2026-2030-Cepeda-Abelardo.pdfhttps://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/estas-son-las-propuestas-de-ivan-cepeda-abelardo-de-la-espriella-sergio-fajardo-y-paloma-valencia-para-la-cultura/

https://www.elespectador.com/politica/elecciones-colombia-2026/propuestas-de-abelardo-de-la-espriella-este-es-su-plan-de-gobierno

https://www.semana.com/politica/articulo/las-propuestas-de-abelardo-de-la-espriella-en-13-puntos-clave/202654/https://www.movimientopactohistorico.co/docs/programa-gobierno-2026-2030.pdf

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Individuos y grupos elegidos por la divinidad para tener poder sobre sus semejantes parecen haber existido desde siglos inmemoriales. 

Pero el lío comenzó para nosotros cuando una dudosa traducción del texto, respaldada por la ambición de los destinatarios directos, convirtió al Israel bíblico en “el pueblo elegido”, con artículo determinado, ni siquiera uno de los tantos posibles. Y como los cristianos, sobre todo los católicos, nos hemos sentido sucesores directos de ese pueblo, somos ahora nosotros los elegidos por Dios. 

Gentes tan dignas, nada menos que seleccionadas de entre tantísimas otras, merecen las mayores consideraciones. De ahí que la nobleza de nuestros invasores -me refiero a la clase social existente entre ellos, no a su magnanimidad- y los gustos burgueses que de ellos heredamos hayan logrado que la eventual elección divina recaiga por añadidura en determinados sujetos. 

Para los tiempos que hoy corren, los del mundo secularizado, esa señal no distingue tanto a los que optan por una “vocación religiosa” -aunque no faltan- sino ante todo a los políticos. Hay unos que, según el decir de muchos, son los que nos conducen al desastre, pues han sido elegidos por un personaje al que preferimos no dar nombre preciso, el enemigo del Todopoderoso. Y hay otros en quienes residen cualidades insuperables con las que el Omnipotente, que los prefiere a cualquier otro, ha adornado sus preclaras personas: cuando él pone sus ojos sobre uno de ellos, es porque ha decidido que de esa manera se perpetúe en honor suyo la pugna entre el ángel bueno y el ángel malo, pues para el partido del primero nos ha elegido desde siempre.  

Hay que elegir a quien valga la pena que confiemos en él o en ella para que, al menos, nos proteja de caer en el abismo, opinaban los abuelos. Sabían que no era asunto de la Trinidad santísima sino, en exclusiva, problema nuestro esa designación. Por eso en vísperas de cualquier elección política habría que añadir una petición final al Padrenuestro: “Libranos, Señor, de tus elegidos”. El amén (¡así sea!) es conclusión obligada de cualquier oración cristiana.  

Alberto Echeverri

Junio, 2026

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Colombia se ha convertido en uno de los países más avanzados del mundo en materia de legislación sobre eutanasia y muerte digna. Mientras en muchas naciones el tema sigue atrapado entre prohibiciones absolutas, silencios políticos o discusiones religiosas, Colombia abrió un camino jurídico y ético que reconoce que el ser humano tiene derecho no solo a vivir con dignidad, sino también a decidir cuándo el sufrimiento ha dejado de tener sentido.

La Corte Constitucional colombiana, a través de varias sentencias, ha ido ampliando progresivamente este derecho. Primero se habló de pacientes terminales; después, de enfermedades graves e incurables; más adelante, del sufrimiento intenso físico o psíquico. El debate dejó de ser exclusivamente médico para convertirse en una reflexión profundamente humana: ¿hasta qué punto la vida biológica debe mantenerse cuando la persona siente que ha desaparecido aquello que hacía valiosa su existencia?

Sin embargo, aunque la legislación ha avanzado, todavía existe una pregunta incómoda que pocas personas se atreven a formular con serenidad: ¿cuál es el momento adecuado para tomar la decisión de solicitar la eutanasia?

. Muchas veces se glorifica la resistencia ilimitada, como si soportar el dolor fuera una prueba moral superior. Existe una especie de admiración silenciosa por el aguante extremo, incluso cuando ese aguante destruye la dignidad de las personas. Y ahí aparece un problema profundo: la dificultad de separar la dignidad del masoquismo.

En la vida cotidiana, los seres humanos normalmente no esperan a que las situaciones sean absolutamente intolerables para hacer cambios. En una relación de pareja, una persona sensata no debería esperar a llegar a la violencia física o a la destrucción emocional total para decidir un divorcio. Cuando el deterioro se vuelve permanente, cuando desaparece el respeto, cuando la relación deja heridas profundas, lo razonable es actuar antes de que la situación se convierta en una tragedia, en una relación indigna.

En el trabajo ocurre algo parecido. Si un jefe humilla constantemente, si el ambiente se vuelve tóxico, si el trato destruye la autoestima y la tranquilidad mental, la mayoría de las personas buscan una salida antes de quedar completamente destrozada. Nadie considera heroico permitir indefinidamente el atropello a la propia dignidad.

Con las amistades sucede igual. Las relaciones humanas sanas no exigen soportar abusos permanentes. Cuando una amistad se vuelve manipuladora, humillante o emocionalmente destructiva, lo natural es tomar distancia antes de terminar devastado y la relación se pueda calificar como indigna.

Entonces surge una contradicción evidente. ¿Por qué frente al sufrimiento extremo asociado a enfermedades irreversibles muchas personas consideran que solo es legítimo decidir cuando ya no queda ningún rastro de autonomía, lucidez o dignidad? ¿Por qué pareciera existir la obligación moral de esperar hasta el límite absoluto del deterioro? Tal vez porque todavía confundimos el valor de la vida con la obligación de soportar cualquier nivel de sufrimiento, con la aceptación del masoquismo.

El momento de decidir la eutanasia no debería ser necesariamente cuando la persona ya se encuentra en un estado completamente indigno, incapaz de comunicarse, atrapada en dolores insoportables o convertida en alguien que ya no reconoce su propia existencia. Esperar siempre hasta ese punto puede ser, en algunos casos, una forma de crueldad disfrazada de virtud. Sencillamente masoquismo.

Por supuesto, una decisión tan trascendental no puede tomarse impulsivamente. Requiere reflexión profunda, acompañamiento médico, diálogo familiar y claridad emocional. Pero también necesita criterios humanos razonables que permitan actuar antes de llegar al colapso total de la dignidad personal.

Algunos criterios podrían ayudar a orientar esa decisión.

El primero es la pérdida irreversible de autonomía. Hay personas para quienes la posibilidad mínima de decidir sobre su cuerpo y su cotidianidad constituye un núcleo esencial de su dignidad. Cuando la enfermedad destruye definitivamente esa capacidad y no existe expectativa real de recuperación, el sufrimiento puede adquirir una dimensión distinta y puede ser la señal de partir.

Un segundo criterio es el dolor permanente e intratable. No se trata solo del dolor físico. También existe el sufrimiento psicológico profundo derivado de la degradación progresiva de la existencia, del aislamiento, de la dependencia absoluta o de la pérdida total de sentido. Ha llegado el momento de tomar la decisión de optar por la eutanasia.

Un tercer criterio podría ser la desaparición irreversible del proyecto de vida. Algunas enfermedades no matan rápidamente, pero destruyen aquello que la persona consideraba esencial para vivir: la comunicación, la conciencia, la movilidad, la interacción afectiva o intelectual. La certeza de un futuro indigno nos da la pista para decidir con tranquilidad.

Y quizás un cuarto criterio sea el deseo persistente, libre y consciente de no prolongar artificialmente una situación que la propia persona considera incompatible con su idea de dignidad.

La discusión sobre la eutanasia no debería centrarse únicamente en cuánto puede resistir un cuerpo humano. La verdadera pregunta es cuánto sufrimiento está obligado moralmente a soportar un ser humano para que la persona considere legítima su decisión de partir.

Defender la muerte digna no significa despreciar la vida. Por el contrario, significa valorar tanto la dignidad humana que se reconoce que existen situaciones en las cuales prolongar el sufrimiento deja de ser un acto de amor y se convierte en una imposición.

Quizás una sociedad más madura sea aquella que aprenda a distinguir entre fortaleza y masoquismo. Porque resistir tiene sentido cuando existe esperanza, propósito o posibilidad de reconstrucción. Pero cuando solo queda la prolongación inútil del dolor, tal vez la verdadera dignidad consista precisamente en poder decidir hasta dónde continuar.

No veo esa decisión como una renuncia a la vida, sino como una manera consciente de proteger aquello que precisamente le da valor: la dignidad, la libertad y la posibilidad de elegir. Así como en otros ámbitos de la existencia las personas toman decisiones antes de que el sufrimiento destruya totalmente su integridad, también creo que debería existir el derecho sereno y humano de decidir cuándo el dolor, la dependencia absoluta o la pérdida irreversible del sentido han cruzado un límite personal.

Por mi parte, no quisiera asumir el sufrimiento como una obligación, ni convertirme en un masoquista, ni prolongar una situación que, para mí, termine siendo indigna. Me estoy preparando psicológicamente para comprender que, llegado el momento, quizá tendré que tomar una decisión cuando vea que mi condición entra en una etapa de sufrimiento irreversible y prolongado. He comenzado a imaginar cuáles serían esas circunstancias que marcarían, para mí, la señal de partida. Lo hago porque deseo morir como he vivido: con dignidad, antes de llegar a una condición humana que considere indigna.

Superar el masoquismo  frente al sufrimiento no significa amar menos la vida. Tal vez significa respetarla lo suficiente como para no convertir el dolor inútil y sin sentido en una indignidad temporal o prolongada.

Silvio Zuluaga

Junio, 2026

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