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William Mejia

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La Educación Superior Abierta y a Distancia en Colombia fue reglamentada por el Decreto 1820 de junio 28 de 1983. Su artículo 5º establecía que “todo programa de Educación Superior Abierta y a Distancia, deberá utilizar por lo menos materiales impresos de autoinstrucción y la tutoría”. Mi libro fue una respuesta a esta exigencia.

El ICFES (Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior) publicó hace casi 40 años –en marzo de 1984– el Manual del Tutor, para el sistema de educación a distancia.

Este libro de 176 páginas surgió de mis estudios de oposgrado en educación, de la experiencia como docente en metodología de la enseñanza y diseño instruccional para profesores universitarios en una empresa llamada Educonsulta, en Colombia y Venezuela, y de la versión preliminar de un texto que me encargó el rector del INSE(Instituto Superior de Educación) de la Universidad de la Sabana, para la escritura de materiales educativos para enseñar a distancia, mediante módulos escritos.

El dueño de Educonsulta, cuando esta empresa iba a cerrarse, me sugirió aplicar a una beca de la Fundación Rotaria Internacional. Preparé la documentación y llené los requisitos para concursar. Me interesaba ir a Inglaterra, a la Open University, pues presentía que lo que en ese tiempo era educación por correspondencia iba a convertirse en educación a distancia. Me gané la beca en 1981, pero me la dieron para la facultad de educación de la Eastern Washington University, cerca de la frontera con Canadá… lo tomaba o lo dejaba, pues esa universidad no tenía una especialización en lo que yo quería.

Al regresar a Colombia, me vinculé con la Universidad de la Sabana (casi no entro, pues no les gustaba mucho que hubiera sido jesuita) y por esas casualidades de la vida –la persona que iba a escribir el capítulo sobre comprensión de lectura renunció porque su marido le llegó de sorpresa con un pasaje para tomar vacaciones en Miami–. 

El 22 de diciembre entré al equipo que escribió el curso introductorio Metodología y estrategias de la educación superior abierta y a distancia, publicado en 1983, lanzadopor el presidente Belisario Betancur en la plaza del barrio 20 de julio. Nos reuníamos en la sala de juntas de Cenpro, que gerenciaba Carlos Torres, en la carrera 7 con calle 59. En esa ocasión trabajamos de corrido, incluidos el 24 y 31 de diciembre y el 1º de enero. El ministro de Educación, Jaime Arias, apareció el último día del año para ver cómo iba nuestro trabajo. Había mucha presión, pues el libro tenía que estar impreso en febrero porque había un compromiso del gobierno.

En la Universidad de la Sabana me pidieron que diseñara un curso para tutores. Lo planeé para 24 docentes –ese número tenía la “magia” de que las actividades podían hacerse en grupos de 2, 3, 4, 6 y 12 personas–. Les gustó el diseño del curso, pero más les gustó la plata que podía recibir la universidad por cada matriculado y por eso, sin consentimiento mío, triplicaron el número de asistentes. Como alguno de ellos tenía algo que ver con el ICFES, al poco tiempo recibí una carta de ese Instituto que me pedía escribir un manual de tutoría y me daba 45 días para hacerlo. Me tomé 40 días en responderles, por lo que tuve cerca de tres meses a finales de 1983 y comienzos de 1984 para escribirlo.

Terminado este breve relato contextual, entro a responder qué significó para mí haber escrito este libro (he escrito otros más, pero fue el primero de mi autoría). En primer lugar, significó aplicar aquella frase atribuida a Cicerón intellectusapretatus discurrit (lo que podemos hacer en situaciones de apremio). Tuve las que trabajar contrarreloj y no solo crear el texto, sino también mecanografiarlo, pues al gobierno le urgía responder al artículo 5º del Decreto 1820 de junio 28 de 1983, que reglamentó la Educación Superior Abierta y a Distancia en Colombia, el cual establecía que “Todo programa de Educación Superior Abierta y a Distanciadeberá utilizar por lo menos materiales impresos de auto instrucción y tutoría”.

Significó, además, recuperar años de estudio y experiencia educativa para ponerlos al servicio de la comunidad que estudia en situaciones menos aventajadas frente a la universidad presencial.

Ahora, ¿qué significó para mí haber publicado el Manual del Tutor?. Aprendí que como autor debía intervenir en aspectos gráficos del libro –por ejemplo, tipografía y carátula–. Ambas resultaron fatales. El color de la carátula fue de un “rosado Soacha” (color que interpreta bien internet), y la tipografía, cuya fuente no me gustó, abusaba de la letra cursiva. Pero no había nada qué hacer. No hubo contrato de edición, ni tuve editor, pues en su urgencia el ICFES publicó el texto tal cual lo entregué. Tampoco tuve un revisor que me hiciera preguntas o comentarios.

Aprendí también que a los lectores no les gusta dar realimentación escrita al autor. Al final del libro había incluido un “Formulario de información de retorno”, que incluso pintaba unas tijeras y un punteado para que quienes respondieran cortaran por ahí y no tuvieran que arrancar dos hojas. No recibí ni una sola respuesta. Esa experiencia la repetí en la guía para docentes de cuatro Antologías históricas que escribí.

Gracias a la publicación del libro, el ICFES me contrató para ir a varias universidades regionales a hacer talleres de tutoría con profesores universitarios, lo que me permitió conocer de cerca cómo trabajaban los docentes el apoyo a estudiantes a distancia.

Finalmente, tuve la satisfacción de publicar el primer manual de tutoría para educación a distancia que hubo en Colombia y la insatisfacción de ver, años después, cómo pirateaban una parte del libro y lo ponían en una universidad a nombre de un tercero.

William Mejía Botero

Agosto, 2023

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Como producto del director cinematográfico Jordi Évole, asumo que la filmación que vi el mes pasado en Star+ tuvo un objetivo, una preparación, un guion y alguna edición, por lo que no creo que todo haya sido tan espontáneo como parece y aparece.

Viendo la grabación, me pregunté por qué motivo el papa Francisco accedió a entrevistarse con un grupo de muchachas y muchachos: ¿buscaba acercar la Iglesia a los jóvenes? ¿Quería mostrar que no tenía cortapisas para enfrentar un cuestionario tan variado? Observando el video percibí en él una hábil combinación del pastor con el político.

Las siete jóvenes y los tres muchachos (cuatro españoles, cuatro suramericanas, una estadounidense y un senegalés) que interrogaron al Papa fueron interesantemente escogidos: por ejemplo, un ateo, una víctima de un pederasta del Opus Dei, una chica que vende contenido para adultos en internet, una ultracristiana, un migrante, una lesbiana y una víctima de bullying. ¿Les dieron algunas indicaciones antes de su encuentro con el pontífice?

Creo que los temas abordados también tuvieron alguna preparación o selección temática, pues correspondieron a asuntos críticos como la migración, los abusos sexuales cometidos por religiosos, la pornografía, los derechos de género, la comunidad LGBTQ+, el aborto, el machismo, los abusos de poder, el papel de la mujer en la Iglesia.

Hubo preguntas ingenuas, como si el Papa tenía sueldo, teléfono y redes sociales, si extrañaba a su familia o se sentía solo. Otras llevaban cargas de profundidad. Esta variedad de interrogantes y comentarios hacía interesante el encuentro.

Hubo respuestas fuertes y claras, como las que dio sobre los casos de abusadores de menores, donde afirmó que no prescriben, y respuestas elusivas, como la que expresó sobre la representación de las imágenes de Jesús y María como personas blancas, cuando muy probablemente no lo fueron.

Hubo temas en que vi enredado al Papa, como los del aborto y el papel de la mujer en la Iglesia. En el primero, pidió que los sacerdotes no preguntaran mucho a la mujer que ha abortado y fueran misericordiosos con ella, pero por otro lado dijo que hay que ver el aborto desde un punto de vista científico. Sus respuestas frente a este espinoso tema no me parecieron absolutamente claras y convincentes.

En el segundo, lo vi evasivo al decir que hay que dejar el ministerio para los hombres y la maternalidad para las mujeres y afirmar que la promoción de la mujer va en la línea de su propia vocación, que la mujer tiene su función en la Iglesia, porque la Iglesia es mujer (argumentando que no se dice “el iglesia” sino “la iglesia”) para terminar afirmando que a la mujer hay que promoverla (pero no al punto que llegue al sacerdocio, digo yo). Aquí eché de menos una contrapregunta del tipo “entonces, ¿está a favor, o no, del sacerdocio femenino?

Mientras pasaba el video me preguntaba si una entrevista así la hubieran enfrentado Juan Pablo II o Benedicto XVI… Me respondí que no.

Francisco ha mostrado su perfil de pastor, su ausencia de temor para enfrentar un “interrogatorio” y su interés por acercarse al mundo de hoy.

William Mejía

Mayo, 2023

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Ante la propuesta de dedicar dos sesiones para compartir las poesías favoritas de nuestra autoría o de algún poeta preferido, nuestro grupo tuvo dos “Tardes de poesía” o “Patio de los poetas”. Se presentaron inspiraciones escritas hace muchos años o recientes, o escritas por otros poetas ‒famosos o no, familiares o compañeros jesuitas‒ a quienes admiramos y de quienes aprendimos a colocar en el papel los pensamientos y sentimientos de momentos y circunstancias especiales. En este Patio de los Poetas que iniciamos esta tarde en nuestra sección de cultura compartiremos con nuestros lectores los videos de estas muestras especiales para cada uno. 

Exjesuitas en tertulia- 14 de Julio, 2022
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¿Por qué edito?

Por William Mejia
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En la segunda “Tarde de aprendizaje con nuestros escritores”, Darío me invitó a participar, basado en mi labor como editor de este blog. Aquí relato mi experiencia y mis razones en respuesta a las preguntas que él formuló.

Empecé a editar hace mucho tiempo, sin darme cuenta de que lo estaba haciendo. 

Desde pequeño me gustó que lo que escribía quedara bien. En primaria me gustaron la gramática y la ortografía, como a otros les gustan las matemáticas o las ciencias, algo que no tiene mayor explicación. 

Revisando la revista Nazaret, de El Mortiño (1960), encontré que en primero de bachillerato al final de año me hicieron un reconocimiento en Castellano y Ortografía. Más tarde, en el juniorado, donde Manuel Briceño corregía mis trabajos (conservo algunos con anotaciones en rojo), dirigí y edité en 1968 la revista Hombre y expresión y escribí artículos para el Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República y la Revista Javeriana. Luego, en las empresas en que trabajé, participé en la redacción y revisión de sus publicaciones, pero sin ponerle a eso la denominación de edición. Eran meras colaboraciones para que los textos quedaran bien escritos. 

Solo en 1984 pude llamarme editor (y asignarle ese nombre a lo que había hecho en el pasado) cuando me contrataron en Editorial Norma, después de encontrarme en un avión con otro exjesuita, Luis Bernardo Peña, quien me preguntó en qué estaba trabajando y si me gustaría presentarme a unas entrevistas, pues en esa empresa estaban buscando un editor. Acepté su invitación, pues en ese momento tenía conflictos éticos como gerente de capacitación y desarrollo de Laboratorios Abbott con medicinas que tomaba y me causaban molestias, pero de las cuales tenía que resaltar sus virtudes ante médicos y visitadores médicos.

En Norma trabajé 24 años como editor de libros de texto escolar (cuatro años) y luego 20 como director editorial de Norma para más de 10 países latinoamericanos, donde orientaba la edición de textos escolares para diferentes asignaturas del currículo. Esa experiencia me abrió las puertas para ser corrector de estilo y editor free lance cuando me pensioné, trabajo que vengo haciendo desde hace 13 años, con clientes de renombre o con personas que me contactan porque se han enterado de mi oficio. Con internet echo de menos el contacto personal, pues en muchas ocasiones me envían trabajos, los devuelvo “corregidos” (palabra que no termina de gustarme), los aceptan y me piden datos bancarios para consignar los respectivos honorarios.

Edito porque me gusta que lo que otros lean esté bien escrito, tenga ilación de ideas, resulte ameno, interpele al lector y este no sienta tropiezos en su lectura porque el texto no está bien escrito o tiene diversos tipos de errores (tipográficos, de inconsistencias, de contenido, de validación de información, etc.). Cuando leo libros publicados por diversas editoriales que tienen esas deficiencias intento comunicarme con el autor o la editorial que lo publicó. 

Llegué a editar en el blog no por iniciativa propia, sino porque cuando este comenzaba en el grupo coordinador vieron la necesidad de alguien que cubriera este frente. Carlos Posada me lanzó al ruedo, aunque también hubieran podido invitar a otros exjesuitas que son o han sido editores: Jaime Alfredo Neira, José Vicente Kataraín o Ricardo Arango, o incluso periodistas, como José Samuel Arango.

¿Qué temas le llaman más la atención para editar y por qué?

En el blog de exjesuitas en tertulia, los temas que más me llaman la atención para editar son aquellos que me tocan personalmente, los que recurren al humor, los que tienen profundidad conceptual, los que me cuestionan, los que están bien escritos. En ellos, disfruto la labor de edición.

En los trabajos free lance que hago, si son institucionales, prefiero los de historia y educación. Son más cercanos a mis conocimientos y gustos. He podido hacerlo en obras de autores como Jorge Orlando Melo, Michael Reid, Jaime Castro o Santiago Gamboa y con instituciones como el BID, Unicef, Carvajal Inversiones, Editorial Planeta o Editorial Random House. Cuando son escritos de personas, prefiero los literarios y los biográficos porque facilitan conversar con su autor y un dar y recibir realimentación.

Hay temas que no me llama la atención editar, pero que hago pues me llegan asociados a una orden de trabajo a la cual no puedo decir que no. Son reportes técnicos, informes a juntas directivas, libros religiosos y hasta de temas profanos, como el aguacate. Algunos me toman mucho tiempo, por las deficiencias que tienen en estructuración o lenguaje y porque me llevan a reescribir.

Ha habido casos en los cuales he tenido que rechazar un trabajo de edición porque el autor cambiaba su texto con frecuencia o porque quería que hiciera mi trabajo casi regalado. Como es una labor que casi no se ve, algunas personas no lo valoran o quieren que lo haga casi gratis.

He tenido la oportunidad de editar o corregir estilo de obras de varios integrantes de este grupo y de hacer observaciones a obras que han publicado. Dispongo de tiempo para ello.

Para terminar este punto, quiero hacer una aclaración conceptual. Cuando se habla de edición esta palabra puede incluir varias tareas diferentes: 

1. Edición, propiamente dicha, es meterse con el contenido de una obra y ajustarla de acuerdo con su autor (por ejemplo, añadir o suprimir texto, cuestionar afirmaciones o verificar referencias).

2) Corrección o revisión de estilo, es trabajar el lenguaje de un texto para hacerlo más legible y modificar su redacción, sin alterar el contenido.

3) Neutralización, es pasar un texto del castellano de España al de Colombia o de Latinoamérica, por exigencias del mercado. No nos gusta, por ejemplo, que el texto diga zumo en vez de jugo o poliestireno expandido en vez de icopor (nombre proveniente deIndustria Colombiana de Porosos).

4) Revisión tipográfica o corrección de pruebas, es revisar la digitación de un texto para que, por ejemplo, no se pasen errores mecanográficos (por ejemplo, alienación en vez de alineación) o que queden palabras mal partidas al final de una línea).

Termino con un comentario etimológico: en latín, editor-is es el que produce o engendra, hace nacer o da a luz. 

Cuéntenos los pasos de su proceso de edición de lo que escriben otros.

Centrándome específicamente en el blog, sigo estos pasos:

Obtener una visión de conjunto del texto. Me fijo en aspectos como su extensión (muy largo, muy corto, aceptable); su título (llama o no la atención o se parece mucho a otro), la manera como comienza y termina, si trae o no una presentación (que es la que aparece cuando se abre el artículo en el blog). Cuando es muy extensa la colaboración, pensar que cuando la lea debo fijarme dónde podría dividirse en dos o más partes, para no fatigar a los lectores.

Cerciorarme de si tengo tiempo para leer y revisar todo el texto de una vez, sin interrupciones.

Empezar a leer y ajustar el texto a medida que leo. No hago lo que hacen otros: primero leer todo el texto sin modificarlo y luego sí trabajarlo. 

Verificar o añadir referencias bibliográficas cuando se requiere.

Escoger qué parte del texto va servir para la presentación, solicitársela al autor o redactarla (tarea que debe llevar a cabo para no incrementar mi trabajo).

Releer el texto, después de trabajado, en un proceso parecido al juego del pimpón: de un lado, me pongo en el papel del que escribe, para que su texto salga lo mejor posible; del otro, en el lugar del lector, para que resulte comprensible.

Verificar que no queden errores tipográficos y que no falten datos como presentación, nombre del autor o fuente (por ejemplo, Cambio o El Heraldo de Barranquilla).

En ocasiones, proponer un título diferente.

Enviar por correo el texto a quien lo escribió, después de haberlo trabajado, para su aprobación o modificaciones, con el fin de que lo publicado cuente con el visto bueno de su autor.

Finalmente, incluir el texto en la programación del blog, que hago para una semana y presento al equipo coordinador del blog.

Cuando son artículos ya publicados (por ejemplo, en El TiempoLa RepúblicaEl HeraldoPortafolio o la revista Cambio) no requiero interactuar con sus autores, pues ya han pasado por una edición en esos medios de comunicación.

Me gustan los escritores que discuten cambios que yo hago porque me enseñan (y, de pronto, algo les enseño), en un diálogo enriquecedor.

¿Cuál es en su opinión el papel que juegan sus escritores en la edición de sus artículos? 

Los escritores juegan varios papeles: primero, que escriban porque tienen temas y les motiva hacerlo. Me encanta cuando alguien que ya ha publicado en el blog me envía un nuevo artículo.

En segundo lugar, que den realimentación a mi trabajo, pues quienes escriben en el blog han recibido de vuelta lo que escribieron, con las modificaciones o preguntas que les hice, en busca de cambios y aprobación. En esa interacción algunos perciben que he mejorado su texto ‒si había lugar a ello‒. En bastantes ocasiones he tenido que escribir la presentación de sus artículos (tarea que les corresponde a ellos, pero que a veces pasan por alto).

En unos pocos casos he hecho cuestionamientos a lo que han enviado a mi correo electrónico o al de Darío. Textos discutibles de publicar, los hemos discutido en el comité coordinador que se reúne todos los viernes una hora y los hemos contrastado con las normas de publicación que establecimos desde un comienzo (que aparecen en el blog en las secciones “Sobre nosotros” y “Qué brindamos”). Muy pocos se han devuelto a sus autores.

Ha habido momentos en que hubo necesidad de solicitar artículos, pues las colaboraciones estaban escasas. Por fortuna hemos logrado el objetivo de publicar, al menos, un artículo diario, algo infrecuente en la mayoría de blogs.

Como otro de los trabajos del editor es conseguir autores y motivarlos a que escriban, en varias oportunidades he conseguido que algunas personas escriban por primera vez. Eso lo sabemos ellos y yo.

Gracias a mi trabajo de edición y revisión de textos he renovado amistades de vieja data, que habían estado en un largo periodo de latencia, lo que debo agradecer a este blog.

William Mejía Botero

Agosto, 2022

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Por mis trabajos como educador y, sobre todo, como editor, he tenido que leer muchos libros a lo largo de mi vida. Cuando me preguntaron por mi autor preferido, decidí centrarme en una época de mi vida y escoger el autor que me acompañó durante dos años vertiginosos que coincidieron con la terminación de mi carrera de Filosofía y Letras. 

Un libro favorito se inserta en un momento crucial de la vida. Lo leemos y nos leemos en él. En mi caso, mi libro favorito no fue una obra específica, sino un autor: el griego Nikos Kazantzakis, un escritor a la vez místico y densamente humano. Su lectura me cambió en ese momento la visión del mundo. 

Varias de sus obras* me impactaron y sacudieron, empezando por Alexis Zorba (del cual el grecochipriota Michael Cacoyannis hizo la película Zorba el griego, con música de Mikis Theodorakis y con Anthony Quinn como protagonista). Un joven que amaba los libros es sacado de su mundo libresco por el existencial minero Zorba. Entre muchas otras cosas, este le dice: “todo el que vive los misterios, no tiene tiempo para escribirlos; los que los escriben no tienen tiempo para vivirlos”. La vida hay que vivirla, no leerla, y el hombre necesita un poco de locura. 

Esa vitalidad que se danza, se complementa con Ascesis, que acerca el pensamiento griego al bíblico y plantea si elegir la meditación o la acción, e intenta reconciliarlas y ascender por las sendas del amor. Allí dice: 

“Me posee un solo deseo: el de sorprender lo que se esconde tras lo visible, traspasar el misterio que me da la vida y me la quita, y saber si una presencia invisible e inmutable se esconde más allá del incesante flujo del mundo”.

La lucha entre el espíritu y la carne vibra en La última tentación de Cristo. El carpintero Jesús, a quien odiaban los judíos por hacer cruces para los romanos, es tentado y, a punto de morir, se baja de la cruz y se marcha con María Magdalena. Verdadero Dios y verdadero hombre. En Cristo de nuevo crucificado, los aldeanos ‒que van a dramatizar la pasión de Jesús‒ deciden ayudar a unos refugiados, por lo que tienen que vérselas con las autoridades eclesiásticas. 

El pobre de Asís plantea el desprendimiento de los bienes materiales como fórmula para acercarse al Creador, siguiendo el mensaje de amor de Jesús, y expone su visión del cristianismo. Su Carta al Greco es el encuentro imaginario con el abuelo para recorrer los secretos del arte trascendente de su compatriota cretense. Las figuras estilizadas que conocemos, que nos hacen mirar hacia arriba, explican por qué allí dice que 

“Siempre, durante toda mi vida, una palabra no ha dejado de tiranizarme y de azotarme: la palabra subida. Quisiera pintar aquí esta subida, mezclando la imaginación y la verdad. Y también las huellas rojas que ha dejado mi ascensión”.

Leer a Kazantzakis fue encontrarse con lo que expresa su texto Del monte Sinaí a la isla de Venus: “el valor del hombre reside precisamente en el hecho de buscar y ser consciente del Imposible”. Releer a este autor es volver a ser interpelado en temas como la fraternidad, la guerra, la historia, la filosofía y la vida, que se plasman en otros de sus libros.

Termino con otras palabras de Alexis Zorba:

Los trabajos a medias, las palabras a medias, los pecados a medias, las bondades a medias son los que han llevado al mundo al desbarajuste en el que está. ¡Vamos, hombre, llega hasta el fondo, dale y no tengas miedo!”.

* Kazantzaki, Nikos (1960), Obras selectas. Volumen I: Novelas; Volúmenes II y III: Novelas, teatro, viajes. Barcelona: Planeta.

William Mejía Botero

Julio, 2022

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Hay momentos en la vida en que hacemos un alto en el camino y miramos hacia atrás. Alterando a Antonio Machado, ya hicimos camino una gran parte del camino‒ al andar. Y en un momento como esos nos preguntamos por aprendizajes significativos que hicimos durante décadas, que ya superan con alguna abundancia el medio siglo. Comparto aquí algunos de ellos, que aparecieron primero en un fluir de conciencia.

Mirando el pasado, ya lejano, y situándome en el noviciado jesuita en Santa Rosa de Viterbo, salíamos a las veredas a enseñar el catecismo. Al vernos con sotana, nos decían padrecitos. Mi permanencia en la Compañía de Jesús no llegó hasta ser padre (sacerdote). Pero lo que sí fui fue padre de familia con mi segunda esposa. Un aprendizaje enorme fue aprender a ser papá de mis dos hijas, con las cuales crecí, uniéndome a sus preferencias vitales, a su transcurso escolar y universitario, a sus elecciones profesionales y a su desempeño profesional. Mientras tenga hijas seguiré aprendiendo a ser padre.

En 1979, el día del sepelio de mi primera esposa, lluvioso como los que nos acompañan en Bogotá desde hace varias semanas, el cortejo fúnebre que iba por la carrera 13 pasó por el entonces teatro Radio City en la calle 41. La pancarta que promocionaba una película ‒cuyo nombre no retuve‒, sentenciaba: “Hoy es el primer día del resto de tu vida”. Esto es verdad cuando amanece cada día. Solo contamos con el presente. Solamente tenemos los años que nos restan por vivir. Quizá por eso un amigo, al que cuando le preguntan qué edad tiene, responde filosóficamente: “no sé”, porque ignora lo que le falta de existencia en la Tierra. Los demás años ya los tuvo. Por eso, el carpe diem (aprovecha, estruja, sácale el jugo al día) del poeta latino Horacio sigue vigente. Aprender a vivir cada día.

Educar es la tarea y el reto de dejar al maestro dentro del que está aprendiendo, porque el maestro cesa su labor en poco tiempo ‒uno o más años‒, luego se marcha y el aprendiz queda solo. Si no asimiló e interiorizó lo que le enseñaron, tiene que recurrir a otros. Por eso, es clave que en ese ejercicio primordial de la vida le demos a quienes les enseñamos unos criterios para autoevaluarse. No podemos esperar a que nos digan, como cuando estábamos estudiando, si una respuesta, una acción, un trabajo, estuvo bien o mal. Tenemos que ser capaces de decidirlo sin recurrir a otros. Ante esta situación, bien podríamos preguntar: ¿cómo sabe el maestro si está bien lo que un estudiante respondió o hizo? Educar es dejar en el educando unos criterios de autoevaluación para que él mismo decida si estuvo bien lo que llevó a cabo. La dependencia genera dependencia; la independencia genera independencia y desarrollo.

Dentro de mi trabajo educativo como profesor de profesores universitarios en metodología de la enseñanza aprendí a dar y recibir realimentación (feedback) y su importancia en la vida. Aspectos como que la ayuda se ofrece ‒no se impone‒, que la realimentación debe describir lo que pasó, más que evaluarlo o emitir un juicio, ser selectiva (escoger qué comentar), enfocada (seleccionar lo más significativo, para comentarlo), concreta y no generalizante, centrada en comportamientos y no en la persona, que identifique lo positivo y lo mejorable, y oportuna, son aspectos fundamentales.

Cuando fui jefe en el mundo del trabajo, aprendí que hay que querer a los colaboradores que dependen de nuestra dirección, pero sin decírselo. Con hechos y no con palabras. Y como compañero en el mundo laboral, busqué siempre trabajar en equipo, pues produce mejores resultados.

El amor es la clave de la vida. En el siglo IV, en su Comentario a la primera carta de San Juan¹, Agustín de Hipona escribió: “Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos”. Este amor no es rígido ni serio; es mejor si está acompañado de la risa, del humor, del buen humor. La risa de la mujer amada, por ejemplo, es tan importante que Pablo Neruda dijo: “Quítame el pan, si quieres, quítame el aire, pero no me quites tu risa. (…) Niégame el pan, el aire, la luz, la primavera, pero tu risa nunca, porque me moriría”². Pablo de Tarso, en su segunda carta a los Corintios, lo sintetizó muy bien: “Dios ama al que da con alegría”. 

Siguiendo con la poesía, guardo en mi memoria algunos versos que el recuerdo hace memorables. El del controvertido Miguel Ángel Osorio ‒Porfirio Barba Jacob‒ en su poema Triste amor³ (1925) es uno de ellos: “Las cosas son la espuma del tiempo en nuestra mano”. Lo traigo a colación porque he aprendido que hay que ser desapegados, desprendidos, que de nada sirve aferrarse a los objetos, grandes o pequeños, valiosos o no, o a las personas. Nada nos llevaremos al final de la vida. Como cantaba el franco-argelino Enrico Macias: “no se tiene sino lo que se da. Entonces, abre tu mano y da”.

La palabra pregunta y lo que ella implica creó en mí una actitud inquisitiva, inquieta. Cuando me pregunté por su etimología, encontré dos respuestas hermosas, provenientes del latín⁴: una viene del verbo cunctor: detenerse, dudar, estar perplejo. Otra proviene de percunctor: inquirir, averiguar, informarse. Ambos derivan de contus, asta larga o bichero, un utensilio que usaban los navegantes para desatracar (salir de tierra firme) o atracar (arrimar a tierra) y para sondear el lecho de un rio, para tocar el fondo, impulsarse y avanzar. Preguntar(se), entonces, es ahondar en el fondo del asunto, inquirir, buscar elementos de solución.

Aprendí, también, que escuchar es más importante que hablar. Quien escucha acoge al otro, lo respeta, no lo interrumpe para expresar su punto de vista ni para obligarlo a que oiga lo que uno tiene que decir. Y la escucha no es solo hacia afuera: también es importante escuchar nuestras voces interiores, en el silencio de nuestra interioridad, donde no podemos decirnos mentiras, ni engañarnos. Escuchar y escucharnos nos sirve para conocernos más a nosotros mismos.

___________________

¹ Agustín de Hipona (2002). Comentario a la primera carta de San Juan. Barcelona: Sígueme.

² Neruda, Pablo (1968), “Tu risa”. En Los versos del capitán. Buenos Aires: Losada.

³ Barba Jacob, Porfirio (s. f.). Poesías completas. Lima: Editora Latinoamericana.

⁴ Salvá, Vicente (1880). Nuevo Valbuena ó Diccionario Latino-Español, formado sobre el de Don Manuel Valbuena, con muchos aumentos, correcciones y mejoras. París: Librería de Garnier Hermanos.

William Mejía Botero

Julio, 2022

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¿Por qué propuesta de gobierno me inclinaría a votar en Colombia, para responder a la invitación de Darío? Esta pregunta lleva a consultar y analizar, con el fin de tomar una decisión razonada ‒y razonable‒. Mientras se concretan los programas ‒de candidatos y precandidatos‒, que en este momento son muy pocos, y se definen los candidatos (habrá que esperar al 13 de marzo para ello), formulo los criterios que yo usaría para escoger un plan de gobierno.

Al no estar definidos todavía los candidatos a la primera vuelta para la elección presidencial y contar con poca información disponible sobre planes de gobierno en internet (que no discriminan suficientemente para tomar decisiones), planteo de entrada cinco preguntas: 

1. ¿Se vota por planes o programas de gobierno, estudiados y comparados, o se decide emocionalmente por un candidato, sin mayor argumentación, presionado por lo que dicen las campañas, las encuestas, las redes sociales y los otros medios de comunicación?

2. ¿Qué variables conviene tener en cuenta para escoger un determinado plan de gobierno? 

3. Al escoger un plan de gobierno, ¿se piensa en el país, la ciudad, la familia o en intereses meramente personales? 

4. ¿Cumplen los elegidos lo que proponen en sus planes de gobierno?  ¿Podría afirmarse que los presidentes elegidos en los últimos cuatrenios los cumplieron en más de un 50 %? 

5. Los planes de gobierno, ¿tienen en cuenta los recursos que los harán viables y posibles?

Hoy existen muy pocos planes de gobierno organizados y completos. Por eso, respondo la pregunta de Darío desde otra perspectiva: ¿qué elementos de un plan de gobierno tendría en cuenta para escoger el que mejor satisfaga lo que quiero para Colombia?

Me inclino por un plan de gobierno consistente, que contenga propuestas concretas e indicadores medibles y viables de hacerles seguimiento, y que apunten a resolver estas situaciones:

1. Generación de empleo abundante, digno y formalizado, en especial para mujeres y jóvenes, como elemento para la lucha contra el hambre que azota a millones de colombianos.

2. Reforma agraria, legalización de la tierra usurpada a los campesinos y fomento del cultivo del campo para no importar tanto alimento.

3. Implementación de los acuerdos de paz.

4. Ataque frontal a la corrupción de todo tipo, pero con propuestas concretas y realizables.

5. Reformas laboral y pensional, llevadas al Congreso en el primer año del mandato, y protección especial a la vejez.

6. Mejoramiento de la calidad y pertinencia de la educación en sus distintos niveles.

7. Reforma tributaria estructural, que grave a los que más tienen y contaminan más, para que los dueños de grandes extensiones de tierra paguen mayores impuestos prediales y que garantice, además, la sostenibilidad y los recursos para financiar las promesas de campaña de quien resulte ganador. 

8. Mejoramiento sustancial de la seguridad en ciudades y campos y judicialización efectiva para reducir sustancialmente la impunidad.

9. Cuidado del ambiente en las ciudades y protección de las selvas, encarcelando a quienes queman bosques y a los que ordenan quemarlos para convertirlos en campos de pastoreo.

10. Mejoramiento de los servicios de salud y énfasis en la educación para la salud preventiva.

11. Desarrollo de corredores estratégicos y regionales en infraestructura y manejo transparente de los recursos.

12. Incremento de la industrialización del país.

13. Efectividad de la justicia y lucha contra la impunidad, desde la de cuello blanco para abajo.

14. Fomento de energías alternativas a las provenientes de combustibles fósiles.

15. Soluciones a la movilidad en las ciudades.

16. Mejoramiento de las relaciones exteriores, comenzando con Venezuela.

17. Impulso a la ciencia, a la tecnología y a las telecomunicaciones.

18. Fortalecimiento del comercio exterior.

19. Implementación de una política de transparencia.

20. Combate al narcotráfico (con legalización o represión) y a las guerrillas.

También es necesario revisar los antecedentes del candidato que lidera un programa de gobierno en el ejercicio previo de cargos públicos, pues uno vota por una persona: qué tanto de lo ofrecido lo llevó a cabo, al igual que mirar los apoyos que tendrá en el Congreso para materializar y cumplir sus propuestas.

¿Existirá algún mecanismo que funcione, por el cual pueda exigírsele al candidato triunfador que cumpla lo que ofreció o prometió? Muchos planes de gobierno incumplidos han llevado a la baja participación en las elecciones presidenciales.

William Mejía Botero

Febrero, 2022

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El significado cristiano de la Navidad permanece a lo largo del tiempo. La encarnación sigue siendo un misterio, lo mismo que la resurrección. Y la opción de creer o no creer en ellas. Como ya otros blogueros se han referido al contenido religioso navideño, me centraré en el contenido profano que tiene para mí.

Desde muy joven me llamó la atención que en los textos referentes a la Navidad y a la despedida de Jesús había una palabra que se repetía: “…y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace” (Lc. 2, 14) y “Os dejo la paz, mi paz os doy (Jn 14, 27). Navidad es, entonces, un momento para buscar la paz, para meditar y hablar acerca de ella y para la reconciliación, el reencuentro y el amor familiar y amical.

En mi hogar, Navidad significa también cambio y construcción. Cambio porque hacemos del mes algo diferente al resto del año. Desde el 1º de diciembre el apartamento empieza a oler distinto. Mi hija menor, Inés Elvira, comienza la primera tanda de galletas de gengibre, cuyo aroma inunda el espacio. A lo largo del mes vendrán otras tandas. Es un ritual que se repite cada diciembre y que nos hace sentir que estamos en otro momento anual.

El cambio viene acompañado de una decoración diferente en diversas partes del apartamento, desde la puerta hasta la sala y el comedor. Los colores verde y rojo se toman el ambiente. Hay que hacerle espacio al árbol de navidad, lo que implica mover muebles en un espacio reducido. No hacemos pesebre, pues este es una escultura que hizo mi suegra María Mercedes.

Cambio también en el texto de la novena navideña, después de que hijas y sobrinos preguntaran hace años qué significaban algunas palabras que aparecen en la versión tradicional (de hace varios siglos) que antes leíamos y que hubo que cambiar para que entendieran y apreciaran lo que se rezaba. Ya no más términos como benignísimoprendaentrañassoberanobeneficioAdonaí, padre putativo…, solo comprensibles para los adultos. Niñas y niños debían comprender lo que se rezaba.

Construcción porque nos ponemos el reto de hacer algo distinto todos los años. Los adornos para decorar el árbol combinan lo tradicional con arreglos que se hacen manualmente y toman días de trabajo. Después de más de 30 años el reto es grande para no repetir, pero la tarea se hace con alegría y disfrute.

Una particularidad de nuestro árbol navideño es que, en parte, está adornado con galletas…, para írselas comiendo. Esta característica se convierte en motivo de visita de familiares y amigos de mis hijas, pues es un pretexto para visitarnos y compartir un buen rato. El árbol, entonces, se recrea cada rato.

Navidad es, entonces, hablando en profano, nacimiento de un ambiente que hace pensar en que surge una situación diferente cada año y que invita a la unión y a la celebración.

William Mejía

Diciembre, 2021

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En Fratelli tutti encontré que “sentarse a escuchar a otro, característico de un encuentro humano, es un paradigma de actitud receptiva, de quien supera el narcisismo y recibe al otro, le presta atención, lo acoge en el propio círculo” y que “Acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto, todo eso se resume en el verbo dialogar”.

Dos de los aspectos que contribuyen a la fraternidad, palabra utilizada 48 veces en la encíclica Fratelli tutti, son el diálogo y la escucha. Motivado por esto, quiero compartir las características del diálogo que hallé en este documento. Escuchemos al papa Francisco.

El diálogo enmarca la encíclica. Esta nació, precisamente, “de una reflexión hecha en diálogo” (5)* del pontífice con el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb y culmina en la Oración al Creador, al final del texto de la encíclica y el Papa le pide a Dios: “Inspíranos un sueño de reencuentro, de diálogo”. Francisco espera que esta reflexión “se abra al diálogo con todas las personas de buena voluntad” (6), cristianas y no cristianas.

Caracterización del diálogo

El diálogo aparece en todos los capítulos, salvo en el segundo (que se centra en la parábola del buen samaritano). El diálogo es el tópico principal del sexto capítulo.  

El pontífice asume “la cultura del diálogo como camino” (285). Para él, el objetivo del diálogo “es establecer amistad, paz, armonía y compartir valores y experiencias morales y espirituales en un espíritu de verdad y amor” (271). Se requiere, entonces, “una educación para la fraternidad, para el diálogo, para el descubrimiento de la reciprocidad y el enriquecimiento mutuo como valores” (103).

Dialogar es también una obligación, pues debemos “reconocer los valores fundamentales de nuestra humanidad común, los valores en virtud de los que podemos y debemos colaborar, construir y dialogar, perdonar y crecer, permitiendo que el conjunto de las voces forme un noble y armónico canto, en vez del griterío fanático del odio” (283).

El diálogo sirve para “buscar juntos la verdad (…) en la conversación reposada o en la discusión apasionada. Es un camino perseverante, hecho también de silencios y de sufrimientos, capaz de recoger con paciencia la larga experiencia de las personas y de los pueblos” (50). La confianza mutua “se puede construir solo a través de un diálogo que esté sinceramente orientado hacia el bien común y no hacia la protección de intereses encubiertos o particulares” (262).

Es necesario que el diálogo sea “paciente y confiado, para que las personas, las familias y las comunidades puedan transmitir los valores de su propia cultura y acoger lo que hay de bueno en la experiencia de los demás” (134), pues contribuye a arraigar y enriquecer “la propia identidad cultural” (148). Dialogar requiere “identidad personal, del mismo modo [que] no hay apertura entre pueblos sino desde el amor a la tierra, al pueblo, a los propios rasgos culturales. No me encuentro con el otro si no poseo un sustrato donde estoy firme y arraigado, porque desde allí puedo acoger el don del otro y ofrecerle algo verdadero” (143).

El dialogo ayuda a lograr “una verdadera paz (…) cuando luchamos por la justicia (…) persiguiendo la reconciliación y el desarrollo mutuo” (229). Abre sendas, pues “cada uno de nosotros está llamado a ser un artesano de la paz, uniendo y no dividiendo, extinguiendo el odio y no conservándolo” (284) y lleva a que “la verdadera reconciliación no escape del conflicto sino que se logra en el conflicto, superándolo a través (…) de la negociación transparente, sincera y paciente. La lucha entre diversos sectores «siempre que se abstenga de enemistades y de odio mutuo, insensiblemente se convierte en una honesta discusión, fundada en el amor a la justicia»” (244). No obstante, algunos creen que no es posible hacerlo “hasta el fondo” pues “la reconciliación es cosa de débiles, (…) y por eso optan por escapar de los problemas disimulando las injusticias” (236).

Políticamente, el diálogo ayuda al acercamiento entre Occidente y Oriente, “de modo que ambos puedan enriquecerse mutuamente a través del intercambio (…) de las culturas” (136). “Necesitamos una política que piense con visión amplia, y que lleve adelante un replanteo integral, incorporando (…) un diálogo interdisciplinario” (177). También, el diálogo “entre personas de distintas religiones no se hace meramente por diplomacia, amabilidad o tolerancia” (271).

La caridad no debe ser “excluida de los proyectos y procesos para construir un desarrollo humano de alcance universal, en el diálogo entre saberes y operatividad” (184).

El capítulo dedicado al diálogo

El diálogo es el protagonista del capítulo 6 de la encíclica, titulado Diálogo y amistad social. En doce numerales el papa Francisco complementa la caracterización de esta forma clave de la comunicación humana. 

El diálogo:

  • Compendia acciones como “acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto” (198).
  • Es una necesidad “para encontrarnos y ayudarnos mutuamente” (198).
  • Ha “mantenido unidas a familias y a comunidades” (198). 
  • “Persistente y corajudo no es noticia como los desencuentros y los conflictos, pero ayuda discretamente al mundo a vivir mejor, mucho más de lo que podamos darnos cuenta” (198).
  • Es siempre una opción posible “entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta” (199).
  • Ayuda a que un país crezca “cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva” (199).
  • No es “un febril intercambio de opiniones en las redes sociales, muchas veces orientado por información mediática no siempre confiable” (200). 
  • Ve cerradas sus posibilidades por la “resonante difusión de hechos y reclamos en los medios (…) que permite que cada uno mantenga intocables y sin matices sus ideas, intereses y opciones con la excusa de los errores ajenos” (201). 
  • Su ausencia “implica que ninguno, en los distintos sectores, está preocupado por el bien común, sino por la adquisición de los beneficios que otorga el poder, o en el mejor de los casos, por imponer su forma de pensar” (202).
  • Cuando es auténtico “supone la capacidad de respetar el punto de vista del otro aceptando la posibilidad de que encierre algunas convicciones o intereses legítimos. Desde su identidad, el otro tiene algo para aportar, y es deseable que profundice y exponga su propia posición para que el debate público sea más completo” (203). 
  • En su verdadero espíritu “alimenta la capacidad de comprender el sentido de lo que el otro dice y hace, aunque uno no pueda asumirlo como una convicción propia. Así se vuelve posible ser sinceros, no disimular lo que creemos, sin dejar de conversar, de buscar puntos de contacto, y sobre todo de trabajar y luchar juntos” (203).
  • “En una sociedad pluralista (…) es el camino más adecuado para llegar a reconocer aquello que debe ser siempre afirmado y respetado, y que está más allá del consenso circunstancial” (211). 
  • “Necesita ser enriquecido e iluminado por razones, por argumentos racionales, por variedad de perspectivas, por aportes de diversos saberes y puntos de vista, y (…) no excluye la convicción de que es posible llegar a algunas verdades elementales que deben y deberán ser siempre sostenidas” (211).
  • Permite reconocer y asumir “algunos valores permanentes, aunque no siempre sea fácil reconocerlos” (211).
  • Contribuye a descubrir exigencias y estructuras básicas “que se derivan de la realidad misma del ser humano y de la sociedad, en su naturaleza íntima (…) que sostienen su desarrollo y su supervivencia (212). 
  • Facilita que “las personas se atrevan a llegar hasta el fondo de una cuestión” (212).
  • Aporta a que la inteligencia pueda “escrutar en la realidad de las cosas, a través de la reflexión, de la experiencia (…), para reconocer en esa realidad que la trasciende la base de ciertas exigencias morales universales (213).
  • Siempre deja un lugar para que “los principios morales elementales y universalmente válidos puedan dar lugar a diversas normativas prácticas” (214).
  • Debe ser una herramienta con que “armemos a nuestros hijos (…). ¡Enseñémosles la buena batalla del encuentro!” (217).
  • Cuando es verdadero, en “un encuentro social real pone [a interactuar a] las grandes formas culturales que representan a la mayoría de la población” (219).

El diálogo y la escucha

El papa Francisco, que incluye la escucha como un elemento del diálogo (198), hace un retrato realista de ella y de sus exigencias. 

Afirma que “sentarse a escuchar a otro, característico de un encuentro humano, es un paradigma de actitud receptiva, de quien supera el narcisismo y recibe al otro, le presta atención, lo acoge en el propio círculo. Pero «el mundo de hoy es en su mayoría un mundo sordo. A veces la velocidad del mundo moderno, lo frenético nos impide escuchar bien lo que dice otra persona. Y cuando está a la mitad de su diálogo, ya lo interrumpimos y le queremos contestar cuando todavía no terminó de decir. No hay que perder la capacidad de escucha». San Francisco de Asís «escuchó la voz de Dios, escuchó la voz del pobre, escuchó la voz del enfermo, escuchó la voz de la naturaleza. Y todo eso lo transforma en un estilo de vida»” (48).

Continúa diciendo que “Al desaparecer el silencio y la escucha, convirtiendo todo en tecleos y mensajes rápidos y ansiosos, se pone en riesgo esta estructura básica de una sabia comunicación humana. Se crea un nuevo estilo de vida donde uno construye lo que quiere tener delante, excluyendo todo aquello que no se pueda controlar o conocer superficial e instantáneamente. Esta dinámica, por su lógica intrínseca, impide la reflexión serena que podría llevarnos a una sabiduría común” (49).

Más adelante, al referirse a la caridad política ‒que se expresa en la apertura a todos‒ afirma que el gobernante “está llamado a renuncias que hagan posible el encuentro, y busca la confluencia al menos en algunos temas. Sabe escuchar el punto de vista del otro facilitando que todos tengan un espacio. Con renuncias y paciencia un gobernante puede ayudar a crear ese hermoso poliedro donde todos encuentran un lugar. (…) Parece una utopía ingenua, pero no podemos renunciar a este altísimo objetivo” (190).

Por otra parte, asocia la amabilidad con la escucha: “de vez en cuando aparece el milagro de una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia. Este esfuerzo, vivido cada día, es capaz de crear esa convivencia sana que vence las incomprensiones y previene los conflictos (224).

Hacia el final de la encíclica y refiriéndose a que no podemos olvidar el deseo de Jesucristo de que todos sean uno (Jn 17,21), “escuchando su llamado reconocemos con dolor que al proceso de globalización le falta todavía la contribución profética y espiritual de la unidad entre todos los cristianos” (280).

Estos planteamientos del papa Francisco nos invitan a reflexionar acerca de la manera como dialogamos y, en el diálogo, ejercitamos la escucha. Nos deja el reto de preguntarnos cómo y qué tanto dialogamos en diversas situaciones, desde las más tranquilas a las más apasionadas y apasionantes.

* Los números entre paréntesis corresponden a los párrafos en que está numerada la encíclica, que se halla en http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html

William Mejía B.

Noviembre, 2020

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¿Sabemos escuchar?

Por William Mejia
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¿Nos enseñaron a escuchar, en la casa, en el colegio, en la universidad o en el mundo del trabajo? ¿Es necesario aprender a escuchar? ¿Por qué la educación formal enseña a leer, a escribir, a hablar en público, pero no a escuchar?

En la escuela, los aprendizajes iniciales en el área de la comunicación son dos: primero, leer y, luego, escribir. Más tarde ‒si se enseña‒ aparece, tímidamente, la expresión oral. Pero la cuarta de las competencias comunicativas brilla por su ausencia: en los currículos no aparece aprender a escuchar, ni los maestros consideran que es una responsabilidad suya hacerlo. Es muy probable que no lo enseñen porque a ellos tampoco les enseñaron a escuchar ni fue una materia o tema de estudio durante su licenciatura en educación o en cualquier otra carrera universitaria.

En el escenario laboral parece que a quienes les insisten más en escuchar es a los vendedores, para que atiendan y entiendan las necesidades del cliente y rebatan sus objeciones, si surgen. No sé qué tanto se logre, pues en mi experiencia cuando pido algo y me traen otra cosa le pregunto a quien me atendió qué le pedí, y la mayoría de las veces no responden adecuadamente a mi solicitud.

La confusión entre oír y escuchar está en el origen del problema. Se asume que porque sabemos oír (eso no se enseña: es algo físico), sabemos escuchar. Pero no es así. 

Si se analiza la frecuencia de uso de las cuatro habilidades comunicativas, la que más se utiliza es la que menos se enseña. Diversas publicaciones muestran estos datos [los resaltados son míos]:

• En “una investigación realizada para identificar las competencias básicas que los alumnos debieran dominar al término de la escolaridad obligatoria (…) un total de 217 competencias correspondientes a los ámbitos matemático, social, lingüístico, tecnocientífico y laboral [que abarca] tanto conocimientos como habilidades y actitudes [mostró en la] relación de las competencias básicas identificadas por orden de valoración [que] saber escuchar”, en promedio, era la segunda de todas las competencias identificadas[1].   

• Para Miguel Calvillo[2],  por orden decreciente, el tiempo dedicado a enseñar prioriza leer, luego escribir y hablar y, finalmente, escuchar.

• Según lo afirmado por Whetten y Cameron[3], “la mayoría de nosotros ha subdesarrollado la habilidad de escuchar. Las pruebas han demostrado, por ejemplo, que los individuos son por lo general 25 % eficaces en escuchar, es decir, escuchan y entienden alrededor de sólo un cuarto de lo que se les está comunicando (Bostrom, 1997; Haas, 2002; Huseman, Lahiff y Hartfield, 1976). Geddle (1999) informó que en una encuesta realizada en 15 países, la habilidad menos desarrollada era escuchar. Cuando se pidió a los encuestados que calificaran la medida en que se consideraban aptos para escuchar, 85 % de todos los individuos se calificaron a sí mismos como término medio o más bajo”. 

• Diversos autores[4], refiriéndose a la jornada laboral, desglosan así el tiempo que emplean las personas: escuchar (45 %), hablar (30 %), leer (16 %) y escribir (9 %).

Resulta paradójico, entonces, que la habilidad comunicativa más importante es la que resulta menos atendida en la educación y el trabajo.

Dejando a un lado lo que dicen los investigadores, es prácticamente un hecho que sabemos escuchar poco o muy poco. Diversos hechos lo revelan: cuando nos presentan a una persona, ¿podemos repetir su nombre unos minutos después? Oímos un programa de polémica en radio o televisión: ¿se escuchan quienes están hablando? ¿O lo que sucede es que cada cual quiere imponer su punto de vista y no presta atención a los argumentos de los demás? Cuando participamos en una discusión, ¿esperamos a que el otro termine de exponer su punto de vista o lo interrumpimos? Las discusiones, ¿avanzan o se convierten en una especie de remolino donde cada cual quiere imponer su punto de vista o demostrar que es el que más sabe? Cuando entrevistan a un político, dirigente o persona pública, ¿responde lo que le pregunta el periodista? ¿O aprovecha para echar su “rollo” ya preparado, sin prestar atención al interrogante que le formularon? ¿O, incluso, se niega a escuchar la pregunta y prefiere evadirla?

Leyendo en estos días Cartas a Antonia, el libro póstumo de Alfredo Molano, sociólogo, investigador, periodista e integrante de la Comisión de la Verdad, fallecido el 31 de octubre de 2019, me tocaron las palabras de su nieta: 

Él era un hombre de enseñanzas de vida. Siempre me dijo que tenía que echar la pata pa’ lante. Él me enseñó la realidad del país. A entender que todo lo que se ve tiene una historia atrás y que siempre, siempre, es mejor escuchar que hablar”. 

Allí también leí el discurso que pronunció cuando recibió el título de Doctor Honoris Causa otorgado por la Universidad Nacional de Colombia, donde dice:

“Oír las voces de las gentes no fue suficiente. Para no usurparlas había que escribirlas en el mismo tono, el mismo lenguaje en que habían sido escuchadas. (…) Escuchar ‒perdónenme el tono‒ es ante todo una actitud humilde que permite poner al otro por delante de mí, o mejor, reconocer que estoy frente al otro. Escuchar es limpiar lo que me distancia del vecino o del afuerano, que es lo mismo que me distancia de mí. El camino, pues, da la vuelta. Escuchar es casi escribir[5]”.

Busqué más sobre Molano, quien caminó nuestro país escuchando a la gente del campo y de los pueblos, como lo muestran sus libros sobre la colonización del Guaviare, la Orinoquia colombiana, el Llano, el Tapón del Darién, Mompox, la selva del Apaporis o el Magdalena Medio, y hallé un artículo en la revista Arcadia del 19 de diciembre de 2019[6]titulado “El hombre que supo escuchar. Cinco miradas al legado a Alfredo Molano Bravo”. 

La primera mirada, de Marta Ruiz, su compañera en la Comisión de la Verdad, que dirige Francisco de Roux, dice:

“Aprendimos de él que la escucha es el primer acto de dignificación del otro. Escuchar, esa escasa virtud que Molano había cultivado cada día. De todos en la Comisión de la Verdad, Molano era el más silencioso. Oía de manera atenta, con la mirada fija en el otro, con ojos centelleantes, tranquilo, así los argumentos le parecieran absurdos o geniales. Luego soltaba un par de frases tipo haiku; aforismos que podían darle un vuelco a la conversación.

Molano sabía dónde reposa la verdad. Desde el primer día dijo que cada uno de nosotros debía ir al país a escuchar a las víctimas. Escucharlas con la piel y el corazón. Escucharlas para ir descifrando en el testimonio, en las vidas de ellas, esa verdad que se nos escapa de las manos; la verdad profunda que reside en el dolor y la culpa, en el miedo y la venganza, en la derrota y la capacidad de levantarse una y otra vez”.

Ya en 1980, en Los bombardeos de El Pato, exclamaba: “Entendí que el camino para comprender no era estudiar a la gente, sino escucharla”.

Dejemos que sus palabras resuenen en nosotros.

William Mejía B.

Noviembre 2020 


[1] Jaume Sarramona (2000), Competencias básicas al término de la escolaridad obligatoria. En: Revista de Educación, Madrid, n. 322.

[2] Miguel Calvillo Jurado (2015), Lectura, escritura y lengua oral: relaciones. Octubre 24. https://www.slideshare.net/miguelcalvillo/lectura-escritura-habla-y-escucha-relaciones

[3] David A. Whetten y Kim S. Cameron (2005), Desarrollo de habilidades directivas. México. Pearson, p. 228.

[4] Curso avanzado de escucha activa http://www.escuchaactiva.com/cap01.htm ; Rodrigo Ortiz Crespo (2007), Aprender a escuchar. Cómo desarrollar la capacidad de escucha activa. Lulu.com; Carlos Mora Vanegas (2008),  La importancia de saber escuchar.  Gestiópolis (enero 29); Daniel Cassany, Martha Luna y Gloria Sanz (2007), Enseñar Lengua. Barcelona: Graó; Eugenia Alfonso C. y María Jeldres V. (1999), ¿Cómo acercarnos a la comprensión auditiva en español? Revista Signos, Valparaíso, 32, y Henzell-Thomas, Nigel y David A. Peoples (1997), 60 claves en 60 minutos para vender más. Bogotá: Norma.

[5] Alfredo Molano Bravo (2020), Cartas a Antonia. Bogotá: Aguilar.

[6] https://www.revistaarcadia.com/agenda/articulo/el-hombre-que-supo-escuchar-cinco-miradas-al-legado-de-alfredo-molano-bravo/79841/

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Reseñas

Por William Mejia
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 En Viaje a Ixtlán, el brujo indígena habla con el antropólogo Carlos Castaneda:

“Don Juan dijo que todos cuantos me conocían tenían una idea sobre mí, y que yo alimentaba esa idea con todo cuanto hacía.

‒ ¿No ves? ‒preguntó con dramatismo‒. Debes renovar tu historia personal contando a tus padres, o a tus parientes y tus amigos todo cuanto haces. En cambio, si tú no tienes historia personal, no se necesitan explicaciones; nadie se enoja ni se desilusiona con tus actos. Y sobre todo, nadie te amarra con sus pensamientos. (…)

Vale más borrar toda historia personal ‒dijo despacio, como dando tiempo a mi torpeza de anotar sus palabras‒ porque eso nos libera de la carga de los pensamientos ajenos. (…)

Lo malo es que, una vez que te conocen bien, te dan por hecho, y desde ese momento no puedes ya romper el lazo de sus pensamientos. A mí en lo personal me gusta la libertad ilimitada de ser desconocido. Nadie me conoce con certeza constante, como te conocen a ti, por ejemplo”.

Carlos Castaneda (1972), Journey to Ixtlan. The Lessons of Don Juan. Traducido al español como Viaje a Ixtlán (1975). México: Fondo de Cultura Económica, pp. 34-38.

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Cuando se lee el libro de Patricia Salazar Figueroa y Christina Mendoza Weber, Angela Merkel. La física del poder, prologado por Juan Esteban Constaín, y publicado por Intermedio Editores en 2019, se comprende el porqué de su éxito frente a la situación imprevisible y dramática de la pandemia.

Constaín pregunta y se responde: 

“¿Era necesario este libro?

La respuesta, para empezar, es que sí. Y mucho: muy necesario. Esa es, además, la condición por naturaleza de los mejores libros, los que tenían que escribirse porque con ellos las cosas se hacen más comprensibles y llevaderas, más ciertas”.

Las autoras concluyen su libro afirmando:

“Merkel descifró el código del poder a partir de la metodología de las ciencias naturales y de la conducción de sus actos siguiendo los preceptos del cristianismo protestante. Ese raro fenómeno de creer en la ciencia y en la religión es la fuente de los pilares fundamentales de su pensamiento y comportamiento”.

Enseguida exponen las doce principales pautas del sistema Angela Merkel. Tres de ellas son:

“• Aplicación de la metodología científica para la comprensión y medición del alcance de los fenómenos y coyunturas políticas

No cabe duda de que su formación como física ha ejercido una máxima influencia en su pensamiento y desempeño en la política. Angela Merkel aborda todas sus tareas bajo el precepto del método científico: extrapola todas las variables, investiga, se nutre de detalles, coteja la información, hace comparaciones, plantea y prevé diversos escenarios, calcula riesgos, anticipa reacciones y después de un tiempo de reflexión, toma decisiones tajantes que describe como insustituibles. Su pensamiento se rige por el habito científico de dilucidar los hechos como parte de un proceso en el que nada es fijo e inmutable, y en el que las circunstancias pueden cambiar. (…) 

• El indicativo como máxima de lenguaje

Otra de las fórmulas que aplica la gobernante es enunciar la mayoría de sus oraciones en el modo verbal del indicativo. En sus discursos, Angela Merkel hace uso de afirmaciones determinadas y objetivas, acciones concretas o reales, y evita el modo verbal del subjuntivo, que se traduce en expresar deseos, dudas o temores. En su intento por lograr que nadie se sienta excluido de sus alocuciones, intenta hablar con un lenguaje preciso, elude el uso de extranjerismos y explica los tecnicismos relativos a la política. El abanico de sus respuestas incluye también el silencio y, sobre todo, prescinde de reacciones de carácter emocional. (…) 

• Acatamiento inflexible de la Constitución

Para Angela Merkel hacer lo correcto implica respetar y acatar el Estado de Derecho, así como las normas consagradas en la Constitución alemana. Por eso, siempre deja muy claro que su opinión sobre las decisiones dictadas por los tribunales es irrelevante; no importa si ella está de acuerdo o no, la ley se acata, sin desviaciones. Merkel venera la democracia ejercida por medio del pueblo, la división de poderes, el sistema de partidos políticos: todos elementos del Estado de Derecho que solo pudo vivenciar y ejercer a partir de la Reunificación. En consecuencia, no se impone sobre los demás poderes, legislativo y judicial”.

William Mejia Botero

Septiembre 2020

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