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exjesuitas en tertulia

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Dada la importancia del evento, acordamos que nuestra tertulia del jueves 30 de julio se inspirara en el Campeonato Mundial de Fútbol. Reflexiones, remembranzas, posiciones críticas, opiniones, brotaron espontáneamente, reflejando que el buen fútbol todavía nos sigue motivando. Aquí queremos consignar algunos testimonios.

Haz click aquí para disfrutar de la participación de William Mejia: https://youtu.be/7fXZR9hlToI

Exjesuitas en tertulia- 30 de Julio, 2026

Qué me gustó

  • El empate a cero de Cabo Verde (que participaba por primera vez en un mundial) con España, futuro campeón del mundial. Tampoco le ganó Uruguay, un excampeón del mundo, lo mismon que Arabia Saudita. Terminó invicto la primera ronda y su portero, Vozinha, fue una de las figuras destacadas del mundial. 
  • El primer lugar de Colombia invicta en la ronda de grupos, por encima de Portugal, uno de los favoritos.
  • El triunfo de Ecuador sobre Alemania, que sacó a los teutones del mundial. David le ganó a Goliat.
  • El empate de la República Democrática del Congo con Portugal capitaneado por Cristiano Ronaldo.
  • El paso a segunda ronda de los tres países anfitriones.
  • El triunfo de España.
  • La presencia de 48 países, que hizo del campeonato algo más mundial que europeo. En Qatar 2022, los equipos de Europa fueron 13 de 32 (40.6 %).
  • La cantidad de compatriotas en los estadios donde jugó Colombia: una marea amarilla.
  • La cantidad de jugadores morenos en gran parte de los equipos: un mestizaje cultural. Basta con comparar con los mundiales del siglo XX.
  • La presencia de Irán, a pesar de que Trump había dicho que podían jugar, aunque no le parecía apropiado que lo hicieran “por su propia seguridad y su propia vida”.
  • Los récords de Messi y Ronaldo.
  • El hecho de que el niño bañado por Messi para una propaganda de Unicef terminó jugando en el equipo que derrotó a Argentina en la final del mundial.
  • Que el ICE (Immigration and Customs Enforcement) no se hubiera metido a detener asistentes en los partidos de fútbol.

Qué me disgustó

  • El fútbol convertido en negocio y las ganancias multimillonarias de la FIFA. Infantino resultó el mayor vencedor del campeonato.
  • La suspensión de la sanción por tarjeta roja del delantero estadounidense Folarin Balogun, por presión de Trump a Infantino, lo que le permitió jugar un partido crucial de octavos de final de la Copa del Mundo contra Bélgica.
  • El trato que se le dio a la selección de Irán: viajaba de México a jugar en el estadio asignado, terminaba el partido y debía regresar a México.
  • El enorme costo de la boletería y otros altos costos para los turistas (visados, vuelos, alojamiento), significativamente mayores a los de campeonatos anteriores, lo que hacía que el fútbol se convirtiera en un lujo reservado a una élite.
  • La distribución del número de partidos entre las tres sedes: Canadá 13, México 13, y Estados Unidos 78; el triple de la sumatoria de los otros dos países. 16 sedes en total, durante 39 días.
  • Los intermedios de tres minutos en los partidos que hicieron pasar de dos a cuatro tiempos, como sucede en el básquetbol, para darle espacio a la propaganda por televisión.
  • Los recesos por calor cuando no se requería porque el estadio funcionaba con aire acondicionado.
  • Las distancias en avión que tuvieron que cruzar las selecciones de varios países y los hinchas.
  • Algunas demoras del VAR en dar respuestas a situaciones requeridas.
  • La actitud del equipo argentino de dar la espalda a la premiación de España, la trifulca que armaron contra jugadores españoles al perder el partido y la pancarta “Las Malvinas son argentinas”.
  • La falta de tiros a la portería de España en el partido final. Parecía que Argentina esperaba ir a los penaltis, gracias al buen desempeño de su portero.
  • Que Caracol no haya transmitido el partido por el tercer puesto (Inglaterra-Francia, ¡el partido con más goles: 10!) Me pregunto qué falló en su planeación de transmisiones del mundial, cuando los equipos que llegan a esta instancia resultan los mejores.
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Cuando las palabras dejan de describir la realidad y pasan a organizar lealtades, la política deja de ser deliberación y se vuelve creencia ciega.

Antes de la existencia de las encuestas, los algoritmos y las redes sociales, los emperadores romanos sabían que los símbolos eran más poderosos que las ideas y entonces levantaban estandartes, organizaban ceremonias y convertían la arquitectura en una pedagogía del poder. El águila imperial no era un ave: era Roma. La corona no era un objeto de oro: era el Estado. La representación era más poderosa que aquello que representaba. Umberto Eco advertía que los símbolos poseen una gran capacidad para producir significados que rara vez son sometidos a examen. Funcionan porque condensan emociones, recuerdos y pertenencias en una imagen sencilla. La inteligencia exige tiempo; el símbolo actúa al instante.

La historia política está llena de batallas por apropiarse de esos signos. El comunismo encontró en la hoz y el martillo una promesa de redención. El fascismo comprendió mejor que nadie el poder de la estética, los uniformes y las concentraciones multitudinarias. Elías Canetti, en Masa y poder, observó que la multitud necesita experimentar físicamente la sensación de unidad; por eso los rituales, los saludos y las consignas producen una embriaguez colectiva que suspende temporalmente el juicio individual. En nuestro país, genera un profundo malestar la foto en la que todos los sonrientes ministros designados, sin un asomo de duda, hacen el saludo militar ya convertido en identidad política.

Las democracias no están inmunizadas contra la irracionalidad. Cambian los uniformes por camisetas, las marchas militares por concentraciones ciudadanas y las proclamas por consignas bien pensadas, pero el mecanismo psicológico permanece intacto. George Orwell comprendió que el lenguaje político puede terminar vaciándose de significado hasta convertirse en un simple instrumento de adhesión emocional. Cuando las palabras dejan de describir la realidad y pasan a organizar lealtades, la política deja de ser deliberación para convertirse en creencia ciega.

Estamos padeciendo esa disputa simbólica. Una bandera, un color, un sombrero, un gesto con la mano, una espada, una plaza pública, el lugar escogido para una posesión presidencial o la decisión de desconocer una elección en nombre de una causa superior adquieren una importancia que supera y elude la discusión sobre las políticas públicas o la altura moral de los protagonistas. Durante semanas se debate el escenario de una ceremonia mientras pasan inadvertidas las decisiones que afectarán la educación, la salud o la economía durante décadas.

No se trata de despreciar los símbolos. Hannah Arendt recordaba que una nación sin símbolos termina siendo apenas una agregación de individuos. El problema aparece cuando el símbolo deja de señalar una realidad y pretende reemplazarla. Entonces, la bandera vale más que la patria; la consigna, más que el argumento y la ceremonia más que el gobierno.

En Gandhi o en Martin Luther King la desobediencia civil fue una profunda afirmación ética frente a un orden manifiestamente injusto. Su legitimidad no provenía del desafío mismo, sino de la autoridad moral que lo sustentaba y de la disposición de quienes la ejercían a asumir las consecuencias de sus actos. Convertida en un simple recurso de movilización política o en un espectáculo mediático, pierde su densidad moral y se transforma en otro emblema dispuesto para el consumo inmediato de las audiencias, sin mencionar la carencia de autoridad de quienes han sido cómplices silenciosos de uno de los gobiernos más corruptos de los últimos tiempos.

Un gran reto ciudadano es resistirse a la fascinación del símbolo vacío. Preguntarse siempre qué ideas sostiene una bandera, qué proyecto acompaña una ceremonia, qué ética respalda un gesto de rebeldía y qué resultados concretos sobreviven cuando termina el espectáculo.

Las veleidades simbólicas del que se va y de quien llega hacen pensar más en un cambio de monarca que en una transición democrática.

Francisco Cajiao

Publicado en EL TIEMPO, Bogotá, Colombia

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Dada la importancia del evento, acordamos que nuestra tertulia del jueves 30 de julio se inspirara en el Campeonato Mundial de Fútbol. Reflexiones, remembranzas, posiciones críticas, opiniones, brotaron espontáneamente, reflejando que el buen fútbol todavía nos sigue motivando. Aquí queremos consignar algunos testimonios.

Haz Click aquí para disfrutar de la presentación de Jorge Luis Puerta: https://youtu.be/mxVcWaRs0u0

Exjesuitas en tertulia- 30 de Julio, 2026

Acabamos de ser testigos de un hito histórico: el Campeonato Mundial de Fútbol de la FIFA 2026. Ningún otro evento mundial rasguña siquiera las cifras alcanzadas por él: cerca de 7 millones de personas asistieron a los 104 partidos entre las 48 selecciones nacionales (por primera vez). Los estadios han registrado un promedio extraordinario del 99,7% de su capacidad. 

Además, los FIFA Fan Festivals (recintos deportivos con pantallas gigantes) distribuidos a lo largo de los tres países anfitriones (Estados Unidos, México y Canadá) congregaron a cerca de 8 millones de fanáticos. Medios especializados y analistas señalan que alrededor de 6 mil millones de personas han sido alcanzadas por la TV y otros medios.

Los ingresos obtenidos por la FIFA se estiman en unos 13 mil millones de dólares, un 70% más que lo recaudado en Qatar. Todos los récords anteriores han sido superados.

Echemos mano de los tópicos, de los lugares comunes atribuídos al fútbol, para arrojar luces y sombras sobre este fenómeno planetario. Lo merece.

El fútbol es solo un juego.

Es tierra, es calle, es barrio, es rodillas lastimadas, es encuentro con los amigos, es triunfos, también derrotas. ¿Quién no recuerda con melancolía infantil la primera vez que fuimos a un estadio? A mí me tocó hacia los 11 años. Fue en el Pascual Guerrero de Cali. Se jugaba uno de los clásicos locales: el América contra el Deportivo Cali. Los gritos apasionados de las barras, los cánticos, los insultos al árbitro, a los rivales cuando el juego se ponía ríspido, los chistes ocasionales, esa sensación efímera de pertenencia (yo era entonces del América), de ser un colectivo con identidad propia, son inolvidables. Hay algo atávico en todo esto. Reminiscencias de la tribu, como diría alguien y, al mismo tiempo, “el encuentro semanal con la niñez”, como acostumbraba a decir Javier Marías.

El fútbol es más que un juego.

El fútbol, lejos de ser un mero entretenimiento de masas o una simple coreografía de veintidós jugadores corriendo tras un balón, es uno de los hechos sociales totales más potentes de la contemporaneidad. No veo el campo de juego como un espacio aislado; en el césped se juegan los dramas, pasiones y tragedias que en la vida misma. Es un microcosmos donde se proyectan, amplifican y tensionan las estructuras, las contradicciones y anhelos de la sociedad que lo genera. El fútbol no solo acompaña a la cultura; la condensa y la devuelve en forma de espejo.

Los ecos del mundial, no podía ser de otra manera, también llegaron a Ultratumba, la patria de nuestro compañero Rodolfo Ramón de Roux. Gracias a las influencias celestiales, un grupo de hinchas famosos logró reunirse alrededor de una pantalla gigante. Allí estaban Albert Camus, premio Nobel de Literatura y guardameta del Racing de Argel. Pier Paolo Pasolini, el polémico director de cine y escritor, jugador de todas las semanas y analista del juego. El poeta español de la Generación del 27, Rafael Alberti. Manuel Vázquez Montalbán utilizó el fútbol y su amor por el Barcelona para explicar la política, la transición española y la sociología del poder. Eduardo Galeano, autor de cabecera de la literatura futbolera latinoamericana. Mario Benedetti definidor magistral del fútbol como espejo de la vida cotidiana. Roberto “El Negro” Fontanarrosa quien retrató como nadie la pasión, el absurdo y la mística del hincha argentino. Osvaldo Soriano, defensor acérrimo del fútbol amateur en los pueblos perdidos de la Patagonia. De lejitos, Jorge Luis Borges y Umberto Eco miraban de reojo, haciéndose los desentendidos.

En la pantalla se jugaba la final España – Argentina. Albert Camus abrió el fuego:

  • Me reafirmo en lo que escribí alguna vez desde mi posición en el arco: Todo lo que aprendí sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol. Estos chicos lo siguen practicando hoy, a pesar de su mercantilización. Más tarde sonrió de gusto cuando Lamine Yamal le negó la mano del saludo a Donald Trump, por ser la misma con la que autorizaba bombardeos en el Medio Oriente.
  • Pasolini, un poco aburrido por la dinámica del partido, comentó: el fútbol de hoy es más prosa que poesía. Poesía era el Brasil del 70, puro regate y picardía. Este tiki-taka de hoy no me convence.
  • Vásquez Montalbán emocionado por su selección española, basada en su equipo, el Barca, retrucó: pero mira la fluidez del juego, la rapidez, la precisión. Aprecia ese fútbol moderno enriquecido por las mezclas raciales…
  • Rafael Alberti, conmovido, comentó: aparte del fabuloso negocio del fútbol hoy, la historia de cada uno de estos jóvenes me conmueve, (Nico Williams acababa de hacer el pase de cabeza para el gol definitivo de Ferran) lo que tiene de desarraigos, de superación de conflictos, de logros y progreso, lo vale todo.
  • Sobra decir que los argentinos presentes, arrasados por el gol español, se identificaron cuando Eduardo Galeano le gritó a la selección argentina: “Una linda jugadita, por amor de Dios”. Y, en voz baja continuó: yo no soy más que un mendigo de buen fútbol. Voy por el mundo sombrero en mano… y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece.

A la distancia, viendo al grupo frente al televisor, Jorge Luis Borges le confesaba a Umberto Eco: sigo pensando que “el fútbol es popular porque la estupidez es popular; Me incomoda la idea de supremacía y de nacionalismo falso que genera este deporte”. Sí, dijo Eco: y ahora amplificado por el circo mediático a escala mundial que se mueve con facilidad allí donde hay pasión, incertidumbre, enojo e identidades en disputa.

Algo alcanzó a escuchar Pasolini, pero se hizo el loco, para no complicar el momento.

Me quedan algunas postales de este Mundial:

  • De la geopolítica actual: La selección de Irán teniendo que regresar de sus partidos a México, porque no podía pernoctar en Estados Unidos. El juez somalí Omar Artan, que iba a convertirse en el primero de su país en arbitrar en una Copa del Mundo tras ser elegido mejor árbitro del 2025 por la Confederación Africana de Fútbol (CAF), fue “declarado inadmisible debido a problemas en el proceso de verificación de antecedentes” cuando aterrizó en Miami, y se le denegó la entrada.
  • Del sometimiento de la FIFA al poder político: el levantamiento de la tarjeta roja al jugador norteamericano Folerin Balogun, por una llamada telefónica de Trump.
  • Del pueblo fuera de los estadios por la elitización del fútbol promovida por la prepotencia monopolizadora de la FIFA: los altísimos precios para asistir a los estadios, incluyendo la comercialización de las marcas, los derechos de transmisión del evento y los negocios de comidas y bebidas. 
  • De las “cenicientas”: el caso del portero Vitinha y de la selección de Cabo Verde, un pequeño país insular que debutaba en un Mundial. Hazaña leída como metáfora del fútbol de periferias que irrumpe en el centro del sistema. 
  • De un Mundial de la diáspora: 289 de los 1.248 futbolistas convocados (cerca del 25%) nacieron en otro país distinto del que figura en su camiseta. Solo 8 de las 48 selecciones presentaron planteles formados exclusivamente por jugadores nacidos en el propio país; el resto incluyó desde uno hasta más de la mitad de los futbolistas nacidos fuera del territorio nacional. Muchos países con políticas migratorias restrictivas han tenido que aplaudir los goles de inmigrantes o de hijos de inmigrantes “sospechosos” para las autoridades.
  • Y una postal muy personal, fuera del Mundial: la del equipo “El Santo” donde juega mi nieto Kio, de la categoría sub13 que, hace una semana se coronó campeón en el torneo departamental de Cruz del Eje, aquí, en Córdoba, Argentina.

Jorge Luis Puerta

Agosto, 2026

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La reunión fue una tertulia en la que Enrique Viveros expuso los conceptos básicos del derecho sucesoral en Colombia, explicando los elementos de la sucesión mortis causa, la herencia, los asignatarios, los órdenes hereditarios y las asignaciones forzosas como la legítima y la porción conyugal. Describió las diferencias entre sucesión testamentaria e intestada, los requisitos de capacidad, vocación y dignidad para heredar, y aclaró dudas sobre representación y transmisión hereditaria, donaciones, sociedades familiares y particiones en vida. Compartimos esta valiosa información entre nuestros lectores.

Haz click aquí para disfrutar de esta tertulia: https://youtu.be/WgCZewoJT5Y

Exjesuitas en tertulia. 23 de Julio, 2026

La reunión fue una tertulia en la que Enrique Viveros expuso los conceptos básicos del derecho sucesoral en Colombia, explicando los elementos de la sucesión mortis causa, la herencia, los asignatarios, los órdenes hereditarios y las asignaciones forzosas como la legítima y la porción conyugal. Describió las diferencias entre sucesión testamentaria e intestada, los requisitos de capacidad, vocación y dignidad para heredar, y aclaró dudas sobre representación y transmisión hereditaria, donaciones, sociedades familiares y particiones en vida. Los participantes, entre ellos Dario, Bernardo, Carlos Jiménez, Juan Laureano Gómez, Pedro Benítez y otros, formularon numerosas preguntas sobre casos prácticos relacionados con herederos, deudas, bienes en el exterior, declaraciones de renta y figuras como el negocio jurídico de adjudicación. Enrique respondió de forma detallada, subrayó la importancia de entender las normas sucesorias y ofreció su disposición para futuras sesiones de profundización sobre el tema.

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Esto no es un diálogo, pero conmemora la llegada a Ultratumba de Ignacio de Loyola un 31 de julio de 1556. Parece que fue ayer.

En septiembre de 1540 la Compañía de Jesús fue aprobada por la bula de Paulo III, Regimini militantis Ecclesiae. Muy pronto la joven orden religiosa encontró en el trabajo misionero y en la labor educativa los dos pilares de su acción para cumplir con los objetivos de «propagar la fe» y «servir a la Iglesia y al prójimo» ad maiorem Dei gloriam

Educación y misión revestían una significación precisa en ese particular momento histórico. Los grandes viajes marítimos habían abierto a los europeos al conocimiento -y a la dominación- de nuevos espacios y pueblos. Esta expansión ultramarina suscitó un notable impulso misionero que alimentó incluso las rivalidades entre órdenes religiosas con intereses propios y métodos diversos de evangelización. 

Por otra parte, se vivía la «revolución» de la imprenta, el auge del movimiento humanista, un cuestionamiento del sistema medieval de saberes y la ruptura de la unidad del Occidente cristiano. Los luteranos reclamaban una reforma radical de la Iglesia, del clero y sus costumbres, del contenido de la fe, de la interpretación de la Biblia y comenzaban a ganar adeptos entre los artesanos urbanos, la nobleza rural, el bajo clero y el mundo universitario. 

El terreno de la enseñanza, en particular de la universitaria, se convierte en la segunda mitad del siglo XVI en uno de los principales ámbitos del enfrentamiento entre reformados y católicos pues se estructuran centros intelectuales protestantes en los márgenes de un mundo católico cuyo sistema universitario se resquebrajaba: Estrasburgo, Wittenberg y Ginebra florecen mientras que en los bastiones de la catolicidad se libran «guerras de religión» -como en Francia- o combaten movimientos de inspiración protestante como en los Países Bajos españoles. 

El cúmulo de circunstancias que acabamos de mencionar hace que en la Europa del siglo XVI se produzca un renovado interés por los problemas educativos. De ello dan testimonio los escritos de personajes como Erasmo de Rotterdam (1466-1536), Juan Luis Vives (1492-1540), François Rabelais (1495-1553) o Michel de Montaigne (1535-1592). 

No es de extrañar por ello que, en tan agitado contexto, el pequeño grupo de cofundadores de la Compañía de Jesús fuera sensible a la importancia del trabajo intelectual y educativo, más aún si tenemos en cuenta que se habían hecho «amigos en el Señor» mientras frecuentaban las aulas de la Universidad de París. Precisamente, y hasta el día de hoy, uno de los rasgos de la «identidad jesuita» es el papel privilegiado otorgado al trabajo intelectual, una de cuyas expresiones es la labor educativa. Pero antes de detenernos en este punto, recordemos otros dos aspectos que también, desde los inicios de la Compañia, articularon la identidad jesuíta : una perspectiva universal, y una una espiritualidad que une acción y contemplación..[1]

Todos los testimonios de las deliberaciones iniciales de los cofundadores de la Compañía subrayan la intención universalista del grupo, el deseo de extender el campo del apostolado a la escala de ese mundo geográficamente ampliado al que accede entonces Europa. Como dirá la segunda de las Reglas de la Compañía: “nuestra vocación es para discurrir por todas aquellas partes del mundo donde necesario fuere”, regla que hace eco al principio ignaciano de que “el bien mientras más universal es más divino”.2

Francisco Javier llega a Goa en mayo de 1542 y muere en diciembre de 1552 a las puertas de la China. Desde 1546, Ignacio de Loyola negocia con el rey de Portugal una expedición hacia Etiopía, que se hará en 1554. Cuatro jesuítas parten para el Congo en septiembre de 1547, seis hacia el Brasil en febrero de 1549.

Sobre el rápido crecimiento numérico y la dispersión internacional de la jóven orden religiosa habla por sí sola la geografía administrativa de la Compañía, reflejada en la creación de “provincias jesuítas” allí donde se implantan comunidades bajo la autoridad de un Superior provincial. En Europa se erigen provincias en Portugal (octubre de 1546), España (septiembre de 1547), Italia (diciembre de 1551, Francia (octubre de 1552), Alemania (junio de 1556). En el Asia ya hay una provincia jesuíta en la India en octubre de 1549, y en América una provincia en Brasil en julio de 1553. Cuando en1565 se elige a Francisco de Borja como tercer superior general, hay cerca de 3.500 jesuítas. Formidable expansión en solo 25 años de existencia. 3]

Para alcanzar los objetivos señalados de “propagar de la fe” y “ejercer la caridad cristiana”, los fundadores de la Compañía no juzgaron necesario ni oportuno consagrar mucho tiempo a la liturgia, al rezo colectivo del Oficio divino y a la oración comunitaria, como era costumbre hasta el momento en las ordenes religiosas . Privilegiaron en cambio la lectura y la meditación personal de las Sagradas Escrituras, lo mismo que el examen de conciencia individual dos veces al día. Según la lapidaria fórmula de Ignacio de Loyola, había que ser “contemplativos en la acción y activos en la contemplación”.

 Se trata de una espiritualidad que privilegia la vida interior, donde cada cual está confiado a la verdad de su conciencia, bajo la guía del superior local, asistido por los “padres espirituales” de la casa donde se vive. Se puede notar en esto el influjo de la devotio moderna de fines de la Edad Media, así como el influjo de la primera modernidad (1400-1650) cuando se insiste en que el individuo debe saber contar con sus propias fuerzas y asumir su responsabilidad en la manera como corresponde a la gracia de Dios. Como diría Ignacio de Loyola, hay que “actuar como si todo dependiera de mí y esperar como si todo dependiera de Dios”. En otras palabras, “a Dios rogando y con el mazo dando”.

En cuanto a aquel otro razgo de la identidad jesuita – el lugar central acordado al trabajo intelectual-, influyó mucho sin duda alguna el que los cofundadores de la Compañía de Jesús fuesen diplomados de la Universidad de París, donde se formaron en letras, filosofía y después en Teología. Allí beneficiaron de la renovación tomista de principios del siglo XVI. Y allí tambien, algunos de ellos se familiarizaron con la cultura humanista que valoraba el latín y el griego clásicos, la retórica, la elocuencia y el método histórico-crítico que modificaba la relación con las fuentes del saber filosófico y teológico, cosas de las que se acordarán los jesuitas cuando se hagan docentes.

De la experiencia parisina, más que un acervo de conocimientos les quedó la convicción de que había que respetar la labor intelectual. Más aún, que había que realizar ese trabajo de la inteligencia como una manera de hacer fructificar los dones que cada uno había recibido de Dios. En una época de incertidumbres, inquietudes y conflictos que desgarraban a la Cristiandad, los primeros jesuitas verán la educación como el medio por excelencia para iluminar las conciencias y fortalecer las voluntades para el servicio del bien común en la fidelidad a la iglesia católica y romana.

Siguiendo los pasos de Ignacio de Loyola -quien entrado en años y cargado de aventuras y experiencias recomenzó su vida sentándose en los bancos de una escuela para aprender latín-, la joven Compañía le dio un lugar preponderante en su proyecto apostólico al “deber de inteligencia” 4] para participar en la dinámica del saber y en el debate público de ideas, rindiendo así culto a un Dios que se revela a través de verdades accesibles al entendimiento.

La entrada de los jesuitas en el mundo de la enseñanza se dio de la siguiente manera. El grupo inicial quiso asociar a otros compañeros para llevar a cabo una labor que tenía ambiciones universales. Como era lógico, buscaron -a imagen de ellos mismos- hombres instruídos, competentes, con estudios universitarios. El problema era encontrar esas perlas raras. Los clérigos con tales dotes ya ocupaban buenas parroquias, tenían beneficios eclesiásticos o estaban destinados a una prometedora carrera como obispos o cardenales. Otros clérigos que se sentían atraídos por la espiritualidad ignaciana estaban ya entrados en años o tenían una salud frágil, lo que no convenía para enfrentar una vida de austeridad, de trabajo arduo, y de viajes inconfortables. El grupo se encontró entonces, por lo general, con unos candidatos jóvenes y entusiastas, pero sin experiencia ni formación. Casos excepcionales fueron Juan Alfonso de Polanco que había estudiado filosofía y letras en Paris y que entró a la Compañía en 1541; Pedro Canisio que fue recibido en 1543 y que había estudiado letras, filosofía y teología en la Universidad de Colonia, y Jerónimo Nadal que entró en la orden en 1545 y que había comenzado estudios universitarios en Alcalá de Henares.[5]

La educación de los jóvenes postulantes estaba, pues, por hacer. Entre la alternativa de renunciar a dichos candidatos o renunciar a la exigencia de una formación universitaria completa para ellos, la solución (jesuítica) no fue ni la una ni la otra. Se decidió aceptar a los candidatos a título provisional y subvenir a su mantenimiento durante todo el período de sus estudios. Se inventó para ello un nuevo estatuto canónico: serían recibidos en la ordencomo scholastici approbati, libres de partir a todo momento. Recíprocamente, la Compañía podía despedirlos si encontraba que eran incapaces de seguir los estudios requeridos o que su personalidad o conducta eran incompatibles con los fines de la institución.

Para la formación de estos jóvenes scholastici se definió un cursus de estudios, completo y ambicioso. Y se instalaron, frecuentemente en condiciones materiales precarias, pequeños grupos de estudiantes jesuítas en varias de las grandes universidades de la época (París, 1540); Padua, Coimbra, Lovaina, 1542; Colonia, Valencia, 1544. El envío de los scholastici a las más famosas universidades respondía a una doble intención: se esperaba que esos jóvenes beneficiaran de un medio intelectual fecundo y que obtuvieran diplomas respaldados por el prestigio del Alma mater frecuentada; por otra parte, se buscaba que hicieran conocer a la jóven Compañía entre sus condiscípulos y que suscitaran nuevas vocaciones de calidad.

 Pero pronto vino la desilusión. La enseñanza impartida en las universidades no estaba siempre a la altura de su reputación; la falta de apoyo pedagógico hacía también que los scholastici se impacientaran y que algunos se descorazonaran, lo que terminaba siendo una inversión costosa. 

A pesar de las dificultades, Ignacio de Loyola y sus consejeros no quisieron renunciar a las exigencias de un cursus universitario. Buscaron entonces organizar la formación según lo que en numerosos documentos se llama nuestro modo de proceder. Se recurrió así a la experiencia parisina de los fundadores, se dio oídos a las críticas constructivas de algunos estudiantes, en particular a las de Juan de Polanco, diplomado en artes en París, y a quien se había enviado en 1542 a hacer teología en Padua, donde permaneció cuatro años.

La puesta en común de experiencias diversas y su evaluación comparada -lo que permanecerá como una de las características del modo de proceder de la Compañía– condujeron  a la elaboración de una manera propia de enseñar y de estudiar, más eficaz y adaptada a las necesidades de los estudiantes jesuitas.[6] Dicha pedagogía comprendía repeticiones e interrogaciones periódicas; un entrenamiento continuo para la exposición por medio de quaestiones y para el debate público por medio de las disputationes; la redacción de resúmenes de cursos, argumentos y reseñas de libros, lo mismo que toda una panoplia de ejercicios y de lecturas complementarias destinadas a que los estudiantes  progresasen en su capacidad de comprender, conocer, criticar, comparar y discutir, todo ello con la ayuda de los compañeros más adelantados, porque los estudios tenían como finalidad aumentar la capacidad de servir a los demás con inteligencia. Así lo repiten todos los documentos preparatorios a la redacción de la Ratio studiorum, documento que presenta la forma de organizar los estudios en la Compañía de Jesús y que se convirtió en una importante fuente de inspiración educativa en la época moderna.[7]

Los largos años de aprendizaje debían permitir a los futuros jesuitas adquirir un saber estructurado, coherente, que sirviera para afrontar la realidad, y que se pudiera adaptar y comunicar fácilmente en diversas circunstancias (una conversación privada, una dirección espiritual, un debate público, un sermón, la redacción de un informe…). Recordemos que junto con la búsqueda de la eficacia (utilizar «lo que más conduzca al fin») otra característica del espíritu jesuítico es el saberse adaptar a «tiempos, lugares y personas», tal como se repite en las Constituciones de la orden. 

Los estudios debían, pues, desembocar en la acción e inscribirse directamente en la realidad del mundo, ya fuera para relacionarse con otras personas, para debatir ideas o para oponerse a los adversarios de la Iglesia católica romana en las polémicas teológicas y políticas. Con la formación académica se pretendía desarrollar al máximo las capacidades de cada jesuita para hacerlo eficaz en la acción misionera en su doble aspecto de revitalización de las comunidades católicas y de conversión de los pueblos de Ultramar.

La calidad de la formación de los estudiantes jesuitas va a ser pronto conocida por otros estudiantes que querrán a su turno beneficiar de ella. A la Compañía le resultará difícil rehusar el compartir un saber y el método para adquirirlo ya que tenía la pretensión de consagrarse al servicio del prójimo y había colocado en alto el «deber de inteligencia». Además, la aceptación de dichas demandas educativas se presentará como un medio de hacer conocer y apreciar el proyecto jesuita, y de atraer benefactores y candidatos. 

En consecuencia, la Compañía comenzó a recibir en sus casas de estudio a unos cuantos estudiantes externos. Al mismo tiempo, algunos amigos y bienhechores poderosos -altos dignatarios de la Iglesia, miembros de la aristocracia española e italiana-, comenzaron a presionar para que los jesuitas fundaran colegios y se encargaran de la dirección de universidades; tal fue el caso de Francisco de Borja, duque de Gandía, y del virrey de Sicilia, Juan de Vega. Fue así como se fundaron colegios en Gandía (noviembre de 1547), Mesina (octubre de 1548), Palermo (noviembre de 1549) y Viena en Austria (mayo de 1551). En Roma, el Colegio Romano (fundado en febrero de 1551) destinado a los estudiantes jesuitas, servirá de laboratorio y de polo de excelencia que reunirá a los estudiantes más dotados y a los profesores más calificados, contribuyendo a la construcción de la imagen pública de la Compañía y a la valoración de sus capacidades intelectuales.

Rápidamente la Compañía se encontrará sumergida -no sin problemas económicos, de personal y de envidias-, en un torbellino de fundaciones y de reestructuraciones de colegios de externos y de algunas universidades. Para captar la importancia de esta fulgurante expansión educativa bastan las siguientes cifras: cuando muere Ignacio de Loyola en 1556, había 936 jesuitas y 46 colegios en los que se ocupaba el 32,6% de los miembros de la orden. Al terminar el siglo XVI había 8.500 jesuitas y poco menos de 400 colegios en los que trabajaba el 42% de los miembros de la orden.[8]

¿Cómo explicar este ardor fundador, esta rápida expansión educativa a pesar de las dificultades que debieron afrontar y considerando que los fundadores de la Compañía no tuvieron la intención previa de consagrar el grueso de su esfuerzo a la labor docente? Como lo ha expuesto Luce Giard, el ingreso de la orden en la enseñanza le sirvió a la institución para poner fin a la incertidumbre de los comienzos, solidarizando las energías hacia un objetivo definido, reconocible y apreciado en la esfera pública. 

Por otra parte, el apostolado educativo satisfizo en lo esencial tanto al deseo de universalismo como al «deber de inteligencia» inscritos en el proyecto jesuítico pues los colegios permitían establecerse en cualquier región, ya se tratara de antigua catolicidad, de tierras en disputa con los protestantes o de sociedades coloniales en vía de constitución. El trabajo educativo fue también un instrumento privilegiado para establecer nexos estrechos con las élites locales de la sociedad civil y de la burguesía en ascenso. Al abrir colegios inventando un modelo educativo, la Compañía respondió a una demanda social que se iba a ampliar cada vez más y encontró un medio de acción no solo religiosa sino también política, en el sentido amplio del término, educando a las élites católicas del naciente mundo moderno. 

Haciéndose educadora a gran escala, la Compañía aseguró su inserción en la sociedad, prestó un servicio a la Iglesia, a los príncipes, a la sociedad civil y a sí misma, convirtiéndose en el motor de su propia expansión gracias al vivero de antiguos alumnos entre los cuales comenzó a reclutar buena parte de sus futuros miembros.


[1]   Sobre la génesis y desarrollo de la Compañía de Jesús se cuenta con un enorme acervo documental gracias a la serie Monumenta historica Societatis Iesu publicada por el Institutum historicum Societatis Iesu que funciona en Roma desde 1930. Esto ha facilitado el surgimiento de numerosos y sólidos trabajos de investigación recientes sobre el mundo de los jesuitas. Sobre esta nueva historiografía puede verse, J.W. O’MALLEY et aliiThe Jesuits: Cultures, Sciences and the Arts, 1540-1773, Toronto, University of Toronto Press, 1999; y P.-A. FABRE y A. ROMANO (editores), «Les jésuites dans le monde moderne. Nouvelles approches», en Revue de synthèse, 120/2-3, 1999, pp. 241-491.

[2] Ese universalismo está en consonancia con la composición internacional del pequeño grupo fundador que cuenta con cinco españoles (Ignacio de Loyola, Francisco Xavier, Nicolás Bobadilla, Diego Laínez, Alfonso Salmerón, un portugués (Simón Rodrigues), dos franceses (Paschase Broët, Jean Codure) y dos savoyanos (Pierre Favre, Claude Jay).

[3] Quien quiera desarrollar lo aquí simplemente esbozado leerá con provecho el trabajo de J.W. O’MALLEY, The First Jesuits,  Harvard University Press, 1993.

[4] Como apropiadamente lo ha calificado la historiadora Luce Giard en «Le devoir d’intelligence, ou l’insertion des jésuites dans le monde du savoir», en Luce GIARD (éd.), Les jésuites à la Renaissance. Système éducatif et production du savoir, Paris, Presses Universitaires de France, 1995p.XI-LXXIV.

[5] Polanco y Nadal  jugarán un papel importante en la adopción de la cultura humanista en el modelo educativo jesuita.

[6] Sobre la invención del modelo educativo jesuita, véase G. CODINA MIR, Aux sources de la pédagogie des jésuites, le «modus parisiensis», Roma, Institutum historicum Societatis Iesu, 1968.

[7] La Ratio studiorum propone un plan progresivo de estudios humanísticos, filosóficos y teológicos. El texto de 1599, impreso y difundido en todos los establecimientos de la Compañía desde principios del siglo XVII, es el fruto de la evaluación colectiva de medio siglo de actividad educativa de la orden. El documento aborda la formación intelectual de los futuros jesuitas, tema que se entrecruza con la formación intelectual de los demás estudiantes de la Compañía.  La edición del texto latino de las tres versiones sucesivas se encuentra en, Ratio atque institutio studiorum Societatis Iesu (1586,1591,1599), Roma, Institutum historicum Societatis Iesu, 1986. Sobre la gestación de la Ratio studiorum véase el trabajo de Dominique JULIA, «Généalogie de la Ratio studiorum» en, Luce GIARD y Louis de VAUCELLES (editores), Les jésuites à l’âge baroque. 1540-1640, Grenoble, Jérôme Milon, 1996, p. 115-130.

[8] A mediados del siglo XVIII habrá 22.589 jesuitas que regentan 1.180 establecimientos educativos, de los cuales 612 son colegios. 95 de dichos establecimientos educativos se hallaban fuera de Europa. Pueden verse las diferentes cifras en L. LUKACS, «De prima societatis ratione studiorum, sancto Francisco Borgia praeposito generali constituta (1565-1569)», en Archivum Historicum Societatis Iesu, vol. 27, 1958, p. 209-232; L. LUKACS, «De origini collegiorum externorum deque controversiis circa eorum paupertatem obortis, pars I: 1539-1556», en Archivum Historicum Societatis Iesu, vol.29, 1960, p. 189-245; «pars II: 1557-1608», vol. 30, 1961, p. 1-89.

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El menor valor del dólar –o la apreciación del peso– tiene ventajas y desventajas. No puede afirmarse de manera simplista que una reducción del valor del dólar indica que la economía va bien y que es un signo positivo. En un texto anterior ponía en evidencia la incertidumbre frente al dólar¹. Actualmente, la falta de claridad sobre los conflictos en Irán y Ucrania llevan a que el panorama sea especialmente confuso.

Tendencia del dólar a la baja

Las dos gráficas muestran la evolución del dólar a nivel internacional y con respecto al peso. El índice DXY mide el valor del dólar frente a una canasta de monedas integrada por euro, yen, libra, dólar canadiense, corona sueca y franco suizo. En el último año y medio el índice bajó, así que el dólar se ha debilitado. La otra figura presenta un período más largo, que comienza el primero de enero del 2000 y termina el 15 de julio de 2026. El valor actual del dólar es $3.249, lo que representa una caída significativa con respecto a los $5.058 que fue el precio de comienzos de noviembre del 2022. Esta disminución ha sido sorprendente y completamente inesperada. Hace un año era impensable que el dólar pudiera estar tan barato. El Ministerio de Hacienda², que siempre se equivoca en sus proyecciones, estimó que hoy el dólar estaría en $4.265.

La apreciación del peso frente al dólar es una combinación de factores externos e internos. La política de Trump se ha expresado en una desconfianza frente al dólar, que contrarresta con la mayor demanda de oro, que recientemente elevó su precio a un nivel sin precedentes de US$5.000 la onza troy. Es interesante constatar, además, que la depreciación del dólar se ha presentado a pesar de que las tasas de interés continúan siendo relativamente altas. Actualmente está en 3,5 %-3,75 %.

Aunque el dólar siempre se ha considerado la reserva más segura, este privilegio se ha ido perdiendo y su participación en el abanico de divisas está disminuyendo; ahora representa el 58%, cuando al final de la Segunda Guerra, su participación era superior al 90 %. Esta tendencia a la baja parece irreversible.

A nivel nacional el dólar se ha abaratado porque se han presentado fenómenos especiales, diferentes a las exportaciones usuales. Entre ellos se destacan: (i) El aumento de las tasas de interés de los TES, cercana al 12 %. Para los especuladores internacionales, es atractivo traer dólares a Colombia, cambiarlos por pesos y adquirir TES. (ii) La entrada masiva de remesas, que se acercan a los US14.000 millones, una cifra que supera las exportaciones de petróleo. (iii) La cocaína, que en  2024 generó US$16,5 mil millones³. (iv) La minería ilegal de oro. (v) El mayor endeudamiento externo del gobierno.

Efectos del dólar barato

Los impactos del menor valor del dólar son muy disímiles. Habría que comenzar por desvirtuar la asociación que se suele hacer entre la apreciación de la moneda nacional y el buen comportamiento de la economía. Este es un imaginario sesgado porque únicamente observa los aspectos positivos, que siempre se traslapan con los negativos.

(i) Es bueno el dólar barato porque los productos importados tienen menor precio. Ello favorece el consumo de los hogares y contribuye a la reducción de la inflación. El impacto sobre los precios derivado del aumento exagerado del salario mínimo se ha compensado por la apreciación del peso.

(ii) El crecimiento de las importaciones golpea a los productores nacionales que tienen que reducir su ganancia y disminuir el empleo. La competencia con los bienes importados es muy difícil.

(iii) El crecimiento de las importaciones agudiza el desbalance comercial. El déficit se acentuó a partir de 2014, cuando terminó la bonanza de los hidrocarburos. La situación actual es crítica porque el saldo negativo ha llegado a ‑US$15.204 millones. Y el panorama se complica con la apreciación del peso.

(iv) Los exportadores sufren porque reciben menos ingresos. La coyuntura es muy difícil para los hogares que viven del café, de las flores o de cualquier producto de exportación. También se reduce el turismo a Colombia, puesto que es más barato ir a otros países.

(v) La apreciación del peso es buena para el gobierno y para los particulares que se han endeudado en dólares, porque se les reduce el costo de los créditos. Se requieren menos pesos para responder por las obligaciones contratadas en dólares.

(vi) El balance neto de la apreciación del peso, después de considerar las ventajas y desventajas, no es claro. No se puede precisar el efecto final. De todas formas, es evidente la mayor dependencia de la economía colombiana de los movimientos internacionales de capitales.

El error de las proyecciones

Vale la pena insistir en el error de las proyecciones. La pretensión de conocer el futuro es una falacia. Las predicciones nunca se cumplen. Y es lógico que así suceda porque es imposible predecir el precio del petróleo o el valor del dólar en una fecha futura. A pesar de las reiteradas y constantes equivocaciones de las proyecciones económicas, se insiste en continuar realizándolas. Además de los errores en la estimación del valor del dólar, el ministerio de Hacienda tampoco acertó en el precio del petróleo. En lugar de US$67,2 el barril ‒que fue la predicción‒, este año ha oscilado entre US$90 y US$100.

Estos y otros errores son graves porque la regla y el marco fiscal de mediano plazo se elaboran a partir de proyecciones a 10 años. Las sendas de ajuste propuestas por la regla dependen de estos imaginarios. Se olvida que cada coyuntura está marcada por eventos únicos, que no pueden repetirse y que, por tanto, no admiten ningún cálculo probabilístico. Petro, Putin, Netanyahu, Trump…, son irrepetibles, y su interacción en un momento del tiempo genera procesos completamente inciertos. 

Si se aceptara la incertidumbre, y si se reconociera nuestra incapacidad de adivinar el futuro, se minimizaría el debate sobre la regla fiscal, y en lugar de insistir en normas fijas, se tendría que volver al manejo discrecional. ¡Regresemos a Keynes!

________________________

¹ González. Jorge. (2026). “Un dólar incierto”. Revista Sur, enero 19, 2026.

² Ministerio de Hacienda y Crédito Público. (2025). Marco Fiscal de Mediano Plazo 2025. Bogotá: Ministerio de Hacienda.

³ Tobón, Santiago y Daniel Mejía. (2026). “La participación del productor: El tamaño de la economía de la cocaína en Colombia”.Notas de Política, no. 9. Medellín: Eafit, Valor Público, 

⁴ Hayek, Friedrich von. (1974). “La Pretensión del Conocimiento”, en Los Premios Nobel de Economía 1969-1977. México: Fondo de Cultura Económica, 1978, pp. 245-258.

Jorge Iván González

Publicado en la Revista Sur– Colombia

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Llamemos sombras a las guerras, a las torturas, a la destrucción, al hambre, a los homicidios, a la sed, a los acosos, a los secuestros, a las violaciones, al reclutamiento de menores, a las minas antipersonas, a las amputaciones, al narcotráfico, a las masacres, a las injusticias, a los fraudes, a los robos, a los abandonos, a las infidelidades, a las indiferencias, al ruido, al desorden, a la corrupción, a las basuras, a las mentiras, a los engaños, a las exclusiones, a las discriminaciones, a los desprecios… a la maldad humana, a la tristeza de la muerte sin fe.

Llamemos luz al amor, a la ayuda, a los cuidados, a la música, a los salvamentos, a los abrazos, a la limpieza, al trabajo, a la creatividad, al ingenio humano, al progreso, a la solidaridad, a la verdad, a la justicia, a la productividad, al arte, a la poesía, a la entrega  materna, a la unidad familiar, a la lealtad, a la reconciliación, al perdón, al cariño, al afecto, al compañerismo, a la aceptación, a la escucha, a la reparación, a las liberaciones, a la convivencia pacífica, a la colaboración comunitaria… a la bondad humana, a la muerte con esperanza de la resurrección.

Los anteriores podrían parecer, simplemente, dos catálogos de palabras; pero si nos detenemos a ver lo que significa cada una, si le ponemos rostros, sentimientos, imágenes, experiencias, situaciones vividas u observadas, acompañamiento a personas sufrientes… no podemos quedarnos indiferentes o insensibles. 

¿Cómo se explica todo lo anterior? ¿qué pesa más, lo primero o lo segundo? 

No se trata de pesar ni medir, se trata de sentir, de comprender y de actuar.

Hay que sentir el contraste, hay que sentir la tristeza que producen “las sombras” y hay que sentir la alegría que produce la luz. 

Para comprender, no podemos pensar que es “el destino” la casualidad o las circunstancias lo que produce lo uno o lo otro. Puede haber condiciones externas o impulsos interiores que inclinan a lo primero, pero no estamos determinados a actuar como marionetas humanas, sino que depende de nuestras decisiones y nuestras acciones las consecuencias que resulten.

En la vida social, comenzando por la propia, no todo es luz brillante ni sombras tenebrosas; se pueden mezclar, pero está en nuestras manos que prevalezca lo uno o lo otro, y no pensemos que es insignificante cualquier actuación por pequeña que sea: todo pensamiento, deseo, palabra o acción contribuye al bien general o, por el contrario, lo impide o dificulta. 

Yo soy la luz del mundo -dijo Jesús- el que me sigue no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida; yo, la luz, vine al mundo para que quien creyere en mí no camine en las tinieblas… la luz brilla en las tinieblas, pero los hombres prefieren las tinieblas a la luz cuando sus obras son malas.

Y en otra ocasión, nos dijo: ustedes son la luz del mundo, no se prende una luz para esconderla sino para que alumbre a todos los que la necesitan; así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos. 

Recurrí a las palabras de Jesús, porque nadie mejor que él, en su sencillez, puede explicar el misterio de obrar en uno u otro sentido: o con las obras que dañan a los demás o con las obras que benefician a todos. 

No nos basta desear la luz antes que las sombras; necesitamos realizar obras de luz que glorifiquen al Padre y rechazar las malas obras que aumentan las tinieblas.

Vicente Alcalá Colacios

Julio, 2026

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Más allá de las dificultades administrativas y de los enredos legales es importante reflexionar sobre las razones de fondo que impidieron la consolidación del Ministerio de la Igualdad y la Equidad. 

Habría tres explicaciones: primera, no se respondió la pregunta «¿igualdad de qué?»; segunda, la presión de los diversos movimientos woke y, tercera, la pretensión de transversalidad.

Primero. ¿Igualdad de qué? Nunca se precisó el significado conceptual de la igualdad ni las implicaciones operativas de la definición. A esta pregunta, Amartya Sen respondió: «de las capacidades básicas». Pero, obviamente, esta noción tiene que concretarse en un mecanismo institucional. Desde el proyecto de ley no se precisa el tipo de igualdad que se busca. En el artículo 2 se mencionan las «desigualdades económicas, políticas y sociales».

Además, se pone en evidencia la igualdad en el disfrute de los derechos. La llamada «igualdad democrática», predicada por Elizabeth Anderson, también cabe en los propósitos ambiguos que tuvo el proyecto de ministerio.

Estas aproximaciones cubren todas las formas de desigualdad imaginables. El propósito del ministerio siempre fue tan amplio que ningún mecanismo institucional podía responder de manera adecuada.

Segundo. La presión woke. Tiene razón Susan Neiman cuando afirma que la izquierda no es woke. Los diversos grupos que buscan un reconocimiento de su «identidad» encontraron en el ministerio el espacio adecuado para expresar sus reivindicaciones y, de alguna forma, aspiraron a tener su propio viceministerio. En la primera versión se propusieron cinco: a) mujeres; b) juventud; c) pueblos étnicos y campesinos; d) poblaciones y territorios excluidos y superación de la pobreza y, e) diversidades. Además de la dificultad de precisar el objeto de cada uno, los traslapes entre ellos son evidentes.

El principio de igualdad va acompañado del reconocimiento de las diferencias entre poblaciones. Su listado tiene que limitarse porque el número de categorías es excesivamente amplio.

Además, los cruces son inevitables. Piense, por ejemplo, en una mujer afro que es campesina y está en condiciones de vulnerabilidad. Allí convergen, por lo menos, cuatro categorías: una, referida a la ocupación (campesina); otra, relacionada con la condición étnica (afro); otra, referida al género (mujer), y otra, asociada al nivel de ingreso (vulnerabilidad). Esta multiplicidad de condiciones obligaría a precisar mecanismos de atención diferentes y, en la práctica, el resultado es caótico.

Nunca fue clara la unidad de análisis. Para determinar la pobreza, el Dane tiene claro que es el hogar, pero otros programas sociales centran la atención en la familia. Entre las dos dimensiones hay asimetrías complejas. Además de estas dificultades, el ministerio tenía que ver con poblaciones que no se atienden ni desde el hogar ni desde la familia.

Y, tercero, la pretensión de la transversalidad. Dados unos propósitos tan heterogéneos y sin jerarquías claras, el ministerio pretendía hacer múltiples tareas que interferían con las de otros ministerios y, claramente, con las del Departamento para la Prosperidad Social (DPS).

Desde el nuevo ministerio se querían hacer vías terciarias, construir vivienda, mejorar acueductos, repartir subsidios y atender habitantes de calle. Los conflictos entre ministerios eran evidentes. Quizás el enredo habría sido un poco menor si se hubiera aceptado la idea inicial de subsumir el DPS en el ministerio.

Jorge Iván González

Publicado en el diario LA REPUBLICA, Colombia

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La rápida caída del precio del dólar hasta alrededor de $3.250 ha llevado la tasa de cambio a unos niveles que no guardan ninguna relación con los fundamentales de la economía y la está perjudicando, pues con esta revaluación son más los perdedores que los ganadores.

El dólar ha bajado tanto porque en el mercado de divisas la oferta ha sido mucho más grande que la demanda. Nadie sabe si este exceso de oferta va a continuar, bajando más el precio, ni cuándo se va a revertir la tendencia, pero si es claro que el Banco de la República y el Gobierno tienen instrumentos para intervenir en el mercado y controlar esta perjudicial revaluación del peso, ¿por qué no lo han hecho?

Un dólar demasiado barato 

Hay varios indicadores que muestran que ha sido exagerado un desplome de la tasa de cambio desde los $4.400 registrados en diciembre de 2024, lo que significa una revaluación nominal del 26%, o del 13.5% en lo corrido de este año. El más fácil de entender es el índice de la hamburguesa (Big Mac) que usa la revista británica The Economist. Según este índice en diciembre pasado el peso estaba ligeramente sobrevalorado: con una tasa de $3.687, la hamburguesa valía solo 1.5% más en Colombia que en Estados Unidos. 

Con la inflación interna y el dólar a $3.250, el precio doméstico ha subido a USD 8.28, mientras que allá es de USD 6.34, lo que indica una enorme sobrevaloración del peso, más del 30%. Si los bienes producidos en Colombia son mucho más caros que los del exterior, los importadores hacen fiestas y sufren los productores nacionales; por eso las ventas del comercio (sin combustibles) van creciendo 14.7%, mientras que la producción industrial cae 0.4%.

Otro indicador más técnico es el Índice de la Tasa de Cambio Real (ITCR) que calcula el Banco de la República y mide el valor del peso, ajustado por la inflación, frente a la canasta de monedas de nuestros socios comerciales. Un menor valor ITCR indica una que el peso colombiano ha ganado poder adquisitivo frente a las monedas de sus socios comerciales, es decir que se ha revaluado. Desde el cierre de 2024 la ITCR muestra una revaluación del peso, pues ha caído 22%, y solo en lo corrido de este año más del 10%.

Una razón que se aduce para la pasividad de las autoridades frente a esta tendencia perjudicial es que la debilidad del dólar es un fenómeno mundial frente al cual no se puede hacer nada, es decir que se ha devaluado frente a muchas otras monedas por las equivocadas políticas económicas y militares de Trump. 

Fue cierto el año pasado, pero no este año tal como se aprecia en el gráfico siguiente, donde la línea roja es el ITCR de Colombia y la azul el índice DXY que mide el valor del dólar frente a una canasta de monedas, que cuando baja es porque el dólar se está debilitando, es decir que las otras monedas se están revaluando. Desde la posesión de Trump hasta julio de 2025 el DXY pasó de 133,5 a 123,1, es decir que la otras monedas se revaluaron 8.4% mientras que en el mismo período el ITCR colombiano se revaluó un poco menos, solo 4%.

Por el contrario, en los últimos doce meses el valor promedio del dólar se ha fortalecido un poco (pasó de 123,1 a 123,8) mientras que el ITCR ha caído de 125,4 a 102,3, es decir una revaluación del 18%. Son otros los factores que explican la gran oferta de dólares en el mercado cambiario y que ha generado la revaluación de la tasa de cambio del peso colombiano.

El Banco de la República debe comprar dólares 

¿Pueden el Gobierno y el Banco de la República derrotar al mercado en la lucha por evitar la revaluación del peso y volver a una tasa de cambio que sea más competitiva para los productores nacionales? ¡Si y ya los han utilizado en otras ocasiones! Ellos no están por fuera del mercado cambiario, sino que son unos actores muy influyentes que pueden intervenir en el mercado para reducir la oferta de divisas y aumentar la demanda para que suba el precio del dólar. 

Por el lado de la demanda de divisas, el único agente individual del mercado que tiene la capacidad de comprar una cantidad de dólares que modifique sustancialmente su precio son los bancos centrales. En la primera década de este siglo el Banco Central de Chile anunció la compra de 8.000 millones de dólares, que en ese momento equivalían al 50% de sus reservas internacionales; por la misma época el Banco de la República compró 4.500 millones de dólares en poco más de un año. Son intervenciones de estas magnitudes las que pueden derrotar al mercado y evitar la revaluación del peso, además de que sería un excelente negocio para el Banco acumular reservas a un precio tan bajo.

Para que la intervención sea más efectiva debe hacerse con compras discrecionales y aleatorias y no con las subastas de opciones utilizadas en pasadas ocasiones. Estas subastas son un mecanismo sofisticado para acumular reservas que consiste en que una persona adquiere el derecho de venderle dólares al Banco de la República a una tasa predeterminada si el promedio de la TRM de los últimos días fue inferior a esa tasa. Así anunciada, se convierte en una excelente oportunidad de ganancia para los especuladores, que pueden definir de antemano a qué tasa les conviene vender sus dólares, e inclusive comprarlos a una tasa más barata.

Desestimular los capitales golondrinos

Para reducir la oferta, que en estos momentos proviene en gran parte de los capitales golondrinos atraídos por las altas tasas de interés domésticas, también el Banco de la República podría actuar bajando su tasa, pero esto conlleva un debate más profundo sobre la conocida posición del Banco que no va a cambiar en los próximos meses.

El instrumento para reducir la oferta está en manos del gobierno nacional y consiste en imponer restricciones a los flujos de capitales golondrinos que entran y salen de los países en plazos muy cortos, generando gran volatilidad de las tasas de cambio y crisis financieras como ha sucedido en el sureste asiático, México, Rusia o Brasil. 

No se trata de una prohibición, imposible de implementar dada la gran integración de los mercados de capitales mundiales, sino de un mecanismo de mercado como por ejemplo, imponer un sobrecosto que disminuya la rentabilidad de las inversiones de corto plazo haciéndolas menos atractivas, o poner impuestos a sus transacciones como los propuestos por Tobin o Soros.

Este tipo de mecanismos también se ha utilizado en el país. En 2007 el gobierno Uribe expidió el decreto 1801 que impuso un depósito previo del 40% a las inversiones de capital de corto plazo; no era una prohibición imposible de implementar, sino un mecanismo de mercado que consistía en imponer un sobrecosto que disminuye la rentabilidad de las inversiones de corto plazo haciéndolas menos atractivas.

Además, una restricción de este tipo compensa un poco el innecesario beneficio tributario que se les ha otorgado a los capitales golondrinos, que solo pagan en Colombia un impuesto del 5% por las utilidades obtenidas. De hecho, esta es una transferencia de impuestos a los países de origen de estos capitales, porque allá sí tienen que pagar una tarifa más alta, de la que podrían descontar los impuestos que paguen en Colombia.

Las autoridades colombianas sí tienen como frenar la funesta revaluación. Solo falta la voluntad política para hacerlo.

Mauricio Cabrera Galvis

Publicado en la revista CAMBIO, Colombia

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Cuando todavía estábamos en el siglo XX, con un grupo de amigos organizamos una especie de safari al Vichada, en plenos Llanos, para ir a la finca de Perrucho Arriaza, denominada Araguatos, muy cerca del río Tomo, casi en su desembocadura en el Orinoco y colindante en su extenso paisaje con la llanura venezolana. 

Hermosa a inolvidable experiencia. Cinco vehículos transitando en línea horizontal y abriendo camino exigente para superar los bajos y obviar los terrenos húmedos, en dirección obstinada hacia el oriente profundo. Y como detalle sorprendente en el horizonte de la vasta llanura, unos árboles esqueléticos desde los cuales algunos indígenas primitivos trataban de cazar con flechas las liebres o los escasos animales que salían de sus madrigueras. 

Mi pensamiento fijo como siempre en el extraño grupo humano que rompía nuestra tradicional visión cultural, me llevó a pensar en la enorme brecha que los indígenas tenían que superar para dar el salto de la edad de piedra a la modernidad. Esa Colombia profunda no ha cambiado mucho en el panorama de la marginalidad cultural del Siglo XXI. Solo que el salto es ahora desde el paleolítico hasta la posmodernidad.

Si algo se pudiera resaltar en la tarea del gobierno saliente es que nos hizo pensar como país en la necesidad de incorporar a la nacionalidad esas fronteras que subyacen no solo como áreas geográficas remotas, sino como grupos culturales autóctonos, siempre al margen de la historia común, relegados en su eterno silencio y olvidados por nuestra denominada civilización. Muchos de ellos quizás contentos y satisfechos en un aislamiento ancestral. 

Conste que el saliente gobernante no ha sido santo de mi devoción, ni objeto del culto mesiánico que inusitadamente y debido posiblemente a sus disruptivas e insultantes falencias individuales, le profesa la gran multitud. 

Pero es importante y justo reconocer que los Llanos, la Guajira, el Chocó y la Amazonía, durante este mandato han tenido un papel significativo como agentes de preocupación nacional que perturban e incomodan el tradicional ambiente centralista de nuestra nación. Es de esperar que para bien del futuro esta nueva pauta pueda enfatizarse, teniendo en cuenta además, que en razón de su aislamiento geográfico son los territorios gobernados por las guerrillas, los grupos criminales, la minería destructora del ambiente, y agentes disruptivos de la deseada unidad nacional. Además forman parte muy significativa del voto obligado de la oposición. Menuda tarea para el nuevo gobierno y quizás fuente de una nueva percepción política y de un reto de transición para configurar el sentido de nación que debe prevalecer en el devenir de nuestra historia conjunta.

Lo escrito es solo una nota simple y un recuerdo de Araguatos, que revive la canción y el corrido llanero que como resultado de nuestro periplo compuso entonces el maestro musical y compañero de travesía Julián Lombana. 

Hernando Bernal Alarcón

Julio, 2026

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Nuestra reunión se centró en compartir aprendizajes y experiencias del reciente viaje a China de un grupo grande de nuestros compañeros y en presentar el libro que el grupo está preparando sobre ese viaje. Silvio expuso la estructura del libro, que incluye el itinerario, análisis del rumbo de China, reflexiones sobre la sociedad china y artículos de los participantes, destacando factores de éxito como la movilización laboral, la educación, la apertura tecnológica, la planificación centralizada y el papel del Partido Comunista. Compartimos orgullosos esta tertulia con nuestros lectores.

Haz click aquí para apreciar la tertulia del 16 de Julio, 2026 : https://youtu.be/3tKRONxi-04

Exjesuitas en tertulia- 16 de Julio, 2026

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Luego de nuestra tertulia sobre este tema, creemos oportuno compartir individualmente las intervenciones que nuestros compañeros prepararon para esa tertulia, con el fin de ayudar a nuestros lectores a profundizar individualmente en los alcances que encontramos en grupo al mensaje que conlleva este importante documento, en estos momentos de desarrollo de la Inteligencia Artificial.

Haz click aquí para disfrutar de la presentación de Darío Gamboa : https://youtu.be/t_RNvWooPOo

Exjesuitas en tertulia- 02 de Julio, 2026

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Inquietudes surgidas como resultado de la lectura de la Encíclica “Magnifica Humanitas.

PRIMERA REFLEXIÓN: “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”

En la reflexión evangélica sobre el prólogo al evangelio de San Juan se encuentra un rasgo y una tendencia negativa sobre la presencia y el mensaje de Cristo: “vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”. Esta pauta ha sido permanente en la historia del cristianismo y muy profunda ahora que la ciencia y la tecnología opacan profundamente el sentido de la encarnación y de la redención.

El Prólogo del Evangelio de Juan (Juan 1:11) identifica una tensión central en la historia de la fe: el rechazo de la Luz por parte de la humanidad. Esta resistencia no es un hecho del pasado, sino una constante que se actualiza en la cultura contemporánea.

El rasgo histórico de la resistencia

La historia cristiana muestra que el mensaje de la Encarnación siempre ha enfrentado oposición.

  • El rechazo inicial: Las estructuras religiosas y políticas de la época de Jesús no lo reconocieron.
  • La institucionalización: A lo largo de los siglos, el propio cristianismo ha corrido el riesgo de burocratizar el mensaje, perdiendo la frescura del Evangelio.
  • La acomodación cultural: La tendencia a amoldar la figura de Cristo a los intereses de cada época, diluyendo su carácter subversivo y liberador.

El impacto de la ciencia y la tecnología actuales.

En la sociedad contemporánea, el eclipse del sentido de la Encarnación y la Redención no suele ocurrir por una persecución violenta, sino por la indiferencia y la autosuficiencia tecnológicas.

  • El mito de la autosuficiencia: La tecnología genera la ilusión de que el ser humano puede salvarse a sí mismo, solucionando el sufrimiento y la muerte mediante el progreso técnico.
  • La pérdida del misterio: El método científico, al reducir la realidad a lo medible y cuantificable, debilita la capacidad humana de percibir lo sagrado y lo trascendente. 
  • La desencarnación digital: Las relaciones virtuales y la digitalización de la vida alienan la experiencia comunitaria, alejando al hombre del principio joánico: “el Verbo se hizo carne” (cuerpo, presencia, tacto, prójimo real). 
  • El consumismo de la atención: Los algoritmos y la sobreestimulación constante adormecen la vida interior, haciendo difícil el silencio necesario para acoger la Palabra.

La permanencia de la Redención

A pesar de esta tendencia negativa, la teología joánica también recuerda que “a todos los que la recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios” (Jn 1:12). La respuesta cristiana ante el avance tecnológico no es el rechazo de la ciencia, sino la humanización de la misma a través de la ética y del sentido de comunidad. 

IA. Para profundizar en esta relación entre fe y modernidad, ¿te interesaría analizar cómo proponen los teólogos actuales evangelizar la cultura digital o prefieres explorar el concepto de la ‘desencarnación’ en la filosofía contemporánea?

Ambos asuntos me interesan.

La desencarnación en la filosofía contemporánea:

La filosofía actual advierte que la digitalización extrema está diluyendo nuestra experiencia corporal y comunitaria, alejándonos del principio de la Encarnación.

  • La pérdida del otro: Filósofos como Byung-Chul Han señalan que el entorno digital elimina la resistencia de la realidad y del prójimo físico. Todo se vuelve suave, rápido y de consumo inmediato, lo que destruye el verdadero encuentro humano.
  • El cuerpo como estorbo: Las corrientes del transhumanismo y del dataísmo ven al cuerpo biológico como una máquina defectuosa que debe ser superada o subida a la nube. Esto choca frontalmente con la antropología cristiana, donde el cuerpo es sagrado y templo del Espíritu Santo.
  • Presencia sin carne: Experimentamos una “presencia espectral”. Estamos hiperconectados pero radicalmente aislados. Falta el tacto, la mirada, el olor y el sufrimiento compartido, elementos esenciales donde se manifiesta el amor evangélico.

Evangelizar la cultura digital según la teología actual:

Frente a este panorama, los teólogos y los documentos de la Iglesia proponen no huir de las redes, sino habitarlas con una lógica diferente a la del algoritmo.

  • Del perfil al prójimo: El Vaticano insiste en pasar de las conexiones automáticas a las relaciones auténticas. Evangelizar en internet no es bombardear con contenido religioso, sino estar verdaderamente disponibles para escuchar y acompañar las heridas del otro.
  • La mística de la encarnación: Se propone usar la tecnología como un puente y nunca como el destino final. Las plataformas deben servir para convocar a las personas a la vida comunitaria real, a los sacramentos y al servicio físico a los pobres.
  • La contracultura del silencio: En una economía de la atención que vive del ruido, la Iglesia propone espacios digitales que inviten a la desconexión, al silencio, a la oración y a la reflexión profunda para contrarrestar la superficialidad.
  • Testimonio de vulnerabilidad: Frente a las vidas perfectas e ideales que muestran las redes sociales, el evangelizador digital está llamado a mostrar la belleza de la fragilidad humana redimida por Cristo, generando empatía real.

SEGUNDA REFLEXION: La encíclica es una interpretación ontológica o consecuencial sobre la Inteligencia Artificial.

Considero que es pertinente reflexionar sobre el rechazo a la Inteligencia Artificial que desde una visión cristiana se propone a través de la Encíclica Magnifica Humanitas. Pero me asalta la duda si es porque la Inteligencia Artificial en sí misma rechaza la visión cristiana del hombre, o si es en razón de que produce efectos que tienden a modificar la visión de la humanidad en su esencia de dignidad y de reflejo de Dios, y a producir nuevas concentraciones de poder económico y político que transforman el panorama social propio de la modernidad. 

La preocupación de la encíclica se divide en dos grandes ejes antropológicos y sociales:

1. La modificación de la esencia y la dignidad de la humanidad:

  • La pérdida del misterio: Al intentar replicar las capacidades cognitivas, se corre el riesgo de reducir la identidad humana a un mero cálculo algorítmico. 
  • La carencia de alma: Una máquina puede almacenar y procesar datos masivos, pero carece por completo de conciencia moral, de libre albedrío y de la capacidad de amar o perdonar. La encíclica recuerda que el valor del hombre proviene de ser creado a imagen y semejanza de Dios, un don que precede y excede cualquier utilidad económica o eficiencia técnica. 

2. Las nuevas concentraciones de poder y el panorama social:

  • La profundización de las desigualdades: Este despliegue asimétrico ensancha la brecha entre los incluidos y excluidos de la revolución digital, transformando el tejido social heredado de la modernidad en un sistema de control y exclusión. 
  • Las nuevas formas de explotación: Detrás de la apariencia limpia del software, el Papa visibiliza el “trabajo invisible” y precario de millones de personas vulnerables atrapadas en la minería de recursos o en el etiquetado de datos mal remunerado.
  • El Papa León XIV utiliza la contraposición bíblica entre la Torre de Babel —que representa el orgullo tecnológico utilizado para uniformar, dominar y prescindir de Dios— y la Ciudad Santa de Jerusalén, un símbolo donde la técnica y la cooperación se ponen al servicio del bien común, la paz y los lazos comunitarios. 

TERCERA REFLEXION. Sobre el significado de la performatividad y el éxito.

Hay un aspecto de la Encíclica que también es controversial. Alerta sobre el logro de la performatividad, entendida como búsqueda de la excelencia y por lo tanto del éxito, y en cierta forma condena la meritocracia, asumiendo así una posición homogenizante, igualitaria y crítica en contra del desarrollo y del progreso. 

La encíclica Magnifica humanitas del papa León XIV aborda precisamente este debate ético, pero la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia no busca una homogenización igualitaria ni se opone al auténtico progreso, sino que cuestiona los excesos de la cultura de la eficiencia artificial. El documento introduce una fuerte advertencia contra lo que denomina la ideología de la performatividad, especialmente exacerbada por el uso descontrolado de la Inteligencia Artificial. 

La crítica a la “performatividad” y a la falsa meritocracia: La encíclica señala los riesgos de un sistema social que mide el valor de un ser humano únicamente por sus resultados métricos: 

  • La persona como fin, no como medio: El texto alerta que la búsqueda obsesiva de la excelencia técnica reduce a los individuos a simples herramientas productivas. 
  • La trampa de la falsa meritocracia: El magisterio papal matiza que, si bien el esfuerzo personal es valioso, una meritocracia ciega ignora deliberadamente las profundas desigualdades de origen (educación, riqueza, entorno social). 
  • La culpabilización de la vulnerabilidad: El peligro advertido es ético: convertir el éxito económico en un sinónimo automático de virtud moral, y la pobreza o la falta de recursos en culpa individual. 

¿Es una postura homogenizante o contraria al progreso?

Desde la perspectiva de los críticos del documento, la postura de la Santa Sede puede interpretarse como un ataque a los incentivos del libre mercado, el esfuerzo individual y la innovación tecnológica. Sin embargo, la estructura teológica y social de la encíclica plantea una distinción clave: 

  • La comunión en la diversidad: El Papa utiliza la figura bíblica de Nehemías y la reconstrucción de Jerusalén para proponer un modelo basado en la responsabilidad compartida y el respeto a las diferencias individuales, rechazando explícitamente los proyectos de uniformidad forzada (asociados a Babel). 
  • El Desarrollo Humano Integral: En lugar de oponerse al desarrollo, el texto exige que el progreso tecnológico (el talento humano) vaya de la mano con un desarrollo moral que libere a las personas de nuevas formas de esclavitud digital, asegurando que la tecnología sirva al bien común y no a las lógicas de exclusión. 

Este punto central de la Magnifica humanitas continúa generando debates intensos entre quienes defienden la optimización del rendimiento como motor del crecimiento mundial y aquellos que exigen un límite ético para proteger la dignidad intrínseca de los más desaventajados. 

CUARTA REFLEXION: ¿Se puede pensar la Inteligencia Artificial desde la óptica de la Encarnación?

Pienso que el misterio de la encarnación es un proceso permanente en la vida de la humanidad y en el devenir de la historia. Dios se hizo presente al hombre a través de su palabra encarnada en Cristo como Jesús de Nazareth, y ha estado presente a lo largo de nuestra historia en todos los momentos cruciales de nuestra existencia. Lo ha hecho en el dolor y en la pasión de las grandes epidemias; en el honor y la pompa de las monarquías y en la construcción de las naciones; en los conflictos y enfrentamientos permanentes que han producido las invasiones, las guerras y los holocaustos; en los momentos de hallazgo de los nuevos pueblos que han llegado a formar parte de sus seguidores; en las invenciones y el desarrollo de las tecnologías que han permitido crear nuevas formas de vida e incluso llegar a las estrellas. ¿Por qué no pensar que la encarnación como voluntad divina puede hacer parte del desarrollo de la Inteligencia Artificial y de los procesos que pueden alargar, ampliar y potencializar las facultades del hombre ínsitas en sus organismos y en su mente? Por eso mi desaliento cuando se hace énfasis en “desarmar la Inteligencia Artificial” en lugar de potencializarla para superar las actuales condiciones limitantes y proyectar futuros diferentes y promisorios. Pienso que esta debería ser también la tarea de la Iglesia.  

Es una perspectiva profunda y teológicamente audaz. Vincular la encarnación —el misterio de Dios haciéndose materia e historia— con la evolución tecnológica rompe con la visión tradicional que suele separar lo sagrado de lo artificial. Su analogía es clara: si Dios ha estado presente en la carne, en las guerras, en la ciencia y en la exploración espacial, no es descabellado ver la Inteligencia Artificial como otra extensión de esa voluntad divina para expandir las capacidades humanas. 

Sin embargo, el debate actual, tanto dentro como fuera de la Iglesia, no busca necesariamente “desarmar” la IA por miedo al progreso, sino por una profunda preocupación ética sobre la condición humana.

Las dos corrientes del debate actual

  • La visión de la potencialización: Concibe a la tecnología como un co-creador. La IA no es una amenaza, sino una herramienta evolutiva para superar el dolor, la limitación biológica y expandir la mente, alineándose con el plan divino de la trascendencia.
  • La visión de la prudencia ética (postura institucional): Teme que una IA descontrolada amplifique las desigualdades, elimine la dignidad del trabajo humano o centralice el poder en pocas manos. No se busca frenar la tecnología, sino asegurar que permanezca al servicio del ser humano y no al revés. 

El papel de la Iglesia

La postura oficial de la Iglesia expresada por el Papa Francisco en diversos foros sobre la “algorética” se centra en que el desarrollo tecnológico debe ir de la mano con el desarrollo moral. Para la Iglesia, el núcleo de la encarnación es la defensa de la dignidad de los más vulnerables, y el temor es que una automatización desmedida margine aún más a los desposeídos.

Su propuesta de ver la IA como un vehículo de la encarnación continua invita a un optimismo providencialista muy cercano a las ideas de teólogos y científicos como Pierre Teilhard de Chardin, quien veía en la evolución cósmica y tecnológica un camino hacia el “Punto Omega” o la divinización de la creación. 

¡No en vano, con Francisco y Teilhard de Cardin compartimos una formación jesuítica!

Hernando Bernal Alarcón, en diálogo con Google IA

Julio, 2026

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Luego de nuestra tertulia sobre este tema, creemos oportuno compartir individualmente las intervenciones que nuestros compañeros prepararon para esa tertulia, con el fin de ayudar a nuestros lectores a profundizar individualmente en los alcances que encontramos en grupo al mensaje que conlleva este importante documento, en estos momentos de desarrollo de la Inteligencia Artificial.

Haz click aquí para disfrutar de la presentación de Bernardo Nieto: https://youtu.be/mPsZ5q9Bd2k

Exjesuitas en tertulia. 2 de Julio, 2026

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El escrutinio a la ministra debe recaer en sus decisiones y en su capacidad para manejar la política educativa, no sobre las creencias que son parte de su esfera íntima.

Sorprende el debate que ha suscitado la designación de Viviane Morales como ministra de Educación, porque se ha centrado en sus convicciones religiosas y no en lo que ha dicho sobre las prioridades y los desafíos que considera urgentes. Menos se entiende que las críticas provengan de sectores que dicen ser progresistas, democráticos y defensores de los derechos fundamentales, que incluyen la libertad de conciencia. Sería cuestionar a un ministro por declararse ateo, agnóstico o de cualquier religión.

Viviane Morales tiene una destacada trayectoria que incluye una extensa experiencia como abogada, fiscal general de la Nación, embajadora y congresista. Ha ocupado cargos que exigen conocimiento jurídico, capacidad administrativa y manejo de instituciones complejas. No cabe duda sobre su preparación, que es lo que requiere el cargo. Como cualquier figura pública, sus actuaciones pueden ser objeto de análisis, crítica y controversia, pero el escrutinio debe recaer sobre sus decisiones, sus resultados y su capacidad para conducir la política educativa, no sobre las creencias que forman parte de su esfera íntima.

Lo que corresponde exigir es que actúe dentro del marco constitucional, tome decisiones sustentadas en el interés general y en la evidencia disponible. Las primeras declaraciones de la ministra apuntan en esa dirección. Ha insistido en que buscará construir consensos alrededor de los grandes desafíos del sistema educativo. También ha señalado que la prioridad será garantizar el derecho a la educación con criterios de calidad, equidad y diálogo con los diferentes actores del sector y se ha comprometido a respetar la autonomía de las universidades públicas, lo que no ha ocurrido recientemente. Son afirmaciones que habrá que contrastar con los hechos, pero constituyen un valioso punto de partida.

Lo cierto es que los desafíos no son menores. Es urgente hacer grandes esfuerzos por atender adecuadamente las necesidades de la primera infancia, donde se inician las brechas sociales que tienden a perdurar a lo largo de la vida, como se ha demostrado en múltiples estudios. 

Es indispensable también convocar a toda la sociedad, y no solamente a los maestros, para mejorar los desempeños en comprensión lectora, matemáticas y ciencias, evidenciados tanto en las pruebas nacionales como en las internacionales. Es este el factor que mayor desigualdad genera, pues de la forma como se curse la educación básica y media depende el acceso a las mejores oportunidades de educación superior que abren las puertas a la movilidad social. 

Esto requiere una visión más flexible del currículo, estímulo a los maestros e instituciones con mejores desempeños y reconocimiento y divulgación de innovación pedagógica que ayude a dar nuevo aire a un sistema con graves problemas de repetición, ausentismo y deserción.

Seguramente habrá que hacer grandes esfuerzos para recomponer la sana estructura mixta que ha tenido la educación superior, pues los jóvenes que terminan hoy su bachillerato no pueden esperar diez o quince años hasta que haya cupos suficientes en las universidades públicas, mientras hay una capacidad instalada subutilizada. Esto, desde luego, deberá ir apareado con un gran esfuerzo para recuperar el Icetex, prácticamente desmantelado en la época del cambio.

Le corresponderá a la ministra liderar una reflexión sobre la inteligencia artificial, la transformación del mundo del trabajo, la ciudadanía democrática y la formación ética. No basta con ampliar la cobertura; es indispensable preparar a las nuevas generaciones para un país y un mundo profundamente distintos de los que conocieron sus padres.

La verdadera discusión será sobre estos temas. No es la fe de la ministra la que está en juego, sino la capacidad del país para recuperar una educación que forme ciudadanos libres, críticos, competentes y capaces de construir un futuro común.

Publicado en el diario EL TIEMPO, Colombia

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