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Jorge Luis Puerta

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Dada la importancia del evento, acordamos que nuestra tertulia del jueves 30 de julio se inspirara en el Campeonato Mundial de Fútbol. Reflexiones, remembranzas, posiciones críticas, opiniones, brotaron espontáneamente, reflejando que el buen fútbol todavía nos sigue motivando. Aquí queremos consignar algunos testimonios.

Haz Click aquí para disfrutar de la presentación de Jorge Luis Puerta: https://youtu.be/mxVcWaRs0u0

Exjesuitas en tertulia- 30 de Julio, 2026

Acabamos de ser testigos de un hito histórico: el Campeonato Mundial de Fútbol de la FIFA 2026. Ningún otro evento mundial rasguña siquiera las cifras alcanzadas por él: cerca de 7 millones de personas asistieron a los 104 partidos entre las 48 selecciones nacionales (por primera vez). Los estadios han registrado un promedio extraordinario del 99,7% de su capacidad. 

Además, los FIFA Fan Festivals (recintos deportivos con pantallas gigantes) distribuidos a lo largo de los tres países anfitriones (Estados Unidos, México y Canadá) congregaron a cerca de 8 millones de fanáticos. Medios especializados y analistas señalan que alrededor de 6 mil millones de personas han sido alcanzadas por la TV y otros medios.

Los ingresos obtenidos por la FIFA se estiman en unos 13 mil millones de dólares, un 70% más que lo recaudado en Qatar. Todos los récords anteriores han sido superados.

Echemos mano de los tópicos, de los lugares comunes atribuídos al fútbol, para arrojar luces y sombras sobre este fenómeno planetario. Lo merece.

El fútbol es solo un juego.

Es tierra, es calle, es barrio, es rodillas lastimadas, es encuentro con los amigos, es triunfos, también derrotas. ¿Quién no recuerda con melancolía infantil la primera vez que fuimos a un estadio? A mí me tocó hacia los 11 años. Fue en el Pascual Guerrero de Cali. Se jugaba uno de los clásicos locales: el América contra el Deportivo Cali. Los gritos apasionados de las barras, los cánticos, los insultos al árbitro, a los rivales cuando el juego se ponía ríspido, los chistes ocasionales, esa sensación efímera de pertenencia (yo era entonces del América), de ser un colectivo con identidad propia, son inolvidables. Hay algo atávico en todo esto. Reminiscencias de la tribu, como diría alguien y, al mismo tiempo, “el encuentro semanal con la niñez”, como acostumbraba a decir Javier Marías.

El fútbol es más que un juego.

El fútbol, lejos de ser un mero entretenimiento de masas o una simple coreografía de veintidós jugadores corriendo tras un balón, es uno de los hechos sociales totales más potentes de la contemporaneidad. No veo el campo de juego como un espacio aislado; en el césped se juegan los dramas, pasiones y tragedias que en la vida misma. Es un microcosmos donde se proyectan, amplifican y tensionan las estructuras, las contradicciones y anhelos de la sociedad que lo genera. El fútbol no solo acompaña a la cultura; la condensa y la devuelve en forma de espejo.

Los ecos del mundial, no podía ser de otra manera, también llegaron a Ultratumba, la patria de nuestro compañero Rodolfo Ramón de Roux. Gracias a las influencias celestiales, un grupo de hinchas famosos logró reunirse alrededor de una pantalla gigante. Allí estaban Albert Camus, premio Nobel de Literatura y guardameta del Racing de Argel. Pier Paolo Pasolini, el polémico director de cine y escritor, jugador de todas las semanas y analista del juego. El poeta español de la Generación del 27, Rafael Alberti. Manuel Vázquez Montalbán utilizó el fútbol y su amor por el Barcelona para explicar la política, la transición española y la sociología del poder. Eduardo Galeano, autor de cabecera de la literatura futbolera latinoamericana. Mario Benedetti definidor magistral del fútbol como espejo de la vida cotidiana. Roberto “El Negro” Fontanarrosa quien retrató como nadie la pasión, el absurdo y la mística del hincha argentino. Osvaldo Soriano, defensor acérrimo del fútbol amateur en los pueblos perdidos de la Patagonia. De lejitos, Jorge Luis Borges y Umberto Eco miraban de reojo, haciéndose los desentendidos.

En la pantalla se jugaba la final España – Argentina. Albert Camus abrió el fuego:

  • Me reafirmo en lo que escribí alguna vez desde mi posición en el arco: Todo lo que aprendí sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol. Estos chicos lo siguen practicando hoy, a pesar de su mercantilización. Más tarde sonrió de gusto cuando Lamine Yamal le negó la mano del saludo a Donald Trump, por ser la misma con la que autorizaba bombardeos en el Medio Oriente.
  • Pasolini, un poco aburrido por la dinámica del partido, comentó: el fútbol de hoy es más prosa que poesía. Poesía era el Brasil del 70, puro regate y picardía. Este tiki-taka de hoy no me convence.
  • Vásquez Montalbán emocionado por su selección española, basada en su equipo, el Barca, retrucó: pero mira la fluidez del juego, la rapidez, la precisión. Aprecia ese fútbol moderno enriquecido por las mezclas raciales…
  • Rafael Alberti, conmovido, comentó: aparte del fabuloso negocio del fútbol hoy, la historia de cada uno de estos jóvenes me conmueve, (Nico Williams acababa de hacer el pase de cabeza para el gol definitivo de Ferran) lo que tiene de desarraigos, de superación de conflictos, de logros y progreso, lo vale todo.
  • Sobra decir que los argentinos presentes, arrasados por el gol español, se identificaron cuando Eduardo Galeano le gritó a la selección argentina: “Una linda jugadita, por amor de Dios”. Y, en voz baja continuó: yo no soy más que un mendigo de buen fútbol. Voy por el mundo sombrero en mano… y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece.

A la distancia, viendo al grupo frente al televisor, Jorge Luis Borges le confesaba a Umberto Eco: sigo pensando que “el fútbol es popular porque la estupidez es popular; Me incomoda la idea de supremacía y de nacionalismo falso que genera este deporte”. Sí, dijo Eco: y ahora amplificado por el circo mediático a escala mundial que se mueve con facilidad allí donde hay pasión, incertidumbre, enojo e identidades en disputa.

Algo alcanzó a escuchar Pasolini, pero se hizo el loco, para no complicar el momento.

Me quedan algunas postales de este Mundial:

  • De la geopolítica actual: La selección de Irán teniendo que regresar de sus partidos a México, porque no podía pernoctar en Estados Unidos. El juez somalí Omar Artan, que iba a convertirse en el primero de su país en arbitrar en una Copa del Mundo tras ser elegido mejor árbitro del 2025 por la Confederación Africana de Fútbol (CAF), fue “declarado inadmisible debido a problemas en el proceso de verificación de antecedentes” cuando aterrizó en Miami, y se le denegó la entrada.
  • Del sometimiento de la FIFA al poder político: el levantamiento de la tarjeta roja al jugador norteamericano Folerin Balogun, por una llamada telefónica de Trump.
  • Del pueblo fuera de los estadios por la elitización del fútbol promovida por la prepotencia monopolizadora de la FIFA: los altísimos precios para asistir a los estadios, incluyendo la comercialización de las marcas, los derechos de transmisión del evento y los negocios de comidas y bebidas. 
  • De las “cenicientas”: el caso del portero Vitinha y de la selección de Cabo Verde, un pequeño país insular que debutaba en un Mundial. Hazaña leída como metáfora del fútbol de periferias que irrumpe en el centro del sistema. 
  • De un Mundial de la diáspora: 289 de los 1.248 futbolistas convocados (cerca del 25%) nacieron en otro país distinto del que figura en su camiseta. Solo 8 de las 48 selecciones presentaron planteles formados exclusivamente por jugadores nacidos en el propio país; el resto incluyó desde uno hasta más de la mitad de los futbolistas nacidos fuera del territorio nacional. Muchos países con políticas migratorias restrictivas han tenido que aplaudir los goles de inmigrantes o de hijos de inmigrantes “sospechosos” para las autoridades.
  • Y una postal muy personal, fuera del Mundial: la del equipo “El Santo” donde juega mi nieto Kio, de la categoría sub13 que, hace una semana se coronó campeón en el torneo departamental de Cruz del Eje, aquí, en Córdoba, Argentina.

Jorge Luis Puerta

Agosto, 2026

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Continuamos hoy con la publicación de algunas de las intervenciones de los participantes en la tertulia reciente sobre esta encíclica del Papa León XIV. Esperamos ayudar a nuestros lectores en la comprensión de este importante documento sobre este tema del cual no podemos evitar acercarnos con profundidad y esperanza para la humanidad.

  1. Valores
  2. La encíclica propone una actualización de la doctrina social de la Iglesia ante la revolución digital, con tres ejes principales: antropología teológica, discernimiento ético de la técnica y construcción del bien común. Su originalidad está en proponer una gramática moral y espiritual para valorar la IA desde la dignidad humana. Importancia del verbo “desarmar”.
  3. Esa posición contribuye a llenar de un contenido nuevo, actual, a conceptos como el bien común, el valor de la persona, la comunión en sociedad que supone la solidaridad y la justicia social, la dignificación del trabajo, la responsabilidad medioambiental… 
  4. El documento manifiesta el interés de la iglesia en ser un participante activo -y referente moral- para el tratamiento de la IA, para la humanidad. la Iglesia no interviene como poder externo, sino como comunidad que camina con la humanidad, escucha sus transformaciones y discierne sus desafíos a la luz de la fe.
  5. Un llamado urgente a gobernarla para que el progreso técnico no termine aplastando lo que nos hace profundamente humanos. 
  6. Las dificultades para la gobernanza de la IA. 
  7. La concentración en pocas manos. Entre las diez primeras empresas del mundo, 7 se relacionan con el negocio de la IA: 1. Amazon, 2. Alphabet (Google), 3. Apple, 4. Meta (Facebook), 5. Microsoft, 6. Nvidia y 7. Tesla. (Los 7 magníficos), lo que lleva a una carrera competitiva permanente. Los niveles de inversión, el crecimiento de la demanda, la mundialización del fenómeno, no tienen antecedentes en la historia. 

Nvidia, ejerce un control abrumador (94%) sobre el mercado de las «unidades de procesamiento gráfico»), estimado por algunos análisis en hasta un 94 %[7]

También el mercado de la IA generativa, que incluye grandes modelos lingüísticos como ChatGPT y Gemini, está dominado por un número limitado de empresas: «Nvidia, Microsoft, Google, OpenAI y AWS concentran conjuntamente del 45-50 % de la cuota de mercado de la IA generativa»[12].

  • Esta concentración hace que un número reducido de empresas privadas adquieran un poder político que pocos estados serían capaces de gobernar o regular.

El primero es el poder directo: la capacidad de financiar campañas electorales y elegir gobernantes. Musk gastó más de 250 millones de dólares apoyando la reelección de Donald Trump en 2024.

El segundo es el poder indirecto: las big tech son las principales lobbistas en Washington y Bruselas, financian think tanks que producen los marcos conceptuales con los que se debaten las políticas públicas.

  • Sacar al mercado un producto en plena fase de experimentación, cuya única dinámica es la competencia. Los mismos 7 magníficos reconocieron que no tienen respuestas sobre el futuro de lo que han lanzado. 
  • El desarrollo de la IA avanza a velocidades impensadas. Cuando eso ocurre, el reto ya no es solo qué reglas aplicar, sino qué tipo de gobernanza puede operar a la misma velocidad que los sistemas que intenta supervisar.

Ya han surgido divergencias sobre cómo afrontar estos desafíos regulatorios, entre la Unión Europea y los Estados Unidos. Conviene señalar que la UE ya ha quedado rezagada en el desarrollo de la IA, pero ha adoptado un enfoque especialmente contundente en su regulación. 

Estados Unidos, por el contrario, ha asumido una postura «aceleracionista» frente a la IA, desregulando el mercado. 

Las conversaciones internacionales sobre la gobernanza de la IA han estado históricamente concentradas en un puñado de países (principalmente el G7), dejando a más de 118 naciones —en su mayoría del Sur Global— totalmente excluidas de las decisiones normativas. 

  • Obsolescencia legal prematura: Los legisladores redactan leyes sobre capacidades técnicas conocidas, pero los “sistemas de IA frontera” mutan a un ritmo impredecible antes de que las normativas puedan ser publicadas o aplicadas, obligando a usar parches normativos constantes.

El problema es que la tecnología empieza a desplazarse más rápido que las categorías con las que intentamos describirla y, por lo tanto, a una escala difícil de supervisar manualmente. Regular es relativamente sencillo. Hacer cumplir la regulación es otra cosa muy distinta. 

La pregunta no es solo cómo limitarlas, sino cómo diseñar la supervisión para que opere en el mismo plano temporal que los sistemas que supervisa.

Jorge Luis Puerta

Julio, 2026

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Esos ríos…

Por Jorge Luis Puerta
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“…nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir…” decía Jorge Manrique ya en el siglo XV. La semana pasada esto se hizo carne en el imprescindible programa de Juan David Correa “Conversaciones pendientes”, en tertulia con un versátil Germán Ferro, hermano de nuestro amigo Alfredo, S.J.

Y todo esto me transportó inmediatamente a lo que ha sido siempre para mí el río Magdalena: una promesa paterna incumplida, o con ojos de niño, un sueño nunca realizado: navegar por él desde Honda hasta Bocas de Ceniza.

Ese sueño de infancia me traía imágenes de puertos de todo tipo, con cargadores, viajeros, cargas abigarradas, mercados  y olores variadísimos, y siempre la sensación de “la tierra caliente” que, para un niño crecido en las alturas de Bogotá, representaba liberación, naturaleza indomable, vibración de la vida, cuerpos ágiles y desinhibidos.

Pero también se venían a la cabeza esas corrientes superficialmente mansas que te dejaban intuir la fuerza de la corriente amenazante y de las sorpresivas profundidades, así como la pregunta inocente pero permanente: ¿y cómo será el encuentro con el mar? 

La primera vez que me encontré con el río Magdalena fue en Girardot, en un paseo familiar (intuí que era como un premio consuelo de parte de mi papá). No me interesaron ni el “viudo de pescado”, ni las curiosidades que ofrecían los vendedores ambulantes. Quise estar solo, mis ojos estaban centrados en la densidad de la corriente y en ese puente que me pareció un majestuoso marco. Si hubiera tenido una hojita de papel no hubiera dudado en transformarla en un barquito que llevara todos mis pensamientos…hasta el mar.

Cuando ya fui padre, fuimos a Honda con mis hijos para que ellos conocieran esa inmensidad. La locura de embarcarnos, sin más, me asaltó, pero la racionalidad responsable me dijo que mis hijos estaban aún pequeños.

Ya en mi juventud, viviendo en Cali, fue el río Cauca -hermano pequeño del Magdalena- quien me embrujó también con su corriente tranquila pero poderosa, ya con las sombras de los muertos flotantes que las noticias nos traían.

Contagiémonos del mensaje de Germán Ferro, quien desde el Museo del Río Magdalena en Honda nos quiere decir que el río somos todos, que es un reflejo de lo que Colombia es y ha sido y que navegarlo es un apasionante reto personal y colectivo.

Jorge Luis Puerta

San Marcos Sierras, Córdoba, Argentina

Marzo de 2026

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Que un ateo confeso descubra que uno de los motores para la supervivencia milenaria de una institución como la iglesia católica sea la labor de sus misioneros y misioneras es, de por sí, toda una noticia.

Y que ese ateo sea un escritor universal del tamaño de Javier Cercas “infiltrado” en el Vaticano y compañero de viaje a Mongolia del papa Francisco, es ya un asunto para no perdérselo.

Esos “locos de Dios” que por amor a él se van al fin del mundo a dar un testimonio muchas veces silencioso de bondad, de fe, solidaridad y esperanza, es profundamente inspirador. Su compromiso radical con los más desfavorecidos y la entrega total al servicio de los demás, representa el rostro más auténtico del Evangelio, de una “Iglesia misionera y pobre”, como la quiso presentar el papa Francisco.

En las páginas de “El loco de Dios en el fin del mundo”, Cercas describe frecuentemente a los misioneros y misioneras como el “cristiano ideal”. Su vida está marcada por la entrega y la cercanía a los que más sufren, ya sea en grandes ciudades o en las periferias más remotas del mundo. En países como Mongolia, donde los católicos son una minoría apenas tolerada, los misioneros actúan no solo como evangelizadores, sino como agentes de transformación social.

A través de proyectos educativos, sanitarios y sociales, los misioneros buscan mejorar las condiciones de vida de los más vulnerables, promoviendo su dignidad y participación en la sociedad. Su acción no se limita a la caridad puntual, sino que apunta a una transformación integral, fiel al mensaje de Cristo.

Javier Cercas, durante su viaje a Mongolia con el Papa, recoge varios relatos, testimonios de vida de misioneros como el del padre Ernesto, “…un religioso que pertenece a la congregación misionera La Consolata y lleva veinte años viviendo en Mongolia”. “Figuras subversivas como la del padre Giovanni, misionero en China, y como dice el cardenal Marengo, el principal soldado de Bergoglio en Mongolia, el Evangelio no se predica: debe susurrarse”. Retratos que muestran cómo estos hombres y mujeres dedican su existencia a los demás, en contextos de pobreza, exclusión o violencia.

Todos estos religiosos y religiosas llevan adelante proyectos sociales en contextos difíciles, mostrando una solidaridad concreta y cotidiana. Cercas afirma que “los problemas de la Iglesia se solucionarían si todos los religiosos fueran misioneros”, resaltando la ejemplaridad de estas vidas entregadas.

La acción misionera está en plena sintonía con la enseñanza social católica, que sostiene que la solidaridad y la atención a los necesitados son fundamentales para la misión de la Iglesia. El papa Francisco insiste en que la Iglesia debe ser “una Iglesia en salida”, que no se encierra en sí misma, sino que sale al encuentro de quienes más lo necesitan.

El encuentro con los pobres es esencial para la justificación y coherencia de la Iglesia con el mensaje de Cristo, quien se identificó con los más humildes y marginados. Los misioneros, al vivir y trabajar entre los desfavorecidos, hacen visible esta opción preferencial por los pobres, recordando a toda la comunidad cristiana la centralidad del amor y la justicia en la vida cristiana.

Jorge Luis Puerta

Agosto, 2025

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Dedicamos en Julio una tertulia, preparada varias semanas antes a través de la lectura del libro reciente sobre el Papa Francisco, para conversar entre amigos sobre el impacto, las conclusiones, observaciones, reacciones o ideas clave de este libro reciente de Javier Cercas. Trece de nosotros compartieron sus escritos, puntos de conversación o improvisaciones sobre el tema. La tertulia se convirtió en un homenaje a la memoria y el impacto que tuvo el recién fallecido Papa en la transformación de la Iglesia católica. Hoy compartimos una de ellas.

Exjesuitas en tertulia- 24 de Julio, 2025

Los locos de Dios por un loco sin Dios.

Jorge Luis Puerta

Que un ateo confeso descubra que uno de los motores para la supervivencia milenaria de una institución como la iglesia católica sea la labor de sus misioneros y misioneras es, de por sí, toda una noticia.

Y que ese ateo sea un escritor universal del tamaño de Javier Cercas “infiltrado” en el Vaticano y compañero de viaje a Mongolia del papa Francisco, es ya un asunto para no perdérselo.

Esos “locos de Dios” que por amor a él se van al fin del mundo a dar un testimonio muchas veces silencioso de bondad, de fe, solidaridad y esperanza, es profundamente inspirador. Su compromiso radical con los más desfavorecidos y la entrega total al servicio de los demás, representa el rostro más auténtico del Evangelio, de una “Iglesia misionera y pobre”, como la quiso presentar el papa Francisco.

En las páginas de “El loco de Dios en el fin del mundo”, Cercas describe frecuentemente a los misioneros y misioneras como el “cristiano ideal”. Su vida está marcada por la entrega y la cercanía a los que más sufren, ya sea en grandes ciudades o en las periferias más remotas del mundo. En países como Mongolia, donde los católicos son una minoría apenas tolerada, los misioneros actúan no solo como evangelizadores, sino como agentes de transformación social.

A través de proyectos educativos, sanitarios y sociales, los misioneros buscan mejorar las condiciones de vida de los más vulnerables, promoviendo su dignidad y participación en la sociedad. Su acción no se limita a la caridad puntual, sino que apunta a una transformación integral, fiel al mensaje de Cristo.

Javier Cercas, durante su viaje a Mongolia con el Papa, recoge varios relatos, testimonios de vida de misioneros como el del padre Ernesto, “…un religioso que pertenece a la congregación misionera La Consolata y lleva veinte años viviendo en Mongolia”. “Figuras subversivas como la del padre Giovanni, misionero en China, y como dice el cardenal Marengo, el principal soldado de Bergoglio en Mongolia, el Evangelio no se predica: debe susurrarse”. Retratos que muestran cómo estos hombres y mujeres dedican su existencia a los demás, en contextos de pobreza, exclusión o violencia.

Todos estos religiosos y religiosas llevan adelante proyectos sociales en contextos difíciles, mostrando una solidaridad concreta y cotidiana. Cercas afirma que “los problemas de la Iglesia se solucionarían si todos los religiosos fueran misioneros”, resaltando la ejemplaridad de estas vidas entregadas.

La acción misionera está en plena sintonía con la enseñanza social católica, que sostiene que la solidaridad y la atención a los necesitados son fundamentales para la misión de la Iglesia. El papa Francisco insiste en que la Iglesia debe ser “una Iglesia en salida”, que no se encierra en sí misma, sino que sale al encuentro de quienes más lo necesitan.

El encuentro con los pobres es esencial para la justificación y coherencia de la Iglesia con el mensaje de Cristo, quien se identificó con los más humildes y marginados. Los misioneros, al vivir y trabajar entre los desfavorecidos, hacen visible esta opción preferencial por los pobres, recordando a toda la comunidad cristiana la centralidad del amor y la justicia en la vida cristiana.

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Soy migrante

Por Jorge Luis Puerta
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El jueves 3 de julio pasado escogimos como tema de nuestra tertulia semanal intercambiar y enriquecernos con las experiencias como migrantes de muchos de nosotros que hemos vivido más de cinco años en algún otro país. Algunos escribimos reseñas como ésta.

Soy migrante porque el amor lo quiso así. Vivo hace 43 años en el Perú y fue mi primera pareja peruana la que logró que “quemara todas mis naves” en Colombia, aun sabiendo que conmigo ya había 4 hijos a bordo.

Piura, desierto tropical de la costa norte peruana. Cusco, ciudad histórica enclavada en las alturas de los Andes. Cajamarca, en la sierra norte, amable y templada. Huaraz, en la sierra centro, enmarcada por la majestuosa Cordillera Blanca, han sido mis estaciones en este periplo migratorio, sin mencionar estadías cortas en ciudades como Tarapoto y Pucallpa en la Amazonia peruana.

Un solo país, pleno de culturas y de experiencias diferentes: el trabajo con las grandes cooperativas de Piura, un modelo (fracasado) de gestión comunal rural impulsado por el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado. Con las pequeñas empresas campesinas cusqueñas dedicadas a la producción de objetos utilitarios de cerámica, de tejidos, así como vinculadas a la oferta turística local. Con los productores cajamarquinos y huaracinos que se esfuerzan por relacionarse con calidad a las cadenas comerciales promovidas por las grandes empresas mineras. 

Todos me han dado grandes lecciones de vida: la primera y más grande es la de la solidaridad humana: desde los “siete potajes” de Semana Santa con una familia comunera muy pobre en las alturas de Cusco, a más de 4000 metros, hasta “el copús”, cocinado en la arena del desierto de Piura, pasando por la generosa pachamanca huaracina.

La riqueza de las culturas milenarias ha sido otro regalo de esta vida migrante. Es inagotable la lista de hombres y mujeres anónimos, de pueblos casi perdidos, dedicados y dedicadas a la preservación de costumbres, a la acumulación de sabiduría popular para el cuidado del medio ambiente y de diversas especies animales o vegetales. 

Las más de 3 500 variedades de papa, sin contar otros tubérculos como el olluco, la oca, la mashua y la maca. El descubrimiento y perpetuación de superalimentos que hoy conoce el mundo como la quinua, la kiwicha, la cañihua, el tarwi. La fama de la nueva gastronomía peruana tendría pies de barro si no fuera por esos campesinos y campesinas depositarios del conocimiento acumulado y puesto en práctica durante milenios.

La habilidad para el manejo y conservación del medio ambiente, de la administración de muy diversos sistemas de riego donde el agua es escasa, de la siembra y cosecha de agua que nace en las cochas de cada comunidad campesina, de la domesticación de especies en los muy variados pisos ecológicos que ofrecen los Andes, las 48 lenguas originarias que hoy se hablan aquí, me siguen dando lecciones de vida.

Como descubrir también que los objetos, la música, los bailes, la literatura, surgen de esa variedad enorme que ha permitido adaptarse y adueñarse de las manifestaciones de la vida al vencer obstáculos y encontrar soluciones para vivir mejor.

Terrazas y andenes en el Valle del Colca, Arequipa[1].

Y, hay que decirlo también, ese conocimiento acumulado, esa energía ancestral, son fuerzas que pueden cambiar el rumbo de una política chata, corrupta que empobrece al Perú de hoy.


[1] Tomado del libro Abecedario, de Xabier Díaz de Cerio, DEBATE, 2024.

Jorge Luis Puerta P.

Lima, Perú

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Coincidiendo nuestra tertulia del 1 de Mayo con la fiesta internacional del trabajo, decidimos centrar nuestra tertulia de ese día en un aporte voluntario de los participantes de las reflexiones que cada uno hizo sobre experiencias positivas y las más desafiantes de sus historias individuales en el mundo del trabajo. Esta perspectiva de un grupo de amigos, ya jubilados casi todos, sobre la riqueza del trabajo y su conexión con la educación, ahora desde una perspectiva más madura y objetiva, la queremos compartir poco a poco en las próximas ediciones de este blog como nuestra contribución para los lectores.

Exjesuitas en tertulia- 1 de Mayo, 2025

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Nuestra tertulia del 6 de Febrero nos permitió compartir varias maneras diferentes de manejar el tiempo durante el tiempo posterior a la vida de trabajo profesional. Con sencillez y generosidad aprendimos unos de otros con ideas , rutinas y criterios originales utilizados en esta etapa de libertad con el tiempo y disfrute de nuestras familias y grupos de amigos. Compartimos con nuestros lectores varias intervenciones, con la certeza de colaborar quizás con nuevas iniciativas para sus propias realidades.

Exjesuitas en tertulia- 6 de Febrero, 2025

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En los días en que Un Luthier, Carlos López Puccio, conversaba en el Festival Hay de Cartagena entre risas y memorias, nuestro grupo también tuvo el privilegio de una tertulia recordando y valorando este grupo icónico de artistas y músicos que acompañó a tantas generaciones contemporáneas. Con orgullo compartimos con nuestros lectores el trabajo que dos compañeros nuestros nos regalaron en la semana anterior.

Hacer click en el siguiente enlace: https://youtu.be/BgrRjKilYCk

Exjesuitas en tertulia- 30 de Enero, 2025

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La primera tertulia de este nuevo año 2025 fue una oportunidad para que compartiéramos, entre amigos, el balance de nuestras reflexiones de resumen del año que terminó y la agenda para el año que comienza. La riqueza de las contribuciones y la espontaneidad de todos puede servir también para nuestros lectores y por eso decidimos compartirla hoy y en próximas entregas.

Exjesuitas en tertulia- Jueves 9 de Enero, 2025

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Nuestro blog no podría estar ausente al evento de las elecciones en Estados Unidos, por ser un acontecimiento de importancia mundial. Esta semana dedicamos nuestro espacio a difundir, tanto las intervenciones que algunos de nosotros compartimos en nuestra última tertulia del pasado 7 de noviembre, como otras colaboraciones que hemos recibido.

1. La democracia capitalista occidental -de la cual USA es considerada el modelo mundial- está demostrando su agotamiento: no ha sabido resolver los grandes problemas de las mayorías (educación, salud, movilidad social…). Esta frustración lleva a la gente a apoyar cualquier aventura que quiera dinamitarla. Por eso no molestan los autoritarismos. “Los parias están en busca no de más democracia, sino de una vida menos dura y se echan en brazos del primero que se la promete”, leíamos en algunas de las páginas de EL PAIS de Madrid.

2. La crisis del partido demócrata es mucho más profunda que el fenómeno Kamala: no ha podido resolver el problema de la migración, sigue teniendo un perfil guerrerista, se ha alejado de la clase trabajadora y del amplio sector rural, convirtiéndose en un partido urbano más ideológico (equidad de género, derecho al aborto, calentamiento global, justicia inclusiva), que a atender la insatisfacción de las grandes mayorías que reclaman por sus necesidades básicas…

3. La fuerza especuladora de los grandes capitales acumulados (Musk, Bezos, Mellon, otros) está mostrando su peor cara al meterse en la política. Se calcula que Musk ha “invertido” (costo-beneficio) cerca de 120 millones en la campaña de Trump, lo que es un récord histórico. Al día siguiente de la elección, experimentó un incremento de 26 500 millones de dólares en su fortuna, debido, en parte, a una subida del 15% en las acciones de sus empresas.

4. Ni las mismas mujeres negras (no todavía) llegaron a creer que una mujer negra, hija de inmigrantes, podría llegar a ser presidenta de los Estados Unidos de América.

Jorge Luis Puerta

Noviembre, 2024

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Más Almodóvar

Por Jorge Luis Puerta
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Para la tertulia del jueves 5 de septiembre nos propusimos conversar sobre alguna noticia que nos hubiera impactado recientemente. Yo escogí la obtención del León de Oro del Festival de Venecia para “La habitación de al lado”, la última película de Pedro Almodóvar. Aquí trataré de explicar por qué.

Pertenezco a la generación que vivió los vientos del “aggiornamento” de la iglesia católica, provenientes del Concilio Vaticano II, refrescantes por demás. Los medios de comunicación de masas, como los conocíamos entonces, fueron entonces una de las preocupaciones centrales para los jesuitas, para suerte nuestra. Tuvimos una formación envidiable al respecto y por supuesto, el cine ocupaba un espacio importante. ¿Quién de nosotros no guarda con orgullo el certificado del bienio dado por el P. Nazareno Taddei sobre Lectura estructural del film?[1]

Eso me hizo, de por vida, un cineclubero sin remedio. Comencé mi vida sin sotana con el que llamamos Cine Club Universitario de la Javeriana, entre 1969 y 1973, con funciones semanales en el teatro Lucía, ya desaparecido. A donde he ido, el cineclub ha ido conmigo, a Cusco, Cajamarca, Huaraz…allí fue donde me encontré con todos esos monstruos del cine como Fellini, Bergman, De Sica, Buñuel y…por supuesto, Pedro Almodóvar.

La siguiente escena ocurre en Wuppertal, Alemania. Almodóvar filma Hable con ella (2002), una de sus obras más conocidas. Le pide a Pina Bausch -a quien admira mucho- poder filmar alguna pieza con los bailarines de su Compañía. En las escenas que abren y cierran la película aparecen los bailarines de Pina y entre ellos, mi segundo hijo, Jorge y su compañera Ruth Amarante. Nos queda de entonces, una hermosa foto familiar donde aparece Almodóvar cargando a mi nieta mayor, Manuela, con apenas un año. Hoy, Manuela, a sus 22 años, estudia cine en Colonia. 

¿Por qué me tocó fibras tan íntimas la noticia con la que abro esta nota? Pues porque la temática de La habitación de al lado es de la enorme amistad entre dos mujeres Martha (Tilda Swinton) e Ingrid (Julianne Moore) enfrentadas a administrar la muerte, por el cáncer terminal que sufre Martha.

Pareciera haberse inspirado en la vida real de Isabel Wong (mi nuera, esposa de mi hijo mayor Mauricio) y Gabriela Zoia, cuya también enorme amistad tuvo que enfrentar, durante tres largos años, el cáncer cerebral que se llevó a Isabel en julio pasado.


[1] Véase la referencia a estos temas que hace Jaime Escobar en su artículo publicado en nuestro blog y titulado De tableros, telones y pantallas.

Jorge Luis Puerta

Septiembre, 2024

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El jueves 11 de julio pasado llegamos a la tertulia semanal número 200. Decidimos celebrarlo pidiéndole a cada uno de los amigos de toda la vida, alguna reflexión sobre lo que ha significado para cada uno. Aquí cuatro testimonios. 

Darío Gamboa 

Facilitar , organizar, revisar y promover estas tertulias y el blog ha significado para mí una vivencia emocionante de cohesión de grupo, de prolongación de mi pasión por servir, descubrir y aprender con y de los demás, de valorar y aceptar a muchos que desconocía, de conectarme con mis raíces en la distancia geográfica, de darle sentido a mi tiempo de retiro con algo agradable y desafiante, agradeciendo lo recibido y deseando mucho más. 

Pedro Benítez 

Nuestra experiencia en estas 200 tertulias, en pocas palabras, ha sido: amistad, agradecimiento, encuentro, diálogo, conocimiento, aprendizaje, compartir, mejorar calidad de vida y respetar. 

Han sido unas tertulias, llenas de amistad, encuentro, aprendizaje y de conocer temas maravillosos para nuestra calidad de vida. Hemos respetado y acogido las diferentes posiciones que en un momento dado se han puesto sobre la mesa . Hemos tratado temas que nos han abierto fronteras y la mente a nuevos conocimientos.  

Además, he aprendido de Darío y del equipo coordinador la disposición al servicio y bienestar de todos. Un agradecimiento mayúsculo. También tengo un gran agradecimiento hacia todos los participantes. Sus aportes han sido valiosos y sobre todo, su disposición a que las tertulias salgan bien, que aporten.  

Disculpen si a veces no he participado plenamente, pero les garantizo que todas las tertulias a las que asistí me dejan un recuerdo y una huella en mi corazón y mi mente. Gracias por la amistad que me han brindado y que ha ido creciendo y fortaleciéndose cada vez más. Me pongo a la disposición de todos en lo que les pueda ayudar. 

Juan Gregorio Vélez 

Desde la perspectiva de una cultura solidaria, muchísimas de estas tertulias y del Blog de Exjesuitas en tertulia, han significado para nosotros una oportunidad de compartir lo que somos, sabemos y tenemos y a su vez también, para recibir lo que necesitamos. Con todo ello hacemos lo que podemos para contribuir a un mundo que sea mejor al que encontramos. Muchas gracias.  

Jorge Luis Puerta 

El otro estaba allí. Siempre estuvo allí. Lo busqué, lo encontré y ahora somos un Gran Nosotros. 

Julio, 2024

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Estuve allí. 

Fue el día del “tanquetazo” como denominó la prensa chilena al primer intento de golpe militar contra el gobierno constitucional de Salvador Allende dirigido por el coronel Alberto Souper, jefe del regimiento blindado N⁰. 2 del ejército chileno, sofocado luego por el general constitucionalista Carlos Prats, asesinado un año más tarde, en Buenos Aires, junto con su esposa.

Formábamos parte de una delegación de profesores de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, universidad privada de Bogotá, cuya facultad de comunicaciones estaba tendiendo redes en Suramérica con aquella corriente comunicacional progresista encabezada por Armand Mattelart y Ariel Dorfman en Chile (Para leer al Pato Donald, Comunicación de masa y colonialismo, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1971), por quienes habíamos sido invitados.

Dos meses y medio antes del golpe definitivo de Augusto Pinochet ya el ambiente político y social era irrespirable. Las cadenas de TV, día y noche eran una sola diatriba contra el gobierno de la Unidad Popular. Las calles, escenario permanente de enfrentamientos entre izquierda y derecha. Dos escenas que pudimos presenciar: la manifestación de un colegio privado (niños entre 9 y 12 años) todos con cascos, marchando contra sus “profesores comunistas”, con pancartas y consignas alusivas. 

Y la otra: entre las interminables colas para proveerse de artículos de primera necesidad nos llamó la atención una que esperaba por cigarrillos importados. Era evidente la predominancia de una pequeña burguesía acostumbrada a un cierto nivel de consumo de artículos del extranjero, ya estrangulado por el racionamiento establecido por el gobierno. Alguien dio la señal de alarma, señalando al proveedor de la mercancía que llegaba en bicicleta. Como si hubiera sido una orden, la cola se deshizo y todos (señoras, señores que podrían ser tus padres, tus tíos) se abalanzaron sobre él y, con sus cartones de cigarrillos debajo del brazo, continuaron su camino como si nada. Nadie acudió en defensa del agraviado;los pocos policías que había por allí miraban para otro lado.

La mañana del 29 de junio comenzó temprano para nosotros. Hacia las 7:30 a.m. alguien tocó a mi puerta. Al abrirla, me encuentro con un oficial del ejército, armado con su fusil, con su uniforme de guerra, quien ‒con una paradójica y amable voz‒ nos daba la orden de bajar a la recepción en 10 minutos, con todas nuestras pertenencias, para salir del hotel.

Ya abajo, fuimos llamados uno a uno por nuestros nombres ‒el oficial lo hacía parado sobre el mostrador de la recepción‒advirtiéndonos que en la calle nos esperaban taxis que tenían la orden de llevarnos inmediatamente al aeropuerto, en absoluto silencio. Se les había prohibido a los conductores hablar con los pasajeros. Al pasar por el Palacio de La Moneda, advertimos movimientos de tanques que presagiaban lo peor.

El aeropuerto era un enjambre de gentes, de idiomas, de confusión. Sin embargo, imperó la disciplina militar, encargada de embarcarnos de regreso a nuestros países, ordenada y eficientemente.

Ninguno de nosotros pudo imaginar en ese momento que este acontecimiento había sido como un “ensayo general” de lo que sucedería dos meses y medio después.

Jorge Luis Puerta

Septiembre, 2023

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