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Esos ríos…

Por Jorge Luis Puerta
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“…nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir…” decía Jorge Manrique ya en el siglo XV. La semana pasada esto se hizo carne en el imprescindible programa de Juan David Correa “Conversaciones pendientes”, en tertulia con un versátil Germán Ferro, hermano de nuestro amigo Alfredo, S.J.

Y todo esto me transportó inmediatamente a lo que ha sido siempre para mí el río Magdalena: una promesa paterna incumplida, o con ojos de niño, un sueño nunca realizado: navegar por él desde Honda hasta Bocas de Ceniza.

Ese sueño de infancia me traía imágenes de puertos de todo tipo, con cargadores, viajeros, cargas abigarradas, mercados  y olores variadísimos, y siempre la sensación de “la tierra caliente” que, para un niño crecido en las alturas de Bogotá, representaba liberación, naturaleza indomable, vibración de la vida, cuerpos ágiles y desinhibidos.

Pero también se venían a la cabeza esas corrientes superficialmente mansas que te dejaban intuir la fuerza de la corriente amenazante y de las sorpresivas profundidades, así como la pregunta inocente pero permanente: ¿y cómo será el encuentro con el mar? 

La primera vez que me encontré con el río Magdalena fue en Girardot, en un paseo familiar (intuí que era como un premio consuelo de parte de mi papá). No me interesaron ni el “viudo de pescado”, ni las curiosidades que ofrecían los vendedores ambulantes. Quise estar solo, mis ojos estaban centrados en la densidad de la corriente y en ese puente que me pareció un majestuoso marco. Si hubiera tenido una hojita de papel no hubiera dudado en transformarla en un barquito que llevara todos mis pensamientos…hasta el mar.

Cuando ya fui padre, fuimos a Honda con mis hijos para que ellos conocieran esa inmensidad. La locura de embarcarnos, sin más, me asaltó, pero la racionalidad responsable me dijo que mis hijos estaban aún pequeños.

Ya en mi juventud, viviendo en Cali, fue el río Cauca -hermano pequeño del Magdalena- quien me embrujó también con su corriente tranquila pero poderosa, ya con las sombras de los muertos flotantes que las noticias nos traían.

Contagiémonos del mensaje de Germán Ferro, quien desde el Museo del Río Magdalena en Honda nos quiere decir que el río somos todos, que es un reflejo de lo que Colombia es y ha sido y que navegarlo es un apasionante reto personal y colectivo.

Jorge Luis Puerta

San Marcos Sierras, Córdoba, Argentina

Marzo de 2026

3 Comentarios
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3 Comentarios

Vicente Alcalá 10 marzo, 2026 - 5:04 am

Jorge Luis, me llevaste a recordar 3 breves “pruebas” de navegación por grandes ríos: hace 62 años entre la exhuberante vegetación del Magdalena; hace 52 entre los castillos y viñedos del Rhin; hace 2 entre los muelles y el desarrollo del Tamesis; y por los tres, la vida fluyendo.

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Hernando+Bernal+A. 10 marzo, 2026 - 8:46 am

Hermosos y bellos recuerdos, que reproducen en mi mente las mismas impresiones que tuve cuando como niño bogotano fui con mi padre la primera vez a Girardot. Gracias

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John Arbeláez Ochoa 10 marzo, 2026 - 9:07 am

Jorge Luis, bellos tus recuerdos de la infancia con un gran rio en tu camino. Me transportaste a Pereira y a la finca de mi padre bañada por el rio Consota donde aprendimos a nadar todos los hermanos arrojados de “patas y manos” por mi padre a unos charcos, en ese tiempo impolutos y trasparentes, donde se veían las sabaletas que huian ante nuestra presencia. “Juventud divino tesoro”…

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