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Rodolfo ramon de roux

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A la luz de la creciente polarización político-religiosa en muchos lugares de la tierra, Erasmo de Rotterdam animó en el “salón” de Sofrosina el siguiente diálogo, recordando el precio de la moderación en tiempos tormentosos.

Valga recordar que, en el crítico momento de la Reforma protestante, el talante conciliador de Erasmo lo llevó a entrar en conflicto tanto con el impetuoso e intransigente Lutero, como con los jerarcas católicos, pasando del ofrecimiento del cardenalato a la inclusión de sus escritos en el Índice de libros prohibidos.

ERASMO.- Viví el tránsito del siglo XV al XVI, cuando se dio en Europa no solo un cambio de siglo sino también de época. De golpe y porrazo el espacio europeo adquirió dimensión mundial y las certidumbres se convirtieron en dudas.

LINGUACUTA.- Como lo que se vive actualmente en la tierra: es impresionante la aceleración de todo tipo de cambios, incluido el climático.

SOFROSINA.- En esos momentos de rupturas decisivas, la humanidad se ve desbordada por sus propios logros y tiene que emplearse a fondo para estar a su propia altura. 

ERASMO.- Indudablemente. Lo experimenté cuando se alteró radicalmente el orden heredado de la Edad Media: la vieja nobleza se debilitó, las ciudades progresaron, los campesinos se empobrecieron, los burgueses prosperaron, el comercio y el lujo florecieron gracias al abono del oro oceánico, las pasiones político-religiosas se enardecieron. ¡Y qué de cambios en todos los dominios del arte, de la ciencia, de la técnica! La efervescencia era cada vez mayor y la sociedad empezó a reorganizarse de manera diferente.

ZYGMUNT BAUMAN.- Pues a mí me tocó vivir, en el tránsito del siglo XX al XXI, el gran cambio que ha sido la modernidad líquida.

ERASMO.- ¿Qué cuento es ese de “modernidad líquida”?

ZYGMUNT BAUMAN.- La llamé así porque la metáfora de la liquidez da buena cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en un mundo sujeto a cambios veloces. 

SOFROSINA.- Y por ello mismo, un mundo cada vez más imprevisible.

ZYGMUNT BAUMAN.- Así es. La velocidad de los cambios ha convertido a la vida en una serie inacabable de nuevos comienzos e incesantes finales. Todo fluye y rapidísimo.

SOFROSINA.- El ritmo de los cambios es tan vertiginoso que muchos se sienten incapaces de “ponerse al día” y se encuentran en la permanente angustia de sentirse “relegados”.

ZYGMUNT BAUMAN.- Las instituciones no son ya anclas de las existencias personales y han entrado en crisis los relatos colectivos que otorgaban sentido a la historia y a las vidas individuales. La modernidad líquida es un tiempo sin certezas.

ERASMO.- En el “Renacimiento” que viví también se resquebrajaron las viejas certezas, empezando por aquella de que la Tierra era el centro del Universo. Las verdades rígidamente establecidas por la Iglesia católica también fueron discutidas, contestadas y desobedecidas. En ese hervidero religioso que condujo a la “Reforma” protestante, combatí toda clase de fanatismo, ya fuera religioso, nacional o ideológico, porque lo consideraba el destructor cerril de cualquier forma de entendimiento. 

SOFROSINA.- Razón no te faltaba: nadie tiene el monopolio de la verdad.

LINGUACUTA.- Ni goza del derecho exclusivo del error. 

ERASMO.- Por eso me cuidaba de los que pensaban con anteojeras y de los zelotes de cualquier pelambre que por todas partes exigían obediencia ciega a sus opiniones y vociferaban llamando herejía o infamia a cualquier punto de vista divergente. 

SOFROSINA.- El saber y la razón hablan; la ignorancia y el error gritan.

LINGUACUTA.- En los momentos de grandes cambios y enormes dudas fácilmente se sube la voz y se bajan los argumentos. 

SOFROSINA.- Y se excitan los malévolos.

LINGUACUTA.- Sofro, como dice el principio de la navaja de Hanlon, “no hay que atribuir a la malevolencia lo que se explica adecuadamente por la estupidez”…pero no hay que descartar la malevolencia.

ERASMO.- Me entusiasmé pensando que se podía enseñar y aprender a ser cada vez más civilizado y a vivir en armonía, y terminé en medio de un estallido de pasión nacional-religiosa¡Qué horror fueron esas “guerras de religión” entre católicos y protestantes!

LINGUACUTA.- La gran paradoja de las guerras es que en ellas todos se destripan por una “causa justa”. Y en las “guerras santas” creen, además, que la degollina es “ad maiorem Dei gloriam”.

SOFROSINA.- ¿De manera que confiaste mucho en las bondades de la educación y la cultura?

ERASMO.- Junto a mis amigos humanistas le di suma importancia a la educación de la juventud. Estaba convencido de que la gente culta no sería capaz de ejercer la violencia bruta y que si las personas cultivadas fueran la autoridad, decrecerían por sí solas la bestialidad, las guerras y las persecuciones religiosas. 

LIGUACUTA.- Ay, amigo, cuando se tiene el poder se va rápido de la cima a la sima, con educación o sin ella.

SIGMUND FREUD.- Erasmo, los partidarios, como tú, de la solución pacífica y razonada de los conflictos, no deben perder de vista que su obra está constantemente amenazada por la eterna irracionalidad de las pasiones. Hay pulsiones que no controlamos y que nos dominan. 

ERASMO.- El asunto fue que no quise someterme a la locura de ningún grupo. Y aquí empezó mi tragedia. Busqué renovar la Iglesia católica de manera razonable, pero el destino me enfrentó, tanto con el inflexible Lutero, como con los dogmáticos papistas.

LINGUACUTA.- Alabo tu actitud: la razón merece llamarse así cuando es capaz de dudar de sí misma. 

ERASMO.- Y pocos estaban dispuestos a darle al adversario el beneficio de la duda: la razón se uniformó de “luterana” o “papista”. 

SOFROSINA.- Me han contado que nadie quería entenderse con nadie sino imponer violentamente su credo, marcar su doctrina a fuego. 

ERASMO.- No podía defender totalmente a la Iglesia católica romana, ya que había sido el primero en criticar sus abusos y exigir su renovación. Pero tampoco podía comprometerme completamente con los “evangélicos” porque muchos de ellos, lejos de encarnar su ideal de una paz en Cristo, se habían vuelto tan agresivos e intransigentes como sus adversarios católicos.

SOFROSINA.- Te encontraste entre el yunque y el martillo.

ERASMO.- Y terminé machacado por moderado. Como escribí entonces: “Todos se llenan la boca de estas cinco palabras: Evangelio, Verbo Divino, Fe, Cristo y Espíritu, pero veo a muchos de ellos comportándose como si estuvieran poseídos por el diablo”.

SOFROSINA.- En cada bando querían ser coherentes con sus principios.

LINGUACUTA.- La coherencia que no se deja cuestionar es también una forma de estar preso en las opiniones propias…y termina queriendo encerrar a los demás en esa prisión. 

SOFROSINA.- Por eso soy partidaria de una utopía de seres dubitativos, por una revolución del “quizás”, animada por una ética no del poder, sino de la potencia: hacer lo que se pueda sin perjudicarse a sí mismo ni a los demás.

FREUD.- Estás pensando con el deseo.

LINGUACUTA.- Es algo propio del ser humano, y se llama “Esperanza”.

SOFROSINA.- Erasmo, en resumidas cuentas ¿cuál era tu postura en materia religiosa?

ERASMO.- Nunca pontifiqué al modo de Lutero, Zwinglio o Calvino -o sea, rechazando cualquier oposición- sobre los cinco “solos” de la Reforma: solo Cristo, solo la Escritura, solo la Fe, solo la Gracia, solo a Dios la Gloria. 

LINGUACUTA.- Entonces ¿qué?

ERASMO.- Enseñé pacíficamente que el mantenimiento de las formas externas de devoción no constituye por sí solo la esencia de la religiosidad cristiana y que únicamente en su interior se decide la verdadera fe de alguien. 

SOFROSINA.- Me parece algo sensato.

ERASMO.- Más decisivo que la observancia de ritos y oraciones, ayunos, peregrinaciones, culto a los santos o asistencia a misa, es llevar en lo personal una vida acorde con el espíritu de Cristo: “La quintaesencia de nuestra religión es la paz y la concordia”, afirmé. 

LINGUACUTA.- Interesante. ¿Lo expusiste en alguno de tus escritos?

ERASMO.- En el Elogio de la locura hablé sobre los abusos cometidos en el seno de la Iglesia católica; en el Manual del caballero cristiano expuse el ideal de una religiosidad interiorizada; en Querela pacis (Queja de la paz) hice un elenco de duras quejas contra los causantes de las guerras y contra sus excusas, describiendo los males que aquellos enfrentamientos armados causaban en la Europa de mi tiempo. 

SOFROSINA.- Supe que como no quisiste tomar partido ni por los papistas ni por los evangélicos, te ganaste la ira de ambos: ese es el problema de los “centristas”. 

LINGUACUTA.- Los centristas saben que la duda es una forma de razón pues son conscientes de la atracción que sobre los humanos ejerce el Absoluto. 

SOFROSINA.-Y también son conscientes de que hay que ser cauteloso con las posiciones extremas: es muy difícil dejarlas pues han costado mucha obstinación. 

LINGUACUTA.- Suele suceder que cuando alguien no es un “incondicional”, los militantes de uno y otro bando lo tildan de cobarde y tibio…aunque sea un dubitativo clarividente. ¿Te pasó eso? 

ERASMO.- Era inevitable. Y mi supuesta tibieza y cobardía hizo que tuviera que afrontar en los últimos años de mi vida el acoso de católicos y protestantes. 

LINGUACUTA.- ¿Lo deploras? 

ERASMO.- Como canta por ahí Edith Piaf, “non, je ne regrette rien”. Me alegra no haberme dejado fanatizar. Como escribí en su momento: “No puedo sino odiar la discordia y amar la paz y el entendimiento mutuo, pues me he dado cuenta de cuán sórdidas son todas las circunstancias humanas. Sé que es mucho más fácil provocar el desorden que aplacarlo y, como no en todas las cosas me fío de mi propia razón, prefiero abstenerme de pronunciarme con contundencia sobre la forma de pensar de los demás”.

Llovieron en ese momento los aplausos y los tertulianos levantaron sus copas brindando por el triunfo de una razón comprensiva y moderada sobre las pasiones egoístas y ciegas. 

Esto es brindar con el deseo -dijo Freud en tono “allegro ma non troppo”-. Sofrosina añadió: “Pero siempre serán necesarios Erasmos que renueven la esperanza en un mundo con más concordia”. En menos que canta un gallo, Pandora volvió a llenar las copas de todos los presentes con su famoso licor “Dum spiro spero”.

Rodolfo Ramón De Roux

Febrero, 2025

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En cuanto los ideales son declarados superiores a los hombres, comienza la cacería.

Fernando Aramburu

El 7 de enero de 2025 se cumplieron diez años del atentado islamista contra “Charlie Hebdo”, semanario satírico francés que había publicado unas caricaturas del profeta Mahoma, lo que le valió que dos yihadistas de Al Quaeda entraran en sus oficinas y asesinaran a ocho miembros de su redacción al grito de “Allahu akbar” (Dios es más grande).

Damos por descontado que las libertades de conciencia y de opinión son logros definitivos. No nos engañemos. Nada está adquirido para siempre en la montaña rusa de la historia humana. Por eso hay que recordar periódicamente cuán larga y dolorosa ha sido la lucha por adquirir dichas libertades. En esa lucha estamos en deuda con personas casi desconocidas, como Sebastián Castellio (1515-1563), a quien Sofrosina invitó a su tertulia en compañía de Stefan Zweig, que le dedicó un vibrante homenaje en su libro “Castellio contra Calvino”.

SOFROSINA.- En defensa de la tolerancia religiosa muchos de ustedes recuerdan el Tratado teológico-político (1670) de Baruch Spinoza, la Carta sobre la tolerancia (1689) de John Locke o el Tratado sobre la tolerancia (1763) de Voltaire. Pero son escasos los que han oído mencionar el nombre de Sebastián Castellio, quien influyó en todos ellos con su Contra libellum Calvini (Contra el libelo de Calvino) texto en el que Sebastián defiende con inteligencia y coraje lo que actualmente se llama libertad de opinión y de conciencia. (Spinoza, Locke y Voltaire asienten con la cabeza mientras dirigen miradas respetuosas a Castellio)

CASTELLIO.- (Con una sonrisa triste) Defensa que me trajo sinsabores y amarguras sin cuento. 

ZWEIG.- (Con una mezcla de compasión y admiración) Tu modestia te impide mencionar que fuiste un respetado humanista. Hiciste una nueva traducción completa de la Biblia, primero al latín y luego al francés. 

SOFROSINA.- Tu traducción latina de la Biblia, publicada en 1551, te granjeó tal reputación como erudito que fuiste nombrado profesor de la Universidad de Basilea en agosto de 1553. Pero 1553 fue también el año de la ejecución de Miguel Servet.

CASTELLIO.- Ese crimen hizo que me enfrentara con el poderoso e intransigente Juan Calvino, uno de los pilares de la Reforma protestante, a la que yo había adherido.

ZWEIG.- Aquel enfrentamiento te condujo a morir de agotamiento, estrés, tristeza y privaciones a los 48 años, para indecente satisfacción de tus enemigos que te tachaban de “Satán”.

CASTELLIO.- Comparado con el poder que tenía Calvino, yo no era sino un mosquito contra un elefante. 

LINGUACUTA.- Perdonen mi ignorancia pero no estoy muy al tanto de esa historia y me parece que tampoco lo están muchos de los aquí presentes. 

ZWEIG.- Sucedió que, en Ginebra, Calvino logró que su doctrina se volviera ley. A los disidentes los esperaba la mazmorra, el destierro o la hoguera pues en esa “Nueva Jerusalén” sólo se toleraba una verdad y Calvino era su profeta. 

SOFROSINA.- He sabido que solo en los primeros cinco años bajo el dominio de Calvino, en  la relativamente pequeña ciudad de Ginebra fueron ahorcadas trece personas, diez decapitadas, treinta y cinco quemadas, además de setenta y seis a las que les fue arrebatada la hacienda, sin contar los muchos que escaparon a tiempo del terror ejercido para “glorificar a Dios”.

LINGUACUTA.- Quien cree en la validez indiscutible de sus ideas incurre no solo en la prédica tan pronto como abre la boca, sino también en la violencia cuando tiene el poder. 

SOFROSINA.- Es la certidumbre, no la duda, la que nos vuelve peligrosos si transformamos nuestras creencias en inflexible pasión misionera.

LINGUACUTA.- No entiendo cómo personas cultas -como es el caso de Calvino- pueden volverse tan implacablemente intransigentes.

SOFROSINA.- Querida, la sola lectura de un sinnúmero de libros no inmuniza contra la estupidez, la barbarie o la fanática intransigencia. En el mejor de los casos permite revestirlas de vocabulario. 

CASTELLIO.- La gota que desbordó mi copa fue cuando, a instancias de Calvino, el 27 de octubre de 1553 quemaron cruelmente a fuego lento en la plaza de Champel al español Miguel Servet por negar la Trinidad de Dios. 

ZWEIG.- A partir de ese momento, las críticas contra Calvino vinieron tanto desde dentro, como desde fuera del protestantismo. 

CASTELLIO.- Calvino se defendió escribiendo una  “Defensa de la fe verdadera sobre la sagrada Trinidad, contra los tremendos errores del español Miguel Servet” (Defensio orthodoxae fidei de sacra Trinitate, contra prodigiosos errores Michaelis Serueti Hispani)

ZWEIG.- En esa “Defensa” afirmaba que los herejes debían ser reprimidos por la espada puesdejar a cualquiera la libertad de decir lo que quisiera” sería hacerles un gran favor a los ateos y a los difamadores de Dios.  

CASTELLIO.- Le respondí en 1554 con mi Contra libellum Calvini acusándolo de haber asesinado a un hombre simplemente por interpretar la Biblia de modo independiente.

LINGUACUTA.-  ¿Acaso esa interpretación individual no era una de las premisas principales de la Reforma? 

CASTELLIO.- Precisamente. Por eso acusé a Calvino de aniquilar la libertad de conciencia en el seno de la Reforma.

SOFROSINA.- En otro tiempo, cuando Calvino era perseguido por los católicos, hablaba un idioma distinto. Recuerdo que en la primera edición de su famosa “Institución de la religión cristiana” dice que “es un delito matar a los herejes. Mandar eliminarlos a hierro y fuego significa negar todo principio de humanidad”. 

CASTELLIO.- Pero, en cuanto consiguió poder, Calvino quitó esa declaración de humanidad. En la segunda edición de la “Institución”, su anterior postura, clara y decidida, ya ha sido modificada. 

LINGUACUTA.- Con suficiente poder, los antiguos perseguidos suelen volverse bilingües: aprenden rápido la lengua del perseguidor. 

CASTELLIO.- Yo permanecí fiel al principio del “libre examen”. Y llamé asesinato y nada más que asesinato a todas esas piadosas carnicerías realizadas “a mayor gloria de Dios”. Lo afirmé y lo reafirmo: “Buscar y decir la verdad, tal y como se piensa, no puede ser nunca un delito. A nadie se le debe obligar a creer. La conciencia es libre”. 

ZWEIG.- No importa cuál sea la idea: todas y cada una de ellas, en el momento en que recurren al terror para aglutinar y reglamentar las convicciones ajenas, dejan de ser idealismo para convertirse en bestialismo. 

SOFROSINA.- Sé que en 1554 publicaste, con el seudónimo de Martinus Bellius, un libro titulado De haereticis an sint persequendi, es decir, “Si los herejes deben ser perseguidos”, y allí atacaste frontalmente la tesis según la cual los herejes deben ser ejecutados.

CASTELLIO.- Hice unas simples pero cruciales preguntas: ¿Qué es un hereje? ¿Cuál es el «verdadero» cristianismo entre todas sus diversas interpretaciones? ¿Cuál es el comentario “correcto” de la palabra de Dios? ¿La exégesis católica?, ¿La arriana?, ¿La bizantina?, ¿La luterana?, ¿La calvinista? 

LINGUACUTA.- ¿Qué respondes?

CASTELLIO.- Que, sencillamente, llamamos herejes a los que no están de acuerdo con nuestra opinión. Un calvinista es un hereje para un católico. E igualmente, un anabaptista para un calvinista.

ZWEIG.-  El mismo hombre que en Francia es considerado ortodoxo, en Ginebra es un hereje. Y viceversa. El que en un país es quemado como un criminal, en el país vecino es un mártir. 

CASTELLIO.- O sea que “herejía” no es término absoluto, sino relativo. Por eso escribí, para ira de todos los dogmáticos: “Mientras que, en una ciudad o región pasas por ser un verdadero creyente, en la siguiente eres considerado por lo mismo un hereje, de modo que si uno quiere vivir hoy día sin ser molestado, debería tener tantas convicciones y religiones como ciudades y países hay en el mundo”.

SOFROSINA.- ¡Ay, Sebastián!, desafortunadamente los que viven encerrados en sus propias certezas tienen la manía del todo o nada, del blanco o negro incapaz de ir a buscar la parte de verdad que pueden tener los adversarios.

CASTELLIO.- Y deberían ser capaces de tener esa apertura de mente y corazón pues “las verdades de la religión cristiana son por naturaleza misteriosas, y desde hace más de mil años -ahora son más de dos mil- constituyen la materia de una inagotable controversia, en la que la sangre no dejará de correr hasta que el amor no ilumine los espíritus y tenga la última palabra”. 

SOFROSINA.- Conocemos solo las sombras de lo que creemos conocer. 

LINGUACUTA.- Pero nos atrae la certeza que proporciona la renuncia a seguir pensando. 

SOFROSINA.- También nos atrae el querer imponer a como dé lugar nuestras certezas, lo que siempre acaba mal.

CASTELLIO.- Obligar a alguien a adherirse a una creencia que interiormente no profesa, además de inmoral es insensato, pues solo produce creyentes en apariencia. 

LINGUACUTA. Esa imposición es la praxis de la tontería.

SOFROSINA.- Sebastián, tus palabras parecen hoy banales evidencias, pero fue un inmenso avance moral expresar abiertamente en tu época que perseguir violentamente a los “herejes” era absurdo y asesino.

CASTELLIO.-  Sudor y lágrimas me costaron esas “banales evidencias”. Calvino usó de todo su poder para enmudecerme: sus secuaces me difamaron; mis escritos se prohibieron y quemaron; mis cartas fueron interceptadas y mis palabras espiadas. Tan sólo una muerte prematura me libró de ser condenado a muerte. 

LINGUACUTA.- Pagaste el precio de la libertad: ella no florece sino regándola con lágrimas. 

ZWEIG.- Y con lágrimas de reconocimiento repito, Sebastián, estas palabras tuyas todavía vigentes y necesarias, aunque hayan pasado -por ahora- los tiempos en que algunos cristianos no temían alumbrar el fuego para los herejes: “Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet no defendieron ninguna doctrina, sacrificaron a un hombre”. 

El irreverente Georges Brassens agarró su inseparable guitarra y con voz cascada pero acariciadora entonó su célebre canción “Mourir pour des idées”. Así la concluyó:

O vous, les boutefeux, ô vous les bons apôtres
Mourez donc les premiers, nous vous cédons le pas
Mais de grâce, morbleu! laissez vivre les autres!
La vie est à peu près leur seul luxe ici bas
Car, enfin, la Camarde est assez vigilante
Elle n'a pas besoin qu'on lui tienne la faux
Plus de danse macabre autour des échafauds!
Mourrons pour des idées, d'accord, mais de mort lente
D'accord, mais de mort lente.

[1]

Un grupo de tertulianos comenzó a corear: ¡Castellio! ¡Castellio! 

Linguacuta abrazó efusivamente a Sebastián y estampó un sonoro beso en la mejilla ruborizada de Brassens.

Muy pronto el entusiasmo contagió a todos los presentes y la tertulia terminó festivamente.

Rodolfo Ramón De Roux

Enero, 2025


[1]   

        Oh vosotros, los agitadores, oh vosotros los buenos apóstoles
morid, pues, los primeros, os cedemos el sitio.
Pero por favor, ¡Joder! ¡Dejad vivir a los demás!
La vida es casi el único lujo aquí abajo,
pues, finalmente, la Muerte está siempre vigilante
y no es necesario ayudarle con la guadaña.
¡Basta de danzas macabras alrededor de los patíbulos!
Muramos por las ideas, de acuerdo, pero de muerte lenta,
de acuerdo, pero de muerte lenta.

 

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Alguien puso en la tertulia de Sofrosina el tema de Dios. Fue como echarle piedras a un avispero. Federico Nietzsche, visiblemente agitado, vociferaba: “Dios ha muerto”. Linguacuta, imprudente como siempre, le dijo: “No te agites, Federico, el muerto eres tú”.

SOFROSINA.- (Intentando darle altura a la conversación) Me parece que cuando hablamos de Dios todo depende de lo que queramos decir con esa palabra, pues no hay que confundir el concepto con la cosa ni la representación de una cosa con la cosa representada.

LINGUACUTA.- En eso estoy de acuerdo: el nombre no es la cosa; el mapa no es el país. “Esto no es una pipa” (mostrando el cuadro de Magritte que representa una pipa).

PAUL WATZLAWICK.- Sin embargo, pocos son conscientes de que el significante no es lo significado y caen en el mismo error del esquizofrénico que se come la carta de los menús en vez de los platos anotados en ella, se queja luego del mal sabor de boca, y termina por suponer que se le quiere envenenar.

JERZY LEC.- No creo que Dios haya muerto, pero parece que desaparece. ¿No les parece? 

LINGUACUTA.- Dios no desaparece. Le cambian de nombre y de religión. 

MIRCEA ELIADE.- Basta verlo en mi Historia de las religiones. La historia humana es un cementerio de dioses y una cuna de nuevos dioses. 

SIGMUND FREUD.- Asombrosa es la capacidad del Sapiens para escapar de una ilusión y caer en otra. 

SOFROSINA.- Obviamente, todo creyente es un ateo: niega la existencia de los dioses ajenos…y son miles.

LINGUACUTA.- Vaya uno a saber quién o qué “es” Dios.

RUDOLF OTTO.- “Dios es lo absolutamente otro”, por eso es inefable. Lo expliqué en mi libro Lo santo: sobre lo racional y lo irracional en la idea de Dios.

SOFROSINA.- Dios trasciende todo lo que llamamos “Dios”.

ANSELMO DE CANTERBURY.- (Enseñando su Proslogion) Llueves sobre mojado, Sofrosina. Me hice célebre con mi argumento ontológico en el que afirmo que Dios es aquello de lo que no se puede pensar algo más grande: Deus est id quo maius cogitari nequit.

LINGUACUTA.- Si ni siquiera podemos pensarlo, ni pensar en poderlo decir. 

LUDWIG WITTGESTEIN.- “De lo que no se puede hablar, hay que callar”, es la séptima sentencia de mi Tractatus logico-philosophicus:

SOFROSINA.- En resumidas cuentas, no hay que ser verborreicos de lo inefable.

LINGUACUTA.- Antes de que logremos eso, nos sudarán las uñas: del Dios inefable hablan con mucho detalle un número apreciable de iluminados desde hace siglos.

SOFROSINA.- Y al final cada quien termina por encontrar el dios que le conviene.

NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA: Lo importante no es creer en Dios, sino que Dios exista.

LINGUACUTA.- Pero son peligrosos los que creen que tienen que defender la existencia de su dios, cueste lo que cueste.

SOFROSINA.- Por eso “Dios” está presente en innumerables campos de batalla.

LINGUACUTA.- Las ideologías y las religiones que se consideran universales no desdeñan -por esa misma razón- recurrir a la fuerza, física o moral, para imponer sus creencias “salvíficas”.

SOFROSINA.- Dios, a quien hemos antropomorfizado haciendo de él la suma de todas las virtudes que no poseemos, ha terminado convirtiéndose en coartada para todos los crímenes que sí cometemos. 

LINGUACUTA.- Ese es el problema de transformar las convicciones en ideologías: gafas para ver en blanco y negro los colores del mundo. 

KARL MARX.- ¿Qué entiendes por ideología?

LINGUACUTA.- Lo que piensa por mí.

SOFROSINA.- Toda convicción es un proyecto de realidad: cuando es exclusivo y excluyente se convierte en ideología, y mortal. Tu bien lo sabes, Karl; por eso no hay que hacer con las convicciones un matrimonio indisoluble.

KARL MARX.- (Acariciándose la barba) Dudas con mucha convicción.

SOFROSINA.- Aunque mis convicciones no son verdades absolutas, sé que son limitadas, rebatibles y perfectibles.

SEXTO EMPÍRICO.- La duda es la certidumbre del escéptico.

SOFROSINA.- Soy una escéptica sensible a la dimensión sagrada de la Vida, al misterio insondable de lo que llamamos Dios, Anima Mundi, Naturaleza, Tao, Providencia, Fatum…

TOMÁS  DE TORQUEMADA.- Eres simplemente una impía.

EPICURO.- Impío no es el que niega los dioses de la muchedumbre sino el que adhiere a la idea que la muchedumbre tiene de los dioses.

TOMÁS DE TORQUEMADA.- Finalmente ¿qué? ¿Eres cristiana, budista, panteísta, atea? ¡Confiesa!

SOFROSINA.- ¿Para qué, si ya me calificaste como impía? Por mi parte, prefiero renunciar a las etiquetas que identifican a alguien con lo que dice ser y dispensan de reconocerlo en lo que hace. 

Habiendo dicho aquello Sofrosina, un imperturbable Borges que esbozaba enigmática sonrisa declamó:

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.

¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza

 de polvo y tiempo y sueño y agonía? 

Cual si estuvieran en unos juegos florales, Omar Jayam le respondió:

Ya no más te atormente lo humano y lo divino,

da a los vientos alígeros tu dubitar sin tino,

odia el mañana incierto y juega con los bucles

de la dulce Copera que te ministra el vino.

Pasemos a otro tema, propuso diplomáticamente Sofrosina mientras Safo le ofrecía a Nietzsche una copa rebosante de Nepente para calmar sus nervios, con olvido. 

Rodolfo Ramón de Roux

Enero, 2025

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Un sonriente Paul Watzlawick apareció en la tertulia de Sofrosina y tuvo pronto a su alrededor un grupo de contertulios ávidos de intercambiar opiniones con el agudo autor de The Situation Is Hopeless but Not Serious: The Pursuit of Unhappiness conocida en castellano como El arte de amargarse la vida, libro donde afirma que una vida amargada la puede tener cualquiera, pero que amargarse la vida a propósito es un arte que se aprende. Para ello, Watzlawick, basándose en una experiencia clínica de decenas de años, presenta una introducción metódica a los mecanismos más útiles y seguros para amargarse la vida. Nuestro contertulio deja claro que sus explicaciones no han de considerarse exhaustivas, sino de iniciación, para facilitar a sus lectores más dotados el desarrollo de su propio estilo. 

El dulce diálogo sobre tan amargo tema comenzó de la siguiente manera:

SOFROSINA.- Paul, cuéntanos la historia del martillo. 

PAUL WATZLAWICK.- Se trata de un hombre que quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así, pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda [modulando sutilmente su tono de voz]: ¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada; algo se le habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la daría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede negarse a hacer un favor tan sencillo? Tipos como éste le amargan a uno la vida. Y además se imagina que dependo de él sólo porque tiene un martillo. [Imitando el gesto de pegar con el puño derecho en la palma de la mano izquierda] ¡Esto ya es el colmo! Muy enojado, nuestro hombre va a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes de que el vecino tenga tiempo de decir “buenos días”, nuestro hombre le grita furioso: “¡Quédese con su martillo, gran pendejo!”

BERNARD DE FONTENELLE.-  Tenemos una habilidad infinita para crearnos males imaginarios, y cuando los hemos fabricado, es muy difícil deshacernos de ellos. Incluso a menudo parece que amamos nuestra desdichada obra y que nos complacemos en ella.

SOFROSINA.- ¿Quién no tiene su melodía doliente?

LINGUACUTA.- Algunos logran convertirla en sinfonía perpetua. 

ÉMILE COUÉ.- Fundé una escuela de autosugestión que consiste en que uno se meta en la cabeza que se siente mejor y siempre mejor. Pero, con algún talento, se puede invertir la autosugestión y poner su técnica al servicio de la desdicha para amargarse la vida a conciencia. 

LINGUACUTA.- No te falta razón, hay quienes están dotados para llenar con desdichas el cuerno de la abundancia.

SOFROSINA.-  Y son capaces de quejarse del ruido cuando la buena suerte golpea a su puerta.

LINGUACUTA.- Ciertas personas no se contentan con cargar su cruz, sino que hasta escogen el madero para fabricarla y el martillo para clavarse en ella.

SOFROSINA.- El problema es que los dotados en el arte de amargarse la vida también suelen amargársela a los demás, y a veces logran convertirla en un infierno.

ITALO CALVINO.- Por eso cuando estaba en la Tierra escribí en mi libro Ciudades invisibles: “El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio”.

SOFROSINA.- La experiencia me hizo consciente de que hay que saber tratar con mucho inconsciente.

FERNANDO PESSOA.- La consciencia de la inconsciencia es el más antiguo impuesto que paga la inteligencia.

PAUL WATZLAWICK.- Para tener consciencia serena de la inconsciencia ajena tengamos presente que cada quien construye su propia realidad.

SOFROSINA.- Regálanos alguno de tus sabrosos ejemplos.

PAUL WATZLAWICK.- Una solterona vive a la orilla de un río y se queja a la policía de que unos jóvenes se bañan desnudos delante de su casa. El inspector manda a un subalterno que diga a los muchachos que no se bañen delante de la casa, sino río arriba, donde no hay casas. Al cabo de unos días, la dama llama de nuevo por teléfono: los jóvenes nadan al alcance de su vista. El policía los manda más arriba. Días después, la señora, indignada, acude otra vez al inspector: “Desde la ventana del desván todavía puedo verlos con unos prismáticos”. Uno puede preguntarse: ¿qué hará la dama, cuando ya no pueda ver a los chicos desde su casa? Tal vez irá de paseo río arriba a buscarlos, o le baste la convicción de que en alguna parte, alguien se está bañando desnudo. Lo cierto es que seguirá dándole vueltas a la idea. Lo importante de una idea fija es la capacidad de crear su propia realidad. 

SOFROSINA.- Realidad en la que uno queda encerrado y tiende a encerrar a los demás, como le  sucedió al hombre que creía ser un grano de maíz.

LINGUACUTA.- ¿Qué historia es esa?

SOFROSINA.- Un hombre cree ser un grano de maíz y lo llevan a un hospital siquiátrico. Después de un largo tratamiento logran convencerlo de que no es un grano de maíz. El día en el que le permiten salir del hospital, regresa a él de inmediato, temblando y muy asustado: en la calle hay una gallina, y le da miedo que se lo coma. “Pero querido amigo”, le dice su médico, “usted sabe perfectamente que no es un grano de maíz, sino un hombre”. “Claro que lo sé”, contesta el paciente, “pero ¿lo sabe la gallina?”.

EPICTETO (Echándole una mirada divertida a Linguacuta, quien se atoró de la risa).- Ya lo dije hace casi dos mil años: No son las cosas las que nos inquietan, sino las ideas que nos hacemos sobre las cosas.

LINGUACUTA (secándose teatralmente los ojos).- A ese propósito oigan esta otra historia: Estaba un anciano sentado a la entrada de un pueblo, cuando llegó un forastero y le preguntó: “¿Cómo son los que viven aquí?”. El anciano le respondió con una pregunta: “¿Cómo era la gente en el sitio del que vienes?”. “Egoístas y malvados. Por eso me he ido de allí”, dijo el forastero. El anciano replicó: “Aquí vas a encontrar a los mismos”. Poco después llegó otro forastero y le preguntó al anciano: “Acabo de llegar a este pueblo, dime, ¿cómo son las personas que viven aquí?”. El anciano respondió: “¿Cómo era la gente en el sitio del que vienes?”. El forastero le dijo: “Eran buenos y acogedores. Allí tenía muchos amigos y me ha costado tener que dejarlos”. “Aquí encontrarás a los mismos”, respondió el anciano. Tan pronto quedó solo el anciano se le acercó un joven que había oído ambas conversaciones y le dijo: “¿Cómo puede dar dos respuestas completamente distintas a la misma pregunta?”. “Porque cada quien lleva su universo en su corazón”, le respondió el anciano.

PAUL WATZLAWICK.- Las puertas de acceso a la vida desdichada tienen indicaciones valiosas.

LINGUACUTA.- Paul, llena ya el vacío de mi confusión y reduce a la claridad el caos de mis temores.

PAUL WATZLAWICK.- Para no hacer largo el cuento únicamente doy tres indicaciones. Primera: “Convéncete de que la única opinión correcta es la tuya”. Cuando se llega a esa convicción, enseguida se comprueba que el mundo va de mal en peor. Además, por permanecer fiel a sus inquebrantables opiniones, el candidato a la desdicha fortalecerá su espíritu de contradicción sistemática, lo cual le proporcionará abundantes amarguras. 

LINGUACUTA.- ¿Cuál es la segunda indicación?

PAUL WATZLAWICK.- “Sublima el pasado”. Con alguna habilidad, hasta el principiante puede ver el pasado a través de un filtro que solo deje pasar con luz transfigurada lo bueno y bello. El aspirante más dotado a la vida amarga no tendrá dificultad en ver su juventud como una edad dorada perdida para siempre y la convertirá en fuente inagotable de amarguras. Pero lo máximo, que naturalmente es cosa de genios, consiste en responsabilizar al pasado incluso del bien, y sacar de ahí un capital a cuenta de la desdicha actual. Un ejemplo insuperable de esta variante es la sentencia, que ha pasado a la historia, de un marinero veneciano tras la marcha de los Habsburgos de Venecia: “¡Malditos austríacos que nos han enseñado a comer tres veces al día!”.

LINGUACUTA.- Me intriga saber la tercera indicación para amargarnos.

PAUL WATZLAWICK.-  “Atrae lo que pretendes evitar”.

SOFROSINA.- ¿Cómo lograrlo?

PAUL WATZLAWICK.- Espera, teme o convéncete de que las cosas evolucionarán en un sentido y no en otro. 

SOFROSINA.- Así se facilitará el “autocumplimiento de la profecía”, es decir, la predicción que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad.

PAUL WATZLAWICK.- Bien visto, Sofro. Las profecías autocumplidas no solo ocupan un lugar de preferencia en el repertorio del aspirante a amargarse la vida, sino también en ámbitos sociales de más envergadura.

LINGUACUTA.- ¿Por ejemplo?

PAUL WATZLAWICK.- Cuanto más se siente un país amenazado por el país vecino, más aumenta su potencial bélico, y el país vecino, a su vez, considerará necesario armarse más. El estallido de la guerra termina por hacerse realidad más pronto de lo que se temía.

SOFROSINA.- Si un número suficiente de personas cree que una mercancía va a escasear o a aumentar de precio, se producirán compras de acaparamiento y la mercancía escaseará o aumentará de precio. 

PAUL WATZLAWICK.- Es claro como el agua: la profecía de un suceso contribuye al suceso de la profecía. De este modo se puede llegar exactamente a donde no se quería llegar.

LINGUACUTA.- Yo tengo tres indicaciones más para transitar por el camino de la amargura.

PAUL WATZLAWICK.- Te escuchamos, belleza.

LINGUACUTA.- Promete cuando estés eufórico. Decide cuando estés deprimido. Responde cuando estés furioso.

PAUL WATZLAWICK.- Nada mal, nada mal: tienes sal en tu mollera.

SOFROSINA.- Paul, terminemos con una nota positiva. Danos un consejo para evitar amarguras.

PAUL WATZLAWICK.- Dense una palmadita en la mejilla de vez en cuando durante el día. 

SOFROSINA.- ¿Eso sirve? 

PAUL WATZLAWICK.- Lo utilizo para espantar tigres, que me angustian.

SOFROSINA.- ¿Tigres? Pero si aquí no hay. 

PAUL WATZLAWICK.-  ¿Te das cuenta?

Rodolfo Ramón de Roux

Diciembre, 2024

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Con los buenos consejos de las experimentadas e inteligentes Madame de Sevigné y Johanna Schopenhauer, Sofrosina ha abierto un salón filosófico-literario en el que, lo más granado de Ultratumba comienza a darse cita. El día de su inauguración, mientras bebía una copa de champaña con la viuda Clicquot, Platón explicó de manera inspirada que “la belleza es el esplendor de la verdad”.

 LINGUACUTA.- La verdad es que el esplendor de la belleza ayuda a encontrar empleo. 

PLATON (disgustado).- ¡Cómo te gusta bajarle el tono a la conversación!

KARL MARX (rascándose su abundante barba).- Sin embargo, no le falta razón a la joven: numerosos estudios recientes que he tenido la oportunidad de leer señalan que la belleza física es un capital que juega un papel importante en cuestiones de empleo.

SOFROSINA.- Por eso el reconocido economista Daniel S. Hamermesh acuñó los conceptos “prima de belleza” y “penalización por fealdad”.

LINGUACUTA.- Cualquier sorora que busca novio o empleo experimenta que la belleza física es fuente de privilegios cuando se la posee, y de discriminación cuando se carece de ella.

SOFROSINA.- Inclusive en algunas profesiones la belleza se considera un activo clave; piensen en las azafatas, las recepcionistas, las presentadoras de televisión, las modelos, las artistas de cine… hasta las mujeres metidas en política están sometidas a la tiranía de la belleza, en un mundo que se mueve cada vez más por imágenes y apariencias. 

LINGUACUTA.- Cualquiera sabe que en materia de empleo la belleza es más eficaz que una buena carta de recomendación. 

MARX.- Confieso que apenas en fechas relativamente recientes se ha empezado a analizar seriamente la injusticia que constituye esa “prima de belleza”, en sociedades supuestamente democráticas y meritocráticas.

SOFROSINA.- Y después dicen que la suerte de la fea la bonita la desea.

LINGUACUTA.- La suerte es loca y a cualquiera le toca, pero es mejor ser saludable y bella que  enfermiza y fea.

SERGE GAINSBOURG.- Olvidas que la fealdad es superior a la belleza porque no desaparece con el tiempo.

FRANCESCO PETRARCA.- ¡Qué cínico eres!, aunque aciertas en cuanto a lo efímera que es la belleza: Cosa bella mortal passa, e non dura.

LUIS CERNUDA.- Todo lo que es hermoso tiene su instante, y pasa. 

GEORGE SAND.- Así es, Luis: la belleza exterior no es más que el encanto de un instante.  

JOSÉ ORTEGA Y GASSET.-Y la belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora. 

SOFROSINA.- Porque la belleza sin gracia es un manjar insípido que pronto cansa.

ESOPO.- No solo las plumas bonitas hacen bello a un pájaro. 

SUSAN SONTAG.- No está mal ser bella; lo que está mal es la obligación de serlo. 

SOFROSINA.- Y de serlo según cánones de belleza bastante variables: unas veces quieren que seamos pulposas como Marylin Monroe o Sofía Loren, y otras que seamos flacuchentas como Twiggy o Kate Moss.

HELENA RUBINSTEIN.- Deja de lamentarte. La prima de belleza hay que merecerla: “No hay mujeres feas, solo perezosas”.

LINGUACUTA.- Increíble oír semejante cosa en boca de una sorora. En verdad, no hay peor cuña que la del mismo palo. Eso lo afirmas porque hiciste de la belleza un lucrativo negocio.

SOFROSINA.- Helena, con ese tipo de afirmaciones consolidas la tiranía de la belleza: mira cuántos miles de mujeres se agotan haciendo aeróbicos no tanto por mejorar su salud sino su silueta.

LINGUACUTA.- Los aeróbicos también le mejoraron sustancialmente la cuenta bancaria a Jane Fonda. 

IVO PITANGUY.- ¡Y a mí! Le doy gracias a la tiranía de la belleza porque me hizo millonario subiendo y agrandando nalgas, aumentando y levantando senos.

YVONNE PRINTEMPS.- Lo que debes agradecer es que las mujeres prefieren ser bellas antes que inteligentes porque, entre los hombres, hay más idiotas que ciegos. Te lo digo yo que fui cantante y actriz de vodevil. A ese propósito, la pobre Marylin Monroe me contaba que…

LINGUACUTA (interrumpiendo a la actriz con un gesto de impaciencia).– No nos echemos cuentos: muchas sororas están sometidas a la tiranía de la belleza porque para mucho macho pesa más un gramo de apariencia que un kilo de realidad.

SOFROSINA.- De todas maneras les aconsejaría a mis sororas que no abusen de la tercera mano.

SUSAN SONTAG (con una sonrisa burlona).– ¿Cuál tercera mano? Solo tenemos la derecha y la izquierda.

SOFROSINA.- Y la mano de maquillaje. Si se abusa de ella puede suceder lo que le pasó a un conocido mío: a medida que, en una primera noche apasionada, su novia se quitaba maquillajes y sostenes varios de su engañosa belleza, se fue esfumando el objeto del deseo.

LINGUACUTA.- Ya va siendo hora de refrenar nuestra tendencia a creer que lo que es bello es también bueno o auténtico, y buscar el valor de una persona más allá de su apariencia.

UMBERTO ECO.- En mi Historia de la fealdad puse de relieve cómo el arte clásico occidental asocia lo feo con el sufrimiento, los monstruos, los demonios, las brujas, la obscenidad, lo sórdido.

SOFROSINA.- Por el contrario -basta verlo hoy en día en los medios de comunicación, las películas y los anuncios publicitarios- las personas bellas se presentan sistemáticamente en entornos prestigiosos: una casa magnífica, coches bonitos, un grupo de amigos sonrientes. En cambio, los malvados y los pobres suelen representarse muy alejados de los cánones de belleza.

LINGUACUTA.- Hasta en el lenguaje corriente una “bella persona” designa a alguien dotado de grandes cualidades morales. Tenemos que luchar contra esa “penalización por fealdad”. 

ALBERT EINSTEIN (más despelucado que nunca).– Amplio programa: es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.

SOCRATES (contemplando una estatuilla de Sileno que François Rabelais le regaló al comienzo de la tertulia).– Así es, Albert, razón de más para seguir insistiendo en que la belleza de nuestros cuerpos no indica nuestra valía intelectual, moral o profesional. Se los digo yo que soy feísimo.

STEPHEN HAWKING (riéndose).– El universo no permite la perfección. Esa es la condición de nuestra existencia. Luego si lo queremos llamar belleza…

SOFROSINA.- Qué complicada es la vida. Pero, para simplificar, estoy a favor de la complejidad.

En ese momento empezaron a repartir un piscolabis. Ya era hora de darle reposo a las neuronas.

Rodolfo Ramón de Roux

Diciembre, 2024

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Ante los problemas del presente llegan desde la Tierra los ecos de mucho “adulto mayor” que se lamenta diciendo: “Era mejor antes”. 

JORGE MANRIQUE.- ¡No puede ser!  Hace más de cinco siglos escribí: “Recuerde el alma dormida, / avive el seso y despierte / contemplando / cómo se pasa la vida, / cómo se viene la muerte / tan callando, / cuán presto se va el placer, / cómo, después de acordado, / da dolor; / cómo, a nuestro parecer, / cualquiera tiempo pasado / fue mejor”. 

FRANCESCO PETRARCA.- Jorge, dudo que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Un siglo antes de ti le escribí en 1361 al prior de la iglesia de los Santos Apóstoles en Florencia quejándome de que “en nuestro tiempo confluyen las vilezas; todo es una cloaca de graves males”.[1]

GIOVANNI BOCCACCIO.- Por aquellos mismos años, en el contexto de la peste negra que en 1348 acabó con el cuarenta por ciento de los florentinos, escribí en mi Decamerón,: “Hoy en día, la persona que habla o actúa de la manera más abominable es la más bienvenida, la más apreciada y la más recompensada por estos señores sórdidos y sin modales: esta es la vergüenza y el oprobio de nuestros tiempos, pero también la prueba evidente de que las virtudes que han huido de este mundo han abandonado a los miserables que viven en el fango de los vicios”. ¿Cómo así, pues, que cualquier tiempo pasado fue mejor?

PETRONIO.- Tienes razón en hacer la pregunta. Hace dos milenios exclamaba en mi Satiricón: “¡Ay! ay, cada día es peor… Ya nadie cree que el cielo sea el cielo, nadie observa el ayuno, nadie le presta atención a Júpiter, todo el mundo se pone anteojeras y cuenta sus centavos”.

JUVENAL.- En ese entonces, Petronio, dije en mis Sátiras: “Vivimos ahora en una época peor que la Edad de Hierro, tan criminal que la propia naturaleza no ha sido capaz de encontrar un nombre para ella ni un metal para describirla”.

LINGUACUTA.- Si todo tiempo pasado hubiera sido mejor no se entiende porqué se llevan siglos de cristianismo pidiéndole a Dios en las Letanías: “De soberbia, vanagloria e hipocresía; de envidia, odio y mala voluntad, y de toda falta de caridad, Líbranos, Señor. De rayos y tempestades; de incendios, terremotos e inundaciones; de la plaga, peste y hambre; de guerra y asesinato, y de muerte repentina, Líbranos, Señor”.

COHÉLET.- Sin embargo, el “todo tiempo pasado fue mejor” tiene la piel dura. Ya en el siglo III antes de la llamada “era cristiana” tuve que advertir en el Libro de los libros: “No digas: ¿Cómo es que el tiempo pasado fue mejor que el presente? Pues no es de sabios preguntar sobre ello”. (Eclesiastés, 7, 10)

LINGUACUTA.- No es de sabios pero sí de viejos, que es cuando se empieza a vivir de recuerdos y a añorar un pasado idealizado.

SOFROSINA.-  En la vejez se pasa de protagonista a espectador: debería ser un descanso, pero a muchos los deprime el espectáculo y terminan exclamando: “Era mejor antes”.

LINGUACUTA.- Sospecho que esos supuestos pasados luminosos son el cómodo conjuro de  las tinieblas presentes.

SOFROSINA.- Por eso hay que abrir con cautela el baúl de los recuerdos: está repleto de nostalgia. Y la nostalgia -esa tristeza que rezuman las reliquias de nuestros paraísos perdidos- embellece un pasado que no pasa.

LINGUACUTA.- No pasa pero fluye, por eso el pasado llega modificado a nuestro presente, y en el presente fugaz sigue fluyendo: ¿acaso nos bañamos dos veces en el mismo recuerdo? 

SOFROSINA.- Gabo, en El amor en los tiempos del cólera odoltienes una buena historia sobre las trampas de la nostalgia.

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ.- Le pasó al doctor Juvenal Urbino. En París, paseando del brazo de una novia casual en un otoño tardío, le parecía imposible concebir una dicha más pura que la de aquellas tardes doradas, con el olor montuno de las castañas en los braseros, los acordeones lánguidos, los enamorados insaciables que no acababan de besarse nunca en las terrazas abiertas, y sin embargo, él se había dicho con la mano en el corazón que no estaba dispuesto a cambiar por todo eso un solo instante de su Caribe en Abril. Era todavía demasiado joven para saber que la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y que gracias a ese artificio logramos sobrellevar el pasado. Pero cuando volvió a ver desde la baranda del barco el promontorio blanco del barrio colonial, los gallinazos inmóviles sobre los tejados, las ropas de pobres tendidas a secar en los balcones, sólo entonces comprendió hasta qué punto había sido una víctima fácil de las trampas caritativas de la nostalgia.

ERNESTO SÁBATO.- La frase “Todo tiempo pasado fue mejor” no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que -felizmente- la gente las echa en el olvido.

HAROLD PINTER.- No olvidemos que el pasado es lo que recuerdas, lo que imaginas recordar, lo que te convences en recordar, o lo que pretendes recordar.

LINGUACUTA.- Muchos ángulos ciegos tiene la añoranza. Como anda cantando Joaquín Sabina: “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás existió”.

SOFROSINA.- Y nunca han existido épocas felices, solo momentos felices. 

LINGUACUTA.- En sana lógica, si todo tiempo pasado fue mejor, ninguno lo ha sido.

SOFROSINA.- Si todo en el pasado no fue lo mejor, todo en el presente no es lo peor.

LINGUACUTA.- A disfrutar, pues, los momentos felices del presente, incluidos los que nos dan nuestros más gratos recuerdos.

CARL JUNG.- A quien añore un mundo mejor, más fraternal, más justo, le digo simplemente: comienza a hacerlo. ¿Quién te lo impide? Hazlo en ti y alrededor de ti, hazlo con quienes lo quieren, hazlo en pequeño y el crecerá.

SOFROSINA.- Bien dicho. Nunca es tarde si la dicha es buena.

Rodolfo Ramón de Roux

Noviembre de 2022


[1]   In nostrum turpia tempus confluxisse vides; gravium sentina malorum nos habet.

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Observando el auge de la exposición mediática favorecida por las “redes sociales virtuales” un grupito de ultratúmbicos entabló esta conversación sin pretensiones.

SOFROSINA.- ¿Has visto cómo los adictos a las redes sociales andan obsesionados con tener cada vez más followers?

LINGUACUTA.- El ego necesita alimentarse.

SOFROSINA.- Pero si lo hace en exceso termina por ocupar a toda la persona.

DE LA FONTAINE.- Que acaba reventando, como la rana que se hinchó demasiado queriendo ser buey.

SOFROSINA.- También el envidiado corre peligro si se muestra, o si lo muestran demasiado.

LINGUACUTA.- Es comprensible, no todo el mundo tiene el coraje necesario para soportar la felicidad ajena. 

SOFROSINA.- ¡Qué vaina! Se está más dispuesto a compadecer las desdichas del prójimo que a alegrarse de sus éxitos.

FRANZ KAFKA.- El camino que lleva al prójimo es demasiado largo para mí. 

FRAY LUIS DE LEON. – Desde que la envidia y la mentira me tuvieron encarcelado, aprendí que lo mejor es no ser ni envidiado ni envidioso.

FELIX M. SAMANIEGO.- Solo en versos se encuentran los dichosos/que viven ni envidiados ni envidiosos./¿Pues a qué estado el hombre llama bueno?/Al propio nunca; pero sí al ajeno.

SOFROSINA.- Por otra parte, fray Luis, no muchos comparten tu “dichoso el humilde estado del sabio que se retira de aqueste mundo malvado”.

LINGUACUTA.- Por el contrario, cada vez hay más personas que parecen vitrinas: les encanta exhibirse. ¡Qué tal el éxito de Facebook! Nunca había visto moviéndose tan excitado al ciempiés del ego. 

SOFROSINA.-  Ni había visto tan reducida la especie de los discretos, esos que son más de lo que muestran y hablan menos de lo que saben.

ANDRÉ MAUROIS.- Nunca ha sido abundante la cosecha de quienes solamente dicen lo que haga falta, a quien haga falta y cuando haga falta. 

SOFROSINA.- O sea, los que saben lo que no hay que decir de lo que saben. 

LINGUACUTA.- A eso lo llaman en mi tierra “hacerse la gringa”. Pero es más fácil sacarse mocos con un guante de boxeo que frenar la lengua, hacerse la desentendida y administrar el silencio.

DE LA BRUYÈRE. – Desafortunadamente muchos no tienen bastante ingenio para hablar bien ni bastante juicio para callarse. 

LINGUACUTA.- Ya me lo han dicho: trágate las palabras ociosas antes de que levanten vendavales que el tiempo vuelve tormentas.

DIÓGENES DE SINOPE.- ¡Dejen de ser tan biempensantes! A veces hay que decir las cosas abiertamente y de manera provocadora para sacudir a hipócritas y conformistas.

LINGUACUTA.- Tienes razón, desde tu punto de vista.

DIÓGENES DE SINOPE.- No solo desde mi punto de vista.

LINGUACUTA.- Será como tú dices.

SOFROSINA.- Añado que los discretos tienen la sensatez de saber pasar desapercibidos cuando conviene.

LEON GAMBETTA.- Lo cual harto se necesita, pues una gran habilidad sin discreción llega casi invariablemente a un final trágico.

VICENTE DE PAUL.- También enseñan los discretos que el ruido no hace bien y que el bien no hace ruido.

SOFROSINA.- Porque, como dicen que dijo el maestro de Galilea, al hacer el bien “no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”.

LINGUACUTA.-  Los discretos no presumen ni de sus defectos y tienen la elegancia de dejar que los demás  descubran sus virtudes.

FRANCIS BACON.- Saben que sin la discreción las otras virtudes dejan de serlo. 

NIETZSCHE.- Sospecho que muchos discretos lo que quieren es ser ensalzados por su discreción.

TERESA DE ÁVILA.- ¿Qué quieres? ¿Que uno niegue lo que es? No, Federico: Humildad es verdad.

SOFROSINA.- Otro aspecto que me gusta de los discretos es que lavan en casa la ropa sucia y en su boca lo privado no se vuelve público. Discreto no dice secreto.

LINGUACUTA.- Solo los necios ignoran que tres personas pueden guardar un secreto si dos de ellas ya están muertas. Sofro, como ya pasamos a mejor vida dinos qué mal te aqueja.

SOFROSINA.- ¿Por qué lo preguntas?

LINGUACUTA.- Porque tarde en la noche vi al doctor Galeno saliendo de tu mausoleo.

SOFROSINA.- Eso no quiere decir nada. Yo vi salir a Napoleón del tuyo, y no estamos en guerra.

LINGUACUTA.- Ay, Baltasar, del dicho al hecho hay mucho trecho.

SOFROSINA.- Si no fuera porque a los humanos nos encantan los chismorreos, murmuraciones, dimes y diretes, se morirían de hambre decenas de miles de personas que viven de las publicaciones  amarillistas, la crónica roja, la prensa rosa, la novela negra y la política de alcantarilla.

Rodolfo Ramón De Roux

Noviembre, 2024

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En la tarde/noche de Halloween, coincidiendo con nuestra reciente tertulia, tuvimos el privilegio de escuchar una maravillosa presentación de nuestro amigo y compañero, sobre la resignificación actual de las brujas, un recuento histórico de las famosas “cacerías de brujas” y la constatación de que estas cacerías no han desaparecido en nuestra época actual. Compartimos con nuestros lectores tan agradable tertulia esa noche de “Halloween”.

Exjesuitas en tertulia- 31 de Octubre, 2024
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Para proseguir la conversación sobre los héroes, Simón Bolívar llegó acompañado del aedo Homero y de dos famosos mitólogos, el rumano Mircea Eliade y el estadounidense Joseph Campbell que pusieron de manifiesto por qué la figura del héroe sigue siendo actual.

SOFROSINA.- Don Simón, en nuestro pasado diálogo afirmó usted que el culto al héroe no se enraiza solamente en la necesidad de legitimación del poder de un grupo particular.

BOLÍVAR.- Así es. Nosotros también encarnamos el deseo de escapar a una vida banal. Y la voluntad de excelencia.

SOFROSINA.- Por eso los héroes tienen tantos admiradores.

BOLÍVAR.- Muchos sueñan con ser héroes, pero pocos están dispuestos a sacrificar su pequeña tranquilidad en el altar de la gloria.

HOMERO.- Miren a mis héroes de la Ilíada. No les importa la muerte; saben que de todas maneras llegará. Pero temen el olvido, el ser solo efímeras sombras. La muerte les será llevadera si las generaciones venideras recuerdan y cantan sus nombres.

LINGUACUTA.- Vana ilusión. Tarde o temprano todos caemos en el olvido.

HOMERO.- Pero ellos esperan caer lo más tarde posible.

BOLÍVAR.- ¡Amigo Homero, mucho me inspiraron tus antiguos héroes! Al igual que ellos, quise alcanzar gloria y grandeza mostrando coraje, valentía, ardor, fuerza y honor.

HOMERO.- ¡Qué tiempos aquellos cuando los guerreros sabían ponerle el pecho a su inexorable destino!

LINGUACUTA.- No idealices el pasado que, uno tras otro, tus héroes naufragaron en la desmesura de una embriagadora violencia.

HOMERO.- Lo reconozco: la hibris, ese desmadre del orgullo y la arrogancia, fue la perdición de quienes buscaban el poder y la gloria.

SOFROSINA.- Y sigue siendo su perdición hasta el día de hoy.

HOMERO.- No me alegra, sin embargo, que -como me dijo Nietzsche- dos mil años de cristianismo hayan puesto en un pedestal la debilidad: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”. ¡Ahora cualquiera puede aspirar a la gloria y, además, eterna!

SOFROSINA.- No seas tan duro. También el cristianismo exalta el heroísmo, a su manera.

MIRCEA ELIADE.- Tiene razón Sofrosina. En el cristianismo Dios se hace hombre, y el humano está llamado a deificarse a través de la imitación de un modelo de vida heroica: la de Jesús de Nazaret.

HOMERO.- ¿Qué tuvo de heroica?

MIRCEA ELIADE.- Como otros héroes de la Antigüedad -Hércules, Perseo, Teseo- Jesús es engendrado mediante una intervención divina. Su nacimiento es anunciado por profetas y sueños. Durante treinta años lleva una vida oculta, pero con signos que expresan su grandeza: a los doce años maravilla a los doctores del Templo por su sabiduría. Y, como todo héroe que se respete, debe superar duras pruebas.

HOMERO.- ¿Cuáles?

MIRCEA ELIADE.- Jesús inicia su vida pública afrontando en el desierto las tentaciones del mismísimo Demonio, que le ofrece inconmensurable poder y gloria terrenales.

LINGUACUTA.- Tentaciones en las que sí caerán redonditos muchos de sus seguidores, incluidos “sumos pontífices”.

MIRCEA ELIADE.- No me interrumpas que me haces perder el hilo.

HOMERO.- Silencio, muchacha. Continúa, Mircea.

MIRCEA ELIADE.- Después de innumerables hechos que manifiestan su poder divino -no el demoníaco- Jesús es víctima inocente de sus enemigos. Muere casi abandonado por sus seguidores, pero, después de su “descenso a los infiernos”, conoce la apoteosis y es glorificado como salvador del mundo.

HOMERO.-¿Y eso qué implica de heroico para los “pobres de espíritu” que heredarán el Reino de los Cielos?

MIRCEA ELIADE.- Ya te lo dije, aunque te entró por un oído y te salió por el otro. En Jesús de Nazaret, el cristiano encuentra realizado -y es invitado a realizar él mismo- el sueño heroico de triunfar sobre la muerte y de brillar eternamente como estrella junto a Cristo, “Sol invictus”. Pero únicamente logrará esa gloria eterna después de haber superado las pruebas de su peregrinación en este “valle de lágrimas”. En esa “imitación de Cristo” sus seguidores están llamados a ser “milites Christi”, soldados de Cristo sin miedo y sin reproche, dispuestos a afrontar el martirio.

LINGUACUTA.- O a hacérselo sufrir a los infieles en “cruzadas” y “guerras santas”.

SOFROSINA.- Sabido es que quien se cree en posesión de la Verdad suele resultar inofensivo hasta que no llega a creerse, además, en posesión del Bien y con la misión de cambiar el mundo, cueste lo que cueste.

LINGUACUTA.- Entonces la fe en sus certezas lo predispone al martirio o a martirizar…con las mejores intenciones, por supuesto.

HOMERO.- Veo que hay héroes para todo tipo de ideales.

LINGUACUTA.- Por eso la figura del héroe es insumergible.

MIRCEA ELIADE.- A pesar de todos sus excesos y defectos, a los humanos les atraen las personalidades “fuera de serie” que parecen colocarse por encima de las circunstancias cuando todo amenaza derrumbarse.

SOFROSINA.- Y que cumplen contra viento y marea con su misión, así tengan que erguirse, solitarios, para responder a los desafíos del momento.

LINGUACUTA.- Ahora entiendo el porqué de la paradójica situación que vivieron los marxistas.

BOLÍVAR.- ¿A qué te refieres?

LINGUACUTA.- Pensaron que con su énfasis en el análisis de las estructuras y de los grupos sociales le habían asestado un golpe definitivo a la figura del héroe.

SOFROSINA.- Y que éste, descendido de su pedestal, sería reabsorbido por las fuerzas impersonales que lo forjaron.

LINGUACUTA.- Sin embargo, ellos mismos desarrollaron el “culto a la personalidad” de sus dirigentes.

SOFROSINA.- Lo mismo que el culto al «guerrillero heroico”.

LINGUACUTA.- Culto que en América latina llegó a su culmen cuando el marxismo en boga celebraba -teóricamente- las fuerzas impersonales de la Historia y los determinismos sociales de la acción.

BOLÍVAR.- Linguacuta, la incongruencia de la que hablas es comprensible pues todos sueñan con ser héroes, así sea por procuración.

MIRCEA ELIADE.- Por otra parte, en el imaginario colectivo latinoamericano se mezclaron en la segunda mitad del siglo XX dos visiones de mundo, la cristiana y la marxista, que practican un llamado constante al heroísmo hasta la entrega de la propia vida en aras de una causa sagrada.

BOLÍVAR.- Lo del cristianismo lo tengo claro, pero vas a tener que explicarme lo relativo al marxismo.

MIRCEA ELIADE.- Así como el creyente cristiano participa en una lucha entre el Bien y el Mal, el creyente marxista participa en una lucha claramente definida entre dos campos: la burguesía explotadora y el explotado proletariado, que se halla investido de una misión heroico-mesiánica.

BOLÍVAR.- Prosigue, que el asunto está interesante.

MIRCEA ELIADE.- Al proletariado, largo tiempo relegado y despreciado, unos profetas -Marx, Engels, Lenin, Mao…- le anunciaron su misión salvífica: aniquilar a los explotadores, tomar el poder y realizar el advenimiento del comunismo con la desaparición de las clases sociales, la superación del Estado y la instauración del Reino de la Libertad.

BOLÍVAR.- ¡Desmesurado programa!

MIRCEA ELIADE.- Como en los consabidos escenarios maniqueos, a las bajas actuaciones del odioso burgués cuyo objetivo primordial es el enriquecimiento individual, se contraponen las nobles proezas del impoluto héroe proletario, supuestamente indiferente a la ganancia y cuyo único interés es el bien de la colectividad.

BOLÍVAR.- ¡Qué utopía!

SOFROSINA.- Nada raro que algunos cristianos se hubieran dejado seducir por esta visión que comparte con el cristianismo un mensaje universalista, el valor otorgado a la comunidad, la crítica del capitalismo, la construcción y el advenimiento de un reino de justicia, libertad, paz y fraternidad entre todos los hombres.

BOLÍVAR.- ¡Esa sí que es tarea de héroes!

LINGUACUTA.- Es un sueño para el final de los tiempos. Para decirlo de manera pedante, es un sueño escatológico.

SOFROSINA.- Temo que así sea, pues a pesar de mucha buena voluntad, la “tentación del Bien” enciende hogueras purificadoras, construye opresivos mecanismos para eliminar o “reeducar” a los opositores y alimenta devastadoras “guerras justas” que perpetúan el ciclo de la venganza y la violencia.

JOSEPH CAMPBELL.- (Que hasta ese momento se había limitado a escuchar atentamente) ¡La determinación “heroica” de acabar con el Mal en el mundo también engendra monstruos y puede terminar siendo peor que la enfermedad! Abundan los ejemplos de héroes mesiánicos que acabaron convertidos en tiranos.

LINGUACUTA.- Desafortunadamente, como me dijo un amigo, para aprender ciertas cosas bien es imprescindible equivocarse primero de forma inolvidable.

SOFROSINA.- ¿Inolvidable? No subestimes la inagotable capacidad de olvido que tienen los humanos.

JOSEPH CAMPBELL.- Voy a tener que irme pronto pues debo participar en un conversatorio en torno a mi libro El héroe de las mil caras. Pero antes quisiera decirles que, a mi parecer, el “viaje del héroe” continúa atrayendo porque es una parábola del camino que toda persona recorre a lo largo de su vida.

LINGUACUTA.- No me digas que hay un héroe en lo más profundo de nuestro ser.

JOSEPH CAMPBELL.- Tal como los míticos héroes, todos nosotros escuchamos en algún momento una llamada íntima a encontrar nuestro camino, nuestra razón de ser, y tenemos la poderosa sensación de que debemos responder a esa llamada si queremos existir plenamente.

MIRCEA ELIADE.- Y en la aventura del viaje hacia lo desconocido que emprendemos para responder a esa llamada -la “vocación”- tenemos que enfrentar duras pruebas.

JOSEPH CAMPBELL.- Por otra parte, así como el viaje del héroe cobra tintes iniciáticos debido a las pruebas que tiene que superar y que lo transforman como persona, de la misma manera cada uno de nosotros sale transformado después de afrontar los obstáculos de su aventura personal. Al final de cada una de nuestras búsquedas, terminamos con una mayor conciencia de nuestra personalidad y de nuestro papel en el mundo.

SOFROSINA.- Observo que hablas de búsquedas, en plural.

JOSEPH CAMPBELL.- Porque la búsqueda existencial de toda persona se realiza a través de una sucesión de búsquedas diferentes que evolucionan con la edad.

SOFROSINA.- Y con las circunstancias.

JOSEPH CAMPBELL.- No hay que intentar vivir las necesidades de la adolescencia cuando se tienen cuarenta años, o las necesidades de los cuarenta cuando se es anciano.

SOFROSINA.- Así es. En cada etapa de nuestra vida tenemos algo diferente que buscar y afrontar.

JOSEPH CAMPBELL.- Además, todos somos polifacéticos y las búsquedas y desafíos se superponen unos a otros, ya sea en el ámbito privado del amor, la amistad y el desarrollo personal, o en el ámbito social de la familia, el trabajo o la defensa de unos ideales colectivos.

SOFROSINA.- Y entonces, cada vez, surge la misma pregunta: “¿Me atreveré?”.

JOSEPH CAMPBELL.- Y si te atreves, los peligros estarán ahí, y la ayuda también, y la realización y el fiasco. Porque siempre existe la posibilidad del fracaso. Pero también existe la posibilidad de la alegría. ¡Tener capacidad de decir un gran sí a la aventura de existir, esa es la cuestión!

SOFROSINA.- Y existir de manera honesta y digna a lo largo de una vida es más difícil y discreto que el llamativo actuar heroico en un momento pasajero.

LINGUACUTA.- Los héroes cotidianos suelen ser anónimos porque muy pocos tienen la fortuna de encontrar un buen cronista.

En ese momento apareció el hombre de La Mancha canturreando “El sueño imposible”:

Soñar, lo imposible soñar.

Vencer al invicto rival.

Sufrir el dolor insufrible,

Morir por un noble ideal.

Saber enmendar el error.

Amar con pureza y bondad.

Todos nos miramos emocionados. El bueno de Alonso Quijano dijo: “¿Les parece que estoy desentonado? Escuchen la canción en You Tube. La interpreta espléndidamente Paloma San Basilio”. El resto fue un alegre cantar.

Post Scriptum: A partir del 1 de noviembre -fiesta de nuestros amigos de Ultratumba- estará disponible en la plataforma “Amazon” la versión digital (Kindle) del tomo 3 de los Diálogos. Quien lo desee puede hacer ya el “pre-pedido”.

Rodolfo Ramón de Roux

Octubre, 2024

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Donde se continúa el diálogo con Simón Bolívar sobre la invención y arraigo del culto al héroe patrio en la Hispanoamérica independiente.

SIMÓN BOLÍVAR.- De manera clarividente preví en mi Carta de Jamaica la dificultad que se nos presentaría a los criollos -“ni indios ni europeos”- para legitimar nuestro poder una vez nos independizáramos de España.

SOFROSINA.- Además, don Simón, al problema de la legitimación se le añadió el de la identidad, pues ustedes cayeron en la ilusión de la Nación virgen tentada de dar la espalda a negros e indios para desposar a la modernidad inglesa o francesa. 

SIMÓN BOLÍVAR.- Pensamos resolver esos problemas de legitimación del poder y de identidad nacional identificando la historia de las nuevas patrias con la de sus héroes y gobernantes. 

LINGUACUTA.-  Prácticamente todos ellos criollos y masculinos.

SOFROSINA.- Y fue esa historia la que se convirtió en el mito explicativo de lo que se era y de lo que se quería ser.

LINGUACUTA.- Ahora entiendo por qué los historiadores de las nacientes repúblicas se autoproclamaron “educadores de la nación”.

SIMÓN BOLÍVAR.- Lógico: consideraron tener la misión de forjar una identidad colectiva insistiendo en que la ruptura con España marcaba una especie de comienzo de la historia, cargado de promesas.

SOFROSINA.- Y, por supuesto, las guerras de Independencia se convirtieron en el momento por antonomasia para la epifanía de héroes nacionales que, en los campos de batalla, mostraban su  temple y cambiaban el curso de la Historia. 

BOLÍVAR.- ¿Cómo no iba a ser así? Puesto que ese panteón fundador debía cumplir un papel ejemplar era necesario construir imágenes de héroes que fueran la más pura encarnación del ser colectivo.

LINGUACUTA.- Cada época tiene los héroes que merece y encuentra en el pasado los que le convienen. 

SOFROSINA.- Basta ver el perfil solemne y fácilmente intercambiable que se hizo del héroe patrio: hombre providencial, probo y desinteresado; militar elegante, audaz y valeroso, dotado de un espíritu de sacrificio a toda prueba; alma apasionada enteramente consagrada al servicio de la patria.

LINGUACUTA.- La pedagogía del entusiasmo terminó por borrar al personaje real y colocó en su lugar una estatua.

SOFROSINA.- Y a algunos se les considera grandes porque también se cuenta el pedestal.

BOLÍVAR.- No sean irónicas que es muy fácil torear desde la barrera.

LINGUACUTA.- Pero ustedes sí que supieron coger al toro por los cuernos.

BOLÍVAR.- Sigan en esa tónica y las dejo hablando solas. ¿Acaso no saben que en la oposición se tienen soluciones y en el gobierno problemas?

SOFROSINA.- Nuestras excusas, Libertador. Ciertamente es fácil decir después lo que se debería haber hecho antes.

BOLÍVAR.- No olviden otra cosa: en la mayor parte de nuestros países la enseñanza obligatoria de la historia patria no se impuso sino en los últimos decenios del siglo XIX y, como si fuera poco, gran parte de la población era analfabeta. 

LINGUACUTA.- ¿Entonces?

BOLÍVAR.- Fue más bien a través de una amplia gama de actos cívicos populares como esa historia, y nosotros sus héroes, penetramos en el espacio social cotidiano y en el imaginario colectivo. Que se los diga San Martín, con quien me sitúo en lo más alto del panteón patriótico en Sudamérica. 

JOSÉ DE SAN MARTÍN.-  Exacto. Las fiestas conmemorativas de los gritos de Independencia y de las batallas decisivas inauguraron un calendario cívico popular y establecieron un modelo general de celebraciones.

LINGUACUTA.- ¿En qué consistía?

SAN MARTÍN .-  Desfiles militares al son de tambores y trompetas, arcos de triunfo, carrozas con cuadros alegóricos, discursos grandilocuentes, Te Deum con repique de campanas, salvas de artillería, banquete para los notables, bailes y juegos para el pueblo.

BOLÍVAR.- En las capitales y en las ciudades de provincia se multiplicaron los obeliscos, columnas, estatuas y altares de la Patria destinados a honrar a los héroes de la Independencia, 

JOSÉ DE SAN MARTÍN.- Subrayo que la Independencia no solo creó espacios de celebración sino también una temporalidad propia para exaltar y perpetuar la memoria de sus actos heroicos en un calendario cívico-patriótico. 

BOLÍVAR.- Muy oportuna tu observación. Con la creación de tiempos y espacios, de mitos y ritos patrióticos, la “liturgia” de las celebraciones convirtió aquella historia en un pasado sacralizado cuya periódica conmemoración se esperaba que ayudara a los ciudadanos a entrar en comunión con los héroes de una “edad dorada” de la Patria. 

LINGUACUTA.- Aunque en todas estas celebraciones los discursos que hacen el elogio de las acciones y virtudes del héroe patrio, los retratos, las alegorías y las canciones que lo celebran, pasan por alto los intereses particulares, las mezquindades y la realidad política y social en la que estuvo inmerso.

BOLÍVAR.- ¿Por qué eres tan aguafiestas?

LINGUACUTA.- Aguafiestas, no; realista. Sabido es que los grupos dominantes y sus seguidores han necesitado siempre del pasado para infundir en las masas sentimientos virtuosos y para suscitar las ideas y actitudes que convengan al Estado que gobiernan. 

SOFROSINA.- En eso estoy de acuerdo con Linguacuta. En Hispanoamérica, frente al desafío de crear un Estado y una Nación, los gobernantes criollos concibieron la organización de las nuevas repúblicas sobre la base de sus particulares intereses. 

LINGUACUTA.- De hecho preconizaron una patria fundada sobre valores criollos, sin relación con los valores e identidades del resto de la población. 

SOFROSINA.- Dichos héroes patrios terminaron siendo la expresión de un Estado sin una base social verdaderamente representativa de la diversidad económica, étnica y cultural de la nación en gestación. 

LINGUACUTA.- Es esa la crisis profunda de la “patria del criollo”, que ha llevado a la admisión reciente y oficial de que esas repúblicas son conglomerados multiétnicos y pluriculturales.

SOFROSINA.- De todas maneras, si la sociedad cambia hay que darle nuevas interpretaciones de su propio pasado e incorporar en ellas la participación -real o idealizada- de los actores históricos emergentes.

LINGUACUTA.- No es una novedad que la Historia se reescribe periódicamente. Y se reescribe desde “los de arriba” pero también desde “los de abajo”.

BOLÍVAR.- ¡Qué vaina que no las conocí en la flor de mi edad!

LINGUACUTA.- Ahora el irónico es usted, mi general.

SOFROSINA.- Quién mejor que usted para saber que si la historia oficial pretende dar una visión única de lo acontecido, las contra-historias de los grupos emergentes construyen sus versiones y enarbolan sus figuras legendarias, con la esperanza de que, a su turno, esos héroes populares se conviertan en héroes oficiales.

LINGUACUTA.-  Por eso se tumban periódicamente unas estatuas y aparecen otras. La reciente “cancel culture” es algo muy antiguo.

SOFROSINA.- Y bueno para el desarrollo de la estatuaria.

LINGUACUTA.-  ¡No se ría, señor Bolívar!

BOLÍVAR.- No sean ingenuas. El culto al héroe no solo se enraiza en la necesidad de legitimación del poder de un grupo particular. 

LINGUACUTA.- Pues sáquenos de nuestra ingenuidad.

BOLÍVAR.- En los héroes se celebra una fuerza -la “virtus” latina- que, secretamente, todos desearían tener. Nosotros encarnamos el deseo de escapar a una vida banal y la voluntad de excelencia.

SOFROSINA.- O sea que el héroe nos permite vivir por procuración.

LINGUACUTA.- Sofro, te estás dejando entusiasmar demasiado rápido. A este asunto hay que  meterle más el diente.

BOLÍVAR.- Con gusto te ayudo a morderlo, pero no hoy. Aquiles me está esperando.

Rodolfo Ramón de Roux

Septiembre de 2024

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Contemplaba Bolívar a Nicolás Maduro el día de la inauguración en Caracas del imponente mausoleo a “Nuestro Padre Libertador”, cuando se inició este diálogo en torno a su culto.

SIMÓN BOLÍVAR.- Jesucristo, don Quijote y yo hemos sido los tres más insignes majaderos del mundo.

LINGUACUTA.- Pero un majadero bien utilizado por políticos de todos los pelambres que han sabido aprovecharse de su nombre, don Simón.

SOFROSINA.- Aquí le entrego el libro El culto a Bolívar, donde el historiador Germán Carrera Damas expone cómo, en Venezuela, los diferentes bandos políticos han sacado buen provecho de su “herencia”. Le señalo que lo mismo han hecho en los otros países “bolivarianos”.

HUGO CHÁVEZ.- Mi señor don Simón, tenga en cuenta que Carrera Damas no alcanza a mencionarme en su escrito, a mí, que fui y sigo siendo un devoto bolivarólatra.

BOLÍVAR.- Ya me dijeron que cuando gobernabas en mi patria hablabas a solas ante uno de mis retratos llamándome “hermanazo querido”.

LINGUACUTA.- Seguramente el comandante Chávez le va a contar que al ser elegido presidente de Venezuela, Fidel Castro le mandó un mensaje de felicitación deseándole éxito “en un momento de la historia de América en el que ha llegado la hora de los sueños de Bolívar”.

BOLÍVAR.- Al ver en lo que ha parado la república “bolivariana” de Venezuela me parece que puedo seguir soñando.

SOFROSINA.- Los sueños, sueños son.

LINGUACUTA.- Y se disipan como pompas de jabón.

BOLÍVAR.- ¡Qué vergüenza con ese Maduro! No dejo de pensar en lo que dije, desilusionado y próximo a venir a Ultratumba por culpa de mis enemigos: “Aré en el mar y edifiqué en el viento”.

LINGUACUTA.- Ese es el destino de los mesías políticos: crucifican o son crucificados, porque las promesas de vida incumplidas generan desilusión y destrucción.

SOFROSINA.- Aunque reconozco, señor Bolívar, sus buenas intenciones y su honradez, pues en el caso de mucho mesiánico mandamás hay plomo justiciero en sus comienzos y plata maloliente en sus ocasos.

BOLÍVAR.- Por plata no me pueden acusar porque me sobraba y la gasté en la causa de la Independencia. No fui de los que pagan para llegar y llegan para robar.

SOFROSINA.- También le sobraron buenas intenciones.

BOLÍVAR.- ¡Ah, las buenas intenciones! Olvidé que con ellas está pavimentado un amplio sector del Infierno.

LINGUACUTA.- Y olvidó también que “es flaca sobremanera toda humana previsión, pues en más de una ocasión sale lo que no se espera”.

BOLÍVAR.- Eso me cae como anillo al dedo.

LINGUACUTA.- Lo que sí le salió como esperaba fue la “gloria”, sobre todo la póstuma.

BOLÍVAR.- Se ha cumplido lo que me vaticinó José Domingo Choquehuanca, cuando en 1825 pasé por el pueblo de Pucará: “con los siglos crecerá vuestra gloria como crecen las sombras cuando el sol declina”.

SOFROSINA.- Ni más ni menos. Para fines del siglo XIX usted ya ocupaba en el Olimpo patrio el lugar de un Zeus apenas susceptible de reproches.

BOLÍVAR.- Pero ten en cuenta que mi proceso de entronización comenzó estando todavía vivo. Qué orgulloso me sentí viendo cómo, en torno a mi persona, se desarrollaba una especie de liturgia que combinaba el recuerdo de la Antigüedad greco-romana, los símbolos de la Revolución francesa y los del catolicismo.

SOFROSINA.- Supe que en los actos cívicos celebrados en su honor, lo asociaron con frecuencia a la figura de Hércules, que la Revolución francesa había hecho familiar como alegoría de la fuerza de la Nación aplastando al despotismo.

BOLÍVAR.- El culmen fue cuando un sacerdote, desde el atrio de una catedral, me dijo: “Seguid, Señor, seguid, que en vos también se encierra una trinidad augusta: sois el Padre de la Patria, el Hijo de la Gloria y el Espíritu Santo de la Libertad”.

SOFROSINA.- Sin duda usted supo utilizar tal tipo de glorificaciones.

BOLÍVAR.- ¿Acaso esperabas lo contrario? Cuando se trata de construir un nuevo orden de cosas, cualquier héroe fundador sabe que tendrá mayores posibilidades de éxito si su autoridad está investida con un aura sagrada.

SOFROSINA.- Es entonces cuando debe estar más prevenido: nada hay más fácil, y engañoso, que hacerse aplaudir por la muchedumbre.

LINGUACUTA.- Volviendo a lo que le dijo Choquehuanca, su gloria, don Simón, ha sido sobre todo “póstuma”, pues sus días terrenales además de breves, terminaron mal.

BOLÍVAR.- Detrás del que sube, suben la calumnia y el improperio.

SOFROSINA.- Quien pretenda hacer algo grande tiene que estar dispuesto a afrontar el odio, la envidia y el escarnio.

BOLÍVAR.- Todo eso lo sufrí, aunque ser héroe también me dio satisfacciones. Me encantaban las “entradas triunfales” montado en mi brioso Palomo blanco, mientras hermosas señoritas me arrojaban coronas de flores desde los balcones y los festejos concluían con animados saraos ya que me encantaba bailar…y enamorar doncellas.

LINGUACUTA.- En el libro Los amores de Simón Bolívar y sus hijos secretos, Ramón Urdaneta le atribuye 46 amantes y 23 hijos.

BOLÍVAR.- ¡Exageraciones!

LINGUACUTA.- Hoy en día le hubieran caído encima las sororas del “#Me Too”.

BOLÍVAR.- ¡Atrevida! Ya entiendo por qué eres tan “reputada”.

LINGUACUTA.- Excuse si lo ofendí, Libertador, pero déjeme decirle, sin ánimo de pelea, que usted se volvió quisquilloso con las críticas y se aficionó a las alabanzas.

SOFROSINA.- La adulación y la idealización son un virus que suele atacar a quienes ostentan el poder y la gloria.

LINGUACUTA.- El poder y la gloria son ya, de por sí, un virus que produce adicción y arrogancia.

BOLÍVAR.- Cierto es que tuve tantos turiferarios que me fue difícil impedir que en varias ocasiones los humos se me subieran a la cabeza y me marearan.

LINGUACUTA.- Para su descargo, le cuento que Shakespeare me dijo que no hay quien sea enteramente inaccesible a la adulación, porque el hombre mismo que manifieste aborrecerla, en alabándole de esto es adulado con placer suyo.

SOFROSINA.- Hay que reconocer que a algunos de sus aduladores se les fue la mano.

LINGUACUTA.- Palabras melosas, palabras engañosas.

SOFROSINA.- Usted, que fue buen lector de los enciclopedistas franceses, debería haber tenido en cuenta la advertencia de Diderot: “engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga”.

BOLÍVAR.- Tampoco vayan a creer que engullí sin más ni más todas las lisonjas y zalamerías.

LINGUACUTA.- Menos mal.

BOLÍVAR.- Prueba de ello es la carta del 27 de junio de 1825 que le dirigí desde el Cuzco al ecuatoriano José Joaquín Olmedo, quien me había enviado su poema La victoria de Junín.

SOFROSINA.- Cuente, cuente.

BOLÍVAR.- (Rebuscando la carta en su casaca). Aquí la tengo y les voy a leer un extracto para que vean que los elogios -aunque me fascinaban- no me quitaron del todo la lucidez:

Todos los calores de la zona tórrida, todos los fuegos de Junín y Ayacucho, todos los rayos del Padre de Manco Capac, no han producido jamás una inflamación más intensa en la mente de un mortal. Usted dispara donde no se ha disparado un tiro; usted abraza la tierra con las ascuas del eje y de las ruedas de un carro de Aquiles, que no rodó jamás en Junín; usted se hace dueño de todos los personajes: de mí forma un Júpiter; de Sucre, un Marte; de La Mar, un Agamenón y un Menelao; de Córdoba, un Aquiles: de Necochea, un Patroclo y un Ayax; de Miller, un Diomedes; y de Lara, un Ulises.

Todos tenemos nuestra sombra divina y heroica que nos cubre con sus alas de protección como ángeles guardianes. Usted nos hace a su modo poético y fantástico, y para continuar en el país de la poesía la ficción de la fábula, usted nos eleva con su deidad mentirosa, como el águila de Júpiter levantó a los cielos a la tortuga para dejarla caer sobre una roca que le rompiese sus miembros rastreros; usted, pues, nos ha sublimado tanto que nos ha precipitado al abismo de la nada, cubriendo con una inmensidad de luces el pálido resplandor de nuestras opacas virtudes.

Así, amigo mío, usted nos ha pulverizado con los rayos de su Júpiter, con la espada de su Marte, con el cetro de su Agamenón, con la lanza de su Aquiles y con la sabiduría de su Ulises.

Si yo no fuese tan bueno, y usted no fuese tan poeta, me avanzaría a creer que usted había querido hacer una parodia de la Ilíada con los héroes de nuestra pobre farsa.

LINGUACUTA.- Pues esa “parodia de la Ilíada” gozará de un porvenir radiante.

BOLÍVAR.- Era previsible. Para legitimar su poder y para construir una identidad nacional en las jóvenes repúblicas hispanoamericanas, las élites criollas forjaron un panteón de héroes patrios destinados a cumplir un papel ejemplar, unificador y estabilizador.

SOFROSINA.- Somos todo oídos.

BOLÍVAR.- Si quieren charlamos sobre eso otro día porque ahora me voy a danzar con Manuelita. Además, por allá viene Santander que no es santo de mi devoción y no quiero verlo ni en pintura.

Post Scriptum

Tengo el gusto de participarles la aparición del tomo tercero de los Diálogos de Ultratumba. Está disponible en la plataforma digital Amazon y pueden encontrarlo en el siguiente “enlace”: https://www.amazon.com/

En este tomo de los “Diálogos”, Lao Tse nos invita a fluir como el agua. Chuang Tse nos advierte sobre los peligros de querer hacer a toda costa la felicidad de los demás, sin contar con ellos. Sun Tzu nos previene que la guerra es el arte del engaño mientras que Erasmo de Rotterdam insiste en que la guerra solo es dulce para quienes no la han probado. El pragmático Guiguzi platica sobre el arte de la persuasión y el manejo hábil del discurso. Sócrates nos enseña el arte de preguntar, Epicuro la terapia del deseo, Epicteto la dicotomía del control, Diógenes el Cínico el despojo de todo lo accesorio y una saludable impertinencia. Plutarco, Marx, Krishnamurti y Rimbaud dialogan sobre el complejo proceso de mutaciones y permanencias que constituyen nuestra identidad, tanto personal como colectiva. Abelardo y Eloísa nos cuentan cómo la pasión erótica puede llevar a donde menos se espera. Natán el Sabio nos instruye sobre cuál es la mejor de las tres religiones monoteístas. Treinta amigos surgen de una “lámpara maravillosa” y nos dan breves pero eficaces consejos para un mejor vivir. Al final, Sexto Empírico, Montaigne y Hume nos muestran que se puede pensar y vivir sin certezas.

Rodolfo Ramón de Roux

Septiembre 2024

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En cuestión de gustos sí hay disgustos pues el “buen gusto” es el disgusto del gusto de los otros.

LINGUACUTA.-  Por ahí anda don Quijote como un jilguero echándole piropos a la vulgar Maritornes. La meliflua voz con que los canta, encanta.

SANCHO PANZA.- Mi señor tiene tan desordenados algunos aposentos de su magín, que ve en esa moza acuerpada y maloliente una diosa de la hermosura.

LINGUACUTA.- A cada quien su canon de belleza, le falte o no le falte un tornillo en la cabeza.

TOMÁS DE AQUINO.- (con mucha parsimonia y propiedad) Pulchra sunt quae visa placent: son bellas las cosas que, vistas, agradan.

SOFROSINA.- Y agradan porque tienen equilibrio, armonía y proporción.

LINGUACUTA.- Rasgos estos que cada quien aprecia a su manera.

SOFROSINA.- Por eso dicen que la belleza está en el ojo del que ve.

TOMÁS DE AQUINO.- Me parece que ustedes dos asimilaron bien aquello del Quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur.

SOFROSINA.- Así es, lo que se recibe se recibe a la manera del recipiente.

SANCHO PANZA.- Que cada quien haga, pues, de su capa un sayo y con su pan se lo coma que en cuestión de gustos no hay disgustos.

LINGUACUTA.- Por eso no hay que hacerle al prójimo lo que quisiéramos que nos hagan a nosotros, ellos pueden tener gustos diferentes. 

SOFROSINA.- Simpático ese pensamiento de Oscar Wilde, pero quisiera que profundizáramos un poco más.

LINGUACUTA.- Aprovechemos la presencia de Pierre Bourdieu a quien le encanta hablar difícil. 

FÉLIX SAMANIEGO.- Hay autores que en voces misteriosas, estilo fanfarrón y campanudo, nos anuncian ideas portentosas. Pero suele a menudo ser el gran parto de su pensamiento, después de tanto ruido, solo viento.

LINGUACUTA.- No frunzas el ceño, Pierre.

SANCHO PANZA.- Al que le caiga el guante que aguante.

SOFROSINA.- Es cierto que a maese Pierre le gusta la jerga académica, pero hace pensar y le vamos a pedir que se exprese de manera clara.

SANCHO PANZA.- Y breve; que lo bueno, si breve, dos veces bueno.

LINGUACUTA.- Dinos, Pierre ¿para ti qué es el “gusto”, tan asociado con la apreciación de lo bello y agradable?

PIERRE BOURDIEU.- Vas bien encaminada cuando dices “apreciación”.

LINGUACUTA.- ¿Y qué me falta para llegar?

PIERRE BOURDIEU.- Decir que “gusto” es una disposición, adquirida, para diferenciar y apreciar.

Para que se produzcan gustos, es necesario que existan bienes y prácticas consideradas de “buen” o de “mal gusto”, “distinguidas” o “vulgares”. Estos bienes y prácticas clasificadas y jerarquizadas tienen, al mismo tiempo, la función de clasificar y jerarquizar a los individuos dentro de una escala que va de las personas con buen gusto a las personas con mal gusto. 

SOFROSINA.- Entonces, en cuestión de gustos sí que puede haber disgustos.

PIERRE BOURDIEU.- Por supuesto. “Buen gusto” es el disgusto del gusto de los otros. Y fácilmente aquellos considerados como personas de “mal gusto” no son percibidos ni tratados como diferentes, sino como inferiores. 

SANCHO PANZA.- Sus mercedes, ustedes se las saben todas y al que a buen árbol se arrima buena sombra le cobija. 

LINGUACUTA.- Sancho, el saber no entra por contacto; si así fuera, bastaría ponerse libros debajo de los sobacos. 

SOFROSINA.- Libro cerrado no saca letrado. El saber no ocupa lugar, pero ocupa tiempo: es una larga paciencia. 

SANCHO PANZA.- Las palabras de todos los aquí presentes han sido estiércol que cae sobre la estéril tierra de mi seco ingenio. ¿Qué tal mi gusto?

LINGUACUTA.- Oloroso.

SANCHO PANZA.- No hay que pedirle peras al olmo ni uvas al espino que cada uno es como Dios lo hizo, y aun peor muchas veces. 

LINGUACUTA.- Deja de ensartar refranes a troche y moche que saltando de la Ceca a la Meca nos haces perder el hilo.

SANCHO PANZA.- No puedo dejar de decir, por una vez siquiera, lo que me viene a la lengua.  

SOFROSINA.- Pues mira, Sancho, lo que hablas, porque tantas veces va el cántaro a la fuente…, y no te digo más. 

SANCHO PANZA.- Yo sí le digo, y a calzón quitao, -pues al pan, pan, y al vino, vino-, que sé dónde me aprieta el zapato, y no quiera vuesa merced que me chupe el dedo, porque por Dios que no soy ningún bobo, no digo a todo “amén” ni comulgo con ruedas de molino, sé despabilarme a tiempo y no dejo que me echen dado falso. No me tiente a mandarla a los cuernos de la Luna a pesar de que en las cortesías antes se ha de perder por carta de más que de menos.

SOFROSINA.- Ni por asomo estimo que seas bobo, solo simple.

LINGUACUTA.- Sancho amigo, tómalo como un elogio. Todos pueden complicar las cosas, pero pocos son capaces de simplificarlas; lograrlo es la suprema sofisticación.

SOFROSINA.- Mi querido Sancho, únicamente quería recordarte que cuando no se piensa lo que se dice se dice lo que se piensa, y muchas veces eso es causa de serios problemas. Por la boca muere el pez, refrena la lengua y rumia las palabras antes que salgan de tu boca, como seguro te advirtió don Quijote. 

SANCHO PANZA.- ¡Ay, fermosa dama! No me recuerde a mi buen señor, que recordar a los seres queridos es como pelar cebollas: siempre se acaba lagrimeando.

SOFROSINA.- Los días felices que con ellos pasamos los pone allí el recuerdo, por eso son tan tristes, como dice tu paisano Sánchez Ferlosio.

“No se me pongan nostálgicos”, exclamó Linguacuta, al tiempo que descorchaba una botella del famoso “Oblivium” cosechado en las riberas del Leteo. Hasta el santo Aquino llenó su copa y todos brindaron “¡A nuestros borrosos buenos tiempos en la Tierra!”. “Si es que los hubo”, gritó Schopenhauer. “Deja de orinar vinagre”, replicó Sofrosina. “Y llora todo lo que puedas”, añadió la atrevida Linguacuta. “¿Por qué?”, preguntó malhumorado Schopen.

 “Porque lo que se llora no se orina”, respondió la de cortante lengua. Y muy sonrientes se esfumaron, entre sombras, los presentes.

Rodolfo Ramón de Roux

Septiembre 2024

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De cómo un concepto tan moderno como el de “disonancia cognitiva” (León Festinger, 1957) puede producir vibrantes diálogos entre los habitantes de Ultratumba.

SOFROSINA.- Me despelucan las noticias que llegan de la Tierra: catástrofes medioambientales, violencia exacerbada de conflictos sociales, lucha entre potencias por la hegemonía geopolítica, amenazas de una guerra nuclear. Ni para qué sigo la enumeración.

LINGUACUTA.- Te añado la desconfianza de todos contra todos que ha generado la multiplicación de noticias falsas elaboradas fácilmente con la IA y difundidas rápidamente por las redes sociales. Ya no se sabe en qué creer ni a quién creer.

SOFROSINA.- Gravísimo, pues sin confianza no puede haber vida en sociedad ni “contrato social”.

LINGUACUTA.- Espero que con algo de suerte salgan adelante los Sapiens.

SOFROSINA.- Ay, Linguacuta, la Fortuna -como dice Don Quijote- es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quién derriba.

LINGUACUTA.- Con situación tan incierta y complicada no tardarán en proliferar profecías sobre un inminente fin del mundo.

SOFROSINA.- Bueno, todo lo que tiene un inicio tiene un fin, incluyendo la especie humana y el planeta que ella habita.

LINGUACUTA.- Lo imprudente es predecir la fecha exacta del final como hicieron los “adventistas” que se arremolinaron en masa esperando la segunda venida de Jesús “en gloria y majestad” el 22 de octubre de 1844.

SOFROSINA.- William Miller y sus seguidores no han sido los únicos imprudentes. Si vas a Wikipedia y consultas “Fechas del fin del mundo” verás que en el Occidente se ha vaticinado más de un centenar de veces la fecha del fin del mundo.

LINGUACUTA.- Y se queda corta Wikipedia. El Occidente cristiano está imbuido de fin de mundo y de milenarismo. Texto clave para apuntalar esa obsesión ha sido el capítulo 20 del libro del Apocalipsis, atribuido a san Juan, “el discípulo amado”.

SOFROSINA.- Se trata, sin duda, de una tremenda y enigmática descripción del drama cósmico del final de los tiempos. En ella se enseña -“palabra de Dios”- que antes del triunfo definitivo del Cordero-Cristo-sobre la Bestia-Satán-, habrá dos grandes combates escatológicos. 

LINGUACUTA.- Tengo bien presente que, al final del primer combate, la Bestia es vencida por Cristo y arrojada viva en un abismo, donde estará encadenada durante mil años. En ese momento tiene lugar la primera resurrección, reservada para los elegidos del Señor, y comienza un reino terrestre de Cristo y sus santos. Al cabo de mil años, Dios permite que Satán sea desencadenado y dé su postrer batalla contra los buenos. Finalmente, Satán es arrojado por toda la eternidad en un estanque de fuego y azufre. Se opera, entonces, la segunda resurrección, la de todos los vivos y muertos, para el Juicio Final universal y definitivo.

SOFROSINA.- La espera de una primera resurrección y de un milenio bajo el reinado de Cristo formó parte importante de la escatología de los tres primeros siglos del cristianismo. Recuerdo que el milenarismo fue profesado no solo por “herejes” como Montano, sino también por grandes figuras de la Iglesia primitiva como Tertuliano, san Papías, san Ireneo de Lyon y san Hipólito de Roma.

LINGUACUTA.- Sin embargo, una corriente antimilenarista también fue tomando cuerpo. La inspiraban el descrédito de una concepción demasiado terrestre del ideal cristiano, y el temor ante las tendencias heréticas y revolucionarias de los movimientos milenaristas. Pero démosle la palabra al santo doctor de la Iglesia, Agustín de Hipona, que nos está mirando con cierto recelo, tal vez por ser mujeres hablando de asuntos teológicos.

AGUSTÍN DE HIPONA.- Me precio de haberle asestado un golpe casi definitivo al milenarismo a principios del siglo V. Consagré buena parte del libro 20 de mi Ciudad de Dios a refutarlo. Allí enseño que el reino milenario de Cristo es el reino actual de Cristo sobre su Iglesia. La primera resurrección de la que habla el Apocalipsis ya se ha realizado, pues las almas de los fieles que adhieren a Cristo han resucitado espiritualmente, gracias al bautismo. ¿Ven, muchachas, cómo espiritualicé hábilmente el milenio?

SOFROSINA.- Lo vemos. También vemos que poco después el concilio de Efeso condenó en el año 431 la concepción literal del milenio y adoptó como visión oficial tu explicación. 

LINGUACUTA.- Lo que es bien explicable pues a una Iglesia ya organizada, victoriosa e integrada al mundo le convenía insistir en el sentido puramente espiritual del milenio para evitarse sorpresas subversivas del orden establecido. El Reino de los milenaristas podía esperar. La Iglesia jerárquica había llegado para quedarse…per omnia secula seculorum.

SOFROSINA.- Periódicamente, sin embargo, a todo lo largo de la Edad Media se marchó en pos del milenio bajo la guía de profetas que se ornaban con una aureola mesiánica. Muchos cristianos, considerados como herejes, acechaban los signos anunciadores de la destrucción de un mundo que juzgaban manchado por el pecado y cuya corrupción radical se les manifestaba en el hambre, el frío, las pestes y la opresión en que vivían. 

LINGUACUTA.- Me han contado que esa muchedumbre se preguntaba, ansiosa, cuántas tribulaciones debería soportar todavía y, sobre todo, cuándo se produciría el pasaje –la pascua– hacia el reino prometido por Cristo, cuando los justos y los atribulados resucitarían de primeros para gozar, aquí en la Tierra, de mil años de apacible felicidad.

NORMAN COHN.- En mi libro The Pursuit of the Millenium. Revolutionary Millenarians and Mystical Anarchists of the Middle Ages, mostré suficientemente cómo en el Medioevo la aspiración de los pobres por mejorar su condición material se nutrió no pocas veces de las profecías apocalípticas que vaticinaban una prodigiosa lucha final entre los secuaces de Cristo y el Anticristo, con la subsiguiente renovación radical del mundo.

JEAN DELUMEAU.- Si quieren ampliar lo que dice mi amigo Cohn las invito a leer mi libro Mille ans de bonheur para que vean cómo las corrientes igualitaristas de comienzos de la Edad Moderna en Europa -taboritas, seguidores de Thomas Müntzer en la guerra campesina de Alemania, anabaptistas de la ciudad de Münster, etc- estaban imbuidas de milenarismo apocalíptico. Quisiera escuchar qué opinan al respecto mis eximios colegas medievistas Le Goff y Duby que también han estudiado el tema.

JACQUES LE GOFF.- La firme esperanza en una tierra sin mal y en una edad de oro que ya no estaban atrás sino adelante arraigó entre los humillados y ofendidos. El milenarismo consideraba, en general, que el milenio -reino de los «puros»- debía ser preparado por los parias de la sociedad. En el Medioevo, esos parias -en quienes los milenaristas veían la sal de la tierra y los instrumentos de la escatología- eran los pobres. La concepción de un milenio igualitario, que hiciera realidad el tema popular del «mundo al revés», tuvo así un gran poder subversivo en el mundo rígidamente jerarquizado del Medioevo.

GEORGES DUBY.- Anhelos semejantes eran un peligro para el orden establecido y para la Iglesia que lo cimentaba. Consecuentemente, en los albores del año mil, los obispos francos proclamaron que Dios había determinado que la sociedad de los hombres estuviera ordenada jerárquicamente, como la de los ángeles; que cada cual debía permanecer en el sitio que su Señor y Creador le había asignado; que algunos estaban destinados a rezar, otros a combatir, otros a trabajar; que estos últimos –y todas las mujeres– estaban obligados a obedecer, tanto cuanto durara la historia. 

LINGUACUTA.- Y, para comprimir adecuadamente el sueño mesiánico, las autoridades eclesiásticas decretaron que la historia terminaría de un solo golpe. Nada de doble resurrección. La primera resurrección ya había tenido lugar, como efecto del bautismo. Nada de juicio diferido ni de fase intermedia. Nada de milenioUn solo día de cólera divina. Sicut Augustinus dixit.

GEORGES DUBY.- La abundante escultura sobre el Juicio Final en el pórtico de las iglesias, desde finales del siglo XI, tendría la misión de proclamar y propagar esta verdad.

AGUSTÍN DE HIPONA.- Espero que sean conscientes de que esos embelecos milenaristas constituían un tremendo peligro. Por eso espiritualicé el milenio.

ERIC HOBSBAWN.- Pero no lo lograste del todo. He estudiado cómo las viejas aspiraciones milenaristas, despojadas o no de su original justificación sobrenatural, pervivieron en los movimientos revolucionarios de los siglos XIX y XX.

LINGUACUTA.- Y continúan en el XXI. No han desaparecido totalmente los sueños del triunfo de un “Hombre Nuevo” y de un “Mundo Nuevo”, aunque continuamente sus adeptos tengan que aplazar la realización de tan idílica realidad.

LEÓN FESTINGER. Los movimientos mesiánicos y milenaristas, que han tenido que postergar muchas veces la llegada del “milenio”, son un claro ejemplo de cómo, cuando alguien sostiene una creencia fuertemente arraigada y se le presentan hechos que van en contra de dicha creencia, se resiste a aceptarlos y experimenta lo que llamé “disonancia cognitiva”. 

LINGUACUTA.- ¿Eso qué significa?

LEÓN FESTINGER.- Que, como para el creyente es fundamental proteger su creencia, negará todo aquello que la contradiga o, si es imposible negar los hechos, adaptará su creencia sin abandonarla.

AGUSTÍN DE HIPONA.- ¿Será que mi reinterpretación del milenarismo fue la respuesta a una disonancia cognitiva? 

LINGUACUTA.- Te veo más confundido que a daltónico armando el cubo de Rubik.

SOFROSINA.- También para los mesías políticos y sus seguidores, si los hechos contradicen a su ideología, peor para los hechos.

LINGUACUTA.- Me parece que eso de la disonancia cognitiva ya lo enseña la vieja fábula de la zorra y las uvas. Samaniego, tú que la pusiste en verso, ¿por qué no la declamas?

FÉLIX MARÍA SAMANIEGO.- “Es todo un honor hacerlo ante tan selecto grupo”. Y aclarándose la voz con un trago de ambrosía, se despachó de la siguiente manera:

Es voz común que, a más del mediodía,

en ayunas la zorra iba cazando.

Halla una parra; quédase mirando

de la alta vid el fruto que pendía.

Causábale mil ansias y congojas

no alcanzar a las uvas con la garra,

al mostrar a sus dientes la alta parra

negros racimos entre verdes hojas.

Miró, saltó y anduvo en probaduras;

pero vio el imposible ya de fijo.

Entonces fue cuando la zorra dijo:

“¡No las quiero comer! ¡No están maduras!”

No por eso te muestres impaciente

si se te frustra, Fabio, algún intento;

aplica bien el cuento

y di: ¡No están maduras!, frescamente.

Rodolfo Ramón de Roux

Agosto, 2024

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“Lo importante no es ganar, sino participar”, exclamó el ilustre Pierre de Coubertin. “Barón, usted peca por inocente”, dijo Linguacuta. “Soñar no cuesta nada, y es vital”, respondió el Barón mientras aplaudía viendo la inauguración de los Juegos Olímpicos en su nativa París.

SOFROSINA.- ¡Qué engalanada está París para estos Juegos Olímpicos de 2024!

LINGUACUTA.- ¿Vieron esa enorme pancarta en la Torre Eiffel que dice “CITIUS ALTIUS FORTIUS“? Realmente es un “Sitio alto y fuerte”.

BARÓN DE COUBERTIN.- Perdiste tus latines. Citius, altius, fortius significa “más rápido, más alto, más fuerte”. Fue la frase que utilicé en la inauguración de los primeros Juegos Olímpicos de la Edad Moderna que se celebraron en 1896, en Atenas.

SOFROSINA.- No te hagas la tonta, Linguacuta, que tu lo sabías.

LINGUACUTA.-  La ventaja de ser inteligente es que puedes hacerte la tonta, mientras que lo contrario es imposible.

DE COUBERTIN.- Detesto que me tomen el pelo, jovencita.

SOFROSINA.- Desafortunadamente, barón, las canas ya no se respetan, se tiñen.

LINGUACUTA.- ¡Mea culpa, mea culpa! El problema es que cuando mi ingenio corre, su velocidad lo confunde. 

SOFROSINA.- Pues desacelera tu desparpajo y aprovechemos la presencia del Barón para que nos ilumine sobre los Juegos Olímpicos.

DE COUBERTIN.- De entrada puedo decirles que una diferencia básica entre los antiguos y los modernos Juegos radica en que los antiguos no eran solo deporte, como pretenden ser los actuales, sino que tenían una dimensión religiosa, de la que los atletas se sentían partícipes.

LINGUACUTA.- ¡Por Zeus!

DE COUBERTIN.- Acertaste. Resulta que el semidios Hércules, para celebrar a su padre Zeus -que vivía en el Olimpo- instituyó los juegos y trazó el estadio de Olimpia colocando sus pies, uno tras otro, seiscientas veces. Por eso en Grecia la unidad de longitud “estadio” -equivalente a 192 metros- estaba compuesta por 600 “pies”.  También, por el contenido religioso que tenían las Olimpiadas, la   cronología griega se contaba a partir de la primera, celebrada en el año 776 antes de la era cristiana.  

SOFROSINA.- Qué interesante.

DE COUBERTIN.- De otra parte, las Olimpiadas constituían cada cuatro años en todo el mundo helénico un paréntesis de paz pues los juegos implicaban la “tregua sagrada”, una pausa en las hostilidades para que los atletas pudieran circular libremente y llegar hasta Olimpia. Además, las Olimpiadas también eran un gran acontecimiento cultural. Durante ellas se reunían filósofos, historiadores, poetas, oradores y dramaturgos. Platón corrió en el estadio de Olimpia. Filipo de Macedona y su hijo Alejandro Magno participaron en la carrera de carros de caballos. Herodoto leyó allí los primeros capítulos de su Historia. Lo mismo hizo luego Tucídides. Píndaro celebraba al vencedor con una oda.

LINGUACUTA.- ¿Ese era el premio? ¿Una poesía?

DE COUBERTIN.- Bueno, los ganadores de las diversas pruebas eran aclamados por el público, les arrojaban flores, recibían una corona de olivo, y cuando volvían a su ciudad natal eran recibidos como héroes. 

SOFROSINA.- ¡Cuánto se esfuerzan los mortales por alcanzar fama y gloria!

LINGUACUTA.- Que son más volátiles que el perfume. ¿De cuántos de los cerca de 3500 campeones que hubo en los antiguos Juegos Olímpicos te acuerdas?

SOFROSINA.- Todos vamos corriendo hacia el olvido.

LINGUACUTA.- Pero algunos llegan más rápido.

SOFROSINA.- Me han contado que Nerón participó en los Juegos del año 67 buscando la gloria olímpica.

DE COUBERTIN.- Así es. Obtuvo siete coronas de laurel y fue el gran ganador. ¡Solo un suicida se hubiera atrevido a disputarle el triunfo!

LINGUACUTA.- De vieja data vienen las victorias amañadas.

DE COUBERTIN.- Ganar, y a cualquier precio, es contrario al ideal que expuse en 1908, con ocasión de los Juegos Olímpicos de Londres: “Lo importante no es ganar, sino participar”. 

LINGUACUTA.- Barón, usted peca por inocente.

DE COUBERTIN.- Soñar no cuesta nada, y es vital.

LINGUACUTA.- ¿Por qué se acabaron las antiguas Olimpiadas?

DE COUBERTIN.- Con la religión tuvieron su comienzo y por la religión tuvieron su final. Una vez que triunfó el cristianismo, el emperador Teodosio I las prohibió por considerarlas, con razón, como parte del culto a Zeus. Después de haberse prolongado durante doce siglos, los Juegos desaparecieron en el año 393. Posteriormente, el emperador Teodosio II, ordenó  en el 426 la demolición de todos los templos griegos y romanos, incluidos los de Olimpia.

LINGUACUTA.- Sic transit gloria mundi.

DE COUBERTIN.- Ahora sí recordaste tu latín, picarona.  

SOFROSINA.- Barón, supe que usted quiso hacer del apoliticismo una regla cardinal de los Juegos Olímpicos modernos, pero en cada nueva edición de los mismos hay política de por medio.

DE COUBERTIN.- Soñé que las Olimpiadas fueran un instrumento de paz entre los pueblos y por eso no quería que se les mezclara política. Pero desde las primeras Olimpiadas modernas en Atenas, el rey Jorge I las utilizó para celebrar los 65 años de independencia de Grecia, para legitimar su dinastía -de origen danés- y para unificar a la nación.

SOFROSINA.- Y en Londres, en 1908, se inauguró el desfile de los atletas detrás de las banderas de sus respectivos países: el ritual olímpico se hizo nacional, por no decir nacionalista. 

LINGUACUTA.- Ese potencial político lo entendió bien el comunismo soviético que en los años veinte puso en marcha unos contra-Juegos internacionalistas, las Espartaquiadas, que dejaron de celebrarse con la participación de la URSS en los Juegos Olímpicos de Helsinki, en 1952. 

DE COUBERTIN.- Tampoco olvido que con los Juegos, los totalitarismos de derechas -fascismo, nazismo, imperialismo japonés- vieron la oportunidad de presentar una cara menos belicosa, al tiempo que exhibían la superioridad de su modelo. Muy a mi pesar los Juegos se fueron volviendo una prolongación de las luchas entre naciones.

SOFROSINA.- Recuerdo bien cómo, durante la Guerra Fría, los Juegos fueron un escenario del antagonismo Este-Oeste. Parecían un gigantesco partido donde se jugaba la “superioridad” entre las “democracias populares comunistas” y las “democracias liberales”. 

DE COUBERTIN.- Así fue. Seguro tienes presente que los Estados Unidos orquestaron el boicot de los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980 como protesta por la invasión soviética en Afganistán. Y en el “toma y daca” de la Guerra Fría los soviéticos y sus países “amigos” boicotearon, cuatro años después, los Olímpicos de Los Angeles.

LINGUACUTA.- Investido de un poder simbólico creciente, el escenario olímpico se volvió una tribuna política mundial, aun sin Guerra Fría de por medio.  El “vitrinazo” que ofrecen los Juegos es tan grande que la seguridad en ellos se ha vuelto asunto de primer orden desde que un grupo terrorista palestino asesinó a once atletas israelíes en los Olímpicos de Munich en 1972.

SOFROSINA.- Cuatro años después 22 países africanos boicotearon los Juegos de Montreal para protestar contra la política de apartheid en Africa del Sur. 

DE COUBERTIN.- Cuando dices eso me viene a la mente la imagen de Tommie Smith y John Carlos en el podio de los 200 metros, en los Juegos de Ciudad de México en 1968, haciendo el saludo del Black Power en apoyo a los derechos de los afroamericanos en los Estados Unidos.

SOFROSINA.- Barón, víctimas de su propio éxito, los Juegos se han convertido en algo más que un escaparate para protestas políticas: son un espejo del mundo, de su rostro cambiante. Vea cómo las actuales preocupaciones por el medio ambiente hacen que los organizadores de los Juegos quieran presentar un balance lo más ecológico posible. Y observe en ellos el papel creciente de la mujer, ahora en pie de igualdad con el hombre en las diferentes competencias. En esta edición de los Juegos de París hay por primera vez paridad de atletas masculinos y femeninos.

LINGUACUTA.- Paridad que se ha logrado después de muchas luchas femeninas, y feministas.  Sin ir más lejos, en los primeros Juegos Olímpicos modernos, en Atenas, no hubo ni una mujer compitiendo porque usted, Barón, se opuso.

DE COUBERTIN.- Que agradezcan que las dejamos ir a verlos pues en los Juegos Olímpicos antiguos hasta eso lo tenían prohibido. 

LINGUACUTA.- ¡Qué difícil es cambiar las mentalidades! Todavía me asombra escuchar que en 1935, treinta y nueve años después de esos primeros Juegos, usted declaró lo siguiente en una entrevista radiofónica: “El verdadero héroe olímpico es, a mis ojos, el varón adulto individual. Personalmente no apruebo que las mujeres participen en competiciones públicas, lo que no significa que deban abstenerse de practicar un gran número de deportes, pero sin dar espectáculo. En los Juegos Olímpicos, su papel debería ser sobre todo, como en los antiguos torneos, coronar a los vencedores”.

SOFROSINA.- No se ponga colorado, Barón. Nosotras comprendemos que usted era hijo de su tiempo, pero esperamos que su ya larga estadía en Ultratumba le haya permitido evolucionar.

LINGUACUTA.- Volviendo al tema de la política permítame decirle, Barón, que su alto ideal del apoliticismo olímpico tal vez funcione en Ultratumba, porque lo que es en la Tierra, desde tiempos inmemoriales el deporte ha sido hábilmente utilizado como inhibidor político y domesticador social.

SOFROSINA.- Personalmente no tengo nada contra eso de “Pan y Circo”, con tal que sean de calidad y para todos.

LINGUACUTA.- Ojalá se realizara esa utopía: un mundo donde todos, bien alimentados, nos divirtamos más… y nos matemos menos.

Rodolfo Ramón de Roux

Julio de 2024

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Nos educan para tener éxito. También deberían enseñarnos a vivir los fracasos: forman parte inevitable de la aventura humana. 

LINGUACUTA.- No me explico cómo pude fracasar así. Si tuviera tu madurez no hubiera metido la pata en esa forma.

SOFROSINA.- Si no hubiera metido la pata muchas veces, no tuviera la madurez que tengo hoy. Desafortunadamente, la experiencia es una enfermedad que no se contagia.

CICERÓN.- Errar es humano, lo imperdonable es perseverar en los mismos errores.

SAMUEL BECKETT.- Inténtalo de nuevo, Linguacuta, equivócate de nuevo, pero equivócate mejor.

WINSTON CHURCHILL.- El éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo. 

EINSTEIN.- Tranquila, jovencita, que todo el mundo tiene que sacrificarse de vez en cuando en el altar de la estupidez.

LINGUACUTA.- Dios es injusto. Le puso límites a la inteligencia del ser humano, pero no a la estupidez a la que puede llegar.

SACHA GUITRY.- No te desanimes, me parece que eres suficientemente inteligente y la diferencia entre una persona inteligente y una estúpida es que la primera se repone fácilmente de sus fracasos, y la segunda nunca logra reponerse de sus éxitos porque se le suben los humos a la cabeza.

SOFROSINA.- No te achicopales con tus fracasos. Ten en cuenta que en cualquier cosa que emprendamos, el éxito requiere tomar riesgos.

SUN TZU.- A veces tenemos que hacernos vulnerables para poder obtener lo que queremos. Como dice un viejo proverbio chino: Debes ingresar a la guarida del tigre para atrapar a sus cachorros.

SOFROSINA.- “Nada arriesgado, nada ganado”, lo que significa estar dispuesto a arrostrar fracasos. 

THOMAS A. EDISON.-  Antes de lograr perfeccionar la lámpara incandescente realicé más de mil intentos. Cuando me preguntaron por qué persistí a pesar de tantos “fracasos”, respondí: “No fracasé, descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla”. Un científico aprende equivocándose y sabe que cada error que se rectifica es un paso más hacia lo que quiere lograr. 

GASTON BACHELARD.- El “modo fracaso” es a menudo el punto de partida de la reflexión y la comprensión. Solo cuando las cosas no funcionan nos preguntamos por qué no funcionan y cómo podrían funcionar. 

SOFROSINA.- Por eso una persona inteligente saca más provecho de sus fiascos que un tonto de sus éxitos. Por otra parte, quien valora exclusivamente el éxito se expone a hundirse con un fracaso. Tenlo bien presente, Linguacuta: irás lejos si sabes asumir tus fracasos.

ESTANISLAO ZULETA.- Lo cual no es tan evidente. Con frecuencia damos cuenta de los fracasos ajenos diciendo que son una manifestación de su ser más profundo. Si se trata de nuestros fracasos los explicamos por las circunstancias adversas: “Él es así; yo me vi obligado. Él cosechó lo que había sembrado; yo no pude evitar este resultado”. Preferimos que nuestra causa se juzgue por los propósitos, la adversaria por los resultados.

SOFROSINA.- Animo, amiga. No es que algunos hayan fracasado antes de triunfar; es más: triunfaron gracias a un fracaso que les abrió nuevos horizontes. 

STEVE JOBS.- No lo vi así entonces, pero el que me echaran de Apple fue lo mejor que pudo haberme pasado. 

SOFROSINA.- El éxito te había vuelto muy narcisista e insoportable.

STEVE JOBS.- El que me botaran de la empresa que yo mismo había fundado no solo fue una oportunidad para medir mis límites, sino que también me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida. Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que luego sería mi esposa.

LINGUACUTA.- Conocí gente que esperó toda la vida que las cosas cambiaran, sin darse cuenta de que eran ellos quienes debían cambiar de camino. 

SOFROSINA.- Como dice el I Ching, cuando un camino llega a su final, cambia de camino. Un fracaso bien asimilado puede ayudarnos a hacer ese cambio.

LEONARD COHEN.- “There is a crack, a crack in everything. That’s how the light gets in”. Sí, la luz entra por las grietas de nuestros errores y fracasos.

NELSON MANDELA.- Por ello solía decir: “Nunca pierdo, gano o aprendo”.

EPICTETO.- Eso se llama saber aceptar las cosas como son. No con un amargo y triste “así son las cosas”, sino con un “así son las cosas” lleno de coraje y determinación. 

RAY CHARLES.- Perdí la vista a los siete años y a mi madre a los quince. Antes de eso, fui testigo del ahogamiento de mi hermano pequeño. Todo parecía dispuesto para que mi vida fuera un fracaso; pude haberme sentado en una esquina con un bastón blanco y un cuenco para pedir limosna, pero hice todo lo posible para convertirme en músico. 

SOFROSINA.- Bien hecho. Sentarnos a llorar sobre nuestra suerte es añadir desgracia a la desgracia. 

EPICTETO.- Podemos lamentarnos inútilmente por nuestro “injusto” destino o podemos hacer de la desgracia una oportunidad para reinventarnos, lo cual puede ser fuente de insospechadas alegrías.

ARISTÓTELES.- Les voy a decir algo muy paradójico. Enfrentarse a la adversidad suele ir de la mano del desarrollo de nuestros talentos y habilidades. Y uno de los grandes placeres de la vida es aprovechar las oportunidades que nos brinda para progresar, para “actualizar nuestra potencia”. 

RUDYARD KIPLING.- Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso y tratar a esos dos impostores de la misma manera, si puedes ver la obra de tu vida destruida, y sin quejas ni suspiros empezar a reconstruir, ¡serás una gran mujer, Linguacuta!

MIGUEL DE CERVANTES.- Te cuento, agraciada joven, que en varias ocasiones, buscando algo de fortuna, intenté que me enviaran a las Indias como tesorero del reino de Nueva Granada, gobernador de una provincia de Guatemala, administrador de las galeras de Cartagena, en la actual Colombia, o corregidor de la ciudad de La Paz, hoy en Bolivia. La respuesta fue tajante: No. En España terminé encarcelado dos veces por asuntos de dinero. Y fue en una cárcel de Sevilla, donde pasé tres meses en 1597, cuando tuve la idea del Quijote. ¡El infortunio tiene a veces beneficios inesperados!

SOFROSINA.- Ya lo ves, sorora. Los fracasos son parte de la aventura humana y múltiples son sus bondades. Hay fracasos que nos hacen más decididos, y otros que nos llevan a abandonar quimeras; fracasos que nos dan fuerza para perseverar en nuestro camino y otros que nos incitan a transitar por nuevos senderos. 

LINGUACUTA.- Espero que cada uno de mis nuevos fracasos me enseñe algo que necesitaba aprender.

Y todos los presentes exclamaron: ¡Amén!

Rodolfo Ramón de Roux

Julio, 2024

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