A la luz de la creciente polarización político-religiosa en muchos lugares de la tierra, Erasmo de Rotterdam animó en el “salón” de Sofrosina el siguiente diálogo, recordando el precio de la moderación en tiempos tormentosos.
Valga recordar que, en el crítico momento de la Reforma protestante, el talante conciliador de Erasmo lo llevó a entrar en conflicto tanto con el impetuoso e intransigente Lutero, como con los jerarcas católicos, pasando del ofrecimiento del cardenalato a la inclusión de sus escritos en el Índice de libros prohibidos.
ERASMO.- Viví el tránsito del siglo XV al XVI, cuando se dio en Europa no solo un cambio de siglo sino también de época. De golpe y porrazo el espacio europeo adquirió dimensión mundial y las certidumbres se convirtieron en dudas.
LINGUACUTA.- Como lo que se vive actualmente en la tierra: es impresionante la aceleración de todo tipo de cambios, incluido el climático.
SOFROSINA.- En esos momentos de rupturas decisivas, la humanidad se ve desbordada por sus propios logros y tiene que emplearse a fondo para estar a su propia altura.
ERASMO.- Indudablemente. Lo experimenté cuando se alteró radicalmente el orden heredado de la Edad Media: la vieja nobleza se debilitó, las ciudades progresaron, los campesinos se empobrecieron, los burgueses prosperaron, el comercio y el lujo florecieron gracias al abono del oro oceánico, las pasiones político-religiosas se enardecieron. ¡Y qué de cambios en todos los dominios del arte, de la ciencia, de la técnica! La efervescencia era cada vez mayor y la sociedad empezó a reorganizarse de manera diferente.
ZYGMUNT BAUMAN.- Pues a mí me tocó vivir, en el tránsito del siglo XX al XXI, el gran cambio que ha sido la modernidad líquida.
ERASMO.- ¿Qué cuento es ese de “modernidad líquida”?
ZYGMUNT BAUMAN.- La llamé así porque la metáfora de la liquidez da buena cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en un mundo sujeto a cambios veloces.
SOFROSINA.- Y por ello mismo, un mundo cada vez más imprevisible.
ZYGMUNT BAUMAN.- Así es. La velocidad de los cambios ha convertido a la vida en una serie inacabable de nuevos comienzos e incesantes finales. Todo fluye y rapidísimo.
SOFROSINA.- El ritmo de los cambios es tan vertiginoso que muchos se sienten incapaces de “ponerse al día” y se encuentran en la permanente angustia de sentirse “relegados”.
ZYGMUNT BAUMAN.- Las instituciones no son ya anclas de las existencias personales y han entrado en crisis los relatos colectivos que otorgaban sentido a la historia y a las vidas individuales. La modernidad líquida es un tiempo sin certezas.
ERASMO.- En el “Renacimiento” que viví también se resquebrajaron las viejas certezas, empezando por aquella de que la Tierra era el centro del Universo. Las verdades rígidamente establecidas por la Iglesia católica también fueron discutidas, contestadas y desobedecidas. En ese hervidero religioso que condujo a la “Reforma” protestante, combatí toda clase de fanatismo, ya fuera religioso, nacional o ideológico, porque lo consideraba el destructor cerril de cualquier forma de entendimiento.
SOFROSINA.- Razón no te faltaba: nadie tiene el monopolio de la verdad.
LINGUACUTA.- Ni goza del derecho exclusivo del error.
ERASMO.- Por eso me cuidaba de los que pensaban con anteojeras y de los zelotes de cualquier pelambre que por todas partes exigían obediencia ciega a sus opiniones y vociferaban llamando herejía o infamia a cualquier punto de vista divergente.
SOFROSINA.- El saber y la razón hablan; la ignorancia y el error gritan.
LINGUACUTA.- En los momentos de grandes cambios y enormes dudas fácilmente se sube la voz y se bajan los argumentos.
SOFROSINA.- Y se excitan los malévolos.
LINGUACUTA.- Sofro, como dice el principio de la navaja de Hanlon, “no hay que atribuir a la malevolencia lo que se explica adecuadamente por la estupidez”…pero no hay que descartar la malevolencia.
ERASMO.- Me entusiasmé pensando que se podía enseñar y aprender a ser cada vez más civilizado y a vivir en armonía, y terminé en medio de un estallido de pasión nacional-religiosa. ¡Qué horror fueron esas “guerras de religión” entre católicos y protestantes!
LINGUACUTA.- La gran paradoja de las guerras es que en ellas todos se destripan por una “causa justa”. Y en las “guerras santas” creen, además, que la degollina es “ad maiorem Dei gloriam”.
SOFROSINA.- ¿De manera que confiaste mucho en las bondades de la educación y la cultura?
ERASMO.- Junto a mis amigos humanistas le di suma importancia a la educación de la juventud. Estaba convencido de que la gente culta no sería capaz de ejercer la violencia bruta y que si las personas cultivadas fueran la autoridad, decrecerían por sí solas la bestialidad, las guerras y las persecuciones religiosas.
LIGUACUTA.- Ay, amigo, cuando se tiene el poder se va rápido de la cima a la sima, con educación o sin ella.
SIGMUND FREUD.- Erasmo, los partidarios, como tú, de la solución pacífica y razonada de los conflictos, no deben perder de vista que su obra está constantemente amenazada por la eterna irracionalidad de las pasiones. Hay pulsiones que no controlamos y que nos dominan.
ERASMO.- El asunto fue que no quise someterme a la locura de ningún grupo. Y aquí empezó mi tragedia. Busqué renovar la Iglesia católica de manera razonable, pero el destino me enfrentó, tanto con el inflexible Lutero, como con los dogmáticos papistas.
LINGUACUTA.- Alabo tu actitud: la razón merece llamarse así cuando es capaz de dudar de sí misma.
ERASMO.- Y pocos estaban dispuestos a darle al adversario el beneficio de la duda: la razón se uniformó de “luterana” o “papista”.
SOFROSINA.- Me han contado que nadie quería entenderse con nadie sino imponer violentamente su credo, marcar su doctrina a fuego.
ERASMO.- No podía defender totalmente a la Iglesia católica romana, ya que había sido el primero en criticar sus abusos y exigir su renovación. Pero tampoco podía comprometerme completamente con los “evangélicos” porque muchos de ellos, lejos de encarnar su ideal de una paz en Cristo, se habían vuelto tan agresivos e intransigentes como sus adversarios católicos.
SOFROSINA.- Te encontraste entre el yunque y el martillo.
ERASMO.- Y terminé machacado por moderado. Como escribí entonces: “Todos se llenan la boca de estas cinco palabras: Evangelio, Verbo Divino, Fe, Cristo y Espíritu, pero veo a muchos de ellos comportándose como si estuvieran poseídos por el diablo”.
SOFROSINA.- En cada bando querían ser coherentes con sus principios.
LINGUACUTA.- La coherencia que no se deja cuestionar es también una forma de estar preso en las opiniones propias…y termina queriendo encerrar a los demás en esa prisión.
SOFROSINA.- Por eso soy partidaria de una utopía de seres dubitativos, por una revolución del “quizás”, animada por una ética no del poder, sino de la potencia: hacer lo que se pueda sin perjudicarse a sí mismo ni a los demás.
FREUD.- Estás pensando con el deseo.
LINGUACUTA.- Es algo propio del ser humano, y se llama “Esperanza”.
SOFROSINA.- Erasmo, en resumidas cuentas ¿cuál era tu postura en materia religiosa?
ERASMO.- Nunca pontifiqué al modo de Lutero, Zwinglio o Calvino -o sea, rechazando cualquier oposición- sobre los cinco “solos” de la Reforma: solo Cristo, solo la Escritura, solo la Fe, solo la Gracia, solo a Dios la Gloria.
LINGUACUTA.- Entonces ¿qué?
ERASMO.- Enseñé pacíficamente que el mantenimiento de las formas externas de devoción no constituye por sí solo la esencia de la religiosidad cristiana y que únicamente en su interior se decide la verdadera fe de alguien.
SOFROSINA.- Me parece algo sensato.
ERASMO.- Más decisivo que la observancia de ritos y oraciones, ayunos, peregrinaciones, culto a los santos o asistencia a misa, es llevar en lo personal una vida acorde con el espíritu de Cristo: “La quintaesencia de nuestra religión es la paz y la concordia”, afirmé.
LINGUACUTA.- Interesante. ¿Lo expusiste en alguno de tus escritos?
ERASMO.- En el Elogio de la locura hablé sobre los abusos cometidos en el seno de la Iglesia católica; en el Manual del caballero cristiano expuse el ideal de una religiosidad interiorizada; en Querela pacis (Queja de la paz) hice un elenco de duras quejas contra los causantes de las guerras y contra sus excusas, describiendo los males que aquellos enfrentamientos armados causaban en la Europa de mi tiempo.
SOFROSINA.- Supe que como no quisiste tomar partido ni por los papistas ni por los evangélicos, te ganaste la ira de ambos: ese es el problema de los “centristas”.
LINGUACUTA.- Los centristas saben que la duda es una forma de razón pues son conscientes de la atracción que sobre los humanos ejerce el Absoluto.
SOFROSINA.-Y también son conscientes de que hay que ser cauteloso con las posiciones extremas: es muy difícil dejarlas pues han costado mucha obstinación.
LINGUACUTA.- Suele suceder que cuando alguien no es un “incondicional”, los militantes de uno y otro bando lo tildan de cobarde y tibio…aunque sea un dubitativo clarividente. ¿Te pasó eso?
ERASMO.- Era inevitable. Y mi supuesta tibieza y cobardía hizo que tuviera que afrontar en los últimos años de mi vida el acoso de católicos y protestantes.
LINGUACUTA.- ¿Lo deploras?
ERASMO.- Como canta por ahí Edith Piaf, “non, je ne regrette rien”. Me alegra no haberme dejado fanatizar. Como escribí en su momento: “No puedo sino odiar la discordia y amar la paz y el entendimiento mutuo, pues me he dado cuenta de cuán sórdidas son todas las circunstancias humanas. Sé que es mucho más fácil provocar el desorden que aplacarlo y, como no en todas las cosas me fío de mi propia razón, prefiero abstenerme de pronunciarme con contundencia sobre la forma de pensar de los demás”.
Llovieron en ese momento los aplausos y los tertulianos levantaron sus copas brindando por el triunfo de una razón comprensiva y moderada sobre las pasiones egoístas y ciegas.
Esto es brindar con el deseo -dijo Freud en tono “allegro ma non troppo”-. Sofrosina añadió: “Pero siempre serán necesarios Erasmos que renueven la esperanza en un mundo con más concordia”. En menos que canta un gallo, Pandora volvió a llenar las copas de todos los presentes con su famoso licor “Dum spiro spero”.
Rodolfo Ramón De Roux
Febrero, 2025

