De cómo un concepto tan moderno como el de “disonancia cognitiva” (León Festinger, 1957) puede producir vibrantes diálogos entre los habitantes de Ultratumba.
SOFROSINA.- Me despelucan las noticias que llegan de la Tierra: catástrofes medioambientales, violencia exacerbada de conflictos sociales, lucha entre potencias por la hegemonía geopolítica, amenazas de una guerra nuclear. Ni para qué sigo la enumeración.
LINGUACUTA.- Te añado la desconfianza de todos contra todos que ha generado la multiplicación de noticias falsas elaboradas fácilmente con la IA y difundidas rápidamente por las redes sociales. Ya no se sabe en qué creer ni a quién creer.
SOFROSINA.- Gravísimo, pues sin confianza no puede haber vida en sociedad ni “contrato social”.
LINGUACUTA.- Espero que con algo de suerte salgan adelante los Sapiens.
SOFROSINA.- Ay, Linguacuta, la Fortuna -como dice Don Quijote- es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quién derriba.
LINGUACUTA.- Con situación tan incierta y complicada no tardarán en proliferar profecías sobre un inminente fin del mundo.
SOFROSINA.- Bueno, todo lo que tiene un inicio tiene un fin, incluyendo la especie humana y el planeta que ella habita.
LINGUACUTA.- Lo imprudente es predecir la fecha exacta del final como hicieron los “adventistas” que se arremolinaron en masa esperando la segunda venida de Jesús “en gloria y majestad” el 22 de octubre de 1844.
SOFROSINA.- William Miller y sus seguidores no han sido los únicos imprudentes. Si vas a Wikipedia y consultas “Fechas del fin del mundo” verás que en el Occidente se ha vaticinado más de un centenar de veces la fecha del fin del mundo.
LINGUACUTA.- Y se queda corta Wikipedia. El Occidente cristiano está imbuido de fin de mundo y de milenarismo. Texto clave para apuntalar esa obsesión ha sido el capítulo 20 del libro del Apocalipsis, atribuido a san Juan, “el discípulo amado”.
SOFROSINA.- Se trata, sin duda, de una tremenda y enigmática descripción del drama cósmico del final de los tiempos. En ella se enseña -“palabra de Dios”- que antes del triunfo definitivo del Cordero-Cristo-sobre la Bestia-Satán-, habrá dos grandes combates escatológicos.
LINGUACUTA.- Tengo bien presente que, al final del primer combate, la Bestia es vencida por Cristo y arrojada viva en un abismo, donde estará encadenada durante mil años. En ese momento tiene lugar la primera resurrección, reservada para los elegidos del Señor, y comienza un reino terrestre de Cristo y sus santos. Al cabo de mil años, Dios permite que Satán sea desencadenado y dé su postrer batalla contra los buenos. Finalmente, Satán es arrojado por toda la eternidad en un estanque de fuego y azufre. Se opera, entonces, la segunda resurrección, la de todos los vivos y muertos, para el Juicio Final universal y definitivo.
SOFROSINA.- La espera de una primera resurrección y de un milenio bajo el reinado de Cristo formó parte importante de la escatología de los tres primeros siglos del cristianismo. Recuerdo que el milenarismo fue profesado no solo por “herejes” como Montano, sino también por grandes figuras de la Iglesia primitiva como Tertuliano, san Papías, san Ireneo de Lyon y san Hipólito de Roma.
LINGUACUTA.- Sin embargo, una corriente antimilenarista también fue tomando cuerpo. La inspiraban el descrédito de una concepción demasiado terrestre del ideal cristiano, y el temor ante las tendencias heréticas y revolucionarias de los movimientos milenaristas. Pero démosle la palabra al santo doctor de la Iglesia, Agustín de Hipona, que nos está mirando con cierto recelo, tal vez por ser mujeres hablando de asuntos teológicos.
AGUSTÍN DE HIPONA.- Me precio de haberle asestado un golpe casi definitivo al milenarismo a principios del siglo V. Consagré buena parte del libro 20 de mi Ciudad de Dios a refutarlo. Allí enseño que el reino milenario de Cristo es el reino actual de Cristo sobre su Iglesia. La primera resurrección de la que habla el Apocalipsis ya se ha realizado, pues las almas de los fieles que adhieren a Cristo han resucitado espiritualmente, gracias al bautismo. ¿Ven, muchachas, cómo espiritualicé hábilmente el milenio?
SOFROSINA.- Lo vemos. También vemos que poco después el concilio de Efeso condenó en el año 431 la concepción literal del milenio y adoptó como visión oficial tu explicación.
LINGUACUTA.- Lo que es bien explicable pues a una Iglesia ya organizada, victoriosa e integrada al mundo le convenía insistir en el sentido puramente espiritual del milenio para evitarse sorpresas subversivas del orden establecido. El Reino de los milenaristas podía esperar. La Iglesia jerárquica había llegado para quedarse…per omnia secula seculorum.
SOFROSINA.- Periódicamente, sin embargo, a todo lo largo de la Edad Media se marchó en pos del milenio bajo la guía de profetas que se ornaban con una aureola mesiánica. Muchos cristianos, considerados como herejes, acechaban los signos anunciadores de la destrucción de un mundo que juzgaban manchado por el pecado y cuya corrupción radical se les manifestaba en el hambre, el frío, las pestes y la opresión en que vivían.
LINGUACUTA.- Me han contado que esa muchedumbre se preguntaba, ansiosa, cuántas tribulaciones debería soportar todavía y, sobre todo, cuándo se produciría el pasaje –la pascua– hacia el reino prometido por Cristo, cuando los justos y los atribulados resucitarían de primeros para gozar, aquí en la Tierra, de mil años de apacible felicidad.
NORMAN COHN.- En mi libro The Pursuit of the Millenium. Revolutionary Millenarians and Mystical Anarchists of the Middle Ages, mostré suficientemente cómo en el Medioevo la aspiración de los pobres por mejorar su condición material se nutrió no pocas veces de las profecías apocalípticas que vaticinaban una prodigiosa lucha final entre los secuaces de Cristo y el Anticristo, con la subsiguiente renovación radical del mundo.
JEAN DELUMEAU.- Si quieren ampliar lo que dice mi amigo Cohn las invito a leer mi libro Mille ans de bonheur para que vean cómo las corrientes igualitaristas de comienzos de la Edad Moderna en Europa -taboritas, seguidores de Thomas Müntzer en la guerra campesina de Alemania, anabaptistas de la ciudad de Münster, etc- estaban imbuidas de milenarismo apocalíptico. Quisiera escuchar qué opinan al respecto mis eximios colegas medievistas Le Goff y Duby que también han estudiado el tema.
JACQUES LE GOFF.- La firme esperanza en una tierra sin mal y en una edad de oro que ya no estaban atrás sino adelante arraigó entre los humillados y ofendidos. El milenarismo consideraba, en general, que el milenio -reino de los «puros»- debía ser preparado por los parias de la sociedad. En el Medioevo, esos parias -en quienes los milenaristas veían la sal de la tierra y los instrumentos de la escatología- eran los pobres. La concepción de un milenio igualitario, que hiciera realidad el tema popular del «mundo al revés», tuvo así un gran poder subversivo en el mundo rígidamente jerarquizado del Medioevo.
GEORGES DUBY.- Anhelos semejantes eran un peligro para el orden establecido y para la Iglesia que lo cimentaba. Consecuentemente, en los albores del año mil, los obispos francos proclamaron que Dios había determinado que la sociedad de los hombres estuviera ordenada jerárquicamente, como la de los ángeles; que cada cual debía permanecer en el sitio que su Señor y Creador le había asignado; que algunos estaban destinados a rezar, otros a combatir, otros a trabajar; que estos últimos –y todas las mujeres– estaban obligados a obedecer, tanto cuanto durara la historia.
LINGUACUTA.- Y, para comprimir adecuadamente el sueño mesiánico, las autoridades eclesiásticas decretaron que la historia terminaría de un solo golpe. Nada de doble resurrección. La primera resurrección ya había tenido lugar, como efecto del bautismo. Nada de juicio diferido ni de fase intermedia. Nada de milenio. Un solo día de cólera divina. Sicut Augustinus dixit.
GEORGES DUBY.- La abundante escultura sobre el Juicio Final en el pórtico de las iglesias, desde finales del siglo XI, tendría la misión de proclamar y propagar esta verdad.
AGUSTÍN DE HIPONA.- Espero que sean conscientes de que esos embelecos milenaristas constituían un tremendo peligro. Por eso espiritualicé el milenio.
ERIC HOBSBAWN.- Pero no lo lograste del todo. He estudiado cómo las viejas aspiraciones milenaristas, despojadas o no de su original justificación sobrenatural, pervivieron en los movimientos revolucionarios de los siglos XIX y XX.
LINGUACUTA.- Y continúan en el XXI. No han desaparecido totalmente los sueños del triunfo de un “Hombre Nuevo” y de un “Mundo Nuevo”, aunque continuamente sus adeptos tengan que aplazar la realización de tan idílica realidad.
LEÓN FESTINGER. Los movimientos mesiánicos y milenaristas, que han tenido que postergar muchas veces la llegada del “milenio”, son un claro ejemplo de cómo, cuando alguien sostiene una creencia fuertemente arraigada y se le presentan hechos que van en contra de dicha creencia, se resiste a aceptarlos y experimenta lo que llamé “disonancia cognitiva”.
LINGUACUTA.- ¿Eso qué significa?
LEÓN FESTINGER.- Que, como para el creyente es fundamental proteger su creencia, negará todo aquello que la contradiga o, si es imposible negar los hechos, adaptará su creencia sin abandonarla.
AGUSTÍN DE HIPONA.- ¿Será que mi reinterpretación del milenarismo fue la respuesta a una disonancia cognitiva?
LINGUACUTA.- Te veo más confundido que a daltónico armando el cubo de Rubik.
SOFROSINA.- También para los mesías políticos y sus seguidores, si los hechos contradicen a su ideología, peor para los hechos.
LINGUACUTA.- Me parece que eso de la disonancia cognitiva ya lo enseña la vieja fábula de la zorra y las uvas. Samaniego, tú que la pusiste en verso, ¿por qué no la declamas?
FÉLIX MARÍA SAMANIEGO.- “Es todo un honor hacerlo ante tan selecto grupo”. Y aclarándose la voz con un trago de ambrosía, se despachó de la siguiente manera:
Es voz común que, a más del mediodía,
en ayunas la zorra iba cazando.
Halla una parra; quédase mirando
de la alta vid el fruto que pendía.
Causábale mil ansias y congojas
no alcanzar a las uvas con la garra,
al mostrar a sus dientes la alta parra
negros racimos entre verdes hojas.
Miró, saltó y anduvo en probaduras;
pero vio el imposible ya de fijo.
Entonces fue cuando la zorra dijo:
“¡No las quiero comer! ¡No están maduras!”
No por eso te muestres impaciente
si se te frustra, Fabio, algún intento;
aplica bien el cuento
y di: ¡No están maduras!, frescamente.
Rodolfo Ramón de Roux
Agosto, 2024


5 Comentarios
Rodolfo R.: Muy importante tu reflexión y la relación de los autores que han trabajado sobre el fin del mundo. Es además de una enorme actualidad dados los estudios y teorías sobre el Antropoceno, el Posthumanismo y el Transhumanismo. Saludos. Hernando
Has logrado Rodolfo reunir en un mismo banque el néctar de la historiografía milenarista, destacando ciertos efectos sociales e institucionales a lo largo de la evolución del cristianismo, con el ingenio propio de un sabio maestro de la vida.
Nuestro mundo viejo en sus estertores se sigue negando a rendir milenio tras milenio su cetro de la inequidad protegido por la injusticia individual y colectiva, mientras el nuevo comienza a germinar conscientemente entre quienes, cada vez más numerosos, vierten en odres nuevos su espíritu cotidianamente purificado y renovado.
Nuestros contertulios de ultra tumba tal vez estén de acuerdo en que el mundo nuevo ha tardado tanto como lo hemos esperado ver llegar bajo el velo de un milagro o de un castigo, cuando el milagro consiste en darnos a la tarea de construirlo desde nuestro propio interior y luz, sin esperar a que otros lo hagan en nuestro lugar o a que sea demasiado tarde.
Gracias por este manjar.
Así es, Enrique; el milagro está en las manos de cada uno de nosotros. Si cada uno se mejora, mucho mejoraría la Biosfera.
Gracias Ramón, también aprovecho para agradecer a todos los eJET y sus colaboradores – son una gran fuente de experiencias y conocimientos inigualables.
Mi comentario va a propósito de la “disonancia cognitiva”: esconder o cambiar la realidad versus cambiar tus CREENCIAS, para así busca alternativas viables (el Next)
Pareciera que es más difícil cambiar las creencias que aceptar hechos contundentes que a uno mismo le suceden – Sera por eso que aprender de las experiencias de los demás es casi imposible.
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La disonancia cognitiva también se puede manifestar en esperar que el sapiens cambie sustancialmente con el paso del tiempo. El exceso de información actual nos tiene confundidos pero siempre lo hemos estado en mayor o menor grado por nuestra inherente “limitación”. Ahora esperamos que la IA genere un milenio de sapiencia, abundancia, longevidad, etc…, pero seguiremos muriendo aunque más viejos y achacosos, y tánto desarrollo traerá tambiens consigo nuevos desafíos, y sin garantizar que un día de estos no se adelante el final apocalíptico. Excelente artículo.