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Rodolfo ramon de roux

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Díjole la duquesa: “vuesa merced nunca ha visto a la señora Dulcinea, es dama fantástica que vuesa merced engendró y parió en su entendimiento”. Respondióle Don Quijote: “Dios sabe si hay Dulcinea o no; estas no son de las cosas cuya averiguación se haya de llevar hasta el fondo”. ¿La creencia de Don Quijote en Dulcinea es una manera sutil de interrogarnos Cervantes sobre el acto de fe?

LINGUACUTA.- Caballero de la Triste Figura, me parece que te inventaste una religión de Dulcinea al igual que existe una religión de Jesús y de la Virgen María.

DON QUIJOTE.- ¿De veras?

LINGUACUTA.- Una vez te plantaste frente a un grupo de mercaderes y los interpelaste de esta manera: “¡Alto todo el mundo, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la Emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso!”. (El rostro del hidalgo se ilumina al recordar aquel episodio de sus eufóricasaventuras).

SOFROSINA.- Uno de los mercaderes, que era un poco burlón y muy mucho ocurrente, te dijo: “Señor caballero, nosotros no conocemos quién es esa buena señora que decís; mostrádnosla, que si ella es de tanta hermosura como dais a entender, de buena gana y sin apremio alguno confesaremos la verdad que por vuestra parte nos es pedida”.

DON QUIJOTE.- A lo cual repliqué: “Si os la mostrara, ¿qué haríais vosotros confesando una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender”.

LINGUACUTA.- Clara alusión al evangélico “Bienaventurados los que creen sin haber visto” (Juan 20, 29).

SOFROSINA.- Y a la Epístola a los Hebreos que dice: “La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (11, 1).

DON QUIJOTE.- ¡Socórreme, señora Dulcinea! No deseo tener problemas con los curas. De todas maneras, solo soy el invento de un tal Cervantes. Pregúntenle a él.

LINGUACUTA.- Se nos ha escondido. No quiere volver a toparse con las autoridades eclesiásticas después de que lo excomulgaran por intentar cobrarle a la Iglesia los impuestos que ésta estaba obligada a pagar cuando él trabajó para la Administración Pública.

SOFROSINA.- Intuyo que Cervantes intenta mostrarnos jocosamente el mecanismo de toda fe.

LINGUACUTA.- Don Quijote, acuérdate que cuando estabas con Sancho Panza en el palacio del duque, la duquesa te dijo con malicia: “Si hemos de dar crédito a la historia del señor don Quijote que ha salido a la luz del mundo de pocos días a esta parte, con general aplauso de las gentes, de ella se colige, si mal no me acuerdo, que vuesa merced nunca ha visto a la señora Dulcinea, y que esta tal señora no está en el mundo, sino que es dama fantástica, que vuesa merced la engendró y parió en su entendimiento, y la pintó con todas aquellas gracias y perfecciones que quiso”.

DON QUIJOTE.- Y le respondí: “Dios sabe si hay Dulcinea o no en el mundo, o si es fantástica o no es fantástica; y estas no son de las cosas cuya averiguación se haya de llevar hasta el fondo. Ni yo engendré ni parí a mi señora, si bien la contemplo como conviene que sea una dama que contenga en sí las cualidades que puedan hacerla famosa en todas las partes del mundo”.

LINGUACUTA.- ¡De manera que si Dulcinea existe o no, es una cuestión que no se debe examinar a fondo! Extraordinaria confesión en boca de quien defiende con tanto celo la honra de su dama.

DON QUIJOTE.- Lo más importante es tener un ideal y mantenerse fiel a él.

LINGUACUTA.- Pero si soy malpensada y traslado a un plano religioso tu mítica fe en Dulcinea, tal vez tu creador, Cervantes, nos está diciendo sutilmente que si Dios existe o no es una cuestión inverificable; lo importante es creer en él y actuar como si existiera.

PAUL VALÉRY.- ¿Qué sería de nosotros sin la ayuda de lo que no existe? No mucho, y nuestras mentes languidecerían si las fábulas, las abstracciones, las creencias y los monstruos, las hipótesis y los llamados problemas de la metafísica no poblaran nuestras profundidades y oscuridades naturales con seres e imágenes sin objeto. Los mitos son el alma de nuestras acciones y de nuestros amores. 

SOFROSINA.- El mito le gana con frecuencia la partida a la realidad porque suelen ser los humanos reacios a los hechos. 

LINGUACUTA.- Por lo general solo vemos lo que nos deja ver nuestra mitología cultural, es decir, el entramado de conocimientos, anhelos, temores y creencias en el que nos movemos.

SOFROSINA.- Pero volvamos a nuestro Cervantes. Sospecho que después de cinco años de cautiverio en Argel donde convivió con musulmanes, judíos, cristianos y renegados, su pensamiento no salió indemne después de experimentar la pluralidad de tradiciones, religiones y creencias. 

LINGUACUTA.-  Cristo, Alá, la Virgen María o Dulcinea, da igual el culto o la divinidad que se siga, lo esencial es la conducta moral que imponen. ¿Será este uno de los mensajes que nos has dejado, Don Quijote?

DON QUIJOTE.- Pregúntenselo a Cervantes.

Rodolfo Ramón de Roux

Julio, 2024

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Múltiples son las concepciones de “sabiduría”. Por eso, desde hace siglos, se sigue dialogando sobre dónde encontrarla.

SÓCRATES.- Deja de preguntarnos sobre la sabiduría. Ya te hemos hablado suficientemente de ella.

LINGUACUTA.- Pero no me cansa escuchar a sus amantes, a sus “filósofos”. 

SÓCRATES.- Pues sí, eso somos, amantes de la sabiduría, que tan solo suspiramos por acercarnos a ella sin pretender llegar a poseerla. 

JUAN LUIS VIVES.- Muchos habrían podido acercarse a la sabiduría si no se hubiesen creído ya sabios. 

SOFROSINA.- Sabio es quien cada nuevo día se da cuenta de que no era tan sabio como pensaba ayer.

PLATÓN.- Así es, entre otras cosas, porque son múltiples las concepciones de sabiduría y los filósofos no esperamos ninguna revelación divina para determinar cuál de ellas es la “verdadera”.

SÓCRATES.- Para no ir más lejos, ¿buscas, acaso, la sabiduría de mi “conócete a ti mismo”?

EPICURO.- ¿O la del “carpe diem” y la del “nada en exceso”?

EPICTETO.- ¿O la de saber lo que depende de ti y lo que no depende de ti?

SEXTO EMPÍRICO.- ¿O la sabiduría del saber dudar y no tragar entero?

DIÓGENES EL CÍNICO.- ¿O la sabiduría del vivir con lo estrictamente necesario? 

MONTAIGNE.- Para mí el amor por la sabiduría es el comienzo de la amistad con uno mismo.

SOFROSINA.- Me gusta lo que dices, pues solo cuando logramos esa amistad podemos entablar relaciones apacibles con los demás, y alcanzar un poco de felicidad.

WALT WHITMAN.- Felicidad que no existe sin paz interior.

MONTAIGNE.- La sabiduría no es, pues, otra cosa que la felicidad en reposo.

SOFROSINA.- Lo cual nos permite enfrentar los desafíos y las adversidades de la vida de una manera más lúcida y serena. 

MAQUIAVELO.- Todo lo que ustedes han dicho es muy bonito, pero te advierto, Linguacuta, que sabio es darse cuenta de que no todos buscan ser sabios. 

LINGUACUTA.-  Lo sé. Un chamán me dijo hace tiempo que dentro de cada uno de nosotros hay dos lobos que se pelean entre sí. El primero es serenidad, amor y benevolencia. El segundo es miedo, codicia y odio.

MAQUIAVELO.- ¿Cuál de los dos lobos gana la pelea? 

LINGUACUTA.- Aquel al que alimentamos.

DESCARTES.- Confío en que nuestra razón está predispuesta a alimentar al lobo bueno: Pensamos, luego existimos.

LINGUACUTA.- También existen los que no piensan, y son más numerosos.

JONATHAN SWIFT.- La mayoría de las personas son como alfileres: sus cabezas no son lo más importante.

GRACIAN.- Por eso sabiduría es arte de prudencia, para saber tratar con tanto amente.

ARISTÓTELES.- De ahí que el sabio nunca diga todo lo que piensa, pero piense todo lo que dice.

LINGUACUTA.- Eso es lo que distingue al sabio del inteligente.

DESCARTES.- Me encantan las ideas claras y distintas; explicita tu distinción.

LINGUACUTA.- El inteligente siempre sabe qué decir. El sabio sabe si decirlo o no.

JERZY LEC.- Los que siempre saben qué decir, olvidan que la obligación primaria de la inteligencia es desconfiar de ella. 

LA ROCHEFOUCAULD.- ¿Cómo podrían desconfiar? Todo el mundo se queja de su memoria, pero nadie de su inteligencia.

DESCARTES.- Porque se piensa que no hay nada repartido más equitativamente que la razón: todos los humanos están convencidos de tener suficiente. 

LINGUACUTA.- De ilusiones se vive ¿no?

SOFROSINA.- ¡Qué pesada eres! Todos tienen derecho a ser estúpidos.

JERZY LEC.- Sí, pero muchos abusan del privilegio.

LINGUACUTA.- ¿Dónde está la sabiduría? Mientras más hablan ustedes más perpleja estoy.

SOFROSINA.- Por buen camino vas: el sabio es rico en perplejidades, no en certezas.

Rodolfo R de Roux

Junio de 2024

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El neurobiólogo Robert Sapolsky, de la Universidad de Stanford, cuyo nuevo libro se titula Determined: A Science of Life Without Free Will, (algo así como Está determinado: una ciencia de la vida sin libre albedrío, en español) quiere que todo el mundo sepa que los humanos no tenemos libre albedrío. “El mundo está realmente jodido y es mucho, mucho más injusto por el hecho de que premiamos y castigamos a la gente por cosas sobre las que no tiene ningún control”, declaró Sapolsky al periódico LA Times. (Tomado del “Correo de Ultratumba”).

La noticia no causó revuelo alguno en Ultratumba pues, desde hace más de 2 500 años, se discute sobre el libre albedrío y el único acuerdo al que se ha llegado es que no hay acuerdo sobre el tema, tal como refleja el siguiente intercambio de opiniones entre quienes acababan de leer las declaraciones de Sapolsky.

SOFROSINA.- Nelson, ¿cuál fue ese poema que tuviste escrito en una hoja de papel durante tus años de prisión y que te ayudó a sobrellevar el encarcelamiento? 

NELSON MANDELA.- Se llama Invictus, es del inglés William Ernest Henley y fue publicado por primera vez en 1888.  

SOFROSINA.- ¿Recuerdas sus versos?

MANDELA.- ¡Cómo podría olvidarlos! Dicen así:

En la noche que me envuelve,
negra, como un pozo insondable,
le doy gracias al dios que fuere,
por mi alma inconquistable.

En las garras de las circunstancias,
no he gemido, ni he llorado.
Bajo los golpes del destino,
mi cabeza ensangrentada jamás se ha postrado.

Más allá de este lugar de ira y llantos,
acecha la oscuridad con su horror,
Y sin embargo la amenaza de los años me halla,
y me hallará sin temor.

No importa cuán estrecho sea el camino,
ni cuántos castigos lleve a mi espalda,Soy el amo de mi destino,
Soy el capitán de mi alma.

Yes, Sofrosina, I am the master of my fate, I am the captain of my soul.

LINGUACUTA.- Puede que yo sea capitana de mi alma, pero no soy tan optimista como para afirmar que “soy el amo de mi destino”. Si la embarcación de la que soy capitana entra en una tormenta, puedo afrontarla con coraje o sumirme en lamentos; soy la capitana de mi alma. Pero no tengo el más mínimo control sobre las olas encrespadas ni sobre los vientos desencadenados: en esa determinación mayor de lo que me sucede, no soy en manera alguna el “amo de mi destino”. 

SÉNECA.- De acuerdo, por eso digo que el Destino conduce a quien lo abraza y arrastra a quien se le resiste: Fata volentem ducunt, nolentem trahunt.

SOFROSINA.- Esa es, en el fondo, la misma actitud de quienes aceptan -en las buenas o en las malas- la “voluntad de Dios” porque, dicen, estamos en sus manos, ignoramos sus designios y creemos que él puede “escribir derecho con renglones torcidos”. 

LINGUACUTA.- Desde hace centurias nos preguntamos si somos seres libres o marionetas en manos de los dioses, del Destino, de las leyes inflexibles de la Naturaleza, de las circunstancias biológicas y sociales.

SOFROSINA.- Es comprensible que ese interrogante preocupe al Sapiens pues la responsabilidad, el mérito, el deber, el remordimiento, la justicia, tendrán un significado diferente si creemos que todos nuestros actos están determinados por agentes más allá de nuestro control, o si creemos que cada ser humano en uso de razón puede, por su propio albedrío, ejercer un mando real sobre sus opciones.

JEAN-PAUL SARTRE.- Detesto a quienes niegan el libre albedrío. Para nosotros, los existencialistas, “el hombre no solo es libre, el hombre es libertad. A esto es a lo que me refiero cuando digo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se creó a sí mismo y, sin embargo, sigue siendo libertad, y desde el momento en que es arrojado a este mundo es responsable de todo lo que hace”.

LINGUACUTA.- ¿De veras? ¿Qué haces con las determinaciones que provienen de nuestra situación histórica, de nuestra clase social, de nuestra situación económica, familiar, laboral o de nuestras condiciones físicas o psíquicas que condicionan nuestra capacidad de elegir? 

JEAN-PAUL SARTRE.- Es uno quien elige resignarse a su situación o rebelarse contra ella y transformarla. Es uno quien descubre las adversidades de su cuerpo o de su realidad al proponerse objetivos que las desafían. Tomemos, por ejemplo, el caso del autor del poema Invictus. A los 12 años le dio tuberculosis y tuvieron que amputarle una pierna. Fue un ejemplo de fortaleza de espíritu y superación de la adversidad. 

SOFROSINA.- En un libre albedrío fuerte también suelen creer quienes tienen una visión dualista de la persona, dividida en cuerpo y alma, siendo el alma la dueña y señora de las decisiones que tomamos. Es el caso de la tradición platónica.

PLATÓN.- Bien lo has dicho. En mi diálogo Fedro expuse la conocida alegoría del alma como un auriga que conduce un carro tirado por dos caballos alados, uno hermoso y bueno, el otro feo y malo, por lo que la conducción del carro resulta difícil pero no imposible para el alma.

SOFROSINA.– La tradición cristiana dualista en la que fui educada -y que adoptó mucho del dualismo platónico- afirma igualmente un libre albedrío fuerte, como puede apreciarse en Agustín de Hipona, cuyas enseñanzas forman la base de mucha de la ulterior teología de la Iglesia católica sobre el libre albedrío.

AGUSTÍN DE HIPONA.- Gracias por recordarlo. En mi obra De libero arbitrio dejé bien claro que “el libre albedrío fue concedido al hombre para que conquistara méritos, siendo bueno no por necesidad, sino por libre voluntad”. Además, el libre albedrío es “soporte de todo el orden moral”.

SOFROSINA. Es lógico que quienes esperan o temen premios y castigos divinos necesiten creer en el libre albedrío. Por eso no me extraña leer lo que escribe al respecto el moderno Catecismo de la Iglesia católica, cuya versión oficial se publicó en 1997:

Dios ha creado al hombre racional confiriéndole la dignidad de una persona dotada de la iniciativa y del dominio de sus actos. Quiso Dios ‘dejar al hombre en manos de su propia decisión’ (Si 15,14.), ‘de modo que busque a su Creador sin coacciones y, adhiriéndose a Él, llegue libremente a la plena y feliz perfección'(Gaudium et Spes 17) (…) ‘El hombre es racional, y por ello semejante a Dios; fue creado libre y dueño de sus actos’ (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 4, 4, 3). (…) Por el libre arbitrio cada uno dispone de sí mismo.” (Catecismo de la Iglesia católica, 3a Parte, 1a Sección, Capítulo 1, Artículo 3, n° 1730 – 1731.)

LINGUACUTA.- Ahora bien, con mucho realismo el Catecismo añade enseguida que “La imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia, el temor, los hábitos, los afectos desordenados y otros factores psíquicos o sociales.” (Catecismo, n° 1735). Lo cual es admitir que ser hombre o mujer es ya de por sí una circunstancia atenuante.

ERASMO DE ROTTERDAM.- A primera vista pareciera que la creencia en el Dios personal y justiciero de las religiones monoteístas implicara el libre albedrío. Pero no necesariamente es así. En 1524, en plena Reforma protestante, escribí el libro De libero arbitrio. Al año siguiente Martín Lutero se me vino lanza en ristre con su De servo arbitrio (El arbitrio esclavo).

MARTÍN LUTERO.- Reafirmo lo que dije en la Introducción a mi De servo arbitrio: “…lo del libre arbitrio es pura mentira” pues todo en nosotros “es don de Dios y no fruto de nuestros buenas acciones”. El hombre está dominado por sus malos instintos. ¿Cómo podría no serlo si somos almas inmateriales apresadas en cuerpos materiales, almas corrompidas por el pecado original? Sólo la fe-confianza en Dios puede salvarnos. Por eso le escribí a mi amigo Felipe Melanchthon, “pecca fortiter sed crede fortius”, peca fuertemente, pero cree más fuertemente pues, por pecador que seas, puedes confiar en tu salvación porque tu Salvador no eres tú, ni tus obras, sino Jesucristo.

BARUCH SPINOZA.- Bajando de las alturas teológicas y ateniéndome al uso exclusivo de la razón, también negué el libre arbitrio al igual que, después de mí, lo hicieran otros pensadores de renombre como  Schopenhauer, Nietzsche, Freud y Einstein. 

LINGUACUTA.- ¿Qué razones diste?

SPINOZA.- Considero que la naturaleza humana no es sino un modo específico y limitado de aquello que llamamos Naturaleza -con mayúscula- donde todo se rige por un encadenamiento riguroso de causas y efectos. Por eso, cuanto mejor comprendamos nuestra naturaleza y la Naturaleza de la que hacemos parte, mejor entenderemos nuestros límites y actuaremos en consecuencia. Ser libre es, simplemente, aceptar la necesidad de lo que somos y actuar asumiendo nuestros condicionamientos. 

LINGUACUTA.- Ya lo veo. Si queremos seguir hablando sobre el libre albedrío no podemos tomarnos un vaso de ácido sulfúrico para animar el debate.

SPINOZA.- Mira, Linguacuta, creemos en el libre albedrío porque somos conscientes de nuestras opciones…el problema es que no conocemos la totalidad de las causas que determinan nuestras opciones.

NIETZSCHE.- En la misma línea de Spinoza, en mi escrito Humano, demasiado humano, formulé la negación del libre albedrío afirmando que al ser humano no se le puede atribuir ninguna responsabilidad, “siendo, como es, consecuencia absolutamente necesaria y resultado del entrelazamiento de los elementos y de las influencias de cosas pasadas y presentes; por lo tanto el hombre no puede ser hecho responsable de nada, ni de su ser, ni de sus motivos, ni de sus actos, ni de sus efectos. (…) Nadie es responsable de sus actos, nadie lo es de su ser; juzgar es sinónimo de ser injusto, y esto es verdad aun cuando el individuo se juzga a sí mismo. Esta proposición es tan clara como la luz del sol.” (parágrafo 39). 

SOFROSINA.- No tengo claro “como la luz del sol” que nadie es responsable de sus actos. Me inclino a pensar que nuestro albedrío no es ni libre ni inexistente, sino que está en estricta libertad condicional.

EPICTETO.- Me parece intuir hacia dónde vas, Sofro. Para nosotros, los estoicos, todos los movimientos del mundo están gobernados por rígidas leyes y encadenamiento de causas, lo que excluye el libre albedrío. Pero la Naturaleza de la que somos parte, nos ha dotado de razón y voluntad. Y, con esa razón y voluntad, podemos afrontar “lo que depende de nosotros”, o sea, aprender a controlar cómo reaccionamos ante lo que nos sucede.

SOFROSINA.- Es, precisamente, en ese pequeño resquicio de “lo que depende de mí” donde pienso que podemos encontrar un albedrío… en libertad condicional.

EPICTETO.- Explícamelo.

SOFROSINA.- No dudo que estamos moldeados por prescripciones, presiones, ambiciones, amores y odios, éxitos y fracasos. Admito que mi albedrío no existe independientemente de mis circunstancias, es decir, de mis condicionamientos biológicos, culturales, sociales. ¿Pero, significa ello que estamos rígidamente programados para optar y actuar en tal o cual forma? 

EPICTETO.- ¿Qué respondes a tu propia pregunta?

SOFROSINA.- Pienso que estamos condicionados por nuestras circunstancias pero que, a su vez, con nuestras respuestas a las circunstancias podemos terminar modificándolas, así sea mínimamente. Y es en esta continua y compleja interacción entre “yo” y mis “circunstancias” donde se abren espacios de indeterminación, así sean mínimos. 

LINGUACUTA.- Sofro, me haces pensar en el “dilema del libre albedrío”: éste no existe pues o nuestra elección es resultado de causas que están determinadas por causas anteriores y entonces no somos responsables de ella; o nuestra elección es producto de la casualidad y entonces tampoco somos responsables de ella. Sin embargo, te parece posible adoptar un punto de vista intermedio según el cual las condiciones pasadas no necesariamente determinan de manera absoluta nuestras opciones presentes.

SOFROSINA.- Por eso la vida en sociedad sigue dando sorpresas y no es la monótona repetición de lo mismo. La experiencia muestra que los humanos no estamos tan rígidamente programados como un enjambre de abejas que construye sus panales de la misma manera desde hace milenios. Además, hay que tener en cuenta la enorme complejidad de las situaciones. Tal vez no tengamos margen de maniobra en el proceso físico-químico de respuesta a una pasión amorosa fulgurante, pero más complicado es explicar como algo rígidamente determinado cada una de las innumerables decisiones que implica el proyecto de vida de construcción de una pareja a lo largo de años.  

LINGUACUTA.- ¿Quieres decir con esto que todavía somos incapaces de explicar muchas cosas que constituyen a los humanos como seres pensantes y volitivos? 

SOFROSINA.- Así es, y tampoco sabemos a ciencia cierta si todo en el universo está sujeto en forma mecánica a una ley inflexible de causa y efecto. El modelo del universo como un mecanismo de relojería, típico del siglo XIX, se ha resquebrajado con el advenimiento de la teoría de la relatividad y de la física cuántica con su principio de indeterminación o incertidumbre según el cual, aunque tengamos todos los datos, sólo podemos predecir la probabilidad de que algo ocurra.

LINGUACUTA.- ¿No te parece, sin embargo, que en el siglo XXI se ha avanzado mucho en cuanto al conocimiento del  funcionamiento de nuestro cerebro y la naturaleza de nuestra conciencia, lo cual ha vuelto a poner en cuestión, “científicamente”, la existencia de un libre albedrío? 

SOFROSINA.- Lejos estamos de poder hacer afirmaciones incontrovertibles. Mira lo que ha pasado con las explicaciones de las neurociencias acerca de cómo se organizan los sistemas nerviosos de los seres humanos y otros animales, cómo se desarrollan y cómo funcionan para generar la conducta. 

LINGUACUTA.- ¿Qué ha pasado?

SOFROSINA.- En la década de 1990, el desarrollo de las neurociencias consagró la teoría del “cerebro máquina”. Según ese modelo, el cerebro es una máquina hipersofisticada de tratamiento de información organizada en áreas especializadas, cada una responsable de funciones precisas: visión, oído, tacto, motricidad, atención, memoria, lenguaje, etc. Esas funciones han sido el objeto de descripciones cada vez más refinadas gracias a los avances de la imaginería cerebral -como las imágenes por resonancia magnética y las imágenes por tomografía computarizada-. 

LINGUACUTA.- Gran avance, ¿no te parece?

SOFROSINA.- Por supuesto, sin embargo, en el momento mismo en el que esta teoría parecía haber triunfado, fue cuestionada por las investigaciones sobre la “plasticidad cerebral”. En lugar de concebir el cerebro como una máquina o computadora superespecializada, las nuevas investigaciones muestran que el cerebro es, por el contrario, un órgano muy flexible, capaz de organizarse de manera diferente según los individuos. Se ha podido demostrar, por ejemplo, que algunas personas, después de un trauma, recuperan la capacidad de andar, de hablar o de ver utilizando circuitos cerebrales diferentes a los habituales, es decir, que se da una “substitución funcional” en la que se moviliza una parte del cerebro para cumplir funciones diferentes a las que habitualmente se le asignan.

LINGUACUTA.- O sea que el funcionamiento de nuestro cerebro no deja de dar sorpresas.

SOFROSINA.- Ya se sabe que las capacidades inéditas de reorganización y de adaptación del cerebro funcionan no sólo en casos de personas que han sufrido lesiones cerebrales, sino también en los procesos normales de aprendizaje. Aprender a leer, a tocar piano, a manejar un computador, no son conocimientos ya instalados, “precableados” en el cerebro. Cada uno tiene que “hacer su propio camino” a través de nuevos circuitos, e incluso crear en el cerebro su propio “centro de procesamiento” de la información. Parece ser que ciertos “ejercicios espirituales” como la meditación, contribuyen a la modificación del funcionamiento del cerebro y que no todo está tan rígidamente determinado. 

LINGUACUTA.- Por lo visto estamos lejos de poder reproducir la impresionante complejidad del funcionamiento del cerebro humano como para poder hacer afirmaciones taxativas sobre su determinismo o indeterminismo.

SOFROSINA.- ¿Qué quieres? Se estima que el cerebro de un humano adulto contiene unas cien mil millones de neuronas y cada una de ellas tiene un promedio de 7.000 conexiones sinápticas con otras neuronas. 

LINGUACUTA.- A fin de cuentas ¿podemos concluir algo sobre este asunto del libre albedrío?

SOFROSINA.- En el estado actual de los conocimientos sobre el ser humano no me parece razonable hablar, sin matizar, de “libre albedrío” pues, por lo que sabemos, no es posible liberarnos de nuestra carga genética, ni de todos nuestros condicionamientos sociales y culturales, lo que influye en nuestras creencias, quereres, decisiones y acciones. Queda por saber si los condicionamientos biológicos y culturales operan en cada uno de nosotros una programación inflexible e inexorable (determinismo duro). O si esos condicionamientos no son fijos, pues estamos programados para poderlos modificar. En este último caso, las posibles modificaciones de nuestros condicionamientos (por medio, por ejemplo, de procesos educativos, de autoanálisis o de meditación de conciencia plena) permiten hablar de un determinismo no inexorable, es decir, de un albedrío en “libertad condicional”, lo cual es mi posición. Pero advierto que sobre el particular se pueden tener preferencias, no verdades absolutas. 

LINGUACUTA.- Te noto muy cautelosa.

SOFROSINA.- El mero hecho de aceptar que estamos condicionados, nos ahorra la pretensión de formular respuestas definitivas a los enigmas de la existencia. Por más conocimientos acumulados, seguimos sin respuestas a las preguntas últimas sobre la realidad, la vida, la conciencia, la materia o la energía. Confesar esta ignorancia radical no tiene nada de vergonzoso. Por el momento no deja de ser un acto de fe lo que afirmemos de manera perentoria sobre el determinismo o el indeterminismo de nuestros procesos mentales. 

LINGUACUTA.- Pero no podemos dejar de vivir mientras se resuelve el tema de nuestro libre, inexistente o cautivo albedrío, asunto que tiene implicaciones éticas, políticas y penales: ¿cómo premiar o castigar a alguien si nuestras decisiones no son libres o, por lo menos, son muy condicionadas? 

SOFROSINA.- En cualquier caso, creamos o no creamos en el libre albedrío, la vida en sociedad nos hace responsables. Responsables significa que tenemos que responder por nuestros actos. Es un asunto de supervivencia social. Si actuamos contra la ley sabemos que tendremos que responder por ello, aunque se nos reconozcan “circunstancias atenuantes”. Por eso, aunque estuviera convencido de no tener libre albedrío, si quiero vivir en paz, sé que no puedo salir a la calle y darle una puñalada al primero que pase. Y no vale como excusa decir: “no tengo libre albedrío”. Inversamente, aunque crea en el libre albedrío no atravieso la calle con el semáforo en rojo y con los carros que se aproximan a toda velocidad. No lo olvidemos, lo que llamamos libertad es un poder actuar dentro de una red de condicionamientos, y entre ellos se encuentran las leyes sociales… y el instinto de supervivencia. Si no entiendo esto, tanto peor para mí. 

LINGUACUTA.- Esa es una posición simplemente pragmática.

SOFROSINA.- ¿Y qué? A fin de cuentas, lo que tratamos es de vivir sin sobresaltos… dentro de lo posible.  

Rodolfo R. de Roux

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Apenas terminado el espectáculo cómico con el que se celebra periódicamente en Ultratumba el “Día del buen humor”, el ingenioso Enrique Jardiel Poncela comentó entusiasmado: “Nada como el desdén hacia la risa revela el lago de asfalto en que se halla sumergida un alma”. Sus palabras dieron pie para que se iniciara un ameno diálogo en torno a esa planta ligera de raíces profundas que es el humor.

SOFROSINA.- El humor es una manera festiva de “tomar distancia”, de sacudir la esclerosis intelectual mostrando el revés ridículo de situaciones y personas, de reflexionar sonriendo sobre cosas graves. Pero para eso se necesita ingenio.

LINGUACUTA.- Como el de quien afirmó: “Solo cuando se posa un mosquito en tus testículos te das cuenta de que no todo se soluciona con violencia”.

JARDIEL PONCELA.- ¡Qué bien! Lo humorístico es un rezume decantado de cultura, de inteligencia, de experiencia, de imaginación y -en fin- de comprensión.

SOFROSINA.- Para serte sincera, cuando miro hacia la tierra y veo a los humanos vivir unos con otros como lo hacen, me da una profunda tristeza y me cuesta reír.

JARDIEL PONCELA.- Precisamente es en esos momentos cuando necesitamos más del humor. Como dicen por ahí, la risa es el limpiaparabrisas del drama: no para la tormenta, pero ayuda a seguir adelante.

LINGUACUTA. ¡Y vaya que si ayuda! Tremendo ansiolítico es la risa; libera en el cerebro una saludable descarga de serotonina, dopamina, endorfinas…

SOFROSINA.- En efecto, muchas veces he experimentado el valor terapéutico de la risa: sirve para purgar amarguras y aliviar las llagas del alma.

LINGUACUTA.- Acércate, entonces, al que te dibuja una sonrisa y no al que te la borra.

SOFROSINA.- Y tú, reparte sonrisas: cuestan menos que la electricidad e iluminan muchísimo.

LINGUACUTA.- Sofrosina, eres la luz que ilumina mi vida, ¡ojalá no te fundas!

SOFROSINA.- Te encanta reír…de los demás.

LINGUACUTA.- Como a todo el mundo.

SOFROSINA.- Ten cuidado, pues es fácil sufrir la desaprobación pero no la burla. A nadie le gusta que lo ridiculicen.

GRACIÁN.- Así que antes de reírnos de los otros, conviene saber si podemos soportar que se rían de nosotros, ya que quien se pica da pie al repique.

NIETZSCHE.- Más aún, hay que ser capaces de autoderrisión. Como puse en el epígrafe de La gaya ciencia: Me río de todo maestro que no sabe reírse de sí mismo.

SOFROSINA.- De acuerdo, Federico, quien no es capaz de autoderrisión es fácil presa de la vanidad y del autoengaño.

LINGUACUTA.- Y yo que pensaba en la risa como un inocente desahogo.

SOFROSINA.- No te confíes; dicen que donde no hay humorismo y risa hay cólera y odio, pero eso depende de qué humor y de qué risa.

CICERÓN.- Hay que evaluar el impacto que puede causar un chiste, saber censurarse a sí mismo y preferir la ironía elegante al sarcasmo turbio, como dije en el excursus de ridiculis de mi tratado Sobre el orador.

LINGUACUTA.- Dime si este chiste hace gala de ironía o de sarcasmo: Cuentan que en el siglo XX, a mediados de la década de los años treinta, en el Politburó se tiene un acalorado debate: ¿existirá el dinero en el comunismo o no? Los trotskistas, muy de izquierda, afirman que el dinero no existirá, pues sólo es necesario en sociedades donde existe la propiedad privada. Los partidarios de Bujarin, más derechistas, afirman que existirá el dinero en el comunismo, porque toda sociedad compleja necesita dinero para regular el intercambio de productos. Cuando finalmente interviene el camarada Stalin, rechaza tanto la desviación izquierdista como la derechista, afirmando que la verdad es siempre una síntesis dialéctica superior de los opuestos. Cuando otro miembro del Politburó le pregunta cómo será esa síntesis, Stalin responde con mucha calma: “Existirá el dinero y no existirá. Algunos tendrán dinero, y otros no”.

ÓSIP MANDELSHTAM.- Sarcasmo o ironía lo mejor es que ese tipo de chistes con nombre propio circulen sin autoría mientras viva el tirano. Burlarme en un poema del “montañés del Kremlin” y de sus “bigotes de cucaracha” terminó costándome la vida.

JAIME GARZÓN.- Una cosa son los chistes simplemente ingeniosos y otra cosa es el humor político que pisa callos. Los poderosos son ultrasensibles al humor que los ridiculiza. A mí me cobraron caro mis impertinencias, pero me inmortalizaron, como a Ósip.

SOFROSINA.- Gran revelador es el humor: dime con quién ríes, de quién ríes, de qué ríes, y te diré quién eres.

HENRI BERGSON.- Y yo te diré no solo quién eres sino quiénes son los que contigo ríen, pues nuestro reír es siempre un reír en grupo, como expuse en mi libro Le Rire. Por otra parte, la risa refuerza la pertenencia a un grupo -aquellos con los que nos reímos- posicionándonos frente a un grupo rival -aquellos de quienes nos reímos-. Al crear una identidad compartida, la risa crea al mismo tiempo una alteridad compartida.

SOFROSINA.- Es lo que hacemos al burlarnos de los “otros”: el colombiano del ecuatoriano, el bogotano del costeño, el valluno del “paisa”, y todos del pastuso. Lo mismo pasa con las bromas que juegan con las diferencias de sexo, de etnia, de clase social o de religión y, sobre todo, que juegan con estereotipos: el pastuso ingenuo, el costeño desabrochado, el antioqueño avivato…

LINGUACUTA.- A propósito de estereotipos oigan este chiste: Dos amigos judíos pasan por delante de una iglesia católica en la que han colgado un gran cartel dirigido a los no católicos: «¡Ven con nosotros, acepta el catolicismo y al instante ganarás treinta mil dólares en efectivo!» Mientras se alejan, los dos amigos se enzarzan en un debate acerca de si esa oferta va en serio. Una semana más tarde, los dos amigos se vuelven a encontrar delante de la misma iglesia, y uno de ellos le confía al otro: “Todavía me pregunto si la oferta va en serio”. El otro contesta, de manera condescendiente: “¡Ah, los judíos sólo pensáis en el dinero!”.

JARDIEL PONCELA.- Bravo, Linguacuta. Ya era hora de bromear un poco. Yo no hago altos vuelos filosóficos, simplemente digo que ha sido preciso todo el proceso gigantesco de la civilización; han sido precisos siglos de trabajo formidable y de luchas apocalípticas, de pensar, de imaginar, de calcular, de inventar, de ensayar, de tantear, de comprobar, de ejecutar mil y mil esfuerzos inmensos en todos los órdenes de la actividad humana para que en el pantano tenebroso de lo sentimental o dramático brotase y emergiese la flor esplendorosa de lo cómico.

LINGUACUTA.- Flor que, a lo largo del tiempo, muchos han tratado de aplastar porque son alérgicos a su aroma.

TOMAS DE KEMPIS.- ¡Basta! ¡Basta ya! No puedo seguir soportando en silencio estas apologías del reír. Nuestra obligación es la imitación de Cristo. ¡Y Jesús nunca rio!

LINGUACUTA.- Nadie ha podido probar tal cosa.

BOSSUET (famoso predicador del siglo XVII, obispo de Condom).- Pero es seguro que los Evangelios nunca mencionan que haya reído. No dudo que “Jesús no quiso que sus labios, donde se derramaba la gracia, se dilataran una sola vez por un movimiento que le parecía acompañado de una indecencia indigna de un Dios hecho hombre”.

SAN JUAN CRISÓSTOMO (Doctor de la Iglesia, arzobispo de Constantinopla).- En el Jardín del Edén, Adán y Eva vivían en un estado de dichosa tranquilidad, en comunión con el Creador, sin deseo sexual ni motivo de hilaridad. Al igual que el deseo sexual, la risa nace de la caída en el reino de la imperfección, la impotencia y la finitud humanas. La risa es, pues, obra del Maligno.

SANTA HILDEGARDA DE BINGEN (Doctora de la Iglesia).- En el tratado Causae et curae (Las causas y los remedios) comparo las sacudidas de la risa con las sacudidas del coito y considero que las lágrimas de la risa son tan sucias como las gotas de esperma.

SAN BERNARDO DE CLARAVAL (Doctor de la Iglesia).- El reidor es como una vejiga rebosante, que se desinfla emitiendo pedos, tal como expresé en mi Tratado sobre los grados de humildad y soberbia.

SAN JUAN CRISOSTOMO (Doctor de la Iglesia).- En vez de reír deberíamos afligirnos y llorar por nuestros pecados. Cuando estallan las risas “el Demonio dirige por todas partes ese triste concierto”.

SAN EFRÉN DE SIRIA (Doctor de la Iglesia).- Nadie está al resguardo de la tentación del reír. Satanás me envió una tropa de demonios cómicos para que se apoderaran de mi imaginación, entregándose ellos a todo tipo de payasadas. Supliqué, entonces: “Señor, quítame la risa y concédeme el llanto y el gemido que deseas de mí”.

SOFROSINA.- Tengo entendido que en los monasterios que surgieron en toda la Cristiandad entre la Antigüedad tardía y la Alta Edad Media se adoptaron reglas de conducta muy hostiles a la risa, pues se postulaba que la devoción a Dios implicaba la suspensión del habla, que debía reducirse a la salmodia y a los estrictos intercambios indispensables para la vida comunitaria.

SAN BENITO DE NURSIA (Iniciador de la vida monástica en Occidente; fundador de los benedictinos).- Así es, Sofrosina. En la Santa Regla que escribí en el año 516 para los monjes que vivieran bajo la autoridad de un abad, especifiqué que “El monje, cuando habla, dice pocas palabras, pero sensatas, en voz baja, sin reírse, con humildad y gravedad”. No debe “decir palabras ociosas o palabras que sólo causan risa”, no debe caer en la “frivolidad” ni “gustar de la risa excesiva y ruidosa”, porque solo “el tonto estalla en carcajadas”. “En cuanto a las bufonadas, las palabras ociosas y risibles, las condenamos para siempre y en todas partes, y no permitimos que el discípulo abra la boca para tales discursos”.

SAN BERNARDO.- Me permito recordar que antes de la Regla de san Benito se redactó la llamada “Regla de los Cuatro Padres”. Es una obra colectiva, promulgada entre 400 y 410 que expone los principios normativos para la organización de la vida cenobítica. En ella se dice que “Si alguien es sorprendido riendo o contando chistes, ordenamos que, durante quince días, tal hombre sea, en nombre del Señor, reprendido en todos los sentidos con el látigo de la humildad”.

SAN BENITO.- Viendo la triste situación de la humanidad sumida en la violencia y el pecado, no hay nada de que reírse. No sucumbamos a la facilidad de la bufonería y mantengámonos centrados en la oración y la penitencia.

SANTA TERESA DE AVILA (Doctora de la Iglesia).- Piensen, sin embargo, que un santo triste es un triste santo.

LINGUACUTA.- Ya la Iglesia se ha dado cuenta, muy oportunamente, de que si quiere seguir siendo escuchada tiene que mostrar el rostro sonriente de un Dios de amor y de humor.

SOFROSINA.- Nadie quiere un sacerdote hosco que sólo hable de pecado y condenación.

LINGUACUTA.- Como dijo el papa Francisco poco después de su elección: “No se puede anunciar a Jesús con cara de funeral”.

SOFROSINA.- Y añadió en una entrevista: “Tener sentido del humor es una gracia que pido todos los días, y rezo esta oración de Santo Tomás Moro: “Señor, dame sentido del humor”.

TOMAS MORO.- Escucha cómo termina mi plegaria: “Concédeme, Señor, la gracia de comprender las bromas, para que conozca en la vida un poco de alegría y pueda comunicársela a los demás”.

“Amen, amen”, entonó un alegre Francisco de Asís a quien rápidamente se unieron todos aquellos que creen en el inalienable derecho humano a la risa. A Bernardo de Claraval no le cayó en gracia el giro que estaba dando el diálogo e hizo una mueca de disgusto al tiempo que exclamaba: “Ya ni la religión es lo que era. ¡A dónde iremos a parar!”. Todo terminó cuando el poeta Elías Nandino acabó de hundir el dedo en la llaga del austero cisterciense al decirle:

Soporta el dolor que sientes

hasta que tu vida obtenga

la rebelión que te abstenga

de añorar lo que se fue.

Rodolfo Ramón de Roux

Mayo de 2024

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En el ultratúmbico “Pabellón de la fama literaria” tuve un agradable encuentro con el jesuita aragonés Baltasar Gracián, gloria del Siglo de Oro español, cuyo Oráculo manual y arte de prudencia se ha vuelto a poner de moda. Sus trescientos agudos aforismos comentados nos ofrecen una serie de consejos prácticos de comportamiento para salir airosos en el cambiante y, muchas veces, inclemente mundo de la vida en sociedad.

Desde su mismo título ‒Oráculo manual y arte de prudencia‒ Gracián hace gala de su ingenioso manejo de las paradojas al convertir en “manual” los arcanos de un oráculo y reducir a “arte” la virtud de la prudencia. Al intentar el diseño de un “saber vivir” en sociedad ‒sin hacer distinciones de clase o de oficio‒ la obrita (que también es manual por lo breve) ha superado con creces la temporalidad de aquel 1647 cuando se publicó y sigue tan campante desde el “allá” barroco hasta nuestro “aquí” posmoderno, lo cual es prueba de la genialidad de su autor.

No me alargo en preámbulos pues, como dijo Gracián, “lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y aun lo malo, si poco, no tan malo”. Antes de que sucumba en las telarañas de mi memoria, transcribo la charla con el jesuita. Lo primero que recuerdo es su sonrisa de oreja a oreja al comentarme:

‒Estaba conversando con Arturo Schopenhauer, amable traductor al alemán de mi Oráculo, cuando de repente se acercó Federico Nietzsche y me dijo que Europa no había conocido nada más fino ni más complicado en materia de sutileza moral que mis pensamientos.

‒Te cuento que en tiempos recientes el Oráculo se ha puesto de moda en Estados Unidos como manual para políticos y “ejecutivos”. En 1992, permaneció dieciocho semanas ‒dos en primera posición‒ en la lista de los libros más vendidos del periódico The Washington Post en el apartado Nonfiction/General. Y en septiembre de 2022 el multimillonario Elon Musk, gurú de Silicon Valley, recomendó su lectura.

‒¡Vaya sorpresa!

‒Más te sorprenderá saber que en Japón, en 2007, se vendieron 140.000 ejemplares del Oráculo con el título ¿Por qué los ejecutivos juegan al golf? Y en 2013 se publicó en España una selección de tus mejores aforismos bajo el título Gracián: el jesuita que enseñaba a triunfar.

‒Nunca pensé escribir un manual para invertir en bolsa ni para ser un buen manager o un exitoso yuppie. Me enorgullece más el abundante uso que hicieron de mis aforismos los moralistas franceses de los siglos XVII y XVIII como La Rochefoucauld, Madame de Sablé, La Bruyère, Vauvenargues, Chamfort y Voltaire.

‒¿A qué piensas que se debe tu éxito?

‒Nadie es buen juez en causa propia, pero me atrevería a decir que ha ayudado mi estilo aforístico, conciso e incisivo.

‒Tienes verdaderas joyas que, además, son fáciles de memorizar. Como estas que me vienen ahora a la mente:

  • Más obra lo sustancioso que lo farragoso.
  • No hables escuchándote a ti mismo. Si te elogias a solas es locura, y si delante de los demás, locura doble.
  • Conocer cuándo están las cosas en su punto, en su sazón, y saber disfrutarlas.
  • Busca en tu vida la felicidad en la salida más que el aplauso en la entrada.
  • No esperes a ser un sol que se pone.
  • Aprende más un sabio de sus enemigos que un tonto de sus amigos.

‒Pienso que también ha contribuido a mi éxito una cierta concepción del saber que analizo en el aforismo 232, el cual termina así: “¿De qué sirve el saber si no es práctico? Y el saber vivir es hoy el verdadero saber”.

‒Saber vivir era el verdadero saber en tu pasado, y sigue siendo el verdadero saber en nuestros días.

‒De esa convicción salen mis “reglas de vivir”, que son un saber: saber decir que no, saber vender los méritos propios, saber pedir, saber olvidar, saber afrontar los problemas, saber servirse de evasivas, saber contar con buenos colaboradores, saber tener reservas para todo, saber retirarse a tiempo. Esas reglas también son un arte, es decir, técnicas para ser dichoso, para ganarse la benevolencia de los demás, para afrontar el desengaño, para extraer de cualquier situación un beneficio, incluso de la privación, del desprecio y hasta de los enemigos.

‒Saber y arte que esperas podrán ayudarnos a triunfar en el complicado terreno de lo que hoy llamamos “relaciones interpersonales”.

‒Terreno que está lleno de oportunidades, pero también de trampas. De ahí estos consejos que sin duda le gustaron al pesimista de Schopenhauer:

  • Desengáñate, y sé cuidadoso, que los malintencionados te echarán en cara todas las faltas y ninguno de tus logros.
  • Un error te pesará más que cien aciertos. Nadie mira el sol cuando resplandece en el firmamento. Todos, en cambio, lo contemplan cuando está eclipsado.
  • Más se menciona a los malos para murmurar de ellos que a los buenos para elogiarlos.
  • Nunca venerará bien la escultura quien conoció el tronco muerto de donde nació ‒no te hagas, pues, ilusiones con tus coterráneos, que nadie es profeta en su tierra‒.

‒Tu pesimismo sobre la naturaleza humana se extiende inclusive a la amistad, pues si bien dices que “no hay peor desierto que vivir sin amigos” también afirmas que “pocos son amigos de la persona y muchos de la fortuna”.

‒No se trata de pesimismo, sino de realismo: cuando estés arriba tendrás muchos amigos; cuando estés abajo sabrás quiénes son tus amigos.

‒Pensándolo bien, no eres tan pesimista, pues crees en la eficacia de tus consejos ‒o no los darías‒ y en la voluntad del lector para ponerlos en práctica.

‒Ese saber práctico que propongo es muy “moderno” por su pragmatismo, interés por la realidad, adaptabilidad a las circunstancias, exaltación del individuo, exploración de las leyes de la seducción y autonomía del comportamiento moral con respecto a las creencias religiosas.

‒Ya me di cuenta de que no te apoyas en “verdades reveladas”, en ejemplos de santos o en discursos teológicos.

‒El saber práctico que proclamo se sustenta en cuatro pilares. Primero: tener una idea exacta de sí mismo y de sus posibilidades, lo mismo que autocontrol, pues “son los ímpetus de las pasiones deslizaderos de la fortuna”. Segundo: cultivarse de forma permanente y rodearse de sabios de los cuales aprender. Tercero: conocer bien a los demás. Cuarto: Apartarse de los necios, pues la única cosa buena que tienen es que sus errores sirven de experiencia a los sabios.

‒Todo eso parece sencillo, pero no lo es.

‒Se necesita constancia y esfuerzo: más consigue un talento mediano con dedicada aplicación, que un genio sin ella. Para que no te desanimes ni te confíes, comienza lo difícil como si fuera fácil, y lo fácil como si fuera difícil.

‒Ardo en deseos de que me aconsejes sobre el trato con los demás.

‒Lo mejor es que releas el Oráculo de vez en cuando.

‒Dame al menos unos cuantos consejos, así sea de manera deshilvanada.

‒Con mucho gusto:

  • Con los demás has de tener precaución para evitar habladurías que dañen tu reputación.
  • No hagas ostentación de tu suerte ni muestres satisfacción de ti mismo.
  • No hay que fiarse del agradecimiento de la gente: olvidadizo es.
  • Por el afecto entra el concepto; es difícil convencer si no te haces querer.
  • Un poco de buen humor todo lo mejora.
  • En las cosas tiene mucho que ver el “cómo”. Los malos modos lo corrompen todo, hasta la razón y la justicia. Los buenos lo remedian todo: doran el no, endulzan la verdad y hasta hermosean la misma vejez.

‒Tienes razón, la cortesía es la vaselina de las relaciones humanas.

‒Importante para la cortesía es no obstinarse en querer tener siempre la razón. Esa obstinación es un extremo de la necedad y de la grosería.

‒Baltasar, no quiero ser impertinente, pero hay quienes cuestionan la moralidad de algunos de tus consejos.

‒Precisa.

‒Por ejemplo, la importancia que le das a la situación concreta, a la circunstancia.

‒Pues sí, la circunstancia permite discernir lo que es bueno en cada momento para poder tomar la decisión adecuada. El mundo es una crisis continua, las circunstancias varían y el mismo problema puede requerir, en dos momentos o en dos lugares distintos, soluciones diferentes: “No basta la sustancia: requiérese también la circunstancia” (aforismo 14). Eso lo aprendí con los jesuitas cuando me insistieron en un discernimiento que debía tener en cuenta “tiempos, lugares y personas”.

‒Por algo los terminaron tratando de reyes de la casuística y favorecedores de una moral acomodaticia. Pero no entremos en la discusión con los jansenistas.

‒También sé que algunos se escandalizan con mis consejos sobre el arte de simular y de disimular, como cuando escribo: “El saber más práctico consiste en disimular. El que juega a juego descubierto tiene riesgo de perder”. O también: “Las cosas no pasan por lo que son, sino por lo que parecen. No basta tener razón si la cara es de malicia”.

¡Qué le vamos a hacer! Simular y disimular son un arte necesario si queremos sobrevivir con éxito en nuestro proceloso mundo. Pero no olvides que digo claramente: “Pelea, pero con juego limpio. Vencer con ruindades no es vencer”. Tal vez por ello han dicho que soy un Maquiavelo con escrúpulos.

‒Entiendo tus razones, pero es comprensible que los partidarios de una ética kantiana se pongan nerviosos al leer en tu Oráculo manual frases como “Sin mentir, no decir todas las verdades”; “Tu verdad, dila a los menos, y a los más, diles lo que desean oír”; “Que nadie te conozca plenamente. No digas a nadie hasta dónde llega tu máxima capacidad en cualquier cosa, pues corres el riesgo de que lo aprendido lo usen contra ti”; “Todo lo dora un buen fin, aunque lo desmientan los desaciertos en los medios”.

‒¿No es así la verità effettuale della cosa, como decía Maquiavelo? Incluso podrías reprocharme el haber escrito: “Encontrar el punto débil de cada uno. Este es el arte de mover las voluntades. Es saber por dónde se ha de entrar a cada uno. Primero hay que conocer el carácter, después tocar el punto débil, insistir en él, pues infaliblemente se quedará sin voluntad”.

‒Frase que te complemento con esta otra de tu cosecha: “Aprende a adaptarte a todos. Sé docto con el docto, y con el santo, santo. Es el secreto para ganártelos a todos, porque la identificación con el otro concita benevolencia”.

‒¿Acaso no estoy glosando el consejo jesuita de “saber entrar con la del otro para salir con la de uno”?

‒¡Qué bien tienes introyectado el espíritu jesuítico!, a pesar de que al final de tu vida tus cofrades te hicieron ver las verdes y las maduras con las duras sanciones que te impusieron.

‒Tan duras fueron que pedí salir de la Compañía de Jesús, pero viajé a Ultratumba un año después, sin haber recibido la respuesta.

‒Las sanciones te las ganaste por pasarte por la faja la obligación de pedirle permiso a tus superiores para publicar tus escritos.

‒Pequé por confiado e imprudente. Y pensar que adquirí fama por mi Arte de prudencia.

‒En casa de herrero, cuchillo de palo.

‒No seas pesado, que en casa del ahorcado no se mienta la soga.

Dicho esto, Gracián se ajustó su bonete de cuatro picos, se envolvió en su elegante manteo negro y se fue alejando parsimoniosamente hasta que desapareció en medio de una nubecilla.

Rodolfo Ramón de Roux

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Paseaban Séneca y sus amigos por la Calle de la Amargura cuando vieron a Linguacuta con cara de Dolorosa pues, intempestivamente, habían salido del baúl de sus recuerdos algunos episodios difíciles de su vida terrenal. Amablemente, pero con cierta condescendencia, Séneca le puso una mano en el hombro mientras le decía: “Querida amiga, piensa más bien que no hay nadie más desgraciado que aquel a quien no le han sucedido desgracias y dificultades pues no ha podido ponerse a prueba a sí mismo”. Al tiempo que Linguacuta se enjugaba una lágrima, otros amigos comenzaron a consolarla diciendo:

EINSTEIN.- Joven amiga, considera que en medio de la dificultad yace la oportunidad.

SÉNECA.-Y también el mérito: el gladiador considera deshonroso que se le enfrente a uno más débil y sabe que vence sin gloria quien vence sin peligro.

LINGUACUTA.- Tanto elogio de la dificultad es fácil para quien no ha tenido que soportarlas.

SÉNECA.- Ten por seguro que todos los aquí presentes tuvimos que atravesar nuestra noche oscura. ¿Qué sabe de la vida el que no ha sufrido penas profundas y serias dificultades?

SOFROSINA.- Menos mal que así fue: ser siempre feliz y pasar por la vida sin ninguna punzada en el alma equivale a ignorar la mitad de la naturaleza humana.

ESTANISLAO ZULETA.- (Con vehemencia tropical) Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación es un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición.

LINGUACUTA.- ¿Y eso justifica que nos arriesguemos aunque nos desbarranquemos?

SÉNECA.- No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas.

SOFROSINA.- No busques la facilidad, Linguacuta. Facilidad es un camino que comienza en Despreocupado y termina en Arrepentido. Por otra parte, no hay mayor dificultad que la poca voluntad.

E. ZULETA.- Ya te lo dijo Séneca, sólo en la dificultad sabemos quiénes somos y de qué somos capaces, por eso Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito de habernos liberado del paraíso; nuestro pecado es que anhelamos regresar a él.

SÉNECA.- Todo lo grande, Linguacuta, surge en medio de las dificultades y éstas arrancan muchas máscaras en la palestra de la vida.

LINGUACUTA.- Prefiero gozar en calma de lo pequeño, small is beautiful.

GOETHE.- En la calma podrás educar el talento, pero el carácter se forja en la tempestad.

EPICTETO.- Es fácil ser capitán en aguas mansas, por eso la reputación de buen marino se gana en las tormentas.

SOFROSINA.- Y en las tormentas de la vida si luchas puedes perder, pero si no luchas estás perdida.

LINGUACUTA.- Imagino que van a decirme que persevere, que ningún esfuerzo es inútil pues sirve al menos para sacar músculos.

C.S. LEWIS.- No sólo eso, jovencita: a menudo las dificultades preparan a la gente ordinaria para un destino extraordinario.

HORACIO.- La adversidad tiene el don de despertar talentos que en la prosperidad hubieran permanecido dormidos.

SOFROSINA.- Y es más meritorio llegar a ser que haber nacido siendo.

JOSEPH CAMPBELL.- Escucha, Linguacuta: pasé mi vida estudiando mitos y te aseguro que la cueva en la que tienes miedo de entrar posee el tesoro que buscas.

SÉNECA.- Ad astra per aspera, a las estrellas a través de las dificultades.

BERTRAND RUSSELL.- Pero en cuestión de dificultades te advierto, amiga, que lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar.

LINGUACUTA.- (Ya de mejor humor) Al próximo que me diga que las dificultades hacen crecer voy a apalearlo hasta que se sienta inmenso.

Y todos muy sonrientes se fueron a beber ambrosía en el bar “Los inmortales”.

Rodolfo R. de Roux

Mayo de 2024

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Les juro que casi no los reconozco. Sus rostros enjutos estaban muy cambiados y los ensombrecía un rictus de amargura causado tal vez por constatar, con el paso del tiempo, la vacuidad de su apostólico y excesivo celo. Por fin supe quiénes eran al distinguir su hábito donde se fundía el blanco con el negro y también porque apretaban entre sus manos sendos volúmenes del Malleus maleficarum, ese “Martillo de brujas” con el que contribuyeron a machacar -y a quemar- a muchas de ellas.

Sus nombres: Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, miembros de los “perros del Señor”, los Domini cani, fundados por el castellano Domingo de Guzmán en Toulouse para combatir a la herejía cátara y, después, a todo aquel o aquella que se atreviera a poner en duda la ortodoxia católica romana. No fue, pues, un azar que de sus filas salieran los más grandes inquisidores como el francés Bernardo Gui o el castellano Tomás de Torquemada.

LINGUACUTA.- Sufran, reverendos padres. Miren cómo las feministas han convertido al personaje de la bruja en un ícono, símbolo tanto de la misoginia, como del poder invicto de las mujeres.

JACOB SPRENGER.- Todo ese alboroto nos pone los pelos de punta.

HEINRICH KRAMER.- Es cierto que en el Malleus establecimos por primera vez un vínculo directo entre la mujer y la brujería, pero simplemente recogimos afirmaciones del Antiguo y del Nuevo Testamento, de autores católicos medievales y de los Padres de la Iglesia donde se advierte que las mujeres son peligrosas por su sexualidad, a pesar de ser necesarias para la reproducción de la especie.

LINGUACUTA.- Me confirmas que la ancestral diabolización de la mujer alimentó esa explosión de misoginia que fue la cacería de las supuestas “brujas”.

SPRENGER.- En vez de echarnos pullas infórmate en nuestro Malleus sobre los actos horrendos cometidos por esas infames.

KRAMER.- Ampliamente expusimos sus vuelos nocturnos cabalgando en fálicas escobas, sus abyectos aquelarres, el asesinato de niños pequeños, la fabricación de venenos, su habilidad de crear impotencia sexual en los varones y aun de arrebatarles su miembro viril, ¡y horror de los horrores! sus relaciones sexuales con el Maligno.

SPRENGER.- Con toda claridad advertimos que el Demonio se aprovecha del insaciable apetito carnal de las mujeres y del hecho de que son más crédulas, más propensas a la malignidad y embusteras por naturaleza.

KRAMER.- Por eso hay más brujas que brujos.

SPRENGER.- No comprendo por qué hacen tanta bulla ustedes las mujeres, si también quemamos brujos.

LINGUACUTA.- No seas cínico, que en los 110.000 juicios identificados entre 1580 y 1640 las mujeres representaron el 80% de los acusados y el 85% de los condenados a muerte, que fueron entre 60.000 y 70.000.

SPRENGER.- Por algo sería.

LINGUACUTA.- ¡Qué fácil es responsabilizar a las mujeres de la violencia que se les inflige!

SOFROSINA.- Te voy a recordar ese “por algo sería”. Durante las grandes cacerías de brujas de las décadas de 1580 y 1640, a la tradicional misoginia patriarcal se sumó un creciente temor al demonio entre la población, vinculado a las desgracias de la época, alimentadas por conflictos religiosos, tensiones políticas, crisis económicas y plagas recurrentes. A nivel de las élites y de los gobernantes, se produjo un aumento de la intolerancia, alimentado por la proliferación de manuales de demonología como ese Malleus maleficarum que ustedes escribieron.

LINGUACUTA.- La caza de brujas se enriqueció, además, con el testimonio de los propios jueces. Los juicios que ellos llevaron a cabo corroboraron a los ojos del pueblo la existencia de “brujas”, fomentaron las denuncias contra ellas y fueron un verdadero desencadenante de “epidemias de brujas”.

KRAMER.- Ustedes pueden decir lo que quieran, me siento orgulloso de que nuestro Malleus, publicado en 1487, se haya convertido hasta el día de hoy en el más famoso de todos los libros sobre brujería.

SOFROSINA.- Dale gracias a la invención de la imprenta moderna que incrementó el influjo de tu manual del perfecto cazador de brujas.

KRAMER.- Así es. Solamente entre los años 1487 y 1520, nuestra obra fue publicada 13 veces. ¡Un exitazo!

SPRENGER.- A Dios lo que es de Dios y al Papa lo que es del Papa. También démosle gracias a Su Santidad Inocencio VIII quien, en su bula Summis desiderantes affectibus reconoció en diciembre de 1484 la existencia de las brujas y nos nombró inquisidores con poderes especiales para que investigáramos los delitos de brujería en las provincias del norte de Alemania.

KRAMER.- Al año de expedida la bula, solo en la ciudad italiana de Como, fueron quemadas vivas cuarenta y una brujas, provocando un enorme éxodo de mujeres a zonas más seguras. ¡Eficaz la palabra de nuestro Inocencio!

LINGUACUTA.- Nada inocente era Inocencio VIII: no practicó la brujería pero sí el nepotismo para engrandecer a su familia.

SPRENGER.- Viperina eres.

LINGUACUTA.- ¿Yo? Pero si fue él quien negoció el matrimonio de su hijo ilegítimo Francisco Cybo con Magdalena de Médici, hija de Lorenzo de Médici, señor de Florencia. Y elevó después al cardenalato a Giovanni de Médici -futuro León X- hermano de su nuera, cuando tenía solo 13 años de edad.

KRAMER.- Deja de mirar la pajita en el ojo ajeno y volvamos a nuestro Malleus. En la Parte I detallamos cómo el Demonio y sus seguidores -brujas y hechiceros- perpetran una plétora de males “con el permiso de Dios Todopoderoso”.

SPRENGER.- En la Parte II informamos ampliamente sobre los hechizos, pactos, sacrificios y cópula con el Diablo de tan malvadas féminas.

SOFROSINA.- Ustedes respiran antifeminismo por todos los poros. Ya desde el título del libro utilizan la palabra maleficarum, la forma femenina del sustantivo, y declaran más adelante, incorrectamente, que la palabra femina es una derivación de fe minus, menos fe.

LINGUACUTA.- Por otra parte, quisiera que me dijeran cómo se obtuvieron esas “amplias informaciones” sobre las actividades de las que ustedes llaman “brujas”.

KRAMER.- No tenemos de qué avergonzarnos. En la Parte III del Malleus detallamos los métodos para detectarlas, enjuiciarlas y sentenciarlas.

LINGUACUTA.- Sí, y ahí hablan de torturar para detectar.

SPRENGER.- ¡Qué le íbamos a hacer! Si la bruja -o el brujo- no confesaba voluntariamente su culpa, es normal que se aplicara la tortura como un incentivo para que confesara.

LINGUACUTA.- Para que confesara lo que el inquisidor quería.

SOFROSINA.- Es fácil imaginar el pánico y la angustia de esas mujeres en total soledad y en manos de jueces, guardias, interrogadores y torturadores exclusivamente masculinos que desahogaban en ellas sus impulsos sádicos, su misoginia y sus frustraciones sexuales.

LINGUACUTA.- A no pocas de ellas las violaron sus carceleros.

SOFROSINA.- Recuerden que por recomendación de ustedes dos en el Malleus, las acusadas, tras su detención, eran desnudadas, afeitadas y entregadas a un “pinchador”, que buscaba meticulosamente la “marca del Diablo”, tanto en la superficie como en el interior de sus cuerpos, clavándoles agujas. Cualquier mancha o cicatriz podía servir de prueba.

LINGUACUTA.- ¡Jesús mío, cuántas bestialidades y estupideces se han hecho en tu nombre!

SOFROSINA.- También explican ustedes cómo los jueces debían ser instruidos para engañar al acusado, prometiéndole misericordia si confesaba su culpa y buscando luego subterfugios para no cumplirle lo prometido. ¡Qué retorcidos!

KRAMER.- Reconoce que también hablamos sobre la confianza que se puede poner en los testimonios de los testigos y la necesidad de eliminar acusaciones maliciosas.

SOFROSINA.- Lo reconozco, pero igualmente afirmaron ustedes que el rumor público es suficiente para llevar a la persona a juicio y que una defensa demasiado vigorosa es evidencia de que el defensor está también poseído por Satanás. Excelente manera de eliminar al enemigo, ¿no les parece?

SPRENGER.- Satanás y sus brujas nos habían puesto en un estado de emergencia pública. Contra el Mal hay que ser implacables, y si se cometen excesos, son perdonables en aras de ese objetivo superior a todo que es salvar las almas de los fieles.

LINGUACUTA.- Sin duda ya saben que hasta hoy en día los estados policiales aprendieron bien esa lección inquisitorial: el temor a la “situación de emergencia” es utilizado por el poder punitivo para eliminar cualquier obstáculo que se le presente. Toda persona que se oponga a dicho poder será acusada de cómplice del Mal, enemiga de la Patria o idiota útil a intereses foráneos y será condenada sin garantías ni derecho a la defensa.

KRAMER. Tu astucia argumentativa huele a azufre. ¡Eres una bruja!

LINGUACUTA.- Viejos misóginos, esperen a que lleguen mis sororas del movimiento ecofeminista Witch -Women’s International Terrorist Conspiracy from Hell-. Los vamos a hacer pasar un mal rato.

SOFROSINA.- ¡Qué emoción! Allá viene el grupo de las italianas entonando: “Tremate, tremate, le streghe son tornate” (Tiemblen, tiemblen, las brujas han regresado).

LINGUACUTA.- Mirá ese otro grupo con carteles que dicen: “Somos las nietas de las brujas que no pudiste quemar”.

SPRENGER.- ¡A todas ustedes las vamos a purgar con agua bendita!

KRAMER.- Mejor pongamos pies en polvorosa, hermano.

Siento que me ahogo, que no puedo respirar bien. Me incorporo en medio de una pesada bruma de vapores hirvientes. Estoy sudando más que un condenado a galeras. Tiemblo de susto, pero no, no es una hoguera inquisitorial: me quedé dormido en un baño turco.

Rodolfo R. de Roux

Abril de 2024

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No se puede creer cómo el pueblo en cuanto es sometido, cae en un olvido tan grande de la libertad sirviendo de tan buena gana que diríase que no perdió su libertad, sino que ganó su servidumbre.

Étienne de La Boétie

Con menos de dieciocho años de edad, La Boétie -cual Mozart de la filosofía política-, escribió su apasionado y brillante “Discurso sobre la servidumbre voluntaria”, texto radical sobre la libertad. Con gran virtuosismo retórico, La Boétie la emprende contra toda forma de dominación política, allí donde quiera que se dé. Para él, todo poder concentrado en una sola persona es, por naturaleza, abusivo. Sus reflexiones continúan interrogándonos a la luz de los totalitarismos del siglo XX, que llevaron tan alto el culto a la personalidad y la sumisión de todos a los delirios de grandeza y de poder del Uno, llámese “Duce”, “Führer”, “Conducator”, “Caudillo”, “Vozhd”, “Guía supremo” o “Gran Timonel”. Por lo demás, los autócratas no se han extinguido ni se extinguirán. La lucha continúa.

Acompañado por mis hijas fui en “peregrinación” a Sarlat -bella ciudad medieval del suroeste de Francia- donde nació La Boétie un 1 de noviembre de 1530. Mientras visitábamos su casa natal, situada frente a la catedral, tuve un arrobamiento -¿embobamiento?- donde vi claramente, como en un mediodía soleado, la figura del joven magistrado que viajó a Ultratumba a la temprana edad de 33 años, dejando en la más profunda desolación a su amigo del alma, Michel de Montaigne.

— Tu Discurso sobre la servidumbre voluntaria sigue siendo muy actual. 

LA BOÉTIE.- Me asombra la repercusión de ese escrito juvenil que no fue publicado sino después de mi muerte.

— De lo contrario te hubiera traído no pocos problemas.

LA BOÉTIE.- No lo dudo. La primera utilización política del Discurso fue la de servir a los protestantes de arma contra la monarquía francesa, muy particularmente después de la terrible “Masacre de San Bartolomé”, cuando miles de ellos fueron asesinados en 1572 en el contexto de las guerras de religión en Francia. Poco después también lo utilizaron los ultracatólicos, que tildaban de tiranos a los Valois por sus políticas moderadas, especialmente cuando en 1595 Enrique de Navarra, un protestante convertido al catolicismo, fue nombrado rey con el nombre de Enrique IV.

— No es de extrañar que con el triunfo de la monarquía absoluta tu escrito haya prácticamente desaparecido en el siglo XVII. 

LA BOÉTIE.- Pero con el advenimiento del Siglo de las Luces y de la Revolución francesa volvió a circular ampliamente.

— Me consta que de ahí en adelante han abundado las ediciones de tu Discurso y que sigue siendo utilizado por todos los que predican sacudirse el yugo de una tiranía. 

LA BOÉTIE.- Comprendo que así sea pues mi preocupación fue “entender cómo puede ser que tantos hombres, tantos pueblos, tantas ciudades, tantas naciones soporten a veces a un tirano solo, que no tiene más poder que el que ellos le dan, que no tiene el poder de hacerles daño, sino en tanto que ellos tienen la voluntad de soportarlo, que no podría hacerles ningún mal, sino en la medida en que ellos prefieren sufrirlo antes que contradecirlo”. 

— El supuesto tradicional era que el poder contrariaba la voluntad de los sometidos. Y tú nos dices que el poder es querido por los que somete. Inviertes así la perspectiva al señalar que el arcanum del poder, su secreto, no debe buscarse en los que lo ejercen, sino en quienes lo soportan.

LA BOÉTIE.- Así es. El tirano no tiene por sí mismo poder alguno, no tiene otro que el que le proporcionan los que a él se someten. El poder viene siempre de abajo, de esos que aparentemente no lo tienen. Los de abajo no lo ejercen, se ejerce sobre ellos; sin embargo, ellos son los que lo generan. 

— Mejor dicho, si hay poder de dominación es porque el dominado está dispuesto a que lo haya. 

LA BOÉTIE.- Resuelve no servir más y serás inmediatamente libre. No digo que levantes tu mano contra el tirano para derribarlo, sino simplemente que no lo apoyes más; luego verás cómo, igual que un gran Coloso cuyo pedestal ha desaparecido, cae por su propio peso y se rompe en pedazos.

— Afirmas que el sometimiento a un gobernante arbitrario y con poder ilimitado no se debe tanto al empleo de una gran fuerza, sino a que las gentes lo aceptan engañadas o seducidas. Por lo que dices, los tiranos son expertos en convertir a sus vasallos en su propia cárcel.

LA BOÉTIE.- De alguna manera, los tiranos hipnotizan a su pueblo. Es un espectáculo desolador ver a un millón de hombres sirviendo miserablemente con el cuello bajo el yugo, no obligados por una fuerza mayor, sino de algún modo encantados y seducidos por la simple mención de uno cuyo poder no habrían debido amar, ya que se mostraba salvaje e inhumano con ellos. 

— Que el carisma de un tirano puede funcionar como el hechizo de una poción amorosa es algo que han demostrado muchos autócratas hasta épocas recientes. ¡Basta ver las larguísimas filas de devotos llorando mientras desfilaban ante el féretro de Stalin!

LA BOÉTIE.- No niego que nuestra debilidad hace que frecuentemente tengamos que obedecer a la fuerza. Pero la originalidad de mi Discurso consiste en explicar cómo es posible la servidumbre voluntaria. 

— Ilumina mis entendederas.

LA BOÉTIE.- El tirano está de suyo derrotado solo con que el país no consienta en su servidumbre; no es preciso que se le quite nada, basta con no darle nada. No le entreguemos nada y se vendrá abajo, no hagamos lo que espera, mantengámonos pasivos al respecto. Y si ni siquiera esto somos capaces de hacer, entonces solo cabe decir que servimos voluntariamente. 

— Lo que sugieres te enlaza con la cultura de la desobediencia civil, de Henry David Thoreau en adelante. Se trata del antiguo non serviam -no serviré-.

LA BOÉTIE.- Son los pueblos mismos quienes se dejan o se hacen maltratar, ya que rehusando servir se librarían de ello. Es el pueblo el que se somete, quien se corta el cuello, quien teniendo la opción de ser siervo o ser libre abandona la libertad y se pone el yugo, quien consiente en su mal o aun lo persigue.

— Por eso abundan las marionetas con cadenas en lugar de hilos.

LA BOÉTIE.- Si el cuerpo del tirano tiene muchos ojos para espiarnos y numerosas manos para golpearnos, no es sino porque le damos nuestros ojos y manos. 

— Pero no todos los tiranos son iguales. Por eso existen “dictablandas” y “dictaduras”.

LA BOÉTIE.- No te engañes. Servidumbre es servidumbre. Hay tres clases de tiranos y se distinguen por su origen: los que acceden al poder por la fuerza, los que lo reciben en herencia, y los que son elegidos. Todos acaban comportándose del mismo modo opresivo. Los primeros tratan a sus súbditos como gente conquistada; los segundos no son por lo general apenas mejores, toda vez que, acostumbrados como están a dominar, toman a los regidos como «siervos hereditarios»; y en cuanto a los terceros, los elegidos por el pueblo, de los que se esperaría una conducta distinta, y puede que en efecto sea así al principio, una vez que son alzados sobre los demás, adulados y se acostumbran al ejercicio del poder, tratan de dejar a los propios hijos como herederos, caen en la corrupción moral y terminan superando en vicios e incluso crueldad a los demás tiranos. 

— Todavía no me has explicado cómo es posible la servidumbre voluntaria.

LA BOÉTIE.- La primera razón de la servidumbre voluntaria es la costumbre. Una vez dada la desgracia bien de la coacción o bien del engaño, lo primero que pierde el humano es el deseo natural de la libertad, y con él se pierden el valor en la lucha y la honestidad, puesto que se facilita la corrupción. El paso del tiempo no hará sino consolidar la dominación. E incluso los tiranos intentarán apoyarse en ese largo pasado de dominación para acreditar la legitimidad de su poder. 

— Si el tiempo arraiga las costumbres de servidumbre ¿no hay ya nada qué hacer?

LA BOÉTIE.- No todo lo puede la tiranía. Piensa que siempre hay algunos que sienten el peso del yugo y que no pueden evitar sacudírselo, que no se amansan nunca con el sometimiento. Es gente que ha sabido educar sus capacidades naturales y nunca se acostumbrará a la tiranía.

— Observo con satisfacción que relacionas educación y libertad. Lo mismo hizo Paulo Freire, eximio pedagogo brasilero, en su notable libro “La educación como práctica de la libertad”.

LA BOÉTIE.- ¡Que buena noticia! Hay que educar para la libertad, para que dé frutos su semilla. Como dije en mi Discurso: “La naturaleza del hombre es ser libre y querer serlo, pero también su naturaleza es tal que espontáneamente adopta el pliegue que la educación le da”. 

— Recuerdo que también dijiste que cuando unos pocos individuos se liberan, a menudo es porque sus ojos se han abierto mediante el estudio de la historia. Aprendiendo de tiranías pasadas similares, reconocen el modelo en su propia sociedad. 

LA BOÉTIE.- La tiranía no desconoce la capacidad crítica de esos ilustrados y sabe que si evita el intercambio de ideas, si impide la publicación de libros, dificultará el entendimiento de reconocerse en tiranía y de odiarla.  

— Admito que las ideas saltan como piojos de persona a persona, el problema es que no suelen morder a todas, como me dijo Jerzy Lec. 

LA BOÉTIE.- Te añado que no basta el entendimiento ilustrado y la libre circulación de ideas para sacudirse el yugo de la opresión. También es preciso tener valor. Sin él, la sabiduría queda inerme.  

— Pero la falta de libertad corrompe el carácter de la gente, y su valor. 

LA BOÉTIE.-  Es una circularidad trágica: la cobardía y la debilidad conducen al sometimiento y este a aquellas. 

— También Maquiavelo señala que fácilmente las personas se vuelven cobardes y débiles bajo los tiranos. Ellos saben perfectamente cómo utilizar el miedo para gobernar.

LA BOÉTIE.- El miedo y las prebendas. Con la distribución de cargos, ganancias y privilegios, al final ocurre que hay casi tantos de aquellos a los que la tiranía parece ser provechosa como de aquellos a los que la libertad sería agradable. 

— Multiplicando favores los tiranos acostumbran al pueblo no solamente a la obediencia y a la servidumbre, sino incluso a la devoción. 

LA BOÉTIE.- Desde el momento en que un gobernante se vuelve déspota y regala favores, todos los que tienen una ardiente ambición y una notable avaricia se amontonan a su alrededor y lo sostienen para tener parte en el botín y ser, bajo el gran tirano, tiranuelos ellos mismos. 

— ¡Que tristeza!

LA BOÉTIE.- Viendo a quienes se ponen a disposición del tirano para hacerle los trabajos sucios, a menudo soy presa de asombro ante su maldad, y a veces de compasión ante su estupidez. Pues, a decir verdad, ¿qué otra cosa es aproximarse al tirano, sino alejarse más de la libertad y, por decirlo así, abrazar y estrechar con las dos manos la servidumbre? 

— Sacudido por la vehemencia de mi interlocutor, volví a mis cabales. La Boétie seguía allí, interpelándome.

Rodolfo Ramón de Roux

Abril de 2024

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Otium divos rogat, Horacio, Odas, II,16

PAUL LAFARGUE.- Camarada Stajánov, deja de sacar carbón como un desesperado.

ALEKSÉI GRIGÓRIEVICH STAJÁNOV.- Tengo que dar ejemplo. ¿No ves que me nombraron “Héroe del Trabajo Socialista”?

LAFARGUE.- No tienes que demostrarle nada a nadie. Ya sabemos que en agosto de 1935 extrajiste 102 toneladas de carbón en 5 horas y 45 minutos de trabajo.

STAJÁNOV.- Lo cual era catorce veces más la media de carbón que sacaban mis compañeros. Lo mejor fue que al mes siguiente rompí mi propio récord al extraer 227 toneladas. Y la palabra “estajanovista” pasó a designar un trabajador extremadamente productivo.

LAFARGUE.- Querrás decir un “trabajólico”.

STAJÁNOV.- ¡Insolente! Podrás ser yerno de Karl Marx pero tu libro Le droit à la paresse (El derecho a la pereza) me da pena.

LAFARGUE.- Pena debería darte la manera como te explotaron. ¡Te utilizaron para la propaganda soviética!

STAJÁNOV.- Pues lo hice gustoso.

LAFARGUE.- Sarna con gusto no pica y si pica, no mortifica.

STAJÁNOV.- Lo que no entiendo todavía es por qué con tu “derecho a la pereza” te dedicaste a desmitificar el valor del trabajo, indispensable para construir el socialismo.

LAFARGUE.- Y también el capitalismo. ¿No te das cuenta, Stajánov, que con la revolución industrial y el progreso técnico, la máquina ha entrado en competencia con el hombre en lugar de liberarlo del trabajo? Tú mismo eres claro ejemplo de eso.

STAJÁNOV.- (En tono burlón). Si tú lo dices.

LAFARGUE.- A medida que las máquinas se perfeccionan y realizan el trabajo del hombre con una rapidez y precisión cada vez mayores, el trabajador, en lugar de prolongar su descanso en la misma medida, redobla sus esfuerzos, como si quisiera competir con las máquinas.

STAJÁNOV.- No se trata de competir con las máquinas sino de ser productivos, es decir, ser útiles a la sociedad. Pero esto no lo puede entender quien aboga por el derecho a la pereza, no por el derecho al trabajo.

LAFARGUE.- Si la clase obrera se levantara, no para exigir el derecho al trabajo, sino para prohibir a todo hombre trabajar más de tres horas diarias, la Tierra, estremeciéndose de alegría, sentiría brotar en su interior un nuevo universo.

STAJÁNOV.- Eres un ingenuo soñador. ¡La pereza es la madre de todos los vicios!

LAFARGUE.- ¡Y, como es madre, hay que respetarla! Me admira la extraña locura del amor de los proletarios al trabajo siendo que este es la causa de toda degeneración intelectual, de toda deformación orgánica.

STAJÁNOV.- Pero si el amor al trabajo es algo universal.

LAFARGUE.- ¡Pamplinas! Las sociedades primitivas que los misioneros del comercio y los mercaderes de la religión aún no han corrompido con el cristianismo y el dogma del trabajo escapan a esto, al igual que las civilizaciones antiguas en las que los filósofos consideraban el trabajo como una “degradación del hombre libre”.

ARISTÓTELES.- (Con una suave sonrisa). No me disgusta lo que dices, Lafargue, aunque lo matizaría.

LAFARGUE. – ¿De qué manera?

ARISTÓTELES.- Prefiero hablar de ocio, no de pereza.

LAFARGUE.- ¿Acaso no son la misma cosa?

ARISTÓTELES.- En manera alguna. Los romanos tradujeron con la palabra otium (ocio) lo que los griegos llamábamos skholé, que no tiene nada que ver con la pereza.

LAFARGUE.- Explícate mejor.

ARISTÓTELES.- Para nosotros la jornada se dividía en tres partes: un tiempo dedicado al trabajo (askholía), un tiempo para el descanso (anápausis) y, por último, el momento del día dedicado al ocio (skholé).

LINGUACUTA.- ¿Cómo se relacionan esas tres realidades?

ARISTOTELES.- El descanso (anápausis) se ordena al trabajo (askholía), y el trabajo se ordena al ocio (skholé). Mientras que descanso (anápausis) y trabajo (askholía) se mueven en la esfera de lo necesario para la vida, el cultivo del ocio (skholé) se mueve en la esfera de lo libre. No se vive para trabajar; se trabaja para vivir. El trabajo es necesario para sobrevivir; la skholé (el otium), es necesaria para ‘vivir bien’.

LINGUACUTA.- Todo lo que dices suena muy bonito pero, hoy por hoy, si dices de alguien que es un ocioso significa que es un holgazán, un perezoso. Si quieres que entiendan tu skholé, tendrás que decir “ocio creativo”.

ARISTÓTELES.- Te haré caso. Y preciso que la skholé es ese tiempo liberado de urgencias y cálculos, dedicado a la imaginación, la reflexión, la búsqueda de la sabiduría, el gusto de pensar la complejidad de la realidad, de cultivar la amistad y la empatía, en resumen, un tiempo no dedicado a una estrategia interesada y remunerada, a un negocio, que etimológicamente es la negación del ocio, nec otium.

LINGUACUTA.- Eso de “skholé” me suena a “escuela”.

ARISTÓTELES.- Tienes buen oído, muchacha. El vocablo latino schola (de donde viene “escuela”) designa el lugar por excelencia para impartir los conocimientos y habilidades necesarios para la skholé, para el ocio fructífero.

LINGUACUTA.- Te cuento que actualmente en la Tierra es un derecho generalizado asistir a la escuela.

ARISTÓTELES.- Me alegra saberlo, pues nuestra skholé era privilegio de pocos.

SOFROSINA.- Pero muchos experimentan hoy ese derecho de asistir a la escuela más como una imposición molesta que como una oportunidad para enriquecerse como personas.

ARISTÓTELES.- Triste es oírlo.

SOFROSINA.- Se supone que por encima de los conocimientos puramente instrumentales que preparan directamente para la vida profesional, en la escuela debe tener prioridad lo que alimenta el espíritu crítico, la imaginación, el gusto estético, la responsabilidad, en suma, todo aquello que contribuye al crecimiento personal de los “escolares”. Ciertamente la escuela intenta satisfacer ambas ambiciones, pero la orientación utilitarista tiende a crecer y, a menudo, a dominar bajo la presión por garantizar una salida profesional a cada alumno.

ARISTÓTELES.- Entiendo la inquietud “utilitarista”, sobre todo en el caso de personas para quienes la supervivencia es complicada. Pero espero que no se pierda de vista que el tiempo “escolar” debería ser “tranquilo”, “sosegado” -posibles traducciones del adjetivo skholaios- porque es el tiempo de tomarse su tiempo, sin estar sometido al imperativo de la utilidad inmediata.

LINGUACUTA.- Ojalá el devolver a la escuela su sentido de skholé ayude a resistir a la idea de que aquella solo sirve para adaptarnos a la askholía, es decir, al trabajo.

SOFROSINA- Es altamente positivo que las legislaciones sociales, a partir del siglo XX, hayan democratizado en muchísimos países la posibilidad del ocio creativo con la reducción de la jornada laboral y la institución de las vacaciones pagadas.

LINGUACUTA.- Sin embargo, el desarrollo relativamente ininterrumpido de la posibilidad del otium no ha escapado de las garras de un negocio -nec otium- que transforma hábilmente el tiempo libre en objeto de especulación económica.

SOFROSINA- Incluso se ha desarrollado una verdadera “economía de la atención”, respaldada por los conocimientos neurológicos y sicológicos más avanzados, para crear desde cero y explotar frenéticamente un mercado prodigiosamente rentable. Basta ver cuánta gente se ha vuelto ciberadicta. ¡Parecen zombis frente a una pantalla interactiva!

LINGUACUTA.- Bien lo sabes: todo progreso tiene sus efectos perversos e inesperados. Concebido como fuente de crecimiento personal y emancipación, el tiempo libre también se ha vuelto instrumento de alienación en beneficio del gran negocio de la diversión.

PAUL LAFARGUE.- Dejémonos de lamentos: mejor que sobre otium y no que falte. De todas maneras cada quien se seguirá alienando como puede. ¿No es así, camarada Stajánov? Espero que hayas entendido que el otium no es necesariamente un tiempo “útil” pero sí fructífero, propicio a la reflexión libre, a la curiosidad asidua y al vagabundeo concienzudo.

ARISTÓTELES.- Y yo espero, Lafargue, que ya sepas distinguir entre otium y pereza. Pues ese tiempo libre para conocernos mejor, para desplegar nuestras facultades, nuestra creatividad y nuestra lucidez exige esfuerzo, a veces agradable, y a veces no tanto. La epimeleia heautou o “cuidado de uno mismo” no tiene nada de pereza.

SÉNECA.- Esos momentos dedicados a la cura sui -como llamamos los romanos al “cuidado de sí mismo- son el tiempo afortunado para construir nuestro discernimiento, para hacernos más profundos, más coherentes, más fiables, más imaginativos, más empáticos.

ARISTÓTELES.- Haces bien en señalar lo último. El “cuidado de sí mismo” contribuye al bien común pues es imposible estar fuera de la comunidad a la que se pertenece. Nadie es una isla.

STAJÁNOV.- (Derramando una furtiva lágrima). No debí obsesionarme con la extracción de carbón.

GRACIÁN.- Lo siento, camarada. Darse cuenta tarde no sirve de remedio, sino de pesar.

Rodolfo Ramón de Roux

Abril, 2024

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Era el mediodía de un caluroso domingo de verano. Después de la tradicional bendición papal, me encontré en la Piazza San Pietro en medio de una interminable fila de turistas dispuestos a visitar la basílica dedicada al “príncipe de los Apóstoles”. Como la “cola” no avanzaba, un sol inclemente empezó a hacer estragos en mi trajinado cerebro, ya de por sí bastante propenso a los ensueños. Les aseguro que delante de mí apareció un señor serio y robusto, de nariz prominente, unos cincuenta años de edad y porte distinguido. Vestía una indumentaria propia de los humanistas del primer Renacimiento italiano y me dijo llamarse Lorenzo Valla.

— ¿Vas a alguna fiesta de disfraces en el Vaticano?

VALLA.- No. Estoy recogiendo mis pasos.

— ¿Cómo así?

VALLA.- Por aquí estuve a mediados del siglo XV cuando Nicolás V me contrató para la traducción del griego al latín de documentos tanto paganos como cristianos y tenía curiosidad de saber si todavía existían papas.

— ¿Los querías mucho?

VALLA.- ¡Qué va! Hartos problemas -aunque también mucha fama- me trajo publicar en 1440 mi escrito De falso credita et ementita Constantini donatione [Sobre la falseada y ficticia Donación de Constantino] que me convirtió en pionero de la crítica histórica. 

— Picas mi curiosidad. Explícame de qué se trataba el asunto.

VALLA.- Pues que el Papado se arrogaba el dominio de extensos territorios del llamado Occidente cristiano diciendo que  se los había otorgado el emperador romano Constantino. 

— ¿Constantino el Grande, el que dio la libertad de culto al cristianismo en 313 y contribuyó de manera decisiva a instalar la Iglesia en el Imperio, dando comienzo a un largo connubio entre “poder temporal” y “poder espiritual” en el orbe cristiano?

VALLA.- El mismo. Tal vez ya sabes que en el Medioevo los papas se convirtieron en “monarcas temporales”, que disponían incluso de ejércitos para imponer su dominio en los territorios que poseían. 

— Lo sé.

VALLA.- Pues bien, cuando tuvieron que justificar semejante situación tan contraria a las enseñanzas del humilde pescador de Galilea, los “soberanos pontífices” inventaron un documento en latín que ha pasado a la historia como la Donatio Constantini, o sea, la Donación de Constantino. 

— ¿Qué decía tal documento?

VALLA.- Que Constantino reconocía como soberano al papa Silvestre, le donaba la ciudad de Roma, las provincias de Italia y todo el resto del Imperio romano de Occidente. 

— Imagino que Silvestre se apresuró a mostrar dicho documento tan pronto se lo dio Constantino.

VALLA. Estás soñando. Fue mencionado por primera vez quinientos años después en una comunicación del papa Adriano I a Carlomagno, a principios del siglo IX. 

— ¡No lo puedo creer!

VALLA.- Más aún, solo a mediados del siglo XI fueron citados textos de la “Donación” en un documento papal oficial. Los utilizó el papa León IX como argumentos para requerir al patriarca ortodoxo de Constantinopla que debía reconocerse la sujeción a la sede papal de Roma, pues únicamente a ésta correspondía la jefatura universal del cristianismo. 

— ¿Cómo se pudo creer en un documento supuestamente emitido siglos antes y cuyo original nadie vio jamás?

VALLA.- Insondable es la capacidad de creer que tenemos los humanos. Pero también tenemos cerebro.

— ¿Cómo lo usaste para demostrar que se trataba de un documento falsificado?

VALLA.- Analicé cuidadosamente su contenido y mostré de manera fehaciente sus numerosas incongruencias e inexactitudes.

— ¿Por ejemplo?

VALLA.-  No es verosímil que el Senado y el pueblo romano hubieran aceptado, sin protestar, el que se donara la ciudad de Roma y el Imperio romano al jefe de un grupo religioso al que poco antes se estaba persiguiendo. Y no hay testimonio alguno de protestas. Por otra parte, los documentos escritos, la numismática y la epigrafía existentes confirman que Constantino y todos los emperadores posteriores a él poseyeron el imperio, y no los papas.

— Mencionaste no solo incongruencias sino también inexactitudes. Dime una, por lo menos.

VALLA.- No te voy a aburrir con detalles, pero precisamente en los detalles caen los mentirosos. Asevera el falso documento que Constantino hizo la “donación” al papa Silvestre días después de que lo bautizara, en agradecimiento por haberlo curado de la lepra.

— ¿Y?

VALLA.- No consta en los documentos de la época de Constantino que este haya tenido lepra. Y mucho menos que lo hubiera sanado milagrosamente Silvestre, que tampoco lo bautizó, porque quien lo hizo fue Eusebio de Nicomedia, poco antes de la muerte del emperador, acaecida el 22 de mayo de 337, ¡dos años después de la muerte del papa Silvestre! Te añado que también procedí a un minucioso análisis lingüístico del texto.

— ¿Y qué concluiste?

VALLA.- Que incorporaba giros idiomáticos y palabras que no existían en el latín de la época de Constantino. Señalé también la rudeza gramatical de ciertos pasajes, impropia de un decreto imperial.

— Cuán cierto es que con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanza de volver.

VALLA.- Bien lejos fueron los soberanos pontífices: la falsa “Donación” les sirvió para justificar y defender el dominio temporal de la Santa Sede, en particular, sobre los Estados Pontificios, desde el año 756 hasta 1870. Se trata de territorios que, en su máxima extensión, cubrieron las regiones italianas modernas del Lacio, Las Marcas, Umbría y Emilia-Romaña.

— ¡Y predican que el fin no justifica los medios!

VALLA.- ¿Acaso quieres que te hable sobre los métodos inquisitoriales para “salvar almas” o sobre los medios utilizados para ganar “guerras santas”?

Del sopor -y de la charla con Valla- me sacaron las sirenas de las motocicletas que escoltaban a una elegante limusina negra con vidrios ahumados y las letras SCV en sus placas. Un joven preguntó: “Qué significa SCV?”. Su padre le respondió: “Stato della Città del Vaticano”. Alguien añadió con sorna: “SCristo Viera”…

Rodolfo R. de Roux

Marzo de 2024

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VOLTAIRE.- Decidí ser feliz porque era bueno para la salud. 

ALBERT SCHWEITZER.- La felicidad no es más que buena salud… y mala memoria

LINGUACUTA.- Pero hay que tener buena memoria para no seguir buscando la felicidad en el mismo sitio donde la perdimos.

SOFROSINA.- Tu frase, Voltaire, es ingeniosa pero vacua: la felicidad -como el amor- se esfuma en el momento mismo de ser exigida. La felicidad es reacia al modo imperativo.

LINGUACUTA.- Lamento que no pueda exigirse el ser feliz porque las personas felices joden menos.

CERVANTES.- Es normal que los infelices jodan más porque las tristezas no son propias de las bestias sino de los hombres, pero si los hombres las sienten en demasía se vuelven bestias. 

SOFROSINA.- Por eso ayudar a que los demás sean felices no es solo un acto de benevolencia, sino también de salubridad pública. Por otra parte, la manera más sencilla de ser feliz es tratar de hacer feliz a otro.

PITIGRILLI.- Puede tener algo de verdad lo que dijo Voltaire al principio, pues la felicidad es un fenómeno autosugestivo de duración variable.

JARDIEL PONCELA.- Que, a semejanza del arte, cuanto más se calcula menos se logra.

SOFROSINA.- E inquieta sobremanera a quienes se obstinan en alcanzarla. Como dice Comte-Sponville, siempre estamos separados de la felicidad por la misma esperanza que la persigue. 

LINGUACUTA.- Pero no pocos encuentran sentido en el sufrimiento que les conlleva la lucha por ser felices.

KIERKEGAARD.- Les convendría darse cuenta de que la puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla: si uno la empuja, la cierra cada vez más.

JARDIEL PONCELA.- Me aburrí de ver gente que vivía repitiendo que el fin de la vida es conseguir la felicidad para, una vez conseguida, esforzarse inmediatamente en perderla.

LINGUACUTA.- En perderla, o en que se la hicieran perder: cada vez que nadamos en la felicidad no falta el imbécil que nos hace tragar agua.

JACQUES PREVERT- Sin embargo, hay que seguir nadando: debemos intentar ser felices, aunque sólo sea para dar ejemplo.

LINGUACUTA.-  Lo del ejemplo es lo de menos, lo de más es no dejar pasar las pequeñas alegrías por quedarse esperando la llegada incierta de la gran felicidad. 

CERVANTES.- Bien dicho, hermosa doncella: el que no sabe gozar de la ventura cuando llega, no debe quejarse cuando pasa. 

JULES RENARD.- Y, como toda ventura es pasajera, si se construyera la casa de la felicidad la pieza más grande sería la sala de espera. 

AGUSTÍN DE HIPONA.- En esa sala, nosotros, cristianos, esperamos la vida eterna, porque quien desea ser feliz debe procurarse bienes permanentes, que no le puedan ser arrebatados. Por eso la felicidad es inseparable de la fe en un “más allá” donde todo es definitivamente armónico y justo.

KANT.- Más que cómo ser felices me preocupa cómo hacernos dignos de la felicidad en esa vida eterna que nos espera.

SPINOZA.- Para ser felices no hay que rechazar el mundo que nos tocó vivir y esperar otro, “más allá” y supuestamente perfecto. Basta potenciar lo que nos produce plenitud, entusiasmo, ganas de seguir viviendo. Y restringir lo que nos cause desasosiego, desesperación, tristeza.

NIETZSCHE.- De acuerdo. Hay que vivir de tal manera que quisiéramos que se repita una e infinitas veces lo que hacemos en el “más acá”, no en ningún ficticio “más allá”.

SOFROSINA.- Bueno, pero en fin de cuentas ¿qué es la felicidad? 

LINGUACUTA.- La cosa es tan incierta que, cuando los humanos han planeado el asalto obligatorio a la ciudadela de una supuesta felicidad colectiva han fabricado infiernos bien reales. Si no me creen vayan a dialogar con los inquisidores papales o con los comisarios políticos soviéticos.

EPICTETO.- La verdad, Linguacuta, es que sólo hay un camino hacia la felicidad: dejar de preocuparse por las cosas que están más allá del poder de nuestra voluntad.

EPICURO.- Para mí, de los bienes que la sabiduría ofrece para la felicidad de la vida entera, el mayor, con mucho, es la adquisición de la amistad.

MADAME DU CHÂTELET.-  Pues yo estimo que la pasión amorosa es tal vez la única que puede hacernos desear vivir y llevarnos a agradecer al autor de la naturaleza, sea quien sea, habernos dado la existencia.

MONTAIGNE.- Por mi parte la felicidad no se obtiene con grandes pasiones ni con renuncias heroicas, sino con placeres sencillos y un espíritu benevolente, con vivir una vida meramente excusable, y que simplemente no me pese, ni a mí ni a los demás.

MARCO AURELIO.- Hace falta muy poco para tener una vida feliz; está todo dentro de ti, en tu forma de pensar: acepta las cosas a las que el destino te ata y ama a las personas que el destino te trae, pero hazlo con todo tu corazón. 

JOHN LOCKE.- Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias.

LINGUACUTA.- Aunque harto influyen las circunstancias en la disposición de la mente.

RICARDO MORENO CASTILLO- [Que intervino desde la Tierra por medio de una representación holográfica]. Ciertamente la llave de la felicidad la lleva cada uno consigo, y para quien no la encuentra en sus propios bolsillos de nada le valen ni la apariencia atractiva, ni las posesiones, ni las capacidades intelectuales y artísticas. Ahora bien, si es verdad que todas estas cosas no son la llave de la felicidad, también lo es que engrasan la cerradura con admirable eficacia.

GANDHI.- La felicidad aparece cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces están en armonía. 

JEAN PAUL SARTRE.- La felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace. 

VIKTOR FRANKL.- La felicidad se da como consecuencia no buscada de perseguir una meta mayor que uno mismo.

SOFROSINA.- ¡Ni sigamos! Veo que todos buscamos la felicidad pero que cada quien la entiende y la vive de acuerdo con su carácter, sus expectativas, su visión del sentido de la existencia.

TOMÁS DE AQUINO.- Porque todo lo que se recibe, se recibe a la manera del recipiente.

LINGUACUTA.- Mi recipiente rebosa de “felicidad” cuando cada día que pasa tiene más momentos buenos que malos.

SOFROSINA. Para lo cual sirve evitar los males evitables y sobrellevar los inevitables. Y, sobre todo, amar y ser amado.

AMADO NERVO.- Fue lo mismo que dije, muy cerca de mi ocaso:

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.

¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Rodolfo R. de Roux

Febrero de 2024

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“Como vamos, vamos bien”, dijo un pollo a la puerta del horno.

LINGUACUTA.- Desde nuestro diálogo sobre el transhumanismo te noto muy interesada por el tema del “progreso”.

SOFROSINA.- Por eso he invitado a unos amigos que han reflexionado abundantemente sobre el asunto. Te presento a Robert Nisbet, sociólogo estadounidense, quien escribió en 1980 una interesante History of the Idea of Progress; Georg von Wright, filósofo finlandés, colaborador de Wittgenstein y autor de The Myth of Progress [1993], y Jacques Bouveresse, filósofo francés, que publicó Le mythe moderne du progrès en 2017. Estoy segura de que nos darán unas buenas pistas de reflexión.

LINGUACUTA.- Harto las necesitamos pues en el discurso de políticos, científicos, tecnócratas, economistas, empresarios y financieros abundan los llamados a servir imperativamente la causa del progreso, entendido éste como avanzar, y rápido, sin que se precise mucho para qué y hacia dónde.

SOFROSINA.- Me parece que se ha dado una evolución en la manera de concebir lo que llamamos “progreso”.

NISBET.- Acerca de la idea de progreso está muy difundido un concepto erróneo que debo subrayar de inmediato. Se cree comúnmente que esta idea es absolutamente moderna, prácticamente ignorada por los antiguos griegos y romanos. Pero, tanto ellos como otras civilizaciones más antiguas han conocido los ideales de perfeccionamiento moral, espiritual y material, así como la búsqueda, en mayor o menor grado, de la virtud, la espiritualidad y la salvación. Sin embargo, aparentemente sólo en la civilización occidental existe la idea de que toda la historia puede concebirse como el avance de la humanidad en su lucha por perfeccionarse, paso a paso, a través de fuerzas inmanentes, hasta alcanzar en un futuro remoto una condición cercana a la perfección para todos los hombres.

LINGUACUTA.- Sospecho que la esperanza en ese “progreso indefinido” es, en el fondo, una secularización de la esperanza cristiana.

SOFROSINA.- No es descabellado pensarlo. El Occidente cristiano está impregnado de la esperanza en un porvenir radiante: el advenimiento de un “nuevo cielo” y de una “nueva tierra” al “final de los tiempos”. Como dijo san Gregorio Magno: “En el cielo hay luz sin eclipse, alegría sin gemido, deseo sin sufrimiento”. Y el teólogo medieval Hugo de San Víctor añadió: “En esta patria celestial hay vida sin muerte, juventud sin vejez, deleite sin disgusto, belleza sin vergüenza, agilidad sin obesidad, fuerza sin debilidad, placer sin ansiedad”.

LINGUACUTA.- Pero, para los “modernos”, la fe en el poder de la ciencia ha engendrado la esperanza en “futuros luminosos” intramundanos, y no en el “más allá” como es el caso de la esperanza cristiana.

NISBET.- Es la esperanza terrenal en un futuro de libertad, igualdad y fraternidad para toda la humanidad, aunque la idea moderna de progreso también ha servido para afirmar la conveniencia y la necesidad del absolutismo político, de la superioridad racial y del colonialismo “benefactor”.

BOUVERESSE.- Es curioso que sin definir bien hacia dónde se quiere ir como humanidad, todo el mundo parece obligado a creer que estamos progresando, que podemos progresar ilimitadamente y que la obligación de seguir progresando es una especie de imperativo categórico.

LINGUACUTA.- Cada vez me asaltan más dudas sobre ese imperativo categórico. No pienso que todo tiempo pasado fue mejor, pues admito que hay una multitud de progresos puntuales posibles, necesarios y urgentes. Pero tampoco creo en la ineluctabilidad de “mañanas luminosos” donde todos los males de la humanidad serán resueltos.

SOFROSINA.- Comparto tus dudas, puesto que en la ciencia y en la tecnología el progreso se acumula, pero en la política y en la ética, el progreso es cíclico: ya se ha visto cuán rápidamente se pasa de la civilización a la barbarie. Los progresos en el conocimiento científico pueden almacenarse en un disco duro, pero no los hábitos del comportamiento, que una vez deteriorados son difíciles de reparar.

BOUVERESSE.- Por otra parte, es suficiente haber sido testigo de la “revolución industrial” para comprender que si bien la religión del progreso ha mejorado las condiciones materiales de vida -al menos para la “mejor” parte de los humanos- también ha engendrado relaciones de dominación política, social y económica.

VON WRIGHT.- La tontería fundamental es considerar el progreso no como un medio, sino como un fin. De este modo, los humanos lo persiguen sin alcanzarlo, porque detrás de un avance siempre hay otro, y la insatisfacción se vuelve permanente ya que el disfrute se pospone indefinidamente.

BOUVERESSE.- Paradójicamente el crecimiento económico continuo termina convirtiéndose en una condición para resolver los problemas que la misma producción industrial intensificada y racionalizada crea, sobre todo en términos de daños medioambientales.

VON WRIGHT.- La especie humana está sujeta a la misma ley de precariedad y obsolescencia que otras especies. En otras palabras, no hay garantía de que no vaya a extinguirse. Tampoco hay garantía de que los seres humanos sigan siendo capaces de adaptarse a un entorno que han contribuido a transformar y siguen transformando de forma tan espectacular y rápida.

NISBET.- Ya se está viendo cómo los excesos del consumismo, que implican y justifican los del productivismo, pueden muy bien, en ciertos casos, convertirse en una amenaza concreta, no sólo para la supervivencia de ciertas especies naturales, sino también para la de la propia especie humana.

BOUVERESSE.- Este es el tipo de resultado al que puede conducir, y a veces ya conduce, la idea de que todo lo que tenemos que hacer es producir y consumir más y más, adoptando la actitud de conquistador-propietario frente a la naturaleza.

VON WRIGHT.- Lo nuevo de esta idea de progreso no es la creencia de que la humanidad puede efectivamente progresar de diversas maneras, sino la convicción de que la necesidad de un progreso sin límites está inscrita en la naturaleza del ser humano como especie. Esto es lo que lleva a un sabio como Fontenelle a declarar que “el ser humano nunca degenerará, el crecimiento y el desarrollo de su sabiduría no tendrán fin”, lo cual está por verse.

BOUVERESSE.- También está por verse si la idea de progreso ilimitado no entrará en algún momento en contradicción con la idea misma de especie natural, que incluye necesariamente la referencia a un entorno y a unas condiciones de vida que también deben seguir siendo, al menos hasta cierto punto, naturales y no pueden transformarse de cualquier modo y sin límites.

LINGUACUTA.- Si la ciencia y la técnica van a progresar indefinidamente, espero -aunque lo dudo- que también lo hagan la inteligencia, la prudencia y la benevolencia, de lo contrario se va a agitar -indefinidamente- el avispero humano.

Rodolfo R. de Roux

Febrero de 2024

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LINGUACUTA.- Escuchen esta historia picante que le sucedió al muy serio Aristóteles de Estagira. ¡Quién lo hubiera imaginado!

— ¡Cuenta, cuenta!, exclamó un grupo ávido de chismes, gusto que los humanos no pierden ni en Ultratumba.

LINGUACUTA.- He oído de buena fuente que siendo adolescente, Alejandro de Macedonia -el futuro “Magno”- se encaprichó con una bella cortesana llamada Filis. Alejandro, con las hormonas superalborotadas, decayó en sus estudios, lo que molestó mucho a su preceptor Aristóteles, quien le cortó el romance con Filis. Entonces los dos tortolitos urdieron un engaño para poder seguir viéndose.

— ¿Cómo se la jugaron a Aristóteles?

LINGUACUTA.- Filis lo sedujo haciéndole ojitos y diciéndole que se había dado cuenta de que era mejor entregarse a juegos eróticos con un hombre de su talla que con un joven inexperto. Cuando a Aristóteles se le iluminó el rostro, la joven lo invitó a que se encontraran en un bosque cercano.

— ¡No vayas a decirnos que un tipo tan inteligente cayó en la trampa!

LINGUACUTA.- Cayó redondito. Aristóteles se dirigió al lugar de la cita entusiasmado con la idea de poseer a la atractiva Filis quien lo recibió, casi desnuda, exponiendo dos poderosos argumentos que saltaban juguetonamente a la vista y que dejaron completamente turulato al filósofo.

— Esto se pone escabroso.

LINGUACUTA.- Filis, viendo que ya se había puesto de bulto la turbación de Aristóteles, le pidió que se desnudara y se pusiera en cuatro patas para dejarse cabalgar y azotar las nalgas. Aristóteles, excitadísimo, aceptó y permitió que la bella lo cabalgara y azotara vigorosamente. En aquel momento aparecieron Alejandro, su padre Filipo y otros miembros de la corte, invitados por Alejandro para que vieran cuán poco virtuoso era en realidad su preceptor. Aristóteles, avergonzado, se retiró a una isla del Egeo a escribir un ensayo, casualmente contra las mujeres. Y Alejandro pudo seguir calmando tranquilamente su libido.

SOFROSINA.- Linguacuta, estás bien atrasada de noticias. Hace mucho tiempo circuló en Europa ese relato. A partir de una fuente oral y anónima tomó forma escrita en el siglo XIII y se hizo popular porque de ahí en adelante fue retomado por varios artistas, en medios que van desde la escultura en piedra en las iglesias hasta paneles de madera o marfil, alfombras y tapices, grabados, pinturas al óleo, aguamaniles y vidrieras. El tema atrajo a artistas tan reputados como Durero, Hans Baldung o el viejo Lucas Cranach.

LINGUACUTA.- No tenía ni idea, Sofro.

SOFROSINA.- Infórmate mejor antes de andar divulgando chismes.

LINGUACUTA.- ¿Chismes? ¿Acaso no es historia?

SOFROSINA.- No es historia, es historieta. Es un puro invento clerical para aleccionar y asustar a los machos sobre el peligro que representa el poder seductor -y “demoníaco”- de las hijas de Eva, capaz de triunfar inclusive sobre un intelecto masculino de primera categoría, como el de Aristóteles.

LINGUACUTA.- Mejor dicho, tragué cuento. ¡Yo que pensaba que las fake news eran una novedad! Ya entiendo por qué Gracián me advirtió: “Es ordinario el mentir, sea extraordinario el creer”.

SOFROSINA.- ¡Espabílate, muchacha! En materia de comportamiento humano no hay nada nuevo sino lo que se ha olvidado.

Rodolfo Ramón de Roux

Febrero de 2024

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Una vez instalados cómodamente en una mesa de “La condición humana”, nuestros dialogantes continuaron conversando sobre el tema que daba su nombre a tan reputado establecimiento, bien conocido por sus famosos “Dry Ambrosía” que contribuyeron a avivar los espíritus, comenzando por el del agudo y apasionado Blaise Pascal.

PASCAL.- El hombre no es más que una caña, la más débil de la naturaleza, pero es una caña pensante. No hace falta que el universo entero se arme para aplastarlo: un vapor, una gota de agua bastan para matarlo. Pero aun cuando el universo le aplastara, el hombre sería todavía más noble que lo que le mata, porque sabe que muere y lo que el universo tiene de ventaja sobre él; el universo no sabe nada de esto.

LINGUACUTA.- Irrisorio consuelo es ser conscientes de nuestra indefensión frente al poderío de las fuerzas del universo. Pero me gusta eso de que somos “caña pensante”: grandeza y miseria, en definitiva, del ser humano.

PASCAL.- La grandeza del hombre es eminente en la medida en que se sabe miserable; un árbol no se reconoce miserable. Así pues, es miserable reconocerse como tal, pero es grande reconocer que se es miserable. Y para aceptarse limitado y miserable, hay que destruir el ego: el yo es odioso -le moi est haïssable-.

LINGUACUTA.- Y bien odioso lo es, por peligroso: engendra vanidad, que bien alimentada es benévola, pero hambrienta es déspota.

PASCAL.- Esa “caña” es frágil no solo ante las fuerzas de la naturaleza sino que se fragiliza ella misma por su orgullo, egoísmo, inconstancia, cobardía, miedo a la verdad y a la muerte…

ARTHUR KOESTLER.- Mira, Blaise, existen dos partes en el cerebro: una pequeña parte ética y racional -todavía muy reducida- y una enorme parte trasera del cerebro, bestial, animal, territorial, llena de temores, de irracionalidades, de instintos asesinos; y creo que todavía tendrán que transcurrir millones de años para que la evolución moral enmiende nuestra condición, nuestras técnicas de destrucción y de agresión.

SIGMUND FREUD.- Por mi parte pienso que la cultura y la civilización constituyen una capa tremendamente fina, como una corteza sobre un volcán, y que jamás podrán resistir totalmente a los embates de las profundas pulsiones de destrucción y muerte que nos habitan.

GEORG F. HEGEL.- No estoy de acuerdo. El esfuerzo educativo y cultural ha desarrollado y va a

seguir desarrollando nuestra humanidad. La “astucia de la Razón” nos llevará muy lejos.

LINGUACUTA.- Pues durante la época nazi ya llevó bastante lejos a tu querida Alemania, reputada por ser un país muy culto. ¿Acaso por ser cultos nos convertimos en inocentes y bondadosas personas?

HEGEL.- ¿Abogas, entonces, por la incultura?

LINGUACUTA.- En manera alguna. Pero habiendo visto de lo que son capaces muchos humanos “cultos” no me hago la ilusión de que con educación y cultura se cambiará sustancialmente lo que somos y se solucionarán por arte de birlibirloque todos nuestros problemas.

HEGEL.- ¿Y qué somos?

EDGARD MORIN [Que está a punto de mudarse a Ultratumba].- Antes de entrar en sutilezas sobre la miseria o la grandeza de la condición humana no olvidemos que somos animales de la clase de los mamíferos, del orden de los primates, de la familia de los homínidos, del género Homo, de la especie Sapiens.

LINGUACUTA.- Si lo olvidamos y pretendemos ser ángeles terminamos comportándonos no como animales humanos sino como bestias salvajes.

PASCAL.- Eso lo dije yo, aunque en otro contexto: “El hombre no es ni ángel ni bestia, y nuestra desgracia quiere que quien pretende hacer de ángel haga de bestia”.

LINGUACUTA.- Esperemos que no terminen haciendo bestialidades los que ahora en la Tierra – ensoberbecidos con los adelantos científicos y tecnológicos – hablan del Homo Deus, capaz de crear algo superior a la propia condición humana.

PASCAL.- Dejemos que Morin continúe desarrollando su punto de vista. Le habíamos cortado la palabra.

MORIN.- Gracias, Blaise. El hombre es un ser de afectividad intensa e inestable, que sonríe, ríe, llora, un ser ansioso y angustiado, un ser gozón, ebrio, extático, violento, amoroso, un ser invadido por lo imaginario, un ser que conoce la muerte y no puede creer en ella, un ser que segrega mitos y magia, un ser poseído por espíritus y dioses, un ser que se alimenta de ilusiones y quimeras, un ser subjetivo cuya relación con el mundo objetivo es siempre incierta, un ser sujeto al error y al extravío, un ser excesivo que produce desorden.

LINGUACUTA.- Qué compleja condición. Como dijo Nassim Taleb, “estudiar neurobiología para entender al ser humano es como estudiar la tinta para entender la literatura”.

MORIN.- Y como llamamos locura a la conjunción de ilusión, exceso, inestabilidad, incertidumbre entre lo real y lo imaginario, confusión entre lo subjetivo y lo objetivo, error y desorden, nos vemos obligados a ver que homo sapiens es homo demens.

LINGUACUTA.- Parte de esa demencia, a veces sublime a veces mortífera, es la búsqueda de gloria.

PASCAL.- La mayor bajeza del hombre es la búsqueda de la gloria, pero es esto mismo lo que constituye la mayor marca de su excelencia; porque cualquiera que sea la posesión que tenga en la tierra, cualquiera que sea la salud y la comodidad esencial que posea, no está satisfecho a menos que tenga la estima de los hombres.

LINGUACUTA.- Muchos buscan esa estima -y es loable- tratando de dejar a su muerte un mundo mejor que el que encontraron al nacer, pero lo primero es no dejarlo peor, y a esa importante tarea contribuye una miríada de anónimos benefactores de la humanidad.

MARY ANN EVANS.- Que las cosas no sean tan malas como pudieran haber sido se debe, en

parte, a muchas personas que vivieron fielmente una vida discreta y duermen en tumbas que nadie visita.

LINGUACUTA.- Levantemos, pues, por ellos nuestras copas.

Rodolfo Ramón de Roux

Febrero de 2024

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El planteamiento transhumanista ve en la tecnología la superación de lo natural humano.

SOFROSINA- Observo con interés cómo los prodigiosos adelantos científicos y tecnológicos que se han acelerado en el planeta Tierra llevan a algunos hiperoptimistas a pensar que en un futuro no lejano se logrará una transformación radical del ser humano, es decir, que iremos “más allá” (trans) del humano.

LINGUACUTA.- Ojalá que este “imperativo de mejoramiento” no lleve a cometer locuras. Hay quienes se alegran porque vamos rápido y derecho, aunque no sepamos a dónde y sin medir bien las consecuencias.

SOFROSINA.- Me haces recordar aquello de Sófocles: “Nada extraordinario llega a la vida de los mortales separado de la desgracia.”

LINGUACUTA.- No otra cosa te dirán las víctimas de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki…

SOFROSINA- Habrás oído que algunos fervientes transhumanistas postulan inclusive que el envejecimiento y la muerte son errores biológicos, o más precisamente subproductos evolutivos, resultados colaterales de la selección natural que podrán ser corregidos por la ciencia, sustituyendo nuestros diferentes órganos “fuera de servicio” o controlando el envejecimiento de nuestras células. ¡No habrá que esperar hasta la “resurrección de la carne” en la “otra vida”!

LINGUACUTA.- Por eso mismo hay quienes dicen que la religión es una forma prematura de transhumanismo, y que ésta es una nueva religión que viene a corregir las carencias de las anteriores. 

SOFROSINA.- En efecto, los transhumanistas abordan temas favoritos de las religiones, como la relación con la muerte, la abolición del sufrimiento, el destino último del hombre y del universo. 

LINGUACUTA.- Esos sueños escatológicos están presentes en las mitologías y teologías de todas las épocas.

SOFROSINA.- Larga es la tradición filosófica y teológica que ha considerado al humano como un ser enfermo, o “caído”. Piensa no más en el “pecado original” judeo-cristiano, o en quienes han descrito el cuerpo humano como una cárcel. 

LINGUACUTA.- Y si el ser humano es un animal enfermo, prisionero en un cuerpo sufriente, su mejoramiento ha de ser entonces una forma de terapia de exigencia indiscutible. 

SOFROSINA.- Terapia que a lo largo de la historia ha sido confiada a «técnicas sociales», como la educación o las leyes -para las mejoras morales o mentales-, o a técnicas tradicionales relacionadas con el ejercicio corporal, el uso de plantas medicinales, las costumbres alimentarias -para las mejoras físicas-. 

LINGUACUTA.- Más recientemente he escuchado que ha llegado la hora de que sean las tecnologías biomédicas y cibernéticas quienes tomen en sus manos el asunto del mejoramiento humano. ¿Tienes alguna información al respecto, Sofro?

SOFROSINA.- Que te la dé Max O’Connor, más conocido como Max More, cuyo holograma te presento. [Sofrosina activa su sofisticado dispositivo de vídeo holográfico interactivo y aparece Max More].

MAX MORE.- Con el artículo “Transhumanism: Toward a Futurist Philosophy“, que publiqué en 1990, me convertí en un pionero de este movimiento. Posteriormente, en 2013, en el libro colectivo The transhumanist reader –presentación del transhumanismo para un público amplio-, expliqué de qué se trata.

LINGUACUTA.- ¿Me lo puedes repetir brevemente?

MAX MORE.- El término ‘Transhumano’ enfatiza el modo en el que se va mucho más allá del humanismo, tanto en medios como en fines. El humanismo tiende a confiar exclusivamente en los refinamientos educativos y culturales para mejorar la naturaleza humana, en tanto que los transhumanistas queremos aplicar la tecnología a la superación de los límites impuestos por nuestra herencia biológica y genética. Los transhumanistas no vemos la naturaleza humana como un fin en sí mismo, ni como perfecta, ni como poseedora de ningún derecho a nuestra lealtad. Por el contrario, la naturaleza humana no es más que un punto en un camino evolutivo y podemos aprender a reconfigurarla, de acuerdo con las formas que estimemos deseables y valiosas. Mediante la aplicación cuidadosa, pero también audaz, de la tecnología a nosotros mismos, podemos llegar a ser algo que ya no podremos describir adecuadamente como humano; podemos llegar a ser posthumanos.

LINGUACUTA.- ¡Vasto y paradójico programa: el humano que se propone dejar de serlo…para mejorarse! 

SOFROSINA.- El desarrollo tecnológico y científico ha buscado ayudar a los humanos a vivir de la mejor manera posible en el mundo que les tocó habitar. Pero me parece ilógico que, para conseguir plenamente esa adaptación, se propugne la disolución de lo humano. 

LINGUACUTA.- Me inquieta que estemos jugando al Doctor Fausto.

MAX MORE.- El progreso tecnológico es imparable.

LINGUACUTA.- Acepto que no podemos renunciar a la tecnología, pero sí podemos desobedecer al imperativo que convierte en necesario todo lo que es técnicamente posible. 

MAX MORE.- Nada grande se hace sin intrepidez. En 1992, junto con Tom Morrow fundé el Extropy Institute, la primera institución oficialmente dedicada a promover los fines del transhumanismo. Reconozco, sin embargo, que actualmente, enero de 2024, la organización transhumanista más influyente y estructurada es la Asociación Transhumanista Mundial (World Transhumanist Association, WTA), fundada en 1998 por Nick Bostrom y David Pearce. Les advierto que, en el 2008, cambió su nombre por «Humanity+», o, abreviadamente, H+. 

SOFROSINA. ¿Cuál es su objetivo?

MAX MORE.- Construir una especie nueva y mejorada gracias a la informática, la IA, la nanotecnología, la ingeniería genética y la cibernética; se trata de una especie posthumana descendiente de nuestro linaje pero mucho más avanzada, a la que ya se ha querido bautizar con el nombre de Homo excelsior.

LINGUACUTA.- Me temo que puede llegar a ser un Excelsior praedator. ¿Qué pasará con los “simplemente” humanos que queden en manos de los “excelsos” transhumanos? ¿Acaso piensas que todos ellos se van a comportar como Teresa de Calcuta o como Francisco de Asís?

SOFROSINA.- Estoy de acuerdo en mejorar la vida humana con la tecnología, pero cosa muy distinta es buscar transformar al mismo ser humano mediante la tecnología. Se está echando a andar algo que va a sacudir las bases en las que se ha cimentado la vida social y ética, que va a introducir nuevas desigualdades y va a reforzar de forma extrema el poder de una minoría sobre la gran mayoría.

LINGUACUTA.- Hasta que no se puedan hacer proyecciones seguras, no habrá mayor valentía que la cautela.

MAX MORE.- Bien saben ustedes dos que quien no arriesga un huevo no saca un pollo, o que para hacer una gran tortilla hay que quebrar muchos huevos.

LINGUACUTA.- El problema es que siempre son los huevos de los desvalidos.

MAX MORE.- Deja de ser aguafiestas. El advenimiento del Homo excelsior vendrá dado por un proceso acelerado y dirigido según nuestras decisiones y no por el azar genético sometido a las imposiciones del medio ambiente. Lo que el transhumanismo defiende con empeño es que hemos de abandonar la pasividad a la que nos hemos visto sometidos en el proceso evolutivo darwiniano, que nos ha hecho tal como somos, unos primates parlantes e inteligentes pero sometidos a múltiples limitaciones que podrán ser superadas tecnológicamente. 

LINGUACUTA.- Que el ser humano tome el control de su propia evolución y haga de ella una evolución dirigida o diseñada para “mejorar la raza” es un viejo sueño. Tengo bien presente que hace más de un siglo, el lema del Segundo Congreso Internacional de Eugenesia celebrado en 1921 fue: “Eugenics is the self direction of human evolution”.

SOFROSINA.- Y ya sabemos los desvaríos y crímenes que se cometieron en nombre del sueño eugenésico, en particular en la Alemania nazi, pero no sólo en ella.

MAX MORE.- Ya aprendimos la lección.

SOFROSINA.- Eso espero, lo cual no me tranquiliza: la Historia puede ser maestra de vida, pero tiene alumnos desmemoriados.

MAX MORE.- Por otra parte, el “viejo” (?) sueño eugenésico  no disponía, como ahora, de las tecnologías necesarias para realizar la “self direction of human evolution”. Tengan en cuenta que, como dijo el eminente Gregory Bateson, la cibernética es “el más grande mordisco a la fruta del árbol del conocimiento que la humanidad haya dado en los últimos 2000 años”.

LINGUACUTA.- Ojalá que en ese mordisco no vayan pedazos de fruta envenenada.

Rodolfo Ramón de Roux

Enero de 2024

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