Home Cultura Diálogos de ultratumba – Ocio, más ocio, pero del bueno y para todos.

Diálogos de ultratumba – Ocio, más ocio, pero del bueno y para todos.

Por Rodolfo Ramon De Roux
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Otium divos rogat, Horacio, Odas, II,16

PAUL LAFARGUE.- Camarada Stajánov, deja de sacar carbón como un desesperado.

ALEKSÉI GRIGÓRIEVICH STAJÁNOV.- Tengo que dar ejemplo. ¿No ves que me nombraron “Héroe del Trabajo Socialista”?

LAFARGUE.- No tienes que demostrarle nada a nadie. Ya sabemos que en agosto de 1935 extrajiste 102 toneladas de carbón en 5 horas y 45 minutos de trabajo.

STAJÁNOV.- Lo cual era catorce veces más la media de carbón que sacaban mis compañeros. Lo mejor fue que al mes siguiente rompí mi propio récord al extraer 227 toneladas. Y la palabra “estajanovista” pasó a designar un trabajador extremadamente productivo.

LAFARGUE.- Querrás decir un “trabajólico”.

STAJÁNOV.- ¡Insolente! Podrás ser yerno de Karl Marx pero tu libro Le droit à la paresse (El derecho a la pereza) me da pena.

LAFARGUE.- Pena debería darte la manera como te explotaron. ¡Te utilizaron para la propaganda soviética!

STAJÁNOV.- Pues lo hice gustoso.

LAFARGUE.- Sarna con gusto no pica y si pica, no mortifica.

STAJÁNOV.- Lo que no entiendo todavía es por qué con tu “derecho a la pereza” te dedicaste a desmitificar el valor del trabajo, indispensable para construir el socialismo.

LAFARGUE.- Y también el capitalismo. ¿No te das cuenta, Stajánov, que con la revolución industrial y el progreso técnico, la máquina ha entrado en competencia con el hombre en lugar de liberarlo del trabajo? Tú mismo eres claro ejemplo de eso.

STAJÁNOV.- (En tono burlón). Si tú lo dices.

LAFARGUE.- A medida que las máquinas se perfeccionan y realizan el trabajo del hombre con una rapidez y precisión cada vez mayores, el trabajador, en lugar de prolongar su descanso en la misma medida, redobla sus esfuerzos, como si quisiera competir con las máquinas.

STAJÁNOV.- No se trata de competir con las máquinas sino de ser productivos, es decir, ser útiles a la sociedad. Pero esto no lo puede entender quien aboga por el derecho a la pereza, no por el derecho al trabajo.

LAFARGUE.- Si la clase obrera se levantara, no para exigir el derecho al trabajo, sino para prohibir a todo hombre trabajar más de tres horas diarias, la Tierra, estremeciéndose de alegría, sentiría brotar en su interior un nuevo universo.

STAJÁNOV.- Eres un ingenuo soñador. ¡La pereza es la madre de todos los vicios!

LAFARGUE.- ¡Y, como es madre, hay que respetarla! Me admira la extraña locura del amor de los proletarios al trabajo siendo que este es la causa de toda degeneración intelectual, de toda deformación orgánica.

STAJÁNOV.- Pero si el amor al trabajo es algo universal.

LAFARGUE.- ¡Pamplinas! Las sociedades primitivas que los misioneros del comercio y los mercaderes de la religión aún no han corrompido con el cristianismo y el dogma del trabajo escapan a esto, al igual que las civilizaciones antiguas en las que los filósofos consideraban el trabajo como una “degradación del hombre libre”.

ARISTÓTELES.- (Con una suave sonrisa). No me disgusta lo que dices, Lafargue, aunque lo matizaría.

LAFARGUE. – ¿De qué manera?

ARISTÓTELES.- Prefiero hablar de ocio, no de pereza.

LAFARGUE.- ¿Acaso no son la misma cosa?

ARISTÓTELES.- En manera alguna. Los romanos tradujeron con la palabra otium (ocio) lo que los griegos llamábamos skholé, que no tiene nada que ver con la pereza.

LAFARGUE.- Explícate mejor.

ARISTÓTELES.- Para nosotros la jornada se dividía en tres partes: un tiempo dedicado al trabajo (askholía), un tiempo para el descanso (anápausis) y, por último, el momento del día dedicado al ocio (skholé).

LINGUACUTA.- ¿Cómo se relacionan esas tres realidades?

ARISTOTELES.- El descanso (anápausis) se ordena al trabajo (askholía), y el trabajo se ordena al ocio (skholé). Mientras que descanso (anápausis) y trabajo (askholía) se mueven en la esfera de lo necesario para la vida, el cultivo del ocio (skholé) se mueve en la esfera de lo libre. No se vive para trabajar; se trabaja para vivir. El trabajo es necesario para sobrevivir; la skholé (el otium), es necesaria para ‘vivir bien’.

LINGUACUTA.- Todo lo que dices suena muy bonito pero, hoy por hoy, si dices de alguien que es un ocioso significa que es un holgazán, un perezoso. Si quieres que entiendan tu skholé, tendrás que decir “ocio creativo”.

ARISTÓTELES.- Te haré caso. Y preciso que la skholé es ese tiempo liberado de urgencias y cálculos, dedicado a la imaginación, la reflexión, la búsqueda de la sabiduría, el gusto de pensar la complejidad de la realidad, de cultivar la amistad y la empatía, en resumen, un tiempo no dedicado a una estrategia interesada y remunerada, a un negocio, que etimológicamente es la negación del ocio, nec otium.

LINGUACUTA.- Eso de “skholé” me suena a “escuela”.

ARISTÓTELES.- Tienes buen oído, muchacha. El vocablo latino schola (de donde viene “escuela”) designa el lugar por excelencia para impartir los conocimientos y habilidades necesarios para la skholé, para el ocio fructífero.

LINGUACUTA.- Te cuento que actualmente en la Tierra es un derecho generalizado asistir a la escuela.

ARISTÓTELES.- Me alegra saberlo, pues nuestra skholé era privilegio de pocos.

SOFROSINA.- Pero muchos experimentan hoy ese derecho de asistir a la escuela más como una imposición molesta que como una oportunidad para enriquecerse como personas.

ARISTÓTELES.- Triste es oírlo.

SOFROSINA.- Se supone que por encima de los conocimientos puramente instrumentales que preparan directamente para la vida profesional, en la escuela debe tener prioridad lo que alimenta el espíritu crítico, la imaginación, el gusto estético, la responsabilidad, en suma, todo aquello que contribuye al crecimiento personal de los “escolares”. Ciertamente la escuela intenta satisfacer ambas ambiciones, pero la orientación utilitarista tiende a crecer y, a menudo, a dominar bajo la presión por garantizar una salida profesional a cada alumno.

ARISTÓTELES.- Entiendo la inquietud “utilitarista”, sobre todo en el caso de personas para quienes la supervivencia es complicada. Pero espero que no se pierda de vista que el tiempo “escolar” debería ser “tranquilo”, “sosegado” -posibles traducciones del adjetivo skholaios- porque es el tiempo de tomarse su tiempo, sin estar sometido al imperativo de la utilidad inmediata.

LINGUACUTA.- Ojalá el devolver a la escuela su sentido de skholé ayude a resistir a la idea de que aquella solo sirve para adaptarnos a la askholía, es decir, al trabajo.

SOFROSINA- Es altamente positivo que las legislaciones sociales, a partir del siglo XX, hayan democratizado en muchísimos países la posibilidad del ocio creativo con la reducción de la jornada laboral y la institución de las vacaciones pagadas.

LINGUACUTA.- Sin embargo, el desarrollo relativamente ininterrumpido de la posibilidad del otium no ha escapado de las garras de un negocio -nec otium- que transforma hábilmente el tiempo libre en objeto de especulación económica.

SOFROSINA- Incluso se ha desarrollado una verdadera “economía de la atención”, respaldada por los conocimientos neurológicos y sicológicos más avanzados, para crear desde cero y explotar frenéticamente un mercado prodigiosamente rentable. Basta ver cuánta gente se ha vuelto ciberadicta. ¡Parecen zombis frente a una pantalla interactiva!

LINGUACUTA.- Bien lo sabes: todo progreso tiene sus efectos perversos e inesperados. Concebido como fuente de crecimiento personal y emancipación, el tiempo libre también se ha vuelto instrumento de alienación en beneficio del gran negocio de la diversión.

PAUL LAFARGUE.- Dejémonos de lamentos: mejor que sobre otium y no que falte. De todas maneras cada quien se seguirá alienando como puede. ¿No es así, camarada Stajánov? Espero que hayas entendido que el otium no es necesariamente un tiempo “útil” pero sí fructífero, propicio a la reflexión libre, a la curiosidad asidua y al vagabundeo concienzudo.

ARISTÓTELES.- Y yo espero, Lafargue, que ya sepas distinguir entre otium y pereza. Pues ese tiempo libre para conocernos mejor, para desplegar nuestras facultades, nuestra creatividad y nuestra lucidez exige esfuerzo, a veces agradable, y a veces no tanto. La epimeleia heautou o “cuidado de uno mismo” no tiene nada de pereza.

SÉNECA.- Esos momentos dedicados a la cura sui -como llamamos los romanos al “cuidado de sí mismo- son el tiempo afortunado para construir nuestro discernimiento, para hacernos más profundos, más coherentes, más fiables, más imaginativos, más empáticos.

ARISTÓTELES.- Haces bien en señalar lo último. El “cuidado de sí mismo” contribuye al bien común pues es imposible estar fuera de la comunidad a la que se pertenece. Nadie es una isla.

STAJÁNOV.- (Derramando una furtiva lágrima). No debí obsesionarme con la extracción de carbón.

GRACIÁN.- Lo siento, camarada. Darse cuenta tarde no sirve de remedio, sino de pesar.

Rodolfo Ramón de Roux

Abril, 2024

6 Comentarios
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6 Comentarios

Vicente Alcalá 4 abril, 2024 - 6:52 am

Rodolfo, tu diálogo de hoy me curó de la verguenza que sentí al comienzo de mi confesión de ayer. Muchas gracias.

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Rodolfo Ramon De Roux 4 abril, 2024 - 7:59 am

Vicente, continúa altivo por la senda de tu ocio creativo.

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Hernando+Bernal+A. 4 abril, 2024 - 6:55 am

Rodolfo R.: Muy interesante sería escuchar a tus pensadores sobre la desescolarización de la escuela y su influjo en el ocio y el negocio. Gracias por tus muy inteligentes reflexiones. Saludos. Hernando

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LUIS GUILLERMO ARANGO LONDOÑO 4 abril, 2024 - 11:55 am

Excelente tu diálogo. Qué bueno sería que lo conocieran los que tienen la responsabilidad de orientar la educación desde la infancia y primaria.

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Jorge Salazar 4 abril, 2024 - 9:42 pm

Reflexión didáctica, profunda y entretenida, estimado Rodolfo Ramón. Gracias por compartirla.

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Julio Hidalgo 6 abril, 2024 - 11:17 am

Este diálogo que nos presentas de tanta riqueza y profundidad es muy actual y valdría la pena darlo a conocer especialmente en los planes absurdos e inquietantes de este gobierno que no sabe sino hablar y que puede poner en serio peligro la verdadera educación. Gracias por compartirlo con nosotros.

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