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Rodolfo ramon de roux

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Después de que el diálogo sobre el Purgatorio sacara a colación que la venta de indulgencias estuvo en los inicios de la Reforma protestante, la punzante Linguacuta se las arregló (ignoro cómo) para que Lutero y el papa León X se cruzaran inopinadamente. La sorpresa de ambos fue mayúscula y, aunque todavía se detestan, se dirigieron la palabra sin gritarse, pues en Ultratumba todo el mundo termina por apaciguarse, aunque no siempre (ya lo veremos).

Antes de transcribir apartes de tan eléctrico encuentro refresquemos un poco la memoria. El papa León X, cuyo nombre de pila era Giovanni de Médici, fue un privilegiado del Destino, o de la Providencia (ustedes deciden). Su familia, que dominó Florencia durante aproximadamente 300 años, tuvo entre sus miembros a cuatro papas, dos reinas de Francia y numerosos mecenas que impulsaron el Renacimiento. 

Su padre, Lorenzo el Magnífico, logró con sus influencias, que Giovanni, su segundo hijo, hiciera una carrera eclesiástica meteórica: a los siete años recibió la tonsura, a los ocho la administración de la abadía de Font-Douce por concesión del rey Luis XI de Francia, a los nueve fue nombrado protonotario apostólico por el papa Sixto IV y a los doce años, abad  de  Montecasino, prestigiosa abadía. Con tan solo trece años, Inocencio VIII —consuegro de Lorenzo de Médici—  le creó cardenal. En 1513, a los 37 años, fue elegido papa. León X, amante de banquetes, fiestas y suntuosos espectáculos, gastó 100 000 ducados del tesoro papal —casi la cuarta parte del mismo— en las celebraciones subsiguientes a su proclamación como “Soberano Pontífice”.

En las antípodas del refinado y hedonista León se halla el fraile agustino Martín Lutero. Coincidencias de la vida, el actual papa se llama León XIV y… es agustino. La Historia no se repite, pero rima. Hijo de un minero y descendiente de campesinos, Lutero rebosa de fuerza y de vitalidad. Apasionado e impetuoso, cuando habla “las palabras le fluyen como ríos y la pluma se le encabrita como un caballo ciego”, dixit Stefan Zweig. 

Martín, que enseña teología en la Universidad de Wittenberg, se encabrita realmente cuando el monje dominico Johannes Tetzel, encargado por el arzobispo Alberto de Brandeburgo, se dedica a promover la venta de indulgencias para financiar la reconstrucción de la basílica de San Pedro en Roma… e igualmente al endeudado arzobispo. 

LUTERO.- Me sacó de casillas hacer creer a los fieles que la salvación se puede comprar.  Por eso el 31 de octubre de 1517, en 95 tesis en latín destinadas a ser defendidas en la Universidad de Wittenberg, lancé una crítica devastadora de las indulgencias. 

LEÓN X.- No entiendo tu rabieta, Lutero. Las indulgencias, junto con las misas por los difuntos, constituyen uno de los medios por los que la Iglesia puede acortar todo -indulgencia plenaria- o parte -indulgencia parcial- del tiempo que se debe pasar en el Purgatorio. 

LUTERO.- Y yo no entiendo cómo se puede hacer negocio con la salvación de las almas. De ahí que en mis “95 tesis”, no contento con exaltar la superioridad del arrepentimiento auténtico y la caridad sobre la compra de indulgencias (tesis 39 y 43), taché de delirantes las afirmaciones de Tetzel sobre el poder de las indulgencias (tesis 75) y afirmé que “si el papa conociera las exacciones de los predicadores de indulgencias, preferiría que la basílica de San Pedro se redujera a cenizas antes que ser construida con la piel, la carne y los huesos de sus ovejas (tesis 50)”. Más aún, negué la utilidad de las indulgencias declarando que “cualquier cristiano, verdaderamente arrepentido, tiene la remisión plena de la pena y de la culpa (tesis 36)”. 

LEÓN X.-  Socavaste la autoridad pontificia al afirmar que la acción del papa se limita a los vivos (tesis 7 a 20) y que “el verdadero tesoro de la Iglesia es el sacrosanto Evangelio de la gloria y la gracia de Dios” (tesis 62).

LUTERO.- Envié mis tesis tanto al arzobispo Alberto de Brandeburgo como a ti, pero ustedes desdeñaron discutir conmigo.

LEÓN X.- Tus tesis ponían en peligro las finanzas del Vaticano y cuestionaban las prerrogativas papales.

LUTERO.- Ahí sí que metí el dedo en la llaga, pues los teólogos fieles a la Curia romana se apresuraron a desviar el debate hacia el tema de la autoridad en la Iglesia diciendo en esencia: “¿Quién eres tú para criticar a la Iglesia y a su jefe?”. 

LEÓN X.- ¿Quién era el Vicario de Cristo? ¿Tú o yo? Te faltó humildad y te sobró soberbia. Y ésta te hizo no sólo persistir en tus errores, sino ahondarlos.

LUTERO.- No me arrepiento para nada de haber publicado en 1520 la Carta abierta a la nobleza cristiana de la nación alemana, el Preludio sobre el cautiverio babilónico de la Iglesia y De la libertad del cristiano. Son tres tratados que posteriormente se denominaron “grandes escritos reformadores”. 

LEÓN X.- Serán “grandes” para tus heréticos seguidores. Esos “horrores” me obligaron a proclamar la bula Exsurge Domine dándote dos meses para retractarte. Y, como no lo hiciste, te excomulgué el 3 de enero de 1521 con la bula Decet romanum pontificem.

LUTERO.- Bien recuerdo tu bula Exsurge Domine. Después de condenar 41 de mis “errores” proseguías: “Nadie de mente sana es ignorante de lo destructivo, pernicioso, escandaloso y seductivo para las mentes piadosas y simples que son varios de estos errores, contrarios como son ellos a toda caridad y reverencia para con la Santa Iglesia Romana, que es la madre de todos los fieles y maestra de la fe; destructivos, como son, del vigor de la disciplina eclesiástica, particularmente de la obediencia. Esa virtud es la fuente y el origen de todas las virtudes, y sin ella cualquiera es fácilmente llevado a ser infiel”.

Apareció entonces Ignacio de Loyola con un folleto en sus manos. 

SOFROSINA.- ¿Son tus famosos Ejercicios espirituales?

IGNACIO DE LOYOLA.- No, es una copia de mis Reglas para sentir con la Iglesia. Las escribí en ese contexto de perniciosa desobediencia herética luterana. Les voy a leer la primera y la decimotercera de esas reglas porque me da la impresión de que ustedes dos son bastante díscolas.

SOFROSINA.- Somos todo oídos.

IGNACIO DE LOYOLA.- Dice la primera regla: “Depuesto todo juicio, debemos tener ánimo preparado y pronto para obedecer en todo a la verdadera esposa de Cristo nuestro Señor, que es nuestra santa madre Iglesia jerárquica.”

LINGUACUTA.- Además del “deponer todo juicio” no comparto esa cuasi identificación de la Iglesia de Cristo con la Iglesia jerárquica.

SOFROSINA.- Me intriga saber qué dirá la otra regla.

IGNACIO DE LOYOLA.- Escúchala con espíritu de obediencia: “Debemos siempre tener este principio para acertar en todo: lo que veo blanco, creer que es negro si la Iglesia jerárquica así lo determina.”

LINGUACUTA.- Se nota a leguas que eras un militar acostumbrado a obedecer sin chistar.

IGNACIO DE LOYOLA.- Obediencia, eso es lo que se espera de un verdadero creyente. ¡Obediencia ciega!

LEON X.- (Aplaudiendo) Así es, ilustre General de la Compañía real que Jesús con su nombre distinguió. Una vez que el Romano Pontífice ha hablado, no hay nada que discutir. ¡Roma locuta, causa finita!

SOFROSINA.- A eso se llega cuando la Iglesia se convierte en profecía institucionalizada.

LINGUACUTA.- Me queda claro que la obediencia ciega es lo mejor para creer a primera vista.

IGNACIO DE LOYOLA.- No me molesta lo que dices, sino el tonito con que lo haces.

“La mocosa se está burlando de nosotros, Ignacio”, rugió León, al tiempo que se acercaba a Linguacuta blandiendo su férula papal. Sofrosina, que abrió los ojos más que una lechuza —no de admiración sino de espanto— balbució: “Hasta aquí llegó este diálogo”. La temeraria Linguacuta se alejó tarareando “se acabó el danzón, se acabó el danzón”. Lutero ya se había ido, refunfuñando contra la obediencia ciega.

Rodolfo Ramón de Roux

Noviembre, 2025

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2 de Noviembre, Día de Todos los Difuntos. Como de costumbre, Sofrosina echó una mirada hacia Toulouse, donde pasó parte de su vida terrenal. Vio entonces a un grupo de compinches que iban por la Avenue de la Gloire rumbo al Cementerio Central entonando alegremente la popular canción de Michel Polnareff, “On ira tous au Paradis” (Todos iremos al Paraíso). Sofrosina miró de soslayo a Linguacuta y le dijo: Desde que inventaron el Purgatorio se vació el Infierno. La lengüilarga joven replicó: He oído que en el Purgatorio los inteligentes arden mejor porque tienen más fósforo. 

– Sigue diciendo bobadas y nadie te volverá a hacer caso, exclamó Sofrosina. 

–  Bobada la tuya, Sofro, con ese cuento de que “inventaron” el Purgatorio. 

– ¿Acaso no has leído a Jacques Le Goff?

– ¿Quién es ese?

– Uno de los mejores historiadores del Medioevo europeo. Escribió un gran libro -en tamaño y contenido- sobre “El nacimiento del Purgatorio”. Harías bien en leerlo, respondió Sofrosina.

De repente apareció el robusto y rollizo Le Goff con su inseparable pipa en la mano derecha.

SOFROSINA.- Jacques, confírmame si el “tercer lugar” del más allá cristiano -junto con el Infierno y el Paraíso-, fue una invención de la Edad Media. 

JACQUES LE GOFF.- La idea de una purificación necesaria después de la muerte remonta a los primeros siglos del cristianismo con las enseñanzas de algunos “Padres de la Iglesia”, como Clemente de Alejandría (muerto antes de 215), Orígenes de Alejandría (muerto en 253-254) o Agustín de Hipona (muerto en 430). Pero la palabra purgatorium no existe como sustantivo antes del siglo XII. Sí, te lo confirmo, es a partir de finales del siglo XII cuando se concibe claramente el Purgatorio como un lugar preciso de purificación post mortem.

LINGUACUTA.- ¿En qué consistió la novedad de lo que llamas “nacimiento del Purgatorio”? 

LE GOFF.- Para entenderla hay que tener en cuenta que el cristianismo desarrolla una concepción lineal de la historia de la humanidad, marcada por tres hitos importantes: la Creación del mundo; la Encarnación de Dios en la persona de Jesús y el Fin de los tiempos, descrito en el Apocalipsis. Por su parte, el Evangelio de Mateo relata cómo el Fin de los tiempos estará marcado por la resurrección de los cuerpos y el juicio que separará a los condenados de los elegidos, los primeros serán arrojados al Infierno y los segundos admitidos en el Paraíso.[1]

LINGUACUTA.- Desde esa perspectiva todo se decide el día del Juicio Final.

LE GOFF.- La cosa se fue complicando cuando teólogos y fieles comenzaron a preguntarse qué pasaba con las almas entre el momento de la muerte y el Juicio final. Se enseñaba entonces que ese largo tiempo de espera transcurría en el “seno de Abraham”,[2] padre de todos los creyentes. En un lugar llamado “limbo de los Patriarcas” se acogía a los “justos” que no habían conocido la revelación de Cristo. Y al “limbo de los niños” iban los bebés muertos sin haber recibido el bautismo. 

LINGUACUTA.- Ingeniosa solución.

SOFROSINA.- Más ingeniosa me parece la invención del Purgatorio.

LE GOFF.- Que fue concebido entre 1170 y 1200. Y reconocida oficialmente su existencia por el Segundo Concilio de Lyon, en 1274. 

SOFROSINA.- Siglo y medio después, en 1439, con el Concilio de Florencia la existencia del Purgatorio se convertirá en un dogma de fe.

LINGUACUTA.- Con la aparición del Purgatorio la visión cristiana del más allá pasa de ser binaria a ternaria. 

SOFROSINA.- Lo cual cambia bastante la vida de los creyentes.

LE GOFF.- Por supuesto, pues con la existencia del Purgatorio el Juicio Final va a ser precedido por un juicio individual que se celebra, para cada uno, en el momento de su muerte. Después de ese juicio individual el difunto va al Infierno si murió en pecado “mortal”, gana directamente el Paraíso o, más probablemente, es enviado al Purgatorio para purificarse de sus pecados “veniales” antes de poder ir al Paraíso.

LINGUACUTA.- El Purgatorio supone, por tanto, un pensamiento de justicia y un sistema penal sofisticado de clasificación de los pecados. 

LE GOFF.- Bien lo supones. La idea del Purgatorio se halla vinculada a la de responsabilidad individual, de libre albedrío del hombre, culpable “por naturaleza” en razón del “pecado original”, pero juzgado de acuerdo con los pecados cometidos bajo su responsabilidad. 

LINGUACUTA.- El Purgatorio es, pues, la estación de descontaminación en la ruta hacia el Paraíso.

SOFROSINA.- Y el único lugar en la geografía del más allá donde existe la esperanza de tener un mejor futuro.

LE GOFF.- Esperanza sí, pero con temor y temblor. Aunque la expiación purificadora termine con un desenlace favorable, el Purgatorio no se concibe como un lugar agradable: los castigos que allí sufren las almas se asemejan a los del Infierno, a juzgar por la iconografía que se va consolidando poco a poco y retoma los suplicios del fuego, el frío y las tinieblas que habían desarrollado las imágenes infernales. 

LINGUACUTA.- ¿Cuánto tiempo hay que quedarse en el Purgatorio?

LE GOFF.- Eso depende del sujeto. 

SOFROSINA.- Sin embargo, puedes darte una idea aproximativa leyendo el libro Le dogme du Purgatoire ilustré par des faits et des révélations particulières[3] escrito por el teólogo jesuita François-Xavier Schouppe. Fue publicado en París, en 1888, pero todavía se vende.

LINGUACUTA.- No pienso leer el libro, así que dime cuáles son las cuentas que hace el padre Schouppe.

SOFROSINA.- El reverendo sacerdote -experto en contabilidad de la salvación- supone que si en promedio cometemos diez faltas diarias se llega a un total de 3 650 faltas anuales, o sea, más de 60 000 en veinte años. Es posible, añade, que la mitad de esas faltas se purgue en la Tierra por medio de la penitencia, la oración o las buenas obras. 

LINGUACUTA.- ¡Quedarían por expiar, mínimo 30.000 faltas! 

SOFROSINA.- Dice el padre Schouppe que, a juzgar por las revelaciones de los santos, cada pecado venial exige una hora de Purgatorio; baremo “muy moderado”, según el jesuita. 

LINGUACUTA.- ¡Dios mío! 30 000 faltas a una hora de tormento por falta vienen a ser tres años, tres meses y quince días de Purgatorio.

LE GOFF.- Para el creyente ese tiempo no es gran cosa comparado con la eternidad que le espera. Además, se predicó la consoladora noticia de que los vivos pueden acortar o aliviar los sufrimientos de quienes están en el Purgatorio mediante oraciones, limosnas o misas que solicitan la intercesión de la Virgen María y de los santos en favor de los difuntos.

SOFROSINA.- Por eso los fieles, tanto a título individual como colectivo, en el marco de las cofradías, comenzaron a encargar a los sacerdotes una abundante celebración de misas para acortar lo más rápidamente posible las penas de las “benditas almas del Purgatorio”. 

LINGUACUTA.- Me han contado que muchos clérigos encontraron en estas celebraciones una lucrativa fuente de ingresos.

LE GOFF.- El nacimiento del Purgatorio también desarrolló la venta de “indulgencias” para disminuir las penas que en él debían padecerse. 

SOFROSINA.- Dicho sea de paso, la venta de indulgencias estuvo en el comienzo de la Reforma protestante.

LINGUACUTA.- Ahora que lo dices, recuerdo haber leído que Lutero rechazó la existencia del Purgatorio y que en su “Cuestionamiento al poder y eficacia de las indulgencias” (Disputatio pro declaratione virtutis indulgentiarum), más conocido como “las noventa y cinco tesis”, la emprendió contra el Papado por hacer negocio con las cosas sagradas, vendiendo indulgencias para financiar la construcción de la basílica de San Pedro en Roma.

LE GOFF.- Quién hubiera podido prever semejante daño colateral de la nueva representación tripartita de la sociedad de creyentes en Iglesia triunfante de los elegidos, Iglesia purgante de las almas del Purgatorio e Iglesia militante, la de los vivos, preocupada por aliviar a la anterior.

LINGUACUTA.- He conocido a muchos “vivos” que están sobre todo preocupados por hacer de la existencia ajena un Purgatorio, por no decir un Infierno.

En ese instante apareció como por encanto Émile Coué, padre del método de la autosugestión positiva. Al tiempo que acariciaba su elegante barba estilo perilla, el optimista psicólogo le dijo amablemente a Linguacuta: Positiviza, muchacha, positiviza; es un buen placebo contra todo infortunio. 

Las bombas seguían cayendo en Ucrania. En Gaza ya todo estaba destruido.

Rodolfo Ramón de Roux

Noviembre, 2025


[1]          Mt 25,31-46

[2]          Lucas 16,19-31

[3]   El dogma del Purgatorio ilustrado por hechos y revelaciones particulares.

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En reciente tertulia en el salón literario de Sofrosina se proyectó la película Wall Street protagonizada por Michael Douglas interpretando el papel de Gordon Gekko, un “tiburón financiero” inescrupuloso, dispuesto a todo con tal de obtener dinero y poder. Con entusiasmo y convicción Gekko proclama: “Greed is good”, la codicia es buena. 

La afirmación de Gekko estimuló la facundia del filósofo, médico, economista político y satírico holandés Bernard Mandeville, muy ufano de que Gekko no hiciera sino repetir lo dicho por él hacía más de trescientos años en su Fábula de las abejas, publicada en 1714. 

BERNARD MANDEVILLE.-  Sí, sí, la codicia es buena.  El egoísmo y la búsqueda del interés personal llevan a un orden social más eficiente y productivo. Por eso los vicios privados hacen la prosperidad pública, como expuse en mi Fábula de las abejas.

ADAM SMITH.- En mi conocida La riqueza de las naciones repito lo mismo, pero reemplazando la palabra “vicio” por “amor propio” o “interés personal” para evitar el escándalo que causaste.

BERNARD MANDEVILLE.- Me gané el apodo de Man Devil, hombre diablo.

AYN RAND.-  Bernard, yo, tan admirada por los milmillonarios del siglo XXI, sigo tus pasos. Voy a regalarte un ejemplar de mi The Virtue of Selfishness

SOFROSINA.- Llevamos tan dentro el egoísmo y la codicia que no hay necesidad de escribir libros promocionándolos.[1]

LINGUACUTA.- Tan dentro los llevamos que oponernos a ellos constituye un acto refinado de libertad. 

SOFROSINA.- Si codicia y egoísmo son algo tan humano, generosidad y altruismo consistirían en no ser demasiado humanos.

BERNARD MANDEVILLE.- Lo que ustedes dicen es ingenioso pero ineficaz. Lean la segunda edición de mi  Fábula de las abejas (1723), donde comento el texto, estrofa por estrofa. Allí escribo que “los mayores malhechores contribuyen al bien común”. 

LINGUACUTA.- ¿Cómo así? 

BERNARD MANDEVILLE.- Porque el robo, la prevaricación, la lujuria, la prostitución, las drogas, la contaminación, el lujo extravagante de unos pocos, el pago de sobornos…contribuyen al bien común, ya que estas fechorías crean acumulaciones de dinero que, de una forma u otra, permitirán la compra de bienes y servicios y harán funcionar el comercio.

FÉLIX MARÍA SAMANIEGO.- Te juzgarán virtuoso si eres, aunque perverso, poderoso; y aunque bueno, por malo detestable cuando te miran pobre y miserable. 

FRANCISCO DE QUEVEDO.- Poderoso caballero es Don Dinero.

SOFROSINA.- Bernard, también escribiste un breve texto de 12 páginas, Investigaciones sobre los orígenes de la virtud moral. 

BERNARD MANDEVILLE.- En él expuse el programa político que permite aplicar el postulado de la transformación del vicio en virtud. Basta que dejen funcionar sin trabas la ley del mercado.

LINGUACUTA.- ¿Ley del mercado? Ley del más avispado. 

BERNARD MANDEVILLE.- ¡Que le vamos a hacer!  Todos los humanos no son iguales.

LINGUACUTA.-  Tú lo has dicho. Todos los humanos no son iguales…muchos son peores. 

SOFROSINA.- Como dijo un malpensante, la igualdad es la utopía de los desiguales. LINGUACUTA.- Por otra parte, puede mostrarse hábil quien está dispuesto a ser innoble.

BERNARD MANDEVILLE.- Como ya dije, esos innobles no solo pueden ser hábiles sino útiles.

SOFROSINA.- Retomaste de manera paradójica y posteológica la idea de que del mal puede surgir el bien. 

GOTTFRIED LEIBNIZ.- Me parece que reinterpretaste de manera audaz lo que había esbozado unos años antes, en 1710, en mis Ensayos de teodicea, donde se encuentra la idea de que la existencia del mal en la Tierra no es en absoluto incompatible con la existencia de Dios pues Él puede sacar bien del mal… 

LINGUACUTA.- …y escribir derecho con renglones torcidos, como oí predicar desde que era niñita.

BERNARD MANDEVILLE.- Si Dios hizo a los hombres imperfectos, codiciosos y mentirosos, podría ser a propósito. Dejemos que los egoístas y codiciosos actúen libremente para que se cree riqueza en unos pocos antes de que luego se derrame a los demás. 

LINGUACUTA.- Hablas como todo un precursor de la “teoría del derrame”. 

SOFROSINA.- Cuya eficacia no se ha visto todavía. ¿No es así, Francisco?

PAPA FRANCISCO.- Así es. Por eso escribí en el número 54 de mi exhortación apostólica Evangelii gaudium: “Algunas personas continúan defendiendo teorías del derrame que asumen que el crecimiento económico, alentado por un mercado libre, inevitablemente tendrá éxito en lograr una mayor justicia e inclusión en el mundo. Esta opinión, que nunca ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza cruda e ingenua en la bondad de quienes ejercen el poder económico y en los trabajos sacralizados del sistema económico prevaleciente”.

JOHN KENNETH GALBRAITH.- Me río de los efectos de ese “derrame” al que más bien califico de “teoría del caballo y el gorrión”: “Si le das suficiente avena a tu caballo, una cierta cantidad terminará en el camino para los gorriones”.

BERNARD MANDEVILLE.- Ustedes pueden decir lo que quieran pero gracias al “egoísmo productivo” el mundo en 2025 es, en términos generales, cien veces más rico que el de 1700, con diez veces más habitantes, que son, en promedio, diez veces más ricos. La esperanza de vida al nacer ha pasado de una media de 25 años en el mundo en 1700 a 72 años en 2025. Y la tasa de alfabetización ha pasado entre 1700 y 2025 del 12 % al 85 %. 

LINGUACUTA.- Pero el éxito de tal progreso tiene un precio. Nada menos que la posible destrucción del mundo físico en un contexto de desigualdades sociales cada vez más graves y de  sobreexplotación de todo lo que se pudiera explotar.

SOFROSINA.- De hecho, para que el mercado funcionara, durante tres siglos el mundo no ha sido más que un inmenso complejo de recursos que explotar de forma racional e industrial. Y cuando se explota en exceso, se destruye inexorablemente el medio ambiente. Recursos limitados + nivel de codicia en aumento constante = catástrofe ecológica anunciada.

LINGUACUTA.- Tu utopía del “egoísmo productivo” parece cada vez más una distopía. Según revela un informe de la prestigiosa ONG Oxfam Intermón, entre diciembre de 2019 y diciembre de 2021 el 1 % más rico ha acaparado casi dos terceras partes de la nueva riqueza generada a nivel global, casi el doble que el 99 % restante de la humanidad.[2]  

SOFROSINA.- Dice ese mismo informe que por cada dólar de nueva riqueza global que recibe una persona del 90 % más pobre de la humanidad, un milmillonario se embolsa 1,7 millones de dólares. 

PAPA FRANCISCO.-  Ojalá los humanos sean capaces de aportar las correcciones necesarias antes de que sea demasiado tarde.

SOFROSINA.- Muchas veces no hay próxima vez, es ahora o nunca.

CICERÓN.- Historia magistra vitae. Pónganle cuidado a las lecciones de la Historia.

LINGUACUTA.- La gran lección de la Historia es que a muy pocos les interesan las lecciones de la Historia.

PAPA FRANCISCO.- ¡Por Dios, Linguacuta!

Rodolfo R. de Roux

Octubre de 2025


[1]   Diálogos de Ultratumba, “No codiciar” (11 de agosto de 2022).

[2]   https://www.oxfamintermon.org/es/nota-de-prensa/el-1-mas-rico-acumula-63-riqueza-mundial# (Consultado el 11.10.2025)

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Aprender a pensar y analizar proporciona un saludable escepticismo capaz de hacernos ver cómo muchas cosas que considerábamos sagradas no lo son y cómo otras no merecen la reverencia que se les tiene. Sobre el particular dialogaban el Nobel de Física Richard Feynman y Sexto Empírico, príncipe de escépticos. 

Cuando Sofrosina y Linguacuta llegaron a la nubecilla “Episteme” alcanzaron a oír que Feynman le decía a Sexto: “El primer principio es que no debes engañarte a ti mismo, y tú eres la persona más fácil de engañar”. 

SEXTO EMPIRICO.-  Por eso la primera y frágil sabiduría de mi ascetismo escéptico consistió en renunciar a apostar por mis certezas. 

SOFROSINA.- (A quien Sexto acoge efusivamente pues recuerda haber dialogado con ella, lo mismo que con Linguacuta)[1] Con toda razón se ha dicho que el escepticismo comienza cuando nos incluimos en el mundo que proclamamos conocer. 

LINGUACUTA.- (Siempre bien dispuesta a meter su cucharada) Comer el fruto del árbol del conocimiento hace conocer que conocemos poquísimo. Si 100% de escepticismo puede conducir a la inacción o al cinismo estéril, 0% de escepticismo lleva a la credulidad bobalicona o a la ingenuidad peligrosa. 

PARACELSO.-  No me canso de repetirlo: Todo es veneno, nada es veneno; depende de la dosis.

SOFROSINA.- Afirmo -soy escéptica moderada- que la comprensión crítica de la realidad no conduce necesariamente a la inacción, sino que también puede generar deseos de cambiar lo que va mal.

LINGUACUTA.- Pero si no sometemos nuestra acción a la crítica y a la autocrítica, engendraremos a nuestro turno una nueva legión de escépticos.

RICHARD FEYNMAN.- Amigo Sexto, hablaste de una “primera y frágil sabiduría de tu ascetismo escéptico”. ¿Acaso hay una segunda?

SEXTO EMPIRICO.- La segunda fue desconfiar de las certezas de los demás.

RICHARD FEYNMAN.- Prudente actitud. El deseo de certeza es una comprensible respuesta a la incertidumbre fundamental de toda existencia, pero la “íntima convicción” no es garantía de verdad… como lo saben muchos inocentes condenados por la “íntima convicción” de los miembros de un jurado.

LINGUACUTA.- ¡Ustedes son más desconfiados que viuda rica!

SOFROSINA.- Razón tienen. Las verdades absolutas son tentadoras.

LINGUACUTA.- (Con sonrisa irónica) Quien no ha caído en la tentación no sabe de lo que se ha perdido.

SOFROSINA.- La sensación de tener razón es una sensación de poder, y se corren muchos riesgos para no dejar de sentirla.

JOHN LOCKE.- Ese riesgo lo corren alegremente todos los dogmáticos religiosos. En un espléndido círculo vicioso se aferran a una revelación porque creen firmemente en ella; y creen firmemente en ella porque es una revelación.  

LINGUACUTA.- Menos mal aquí ya no te pueden enviar a la hoguera, pues los fanáticos de cualquier creencia -sea religiosa o política- tratan de darle un sentido a sus vidas matando o haciéndose matar.

SEXTO EMPIRICO.- Por eso es mejor no discutir con esos candidatos al martirio o a la matanza, alérgicos a los matices.[2]

ORTEGA Y GASSET.-Hay que ser prudentes con esos sujetos, pues “las ideas se tienen; en las creencias se está”.[3]

LINGUACUTA.- (Un tanto provocadora) Sexto, ¿tu escepticismo no es acaso una indiferencia a la verdad?

SEXTO EMPIRICO.- Todo lo contrario. Bastante búsqueda de la verdad es mostrar que algo no es verdad. Los escépticos practicábamos la filosofía con el deseo de descubrir la verdad, pero al encontrarnos con incoherencias varias y argumentaciones equivalentes a favor o en contra de un mismo problema, aprendimos a no aferrarnos a dogmas o doctrinas y optamos por “suspender el juicio”, es decir, no pronunciarnos a favor o en contra de algo. A eso lo llamamos en griego épojé. Pensamos que esa suspensión del juicio es útil para desafiar los dogmatismos y para lograr un estado de serenidad. 

SOFROSINA.- Me parece que la suspensión del juicio tiene sentido en ciertos ámbitos, pero no en todos. Y quizá en ciertas ocasiones conduzca a la serenidad, pero no siempre. Por otra parte, la ambición de una suspensión total del juicio no me parece posible hoy en día pues hemos adquirido demasiados conocimientos.

LINGUACUTA.- Al menos yo ya sé demasiado para ser totalmente escéptica… y demasiado poco para ser dogmática.

SOFROSINA.- Viéndolo bien tu escepticismo, Sexto, no es realmente la suspensión de todo juicio pues afirmas que por muy clara que nos resulte la apariencia de una cosa, eso no “es” la cosa sino la manera como podemos percibirla. ¿No es eso una incoherencia?

SEXTO EMPIRICO.- (Sonriendo) Como acaba de susurrarme Linguacuta, la coherencia es un esfuerzo por minimizar las propias contradicciones.

DEMÓCRITO.- Ustedes los escépticos suelen citar este fragmento mío: “Por convención el color, por convención lo dulce, por convención lo salado, pero en realidad existen solo átomos y vacío”.

SOFROSINA.- No obstante, podemos decir que lo dulce y lo salado existen, y que no son ilusiones o fantasías. ¿Quién negaría la acidez de un limón cuando la siente? 

SEXTO EMPIRICO.- Existen, sí, pero como sensaciones. No podemos afirmar que existan en sí mismas sin alguien que las experimente. El limón, sea eso lo que sea, ni es amarillo ni es ácido. Bajo otro sol que emitiese una luz diferente veríamos los limones de otro color, lo que también nos sucedería si viéramos otra parte del espectro luminoso.

LINGUACUTA.- Admito que existen razones para dudar de que los limones sean amarillos o ácidos en sí mismos, sin relación con alguien que los pruebe, y que también hay razones para dudar que exista una correspondencia exacta entre cómo son las cosas “en sí” y cómo se nos aparecen. 

SEXTO EMPIRICO.- Por eso en mi libro Contra los dogmáticos denomino dogmáticos a aquellos que presumen de conocer la naturaleza real de las cosas más allá de sus apariencias, ya sea en el campo de la física, de la ética o en cualquier otro.

SOFROSINA.- Concedo que en ciertas ocasiones el estado de las pruebas no permitirá sacar una conclusión, y la persona de mente abierta recurrirá sin miedo a la suspensión del juicio. Pero en otras, tras cuidadosa consideración, una respuesta parecerá más razonable que las demás y, en ese caso, la persona de mente abierta no dudará en sacar la conclusión adecuada, reconociendo, por supuesto, que su punto de vista podría cambiar si apareciera nueva información o nuevas perspectivas. Y esto, Sexto, no corresponde a tu método radical de suspensión del juicio. 

SEXTO EMPIRICO.- Tú misma acabas de decir que no fui tan coherente con la radical suspensión del juicio pues ataqué firmemente a los dogmáticos. Por otra parte, el escepticismo no es un dogma sino una herramienta, una manera de pensar y de enfrentarse a las afirmaciones categóricas. Tomen de él lo que les parezca útil.  

SOFROSINA.- Me parece muy útil como ejemplo de voluntad de considerar todos los lados de cualquier cuestión, de no aferrarse a respuestas definitivas y de no juzgar nada de manera apresurada, algo que conduce a una mayor apertura mental.

LINGUACUTA.- Lo cual sin duda ha sido, es y será muy necesario pues el gran objetivo de cultivar una mente abierta es vivir y convivir más lúcida y serenamente. Por eso todos los fracasos de la inteligencia tienen que ver con la desdicha. 

SOFROSINA.- Sexto, los enemigos del escepticismo dicen que éste conduce a la inacción.

SEXTO EMPIRICO.- No me vengas con ese cuento, a mí, que fui médico, que recomendé permanecer siempre activo y practicar algún arte. Se puede actuar sin necesidad de apoyarse en afirmaciones perentorias. 

LINGUACUTA.- Totalmente de acuerdo. La acción es, simplemente, la negación de todos los posibles menos uno. 

SEXTO EMPIRICO.- En mis Esbozos pirrónicos expliqué que el escéptico debe aplicar sus ideas cuando filosofa y refuta a los dogmáticos. Pero que, en su vida cotidiana y como ciudadano, no se guía por la indecisión escéptica porque no le preocupa cómo son las cosas “en si”, le basta observar cómo se nos aparecen. 

LINGUACUTA.-  En pocas palabras, se guía por las apariencias.

SEXTO EMPIRICO.- Exacto. Observa cuidadosamente los fenómenos, es decir, las apariencias de las cosas y, después de analizarlas, opta por lo que le parece más razonable. También sigue lo que le indica su propia naturaleza: si tiene hambre, come; si tiene sed, bebe. Naturalmente, teniendo en cuenta aquellas situaciones que desaconsejarían seguir el instinto o la intuición.

RICHARD FEYNMAN.- Amigo Sexto, quiero subrayar que el escepticismo se convirtió en la más decisiva influencia en el nacimiento de la ciencia moderna; primero en las academias de sabios italianos y, después en la Royal Society inglesa. En contra de lo que aseguraban sus detractores, el escepticismo ha demostrado que no es tan solo discutidor y negativo, sino probablemente el mejor modo de alcanzar un conocimiento fiable, aunque nunca absolutamente seguro ni irrefutable, por supuesto. 

SEXTO EMPIRICO.- Sin embargo, la influencia del escepticismo estuvo un poco opacada hasta que Richard Popkin publicó su imponente History of Scepticism. From Savonarola to Bayle (en español, Historia del escepticismo desde Erasmo hasta Spinoza), donde expone con erudición la influencia escéptica en el pensamiento y la ciencia moderna. 

 RICHARD FEYNMAN.- ¡Ah, la ciencia! Es esa cosa que los humanos hemos inventado para dejar de engañarnos a nosotros mismos. El primer paso consiste en no creer algo a ciegas, sino examinarlo y ponerlo a prueba, enfrentarlo después a otras posibles explicaciones, como hacía Arcesilao, y acabar por aceptar, pero solo provisionalmente, la respuesta más probable, a la manera de Carnéades, o proceder a cuestionar los presupuestos de cualquier dogmatismo, como hiciste tú.

SEXTO EMPÍRICO.- Precisamente tengo que dejarlos porque voy a reunirme con Carnéades y Arcesilao.

LINGUACUTA.- ¿Quiénes son esos?

SEXTO EMPÍRICO.- Nada menos que dos antiguos directores de la Academia platónica, a la que dieron un giro escéptico.

SOFROSINA.- Famosos fueron, y ya ni su nombre se conoce.

“¿Dónde están?”, preguntó curiosa Linguacuta. “Allá donde habita el Olvido. No te hagas ilusiones si algún día la lisonjera Fama pregona tu nombre”, respondió Sexto, cabizbajo. “El Tiempo envidioso todo lo devora, hasta el recuerdo de nuestros olvidos”, remató Sofrosina.

Rodolfo Ramón de Roux

Octubre, 2025


[1]          Diálogos de Ultratumba, “Pensar sin certezas” (27 octubre 2023)

[2]          Diálogos de Ultratumba, “El coraje de matizar” (2 noviembre 2022).

[3]          Diálogos de Ultratumba, “Creer” (31 mayo 2022); “Creer, pero no tanto” (9 junio 2022).

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TOMÁS MORO.-  Nunca imaginé que fuera a tener tanto éxito y tantos émulos mi Utopía, esa representación de una sociedad radicalmente “otra”, liberada de los males que sufren las sociedades reales.

SOFROSINA.- Redactaste tu libro en 1516 y medio milenio después ese paradigma utópico sigue tan campante. Fíjate que, hoy en día, a pesar de tantos problemas ecológicos, existen quienes no dudan en prometer un futuro verde y próspero. 

SOFROSINA.- Esos optimistas ponen de relieve que de 1780 al presente la esperanza de vida aumentó de 30 años a más de 70.

LINGUACUTA.- Y señalan que de 1820 a 2015 el porcentaje de población que vive en condiciones de extrema pobreza disminuyó del 90 al 10 por ciento. Incluso vaticinan que, gracias a la ciencia y a la técnica, mañana serán aún más los que disfruten de esta abundancia.

TOMÁS MORO.- Pero también observo que otros promueven la contra-utopía del decrecimiento y del vivir con moderación pues, según ellos, el mundo está a punto de colapsar por causa del consumismo y el productivismo.

SOFROSINA.- La rivalidad entre diversos sueños utópicos es la expresión de una rivalidad de intereses, sensibilidades y expectativas.

LINGUACUTA.- Rivalidad de vieja data, y que no siempre termina bien. 

KARL MARX.- ¿Por qué me miras de reojo? Reconozco que, a mediados del siglo XIX, junto con Engels, convertí la dictadura del proletariado en un sueño que Stalin y Mao se encargaron de transformar en pesadilla en el siglo XX. 

LINGUACUTA.- La utopía de unos se convierte fácilmente en la distopía de otros.

MARSHALL McLUHAN.- Eso lo tengo bien presente. En la década de 1960, con el auge de la “sociedad de la información”, muchos cibernéticos creyeron que muy pronto se podría realizar la utopía de una “aldea global” libre y sin fronteras. Pero en un ciberespacio mercantilizado, cada individuo es ahora observado y rastreado constantemente y se predicen sus comportamientos para empujarlo a consumir más. 

SOFROSINA.- Además, los peligros reales o supuestos de la cibercriminalidad han favorecido el desarrollo de una “sociedad de vigilancia”, pues le han dado a los Estados la legitimidad para reforzar su control sobre la vida de sus ciudadanos.

GEORGE ORWELL.- Sociedades de control que Aldous Huxley y yo anunciamos hace decenios. Él en su novela Un mundo feliz. Yo, en 1984.  

LINGUACUTA.- Bajo el sol de Utopía acecha la sombra de Distopía.

TOMÁS MORO.-  A pesar de todo, la llama utópica vacila, pero no se apaga. 

LINGUACUTA.- No es de extrañar: el humano soporta difícilmente que el mundo sea como es. 

SOFROSINA.- La realidad no solo no le basta, sino que también lo abruma. Por eso le encanta imaginar un porvenir diferente… y predicarlo.

MAQUIAVELO.- Es lo que hizo el astuto Trump cuando, recientemente, en el discurso inaugural de su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos, profetizó: “Estados Unidos volverá a ser una nación en pleno crecimiento, que aumenta su riqueza, amplía su territorio, construye sus ciudades, eleva sus expectativas y lleva su bandera a nuevos y hermosos territorios. Continuaremos nuestro destino manifiesto hasta las estrellas, enviando astronautas a plantar la bandera estrellada en el planeta Marte”. ¡La ovación fue atronadora!

LINGUACUTA.- ¿A quién no le gusta que le prometan un mundo mejor? 

MAQUIAVELO.- Aun a sabiendas de que las promesas de los políticos no comprometen sino a quienes creen en ellas.

LINGUACUTA.- (Con maliciosa sonrisa) El “America great again” funciona con un “great” mitificado, pues toda la historia de los Estados Unidos está atravesada por la violencia: contra los amerindios, los afroamericanos, los inmigrantes pobres -sean asiáticos, latinoamericanos o europeos-, y contra todos los que se opongan al “destino manifiesto” de aquella “nación bendecida por Dios”. 

MIRCEA ELIADE.- Por otra parte, con el “again” -de nuevo-, la utopía enlaza con el mito: la sociedad soñada renueva una supuesta “edad de oro” primordial, el futuro está en el comienzo. Se va de un paraíso perdido a un paraíso reencontrado. Como en la esperanza cristiana, o en la utopía marxista. Lo expliqué en Lo sagrado y lo profano.

SOFROSINA.- Bien lo recuerdo, y me parece interesante tu observación pues esperanza religiosa y utopía laica están hermanadas. Utopía es esperanza de otra sociedad. Esperanza es utopía de otro mundo. En una y otra palpita la estrategia de la alteridad. De la una a la otra es tenue la frontera: la sociedad utópica tiene sus trances religiosos; el mundo de la esperanza religiosa tiene sus implicaciones terrestres.

MIRCEA ELIADE.- Añado que en esa apuesta por lo que todavía no es, las utopías funcionan con el esquema del mundo invertido: justicia/injusticia, abundancia/miseria, igualdad/desigualdad, comunidad de bienes/propiedad privada.

MAQUIAVELO.- El problema es que en el proceso de invertir el mundo “que es” por el que supuestamente “debería ser”, no pocas veces los sueños de un “porvenir luminoso” terminan en presente tenebroso.  ¡Marx, no me lances esa mirada tan maluca!

SOFROSINA.- Son esas decepciones históricas las que han llevado a que se cuestionen no solo los utópicos futuros prometidos, sino también las promesas de futuro que trabajan el presente.

KARL MARX.- Por otra parte se repite sin cesar que falta imaginación social para hacerle frente al “choque del futuro”.

ERNST BLOCH.- (Acariciando un ejemplar de “El Principio Esperanza”) “La razón no puede florecer sin esperanza ni la esperanza puede hablar sin la razón”. No niego que la imaginación utópica puede ser alucinante, alienante, delirante, en el sentido peyorativo de estos términos. Pero no hay que caer en la contra-utopía de una sociedad tan científica y racionalizada que se convierta en una sociedad sin imaginación o incluso en una sociedad sin sueños.

SOFROSINA.- Sería la utopía de la república donde los poetas están proscritos. 

ERNST BLOCH.- Y, privados de sueño, desencadenamos neurosis. 

SOFROSINA.- Las sociedades se vuelven estériles sin imaginación. Pero se tornan peligrosas con la imaginación descontrolada. Nada es bueno sin mesura. 

PARACELSO.- Todo es veneno y nada es veneno, sólo la dosis hace el veneno.

LINGUACUTA.- Comprendo que no conviene hacerse excesivas ilusiones…ahora me falta acertar con la dosis. 

ERNST BLOCH.- Que la riqueza de las metas posibles nos aparte de la amargura de no poder aspirar a las imposibles, no significa renunciar a la búsqueda de mayor justicia, generosidad y honradez en una época dominada por la ética de los beneficios materiales contantes y sonantes.

LINGUACUTA.- Temo que la necesaria voluntad de lucidez sobre los errores cometidos en nombre de tantas ilusiones utópicas desemboque en cruel sarcasmo.

SOFROSINA.- Así sucede muchas veces. El encarnizamiento desmitificador, la voluntad de no dejarse engañar de nuevo, la sospecha sistemática contra cualquier tipo de convicciones puede llevar a rechazar de antemano la menor esperanza, a considerar a los idealistas como imbéciles y a caer en una orgullosa lucidez que con su “lluvia ácida” no permite que germine nada nuevo.  

ERNST BLOCH.- Siempre germinará algo nuevo porque las esperanzas utópicas distan mucho de ser inocuos juegos de la imaginación: son expresión de conflictos sociales, y proyección en el espacio de anhelos profundos y de aspiraciones no realizadas. 

LINGUACUTA.- Por eso los exploradores de Utopía no se arredran, a pesar de que después de muchos azarosos periplos solo queden los mapas de inciertos parajes. 

SOFROSINA.- No obstante, las precedentes escalas forzosas y forzadas, cada nueva esperanza impulsa la fuga hacia adelante para salir de un presente difícil de asumir.

TOMAS MORO.- No importa que el soñado “nuevo mundo” termine por ser un lugar moroso o un lugar traumático -sea porque en él suceden pocas cosas o porque suceden demasiadas-, no han faltado ni faltarán quienes continúen tomando sus deseos por realidades porque creen en la realidad de sus deseos.

LINGUACUTA.- Con la esperanza utópica se suben más fácilmente las cuestas que la realidad desciende.

SOFROSINA.- Es una esperanza que ayuda a no caer en la resignación.

MIRCEA ELIADE.- Puede que los sueños utópicos sean poco realistas, pero son necesarios: sin la visión de una vida mejor, la humanidad no habría salido nunca de las cavernas.

ERNST BLOCH.- Indudablemente podemos terminar siendo manipulados por nuestros sueños, devorados por ellos, drogados por ellos. Necesitamos, sin embargo, nuestra ración onírica para poder subsistir social y aun biológicamente.

SOFROSINA.- Pero, ya se dijo, hay que dar con la dosis onírica adecuada, pues la historia se ha encargado de recordar que la voluntad inflexible de renovación radical de la sociedad y de las personas no conduce a la perfección sino al terror. 

MIRCEA ELIADE.- Fácilmente quienes sueñan con realizar la felicidad de los demás comienzan por confiscarles la libertad.

LINGUACUTA.- Pues sólo las intenciones son puras, no los humanos. 

KARL MARX.- Es cierto que se regresa de muchas ilusiones, pero no se han superado las realidades que las nutrían ni han desaparecido para la humanidad sufriente los sueños de “tierras nuevas” donde reinará la igualdad y no habrá más frustraciones. 

LINGUACUTA.- Karl, hay mucho espejismo en los viajes utópicos. 

SOFROSINA.- Sin embargo, esos espejismos ponen en movimiento la caravana hacia un “lugar mejor”… aunque los peregrinos al llegar encuentren que no era la tierra prometida y, obstinados, reemprendan el camino.

LINGUACUTA.- O se embarquen en la primera playa y en el barco más frágil para ir a buscar a las sirenas.[1]

SOFROSINA.- ¿Cómo reprocharles que no quieran que los sueños le cedan el puesto a los lamentos? 

Rodolfo Ramón de Roux

Septiembre, 2025


[1]   Diálogos de Ultratumba, “Las sirenas”, 2 de agosto de 2022.

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“Me he encontrado por allí con gente que dice ser cristiana pero no católica sino arriana, docetista, donatista, ebionita, monofisita o montanista. ¿Qué sabes de eso, Sofro?”, preguntó Linguacuta. “Que muy pronto te toparás con novacianos, nestorianos, pelagianos, priscilianos, sabelianos, gnósticos y maniqueos que también proclaman ser cristianos, y eso desde los comienzos de dicha religión”, le respondió Sofrosina. “¡Estoy muy confundida!”, suspiró Linguacuta. 

SOFROSINA.- ¿Por qué?

LINGUACUTA.- Porque desde niña me enseñaron que los verdaderos cristianos pertenecen a la  Iglesia católica. 

SOFROSINA.- También debieron decirte que “fuera de ella no hay salvación”.

LINGUACUTA.- Eso fue lo que aprendí.

SOFROSINA.-  Con el tiempo se empieza a desaprender o, mejor dicho, a saber de otra manera lo que ya se creía saber.  No sólo fue plural el cristianismo en sus primeros tiempos, también lo sigue siendo. 

LINGUACUTA.- ¿Cómo así?

SOFROSINA.- Imagínate que según el Center for Study of Global Christianity, a mediados de 2023 había 47.300 ritos y denominaciones cristianas. Y estiman que para el 2050 habrá alrededor de 64.000.

LINGUACUTA.- Aun reduciendo esa cifra a la mitad de la mitad, se trata de una diversidad cristiana enorme. ¿También fue diverso el cristianismo en sus primeros tiempos?

SOFROSINA.- Los antiguos cristianismos no fueron tan numerosos como hoy en día, pero sí en mayor proporción de lo que se cree.

LINGUACUTA.- ¿Qué pasó con ellos?

SOFROSINA.- Fueron derrotados y olvidados.

LINGUACUTA.- ¡Ay de los vencidos!

SOFROSINA.- Y como el lobo siempre será el malo si solo se oye la versión de Caperucita, todos esos cristianismos derrotados terminaron siendo silenciados por la Iglesia católica triunfante. Casi todo lo que sabemos de ellos ha sido a través de los escritos de sus perseguidores.

LINGUACUTA.- Sacude mis neuronas y  sácame de mi ignorancia.

SOFROSINA.-  Ten en cuenta que Jesús no fue el fundador del cristianismo como religión independiente. La primera comunidad cristiana de Jerusalén formaba parte del judaísmo de su época y era una de sus varias expresiones.

LINGUACUTA.- Pero oí que dentro de esa primera comunidad cristiana todos eran “una sola alma y un solo corazón”, al menos eso cuentan los Hechos de los Apóstoles.

SOFROSINA.- Pero también cuentan en el capítulo 6 que por una parte estaba el grupo de los «hebreos», es decir, judíos cristianos que habían nacido en Israel y cuya lengua materna era el arameo. Y que, por otra parte, estaban los «helenistas», judíos cristianos normalmente nacidos fuera de Israel, que se habían trasladado a vivir a Jerusalén, y cuya lengua materna era el griego. Ambos grupos asistían en Jerusalén a sus propias sinagogas, y entre ambos grupos se daban tensiones.

LINGUACUTA.- Imagino que la diversidad de ese primer cristianismo se volvió más compleja con su expansión en tierra de “gentiles”. 

SOFROSINA.- Era de esperar. Después de más de un siglo sembrado de conflictos, las comunidades cristianas de origen judío terminaron siendo minoritarias y marginadas en favor de las comunidades cristianas de origen no judío: fueron estas últimas las que se impusieron progresivamente como la “Gran Iglesia” de una nueva religión, separada del judaísmo. 

LINGUACUTA.- ¡Y lo que comenzó como una secta dentro del judaísmo, terminó en Iglesia! Ya entiendo por qué dicen que la Iglesia es una secta que triunfó.

SOFROSINA.- Ante la necesidad vital de sobrevivir en medio de otras religiones del Imperio romano, el grupo cristiano mayoritario que se autodenominó Iglesia católica -o sea, universal- se fortaleció dotándose de unas estructuras de gobierno y de control intelectual y religioso. Pero, aun así, durante los siglos II y III  surgieron cristianismos que interpretaban de manera diferente la persona y el mensaje de Jesús.

LINGUACUTA.-  ¿Por ejemplo?

SOFROSINA.- Hubo cristianismos que  afirmaban que había un solo Dios Todopoderoso y negaban que Jesús fuera Dios, como sucedió con los ebionitas y los nazarenos. Cristianismos -como el docetismo- que admitían la divinidad de Jesús pero negaban su verdadera encarnación, pues Dios no puede sufrir y morir en una cruz. Cristianismos que rechazaban a Pablo de Tarso y su doctrina, pues lo consideraban un falso profeta. Cristianismos montanistas y gnósticos del siglo II en los que la comunidad no era regida por obispos y presbíteros, sino por profetas. Cristianismos que negaban la validez, la verdad o la inerrancia de las Escrituras sagradas, como fue el caso de los marcionitas.   

LINGUACUTA.- Mientras más hablas más me enredas.

SOFROSINA.- Aguanta, que me falta mencionar los cristianismos que negaban la resurrección futura; los que destacaban el papel de las mujeres -los tienes representados por el Evangelio de María Magdalena o por los Hechos Apócrifos de los Apóstoles-; cristianismos que negaban el cuerpo y el mundo, y se manifestaban totalmente contrarios a la vida sexual y al matrimonio; otros, en cambio,  predicaban una vida libre e incluso libertina, como los fibionitas y los carpocracianos.

LINGUACUTA.- Sospecho que esa diversidad debió poner bastante nerviosos a los jerarcas de la Iglesia católica.

SOFROSINA.- Por supuesto. Tanto así que, a lo largo de los siglos II y III, desarrollaron los conceptos de “herejía” y “dogma” que le permitieron a la Iglesia católica consolidarse, a expensas de otros cristianismos que fueron relegados a las sombras de la marginalidad. 

LINGUACUTA.- Tenía entendido que “herejía” –hairesis en griego- significaba simplemente elegir, y que usar el intelecto para elegir algo de manera independiente era considerado como algo positivo. 

SOFROSINA.- Así era en el mundo precristiano. Pero un siglo después del nacimiento de la nueva religión, para los cristianos la “elección” de lo que no correspondía a la doctrina oficial de la Iglesia católica fue considerado un “veneno” que había que “curar”, una “gangrena” que había que “atajar”. 

SAN HIPÓLITO DE ROMA.- Era necesario eliminar la contaminación herética para purificar el  cuerpo cristiano en su conjunto. Lee mi Refutación de todas las herejías, que escribí a principios del siglo III.

EPIFANIO DE SALAMINA.- Y completa esa lectura con mi Panarion (Botiquín) de fines del siglo IV. En ese “botiquín” ofrezco remedios contra la “infección” de ochenta herejías que menciono.

SAN IRENEO DE LYON.- Sin falsa modestia les recuerdo que en cuestiones de heresiología los antecedí en el siglo II con mi tratado Contra las herejías.

SAN HIPÓLITO DE ROMA.- Para que no tengas que poner de nuevo a prueba tu modestia, me encargo de decir que hace poco el papa Francisco te declaró “doctor de la Iglesia” y que colaboraste en establecer la lista oficial de libros –canon– del Nuevo Testamento, otra piedra angular de la recta doctrina –ortodoxia– católica. 

EPIFANIO DE SALAMINA.- Me enorgullece que con nuestras obras antiheréticas luchamos contra la nefasta pluralidad de cristianismos y fomentamos la unidad católica. 

SOFROSINA.- Pero sólo a partir del momento en el que pasaron las angustias de las grandes persecuciones desde Decio hasta Diocleciano -cuando el cristianismo consiguió el estatus de religión lícita en 313 y el de religión oficial del Imperio en 380-, se dio una política dura y eficaz en la Iglesia católica en pro de una unidad de pensamiento, rito y gobierno, exigencia que nacía tanto del interior del grupo católico como de la presión de los emperadores, a los que interesaba mucho la unidad sin fisuras del cristianismo. 

SAN IRENEO DE LYON.- Indudablemente el apoyo del poder imperial fue clave para consolidar a la Iglesia católica. En el Concilio de Nicea -convocado en 325 por el emperador Constantino-, en el primer Concilio de Constantinopla -convocado en 381 por el emperador Teodosio I- y en el Concilio de Calcedonia -convocado en 451 por el emperador Marciano- nuestra Gran Iglesia se esforzó por presentar una imagen compacta de unidad. 

SOFROSINA.- Ya no se admitieron disidencias clamorosas, y las persecuciones a priscilianistas, pelagianos y donatistas -esta última hasta con el uso de las armas- fueron una buena muestra del gran cambio que se estaba dando. 

LINGUACUTA.- La Iglesia pasó de perseguida a perseguidora.

SOFROSINA.- Basta con leer el Código Teodosiano -del siglo V-, y el Código de Justiniano -del siglo VI- para ver cómo la violencia antiherética irrumpe en las leyes civiles. No sólo los herejes, sino también sus libros, serán buscados y quemados. 

LINGUACUTA.- Los libros se queman para controlar la memoria del futuro.

SOFROSINA.- Ojalá se hubieran limitado a quemar libros. Será la herejía la que llevará a que Inocencio IV promulgue en 1252 la bula Ad extirpanda –“Para erradicar”-, que autoriza el uso de la tortura “para extirpar la peste de la herejía”. ¿Te acuerdas que hace un tiempo nos topamos con algunos de esos temibles inquisidores?[1]

LINGUACUTA.- No he olvidado su olor a chamusquina. También recuerdo haber encontrado personas interesantes entre los llamados “herejes”. 

IRENEO DE LYON.- No te dejes engañar: el peor diablo es el que no huele a azufre.

HIPÓLITO DE ROMA.- Conserva tu inocencia, jovencita.

SOFROSINA.- Si te refieres a su inocencia intelectual -pues no le queda otra-, la única manera de conservarla es no pensar.

EPIFANIO DE SALAMINA.- Hueles a redomada hereje. Te tendré en cuenta para colocarte en una nueva edición del Panarion.

SOFROSINA.- Epifanio, los herejes le han hecho un gran favor a la Iglesia católica: le han servido para reafirmar sus dogmas de fe y de costumbres…sobre todo las sexuales.

IRENEO DE LYON.- Déjate de socarronas ironías. Nuestros dogmas son la expresión de verdades reveladas y absolutas: somos sus portavoces.

SOFROSINA.- Me parece que quien se presenta como portavoz de lo absoluto arriesga ser culpable de falso testimonio.

CIORAN.- Ese “me parece”  es demasiado prudente. Yo afirmo sin rodeos que “no es una tarea ardua estar loco, basta la adhesión total a cualquier cosa”. 

SOFROSINA.- Me asustan las convicciones inquebrantables: sirven para quebrar a los demás.

A Ireneo se le agotó la paz que su nombre significa. Miró a Hipólito y Epifanio, y les dijo: “Vámomos. El caso de esta señora no tiene solución”. Sofrosina exclamó maliciosamente: “Si no tiene solución, no hay necesidad de preocuparse”. Como Linguacuta se mostraba interesada en el tema de la primitiva diversidad de cristianismos, Sofro la tomó del brazo y la llevó a la Biblioteca de Babel. Allí, su director, el memorioso Borges, les enseñó varias ediciones de los Evangelios apócrifos y le recomendó a la joven que leyera Los Cristianismos perdidos: Los credos proscritos del Nuevo Testamento,de Bart Ehrman, lo mismo que Los cristianismos derrotados: ¿Cuál fue el pensamiento de los primeros cristianos heréticos y heterodoxos?, de Antonio Piñero. Desde hace días Linguacuta está absorta en su lectura.

Rodolfo R. de Roux

Agosto de 2025


[1]   Diálogos de Ultratumba,”El señor inquisidor”, 7 de julio de 2022.

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“La vida es un tiovivo. ¡Cuántas vueltas da! ¿Vieron el entierro del Papa Francisco? Qué solemnidad. ¿Observaron el gentío en la Plaza de San Pedro? Con qué fervor aplaudía la muchedumbre, abarrotada a lado y lado de las calles, cuando el féretro con el cadáver de Francisco hacía su recorrido desde el Vaticano hasta la basílica de Santa María la Mayor, donde lo enterraron. ¡Pensar que a mi cadáver casi lo arrojan al turbio Tíber!”, suspiró acongojado Giovanni Mastai-Ferretti, más conocido como Pío IX. “Eso parece una película de terror. ¿Qué pasó?”, preguntó, intrigada, Linguacuta.

PÍO IX.- Antes de morir un 7 de febrero de 1878, manifesté mi deseo de ser enterrado en la basílica de San Lorenzo Extramuros. Tres años después, mi sucesor, León XIII, organizó el transporte de mi cadáver a través de Roma, sin hacer publicidad alguna y caída la noche del 13 de julio de 1881.

LINGUACUTA.- ¿Por qué tanto secreto?

PÍO IX.- Luego te lo explico. El hecho fue que, a medianoche, la carroza fúnebre salió del Vaticano acompañada de otras carrozas cerradas donde iban algunos cardenales, embajadores y prelados. El cortejo no había llegado al castillo de Sant’Angelo cuando, a la entrada del puente que cruza el Tíber, grupos de manifestantes anticlericales bloquearon el camino y se nos abalanzaron gritando: “Al fiume! Al fiume la carogna!” (“¡Al río! Al río la carroña!”).

SOFROSINA.- ¡Macabro espectáculo!

PÍO IX.- Los energúmenos, utilizando piedras y palos, se abrieron paso hasta mi féretro, hiriendo a varios guardias pontificios. La reacción de los gendarmes papales y de algunos policías italianos, lo mismo que el valor de los fieles católicos, que blandían sus cirios como armas, impidieron que los manifestantes cometieran un sacrilegio. ¡Por un pelo!

LINGUACUTA.- No logro entender a qué se debía tanta inquina.

PÍO IX.- A que había condenado los funestos errores de la “modernidad liberal” y me había opuesto a la unificación de Italia bajo el liderazgo de los masones Giuseppe Mazzini, Giuseppe Garibaldi y el conde de Cavour, a quienes se considera “padres de la patria” en la Italia moderna.

SOFROSINA.- Es sabido que te detestaban por intransigente.

LINGUACUTA.- Bueno, es preferible que lo detesten a uno por lo que es y no que lo amen por lo que no es.

PÍO IX.- Reivindico mi catolicismo intransigente pues se trataba de defender el “depósito de la fe” y los intereses de la Iglesia. ¿Acaso podía entregarles los Estados Pontificios -es decir, todo el centro de Italia- a esos masones y liberales, enemigos de la Iglesia? Aquellos territorios nos los había donado el gran emperador Constantino desde principios del siglo IV. 

LINGUACUTA.- Pío, esa “donación” se basó en un documento más falso que beso de Judas, como nos lo explicó Lorenzo Valla cuando estuvimos dialogando con él.[1]

PÍO IX.- ¿Y qué? A lo hecho, pecho. Desde hacía siglos los papas nos habíamos convertido en “señores temporales” y habíamos defendido nuestras posesiones, aun a sangre y fuego. Pregúntenle a César Borgia.

LINGUACUTA.- Mejor preguntémosle a Garibaldi; está que se muerde la lengua queriendo intervenir.

SOFROSINA.- (Con voz suave) Pío, no te agites tanto que se te cae la tiara.

GARIBALDI.- (Acariciando el pomo de su espada) Recuerde, ciudadano Mastai -permita que no lo llame Soberano Pontífice-, que usted reunió un ejército al mando del general Lamoricière para impedir la unificación de Italia, y que ese ejército fue aplastado en Castelfidardo el 18 de septiembre de 1860.

PÍO IX.- Después de esa batalla mis Estados Pontificios se vieron reducidos a Roma y sus alrededores. ¡Qué desgracia!

GARIBALDI.- Y en los años siguientes, para defender Roma, se formó en torno suyo un ejército de “zuavos pontificios”.

PÍO IX.- ¡Ah, mis zuavos! Fueron una verdadera brigada internacional de valientes católicos que vinieron a defender al Papado. El grueso de los voluntarios era de origen alemán, francés y belga, pero no faltaron romanos, canadienses, españoles, irlandeses e incluso ingleses. 

GARIBALDI.- Sus zuavos, junto a las tropas francesas, derrotaron a mis soldados en la batalla de Mentana, en 1867. Pero tres años después nos sacamos esa espina cuando, el 20 de septiembre de 1870, nuestros combatientes abrieron una brecha en la muralla a la altura de la Puerta Pía y conquistaron Roma, que se convirtió entonces en capital del nuevo Reino de Italia. 

PÍO IX.- ¡Ese recuerdo me parte el corazón! Al día siguiente de tan triste derrota fueron disueltas mis tropas pontificias, a excepción de la Guardia suiza. Yo me declaré “prisionero” en el Vaticano y no volví a salir de ahí sino muerto, cuando quisieron tirar mi cadáver al Tíber.

GARIBALDI.- Así se cerró un periodo de siglos, durante los cuales ustedes, los papas, necesitaron un ejército para defender sus territorios. 

LINGUACUTA.- Pensar que Jesús dijo: “Mi Reino no es de este mundo”.

SOFROSINA.-  También dijo que “las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza”.

LINGUACUTA.- Pío, no hay mal que por bien no venga. Los papas deberían agradecerle a esos anticlericales el haberlos ayudado a despojarse -al menos en parte- de un poder mundano nada evangélico.

PÍO IX.- No sean ingenuas. Solamente de Cristo es el Reino, el poder y la gloria, pero nosotros los papas somos sus vicarios y tenemos la obligación de guiar y defender a su rebaño. Tengan presente que después de la Revolución francesa los anticlericales acosaban por todas partes a la santa madre Iglesia. 

SOFROSINA.- No te lo puedo negar. Sabemos que Pío VI falleció en 1799 en Valence-sur-Rhone, siendo prisionero de los franceses. 

PÍO IX.- A su cadáver le negaron un entierro cristiano y el prefecto de la ciudad inscribió en el registro de defunciones: “Falleció el ciudadano Braschi, que ejercía profesión de pontífice”. Muchos periódicos y gacetas de Europa sentenciaron al papado titulando: “Pío VI y último”. ¡Qué descaro!

GARIBALDI.- Seguro vas a contar que poco después, en 1809, Napoleón arrestó al papa Pío VII y lo confinó en Francia hasta 1814, año en que fue liberado por los austríacos.

PÍO IX.- Me ahorraste el tener que decirlo. Pero añado que durante las revoluciones liberales de 1848 que se extendieron por toda Europa, tuve que huir a Gaeta disfrazado de monje cuando se proclamó la república en Roma. ¿Lo ven? La intransigencia también se hallaba en el otro bando.

GARIBALDI.- Cada quién defiende sus intereses y su visión de las cosas. 

SOFROSINA.- Cada bando suele proclamar que su punto de vista es “la” verdad y que sus intereses son justos. Y si son creyentes, todos dicen que Dios está de su parte.

LINGUACUTA.- Si está de parte de todos no está de parte de ninguno.

PÍO IX.- En lo que ustedes dicen, veo asomar las orejas de un repugnante relativismo que condené rotundamente. Que quede bien claro: la Iglesia católica es depositaria de la verdad revelada y defender a la Iglesia es una causa sagrada.

SOFROSINA.- Y la defendiste, a tu manera. Aun habiendo perdido el poder como “señor temporal” te plantaste de manera intransigente frente a los “enemigos de la Iglesia”.

LINGUACUTA.-  ¿Qué hiciste? 

PÍO IX.- Reforcé la autoridad del “Vicario de Cristo” aumentando las visitas “ad limina” que debían hacer los obispos para informarme sobre el estado de sus diócesis; unifiqué el culto en torno a la liturgia romana; supervisé cuidadosamente las actividades de las nuevas y numerosas congregaciones religiosas masculinas y femeninas que surgieron en el siglo XIX, lo mismo que las misiones católicas entre infieles, coordinadas por la Congregación vaticana De propaganda fide.

LINGUACUTA.- ¿Propaganda?

PÍO IX.- Como lo oyes. También en ese campo no tenemos que recibir lecciones de nadie.

SOFROSINA.- Fue notoria la exaltación de tu persona a través de la prensa católica que te presentó como un verdadero mártir. 

GARIBALDI.- Prensa que no se cansaba de repetir que la libertad es la mejor amiga del demonio, ya que abre el camino a innumerables pecados; que la libertad de conciencia es una locura y la libertad de prensa un mal que nunca se lamentará lo suficiente.

SOFROSINA.- Dicha prensa predicaba que había que descartar todo contacto con el enemigo masón-liberal para que la “fortaleza asediada” de la Iglesia no sufriera las infiltraciones de sus adversarios.

GARIBALDI.- En cuanto al manejo de su imagen, el Vaticano también fue muy hábil cuando en la Exposición Universal de París, en 1867, eligió ser representado por… una catacumba. (Dicho esto, Garibaldi desapareció como por arte de magia).

SOFROSINA.- Pío, añado que para reforzar tu autoridad recurriste regularmente a la publicación de encíclicas en las que impartías orientaciones a los fieles frente a los desafíos políticos, religiosos y culturales de la época.

LINGUACUTA.- ¿Acaso los anteriores papas no habían hecho lo mismo?

PÍO IX.- Poquísimo. Mira, Pío VI promulgó 2 encíclicas en 24 años; Pío VII, 1 encíclica en 23 años; yo promulgué 41 encíclicas. Después de mí, los papas se volvieron muy prolíficos dando orientaciones “urbi et orbi” a través de encíclicas. Mi sucesor, León XIII, se llevó la palma con 86 encíclicas. 

SOFROSINA.- Pero tu documento más conocido y controvertido no es una encíclica sino el Syllabus complectens praecipuos errores nostrae aetatis (Índice de los principales errores de nuestro tiempo). 

PÍO IX.- Se le conoce como Syllabus, simplementeLo publiqué el 8 de diciembre de 1864 a los diez años exactos de haber proclamado el nuevo dogma de la Inmaculada Concepción de María.

SOFROSINA.- Y remataste tu pontificado con la proclamación, en 1870, de otro dogma: la infalibilidad pontificia en cuestiones de fe y de moral cuando los papas hablan ex cathedra.

PÍO IX.- Fue una manera de reforzar la autoridad de los vicarios de Cristo.

SOFROSINA.- Manera muy controvertida.

LINGUACUTA.- Esa infalibilidad me parece un delirio papal, pero prefiero callar para no ofender. Mejor volvamos al Syllabus… que también desató muchas pasiones

PÍO IX.- En particular el último de los 80 ochenta errores que anatematicé.

LINGUACUTA.- ¿Cuál era?

PÍO IX.- Afirmar que “El Romano Pontífice puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, el liberalismo y la civilización moderna”.

SOFROSINA.- Antes de llegar a ese punto final condenaste el panteísmo, el naturalismo, el racionalismo, el indiferentismo religioso, el socialismo, el comunismo, el liberalismo y el “latitudinarismo” -según el cual la salvación es accesible a través de cualquier religión que cada hombre pueda elegir libremente-.

LINGUACUTA.- Mejor dicho, te cargaste todos los “ismos”… salvo el catolicismo.

SOFROSINA.- Igualmente cayeron bajo tus anatemas, las sociedades secretas, las sociedades bíblicas, las sociedades clérico-liberales, el divorcio, la libertad absoluta de opinión y de expresión, la libertad de conciencia y de culto, la separación de la Iglesia y del Estado.

PÍO IX.- Por otra parte reafirmé los derechos de la Iglesia respecto al Estado, lo mismo que la independencia y la autoridad de la Santa Sede respecto a las Iglesias nacionales. 

SOFROSINA.- Te abono el que condenaste la afirmación de que “El Estado, siendo origen y fuente de todos los derechos, goza de un derecho sin límites”. 

LINGUACUTA.- Eso lo aplaudo. Ya vimos a dónde llevó la idolatría del Estado con los regímenes totalitarios del siglo XX. 

SOFROSINA.- Pío, a pesar de tus intransigentes esfuerzos estimo que tu pontificado fue el principio del fin de una era multisecular en la historia del catolicismo, caracterizada por la existencia de un dominio temporal pontificio, por un vínculo estrecho de la Iglesia católica con la monarquía como forma de gobierno y por la concepción de la fe católica como única vía para la salvación. 

Pío quiso responderle a Sofrosina. Pero Linguacuta -que miraba curiosa hacia lo lejos- le advirtió: Mejor desaparece. Se acerca Garibaldi con un grupo de fans cantando La Marsellesa. Y traen un cartel que dice: “Tiren al Papa al Leteo”.


[1]   https://exjesuitasentertulia.blog/dialogos-de-ultratumba-y-dicen-que-el-fin-no-justifica-los-medios/ (17 de mayo de 2024)

Rodolfo Ramón de Roux

Julio, 2025

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De repente se oyó una voz grave que decía: "Todo pasa y todo queda".
- "¿Eres tú, Antonio Machado?", preguntó, intrigada, Linguacuta.
- "Noooo, soy el Uroboro", respondió la mítica serpiente que apareció

mordiéndose la cola al tiempo que formaba con su cuerpo el "ocho acostado",
símbolo del infinito.
Un escalofrío recorrió el grácil espinazo de Linguacuta.

UROBORO.- No temas, jovencita. A nadie le hago daño. Mi milenaria imagen es el simple recordatorio del ciclo eterno de las cosas.

ANTOINE DE LAVOISIER.- (El gran químico observa una probeta). “Nada se pierde, todo se transforma”.

LINGUACUTA.- ¿Eso te consoló cuando ibas rumbo a la guillotina?

LAVOISIER.- (Imperturbable, haciendo caso omiso de la ironía de Linguacuta). El ciclo incesante de la vida también incluye la muerte. Si no lo has entendido te cepillo un poco más el entendimiento.

LINGUACUTA.-  No soy boba. Sé que la vida es un continuo finalizar efímeros comienzos. 

SOFROSINA.- O un continuo recomenzar efímeros finales. 

LAO TSE.- Todas las cosas nacen de lo que es, lo que es de lo que no es. 

SOFROSINA.- Hace un tiempo vi un diálogo en el que explicabas que el pensamiento taoísta compara la vida con un río.[1] Antes de desembocar en el mar, el río parece seguir un curso irreversible, en pura pérdida, pues a medida que fluye, parte del agua se evapora y se eleva hacia el cielo.

LAO TSE.- Sí, allí se transforma en nubes, y luego cae en forma de lluvia sobre las montañas, renovando el río en su nacimiento. Ésta es la ley fundamental del funcionamiento de la vida: un continuo fluir y transformarse. Incorporar la muerte a nuestra visión es acoger la vida como un don inestimable.

UROBORO.- La vida es una sucesión de metamorfosis y a veces los mejores comienzos vienen después de los peores finales.

LINGUACUTA.- O los mejores finales después de los peores comienzos.

SOFROSINA.- Igual da; aunque parezca que nuestra vida es sin razón, hay que darse razones para vivirla. 

LINGUACUTA.- De lo contrario, a pesar de sentirnos vivos no sabremos qué hacer con nuestra vida.

NIETZSCHE.- (Recordando a Zaratustra) Quien tiene un porqué para vivir siempre encontrará un cómo.

EDIPO.- (Con malicia). A veces uno encuentra su destino en el camino que tomó para evitarlo. 

HEIDEGGER.- (En tono profesoral). En cualquier caso, el destino final de todos es la tumba. Somos un ser hacia la muerte: Sein zum Tode.

MONTAIGNE.- (Degustando un vino “Château Montaigne”). Por eso mismo “filosofar es aprender a morir”.[2]

SPINOZA.- No estoy de acuerdo. Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida.[3]

MONTAIGNE.- (Amigablemente) Temo que me malinterpreten. Para mí aprender a morir es aprender a vivir: nuestra conciencia de la muerte nos hace ver la vida como un bien precioso y nos incita a  asumirla con lucidez, y plenamente.

LINGUACUTA.- Entiendo lo que dices, pero no se puede aprender a morir porque uno no muere dos veces. Prefiero la fórmula “aprende a vivir, pues morirás”.

SOFROSINA.- Tampoco se vive dos veces. “Se vive solamente una vez”, como canta el bolero. 

LINGUACUTA.- ¡Qué va! Se muere solamente una vez; se vive todos los días.

MUHAMMAD ALI.- De ahí mi consejo: “No cuentes los días, haz que los días cuenten”.

LINGUACUTA.- Únicamente tenemos presente y se nos escapa a cada instante.

SOFROSINA.- Desafortunadamente sólo entendemos el valor de ciertos instantes cuando se han convertido en recuerdos.

FERNANDO PESSOA.- El valor de las cosas no está en el tiempo que duran sino en la intensidad con la que se viven. 

LINGUACUTA.- ¿No será “eternidad” la temporalidad detenida en esa intensidad del instante?

SOFROSINA.- También es eterno lo vivido: eso ya nada ni nadie nos lo quita.

UROBORO.- ¿Por qué los obsesiona tanto la eternidad?

SOFROSINA.- Porque los humanos soportamos mal la finitud, y en particular la personal. 

UROBORO.- ¿Por eso esperan una eternidad de vida?

LINGUACUTA.- No la esperamos, ya la estamos viviendo en Ultratumba.

SOFROSINA.- Despierta, muchacha, ¿no te das cuenta de que sólo somos personajes de un diálogo?

LINGUACUTA.- ¿Y qué dice nuestro autor y creador sobre la realidad de una supervivencia eterna personal, “en cuerpo glorioso”?

SOFROSINA.- Que no puede afirmarla ni negarla porque él no se ha muerto todavía. Ah, también dice que lo que sí puede afirmar es que hay que apreciar y vivir a fondo “lo que es” mientras “es”, antes de que se lo trague el tiempo que todo lo devora. 

Uroboro removió la cola y ésta penetró un poco más entre sus fauces. El “ocho acostado” de su vientre se retorció ligeramente. En un lugar ignoto un nuevo ciclo comenzaba: para alguien, para algo, ¿para todos?.


[1]          Diálogos de Ultratumba, “Como el agua, amigo, como el agua” (15 de octubre de 2023).

[2]   Essais, I, 19, “Que philosopher, c’est apprendre à mourir”.

[3] Ethica, IV, 67, “Homo liber de nulla re minus quam de morte cogitat et ejus sapientia non mortis sed vitæ meditatio est” .

Rodolfo Ramón de Roux

Julio, 2025

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Desde que Robert Francis Prevost escogió llamarse León XIV, un risueño León XIII deambula muy ufano por Ultratumba llevando en su mano izquierda un ejemplar de la encíclica Rerum novarum y en la derecha una botella de vino Mariani, cuya cotidiana ingestión le ayudó a ser el Papa más longevo de la historia. Como suele decirse, “descansó en paz” a los 93 años, tras ejercer como Sumo Pontífice la nada despreciable suma de 25 años, lo cual lo clasifica como el tercer pontificado más largo, después de los 31 años de Pío IX y los 28 de Juan Pablo II.

LINGUACUTA.- (Observando, intrigada, la botella que lleva en su mano León XIII). Su Santidad, ¿qué está bebiendo?

LEÓN XIII.- Agraciada joven, aquí en Ultratumba ya podemos prescindir de solemnidades. Llámame, simplemente, León. También puedes tutearme. 

LINGUACUTA.- ¿Y la botella?

LEÓN XIII.- Es de mi reserva especial de vino Mariani, obsequio de su creador, el químico ítalo-francés Angelo Mariani, quien en 1863 desarrolló esta divina ambrosía con vino de Burdeos y extractos de hoja de coca. 

LINGUACUTA.- ¿Coca?

LEÓN XIII.- Como lo oyes. Dependiendo de su tamaño, cada vaso de tan precioso elixir puede tener entre 35 y 70 miligramos de cocaína, el equivalente a una «raya», como dicen ahora en la Tierra. 

LINGUACUTA.- Ya veo por qué estás siempre tan contento.

LEÓN XIII.- Estoy contento porque busco la serenidad en mí, no alrededor de mí.

SOFROSINA.- Un maestro zen me dijo que si quería alcanzar la serenidad debía abandonar tres cosas: la necesidad de controlarlo todo, la necesidad de ser aprobado por los demás y la necesidad de juzgarlos.

LEÓN XIII.- Nada mal como consejo. 

LINGUACUTA.- Sigo pensando que ese vino Mariani también te ayudó a estar sereno y contento.

LEÓN XIII.- Como le ayudó a muchos otros. No te imaginas lo popular que fue esa bebida, especialmente entre los políticos e intelectuales, quienes apreciaban sus propiedades analgésicas, estimulantes y antidepresivas. 

SOFROSINA.- ¿De veras?

LEÓN XIII.- ¡Sí, mija, sí! Lo tomaban personajes como el zar Alejandro II, la Reina Victoria de Inglaterra, los presidentes estadounidenses Ulises S. Grant y William McKinley -tan admirado por el arrogante y mentiroso Donald Trump-, José Martí, Julio Verne, Émile Zola, Paul Verlaine, Conan Doyle -el de Sherlock Holmes-, Thomas Edison, Sigmund Freud. Y paro de contar, para no hacerte largo el cuento.

SOFROSINA.- Impresionante galería de celebridades.

LEÓN XIII.- Ah, olvidé decirte que mi sucesor, el piadoso san Pío X, también fue un entusiasta del vino Mariani. Yo, además de prestar mi imagen para varios de sus carteles promocionales, le otorgué a su inventor una medalla de oro con mi efigie, en reconocimiento por todo lo que me había ayudado tan reconfortante bebida. Menos mal que tengo una buena reserva porque ya no se consigue.

LINGUACUTA.- ¿Cómo así?

LEÓN XIII.- Lo prohibieron en 1914, cuando se iban conociendo con más detalle los efectos adictivos y perjudiciales de la cocaína. Por fortuna no me tocó la prohibición. (León sonríe maliciosamente.)

LINGUACUTA.- Como presiento que no vas a darme ni una gota de tu precioso vino, cuéntame algo sobre esa edición de tu Rerum novarum que muestras con tanta satisfacción.

LEÓN XIII.- Es un ejemplar de la primera publicación hecha el 15 de mayo de 1891. Estoy muy satisfecho con esta encíclica porque fue la primera dedicada a la situación de los obreros, convirtiéndose así en una pieza maestra de lo que se llama “doctrina social de la Iglesia”. 

SOFROSINA.- En 1891 ya era hora de que el Papa se pronunciara sobre la justicia social en una época de inmenso progreso técnico, industrial y comercial que llevó, sin embargo, a la concentración de ingentes riquezas en manos de un reducido grupo de industriales y comerciantes.

LINGUACUTA.- Sofro, dicen que el dinero es como el estiércol: no es bueno a no ser que se esparza. Pero el apetito de riqueza es insaciable, sea cual sea el nivel de ingresos ya obtenido. 

LEÓN XIII.- Aunque vivía en el Vaticano, era bien consciente de las miserables condiciones de vida de gran parte del proletariado. Horarios de catorce y dieciséis horas en ambientes malsanos; contratación de niños, incluso a los seis años; inseguridad ante la enfermedad y los accidentes de trabajo; salarios apenas suficientes para mantener no ya una familia, sino una sola persona; subalimentación; alta mortalidad infantil; viviendas insalubres y congestionadas. 

LINGUACUTA.- Los plutócratas me ponen los pelos de punta. Su excesivo respeto al dinero los hace irrespetar todo lo demás.

SOFROSINA.- También le tienen mucho respeto a la “mano invisible” que dizque regula la “economía de mercado”.

LINGUACUTA.- Es una mano invisible que se sirve de puños de plata bien visibles.

LEÓN XIII.- Con mi “toma de distancia” ultratúmbica he podido verificar que el tal “Mercado” -así, con mayúscula- se ha convertido en una divinidad de la Modernidad: es infalible -“el mercado siempre tiene la razón”; omnisciente -“el mercado prevé que…”-; omnipotente -“el mercado lo gobierna todo”-; omnipresente -“fuera del mercado no hay salvación”- y autorregulado -gracias a su “mano invisible”-.

LINGUACUTA.- Tienes un ojo ducho para descubrir ídolos.

SOFROSINA.- León, ante la triste situación del proletariado a la que te acabas de referir, Marx y Engels publicaron en 1848 el Manifiesto del Partido Comunista. ¡Eso fue cuarenta y tres años antes de tu Rerum novarum

LEÓN XIII.- No puedo negar que los católicos, salvo excepciones, tomaron conciencia de la gravedad de la cuestión social con cierto retraso. 

LINGUACUTA.- ¿Qué les pasó?

LEÓN XIII.- Tengan en cuenta que, por aquel entonces, en el mundo católico se desarrollaron dos tendencias que subsistían la una junto a la otra. Por un lado, encontramos la exhortación a la resignación, a la paciencia, a la aceptación de la pobreza y al reconocimiento de su valor religioso, acompañada de una acción limitada al nivel caritativo, que rechazaba como subversivo todo intento de modificar las estructuras del “orden establecido”. 

LINGUACUTA.- Los oigo decir: “A los pobres los tendréis siempre entre vosotros”.[1]

LEÓN XIII.- Por otra parte, también se fue dando en algunos sectores católicos una lenta maduración que llevó de la concepción caritativa y asistencial a una labor de “acción social” que en un principio fue muy paternalista, pero que pasó gradualmente y no sin dificultades, al reconocimiento de los derechos de los obreros y a la aceptación de la defensa colectiva de tales derechos. Las experiencias y reflexiones desarrolladas en esos sectores católicos las recogí en la Rerum novarum.

SOFROSINA.- En resumidas cuentas ¿qué propones en ella?

LEÓN XIII.- Te la resumo en cuatro puntos. Primero, queda ratificado el derecho natural a la propiedad privada, pero se subraya también su función social. Segundo, se atribuye al Estado la obligación de promover la prosperidad pública y privada, pero se le señalan a la acción estatal -que debe tener siempre un carácter subsidiario- límites que no puede ultrapasar. Tercero, a los obreros se les recuerdan sus deberes en relación con los patronos, pero queda claro que tienen derecho a un salario justo que les asegure un tenor de vida humano. Cuarto, se condena la lucha de clases, pero se reconoce a los obreros el derecho a asociarse para defender sus intereses, lo cual abrió las puertas a la organización de sindicatos católicos.

LINGUACUTA.- Me parece que tu encíclica no fue solamente oportuna sino también un tanto oportunista pues fue una manera de hacerle frente a la descristianización de las masas trabajadoras atraídas por las ideas socialistas.

LEÓN XIII.- Por supuesto que, como Papa, me preocupaba esa descristianización, pero también, como cristiano, me preocupaba la indigna situación del proletariado. Dicho sea de paso, la encíclica se conoce por sus dos primeras palabras en latín –Rerum novarum-, pero su título es De conditione opificum -Sobre la situación de los obreros-.

SOFROSINA.- Reconozco que tu encíclica tuvo un efecto profundo en la Iglesia católica. En esa época, su apoyo a los sindicatos de trabajadores, a un salario justo y a condiciones de vida dignas para los obreros fue visto como radicalmente izquierdista. 

LEÓN XIII.- En esa obra maestra que es el Diario de un cura rural, las palabras que Georges Bernanos pone en boca de un viejo párroco, evocan perfectamente el eco que suscitó la encíclica, al menos en los espíritus más abiertos. Escúchenlas: “La encíclica Rerum novarum. Tú la lees tranquilamente como si fuera una pastoral cualquiera de cuaresma. Entonces, pequeño mío, sentimos cómo temblaba la tierra debajo de nuestros pies. ¡Qué entusiasmo! Una idea tan simple como la de que el trabajo no es una mercancía sometida a la ley de la oferta y la demanda, que no se puede especular con los salarios ni con la vida de los hombres como con el trigo, el azúcar o el café, eran cosas que turbaban las conciencias. Por explicarlas desde el púlpito, me tomaron por socialista.”

SOFROSINA.- Lo mismo me sucedió, y le sigue sucediendo a muchos.

LEÓN XIII.- La lucha es de nunca acabar.

LINGUACUTA.- Pero no hay que cejar, “porque -como dijo el poeta- después de todo he comprobado / que no se goza bien de lo gozado / sino después de haberlo padecido. / Porque después de todo he comprendido / que lo que el árbol tiene de florido / vive de lo que tiene sepultado”.

León, conmovido, levantó su botella de vino Mariani y exclamó: Sursum corda.[2]

Sofro y Linguacuta respondieron: In sæcula sæculorum.[3]


[1]   Marcos 14,7; Mateo 26,11.

[2]   Arriba los corazones.

[3]   Por los siglos de los siglos.

Rodolfo Ramón de Roux

Mayo, 2025

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Desde el ultratúmbico “Panóptico Sideral” observaban -unos con curiosidad, otros con devoción- las ceremonias vaticanas en torno a la elección de León XIV, el 8 de mayo de 2025.

SOFROSINA.- Dinos, Francisco, tú que estás familiarizado con esos quehaceres ¿cómo ves todo esto “desde la barrera”?

FRANCISCO.- Con gran sosiego. Te añado que, aunque no soy amante del boato, me emociona la solemnidad de esta liturgia. ¿Viste que a León se le aguaron los ojos cuando se dirigió a la muchedumbre en delirio desde el balcón de la Basílica de san Pedro?

SOFROSINA.- ¡Ah!, la liturgia. Ella es el protocolo del poder religioso.

LINGUACUTA.- Y el protocolo es la liturgia del poder político. 

CELESTINO V.- (Enjuto como un alambre por sus prolongados ayunos). Cuando observaba el desfile de 133 cardenales de todo el mundo que entraban en solemne procesión a la Capilla Sixtina no pude sino pensar en aquel conclave que -para mal de mis pecados- me eligió como Papa el 5 de julio de 1294.

SOFROSINA.- ¿Cómo así que “para mal de tus pecados”?

CELESTINO V.- No quiero aburrirlas con los intríngulis de la Santa Sede en aquel entonces.

LINGUACUTA.- Tranquilo, que no tenemos nada mejor que hacer. 

Celestino cerró los ojos y suspiró profundamente. Temimos que fuera a empezar una larga digresión, pero fue breve.

CELESTINO V.- En 1292, tras la muerte de Nicolás IV, la Iglesia se quedó sin Papa un período de dos años y tres meses debido a la división del colegio cardenalicio en dos facciones encabezadas por las ambiciosas e intrigantes familias romanas Colonna y Orsini.

LINGUACUTA.- No es moco de pavo elegir un sucesor en el trono pontificio.

CELESTINO V.- Lo increíble fue que, para salir de aquel punto muerto, me eligieron a mí, un anciano de casi ochenta años, dedicado a rezar y a vivir en una cueva en los montes de Majella, a donde fueron a buscarme y presionarme para que aceptara ser Papa.

SOFROSINA.- Imagino que para alguien más inclinado a la piedad que a las intrigas fue meterte en camisa de once varas.

CELESTINO V.- (Respondiendo serenamente). Por supuesto. No tenía la menor idea de cómo gobernar la compleja maquinaria de poder en la que se había convertido la Iglesia del humilde pescador de Galilea.

LINGUACUTA.- ¿En qué terminó el asunto?

CELESTINO V.- Mal. A los cinco meses y nueve días terminé renunciando al cargo. 

SOFROSINA.- Me dicen que tu pontificado ha sido el segundo más breve en la historia de la Iglesia. 

CELESTINO V.- Me ganó Albino Luciani, el llamado Juan Pablo I, quien murió treinta y tres días después de ser elegido Papa.

FRANCISCO.- La paradoja fue que a Juan Pablo I lo sucedió Juan Pablo II, cuyo pontificado ha sido el segundo más largo de la historia: 26 años, 5 meses y 18 días. 

LINGUACUTA.- ¡Válgame Dios!

CELESTINO V.- Que yo sepa, después de mi renuncia sólo ha habido otra voluntaria, la de Benedicto XVI, más conocido como Joseph Ratzinger.

FRANCISCO.- Bravo, Celestino: estás presente en dos récords pontificios.

CELESTINO V.- Hubiera preferido no estarlo.

FRANCISCO.- Pero si Petrarca te elogió en el De vita solitaria.

CELESTINO V.- Sí, pero Dante se me vino encima. El florentino, en su Divina Comedia, en el Canto III del Infierno, me colocó entre los indolentes y me juzgó duramente en los famosos versos: vidi e conobbi l’ombra di colui/che fece per viltade il gran rifiuto (“vi y reconocí la sombra de quien, por cobardía, hizo la gran renuncia”).

CONSTANTINO CAVAFIS.- (Con mucho aplomo). No estoy de acuerdo con Dante. Hay que tener fuerza y valor para decir “No” cuando los demás esperan lo contrario. Por eso escribí mi poesía “Che fece… Il gran rifiuto“.

SOFROSINA.- Observo que citas el verso de Dante, pero suprimiendo dos palabras fundamentales: “per viltade”. 

CONSTANTINO CAVAFIS.- Porque decir “No”, renunciar, no es necesariamente algo que se haga por cobardía. Se requiere entereza para decir “No” si te lo dictan la razón y el corazón aun a sabiendas de que te llamarán cobarde, pusilánime e incluso egoísta. 

LINGUACUTA.- Recítanos tu poesía.

CONSTANTINO CAVAFIS.- (Muy serio). A algunos hombres les llega un día/en que deben decir el gran SÍ o el gran NO./ De inmediato se revela quién tiene preparado en su interior el SÍ,/ y diciéndolo avanza en su estima y convicción./ Pero aquél que rehusó no se arrepiente./ Si otra vez le preguntaran, diría de nuevo: NO./ Y sin embargo lo agobia aquel NO -aquel correcto NO- toda su vida.

CELESTINO V.- Yo dije “No” alegando tres razones: enfermedad, falta de conocimientos y el deseo de retornar mi vida de ermitaño.

BONIFACIO VIII.- (Arrogante y luciendo una imponente tiara papal). Diez días después de tu renuncia se reunió el conclave que, en un sólo día de deliberaciones, me eligió Sumo Pontífice, a mí, cardenal Benedetto Gaetani, de noble familia. 

CELESTINO V.- Sólo deseaba volver a mi cueva y a mis oraciones, pero temiste que un hombre tan ingenuo como yo se convirtiera en un instrumento en manos de tus opositores y llegara a provocar un cisma.

BONIFACIO VIII.- Por eso ordené encerrarte bajo llave en el castillo de Fumone. Así te saqué de la circulación.

CELESTINO V.- Y de manera definitiva, pues en Fumone estuve encarcelado hasta mi muerte, ocurrida diez meses después. 

BONIFACIO VIII.- No lo lamento. Eras demasiado espiritual y manso para dirigir la barca de San Pedro.

LINGUACUTA.- A la que convertiste en avasallador acorazado cuando expediste la bula Unam Sanctam afirmando solemnemente que “fuera de la Iglesia no hay salvación (extra Ecclesiam nulla salus) ni remisión de pecados”, para rematar con el “declaramos, proclamamos y definimos que es absolutamente necesario para la salvación que toda criatura humana esté sometida al Romano Pontífice.” 

SOFROSINA.- Consolidaste así la teocracia papal que se venía desarrollando desde tiempos de Gregorio VII e Inocencio III, quien en 1209 llamó a la sangrienta cruzada contra los cátaros en el sur de Francia. 

BONIFACIO VIII.- ¿Y qué quieren? Existe una sola Iglesia y fuera de ella no hay salvación posible. Su cabeza es Cristo, que obra a través del Papa. La Iglesia usa directamente el poder espiritual y delega el civil en los monarcas, que deben usarlo siguiendo las directrices de la Iglesia. El poder papal puede juzgar al poder político, pero nadie, salvo Dios, puede erigirse en juez nuestro. Todo aquel que desee preservar su salvación eterna le debe obediencia al Papa. ¡Lean la Unam Sanctam!

LINGUACUTA.- Te voy a regalar los documentos del Concilio Vaticano II para que moderes tu opinión.

BONIFACIO VIII.- ¡Qué cuento de “opinión”! Es la verdad monda y lironda, pues yo lo dije y el Papa es infalible cuando proclama un dogma. Los que no hagan caso de mi Unam Sanctam van a llorar y a crujir de dientes por toda la eternidad.

LINGUACUTA.- (En voz baja, como quien no quiere la cosa). Pues ya estoy en Ultratumba y no me ha pasado nada. 

BONIFACIO VIII.- ¡No estoy dispuesto a tolerar eso!  Acércate, mocosa, para que degustes un soberano baculazo. 

LINGUACUTA.- (Con fingido temor). ¡Será como tú digas! ¡Será como tú digas! 

CELESTINO V.- (En tono conciliador). Calma, Bonifacio. 

BONIFACIO VIII.- (Agitando su báculo para dar más énfasis a su indignación). ¡Qué flema tienes, Celestino! 

CELESTINO V.- A quien no le guste la flema, le falla la economía de las pasiones.

FRANCISCO.- No puedes negar, Bonifacio, que contribuiste a alimentar muchos y amargos futuros enfrentamientos con los señores de este mundo por cuestiones de poder, y no precisamente espiritual.

LINGUACUTA.- Pensar que Jesús le dijo a Pilato: “Mi Reino no es de este mundo”. 

CELESTINO V.- (Con la conversación a punto de desmadrarse). No vale la pena enzarzarnos en una amarga discusión. Ya estando en Ultratumba ¡para qué hacernos mala sangre! (Bonifacio se sumió en un silencio malhumorado).

FRANCISCO.- Mejor sigamos viendo la solemne liturgia que está presidiendo León XIV, digno miembro de la Orden de San Agustín.

AGUSTÍN DE HIPONA.- Espero que promueva mi Dilige, et quod vis fac. (Ama y haz lo que quieras).

Rodolfo Ramón de Roux

Mayo, 2025

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Pasado el efímero momento de su vida terrenal -en el que amó y fue amado, pero también vilipendiado- Jorge Mario Bergoglio comenzó el 21 de abril de 2025 a disfrutar en Ultratumba de la paz que otorga poseer definitivamente la más total y perfecta indiferencia a elogios y reproches. Indiferencia a la cual se había comenzado a entrenar desde joven, bajo la guía de Ignacio de Loyola, complementándola luego con las enseñanzas de Francisco de Asís, cuyo nombre adoptó en los últimos doce años de su vida como Papa.

Ya bien aclimatado en su nuevo entorno, Francisco se fue a tomar mate con su admirado paisano Jorge Luis Borges. En medio de dimes y diretes, el vidente ciego le dijo con cariño: “Oí, Francisco, acabaron para vos los ritos de la muerte y las endechas, comenzás ahora tu paulatino camino hacia el olvido”. 

FRANCISCO.- Bien dijiste que todos vamos hacia el olvido, solo que algunos llegan más rápido. Espero, sin embargo, que no olviden mi prédica insistente de que “el nombre de Dios es misericordia” -título de mi primer libro como Papa- y también que exalté la alegría del amor. 

BORGES.- (Agudo como siempre). ¿No será tu fe la esperanza en el triunfo del amor?

FRANCISCO.- Sí, pero si se trata del amor divino misericordioso y de un amor humano sólido, como expuse en mi exhortación apostólica Amoris laetitia.

BORGES.- La leí,  y encuentro que en ella, por contraposición, aludes al “amor líquido” que analizó el amigo Zygmunt Bauman, a quien tengo el gusto de presentarte: “Acercate, Zygmunt, que Francisco no muerde”.

FRANCISCO.- Gusto en conocerte personalmente, Zygmunt. Encontré útiles tus análisis sobre cómo en la llamada Modernidad -cuando supuestamente iba a ser posible dejar atrás los temores que dominaron la vida social del pasado, hacernos con el control de nuestras vidas y someter las fuerzas descontroladas de la Naturaleza y de la sociedad- el mundo ha experimentado un estado de ansiedad constante por los peligros que pueden azotarnos sin previo aviso, ya se trate de convulsiones sociales, desastres naturales, catástrofes medioambientales o cualquier inesperado virus capaz de poner de rodillas a la humanidad globalizada.

ZYGMUNT BAUMAN.- A este periodo de gran incertidumbre lo he llamado “modernidad líquida”, pues la metáfora de la liquidez expresa bien la actual inconsistencia de las relaciones humanas en diferentes ámbitos. 

Linguacuta y Sofrosina que se han encariñado con Francisco y no cesan de hacerle carantoñas, no se aguantaron y metieron su cucharada.

LINGUACUTA.- Me parece que las redes sociales alimentan la tal modernidad líquida, ya que permiten que la gente se conecte y desconecte muy fácilmente: basta un simple clic para construir un puente o para levantar un muro con los demás.

SOFROSINA.- Observo, además, que los cambios demasiado rápidos y constantes en esa sociedad líquida generan una angustiosa incertidumbre. Muchísimas personas se sienten incapaces de seguir el ritmo vertiginoso de los acontecimientos.

LINGUACUTA.- Y ven con ansiedad su futuro profesional o el de sus hijos en un mundo altamente competitivo y “desregulado” donde las nuevas condiciones laborales favorecen el individualismo y el egoísmo.

ZYGMUNT BAUMAN.- Otra de las problemáticas que presenta la modernidad líquida es la dificultad de construirse a sí mismo como sujeto. Eso exige mucho tiempo y se apoya en tradiciones y creencias que funcionan como un eje estructurante en la vida de un individuo. Pero las instituciones religiosas, políticas y sociales que sustentaban los tradicionales valores y creencias han perdido mucho de su antigua solidez, causando fragilidad y desarraigo en las personas, como analicé en mi escrito Vida líquida.

FRANCISCO.- Me preocupa sobremanera cuán afectadas han sido las relaciones humanas por esa modernidad líquida. Más que el “amor al prójimo” del teocentrismo cristiano o el “amor al hombre” del antropocentrismo, se difunde ahora el “temor al extraño”: a los refugiados, a los inmigrantes, a los marginados, a los pobres. Como en la esfera comercial ‒que todo lo abarca‒ las relaciones humanas se miden en términos de costos y beneficios, de conveniencia personal. Se ha extendido a las relaciones humanas la idea del “use y bote” que nos ha legado el consumismo. 

LINGUACUTA.- A la rápida obsolescencia de las cosas ha seguido la rápida obsolescencia de las relaciones humanas. 

ZYGMUNT BAUMAN.- Pues en la modernidad líquida la vida es una sucesión de nuevos comienzos e incesantes finales. 

FRANCISCO.- En la relación de pareja el “amor sólido” del “hasta que la muerte nos separe” ha recibido un duro golpe. La paradoja es que el no querer ataduras para no perder la libertad individual lleva a situaciones de gran soledad y depresión.

BORGES.- Me encantó -aunque soy agnóstico- que vieras a la Iglesia como “un hospital de campaña” que cura y sana heridas.

SOFROSINA.- Y que les dijeras a los católicos que la Iglesia debe ser un lugar de refugio y de consuelo para todos los vapuleados por la vida. 

LINGUACUTA.- Aplaudo el que, a contravía de la tendencia a convertir al cristianismo en una moral del pecado, insististe en que “el nombre de Dios es misericordia”, tal como nos dijiste hace un momento. 

FRANCISCO.- En la Amoris laetitia pedí que en cuestiones de moral sexual y familiar hubiera menos rigidez doctrinal, más discernimiento y escucha. Que obispos y curas nos dejáramos interpelar por la complejidad de las situaciones humanas con “nuestra conciencia del peso de las circunstancias atenuantes –psicológicas, históricas e incluso biológicas-”. [1]

SOFROSINA.- Ahí salió a flote tu formación casuística jesuita.

BORGES.- Además, cosa insólita por parte de un papa, apelaste a la libertad de conciencia de los matrimonios y de las personas, que deben discernir y decidir, ante Dios, lo que pueden hacer en sus vidas.[2]

FRANCISCO.- Pues “nosotros [es decir, el magisterio eclesiástico] estamos llamados a formar las conciencias, pero no a pretender sustituirlas”.[3]

LINGUACUTA.- Ese fue un golazo pastoral.

SOFROSINA.- Expresión de esa nueva actitud por parte de un Papa fue tu sonada declaración: “Si una persona es gay y busca al Señor, y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarla?”.

FRANCISCO.- En la medida de lo posible traté de ser “incluyente” con los homosexuales, los bautizados divorciados y las mujeres en puestos importantes dentro de la Iglesia.

LINGUACUTA.- Sin embargo, mantuviste la tradición católica oponiéndote al ordenamiento de mujeres como sacerdotes.

SOFROSINA.- Pero tenemos que reconocer, Linguacuta, que Francisco realizó cambios que abrieron varios roles de liderazgo a las mujeres dentro de la Iglesia.

FRANCISCO.- No es por dármelas pero fui el primer Papa que incluyó mujeres en el organismo de setenta miembros que selecciona a los obispos y en el consejo de quince miembros que supervisa las finanzas del Vaticano. 

SOFROSINA.- Y pocas semanas antes de morir nombraste a una monja italiana, Raffaella Petrini, como presidenta de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano. 

FRANCISCO.- También nombré hace poco a Simona Brambilla como Prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Sepan, amigas, que en el Vaticano es la primera mujer en ser nombrada Prefecta. Tener a una mujer en un lugar donde antes había un cardenal es algo importante.

LINGUACUTA.- Pero a algunos -y algunas- (Linguacuta guiña un ojo) les pareció que en tus reformas de la Iglesia te quedaste a mitad de camino.

FRANCISCO.- A otros -y otras- (Francisco le devuelve el guiño) les pareció que fui demasiado lejos y hasta me calificaron de “antipapa”. Las críticas que recibí se debían a las expectativas irrealistas que tenían muchos. La Iglesia es muy variopinta y no podía arriesgarme a que se produjera un cisma.

SOFROSINA.- Por otra parte, aunque es comprensible que no lo digas, no podías contradecir abiertamente lo que habían afirmado tus inmediatos antecesores sobre moral sexual y sobre el sacerdocio femenino.

LINGUACUTA.- Contradecirlos hubiera sido serruchar la rama de la autoridad papal, sobre la que estabas sentado. 

SOFROSINA.- No sé como podrán en el Vaticano liberarse de las cadenas dogmáticas que se han echado al cuello por tanto hablar en tono pontificio: solemne y decisivo.

FRANCISCO.- Incisivas están, amigas mías. Menos mal ya me gané un merecido Requiescat in pace. 

SOFROSINA.- Hiciste lo que pudiste. Y no fue poco.

LINGUACUTA.- Yo también hice lo que pude. Y fue bien poco.

FRANCISCO.- Ya no es hora para lamentarse. Mejor vayamos a tomar mate con los viejas estrellas del San Lorenzo de Almagro. Vení Borges. Vos también, Zygmunt.

Rodolfo Ramón de Roux

Mayo, 2025


[1] Amoris laetitia, cap. 8: “Acompañar, discernir e integrar la fragilidad”.

[2] Idem, n° 296-300 y 303

[3] Idem, n° 37

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Visitando el ultratúmbico y luminoso Museo-Memorial “Gigantes de la Humanidad”, Sofrosina y Linguacuta entablaron el siguiente diálogo.

SOFROSINA.- ¿Has visto cómo cada nueva generación culpa a la anterior de todos los males del presente y promete redención? 

LINGUACUTA.- Sin embargo, a medida que envejece, aprende que no hay paraíso sin serpiente ni sociedad sin delincuentes.

SOFROSINA.- Mientras lo aprende, la joven generación piensa que ha heredado todos sus problemas y los éxitos los atribuye a su propio esfuerzo.

LINGUACUTA.- No hay mirada más ingrata que la de una generación que mira a la anterior. 

SOFROSINA.- El agradecimiento es la memoria del corazón, pero los humanos tienen la memoria flaca y el corazón arrítmico.

LINGUACUTA.- Si agradecimiento es lo que buscamos, lo mejor es comprar un perro.

SOFROSINA.- Fácilmente se olvida que los logros del hoy van a cuestas de los trabajos del ayer.

ORTEGA Y GASSET.- En mi ensayo “En torno a Galileo”, al hablar de la sucesión de generaciones, dije que los hombres -hoy añadiría a las mujeres- están unos sobre los hombros de los otros, y el que está arriba tiene la impresión de dominar a los demás, pero al mismo tiempo debería darse cuenta de que es su prisionero.

JUAN DE SALISBURY.- Glosas lo que dije cuando escribí, en 1159, que mi maestro Bernardo de Chartres solía compararnos con enanos encaramados sobre hombros de gigantes: nos esse quasi nanos gigantium humeris insidentes.Añadió Bernardo que “vemos más lejos que ellos, no por nuestra estatura o nuestra agudeza visual, sino porque, al estar sobre sus hombros, estamos más altos que ellos”.

ISAAC NEWTON.- (Saboreando una manzana). Para el siglo XVII esa idea se había convertido en un lugar común. Yo mismo contribuí a popularizarla cuando, en 1675, escribí que “si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes”. 

BERNARDO DE CHARTRES.- (Sonriendo de oreja a oreja). Me encanta que la expresión siga de moda. Observen que actualmente el muy conocido y útil Google Académico tiene como lema: “A hombros de gigantes”.

ROBERT K. MERTON.- Le seguí la pista a los orígenes de ese aforismo en mi libro On the Shoulders of Giants, al que Umberto Eco le hizo una brillante introducción.

UMBERTO ECO.- (Dándole a Merton una palmadita en el hombro). Gracias, Robert. El elogio de los más antiguos es el gesto mediante el cual los innovadores van a buscar las razones de la propia innovación en una tradición que se ha olvidado.

ROBERT K. MERTON.- Gesto que era muy común en la Edad Media europea, cuando se formula ese “a hombros de gigantes”.

UMBERTO ECO.- En la Edad Media era normal que si alguien presumía de decir algo importante se apoyara en una auctoritas anterior, hasta el punto de que, si se sospechaba que la auctoritas no sostenía la nueva idea, se procedía a manipular su testimonio, porque la auctoritas, como decía Alain de Lille en el siglo XII, tiene nariz de cera.

ROBERT K. MERTON.- Por otra parte, eso de que vamos a hombros de gigantes y vemos más lejos y mejor que ellos es una metáfora espacial que sobreentiende que vamos avanzando, generación tras generación. 

UMBERTO ECO.- No olvidemos que la historia, como movimiento gradual hacia el futuro, desde la Creación hasta la Redención, y de esta al retorno de Cristo triunfante, es una invención de los llamados “Padres de la Iglesia”, de modo que, guste o no guste, sin cristianismo (aunque sobre los hombros del mesianismo judío), ni Hegel ni Marx habrían podido hablar de lo que Giacomo Leopardi llamó escépticamente “suertes graduales y magníficas”.

SOFROSINA.- El “avance de generación tras generación” es azaroso, porque ninguna está compuesta exclusivamente por gigantes… y aun ellos dicen y hacen estupideces de vez en cuando.

LINGUACUTA.- Además hay mucho enano que desaprovecha ir a hombros de gigantes.

SOFROSINA.- Por eso la humanidad no avanza como una flecha sino en zig zag, y aun puede pasar de Guatemala a Guatepeor.

LINGUACUTA.- En este momento miro hacia la Tierra y me digo: “malos tiempos corren”.

UMBERTO ECO.- Pero tal vez, en la sombra se mueven ya gigantes, que desconocemos todavía, dispuestos a levantar a los enanos.

LINGUACUTA.- (Con tono irónico). También puede tratarse de más enanos dispuestos a treparse sobre otros enanos.

SOFROSINA.- Para levantarte el ánimo te cuento que acaba de salir el tomo cuarto de los “Diálogos de Ultratumba” con algunos gigantes que nos precedieron.

LINGUACUTA.- Me encantan esos diálogos. Son un lugar de intercambio de ideas, experiencias y agudezas, no de dogmas ni de verdades definitivas. 

SOFROSINA.- En este último tomo hay animadas conversaciones sobre el discutible libre albedrío, la escurridiza felicidad, la búsqueda de sabiduría, el necesario ocio creador, lo serio que es reír, el “leño nudoso de la humanidad” que dificulta la creación de un “hombre nuevo”, la condición humana -“ni ángeles ni bestias”-, la útil anticipación de los infortunios mediante la práctica estoica de la “praemeditatio malorum“, el transformar las dificultades en oportunidades y los fracasos en beneficios, los inquietantes sueños del transhumanismo, los límites del progreso, los desbordes de la intolerancia religiosa, la insidiosa mentira en política, y la resistencia a toda forma de dominación. 

LINGUACUTA.- Es indudable que mucho ilustre difunto está requetevivo y continúa interpelando con lucidez. 

SOFROSINA.- No lo dudes, la historia humana es una crónica del eterno presente. Además, como dice Agustín de Hipona, los que amamos y perdimos ya no están donde estaban, pero están donde estamos: Non sunt ubi erant sed sunt ubi sumus.

LINGUACUTA.- ¿Dónde encuentro el librito?

SOFROSINA.- Pregúntale al doctor Google por “Diálogos de Ultratumba”, o búscalos directamente en Amazon. 

LINGUACUTA.- Gracias, querida. Ojalá los encuentre.

Rodolfo Ramón De Roux

Abril, 2025

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En el ultratúmbico Observatorio de Riesgos Globales se encienden las alarmas sobre la situación del planeta Tierra que se acerca a los “puntos de inflexión climáticos”, sin estar suficientemente preparado para el desencadenamiento de cambios medioambientales potencialmente irreversibles. A ello se suman un panorama geopolítico explosivo, los desafíos de cambios tecnológicos acelerados, la polarización política con la crisis de las democracias liberales y el auge de los nacionalismos populistas. 

Por otra parte, la IA y las redes de comunicación facilitan la difusión de falsas informaciones que, utilizadas por actores malintencionados, aumentan las divisiones políticas y socavan la confianza ciudadana. Reflexionando sobre tales problemas se entabló el siguiente diálogo.

EMIL CIORAN.-  Tan pronto mis pensamientos se dirigen al hombre, los invade la piedad. 

SOFROSINA.- Es un ingrato aprendizaje que no somos tan racionales como pensamos serlo. 

LINGUACUTA.- Tampoco somos inofensivos. Como me dijo Nerón, lo peor de las atrocidades del circo romano es que los demás no son mejores que los romanos. 

PICO DELLA MIRANDOLA.- (Meditabundo y cabizbajo) Observo las locuras que están haciendo los humanos y me entristezco. Junto con Petrarca, Boccaccio, Leonardo da Vinci, Erasmo, Rabelais y muchos otros llamados “humanistas” rehabilitamos el poder de la educación y de la razón para comprender el mundo, y  albergamos la esperanza de que el hombre podía mejorarse a sí mismo y hacer más feliz su existencia sobre la Tierra. 

SOFROSINA.- Esa visión del hombre como artífice de sí mismo y centro del universo está magníficamente expuesta en tu Discurso sobre la dignidad del hombre, especie de “Manifiesto” del humanismo renacentista.

PICO DELLA MIRANDOLA.- Al inicio del Discurso puse en boca de Dios la declaración siguiente: “¡Oh Adán!, no te he dado ni rostro, ni lugar alguno que sea propiamente tuyo, ni tampoco ningún don que te sea particular, con el fin de que tu rostro, tu lugar y tus dones seas tú quien los desee, los conquiste y de este modo los poseas por ti mismo. La Naturaleza encierra a otras especies dentro de unas leyes por mí establecidas. Pero tú, a quien nada limita, por tu propio arbitrio, entre cuyas manos yo te he entregado, te defines a ti mismo. Te coloqué en medio del mundo para que pudieras contemplar mejor lo que el mundo contiene. No te he hecho ni celeste, ni terrestre, ni mortal ni inmortal, a fin de que tú mismo, libremente, a la manera de un buen pintor o de un hábil escultor, remates tu propia forma”.

SOFROSINA.-  Y añadiste con gran optimismo:  “No hay nada más admirable en el mundo que el ser humano”. 

LINGUACUTA.- Ese humanismo que exalta la centralidad del hombre -pues a las mujeres nos dejaron en segundo plano- y que proclama la confianza en su progreso universal es una visión idealista de la historia. 

THOMAS HOBBES.- (En tono pesimista) Pico, tus intenciones y las de tus amigos humanistas eran nobles, pero temo que el hombre ha sido y seguirá siendo un lobo para el hombre. 

FLAVIO VEGECIO.- (Mostrando su De re militari) Por eso ha tenido tanto éxito mi advertencia de que quien quiera la paz prepare la guerra: si vis pacem para bellum.

CHARLES DARWIN.- Por otra parte mi teoría de la evolución de las especies le bajó los humos a la visión del humano como centro del universo y medida de todas las cosas.

SIGMUND FREUD.-  Y ni hablemos de las pulsiones inconscientes que condicionan su limitada racionalidad.

LINGUACUTA.- Es difícil confiar en la racionalidad humana tras las locuras de dos guerras mundiales. Y pensar que se vislumbra otra.

ALBERT EINSTEIN.- (Irónico) No sé con qué armas se peleará la tercera, pero la cuarta será con palos y piedras.

MICHEL FOUCAULT.- (Con las manos puestas sobre su cráneo, más pelado que un huevo). El hombre como dueño de su propio destino nunca ha sido más que un espejismo y el progreso una ilusión. Por eso dije que era posible proclamar la muerte del humanismo. 

SOFROSINA.- Puede que peque por ingenua, pero me parece precipitado anunciar esa muerte. Ahora, más que nunca, los humanos deben sentirse responsables de sí mismos y del futuro de su entorno. ¿Cómo, pues, no ser humanistas?

LINGUACUTA.- Estoy de acuerdo, siempre y cuando el humanismo no sea un elogio simplista de lo humano y una ingenua fascinación por sus poderes. 

PICO DELLA MIRANDOLA.- El humanismo desarrolló la convicción de que el hombre es un ser invitado a superarse porque llevamos dentro no sólo el deseo, sino también la capacidad de ir cada vez más allá de nosotros mismos. 

JULIEN HUXLEY.- (Muy ufano, como primer director de la UNESCO). La paradoja de la condición humana es que está sometida al paso del tiempo y a un universo que la supera, pero al mismo tiempo, está siempre en proceso de descondicionarse de sus múltiples límites con la ayuda de la ciencia y la tecnología. Por eso, ya en 1957, hablé de “transhumanismo”.

LINGUACUTA.- Superarse a uno mismo, pero ¿hasta qué punto? 

JULIEN HUXLEY.-  Esa es la gran pregunta del humanismo contemporáneo ante los inmensos avances de la tecnociencia. 

SOFROSINA.- ¿Seguirá siendo humano el cíborg del mañana, ese «hombre aumentado» cuyo cerebro está conectado a máquinas, cuyo cuerpo está equipado con múltiples prótesis que aumentan su fuerza física y cuyo organismo está genéticamente modificado para proporcionarle una longevidad indefinida? 

LINGUACUTA.- Temo que el humano se convierta en una especie de “Prometeo desencadenado”, con superpoderes que no sabe utilizar sabiamente.

JULIEN HUXLEY.- Necesitará una sabiduría acorde con esos poderes cada vez más desproporcionados. 

LINGUACUTA.- Una sabiduría de moderación dentro de la desproporción.

HANS JONAS.- Urge una reforma de la tradicional ética humanista, estrechamente antropocéntrica.

Los cambios científicos y tecnológicos se han vuelto tan profundos y universales que ahora conciernen a la naturaleza en su conjunto y a la humanidad en su devenir temporal, tanto en lo que se refiere a la evolución de su patrimonio genético, como al futuro de su medio ambiente. 

JUAN JACOBO ROUSSEAU.- Encuentro legítimo cuestionar la premisa de que el hombre es “la maravilla de las maravillas” y que ocupa un lugar central en el Universo pues ha demostrado ser un insensato destructor del medio ambiente. “Oh, Naturaleza, oh madre mía”, clamé más de una vez, extasiado; ahora digo lo mismo, pero con temor.

HANS JONAS.- No podemos condenar los daños causados a la naturaleza, ni declarar que la extinción innecesaria de una especie es un crimen en sí mismo, si no pensamos en dotar a la naturaleza de un valor intrínseco. 

LINGUACUTA.- ¿Este deseo no lleva a romper con el humanismo? 

HANS JONAS.- Al contrario, exige su redefinición. Se trata de un humanismo que reconoce que nuestra humanidad forma parte de la naturaleza y que no estamos por encima de ella. 

SOFROSINA.- Fue lo que expusiste en tu libro “El principio de responsabilidad“.

HANS JONAS.- Exacto. Reconocernos responsables de nuestra humanidad significa ser conscientes del riesgo de que ésta se vea modificada como consecuencia de la acción técnica, bien porque ésta afecta a la naturaleza en general -de ahí la preocupación ecológica-, bien porque afecta directamente a la naturaleza humana modificando su entorno, su patrimonio genético o las condiciones de su nacimiento y muerte. 

SOFROSINA.- Es una responsabilidad para con las generaciones futuras, porque es a ellas a quienes la transformación técnica de la naturaleza humana y de la naturaleza misma puede poner en peligro. 

HANS JONAS.- Por ello considero necesario formular un nuevo imperativo: “Actúa de tal manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de la vida auténticamente humana sobre la tierra”.

LINGUACUTA.- ¡Ya veremos!, como dijo el ciego.

SOFROSINA.- Sobrevive la humanidad en la incertidumbre, pero con muchos vértigos.

LINGUACUTA.-  Así es; lo único que no podemos prever es el futuro (risas), más aún cuando en la “aldea global” los tontos del pueblo tienen amplísima audiencia.

Rodolfo Ramón De Roux

Marzo, 2025

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Las últimas noticias del planeta Tierra informan que Donald ‘Narcissus’ Trump y sus Predator Boys muestran altaneros sus fieros colmillos y se empeñan en modificar agresivamente las relaciones comerciales e internacionales agitando la bandera del “America first”.

Como era de esperar se ha armado la de Dios es Cristo, lo que ha revitalizado las conversaciones en el ultratúmbico Observatorio de Estudios Geopolíticos “Lebensraum“. En una de sus recientes tertulias captamos el siguiente diálogo. 

RONALD REAGAN.- (Con una vistosa camisa de cowboy, sombrero alón y cara muy seria). Donald me tiene preocupado. Su descarada manera empresarial de manejar las relaciones internacionales va a degradar de manera duradera la imagen de mi querida patria.

TRICKY DICKY NIXON (Rascándose la nariz, cada vez más larga, como la de Pinocho).  ¿Y qué me dices de sus mentiras? Ni yo logré decirlas con tanto desparpajo.

RONALD REAGAN.- Él dice que son “verdades alternativas”. 

TRICKY DICKY NIXON.- A otro perro con ese hueso. Es más mentiroso que beso de Judas.

CHARLES DE GAULLE.- Voyez-vous, mientras Donald pueda seguir mintiendo impunemente, el sol seguirá brillando sobre su peroxidado tupé.

JIMMY CARTER.- ¡Qué vergüenza! ¡Qué pensarán nuestros amigos!

CHARLES DE GAULLE.- Jimmy, en la Historia las naciones no tienen amigos sino aliados. Y los aliados no son un matrimonio indisoluble. Mira cómo, para el gobierno de los Estados Unidos, de un momento a otro Ucrania pasó de “agredida” a “agresora”, y Volodímir Zelensky de “heroico luchador por la libertad” a “dictador”.

DON CORLEONE.- (Con voz cavernosa; frotándose el mentón). Cari miei, ni siquiera yo extorsioné tanto por prestar “protección”, como lo quiere hacer Donald con Ucrania reclamando “our money back”, pero de manera más ventajosa que la de un redomado agiotista. ¡Qué ganas le lleva a las “tierras raras” ucranianas!

LINGUACUTA.- Lo mismo que a volver a hacer negocios con ese “gran presidente” que rige con mano de hierro los destinos de Rusia desde hace veinticinco años junto con su banda de sumisos y rapaces oligarcas.

RONALD REAGAN.- ¡No somos mercachifles! ¡Somos combatientes de la libertad! ¿Se acuerdan con cuánto empeño combatí al “Imperio del mal” soviético? 

LINGUACUTA.- Ese combate no fue solo por la libertad sino también por la defensa de los intereses estadounidenses.

RONALD REAGAN.- Defender nuestros intereses es defender la libertad, pues los Estados Unidos han sido especialmente bendecidos y escogidos por Dios para ser faro de democracia y de libertad para el mundo entero.

SOFROSINA.- Ronald, cada vez es más difícil que creamos en tan mesiánico designio.

RONALD REAGAN.- Siento que no lo creas pero hemos sido elegidos por Dios para ser un instrumento salvífico, ese es nuestro expansivo destino manifiesto. Como dijo Donald en su discurso de investidura este 20 de enero de 2025: “Perseguiremos nuestro destino manifiesto hacia las estrellas, lanzando astronautas estadounidenses para plantar la bandera de las barras y las estrellas en el planeta Marte”.

LINGUACUTA.- Y acorde con ese “destino manifiesto” también Donald Narcissus ha planteado que Estados Unidos debe recuperar el control del Canal de Panamá, adquirir Groenlandia y que Canadá se convierta en el estado 51 de la Unión.

NICOLÁS MAQUIAVELO.- (Aplaudiendo con sonrisa socarrona) Ronald, ¡qué belleza de narrativa geopolítica!

RONALD REAGAN.- Me encanta lo que dices, pero no el tono en que lo dices.  

MAQUIAVELO.- Porque se trata de relatos interesados con las cuales los gobernantes de las grandes potencias atribuyen un “apropiado” significado histórico a los acontecimientos contemporáneos

RONALD REAGAN.- Ni bobos que fuéramos para no hacerlo.

MAQUIAVELO.- Lo entiendo perfectamente. Así los mandamases exponen de forma simple y casi visual argumentos que estimulan la movilización de la nación y, si es posible, de una parte de la comunidad internacional. 

LINGUACUTA.- Es, pues, una cuestión de poder. 

HENRY KISSINGER- Por supuesto. Solo un peso pesado puede formular una visión del mundo y utilizarla para construir un marco -ampliamente compartido- de interpretación de las relaciones internacionales.

LINGUACUTA.- Fue lo que sucedió con la llamada “Guerra Fría”. 

HENRY KISSINGER.- Así es. Poco después de la Segunda Guerra Mundial, políticos, analistas y expertos estadounidenses concluyeron que la Unión Soviética se había convertido en una amenaza para los Estados Unidos y, por tanto, para el mundo entero porque un ataque a los Estados Unidos es un ataque a los valores universales representados por esta gran  “nación entre las naciones”.

 
SOFROSINA.- Fue así como la metáfora de la Guerra Fría sirvió para expresar un conflicto global en el que la Libertad, encarnada en la nación estadounidense, se enfrentaba al Totalitarismo. 

HENRY KISSINGER.- El hecho de que esta fuera la narrativa geopolítica dominante en el “Mundo libre” se logró con el poder  militar, tecnológico y económico de Estados Unidos, lo mismo que con el soft power que ejerció a través de sus medios de comunicación, universidades y think tanks.

LINGUACUTA.- Terminó la Guerra Fría y nos salieron con la nueva narrativa de la “Globalización”, bajo la dirección de la “gran nación”, por supuesto.

SOFROSINA.- Pero se asumió con demasiado optimismo que las grandes divisiones bipolares Este-Oeste y Norte-Sur ya no existían y que los asuntos internacionales se estaban organizando en una especie de globalización feliz.

LINGUACUTA.- Poco duró la “globalización feliz”. Por eso surgió la narrativa “altermundialista”.

SOFROSINA.- Narrativa que no cuestiona la idea fundamental de la globalización sino sus desigualdades y disfuncionamientos, de ahí su programa alternativo de regulación y gestión de la globalización.

HENRY KISSINGER.- De todas maneras, en el periodo posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001, revivió el discurso de una confrontación bipolar mundial, ahora entre el “Eje del Bien” -liderado por los Estados Unidos-, y el “Eje del Mal” del  terrorismo islámico.


SOFROSINA.- Esa narrativa geopolítica -dicotómica e idealista- forma parte del discurso de política exterior estadounidense a todo lo largo del siglo pasado XX. 

WOODROW WILSON.-  No lo puedo negar. En 1917 consideré que Estados Unidos no debía entrar en la guerra con la misma mentalidad que Francia o Gran Bretaña, con sus preocupaciones territoriales como imperios coloniales, sino con el único objetivo de defender un ideal de libertad frente a la tiranía alemana.

FRANKLIN D. ROOSEVELT.- Y, cuando en 1942 entramos a la Segunda Guerra Mundial, me referí al deber de los Estados Unidos, como patria de la libertad, de oponerse al fascismo.


HARRY TRUMAN.- En 1947, volví a hablar de la misión de Estados Unidos, de luchar sin tregua contra los enemigos de la libertad, esta vez representados por el totalitarismo comunista.

SOFROSINA.- Pero con Donald Narcissus ya estamos oyendo una nueva narrativa, la del America first. Y al parecer, para lograr su America Great Again lo que prima no es la defensa de ideales planetarios de libertad y democracia sino los intereses socioeconómicos nacionales, y la disputa por el control de los recursos de la Tierra en un contexto de crisis ecológica y creciente poderío de China.

TRICKY DICKY NIXON.- Qué ironías las de la Historia: en 1972 comencé el acercamiento con la China comunista para combatir más fácilmente a la Unión Soviética, que era entonces nuestro principal enemigo. Ahora Donald quiere arreglar las relaciones con Rusia para poder enfrentar en mejores condiciones a China, pues se creció el enano.

HENRY KISSINGER.- Esos chinos son muy listos. Desde el lanzamiento de su “Iniciativa de la Franja y la Ruta” en 2013 han construido un discurso que caracteriza ese proyecto como un bien público global que busca unificar y brindar  beneficios a los países miembros, resolver problemas mundiales y evitar un conflicto entre grandes potencias. 

SOFROSINA.- Así transmiten que los chinos son los buenos de la historia mundial en curso. 

LINGUACUTA.- Todos esas grandes potencias que alaban su dimensión “benefactora” se han construido con ambición, fuerza, y amor por las fronteras y las riquezas ajenas.

SOFROSINA.- Incluido el “Destino manifiesto”, cuyas luces esconden sombras, y no pocas.

LINGUACUTA.- ¡Cuántos cuentos nos han echado!

SOFROSINA.- No olvides que en la vida, y particularmente en política -incluida la internacional- uno se topa con más máscaras que rostros. Como dice el amigo León Felipe: “la cuna del hombre la mecen con cuentos, los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, el llanto del hombre lo taponan con cuentos, los huesos del hombre los entierran con cuentos”.

Quid putas, Putin?

Rodolfo R. de Roux

Marzo de 2025

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Desde la entronización de Uncle Donald hay un ambiente muy animado en el bar “Uncle Sam”, donde se liba en abundancia el nuevo coctel “Delirium Trump”. A quien tome un par de copas se le regala una camiseta con el mantra “America first” y la imagen del nuevo mesías de piel color naranja, mirada arrogante y rostro desafiante. 

También se reparten en el “Uncle Sam” camisetas con el MAGA del “Make America Great Again”, como las que ostentan eufóricos William McKinley y Theodore “Teddy” Roosevelt, quienes andan como un par de pavos reales desde que el Tío Donald los mencionó en su discurso de investidura presidencial. 

T. ROOSEVELT.- (Dirigiéndose a McKinley) Te vi muy contento cuando en su discurso de posesión Donald dijo: “devolveremos el nombre de un gran presidente, William McKinley, al monte McKinley”.

W. McKINLEY.- A esa montaña, la más alta de Norteamérica, le quitó mi nombre el tal Obama y le volvió a poner “Denali”. Le agradezco a Donald rebautizarla solamente tres días después de haberse posesionado.

T. ROOSEVELT.- ¡Cambia el poder, cambian  las estatuas y los nombres de lugares públicos! A eso le llaman ahora “cancel culture”, pero es una costumbre tan vieja como el ejercicio del poder. ¿Oíste que Donald también va a rebautizar el Golfo de México y le va a poner “Golfo de América”?

W. McKINLEY.- (Sonriendo burlonamente)  Pero que deje bien claro que “América” se refiere exclusivamente a nuestra expansiva república.

T. ROOSEVELT.- (Admirativo) William, para nuestro expansionismo imperial fuiste un modelo. Cómo olvidar que durante tu primera presidencia, Hawai fue anexada a nuestra patria y el triunfo sobre España nos dio el control de Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas.

W. McKINLEY.- ¡Ay, no me hables de los filipinos! Teddy, fuiste mi vicepresidente y sabes que dije: “no tenemos más alternativa que recoger a todos los filipinos, educarlos, elevarlos, civilizarlos y cristianizarlos, y por la gracia de Dios hacer todo lo que podamos por ellos, como prójimos por quienes Cristo también murió”.  

T. ROOSEVELT.- (Irónico) También dijiste que “no debemos entregar las Filipinas a Francia ni a Alemania, nuestros rivales comerciales en el Oriente, lo que sería indigno y mal negocio”. Power, bussiness, money…and “our” God. Será por eso que nos admira tanto Donald. 

W. McKINLEY.- ¿Viste que fuimos los dos únicos expresidentes que citó Donald en su discurso de posesión? Se me escurrieron las lágrimas al escuchar este pasaje: “El presidente McKinley hizo a nuestro país muy rico a través de aranceles y por medio del talento, era un hombre de negocios natural, y le dio a Teddy Roosevelt el dinero para muchas de las grandes cosas que hizo, incluyendo el canal de Panamá, que ha sido tontamente dado al país de Panamá”.

TEDDY ROOSEVELT.- (Blandiendo un gran garrote) ¡I took Panama!¡I took Panama! Con mi política del “Big stick”puse a marchar a esos subdesarrollados que ahora dizque se han emancipado de nuestra tutela. Pero Donald ya les advirtió: “Controlaremos el canal de Panamá”.

W. McKINLEY.- Además, “compraremos a Groenlandia”.

T. ROOSEVELT.- (Levantando su copa de “Delirium Trump”) Y “América reclamará su legítimo lugar como la nación más grande, más poderosa y más respetada de la Tierra, inspirando el asombro y la admiración del mundo entero.”

Sofrosina y Linguacuta, que se habían infiltrado en el “Uncle Sam”, no aguantaron seguir en silencio. 

LINGUACUTA.- Carajo, no es “América” sino Estados Unidos. Ustedes, los estadounidenses, no tienen porqué apropiarse el nombre del continente.

W. McKINLEY.- ¿Quién es esta mocosa para darnos lecciones?

SOFROSINA.- Excusen el ardor de la juventud, pero razón no le falta.  Y añado que el narcisismo coletivo que ha generado el “America first” terminará alimentando en otros países resentimientos de larga duración.

LINGUACUTA.- Eso ha pasado con todas las naciones que se han creído el ombligo el mundo.

SOFROSINA.- Por eso el amor a la patria debe incluir el no amarla como a un absoluto…es peligrosísimo.

LINGUACUTA.- Sigan así de prepotentes y verán cómo se van a deslizar rápido por el engrasado palo de cucaña llamado “MAGA”.

W. McKINLEY.- Nos importa un bledo. No necesitamos ser amados sino ser temidos. ¡America first!

T. ROOSEVELT.-  Power, power, more power. That is the question.

LINGUACUTA.- No se exalten tanto: todos los imperios son mortales. Nadie es eterno en el mundo.

SOFROSINA.- Recuérdenle a Mister Trump que cuando los dioses quieren destruir a alguien, primero lo enloquecen con hibris: arrogancia, altanería, soberbia, desenfreno y desmesura. 

A Teddy se le encendió el rostro y empezó a agitar amenazadoramente su gran garrote. 

Sofrosina y Linguacuta pusieron prudentemente pies en polvorosa. En el “Uncle Sam” continuó la fiesta. Veremos cuánto les dura.

Rodolfo Ramón De Roux

Febrero, 2025

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