De repente se oyó una voz grave que decía: "Todo pasa y todo queda".
- "¿Eres tú, Antonio Machado?", preguntó, intrigada, Linguacuta.
- "Noooo, soy el Uroboro", respondió la mítica serpiente que apareció
mordiéndose la cola al tiempo que formaba con su cuerpo el "ocho acostado",
símbolo del infinito.
Un escalofrío recorrió el grácil espinazo de Linguacuta.
UROBORO.- No temas, jovencita. A nadie le hago daño. Mi milenaria imagen es el simple recordatorio del ciclo eterno de las cosas.
ANTOINE DE LAVOISIER.- (El gran químico observa una probeta). “Nada se pierde, todo se transforma”.
LINGUACUTA.- ¿Eso te consoló cuando ibas rumbo a la guillotina?
LAVOISIER.- (Imperturbable, haciendo caso omiso de la ironía de Linguacuta). El ciclo incesante de la vida también incluye la muerte. Si no lo has entendido te cepillo un poco más el entendimiento.
LINGUACUTA.- No soy boba. Sé que la vida es un continuo finalizar efímeros comienzos.
SOFROSINA.- O un continuo recomenzar efímeros finales.
LAO TSE.- Todas las cosas nacen de lo que es, lo que es de lo que no es.
SOFROSINA.- Hace un tiempo vi un diálogo en el que explicabas que el pensamiento taoísta compara la vida con un río.[1] Antes de desembocar en el mar, el río parece seguir un curso irreversible, en pura pérdida, pues a medida que fluye, parte del agua se evapora y se eleva hacia el cielo.
LAO TSE.- Sí, allí se transforma en nubes, y luego cae en forma de lluvia sobre las montañas, renovando el río en su nacimiento. Ésta es la ley fundamental del funcionamiento de la vida: un continuo fluir y transformarse. Incorporar la muerte a nuestra visión es acoger la vida como un don inestimable.
UROBORO.- La vida es una sucesión de metamorfosis y a veces los mejores comienzos vienen después de los peores finales.
LINGUACUTA.- O los mejores finales después de los peores comienzos.
SOFROSINA.- Igual da; aunque parezca que nuestra vida es sin razón, hay que darse razones para vivirla.
LINGUACUTA.- De lo contrario, a pesar de sentirnos vivos no sabremos qué hacer con nuestra vida.
NIETZSCHE.- (Recordando a Zaratustra) Quien tiene un porqué para vivir siempre encontrará un cómo.
EDIPO.- (Con malicia). A veces uno encuentra su destino en el camino que tomó para evitarlo.
HEIDEGGER.- (En tono profesoral). En cualquier caso, el destino final de todos es la tumba. Somos un ser hacia la muerte: Sein zum Tode.
MONTAIGNE.- (Degustando un vino “Château Montaigne”). Por eso mismo “filosofar es aprender a morir”.[2]
SPINOZA.- No estoy de acuerdo. Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida.[3]
MONTAIGNE.- (Amigablemente) Temo que me malinterpreten. Para mí aprender a morir es aprender a vivir: nuestra conciencia de la muerte nos hace ver la vida como un bien precioso y nos incita a asumirla con lucidez, y plenamente.
LINGUACUTA.- Entiendo lo que dices, pero no se puede aprender a morir porque uno no muere dos veces. Prefiero la fórmula “aprende a vivir, pues morirás”.
SOFROSINA.- Tampoco se vive dos veces. “Se vive solamente una vez”, como canta el bolero.
LINGUACUTA.- ¡Qué va! Se muere solamente una vez; se vive todos los días.
MUHAMMAD ALI.- De ahí mi consejo: “No cuentes los días, haz que los días cuenten”.
LINGUACUTA.- Únicamente tenemos presente y se nos escapa a cada instante.
SOFROSINA.- Desafortunadamente sólo entendemos el valor de ciertos instantes cuando se han convertido en recuerdos.
FERNANDO PESSOA.- El valor de las cosas no está en el tiempo que duran sino en la intensidad con la que se viven.
LINGUACUTA.- ¿No será “eternidad” la temporalidad detenida en esa intensidad del instante?
SOFROSINA.- También es eterno lo vivido: eso ya nada ni nadie nos lo quita.
UROBORO.- ¿Por qué los obsesiona tanto la eternidad?
SOFROSINA.- Porque los humanos soportamos mal la finitud, y en particular la personal.
UROBORO.- ¿Por eso esperan una eternidad de vida?
LINGUACUTA.- No la esperamos, ya la estamos viviendo en Ultratumba.
SOFROSINA.- Despierta, muchacha, ¿no te das cuenta de que sólo somos personajes de un diálogo?
LINGUACUTA.- ¿Y qué dice nuestro autor y creador sobre la realidad de una supervivencia eterna personal, “en cuerpo glorioso”?
SOFROSINA.- Que no puede afirmarla ni negarla porque él no se ha muerto todavía. Ah, también dice que lo que sí puede afirmar es que hay que apreciar y vivir a fondo “lo que es” mientras “es”, antes de que se lo trague el tiempo que todo lo devora.
Uroboro removió la cola y ésta penetró un poco más entre sus fauces. El “ocho acostado” de su vientre se retorció ligeramente. En un lugar ignoto un nuevo ciclo comenzaba: para alguien, para algo, ¿para todos?.
[1] Diálogos de Ultratumba, “Como el agua, amigo, como el agua” (15 de octubre de 2023).
[2] Essais, I, 19, “Que philosopher, c’est apprendre à mourir”.
[3] Ethica, IV, 67, “Homo liber de nulla re minus quam de morte cogitat et ejus sapientia non mortis sed vitæ meditatio est” .
Rodolfo Ramón de Roux
Julio, 2025


5 Comentarios
Rodolfo: TE SOBRASTE. Cada frase es un punto de meditación. Nos das puntos para bastante tiempo, hasta para la eternidad. También descubrí que Uruburu no era tan original. Gracias por este nuevo regalo.
Rodolfo: Creo que el pensamiento de la muerte está siempre presente en nuestra vida. Otra cosa es que lo escondamos en nuestro subconsciente. Saludos. Hernando
Bellos comentarios de la muerte y la vida después de la vida
Rodolfo, no dejas de asombrarnos con tu impresionante memoria – o archivos – que tienes de los pensamientos de los grandes, de los medianos y aun de los pequeños sobre el tema que analizan. En este dialogo te sobraste, pues como lo anota Humberto, “Cada frase es un punto de meditación”. Interesante que el tema que tocas del más alla, de la trascendencia, fue el tema de dialogo de la anterior reunión del grupo de los Gonzagas; es la vivencia en este momento de varios de los amigos del grupo que han sido tocados de cerca por la partida de parientes, amigos o colegas. Trascendencia ineludible que nos forza a enfrentar el momento de partida de acuerdo al marco de las creencias con las que crecimos, a las cabilaciones silenciosas donde definimos el sentido del paso, y a la conviccion de lo que se cree que será ese otro estadio de existencia. Tus personajes dialogantes nos dan suficientes puntos de análisis para construir la creencia, quiza, la certeza, de lo que encontraremos una vez que hagamos la transicion. Felicitaciones.
Rey, a ti y a los otros comentaristas, muchas gracias por ser tan amables. En cuanto a mi memoria, o mis archivos, mi único mérito ha sido tener en cuenta, a lo largo de decenios, tres consejos que recibí en el Juniorado:1. Nulla dies sine línea. 2. Nulla lectio sine calamo. 3. Apuntar sistemáticamente las “estrellas fugaces”, es decir, los pensamientos que de repente atraviesan por nuestra mente. Lo demás no es sino cuestión de interrrelacionar la información recogida, para lo cual se necesita memoria, paciencia, método y algo de “malicia”.