Aprender a pensar y analizar proporciona un saludable escepticismo capaz de hacernos ver cómo muchas cosas que considerábamos sagradas no lo son y cómo otras no merecen la reverencia que se les tiene. Sobre el particular dialogaban el Nobel de Física Richard Feynman y Sexto Empírico, príncipe de escépticos.
Cuando Sofrosina y Linguacuta llegaron a la nubecilla “Episteme” alcanzaron a oír que Feynman le decía a Sexto: “El primer principio es que no debes engañarte a ti mismo, y tú eres la persona más fácil de engañar”.
SEXTO EMPIRICO.- Por eso la primera y frágil sabiduría de mi ascetismo escéptico consistió en renunciar a apostar por mis certezas.
SOFROSINA.- (A quien Sexto acoge efusivamente pues recuerda haber dialogado con ella, lo mismo que con Linguacuta)[1] Con toda razón se ha dicho que el escepticismo comienza cuando nos incluimos en el mundo que proclamamos conocer.
LINGUACUTA.- (Siempre bien dispuesta a meter su cucharada) Comer el fruto del árbol del conocimiento hace conocer que conocemos poquísimo. Si 100% de escepticismo puede conducir a la inacción o al cinismo estéril, 0% de escepticismo lleva a la credulidad bobalicona o a la ingenuidad peligrosa.
PARACELSO.- No me canso de repetirlo: Todo es veneno, nada es veneno; depende de la dosis.
SOFROSINA.- Afirmo -soy escéptica moderada- que la comprensión crítica de la realidad no conduce necesariamente a la inacción, sino que también puede generar deseos de cambiar lo que va mal.
LINGUACUTA.- Pero si no sometemos nuestra acción a la crítica y a la autocrítica, engendraremos a nuestro turno una nueva legión de escépticos.
RICHARD FEYNMAN.- Amigo Sexto, hablaste de una “primera y frágil sabiduría de tu ascetismo escéptico”. ¿Acaso hay una segunda?
SEXTO EMPIRICO.- La segunda fue desconfiar de las certezas de los demás.
RICHARD FEYNMAN.- Prudente actitud. El deseo de certeza es una comprensible respuesta a la incertidumbre fundamental de toda existencia, pero la “íntima convicción” no es garantía de verdad… como lo saben muchos inocentes condenados por la “íntima convicción” de los miembros de un jurado.
LINGUACUTA.- ¡Ustedes son más desconfiados que viuda rica!
SOFROSINA.- Razón tienen. Las verdades absolutas son tentadoras.
LINGUACUTA.- (Con sonrisa irónica) Quien no ha caído en la tentación no sabe de lo que se ha perdido.
SOFROSINA.- La sensación de tener razón es una sensación de poder, y se corren muchos riesgos para no dejar de sentirla.
JOHN LOCKE.- Ese riesgo lo corren alegremente todos los dogmáticos religiosos. En un espléndido círculo vicioso se aferran a una revelación porque creen firmemente en ella; y creen firmemente en ella porque es una revelación.
LINGUACUTA.- Menos mal aquí ya no te pueden enviar a la hoguera, pues los fanáticos de cualquier creencia -sea religiosa o política- tratan de darle un sentido a sus vidas matando o haciéndose matar.
SEXTO EMPIRICO.- Por eso es mejor no discutir con esos candidatos al martirio o a la matanza, alérgicos a los matices.[2]
ORTEGA Y GASSET.-Hay que ser prudentes con esos sujetos, pues “las ideas se tienen; en las creencias se está”.[3]
LINGUACUTA.- (Un tanto provocadora) Sexto, ¿tu escepticismo no es acaso una indiferencia a la verdad?
SEXTO EMPIRICO.- Todo lo contrario. Bastante búsqueda de la verdad es mostrar que algo no es verdad. Los escépticos practicábamos la filosofía con el deseo de descubrir la verdad, pero al encontrarnos con incoherencias varias y argumentaciones equivalentes a favor o en contra de un mismo problema, aprendimos a no aferrarnos a dogmas o doctrinas y optamos por “suspender el juicio”, es decir, no pronunciarnos a favor o en contra de algo. A eso lo llamamos en griego épojé. Pensamos que esa suspensión del juicio es útil para desafiar los dogmatismos y para lograr un estado de serenidad.
SOFROSINA.- Me parece que la suspensión del juicio tiene sentido en ciertos ámbitos, pero no en todos. Y quizá en ciertas ocasiones conduzca a la serenidad, pero no siempre. Por otra parte, la ambición de una suspensión total del juicio no me parece posible hoy en día pues hemos adquirido demasiados conocimientos.
LINGUACUTA.- Al menos yo ya sé demasiado para ser totalmente escéptica… y demasiado poco para ser dogmática.
SOFROSINA.- Viéndolo bien tu escepticismo, Sexto, no es realmente la suspensión de todo juicio pues afirmas que por muy clara que nos resulte la apariencia de una cosa, eso no “es” la cosa sino la manera como podemos percibirla. ¿No es eso una incoherencia?
SEXTO EMPIRICO.- (Sonriendo) Como acaba de susurrarme Linguacuta, la coherencia es un esfuerzo por minimizar las propias contradicciones.
DEMÓCRITO.- Ustedes los escépticos suelen citar este fragmento mío: “Por convención el color, por convención lo dulce, por convención lo salado, pero en realidad existen solo átomos y vacío”.
SOFROSINA.- No obstante, podemos decir que lo dulce y lo salado existen, y que no son ilusiones o fantasías. ¿Quién negaría la acidez de un limón cuando la siente?
SEXTO EMPIRICO.- Existen, sí, pero como sensaciones. No podemos afirmar que existan en sí mismas sin alguien que las experimente. El limón, sea eso lo que sea, ni es amarillo ni es ácido. Bajo otro sol que emitiese una luz diferente veríamos los limones de otro color, lo que también nos sucedería si viéramos otra parte del espectro luminoso.
LINGUACUTA.- Admito que existen razones para dudar de que los limones sean amarillos o ácidos en sí mismos, sin relación con alguien que los pruebe, y que también hay razones para dudar que exista una correspondencia exacta entre cómo son las cosas “en sí” y cómo se nos aparecen.
SEXTO EMPIRICO.- Por eso en mi libro Contra los dogmáticos denomino dogmáticos a aquellos que presumen de conocer la naturaleza real de las cosas más allá de sus apariencias, ya sea en el campo de la física, de la ética o en cualquier otro.
SOFROSINA.- Concedo que en ciertas ocasiones el estado de las pruebas no permitirá sacar una conclusión, y la persona de mente abierta recurrirá sin miedo a la suspensión del juicio. Pero en otras, tras cuidadosa consideración, una respuesta parecerá más razonable que las demás y, en ese caso, la persona de mente abierta no dudará en sacar la conclusión adecuada, reconociendo, por supuesto, que su punto de vista podría cambiar si apareciera nueva información o nuevas perspectivas. Y esto, Sexto, no corresponde a tu método radical de suspensión del juicio.
SEXTO EMPIRICO.- Tú misma acabas de decir que no fui tan coherente con la radical suspensión del juicio pues ataqué firmemente a los dogmáticos. Por otra parte, el escepticismo no es un dogma sino una herramienta, una manera de pensar y de enfrentarse a las afirmaciones categóricas. Tomen de él lo que les parezca útil.
SOFROSINA.- Me parece muy útil como ejemplo de voluntad de considerar todos los lados de cualquier cuestión, de no aferrarse a respuestas definitivas y de no juzgar nada de manera apresurada, algo que conduce a una mayor apertura mental.
LINGUACUTA.- Lo cual sin duda ha sido, es y será muy necesario pues el gran objetivo de cultivar una mente abierta es vivir y convivir más lúcida y serenamente. Por eso todos los fracasos de la inteligencia tienen que ver con la desdicha.
SOFROSINA.- Sexto, los enemigos del escepticismo dicen que éste conduce a la inacción.
SEXTO EMPIRICO.- No me vengas con ese cuento, a mí, que fui médico, que recomendé permanecer siempre activo y practicar algún arte. Se puede actuar sin necesidad de apoyarse en afirmaciones perentorias.
LINGUACUTA.- Totalmente de acuerdo. La acción es, simplemente, la negación de todos los posibles menos uno.
SEXTO EMPIRICO.- En mis Esbozos pirrónicos expliqué que el escéptico debe aplicar sus ideas cuando filosofa y refuta a los dogmáticos. Pero que, en su vida cotidiana y como ciudadano, no se guía por la indecisión escéptica porque no le preocupa cómo son las cosas “en si”, le basta observar cómo se nos aparecen.
LINGUACUTA.- En pocas palabras, se guía por las apariencias.
SEXTO EMPIRICO.- Exacto. Observa cuidadosamente los fenómenos, es decir, las apariencias de las cosas y, después de analizarlas, opta por lo que le parece más razonable. También sigue lo que le indica su propia naturaleza: si tiene hambre, come; si tiene sed, bebe. Naturalmente, teniendo en cuenta aquellas situaciones que desaconsejarían seguir el instinto o la intuición.
RICHARD FEYNMAN.- Amigo Sexto, quiero subrayar que el escepticismo se convirtió en la más decisiva influencia en el nacimiento de la ciencia moderna; primero en las academias de sabios italianos y, después en la Royal Society inglesa. En contra de lo que aseguraban sus detractores, el escepticismo ha demostrado que no es tan solo discutidor y negativo, sino probablemente el mejor modo de alcanzar un conocimiento fiable, aunque nunca absolutamente seguro ni irrefutable, por supuesto.
SEXTO EMPIRICO.- Sin embargo, la influencia del escepticismo estuvo un poco opacada hasta que Richard Popkin publicó su imponente History of Scepticism. From Savonarola to Bayle (en español, Historia del escepticismo desde Erasmo hasta Spinoza), donde expone con erudición la influencia escéptica en el pensamiento y la ciencia moderna.
RICHARD FEYNMAN.- ¡Ah, la ciencia! Es esa cosa que los humanos hemos inventado para dejar de engañarnos a nosotros mismos. El primer paso consiste en no creer algo a ciegas, sino examinarlo y ponerlo a prueba, enfrentarlo después a otras posibles explicaciones, como hacía Arcesilao, y acabar por aceptar, pero solo provisionalmente, la respuesta más probable, a la manera de Carnéades, o proceder a cuestionar los presupuestos de cualquier dogmatismo, como hiciste tú.
SEXTO EMPÍRICO.- Precisamente tengo que dejarlos porque voy a reunirme con Carnéades y Arcesilao.
LINGUACUTA.- ¿Quiénes son esos?
SEXTO EMPÍRICO.- Nada menos que dos antiguos directores de la Academia platónica, a la que dieron un giro escéptico.
SOFROSINA.- Famosos fueron, y ya ni su nombre se conoce.
“¿Dónde están?”, preguntó curiosa Linguacuta. “Allá donde habita el Olvido. No te hagas ilusiones si algún día la lisonjera Fama pregona tu nombre”, respondió Sexto, cabizbajo. “El Tiempo envidioso todo lo devora, hasta el recuerdo de nuestros olvidos”, remató Sofrosina.
Rodolfo Ramón de Roux
Octubre, 2025
[1] Diálogos de Ultratumba, “Pensar sin certezas” (27 octubre 2023)
[2] Diálogos de Ultratumba, “El coraje de matizar” (2 noviembre 2022).
[3] Diálogos de Ultratumba, “Creer” (31 mayo 2022); “Creer, pero no tanto” (9 junio 2022).


8 Comentarios
Profundo como siempre y provocativo. ¿Acaso todos ellos, el escéptico, el creyente, el fundamentalista y el cínico, son solo “ideas tipo”, más que tipos ideales?. Saludos
Sutil y provocativo tu comentario. Gracias, Hernando.
Rodolfo, después de leer tu diálogo, opino que cultivar una mente abierta es -para todo inteligente- buscar las señales del ser cierto y hacer lo mejor posible, y -para los cristianos- es escuchar los susurros del Espíritu del Padre y hacer el bien a todos a su alrededor.
Vicente, buscar señales y escuchar susurros me parece un buen consejo. Gracias.
Provocativo como dice Hernando, y a la vez retador. Como fuimos retados los que teníamos una idea fija y afincada en lo profundo de nuestra psique, sobre las verdades de la religión y de la vida, verdades que fueron matizándose con el favor del dios Kronos que nos insta a avanzar
Y que lleguemos al final del camino con la mente y los ojos abiertos, amigo John.
Rodolfo, como lo logras en cada diálogo, colocas tantos argumentos en pro como en contra del tema que expones, que nos dejas con la duda de dónde se encuentra la mejor respuesta que no contradiga los razonamientos que tanto peso tienen. Lo cierto para mí, es que quien no tiene abierta la mente para considerar una alternativa a lo que se afirma como cierto y definitivo, ya se condenó a sí mismo a posición dogmática, intransigente, beligerante, por más que los razonamientos y evidencias presentadas por los que encuentran nuevos horizontes de explicación a lo aceptado como verdad inamovible. Basta la definición dogmática de que la Tierra era el centro de nuestro sistema solar y que los planetas giraban a su alrededor. El sano escepticismo permite avanzar en el conocimiento de la realidad física que siempre tiene niveles desconocidos. Relativismo absoluto en los valores humanos que nos permiten vivir con un nivel de armonía deseable requiere consenso universal de qué es lo más deseable y necesario para nuestra evolución colectiva hacia una meta de convivencia pacífica que permita las diferencias de percepciones cohabitar sin destruir a los demás.
Amigo Reynaldo, ante todo gracias por tu comentario. En cuanto a aquello de “nos dejas con la duda de dónde se encuentra la mejor respuesta” retomo, para ser breve, las palabras iniciales del Prólogo al tomo IV de los Diálogos de Ultratumba (Amazon, 2025): “Son estos diálogos un lugar de intercambio de ideas, experiencias y agudezas, no de dogmas ni de verdades definitivas”. Me doy por satisfecho si estos sencillos y desenvueltos diálogos agitan un poco nuestras neuronas.
En lo referente a lo que podría ayudarnos a un hipotético “consenso universal de qué es lo más deseable y necesario para nuestra evolución colectiva hacia una meta de convivencia pacífica” me acojo al muy general consejo (y por ello mismo consensual) que dio Agustín de Hipona: In necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas. Precisando que en ese “in necessariis” (en las cosas necesarias) excluyo cualquier dogma que, de por sí, es excluyente. Un abrazo, y que seas feliz en el camino que has escogido recorrer.