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Diálogos de Ultratumba – León XIII, el vino Mariani y la Rerum novarum  

Por Rodolfo Ramon de Roux
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Desde que Robert Francis Prevost escogió llamarse León XIV, un risueño León XIII deambula muy ufano por Ultratumba llevando en su mano izquierda un ejemplar de la encíclica Rerum novarum y en la derecha una botella de vino Mariani, cuya cotidiana ingestión le ayudó a ser el Papa más longevo de la historia. Como suele decirse, “descansó en paz” a los 93 años, tras ejercer como Sumo Pontífice la nada despreciable suma de 25 años, lo cual lo clasifica como el tercer pontificado más largo, después de los 31 años de Pío IX y los 28 de Juan Pablo II.

LINGUACUTA.- (Observando, intrigada, la botella que lleva en su mano León XIII). Su Santidad, ¿qué está bebiendo?

LEÓN XIII.- Agraciada joven, aquí en Ultratumba ya podemos prescindir de solemnidades. Llámame, simplemente, León. También puedes tutearme. 

LINGUACUTA.- ¿Y la botella?

LEÓN XIII.- Es de mi reserva especial de vino Mariani, obsequio de su creador, el químico ítalo-francés Angelo Mariani, quien en 1863 desarrolló esta divina ambrosía con vino de Burdeos y extractos de hoja de coca. 

LINGUACUTA.- ¿Coca?

LEÓN XIII.- Como lo oyes. Dependiendo de su tamaño, cada vaso de tan precioso elixir puede tener entre 35 y 70 miligramos de cocaína, el equivalente a una «raya», como dicen ahora en la Tierra. 

LINGUACUTA.- Ya veo por qué estás siempre tan contento.

LEÓN XIII.- Estoy contento porque busco la serenidad en mí, no alrededor de mí.

SOFROSINA.- Un maestro zen me dijo que si quería alcanzar la serenidad debía abandonar tres cosas: la necesidad de controlarlo todo, la necesidad de ser aprobado por los demás y la necesidad de juzgarlos.

LEÓN XIII.- Nada mal como consejo. 

LINGUACUTA.- Sigo pensando que ese vino Mariani también te ayudó a estar sereno y contento.

LEÓN XIII.- Como le ayudó a muchos otros. No te imaginas lo popular que fue esa bebida, especialmente entre los políticos e intelectuales, quienes apreciaban sus propiedades analgésicas, estimulantes y antidepresivas. 

SOFROSINA.- ¿De veras?

LEÓN XIII.- ¡Sí, mija, sí! Lo tomaban personajes como el zar Alejandro II, la Reina Victoria de Inglaterra, los presidentes estadounidenses Ulises S. Grant y William McKinley -tan admirado por el arrogante y mentiroso Donald Trump-, José Martí, Julio Verne, Émile Zola, Paul Verlaine, Conan Doyle -el de Sherlock Holmes-, Thomas Edison, Sigmund Freud. Y paro de contar, para no hacerte largo el cuento.

SOFROSINA.- Impresionante galería de celebridades.

LEÓN XIII.- Ah, olvidé decirte que mi sucesor, el piadoso san Pío X, también fue un entusiasta del vino Mariani. Yo, además de prestar mi imagen para varios de sus carteles promocionales, le otorgué a su inventor una medalla de oro con mi efigie, en reconocimiento por todo lo que me había ayudado tan reconfortante bebida. Menos mal que tengo una buena reserva porque ya no se consigue.

LINGUACUTA.- ¿Cómo así?

LEÓN XIII.- Lo prohibieron en 1914, cuando se iban conociendo con más detalle los efectos adictivos y perjudiciales de la cocaína. Por fortuna no me tocó la prohibición. (León sonríe maliciosamente.)

LINGUACUTA.- Como presiento que no vas a darme ni una gota de tu precioso vino, cuéntame algo sobre esa edición de tu Rerum novarum que muestras con tanta satisfacción.

LEÓN XIII.- Es un ejemplar de la primera publicación hecha el 15 de mayo de 1891. Estoy muy satisfecho con esta encíclica porque fue la primera dedicada a la situación de los obreros, convirtiéndose así en una pieza maestra de lo que se llama “doctrina social de la Iglesia”. 

SOFROSINA.- En 1891 ya era hora de que el Papa se pronunciara sobre la justicia social en una época de inmenso progreso técnico, industrial y comercial que llevó, sin embargo, a la concentración de ingentes riquezas en manos de un reducido grupo de industriales y comerciantes.

LINGUACUTA.- Sofro, dicen que el dinero es como el estiércol: no es bueno a no ser que se esparza. Pero el apetito de riqueza es insaciable, sea cual sea el nivel de ingresos ya obtenido. 

LEÓN XIII.- Aunque vivía en el Vaticano, era bien consciente de las miserables condiciones de vida de gran parte del proletariado. Horarios de catorce y dieciséis horas en ambientes malsanos; contratación de niños, incluso a los seis años; inseguridad ante la enfermedad y los accidentes de trabajo; salarios apenas suficientes para mantener no ya una familia, sino una sola persona; subalimentación; alta mortalidad infantil; viviendas insalubres y congestionadas. 

LINGUACUTA.- Los plutócratas me ponen los pelos de punta. Su excesivo respeto al dinero los hace irrespetar todo lo demás.

SOFROSINA.- También le tienen mucho respeto a la “mano invisible” que dizque regula la “economía de mercado”.

LINGUACUTA.- Es una mano invisible que se sirve de puños de plata bien visibles.

LEÓN XIII.- Con mi “toma de distancia” ultratúmbica he podido verificar que el tal “Mercado” -así, con mayúscula- se ha convertido en una divinidad de la Modernidad: es infalible -“el mercado siempre tiene la razón”; omnisciente -“el mercado prevé que…”-; omnipotente -“el mercado lo gobierna todo”-; omnipresente -“fuera del mercado no hay salvación”- y autorregulado -gracias a su “mano invisible”-.

LINGUACUTA.- Tienes un ojo ducho para descubrir ídolos.

SOFROSINA.- León, ante la triste situación del proletariado a la que te acabas de referir, Marx y Engels publicaron en 1848 el Manifiesto del Partido Comunista. ¡Eso fue cuarenta y tres años antes de tu Rerum novarum

LEÓN XIII.- No puedo negar que los católicos, salvo excepciones, tomaron conciencia de la gravedad de la cuestión social con cierto retraso. 

LINGUACUTA.- ¿Qué les pasó?

LEÓN XIII.- Tengan en cuenta que, por aquel entonces, en el mundo católico se desarrollaron dos tendencias que subsistían la una junto a la otra. Por un lado, encontramos la exhortación a la resignación, a la paciencia, a la aceptación de la pobreza y al reconocimiento de su valor religioso, acompañada de una acción limitada al nivel caritativo, que rechazaba como subversivo todo intento de modificar las estructuras del “orden establecido”. 

LINGUACUTA.- Los oigo decir: “A los pobres los tendréis siempre entre vosotros”.[1]

LEÓN XIII.- Por otra parte, también se fue dando en algunos sectores católicos una lenta maduración que llevó de la concepción caritativa y asistencial a una labor de “acción social” que en un principio fue muy paternalista, pero que pasó gradualmente y no sin dificultades, al reconocimiento de los derechos de los obreros y a la aceptación de la defensa colectiva de tales derechos. Las experiencias y reflexiones desarrolladas en esos sectores católicos las recogí en la Rerum novarum.

SOFROSINA.- En resumidas cuentas ¿qué propones en ella?

LEÓN XIII.- Te la resumo en cuatro puntos. Primero, queda ratificado el derecho natural a la propiedad privada, pero se subraya también su función social. Segundo, se atribuye al Estado la obligación de promover la prosperidad pública y privada, pero se le señalan a la acción estatal -que debe tener siempre un carácter subsidiario- límites que no puede ultrapasar. Tercero, a los obreros se les recuerdan sus deberes en relación con los patronos, pero queda claro que tienen derecho a un salario justo que les asegure un tenor de vida humano. Cuarto, se condena la lucha de clases, pero se reconoce a los obreros el derecho a asociarse para defender sus intereses, lo cual abrió las puertas a la organización de sindicatos católicos.

LINGUACUTA.- Me parece que tu encíclica no fue solamente oportuna sino también un tanto oportunista pues fue una manera de hacerle frente a la descristianización de las masas trabajadoras atraídas por las ideas socialistas.

LEÓN XIII.- Por supuesto que, como Papa, me preocupaba esa descristianización, pero también, como cristiano, me preocupaba la indigna situación del proletariado. Dicho sea de paso, la encíclica se conoce por sus dos primeras palabras en latín –Rerum novarum-, pero su título es De conditione opificum -Sobre la situación de los obreros-.

SOFROSINA.- Reconozco que tu encíclica tuvo un efecto profundo en la Iglesia católica. En esa época, su apoyo a los sindicatos de trabajadores, a un salario justo y a condiciones de vida dignas para los obreros fue visto como radicalmente izquierdista. 

LEÓN XIII.- En esa obra maestra que es el Diario de un cura rural, las palabras que Georges Bernanos pone en boca de un viejo párroco, evocan perfectamente el eco que suscitó la encíclica, al menos en los espíritus más abiertos. Escúchenlas: “La encíclica Rerum novarum. Tú la lees tranquilamente como si fuera una pastoral cualquiera de cuaresma. Entonces, pequeño mío, sentimos cómo temblaba la tierra debajo de nuestros pies. ¡Qué entusiasmo! Una idea tan simple como la de que el trabajo no es una mercancía sometida a la ley de la oferta y la demanda, que no se puede especular con los salarios ni con la vida de los hombres como con el trigo, el azúcar o el café, eran cosas que turbaban las conciencias. Por explicarlas desde el púlpito, me tomaron por socialista.”

SOFROSINA.- Lo mismo me sucedió, y le sigue sucediendo a muchos.

LEÓN XIII.- La lucha es de nunca acabar.

LINGUACUTA.- Pero no hay que cejar, “porque -como dijo el poeta- después de todo he comprobado / que no se goza bien de lo gozado / sino después de haberlo padecido. / Porque después de todo he comprendido / que lo que el árbol tiene de florido / vive de lo que tiene sepultado”.

León, conmovido, levantó su botella de vino Mariani y exclamó: Sursum corda.[2]

Sofro y Linguacuta respondieron: In sæcula sæculorum.[3]


[1]   Marcos 14,7; Mateo 26,11.

[2]   Arriba los corazones.

[3]   Por los siglos de los siglos.

Rodolfo Ramón de Roux

Mayo, 2025

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5 Comentarios

Vicente Alcalá 1 junio, 2025 - 7:47 am

Rodolfo, excelente fusión de buen humor, erudición histórica y pedagogía social. Saludos.

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John Arbeláez Ochoa 1 junio, 2025 - 8:31 am

Maravillosos, como siempre, tus diálogos y muy oportunos tus invitados a la charla.

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Reynaldo Pareja 1 junio, 2025 - 9:58 am

Rodolfo, como de costumbre, haces un analisis agudo del contexto historico, de la renovacion de ideas, del conrapunteo de posiciones anquilosadas con nuevas perspectivas, de la tension sistematica entre los que prefieren la seguridad de lo establecido y los que la cuestionan porque se dan cuenta que los tiempos cambian, las sociedades maduran y los derechos humanos son sagrados y defendibles. Bravo porque tu humor salpica la reflexion haciendola siempre mas aceptable y nada dogmatica.

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Hernando+Bernal+A. 1 junio, 2025 - 10:57 am

Rodolfo: Muy inter4esante y sabio el paralelismo que señalas entre la evolución de los estupefacientes como la coca del vino Meriani y la de la Doctrina Social de la Iglesia con la Rerum Novarum. Creo que ya casi vamos para dos siglos de la evolución de ambos procesos, con una característica lamentable y es que el capitalismo ha degenerado en narcoterrorismo y que estamos llegando a una situación en donde las narco democracias están siendo manejadas por narcodependientes y desafortunadamente los preceptos de la Doctrina Social no están adecuadamente reconocidos para el sustento de las democracias, sean ellas del signo que fueren. Saludos. Hernando

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Francisco De Roux 1 junio, 2025 - 3:40 pm

Primo. Acabo de leer tu Ultratumba. Queda alguna botella de Martinelli? Sería una oportunidad ahora que le estamos buscando una línea medicinal a la coca. Y dicen que Leon XIV tomó el nombre porque lo NUEVO ahora, demoledor para traer lo que desconocemos es lNTELIGENCIA ARTIFICIAL. Alguien en ultratumba sabrá de eso? Abrazos!

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