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Diálogos de Ultratumba – El culto a los héroes patrios

Por Rodolfo Ramon de Roux
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Donde se continúa el diálogo con Simón Bolívar sobre la invención y arraigo del culto al héroe patrio en la Hispanoamérica independiente.

SIMÓN BOLÍVAR.- De manera clarividente preví en mi Carta de Jamaica la dificultad que se nos presentaría a los criollos -“ni indios ni europeos”- para legitimar nuestro poder una vez nos independizáramos de España.

SOFROSINA.- Además, don Simón, al problema de la legitimación se le añadió el de la identidad, pues ustedes cayeron en la ilusión de la Nación virgen tentada de dar la espalda a negros e indios para desposar a la modernidad inglesa o francesa. 

SIMÓN BOLÍVAR.- Pensamos resolver esos problemas de legitimación del poder y de identidad nacional identificando la historia de las nuevas patrias con la de sus héroes y gobernantes. 

LINGUACUTA.-  Prácticamente todos ellos criollos y masculinos.

SOFROSINA.- Y fue esa historia la que se convirtió en el mito explicativo de lo que se era y de lo que se quería ser.

LINGUACUTA.- Ahora entiendo por qué los historiadores de las nacientes repúblicas se autoproclamaron “educadores de la nación”.

SIMÓN BOLÍVAR.- Lógico: consideraron tener la misión de forjar una identidad colectiva insistiendo en que la ruptura con España marcaba una especie de comienzo de la historia, cargado de promesas.

SOFROSINA.- Y, por supuesto, las guerras de Independencia se convirtieron en el momento por antonomasia para la epifanía de héroes nacionales que, en los campos de batalla, mostraban su  temple y cambiaban el curso de la Historia. 

BOLÍVAR.- ¿Cómo no iba a ser así? Puesto que ese panteón fundador debía cumplir un papel ejemplar era necesario construir imágenes de héroes que fueran la más pura encarnación del ser colectivo.

LINGUACUTA.- Cada época tiene los héroes que merece y encuentra en el pasado los que le convienen. 

SOFROSINA.- Basta ver el perfil solemne y fácilmente intercambiable que se hizo del héroe patrio: hombre providencial, probo y desinteresado; militar elegante, audaz y valeroso, dotado de un espíritu de sacrificio a toda prueba; alma apasionada enteramente consagrada al servicio de la patria.

LINGUACUTA.- La pedagogía del entusiasmo terminó por borrar al personaje real y colocó en su lugar una estatua.

SOFROSINA.- Y a algunos se les considera grandes porque también se cuenta el pedestal.

BOLÍVAR.- No sean irónicas que es muy fácil torear desde la barrera.

LINGUACUTA.- Pero ustedes sí que supieron coger al toro por los cuernos.

BOLÍVAR.- Sigan en esa tónica y las dejo hablando solas. ¿Acaso no saben que en la oposición se tienen soluciones y en el gobierno problemas?

SOFROSINA.- Nuestras excusas, Libertador. Ciertamente es fácil decir después lo que se debería haber hecho antes.

BOLÍVAR.- No olviden otra cosa: en la mayor parte de nuestros países la enseñanza obligatoria de la historia patria no se impuso sino en los últimos decenios del siglo XIX y, como si fuera poco, gran parte de la población era analfabeta. 

LINGUACUTA.- ¿Entonces?

BOLÍVAR.- Fue más bien a través de una amplia gama de actos cívicos populares como esa historia, y nosotros sus héroes, penetramos en el espacio social cotidiano y en el imaginario colectivo. Que se los diga San Martín, con quien me sitúo en lo más alto del panteón patriótico en Sudamérica. 

JOSÉ DE SAN MARTÍN.-  Exacto. Las fiestas conmemorativas de los gritos de Independencia y de las batallas decisivas inauguraron un calendario cívico popular y establecieron un modelo general de celebraciones.

LINGUACUTA.- ¿En qué consistía?

SAN MARTÍN .-  Desfiles militares al son de tambores y trompetas, arcos de triunfo, carrozas con cuadros alegóricos, discursos grandilocuentes, Te Deum con repique de campanas, salvas de artillería, banquete para los notables, bailes y juegos para el pueblo.

BOLÍVAR.- En las capitales y en las ciudades de provincia se multiplicaron los obeliscos, columnas, estatuas y altares de la Patria destinados a honrar a los héroes de la Independencia, 

JOSÉ DE SAN MARTÍN.- Subrayo que la Independencia no solo creó espacios de celebración sino también una temporalidad propia para exaltar y perpetuar la memoria de sus actos heroicos en un calendario cívico-patriótico. 

BOLÍVAR.- Muy oportuna tu observación. Con la creación de tiempos y espacios, de mitos y ritos patrióticos, la “liturgia” de las celebraciones convirtió aquella historia en un pasado sacralizado cuya periódica conmemoración se esperaba que ayudara a los ciudadanos a entrar en comunión con los héroes de una “edad dorada” de la Patria. 

LINGUACUTA.- Aunque en todas estas celebraciones los discursos que hacen el elogio de las acciones y virtudes del héroe patrio, los retratos, las alegorías y las canciones que lo celebran, pasan por alto los intereses particulares, las mezquindades y la realidad política y social en la que estuvo inmerso.

BOLÍVAR.- ¿Por qué eres tan aguafiestas?

LINGUACUTA.- Aguafiestas, no; realista. Sabido es que los grupos dominantes y sus seguidores han necesitado siempre del pasado para infundir en las masas sentimientos virtuosos y para suscitar las ideas y actitudes que convengan al Estado que gobiernan. 

SOFROSINA.- En eso estoy de acuerdo con Linguacuta. En Hispanoamérica, frente al desafío de crear un Estado y una Nación, los gobernantes criollos concibieron la organización de las nuevas repúblicas sobre la base de sus particulares intereses. 

LINGUACUTA.- De hecho preconizaron una patria fundada sobre valores criollos, sin relación con los valores e identidades del resto de la población. 

SOFROSINA.- Dichos héroes patrios terminaron siendo la expresión de un Estado sin una base social verdaderamente representativa de la diversidad económica, étnica y cultural de la nación en gestación. 

LINGUACUTA.- Es esa la crisis profunda de la “patria del criollo”, que ha llevado a la admisión reciente y oficial de que esas repúblicas son conglomerados multiétnicos y pluriculturales.

SOFROSINA.- De todas maneras, si la sociedad cambia hay que darle nuevas interpretaciones de su propio pasado e incorporar en ellas la participación -real o idealizada- de los actores históricos emergentes.

LINGUACUTA.- No es una novedad que la Historia se reescribe periódicamente. Y se reescribe desde “los de arriba” pero también desde “los de abajo”.

BOLÍVAR.- ¡Qué vaina que no las conocí en la flor de mi edad!

LINGUACUTA.- Ahora el irónico es usted, mi general.

SOFROSINA.- Quién mejor que usted para saber que si la historia oficial pretende dar una visión única de lo acontecido, las contra-historias de los grupos emergentes construyen sus versiones y enarbolan sus figuras legendarias, con la esperanza de que, a su turno, esos héroes populares se conviertan en héroes oficiales.

LINGUACUTA.-  Por eso se tumban periódicamente unas estatuas y aparecen otras. La reciente “cancel culture” es algo muy antiguo.

SOFROSINA.- Y bueno para el desarrollo de la estatuaria.

LINGUACUTA.-  ¡No se ría, señor Bolívar!

BOLÍVAR.- No sean ingenuas. El culto al héroe no solo se enraiza en la necesidad de legitimación del poder de un grupo particular. 

LINGUACUTA.- Pues sáquenos de nuestra ingenuidad.

BOLÍVAR.- En los héroes se celebra una fuerza -la “virtus” latina- que, secretamente, todos desearían tener. Nosotros encarnamos el deseo de escapar a una vida banal y la voluntad de excelencia.

SOFROSINA.- O sea que el héroe nos permite vivir por procuración.

LINGUACUTA.- Sofro, te estás dejando entusiasmar demasiado rápido. A este asunto hay que  meterle más el diente.

BOLÍVAR.- Con gusto te ayudo a morderlo, pero no hoy. Aquiles me está esperando.

Rodolfo Ramón de Roux

Septiembre de 2024

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Rafael Falcón Castro 24 septiembre, 2024 - 2:43 pm

Una vez más mi felicitación por éste espléndido diálogo, como todos los tuyos. Desmitificar a personajes del poder, o que los poderes utilizan para beneficiarse, es sano. Estamos en un momento muy particular, incluso crítico, en el que necesitamos desprendernos de impuestas cargas culturales. El otro día leí el artículo de Luis Guillermo Arango, que me agradó por su sinceridad al explicar su trayectoria, quedándose con lo que su conciencia le dicta. La misma figura de Jesús, como muy bien señala Luis Guillermo, se la apropiaron las iglesias dogmáticas de poder, para exaltarla por encima de su mensaje de amor y perdón. Toda la historia está llena de grandes iluminados que han sido perseguidos por la misma causa por la que fue condenado Jesús. Este siglo tiene que ser espiritual como dijo André Malraux, o como lo señaló también Karl Rahner de otra manera:“El cristiano del siglo XXI será místico o no será cristiano”. Estamos obligados a desprendernos de las cargas culturales del poder, doctrinas y dogmas, y hacer como Luis Guillermo: atender, con la ayuda del silencio, a nuestra conciencia, que es parte de La Conciencia Universal. El reino del DIOS-AMOR está dentro de nosotros, de todos, creyentes o no creyentes, como nos dijo Jesús.
Aprovecho para felicitar al grupo de “Exjesuitas en tertulia” colombianos por la edición de esta página de tan alto nivel y agradeceros que la hagáis pública compartiéndola generosamente.

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