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Diálogos de Ultratumba – El arte de amargarse la vida

Por Rodolfo Ramon de Roux
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Un sonriente Paul Watzlawick apareció en la tertulia de Sofrosina y tuvo pronto a su alrededor un grupo de contertulios ávidos de intercambiar opiniones con el agudo autor de The Situation Is Hopeless but Not Serious: The Pursuit of Unhappiness conocida en castellano como El arte de amargarse la vida, libro donde afirma que una vida amargada la puede tener cualquiera, pero que amargarse la vida a propósito es un arte que se aprende. Para ello, Watzlawick, basándose en una experiencia clínica de decenas de años, presenta una introducción metódica a los mecanismos más útiles y seguros para amargarse la vida. Nuestro contertulio deja claro que sus explicaciones no han de considerarse exhaustivas, sino de iniciación, para facilitar a sus lectores más dotados el desarrollo de su propio estilo. 

El dulce diálogo sobre tan amargo tema comenzó de la siguiente manera:

SOFROSINA.- Paul, cuéntanos la historia del martillo. 

PAUL WATZLAWICK.- Se trata de un hombre que quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así, pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda [modulando sutilmente su tono de voz]: ¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada; algo se le habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la daría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede negarse a hacer un favor tan sencillo? Tipos como éste le amargan a uno la vida. Y además se imagina que dependo de él sólo porque tiene un martillo. [Imitando el gesto de pegar con el puño derecho en la palma de la mano izquierda] ¡Esto ya es el colmo! Muy enojado, nuestro hombre va a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes de que el vecino tenga tiempo de decir “buenos días”, nuestro hombre le grita furioso: “¡Quédese con su martillo, gran pendejo!”

BERNARD DE FONTENELLE.-  Tenemos una habilidad infinita para crearnos males imaginarios, y cuando los hemos fabricado, es muy difícil deshacernos de ellos. Incluso a menudo parece que amamos nuestra desdichada obra y que nos complacemos en ella.

SOFROSINA.- ¿Quién no tiene su melodía doliente?

LINGUACUTA.- Algunos logran convertirla en sinfonía perpetua. 

ÉMILE COUÉ.- Fundé una escuela de autosugestión que consiste en que uno se meta en la cabeza que se siente mejor y siempre mejor. Pero, con algún talento, se puede invertir la autosugestión y poner su técnica al servicio de la desdicha para amargarse la vida a conciencia. 

LINGUACUTA.- No te falta razón, hay quienes están dotados para llenar con desdichas el cuerno de la abundancia.

SOFROSINA.-  Y son capaces de quejarse del ruido cuando la buena suerte golpea a su puerta.

LINGUACUTA.- Ciertas personas no se contentan con cargar su cruz, sino que hasta escogen el madero para fabricarla y el martillo para clavarse en ella.

SOFROSINA.- El problema es que los dotados en el arte de amargarse la vida también suelen amargársela a los demás, y a veces logran convertirla en un infierno.

ITALO CALVINO.- Por eso cuando estaba en la Tierra escribí en mi libro Ciudades invisibles: “El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio”.

SOFROSINA.- La experiencia me hizo consciente de que hay que saber tratar con mucho inconsciente.

FERNANDO PESSOA.- La consciencia de la inconsciencia es el más antiguo impuesto que paga la inteligencia.

PAUL WATZLAWICK.- Para tener consciencia serena de la inconsciencia ajena tengamos presente que cada quien construye su propia realidad.

SOFROSINA.- Regálanos alguno de tus sabrosos ejemplos.

PAUL WATZLAWICK.- Una solterona vive a la orilla de un río y se queja a la policía de que unos jóvenes se bañan desnudos delante de su casa. El inspector manda a un subalterno que diga a los muchachos que no se bañen delante de la casa, sino río arriba, donde no hay casas. Al cabo de unos días, la dama llama de nuevo por teléfono: los jóvenes nadan al alcance de su vista. El policía los manda más arriba. Días después, la señora, indignada, acude otra vez al inspector: “Desde la ventana del desván todavía puedo verlos con unos prismáticos”. Uno puede preguntarse: ¿qué hará la dama, cuando ya no pueda ver a los chicos desde su casa? Tal vez irá de paseo río arriba a buscarlos, o le baste la convicción de que en alguna parte, alguien se está bañando desnudo. Lo cierto es que seguirá dándole vueltas a la idea. Lo importante de una idea fija es la capacidad de crear su propia realidad. 

SOFROSINA.- Realidad en la que uno queda encerrado y tiende a encerrar a los demás, como le  sucedió al hombre que creía ser un grano de maíz.

LINGUACUTA.- ¿Qué historia es esa?

SOFROSINA.- Un hombre cree ser un grano de maíz y lo llevan a un hospital siquiátrico. Después de un largo tratamiento logran convencerlo de que no es un grano de maíz. El día en el que le permiten salir del hospital, regresa a él de inmediato, temblando y muy asustado: en la calle hay una gallina, y le da miedo que se lo coma. “Pero querido amigo”, le dice su médico, “usted sabe perfectamente que no es un grano de maíz, sino un hombre”. “Claro que lo sé”, contesta el paciente, “pero ¿lo sabe la gallina?”.

EPICTETO (Echándole una mirada divertida a Linguacuta, quien se atoró de la risa).- Ya lo dije hace casi dos mil años: No son las cosas las que nos inquietan, sino las ideas que nos hacemos sobre las cosas.

LINGUACUTA (secándose teatralmente los ojos).- A ese propósito oigan esta otra historia: Estaba un anciano sentado a la entrada de un pueblo, cuando llegó un forastero y le preguntó: “¿Cómo son los que viven aquí?”. El anciano le respondió con una pregunta: “¿Cómo era la gente en el sitio del que vienes?”. “Egoístas y malvados. Por eso me he ido de allí”, dijo el forastero. El anciano replicó: “Aquí vas a encontrar a los mismos”. Poco después llegó otro forastero y le preguntó al anciano: “Acabo de llegar a este pueblo, dime, ¿cómo son las personas que viven aquí?”. El anciano respondió: “¿Cómo era la gente en el sitio del que vienes?”. El forastero le dijo: “Eran buenos y acogedores. Allí tenía muchos amigos y me ha costado tener que dejarlos”. “Aquí encontrarás a los mismos”, respondió el anciano. Tan pronto quedó solo el anciano se le acercó un joven que había oído ambas conversaciones y le dijo: “¿Cómo puede dar dos respuestas completamente distintas a la misma pregunta?”. “Porque cada quien lleva su universo en su corazón”, le respondió el anciano.

PAUL WATZLAWICK.- Las puertas de acceso a la vida desdichada tienen indicaciones valiosas.

LINGUACUTA.- Paul, llena ya el vacío de mi confusión y reduce a la claridad el caos de mis temores.

PAUL WATZLAWICK.- Para no hacer largo el cuento únicamente doy tres indicaciones. Primera: “Convéncete de que la única opinión correcta es la tuya”. Cuando se llega a esa convicción, enseguida se comprueba que el mundo va de mal en peor. Además, por permanecer fiel a sus inquebrantables opiniones, el candidato a la desdicha fortalecerá su espíritu de contradicción sistemática, lo cual le proporcionará abundantes amarguras. 

LINGUACUTA.- ¿Cuál es la segunda indicación?

PAUL WATZLAWICK.- “Sublima el pasado”. Con alguna habilidad, hasta el principiante puede ver el pasado a través de un filtro que solo deje pasar con luz transfigurada lo bueno y bello. El aspirante más dotado a la vida amarga no tendrá dificultad en ver su juventud como una edad dorada perdida para siempre y la convertirá en fuente inagotable de amarguras. Pero lo máximo, que naturalmente es cosa de genios, consiste en responsabilizar al pasado incluso del bien, y sacar de ahí un capital a cuenta de la desdicha actual. Un ejemplo insuperable de esta variante es la sentencia, que ha pasado a la historia, de un marinero veneciano tras la marcha de los Habsburgos de Venecia: “¡Malditos austríacos que nos han enseñado a comer tres veces al día!”.

LINGUACUTA.- Me intriga saber la tercera indicación para amargarnos.

PAUL WATZLAWICK.-  “Atrae lo que pretendes evitar”.

SOFROSINA.- ¿Cómo lograrlo?

PAUL WATZLAWICK.- Espera, teme o convéncete de que las cosas evolucionarán en un sentido y no en otro. 

SOFROSINA.- Así se facilitará el “autocumplimiento de la profecía”, es decir, la predicción que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad.

PAUL WATZLAWICK.- Bien visto, Sofro. Las profecías autocumplidas no solo ocupan un lugar de preferencia en el repertorio del aspirante a amargarse la vida, sino también en ámbitos sociales de más envergadura.

LINGUACUTA.- ¿Por ejemplo?

PAUL WATZLAWICK.- Cuanto más se siente un país amenazado por el país vecino, más aumenta su potencial bélico, y el país vecino, a su vez, considerará necesario armarse más. El estallido de la guerra termina por hacerse realidad más pronto de lo que se temía.

SOFROSINA.- Si un número suficiente de personas cree que una mercancía va a escasear o a aumentar de precio, se producirán compras de acaparamiento y la mercancía escaseará o aumentará de precio. 

PAUL WATZLAWICK.- Es claro como el agua: la profecía de un suceso contribuye al suceso de la profecía. De este modo se puede llegar exactamente a donde no se quería llegar.

LINGUACUTA.- Yo tengo tres indicaciones más para transitar por el camino de la amargura.

PAUL WATZLAWICK.- Te escuchamos, belleza.

LINGUACUTA.- Promete cuando estés eufórico. Decide cuando estés deprimido. Responde cuando estés furioso.

PAUL WATZLAWICK.- Nada mal, nada mal: tienes sal en tu mollera.

SOFROSINA.- Paul, terminemos con una nota positiva. Danos un consejo para evitar amarguras.

PAUL WATZLAWICK.- Dense una palmadita en la mejilla de vez en cuando durante el día. 

SOFROSINA.- ¿Eso sirve? 

PAUL WATZLAWICK.- Lo utilizo para espantar tigres, que me angustian.

SOFROSINA.- ¿Tigres? Pero si aquí no hay. 

PAUL WATZLAWICK.-  ¿Te das cuenta?

Rodolfo Ramón de Roux

Diciembre, 2024

8 Comentarios
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8 Comentarios

Rafael Falcón Castro 29 diciembre, 2024 - 5:17 am

En cada diálogo te superas, si eso es posible. Enhorabuena. Ayer comentaba con un amigo esto: cuidado con lo que deseas y temes.

Respuesta
John Arbeláez Ochoa 29 diciembre, 2024 - 7:21 am

Dónde se confirma lo dicho con algún ejemolo:”En tiempo de desolación, no hacer mudanza”
Aleccionadoras reflexiones y,como siempre,ilustradas
y amenas.

Respuesta
Carlos Posada 29 diciembre, 2024 - 7:44 am

Cada cual forja su propia realidad. Excelente diálogo Rodolfo.
Toda una clase de filosofía de la vida.

Respuesta
José María González 29 diciembre, 2024 - 1:47 pm

Importante contenido en tu diálogo de hoy, aprrciado Rodolfo
Pienso que sin amasar amarguras y nostalgias, ni in currir en sentimientos paranóicos, no debe exagerarse en el ejercício de lo que hoy llaman ” energía positiva” hasta el punto de perder la objetividad en la apreciación de la realida.” In midio consistit virtus”.

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José Moreira 29 diciembre, 2024 - 6:08 pm

¡Mi amigo Rodolfo debe haberse tragado toda una biblioteca! Pero lo fascinante es que es capaz de transformar todo en dulces y divertidas píldoras que nos regala en cada nuevo envío y nos mantiene mentalmente saludables. Gracias por más ese regalo que me mantendrá ruminando su riqueza hasta el próximo envío y todo el proceso rumiante se reinicie!😂😂

Respuesta
RICHARD MARIN 30 diciembre, 2024 - 12:31 am

Ese PAUL WATZLAWICK es de esos tipos que se dan golpe de martiilo en la cabeza para aprovechar y. Gozar del momento cuando paran…

Respuesta
JUAN L GOMEZ C 2 enero, 2025 - 8:15 am

Buenísimo, la fórmula de “Dense una palmadita en la mejilla de vez en cuando durante el día” tiene una variante: con el nudillo de los dedos de la mano dese varios golpecitos en la cabeza. El efecto va directo al cerebro

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Rodolfo Ramon de Roux 2 enero, 2025 - 8:26 am

Muy acertada tu sugerencia. Empezaré a darme en la cabeza con los nudillos de mi mano derecha. Gracias.

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