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Un día especial

Por Francisco Cajiao
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Cada lugar tiene sus tradiciones y rituales dependiendo de la forma como su cultura interpreta el paso del tiempo.

La fecha de hoy ejerce un curioso efecto social en las diferentes partes del mundo donde se va marcando la medianoche de acuerdo con la zona horaria en que se encuentren. Cuando en un lugar se están abriendo botellas de champaña, iluminando el cielo con luces de colores y se abunda en abrazos, risas y llantos, todavía en otros lugares hay gente dando las últimas puntadas a sus labores para asegurarse de estar a paz y salvo con sus empleos antes de terminar el año.

El gran simbolismo del paso de un año a otro es sin duda la constatación individual y colectiva del paso del tiempo, con todo lo que significa la conciencia de lo que se deja atrás, de lo que se ha perdido irremediablemente, de lo que no se hizo. Pero también es el momento de la esperanza, de la posibilidad de transformar los problemas en soluciones, de exorcizar las malas experiencias recientes en una suerte de renacimiento lleno de buenos propósitos.

En ciertas culturas el año se recibe en un ambiente de reflexión, como en Japón, donde se habla de la noche vieja silenciosa y el inicio limpio. Los templos budistas hacen sonar sus campanas 108 veces, simbolizando la purificación de los pecados y deseos terrenales. Cuando le llega el turno a Brasil, miles de personas en Río de Janeiro se visten de blanco, simbolizando la paz y la purificación y lanzan flores al océano como ofrendas a Yemayá, la diosa del mar en la religión afrobrasileña.

En Sídney (Australia) han hecho un impresionante espectáculo de fuegos artificiales para dar la bienvenida al año nuevo que ha llegado mucho antes que en España, donde todo el mundo está pendiente de comerse las doce uvas al ritmo de campanadas de la medianoche, representando los meses del año. Y así, cada lugar tiene sus tradiciones y rituales dependiendo de su religión y de la forma como su cultura interpreta el paso del tiempo.

En toda la cultura occidental es innegable la influencia del pensamiento griego. Cronos, en la mitología, simboliza el paso inclemente del tiempo y el ciclo inevitable de creación y destrucción. Es una imagen profunda que trasciende el mito y nos sitúa en una experiencia interior tremendamente ambigua: nuestra vida es esencialmente tiempo, lo necesitamos para crear, para construir, para inventar; pero, a la vez, todo aquello que logramos, todas las metas que creímos alcanzar inexorablemente se las lleva el tiempo. Cronos devoraba a sus hijos para evitar que lo destronaran, que es la alegoría del tiempo que consume todo lo que crea.

No es de extrañar que los seres humanos que de una u otra forma han creído tener momentos de gloria o felicidad se aferren con uñas y dientes a aquello que apenas anunciado ya comienza a desaparecer. Es la tragedia del amor que tan pronto se muestra como la promesa del paraíso comienza a convertirse en soledad. O, peor aún, la enfermedad del poderoso que se aferra al fantasma de un triunfo que un día estuvo rodeado de aplausos y adulaciones y luego comienza a agrietarse porque jamás el tiempo es suficiente para hacer realidad sus delirios, ni dócil para tratar bien lo que se hace sin su ayuda. Decía la sabiduría popular que lo que no se hace con tiempo no lo respeta el tiempo.

Así como unos se apegan a lo que creen haber conseguido, otros entienden que el mejor tiempo es el que está por venir, pues tendrá la benevolencia de ir borrando los malos momentos y seguramente permitirá aprovechar la memoria de lo que se hizo bien para reciclar la vida y de lo que se hizo mal para intentar no repetirlo.

A fin de cuentas, somos material biológico con conciencia de transitoriedad y por eso cada año que termina es un hijo que Cronos devora para dar paso a nuevas cosas. Ojalá vengan las mejores.

¡Feliz año!

30 de diciembre 2024

https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/un-dia-especial-3413562
2 Comentarios
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2 Comentarios

Julio Hidalgo 1 enero, 2025 - 9:59 am

Gracias por tu mensaje.
Para ti, tu familia y amigos un año nuevo lleno de esperanza, buenos recuerdos, y nuestras oraciones.

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Eduardo Jimenez 1 enero, 2025 - 1:13 pm

Dos anotaciones sobre las costumbres los 31 de diciembre o los 1º de enero, para complementar el interesante artículo de Francisco.
Hace años pasé un año nuevo en un pequeño pueblo de Margarita, Venezuela. Mi sorpresa fue que al dar “las doce campanadas” y comenzar el nuevo año, se inició una procesión de los lugareños al cementerio, que quedaba cerca de donde estaba hospedado. Me enteré entonces que hay esa tradición en la isla, de visitar el cementerio al dar la medianoche del 31 de diciembre. Parece ser una forma de honrar a los seres queridos fallecidos, compartiendo con ellos el inicio del año. Algunos llevaban velas, flores y hasta alguna bebida o comida.
Por otra parte, sobre la importancia que le damos a esa fecha, quien revise los escritos de por ejemplo, Simón Bolívar, notará que en ese entonces., principios del siglo 19, la llegada del nuevo año no tenía la importancia festiva que le damos hoy, ni había la costumbre de desear “Feliz Año Nuevo.”
Hay por ejemplo una carta de Bolívar del 1º de enero de 1813 donde se refiere a muchos temas militares o políticos, y para nada menciona que está iniciándose un nuevo año, y hay otros ejemplos de escritos en las mismas fechas.
Total, costumbres que parecen inmemoriales y no son tales. Feliz Año Nuevo!!

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