“Bogotá, 2.600 metros más cerca de las estrellas”. Aquí, en La Reserva estamos 600 metros más arriba de Bogotá.
Para subir a 3.200 metros sobre el nivel del mar, se camina paso a paso sin despegar los pies de la tierra, pero sin dejar de mirar hacia arriba.
Así subimos hasta la Reserva Ecológica Los Andes, y me llevé la grata sorpresa de ver a Bogotá desde arriba. No deja uno de admirar su enorme extensión y de adivinar los millones de personas que viven en edificios y casas esparcidos en toda la Sabana y en los barrios trepados en los cerros orientales. Todo un mundo de mundos… No se puede ignorar o minimizar el cúmulo de situaciones dolorosas, muchas de ellas por delitos e injusticias, que quedan ocultas dentro de la marea humana de la gran ciudad.
Subimos a la Reserva mi hijo Carlos y yo. A él le gustan mucho las montañas y las excursiones ecológicas; las disfruta, más cuando puede lograr que yo lo acompañe. No sé qué es más agradable, si los paisajes o la mutua compañía. En esta ocasión, había venido desde el exterior por unos días y no quería desaprovechar la ocasión para “llevarme” de excursión.

Comenzamos a subir por un camino señalizado: a ratos suave, y a ratos escarpado. Era un sendero ecológico que se volvía camino de herradura. Afortunadamente el día estaba seco y, por lo tanto, las piedras eran menos resbalosas. A mi hijo le agrada que yo pueda acompañarlo a subir, caminando sin problemas a los 82 años. Para mí es un motivo de doble agradecimiento.

No es sólo el placer estético y el beneficio saludable del ejercicio físico, sino el valor ecológico de la protección que la Reserva proporciona al medio ambiente cercano a los cerros que circundan la capital. Se pueden ver también aves y mamíferos de bosque. Adicionalmente se da allí una siembra de árboles con sentido memorial: muchas familias siembran un árbol acompañado de una fotografía o mensaje del ser querido que ya “subió a las estrellas”.
La experiencia se complementa por la acogida y atención de las personas que cuidan la Reserva y por el encuentro, en el camino, con los visitantes que bajan y suben.
Arriba nos encontrábamos como a mitad de camino entre el mar y las estrellas. Hace poco, disfrutamos del mar en familia, y ahora también disfrutamos de la montaña. Nunca daremos gracias, suficientemente, por estas bendiciones. El mar proporciona serenidad y admiración ante su grandeza .

La subida a la Reserva Ecológica también produce sensaciones de bienestar y admiración por la naturaleza, y reflexión inquietante por la enorme comunidad humana que se divisa abajo.

Vicente Alcalá Colacios
Septiembre, 2025


3 Comentarios
Vicente: Hermosas fotografías. Me alegra la visita de Carlos y su compañía en esas excursiones. Saludos. Hernando
Vicentico, que lindo leerte. Tus palabras me recordaron aquella vez que también fui a la reserva, y esta vez me hicieron sentir como si hubiera ido con ustedes. (Aunque me haya quedado de este paseo)
Me emociona cómo compartes estos momentos con Carlitos y como los conviertes en algo tan lleno de sentido.
Con cariño, Tati.
Gracias Tati por tu comentario. Claro que los paseos son mejores cuando coincidimos Pilar e Igor, Carlos y tú, Elssye y yo.