“VIDA en la vida y tras la muerte” es mi “traducción” del artículo del Credo sobre la Comunión de los santos. Una madrugada estaba desvelado y me puse a recordar a amigos y familiares que ya subieron a las estrellas. Para que no fuera solamente un recuerdo, pensé en hablar con ellos en este artículo.
Alfredo, te recuerdo con tu risa un poco escandalosa, pero sobre todo tu trato cordial, afable y buen humor. ¿Te acuerdas de nuestro viaje a Gamarra? El planchón – más que barco- en el que viajamos, no tanto hacía curvas en el Magdalena, sino que era el río el que iba girando de lado a lado, sorprendiéndonos en cada vuelta con un paisaje nuevo, frondoso y de fresco verdor. Fuimos a la parroquia regentada por un jesuita paisa; dale mis saludos y que me recuerde su nombre. Nos daban una deliciosa aguepanela con limón. Espérame para que nos reencontremos.
Gonzalo, por ser Alfredo santandereano, me acordé de ti como rector serio pero amable. Pasé dos años muy agradables en el San Pedro con todos ustedes y me acuerdo del San Pedrito y sus monjas muy queridas. Con los alumnos de 5º y 6º hicimos varios diálogos con las alumnas de uno de los colegios femeninos. Dale recuerdos nuestros a tu paisano Jorge Ortiz, quien fue muy especial conmigo y le consiguió a Elssye su primer trabajo de arquitecta.
Sigfrid, siempre tan serio y tan “formal”. Cuando hablabas de tus ancestros no te gustaba decir Múnich, sino mingen, es decir, München. Nos llevamos bien y te he preguntado a veces por qué nos “perdimos” del mapa. He viajado varias veces a Múnich y lógicamente te recuerdo siempre que estoy por allá.
Oscar, o mejor, Teófilo! me acuerdo que algún día mencionaste que escribías por lo menos un cuarto de hora diario, como entrenamiento. En una ocasión criticabas a un amigo nuestro (salúdamelo también) del que dijiste que no hacía sino hablar, y entonces te repliqué, amigablemente, que tú eras igual: no hacías sino escribir… me respondiste “Es cierto”. El otro día me encontré una esquela tuya que me sorprendió, como si estuviera escrita en Madrid; cuando reparé, ví que era un saludo de bienvenida a Santa Rosa de Viterbo.
-Papá y Mamá, con vosotros hablo frecuentemente, en especial viendo la foto de los dos en la sala, y que sirvió de “carátula” para el escrito Cartas recíprocas. Siempre nos habéis protegido y hoy os pido que sigáis haciéndolo, especialmente, con vuestros dos nietos colombianos.
Jóse, escribí tu recuerdo en “Un secreto desde el mar”. Cuando cumple años María del Mar o uno de tus dos hijos, confirmo que estás con nosotros y nos proteges. En uno de mis viajes, me invitaste a tomar una cerveza, cerca del paseo, creo. También te recuerdo llegar al apartamento de Madrid con Nacho pequeñito. ¡Ya están grandes!
Manolo, el otro día me encontré una página que había escrito cuando nos dejaste. Recordaba en ella algunas anécdotas de nuestra niñez y también de alguna conversación en uno de mis viajes. Anita ya está de nuevo contigo. Elssye, Pilar y Carlos, así como yo, los queremos mucho.
Gustavo, tenemos una foto tuya, junto con otra de toda tu familia: tus padres y los tres hermanos. Te recordamos mucho y especialmente en estos últimos años cuando tienes a tu hermana dedicada a resolver, de alguna manera, el tema de tu casa en la vereda. También llevamos varios meses buscando la forma de trasladar tus cenizas para colocarlas junto a los restos de tu padre. Hoy esperamos avanzar bastante en el tema, danos fuerza.
Sería muy extenso seguir conversando con tantas personas que viven tras la muerte.
Según el Catecismo de la Iglesia Católica, la expresión comunión de los santos tiene dos significados estrechamente relacionados: comunión en las cosas santas y comunión entre las personas santas. ¿Qué es la Iglesia, sino la asamblea de todos los santos? La comunión de los santos es precisamente la Iglesia.
La cabeza de la Iglesia es Cristo y como todos los creyentes forman un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros. Existe una comunión de bienes en la Iglesia.
Las personas santas son las personas santificadas por Cristo, que ya en esta vida lo son por el bautismo e incorporación a Cristo y que, tras la muerte, lo son plenamente.
Dentro de la Iglesia (y por extensión, en la humanidad) nos comunicamos entre nosotros de manera explícita e implícita, aunque muchas veces sin tener la suficiente consciencia de ello; como nuestra vida continúa transformada tras la muerte, podemos seguir comunicándonos entre vivos y difuntos.
La expresión VIDA en la vida y tras la muerte sígnica que la VIDA- la relación con Dios- se realiza desde ahora y para siempre. Por la relación con Dios, todos nos relacionamos tanto en la vida actual como en la vida definitiva; en consecuencia, nos relacionamos los unos con los otros; estamos presentes los unos ante los otros. No basta esta presencia, sino que es necesaria la consciencia creciente de esa presencia mutua.
Vicente Alcalá Colacios
Septiembre, 2025

