Todo viaje se realiza con alguna finalidad, aunque podemos descubrir que todo viaje se hace por amor, amor en alguna de sus formas. Si bien tomo como punto de partida la propia experiencia, es fácil transferirla a muchas vivencias semejantes de cualquiera de ustedes, amables lectores.
Mi primer viaje significativo -por su duración- lo realicé con un amigo y su familia, recorriendo el sur de Andalucía (España) para ingresar al Noviciado de la Compañía de Jesús. El viaje fue por amor al llamado vocacional en la juventud.
Prolongando ese viaje, volé -por primera vez en avión- desde Madrid a Bogotá, El viaje fue por amor al destino que recibí para trasladarme a la provincia colombiana oriental de la Compañía.
Después de 9 años, viajé a Almería por amor a mis padres y hermanos, que no había visto en ese tiempo.
Para no alargarme, ya casado y con nuestra hija, viajamos junto con mi suegra para visitar a mi familia. El viaje fue por amor a los abuelos y demás familiares.
Saltándome otros viajes semejantes, acompañé a mi hija que realizaría estudios de postgrado en Barcelona. El viaje fue por amor paternal y por su futuro. Igualmente la acompañé en su traslado desde Barcelona hasta Munich.
Mi esposa realizó múltiples viajes a Colombia y al exterior por amor a su trabajo y al servicio que implicaban sus obligaciones.
Mi hijo también realizó viajes a diferentes regiones de Colombia y, posteriormente, al exterior para continuar su trabajo. Sus viajes han sido por amor y por entusiasmo con sus objetivos, a pesar del desprendimiento que exige la distancia.
También hay viajes por amor a conocer nuevos sitios, por amor a disfrutar vacaciones y por amor a los encuentros familiares.
Así como realizamos viajes por amor a nuestros hijos pequeños y su educación, más tarde, realizamos viajes de reciprocidad, ofrecidos por el amor de los hijos hacia nosotros.
He de reconocer que a veces he sentido inicialmente “desgano” para viajar, pero al sentir la ilusión ajena me contagié y retrospectivamente aprecié, disfruté y agradecí estos viajes ofrecidos con amor. Por ejemplo, un reciente viaje a Panamá.

En este blog, he escrito -entre otros- “Un viaje mariano”, “Viaje del agua a vuelo de dron”, “El encanto de Colombia”, “Un viaje con altura”, “Por el Amazonas”, “Londres, ayer y hoy”, “La naturaleza en África”.
Un amigo comentó en uno de los artículos: “Bello recorrido, Vicente. Qué suerte has tenido”. Es cierto, he tenido mucha suerte, o mejor, he sido privilegiado con estos viajes por amor, y por el amor de Dios manifestado en el amor familiar, dentro del viaje de la vida.
Vicente Alcalá Colacios
Septiembre, 2025

