El sistema multilateral nacido después de los 80 millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial no era la panacea, pero logró evitar el conflicto a gran escala y creó instituciones en temas de DD. HH., comercio, finanzas, educación, ciencia, cultura e integración política que transformaron el mundo y las vidas de miles de millones de personas.
Como cualquier sistema, tuvo ganadores y perdedores, pero su presupuesto, tener foros de encuentro estables entre países y normas internacionales para reglamentar sus relaciones es mejor que no tenerlas, y sus objetivos, la paz, la defensa de los DD. HH. y el desarrollo económico, siguen siendo centrales y deseables en el mundo de hoy.
Hablo en pasado porque ese sistema está desapareciendo a una gran velocidad y lo digo con preocupación porque, a pesar de que en varias latitudes y en sociedades aparentemente muy distintas hay gente aplaudiendo, nada bueno va a surgir de este cambio.
La muerte del sistema no ha sido súbita, sino que como suele pasar con los organismos longevos, ha resultado de múltiples afecciones, dolencias y males que se acumulan, se relacionan, se ignoran, o simplemente se impulsan. Algunos de estos males llevan años atacando el sistema y otros han sido recientes y contundentes.
Entre los primeros figuran temas como el empeoramiento de las condiciones económicas, de seguridad y climáticas en vastas regiones, con los altos costos humanos que conllevan. Conectado a éstos también está el tema de la inmigración de millones de personas en búsqueda de mejores condiciones y lo que esta genera en los países receptores en términos políticos y económicos.
Otro de los males que han venido afectando la salud del sistema multilateral es la manera como se han ido degradando las democracias en casi todas las regiones del mundo. El deterioro del Estado de derecho y de la democracia liberal ha significado la violación sistemática y generalizada de los DD. HH. de grandes grupos poblacionales (políticos, raciales, religiosos) y un distanciamiento de muchos países de los foros multilaterales y de las normas supranacionales que se habían establecido en los años cuando se pensaba que la democratización de los regímenes políticos no solo era deseable, sino inevitable.
Entre los hechos recientes y contundentes que han afectado profundamente el sistema multilateral está la invasión rusa a Ucrania que incluye crímenes de guerra y contra la humanidad, así como los actos agresivos (sabotajes, drones y ciberataques) efectuados por Putin contra varios países europeos.
El genocidio israelí en Gaza, liderado por Netanyahu y su gobierno, mostraron la dolorosa incapacidad del sistema para evitar o detener un crimen que precisamente le dio vida al mismo. Finalmente, está la deriva autoritaria y seudo-aislacionista de EE. UU. Desde sus orígenes el sistema multilateral fue impulsado, promovido y en buena parte financiado por los estadounidenses. Lo anterior no quiere decir que los gringos siempre jugaron bajo las normas del derecho internacional, pero de manera directa y tácita se entendía que buena parte del funcionamiento del estandarte internacional dependía de la voluntad, la capacidad y los recursos de la potencia norteamericana.
Trump nunca ha valorado el sistema multilateral porque no lo entiende y porque lo suyo son los negocios personales y familiares. El 4 de diciembre su administración publicó un documento llamado Estrategia de Seguridad Nacional, que muy seguramente Trump no ha leído. El mismo plantea la nueva visión norteamericana de las relaciones internacionales y del papel de EE. UU. en las mismas. Control de la inmigración, control militar y policial del narcotráfico y mayor intervención y control en el hemisferio occidental (Doctrina Monroe-corolario Trump) impidiendo injerencia de otros poderes como China y la Unión Europea en América Latina. Frente al papel, el documento apoya la soberanía estatal vs. lo comunitario, propuesta que le pareció “atractiva” al portavoz del Kremlin. Rusia ya no es un adversario y si los europeos tenían todavía alguna duda de que estaban solos frente a Putin, esto ya es un hecho.
Para algunos sectores de la izquierda, siempre sospechosos del multilateralismo por occidental y capitalista, este proceso ha sido lógico (debido a la decadencia de occidente) y bienvenido. Para otros sectores de la derecha que señalan y condenan el liberalismo y la supranacionalidad, la muerte del sistema internacional es el primer paso para asegurar sociedades más homogéneas y, en su visión, más seguras.
Quienes aplauden la muerte del sistema multilateral, no obstante, omiten muy convenientemente reconocer que este no será reemplazado por un sistema mejor, ni siquiera por un sistema, sino que en los próximos años estaremos en manos del cálculo, el interés, la intuición y el capricho de personajes como Trump o Putin.
Hace unos días en un grupo de WhatsApp algunos alentaban una intervención militar de EE. UU. en Venezuela y yo pensaba en cómo, para Donald y sus asesores, esta costa norte de América Latina venía siendo, toda, una tierra de narcos y comunistas que hablan español y mandan violadores y “bad hombres” a la frontera. Bajo esa lógica, les da lo mismo bombardear el Estado Miranda o el Departamento de Bolívar.
Horas después de la discusión por la red, Trump advirtió que venía por las “fábricas de cocaína” en territorio colombiano. Nada bueno va a salir de esto.
Santiago Londoño Uribe
Publicado en la revista UN PASQUÍN

