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El cuento del bisiesto

Por Santiago Londoño Uribe
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Hace algunos días, conversando con un buen amigo hacíamos el balance de este 2024 y discurríamos acerca del próximo. «Este ha sido un año de mierda como todos los bisiestos, pero el entrante viene mejor. Es que estamos pagando la cagada del Papa Gregorio», me dijo, mientras nos tomábamos unas cervezas. 

De regreso a mi casa, en el trancón de un viernes cualquiera, pensé en la afirmación de mi amigo, quien es muy inteligente, pero bastante proclive a ciertas «versiones alternativas», y me pregunté por la curiosa relación entre la ciencia exacta y la especulación religiosa y cultural que suele estar presente en todos los tiempos.

Los seres humanos, todos y en todas las épocas, con énfasis y variaciones, nos movemos entre el análisis, la interpretación y la divulgación de hechos, leyes generales y datos constatables, la creencia y la fe. Entender y medir el tiempo es una de nuestras búsquedas científicas más antiguas. Planear viajes,programar la siembra, la cosecha y prepararse para el invierno,exigían de la observación, el análisis y la deducción acerca del paso del tiempo y del ciclo de las estaciones. Obvio, a la par los pueblos nutrían ese conocimiento con historias, personajes y explicaciones de todo tipo. Dioses, seres mágicos y animalespoderosos, entre otros, acompañaron las primeras reflexiones y deducciones científicas.

La historia del año bisiesto es un ejemplo interesante de la relación entre ciencia y superstición. En términos científicos, el problema es que el año solar es de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45.10 segundos (365.2422 día) Esto quiere decir que, si todos los años fueran solo de 365 días, cada año perderíamos cerca de un cuarto de día y acumularíamos esas “pérdidas” de tal forma que nuestro calendario no daría cuenta de las estaciones (hecho científico) y de las fechas religiosas (hecho cultural). Primavera, después de algunos años, sería enjulio, y fechas religiosas como la natividad, en febrero o marzo. La solución de las diferentes culturas fue intervenir el calendario sucesivamente, recortando y ajustando, con el predecible desorden y las implicaciones para planear.

El bisiesto que conocemos nació en el encuentro entre dos grandes culturas antiguas. Durante su larga estancia con Cleopatra, Julio César y sus científicos aprendieron a manejar el calendario egipcio y decidieron que había que modificar el romano para agregar un día a febrero (el mes más corto) cada 4 años. Para hacer la transición, Julio Cesar decidió que el año 46 A.C duraría ¡445 días! El Papa Gregorio XIII, responsable del desorden, según mi amigo, mucho después, modificó el calendario juliano para exceptuar los años seculares (terminados en 00) de ser bisiestos, salvo que fueran divisiblespor 400 (por eso el año 2000 fue bisiesto). En este caso, el ajuste hizo desaparecer 10 días de 1582; de octubre 4 a octubre 15.

Pero los números y los cálculos no hacen buenas historias (salvo para Hans Magnus Enzerberger) y lo que ha pasado con ese 29 de febrero que cada cuatro años le sumamos a nuestra existencia, tiene muy poco de ciencia y mucho de superstición y de justificación. «No fuimos nosotros, fue el bisiesto. Nada de azar (eso no existe), estamos en año bisiesto”. Hay en la historia un listado amplio de tragedias y catástrofes (plagas, guerras, persecuciones, asesinatos) ocurrido en años bisiestos. 

Esa «anomalía” de 24 horas parece que les descuadra la vida a ciertas personas y no a pocas sociedades. En Escocia y en Alemania los bisiestos son considerados malos años para la cosecha. En Grecia no se aconsejan los matrimonios, pero en Irlanda el 29 de febrero es un día para que las mujerespropongan casamiento. Además, los bisiestos pueden ser tema de buena literatura, por ejemplo, la novela de Ricardo Silva Romero, Cómo perderlo todo

Ante el paso inexorable del tiempo y frente a hechos y situaciones que no entendemos, yo también prefiero echarme algunos cuentos y, de vez en cuando, buscar a quién culpar de las desgracias. Confieso que me da cierta tranquilidad pensar que los próximos años sin 29 de febrero nos blindarán contra desgracias (no importando que Trump y Putin estén en el poder y que la crisis ambiental se profundice).

A los lectores que me han acompañado este bisiesto con sus comentarios, observaciones, sugerencias, quiero agradecerles y desearles lo mejor en los próximos 365 días. Que haya buenas cosechas, proposiciones amorosas, conversaciones incómodas, encuentros improbables y lecturas sabrosas. Que el entrante, que todos los entrantes, como dijo mi amigo, sean mejores.


Santiago Londoño Uribe

Publicado en la revista Un Pasquín

2 Comentarios
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2 Comentarios

Hernando+Bernal+A. 6 enero, 2025 - 8:13 am

Muy interesante documento. Gracias

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Vicente Alcalá 9 enero, 2025 - 3:29 am

Santiago, más que esperarlo de la buena suerte e, incluso que desearlo, lo mejor es construirlo (en cuanto está en nuestras manos). Hagamos lo mejor que podamos, sea o no bisiesto. Gracias y felicidades.

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