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Tan lejos, tan Cercas

Por Santiago Londoño Uribe
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La primera novela de Javier Cercas que leí fue Los soldados de Salamina y me sacudió. ¡Qué forma de escribir! Qué poderosa manera de meterse de cabeza en un evento histórico tan vivo, controversial y explosivo como la guerra civil española, evitando todas las trampas de la corrección política y las conclusiones simplistas, sin caer ni en el cinismo ni en el relativismo. 

De ahí salté a El monarca de las sombras en la que, siguiendo con la guerra civil, hace personal la narración y acompaña el camino que llevó a su tío abuelo, Manuel Mena, desde un pequeño pueblo en Extremadura a las huestes franquistas y a morir, con solo 19 años, en la Batalla del Ebro. 

Pasé luego a la Anatomía de un instante y a la foto del teniente coronel Tejero disparando al techo del Congreso de los Diputados, mientras Adolfo Suárez, Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo se mantienen desafiantes en sus sillas. Una narración detallada, profunda y emocionante de un momento crucial en la historia de la democracia en España. 

Luego intenté, y no pude, con sus novelas policíacas, Terra alta e Independencia. Cercas me recapturó con su último libro que es, tal como él define el género de la novela, una mezcla de crónica de viaje, biografía, ensayo filosófico y una pequeña historia familiar. 

En El punto ciego, las conferencias dictadas por Cercas en la Universidad de Oxford en 2015, el autor dice: «La novela no es el género de las respuestas, sino el de las preguntas: escribir una novela consiste en plantearse una pregunta compleja para formularla de la manera más compleja posible…» y así buscar una respuesta. La respuesta, dice Cercas, es la búsqueda misma.

La pregunta de su último libro es, ni más ni menos, la pregunta por la resurrección y la vida eterna y el interlocutor es, nada más y nada menos que el Sumo Pontífice. Y no es una pregunta teórica formulada en un texto de ficción a un Papa inventado. Es una pregunta concreta y directa dirigida a Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, por un autor ateo y anticlerical que lo acompaña a un viaje a Mongolia. Fascinante.

El loco de Dios en el fin del mundo fue publicado en abril de 2025, menos de un mes antes de la muerte de Francisco. En él, Javier Cercas cuenta cómo, en una trama digna de una novela de espionaje, lo contactan del Vaticano para proponerle escribir un libro sobre el Papa y su viaje a Mongolia. Algo incrédulo y después de conversar con esposa y amigos, acepta con dos condiciones: que lo dejen escribir lo que quiera y que le permitan tener por lo menos cinco minutos a solas con el Papa para plantearle la pregunta.

Para quienes, como yo, somos bastante ignorantes sobre la Santa Sede, sus estructuras, actores y mecanismos, la primera parte del libro es una guía interesante. Dicasterios para la Comunicación, la Cultura y la Educación, la Doctrina de la fe (antes La Inquisición), editoriales, canales de televisión, emisoras de radio y páginas web.

Toda una máquina bien aceitada y poderosa al servicio del representante de Dios en la tierra. Detrás de esa máquina, hombres (casi todos) y mujeres (muy pocas aún) cultos, comprometidos, trabajadores y llenos de chispa. Las conversaciones de Cercas con los funcionarios del Papa son cercanas y llenas de humor y de gracia.

El perfil que hace Cercas de Francisco, el «Loco de Dios», es, fiel a su idea de la literatura y de la humanidad, complejo y contradictorio. Humano, demasiado humano para citar a Nietzsche. Irascible, imprudente y autoritario, pero a la vez humilde, servicial, tranquilo y sencillo. Cositero, pero estratégico y, en palabras de Paolo Ruffini, prefecto del Dicasterio para la Comunicación, «profético». Líder de la iglesia, pero anticlerical.

No voy a contarles qué pasó con la entrevista y La pregunta. Para saberlo tendrán que leer el libro. Sí voy a comentar sobre lo que concluye el autor, en chiste, a partir de sus conversaciones y del viaje al lejano oriente, acerca de lo que es necesario para solucionar todos los problemas de la iglesia: los misioneros. 

Después de visitar Ulan Bator y conocer a los curas que llevan más de 30 años enfrentando inviernos de -40 grados, en una cultura mayoritariamente budista (sólo hay cerca de 1.400 católicos), Javier Cercas, ateo y anticlerical, concluye que la paciencia, la fe, la horizontalidad y la disciplina con que trabajan en las márgenes los misioneros, serán las herramientas para el renacer de una iglesia que enfrenta múltiples crisis.

Pues ese chiste del escritor cacereño colado en el Vaticano parece que les sonó por lo menos a las dos terceras partes de los cardenales electores en el último cónclave. El pasado 8 de mayo fue elegido Papa León XIV, Robert Francis Prevost, misionero agustino. Los ateos, ya ven, no estamos tan perdidos.

Santiago Londoño Uribe

Publicado en la revista UN PASQUÍN, Colombia.

2 Comentarios
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2 Comentarios

John Arbeláez Ochoa 28 junio, 2025 - 10:23 am

Muy ameno y certero tu análisis de la interioridad del Papa Francisco a través de la lectura del libro de Cercas. Te felicito por ser una persona dedicada a la política pero con bagaje de buen lector y analista, que será fundamental en tu carrera política, ya de por sí muy meritoria. Esta cualidad de buen lector es lo que tanta falta le hace a nuestros políticos criollos para su formación humana e intelectual. Mil gracias por la recomendación de Javier Cercas.

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Juan Gregorio Vélez 29 junio, 2025 - 2:17 pm

Gracias Santiago. Un libro excelente que deja planteado el tema de las resurrección y la vida eterna, en las que creo sin duda.
Francisco y León pueden ayudarnos a ser mejores seres humanos. Pero la tarea es nuestra.

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