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No

Por Santiago Londoño Uribe
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Esta columna es, o intenta ser, una corta apología de la negación. Pienso que en una época en la que pulula el coaching y la literatura de autoayuda, en la que se sobrevalora el «sí» y el ser positivo y en la que «todo se puede porque los límites están en tu mente», alguien tendría que reivindicar la negativa. Alguien tiene que reconocer el valor y la importancia de poner límites y de decir no.

En 1999 se estrenó en televisión por cable una de las mejores series de la historia. En sus 6 temporadas, Los Soprano ganó 21 Premios Emmy, 5 Globos de Oro y el reconocimiento generalizado de la crítica. Además de un guion impecable y unos personajes complejos y profundos, la serie de mafiosos tiene un elemento muy particular y original que aún me sorprende y me divierte. Tony Soprano, el protagonista, es un jefe mafioso que, después de un colapso producido por un ataque de pánico, decide visitar a una psicoterapeuta. 

La Dra. Jennifer Melfi se convierte en un personaje fundamental y su relación analista-paciente con Tony es motivo de reflexiones profesionales, dudas personales y situaciones extremas (en algunos capítulos tiene que esconderse porque una facción mafiosa la quiere matar).

En el episodio 4 de la tercera temporada, la Dra. Melfi es violada en un parqueadero subterráneo saliendo de su consultorio. El violador es capturado por la policía, pero debido a un error en la cadena de custodia de las pruebas, es dejado en libertad.

Unos días más tarde, en un restaurante de comida rápida, ella se topa con una foto de su agresor con el encabezado «Empleado del mes». Ejemplar el HP. La psiquiatra, magullada, aporreada y llena de rabia, le dice a su propio analista, refiriéndose al atacante, que ella podría «estriparlo como un insecto», sin duda pensando en Tony y su ocupación.

La última escena del episodio es una sesión de análisis en la que la psiquiatra, sentada al frente del jefe mafioso, explota en llanto debido a la impotencia y al miedo que le produce la libertad de su violador. Este se acerca a consolarla preguntándole qué le pasa. Ella se trata de calmar y le indica que vuelva a su silla y él, viendo en su cara una mezcla de angustia y rabia, le pregunta otra vez, “¿Quieres decirme algo?».

La cámara se acerca a la cara de la doctora, llena de moretones e inflamaciones, durante varios segundos (que parecen minutos) y luego el silencio se rompe con un «No». La pantalla se vuelve negra. Fin del capítulo.

¿Por qué es tan importante ese «No»? La Dra. Melfi sabía perfectamente que solo con decir que la habían violado, sin siquiera señalar al agresor, habría puesto en movimiento una serie de eventos que, seguramente, desembocarían en su asesinato. Tony, un delincuente al que había diagnosticado con un trastorno de personalidad antisocial, tenía los medios, las capacidades y la absoluta falta de escrúpulos para averiguar quién había sido y para, en ejercicio del código mafioso, hacerlo pagar. 

El «no» de la psiquiatra, en silencio y en absoluta soledad, es la decisión ética por excelencia. El dolor, la rabia, la impotencia, la impunidad y la gran injusticia que acompañaban su caso la empujaban a decir aquello que pondría a girar la rueda de la venganza. No obstante lo anterior, la Dra. Melfi sabía que,aunque ella personalmente no iba a hacer nada ilegal, cuando le contara a su paciente lo que le había pasado, iba a cruzar una línea ética con graves consecuencias.

Pienso que la condición especial de lo ético es que significa una confrontación y un cuestionamiento íntimos. Las decisiones éticas no reciben aplausos o reconocimientos, porque en la mayoría de los casos se quedan en el fuero interno de quien las toma, así sus consecuencias puedan ser eventualmente públicas. La ética parte de la consciencia de la propia responsabilidad y se configura como un límite, como la negación de la acción. Somos éticos en cuanto vencemos nuestras pulsiones, para ponerlo en términos psicoanalíticos.

Por último, y siguiendo en la misma línea, podemos concluir que las sociedades sobreviven y algunas prosperan porque sus ciudadanos son capaces de decir no; de decirse no. No mato. No respondo. No agredo. No robo. No miento. No manipulo. No voy a vengarme. No hago parte.

Reivindiquemos el no.

Santiago Londoño Uribe

Artículo publicado en Un pasquín

2 Comentarios
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2 Comentarios

Vicente Alcalá 23 octubre, 2024 - 5:55 am

Santiago, hay películas chatarra y otras que nos enseñan y nos ponen a pensar y a escribir. Muchas gracias.

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Hernando+Bernal+A. 23 octubre, 2024 - 7:09 am

Maravillosa reflexión y qué difícil de aplicar, en especial cuando se trata de la necesidad de un NO COLECTIVO como el que requiere el momento actual de nuestro país.

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