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En nuestra tertulia del pasado jueves 26 de octubre, quisimos tratar el tema de la muerte, desde la experiencia vital de cada uno de nosotros. Con este aporte de Vicente, comenzamos a publicar los testimonios escritos.

Para esta tertulia pensé que no escribiría nada, pues ya había publicado en el blog una respuesta a la pregunta ¿Cómo asumimos la muerte? (20-02-2021). Pero enseguida reflexioné que algo tan definitivo y trascendental como la muerte, no se agota en tres páginas.

Ratifico lo que dije entonces; sólo faltaría decir algo adicional desde otra perspectiva. Hablé del momento de la muerte sin poder decir de antemano qué sentiré; hablé de la vida después de la muerte con fe y esperanza cristianas. Hoy quiero hablar del tiempo antes de la muerte.

Recuerdo una pregunta poderosa: ¿Cuál es el mejor uso de mi tiempo ahora? Entonces, antes de mi muerte lo mejor que puedo hacer es estrechar los lazos con los míos, entre otras cosas importantes.

Siento que todavía no es la hora de mi muerte. No sé cuánto se demorará, pero, sin saber por qué, creo que aún falta un tiempo. Siento tranquilidad ante ella, no siento miedo, ni inquietud, ni preocupación.

Debería más bien ocuparme. Tuvimos una bella y útil tertulia el 25 de marzo del 2021 “Actitud personal frente a la muerte” con la presentación de la Dra. Elsa Arango, autora del libro: ”Legado de amor, y uno de los temas fue sobre cómo organizar las cosas para dejarles los menores problemas a los más cercanos. Pienso en los míos y sé que sufrirán mucho con mi muerte y me echarán de menos dolorosamente.

Entonces, trabajaré para dejarles organizadas las cosas, los recursos, el patrimonio; para evitar al máximo cualquier desavenencia entre ellos. Y también para que no se lleve el “fisco” demasiado de lo que pueda dejar.

Más que un testamento de bienes o de patrimonio económico, me gustaría dejarles un mensaje escrito además del legado vivo de los buenos recuerdos, los buenos momentos, las buenas fotos, los buenos sentimientos y las buenas acciones, los buenos ejemplos… 

No puedo trasladarles mi temperamento, mis actitudes y mis significados. Quizás sobre estos últimos, sí puedo insistir en el sentido que la muerte tiene para mí -a modo de un testimonio; como una confesión de fe y esperanza-. La imagen del grano de trigo que se entierra es una realidad significativa: con la muerte se nos entierra para brotar a una nueva vida, redimida por Jesucristo, resucitada, gloriosa. Entonces, la muerte será una transformación, un tránsito, un viaje hacia un destino inimaginable, pero mejor que cualquiera de los que hallamos soñado. ¡Tenemos que recibir la muerte con amor!

………………

Había escrito hasta aquí, cuando enseguida vimos unos bellísimos videos tomados por mi hijo de la Costa Caribe,junto al parque Tayrona, al otro lado del río Piedras.

Los colores verde selva, el azul del mar y del cielo, las olas, el río, las montañas, la explosión de vida… muestran una belleza y una majestuosidad sobrecogedoras. Desde el suelo no puede uno apreciar este paisaje completo, pero elevándonos con el dron, admiramos toda esa hermosuradesplegada. Al acompañar esos videos con música inmortal, la experiencia es inenarrable. 

Enseguida tuve un insight: si ya en esta vida gozamos de algo así, aunque no podamos verlo todo… elevándonos tras la muerte, disfrutaremos una VIDA, un gozo, una belleza, una plenitud y majestuosidad indecibles, pues “ni ojo vio, ni oído oyó” lo que el Señor nos tiene preparado. 


Jesús fue elevado en la cruz y desde allí fue elevado a la Gloria del Padre. El Espíritu nos eleva, en nuestra muerte, junto con el Hijo a la Gloria del Padre. Al elevarnos “veremos” la plenitud de la realidad y de la nueva realidad.

Vicente Alcala Colacios

Noviembre, 2023

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Animado por la invitación a esta tertulia, busqué enseguida el Thesaurus spritualis Societatis Iesu que comienza con el texto autógrafo de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

Y encontré, de paso, un tesoro personal inadvertido, “enterrado” por 65 años. Se trata de un folder guardado en un archivador, que contiene cuadernitos y escritos entre 1958 y 1963.

Vi la firma inconfundible del P. Joaquín Ruiz de Castro, un jesuita con figura ascética, muy alto, delgado, serio pero amable, Maestro de Novicios en el Puerto de Santa María, en Andalucía.  

Digo experiencia esculpida, porque el mes de los Ejercicios Espirituales, realizado a los 17 años, marcó con un sello indeleble el subconsciente y en el consciente de mi vida.

Los cuadernitos que conservo contienen los “puntos” para las 4 meditaciones diarias de las 4 semanas de los Ejercicios. Además, hay un sobre con el membrete del “Colegio-Noviciado de San Luis Gonzaga” que contiene 7, 10, 6 y 4 hojas, con cuatro resúmenes diarios de las reflexiones personales, durante las meditaciones y contemplaciones. 

En el mismo folder hay, entre otros escritos, unos comentarios de los Grupos de Evangelios sobre los cuales escribí en el artículo “Un libro leído en grupo” del blog Exjesuitas en tertulia.

Me emocioné hojeando unos poemas y escritos de compañeros que nos despedían y deseaban lo mejor para nosotros en nuestra próxima vida en Colombia. Me extrañé porque entre ellos, hay una página escrita por Oscar Jaramillo; más tarde me di cuenta de que se trataba de un recibimiento a Paco Luque y a mí, en 1962. 

Esa tercera experiencia, del traslado a Colombia, sin saberlo,también marcó mi vida con 9 años en la Compañía, entre Santa Rosa, Chapinero, Bucaramanga y de nuevo Chapinero, con un breve paréntesis en la parroquia de Gamarra, a orillasdel Magdalena. Los años de Filosofía también me marcaron, no solamente ya en la Compañía, sino para toda la vida.

Mi regreso a la Teología, ya retirado de jesuita, ha completado por 15 años el alimento espiritual con que la Compañía de Jesús ha nutrido mi vida personal, familiar y social.

Vicente Alcalá Colacios

Octubre, 2023

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Por el Amazonas

Por Vicente Alcala
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En la esquina sur del Departamento de Amazonas y, por lo tanto, de Colombia, está Leticia, capital de este Departamento; pertenecía antes, a los llamados “Territorios Nacionales”. Cruzando una calle estamos en Tabatinga, Brasil. Leticia está a la orilla del trayecto colombiano del inmenso río Amazonas.

El río Amazonas tiene 7 062 km de largo, desde su nacimiento en el departamento de Arequipa, Perú, hasta el estuario que desemboca en Brasil, en el océano Atlántico. Es el río más largo y caudaloso del mundo. Como dato curioso, el Amazonas es anterior al surgimiento de la cordillera de los Andes; en esa época fluía en sentido contrario y desembocaba en el Pacífico.

El encuentro con los niños y adultos indígenas de la etnia de los Tikunas…

…culminaba en que ellos nos pintaban la cara con colores vegetales y nos colgaban al hombro alguna culebra domesticada, como muestra de hospitalidad.

Desde Leticia pasamos por Puerto Nariño y cruzamos a la Isla de los Micos… aquí hay un laboratorio polémico para investigaciones médicas, por el trato dado a los animalitos.

Visitamos también la Reserva de Maranchá, en la orilla peruana del Amazonas; éste forma una especie de lago,desde el que se observan bellas construcciones locales. (Recordamos que Perú y Colombia sostuvieron una guerra, entre 1932 y 33, por la disputa de territorios del río.)

Por la noche nos pasearon cerca de las orillas, donde brillaban los ojitos de las babillas -los bebés de los cocodrilos- a la luz de la linterna; nos cogieron una y la pudimos acariciar.

Los paseos por las quebradas, como Matamatá, remando en las piraguas o canoas, son inolvidables.

Cerca de Leticia, fuimos a una porción de selva tupida, con sus árboles gigantescos. Se podía subir, con ayuda de un arnés, al dosel arbóreo, elevado sobre los demás árboles, desde donde se contemplaba el atardecer por encima del tapete verde formado por las copas. Un sobrino que es muy buen deportista no logró subir al dosel. Yo pensé que, si él no lo lograba, cuanto menos sería yo capaz de subir; pero, sin pensarlo, fui subiendo paso a paso abrazando el tronco,hasta disfrutar desde arriba del panorama casi infinito.

Le hice fieros a mi sobrino y ya le dio pena y también subió.

En uno de los dos paseos por el Amazonas, pasamos cerca de los delfines y llegamos a los lagos de Parapoto, donde se ven las aguas casi negras, pero provocativas. No me resistí y me lancé al agua… me gritaron: ¿y las pirañas? entonces me subí a la lancha más rápido de lo que me había lanzado.

La Amazonía es desde luego el “pulmón” de la gran región. Como reserva natural guarda una gran biodiversidad de fauna y flora, de agua, entre otros recursos naturales…

Es difícil transmitir las sensaciones y emociones de visitar la selva como turistas, la cara más amable y alegre de la Amazonía.

En exjesuitasentertulia.blog se consignaron tres presentaciones muy importantes sobre la región: aparecen con fechas 9 y 10 de septiembre de 2020, 16 de agosto de 2021 y 6 de septiembre de 2021.

Más adelante podremos compartir las preocupaciones y responsabilidades acerca de la Amazonía, especialmente cuando escribamos sobre el Sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia.

Vicente Alcala Colacios

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Carta a mi Padre

Por Dario Gamboa
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El evocador artículo publicado por Chucho Ferro el reciente Día del Padre, nos animó para compartir en una tertulia de nuestro grupo, los mensajes que tendríamos para nuestros padres, resumiendo nuestra experiencia de vida con ellos. Pedro Benítez, Marta Helena Ferro, Samuel Arango, Jorge Luis Puerta, Juan Gregorio Vélez, Jesús Ferro, Rosario (Ro) Rodríguez, Julio Hidalgo, Alfredo Cortés, Bernardo Nieto, Darío Gamboa, Reynaldo Pareja y Vicente Alcalá leyeron en este orden sus cartas en una tertulia emotiva y profunda que compartimos con nuestros lectores.

Exjesuitas en tertulia, Jueves 6 de Julio, 2023
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¿Será aceptable este slogan? Lo que es bueno para unos es malo para otros. La moralidad en unas culturas difiere de la moralidad en otras culturas; entonces ¿que cada uno escoja como quiera? ¿Cualquier cosa vale? ¿Lo bueno y lo malo es relativo? o ¿es posible y necesario establecer unos mínimos éticos universales y un criterio de lo moral?

Hay vocablos relacionados, aunque estrictamente no son sinónimos: legal, legítimo, justo, bueno, honesto, valioso, importante, moral, recto, correcto, íntegro, auténtico… y sus contrarios o antónimos: ilegal, ilegítimo, injusto, malo, deshonesto, despreciable, insignificante, inmoral, torcido, incorrecto, corrupto, falso… Es conveniente advertir que puede darse una gradación o escala entre ellos.

No es necesario aquí, precisar el significado de cada término; basta con la comprensión normal que tenemos de cada uno, del sentido generalizado que les damos; basta pensar en los comportamientos observables que manifiestan lo que no se ve, lo que hay detrás de cada conducta. Como dirían los griegos, no todo el mundo sabe definir qué es la virtud y qué es el vicio, pero todo el mundo sabe distinguir la persona virtuosa de la persona viciosa, la persona buena de la persona corrupta.

Regresemos al comienzo: ¿Qué es el valor, qué son los valores? Hay diferentes tipos de valor: económico, literario, artístico, científico, comercial… moral. Y hay grados o niveles de valor: no es lo mismo $100 que $1.000, no vale lo mismo una casa de 80 metros cuadrados que otra de 200; no es tan importante una opinión subjetiva o personal, como una teoría física comprobada y aplicada en múltiples descubrimientos o invenciones. 

De manera que decir “todo vale” o todo da igual, es claramente insostenible. Sin embargo, también es cierto que lo importante o valioso para una persona, o una colectividad o una cultura, puede ser indiferente o insignificante para otras. ¿Qué podemos pensar ante eso?

Entre los tipos de valores enunciados, detengámonos en el valor moral; es el que califica o mide, no lo que las personas tienen, sino lo que ellas son; califica a las acciones específicamente humanas de las personas o los grupos, a los comportamientos conscientes y voluntarios; no llamaríamos moral o ético al respirar o caminar, pero sí al decir la verdad o ayudar a un necesitado. 

Ahora bien, ¿hay un criterio válido y objetivo para decidir o juzgar lo bueno y lo malo?  ¿Existe un fundamento auténtico, genuino, universal de lo ético-moral, o simplemente este terreno es subjetivo, relativo, arbitrario, convencional, a gusto o criterio de las personas o colectividades?

Para deliberar, decidir y actuar, hay preguntas importantes: ¿Vale la pena?  ¿Debo hacer esto? ¿Cuál es la mejor, entre dos o más alternativas que tengo? ¿Qué beneficios o inconvenientes se pueden prever? No se trata de mentir o engañar a otros, sino ¿me estoy mintiendo o engañando a mí mismo? Y estas preguntas en primera persona son válidas para grupos y colectividades que toman decisiones y actúan en común.

Hay diversos códigos morales, según las ideologías, las culturas, las costumbres… pero una cosa es el contenido o características de esos códigos y otra cosa es la función dinámica o consciencia que exige su observancia. 

Escribe un autor que: aunque seamos libres para cumplir nuestros deseos, no somos libres para escoger qué desear. Si esto es así ¿dónde queda nuestra voluntad y nuestra responsabilidad? Podemos decir que nuestra naturaleza se dirige a lo que necesitamos y, por tanto, a lo que deseamos. 

La naturaleza humana -como principio de movimiento y reposo- desea y tiende a la verdad, al bien, a la felicidad. Pero nuestra voluntad escoge la manera y los medios para lograr lo que deseamos; nuestra libertad decide en qué ponemos la verdad, el bien, la felicidad… y nuestra libertad puede errar, puede equivocarse al decidir: nadie escoge directamente lo falso, lo malo, la desgracia; es más exacto decir que alguien escoge mal, antes que decir escoge el mal La naturaleza humana nos dota, desde el nacimiento, de nuestras capacidades hacia la verdad, el bien, la felicidad; la historicidad es lo que nosotros hacemos de nosotros mismos con esas capacidades que recibimos. 

¿Somos egocéntricos o somos altruistas? El egocentrismo es algo natural como el instinto de conservación. El conflicto surge cuando pensamos en el bien de los demás, que no es totalmente indiferente para nosotros sino necesario, pero que no pesa tanto como el bien propio. Obtener un equilibrio entre ambos es ideal y alcanzable, es lo ético.

Pero el mundo, todos los días y en todas las latitudes, nos ofrece un panorama desolador:  violencia, homicidios, engaños, robos, atracos, guerras, corrupción… 

Las pasiones descontroladas ¿nos arrastran necesariamente? Tenemos impulsos e inclinaciones espontáneas porque somos animales, pero somos “animales racionales”: nuestra inteligencia y nuestra razón pueden orientar, dirigir, regular nuestros instintos e impulsos; pero éstos, a veces son tan fuertes, que nos hacen obrar irracionalmente.

Ética y moral son categorías que se refieren a las personas, a los grupos, a las sociedades. Pasemos a considerar algunos planteamientos y propuestas de alcance universal. Más que cuestionar si es posible o no una ética universal, es preferible trabajar por ella.

Hans Küng fue promotor de la Fundación “Ética Mundial” en Suiza que se extendió a muchos países, y fue inspirador de la Declaración del Parlamento de las Religiones del mundo de Chicago, contra los “Siete pecados sociales” denunciados por Mahatma Gandhi:

riqueza sin trabajo, 

disfrute sin conciencia,

saber sin carácter,  

negocio sin moral,

ciencia sin humanidad, 

religión sin sacrificio, y

política sin principios…

Hans Küng propuso las condiciones básicas de un acuerdo ético global antes de concretar unas propuestas más específicas. Estas son las fundamentales: 

• Compromiso para que todo ser humano reciba un trato humano.

• Compromiso a favor de una cultura de la no-violencia y respeto a toda vida.

• Compromiso por una cultura de la solidaridad y de un orden económico justo.

• Compromiso a favor de una cultura de la tolerancia y un estilo de vida honrada y veraz.

• Compromiso por una cultura de igualdad y camaradería entre hombre y mujer.

Además, de acuerdo con nuestra fe para toda la humanidad:

El Padre nos hace hermanos,

El Hijo nos enseña cómo ser hermanos,

El Espíritu nos impulsa a amarnos de verdad como hermanos.

Vicente Alcalá

Marzo, 2023

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Un abrazo virtual es bueno, pero mucho mejor si es presencial. De manera semejante, pero con  más trascendencia, la Eucaristía es preferible presencial que por T.V. 

La Iglesia que se ve en la fotografía queda en la vereda donde vivo. Cuando llego en el carro, la orilla de la vía está bastante ocupada, pero puedo dejarlo cerca de la entrada. 

Hay muchos vecinos, conocidos desde hace casi 30 años, algunos acompañados por sus hijos, nacidos a través durante este tiempo. Otros asistentes han ido llegando a nuestra vereda o a las cercanas.  

Solía yo presenciar la Santa Misa por televisión, oficiada casi siempre por el mismo celebrante. Al venir los domingos, la presiden alternativamente tres sacerdotes diferentes, y cada uno tiene su estilo y ofrece palabras y gestos propios; por ejemplo, uno de ellos mantiene elevados, la Hostia y el Cáliz, durante unos minutos prolongados y eso me ayuda a interiorizar el misterio de la presencia de Jesucristo resucitado. 

Esta presencia es también notoria para la comunidad que asiste y lo expresa con sus gestos. Durante las lecturas y la homilía el silencio manifiesta una atención que asiente. Entonamos en común oraciones y cánticos. En otros momentos de la celebración se advierte una empatía natural y espiritual. 

Al momento del saludo de paz, se manifiesta la cercanía entre las personas; algunos niños se aproximan, desde otros bancos, a saludar a la abuela o a algún otro pariente; varios matrimonios se saludan con un beso; todas las personas nos encontramos con la vista, por lo menos.  

Para recibir la comunión, se forman dos filas respetuosas y ordenadas y cada uno puede comulgar, como no podemos hacerlo por televisión.   

La fe sencilla del pueblo es tranquila y alegre y al salir de la Iglesia, el saludo y la conversación de unos con otros se enmarca en el paisaje campestre de los alrededores. 

Podrán decir ustedes que este ambiente “campesino” no se repite fácilmente en la ciudad.  

Sin embargo, hay una realidad social constante: en mayor o menor grado se manifiesta una fe común, compartida, unitiva. Dios nos conoce y nos ama a cada uno particularmente, pero la propia vivencia -antes que individual- proviene de la comunidad familiar y cultural que nos transmitió la fe.   

Esta conciencia colectiva de la fe cristiana se hace más patente, con la presencia común en el templo, que con la participación a través de las imágenes y sonidos televisivos. No obstante, comprendemos -y a veces observamos- la celebración eucarística a distancia, desde lugares lejanos y en tiempos retransmitidos.  

En el último Domingo de Resurrección celebrado, fue impresionante la multitud de fieles que llenaban la plaza de San Pedro en el Vaticano, venidos de muchas regiones del mundo, como se dio muestra con las oraciones de distintas personas, en diversos idiomas, de varias naciones y continentes. Fue una manifestación de la catolicidad -universalidad- de la Iglesia de Cristo. La belleza de las flores y la arquitectura circular enmarcaban y abrazaban la ceremonia.    

Presenciales o virtuales, todos los anteriores son signos y símbolos que nos “transportan” a una realidad superior pero encarnada en medio de nuestra sociedad humana.   

Completando la reflexión anterior, al final de la Misa, recibimos la bendición para continuar la vida cotidiana y, por lo general, se despide la celebración con una oración o canto a la Virgen María, Madre de Jesús. 

Además, la Eucaristía presencial es una ocasión para dar Gracias a Dios, por la salud que nos permite ahora asistir a ella, hasta que la enfermedad o la vejez nos obliguen a participar en la celebración, solamente televisada. 

Vicente Alcalá Colacios

Mayo, 2023

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Dicotomías

Por Vicente Alcala
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¿Somos instintivos o libres? ¿Somos emocionales o racionales? ¿Somos buenos o malos?  ¿Somos individualistas o gregarios? ¿Somos egoístas o solidarios?  ¿Somos parroquiales o universales? ¿Somos conservadores o liberales? ¿Tenemos sentido común o somos “filósofos”? ¿Somos creyentes o científicos? ¿El universo es evolución o creación? ¿Las religiones fomentan el amor o el odio? ¿La religión es invento humano o revelación divina? ¿Dios está  fuera del mundo o dentro de nosotros?

Responder estas preguntas no nos da para el desayuno, pero…como “no sólo de pan vive el hombre” ni la mujer, abordémoslas con entusiasmo.  

Había escrito ligeramente unas reflexiones -de alguna manera impulsivas- como reacción a una primera lectura incompleta del libro cuya carátula introduce este artículo. Al leerlo más despacio y casi completamente, surgieron las preguntas anteriores, entre otras. 

Siendo escépticos, no sabríamos dar respuesta a ninguna de ellas. Siendo dogmáticos o fundamentalistas, nos inclinaríamos a uno u otro lado. Siendo eclécticos, responderíamos  simplemente que las dos cosas, a cada pregunta. Y siendo respetuosos, “nos quitaríamos el sombrero” ante Jonathan Haidt, quien, en esta obra, ofrece 510 referencias bibliográficas, en 36 páginas, en las que son citados, en promedio, unos 14 autores por página.

Pero no voy a escribir bajo el “argumento de autoridad”,sino con el atrevimiento de un aficionado a la sabiduría y, sobre todo, apelando al buen juicio de ustedes, lectores.  

En primer lugar, diré que el autor responde implícitamente a las dos preguntas de la carátula del libro y también a la pregunta -que inunda las páginas de esta obra- por la naturaleza de la moral, y que se esconde en el título La mente de los justos. Igualmente, suscribo el comentario de The New York Times, en la parte inferior de la carátula: “Una contribución extraordinaria a la comprensión del ser humano.

Somos “instintivos” porque somos animales y somos libres, como expliqué en el artículo ¿Mente o cerebro? ¿Libres o determinados? Somos emocionales y a la vez racionales: todo razonamiento nace de una emoción, y nuestras emociones son de seres inteligentes y razonables. Somos buenos por naturaleza, como seres que somos, pero nuestra voluntad puede dejarse llevar por dinamismos básicos, con resultados negativos que llamamos malos. 

Somos individualistas porque perseguimos nuestro propio bien y felicidad, pero a la vez somos gregarios porque pertenecemos a una especie animal y no podemos explicarnos ni subsistir aislados o de manera autosuficiente. Somos egoístas y podemos ser solidarios, pues como acabo de decir: buscamos nuestro propio bien y bienestar, pero nunca podremos alcanzarlo, sin colaboración mutua. 

Somos parroquiales porque nacemos y vivimos dentro de grupos reducidos (que se han llamado tribus, clanes, familias) y universales porque formamos parte de la especie humana, manifestada hoy por la “globalización”.

Somos conservadores porque no podemos, aunque quisiéramos, echar por la borda nuestra herencia biológica y cultural, y somos liberales porque somos emprendedores e innovadores por nuestra naturaleza inteligente. Como se pregunta el autor que estamos comentando ¿podemos disentir de forma constructiva los de uno y otro “bando político”?  o ¿acaso dentro de cada uno de nosotros compartimos las dos tendencias?

Tenemos sentido común y somos filósofos en algún grado,porque tenemos una inteligencia práctica para poder subsistir, pero no podemos dejar de cuestionarnos -sin preguntas explícitas, en muchos casos- por el sentido de esta existencia que protegemos. 

Somos creyentes porque creemos en la tradición transmitida por las personas en quienes creemos, y somos científicos porque también creemos en los científicos verdaderos, acertados y reconocidos (aunque siempre provisionalmente).

La creación es fruto de un universo evolutivo. Una vez alegaba una señora que la evolución no era cierta porque eso era negar la creación de Dios. Yo le respondí ¿quién era más “poderoso”: un creador de cosas estáticas o un creador que crea cosas que “crean” otras cosas? Pensemos si no, en la inteligencia artificial.

No las religiones, sino algunas interpretaciones de las religiones han fomentado históricamente el odio y la violencia. Todas las religiones, en el fondo, promueven el amor.

Dios es, no sólo el creador, sino el sustentador de todo lo creado, de todo ser o ente. Obra o actúa no como “en un comienzo” simplemente, sino que da el SER y lo sostiene, como regalo, a todo lo que existe. Por una parte, ES sobre todo ser y por eso lo comprendemos  “fuera” o “por encima” del universo, pero, por otra parte “en Él, somos y existimos y nos movemos”. No sólo nos “rodea” sino que -de alguna manera que no entendemos- es el fundamento, la fuerza, el dinamismo, el espíritu que nos impulsa y nos atrae desde dentro.  

Nos quedaba la pregunta de si la religión es invento humano o revelación divina. No hemos hablado de la historia, y la necesitamos para entender que los seres humanos como especie y como individuos tenemos el deseo irrestricto de conocer, de amar y de hacer el bien. 

Dios no sólo crea, sino que quiere darse a conocer y quiere compartir con nosotros su ser, su bondad y su verdad. La religión es “invento” humano, si entendemos invento como investigación y como hallazgo. La religión es revelación divina, si por revelación entendemos el descorrer voluntario del velo divino que encubre su realidad, su amor, su verdad, pero que no “funciona” si nosotros no miramos ni vemos, si no oímos ni escuchamos. Dios nos habla de muchas maneras, pero necesitamos “abrirnos” a su palabra.  

La religión es la confluencia –“hacia arriba”- del deseo innato y la búsqueda humana, con la revelación voluntaria y amorosa “hacia abajo” del Dios trinitario y redentor.

Vicente Alcala Colacios

Marzo, 2023

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PONER EN PRÁCTICA

Por Vicente Alcala
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Al preguntarnos si ¿somos libres o determinados? respondemos que “aunque las interacciones entre los miles de millones de neuronas de nuestro cerebro condicionan nuestro comportamiento… podemos intervenir o influir voluntariamente para que haya unas conexiones que produzcan un resultado deseado”. Es hora de hacer esta intervención voluntaria. Otro tanto se puede decir de la creación de hábitos positivos o de la eliminación de hábitos perjudiciales. Y así, en otros campos, es importante pasar del saber al practicar. 

Ya decía San Pablo que “no hago el bien que quiero, sino que practico el mal que no quiero”[1]. Cada uno de nosotros, seguramente, tiene una experiencia semejante: trata de dejar de hacer algo que considera inconveniente, pero no lo logra; quiere obtener un hábito que conviene, pero pasa el tiempo y no lo adquiere… desea realizar un acto generoso o positivo, pero encuentra mil excusas y no lo hace.

¿Cómo podemos poner en práctica lo que comprendemos como bueno o preferible?

Una amiga me confesaba, en una ocasión, que había llegado a una situación indeseable pues aceptaba o buscaba comportamientos sexuales incorrectos con personas de distinta condición (el jardinero, el fontanero, etc.) en forma indiferenciada. Hasta que un día decidió que no quería seguir con esa conducta inadecuada y “cortó por lo sano”, “de una”. 

Esa es una forma efectiva de lograr lo que se quiere, porque al contrario, mientras se alimenta la duda, cuando se trata de justificar un comportamiento inadecuado por lo positivo que pueda ofrecer, si se trata de dejar “poco a poco” una conducta inconveniente… no se logra un resultado eficaz; en cambio, si se toma una decisión tajante, si no se permite darle largas al cambio, si no se alimenta la posibilidad de cambiar a medias… se consigue lo positivo que se quiere: se comprueba que no estamos determinados por nuestras neuronas, sino que nuestra voluntad interviene sobre el dinamismo de ellas y experimentamos que somos libres para decidir y actuar. Experimentamos la satisfacción del resultado que queríamos. 

Así pues, me confieso y les comparto que es hora de poner en práctica los planteamientos que he expresado en varios de los artículos publicados en este blog :

  • Una enseñanza del capítulo 2º de la encíclica Fratelli Tutti, un extraño en el camino es que no se trata de preguntarnos quién es nuestro prójimo, sino de hacerme prójimo para los demás, especialmente para los necesitados, para los pobres… y con la afirmación del evangelio de Mateo: “a los pobres los tendrán siempre cerca” [2]no tenemos excusa para auxiliar, por lo menos, a algunos de los que me encuentre por el camino de la vida. 
  • Los Evangelios fueron un libro leído en grupo, y decido seguir estudiándolos periódicamente.
  • Es necesario revisar diariamente la actitud y la significación con que intercambio    con los más cercanos y enfrento las situaciones que me rodean.
  • Ante los conflictos con otra persona (graves o normales) decido atreverme a exponer claramente mis puntos de vista, intereses, necesidades, expectativas, sentimientos, preferencias, preocupaciones, formas de actuar… decido escuchar igualmente los de la otra persona… y busco acordar lo que se puede hacer, de parte y parte, para conciliar las diferencias y, gerenciar así, los conflictos mutuos.
  • La importancia de los 5 hábitos trascendentales y sus invitaciones: sé atento, sé inteligente, sé razonable, sé responsable, sé amoroso, requieren estar cuidadoso, comprender permanentemente, comprobar antes de afirmar, actuar con ética, amar sinceramente. Y estos hábitos quiero ejercitarlos continuamente hasta que se conviertan en parte de mi forma de ser y mi estilo de mostrar la propia personalidad.  
  • Alguna vez decía: creo, pero no voy a misa, pero modifiqué esa expresión diciendo que creo y alimento mi fe y adhesión al Cristo total en la celebración de la Eucaristía; ahora, participo en la Misa dominical -preferible presencial más que sólo por T.V.- pues así comparto mejor la fe de la comunidad y puedo comulgar sacramentalmente; quiero perseverar en esta participación.  
  • Es renovable e inagotable la energía espiritual que la presencia permanente de Jesucristo resucitado mantiene a nuestra disposición, en la celebración eucarística y su prolongación sacramental; por lo tanto, me acercaré con frecuencia y participaré como acabo de decir, sin excluir las demás formas de relación y comunicación espiritual con el Dios trino, que se traduzcan en mi contribución al bien social.
  • Si el amor verdadero es una relación inmortal, no puedo permitir que muera o se debilite; lo alimentaré diariamente con obras y gestos, pero también necesito expresarlo con palabras. Si pongo cuidado, encontraré la forma adecuada, de acuerdo con cada persona y con cada situación cotidiana.
  • Invite a recordar, revivir y escribir. Es bueno el ejercicio para uno mismo y puede servir para otros. Decido hacerlo, sobre todo, acerca de las cosas que hemos hecho bien.

Y así, cada uno, puede revisar qué quiere hacer y no lo ha hecho, para decidir hacerlo; o qué quiere dejar de hacer y deja de hacerlo, “de una”.

Jesús nos dijo: “ustedes son la sal de la tierra, ustedes son la luz del mundo” Es bueno que cada uno encuentre la forma de dar sabor a sus relaciones y de ser luz para los demás. 

Un año nuevo -ya avanzando- es una ocasión propicia para poner en práctica tantos buenos deseos que se quedan muchas veces en eso, en deseos, sin convertirlos en hechos o realidades. Es hora de poner en práctica, de pasar del saber o la teoría a la acción concreta.


[1] Carta a los Romanos, capítulo 7, versículo 19

[2] Evangelio de San Mateo, capítulo 26, versículo 11

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2023

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El jueves pasado tratamos en nuestra tertulia semanal el tema Metaverso e inteligencia Artificial–Desafíos y Oportunidades”, animada por Juan Sebastián Murcia Zaher. Por casualidad, la redacción ha recibido dos artículos de dos autores diferentes que, sin proponérselo, se han referido a este tema. Síntoma de las inquietudes que estos cambios nos plantean. 

La inteligencia artificial nos impulsa al futuro; la inteligencia natural nos remonta al comienzo de la evolución. La inteligencia artificial es producto de la inteligencia natural. ¿Comprendemos la inteligencia artificial? ¿Comprendemos la inteligencia natural? ¿Para qué nos sirven una y otra?

Se han hecho y se hacen innumerables preguntas acerca de la inteligencia. ¿Qué es la inteligencia? Y se responde, por ejemplo, que es la capacidad de resolver problemas. El Diccionario de la Lengua Española la “define”, entre otras acepciones, como: capacidad de entender o comprender; conocimiento, comprensión, acto de entender; habilidad, destreza y experiencia; sustancia puramente espiritual… Capacidad, acto de entender y conocimiento o comprensión, son tres aspectos relacionados y secuenciales de la inteligencia humana: 

– La capacidad es una característica, una propiedad, una potencialidad, una manera de ser, que está siempre ahí, latente, como base disponible del actuar inteligente.

– El acto de entender es un ejercicio singular de la capacidad inteligente; es un eslabón de una cadena de actos de inteligencia consecutivos o “concatenados”; se llama también acto de intelección o -en inglés- insight. “El acto de intelección es la fuente no solo del conocimiento teórico, sino también de todas sus aplicaciones prácticas y ciertamente, de toda actividad inteligente”[1].

– El conocimiento o comprensión es el resultado o producto de un acto de intelección, de la actividad inteligente, porque hay capacidad inteligente.

Tenemos pues, 1) una capacidad humana de entender, que 2) se pone en marcha o en ejercicio para intentar comprender algo, y 3) obtiene como resultado un conocimiento determinado o la comprensión de una particular situación o acontecimiento.

La inteligencia humana natural, como proceso que arranca con el acto de intelección, es la que origina todo conocimiento y toda actividad inteligente. De ahí su importancia. 

Dijimos al comienzo que la inteligencia artificial es producto de la inteligencia natural. En efecto, la inteligencia artificial es el resultado acumulado y progresivo de un proceso inteligente, desarrollado por muchos seres humanos inteligentes, a través de muchos siglos. La capacidad inteligente natural del ser humano, puesta en ejercicio, avanza y crea la inteligencia artificial y todos sus productos y aplicaciones. 

Pero la inteligencia natural humana no solo ha dado origen a la inteligencia artificial. A lo largo de la historia ha inventado y ha construido desde la rueda, hasta los vehículos autónomos actuales, desde el libro hasta las grandes bibliotecas, desde las pirámides, los puentes, las catedrales, hasta los modernos edificios inteligentes. Las artes y la literatura son otros “productos” de la inteligencia humana natural.

Si nos acercamos más, podemos observar que la inteligencia natural humana se manifiesta, tanto en el campo del sentido común, como en el campo de la teoría o ciencia. El sentido común establece relaciones entre las cosas, con un sujeto que conoce y actúa. La teoría o ciencia establece relaciones entre diferentes cosas, para explicar y predecir. En este campo, la inteligencia se desarrolla en las diferentes disciplinas: Física, Astronomía, Química, Geología, Biología, Antropología, Lingüística, Sociología, etc. 

Así: un agricultor es inteligente, con una inteligencia natural de sentido común; un agrónomo es inteligente con una inteligencia adicional, teórica o científica. Un carpintero maneja las medidas y las cantidades con una inteligencia práctica de sentido común; un matemático explica las medidas y las cantidades con una inteligencia adicional, teórica o científica. Un médico puede actuar con sentido común, pero adicionalmente actúa con el conocimiento científico adquirido mediante el estudio de las investigaciones médicas. Por lo tanto, la técnica y la tecnología son también desarrollos de la inteligencia humana, natural y científica. 

Otra pregunta clave y de consecuencias prácticas es si la persona inteligente ¿nace o se hace? Hay que decir que toda persona humana normal es inteligente; al preguntar si una persona es inteligente, la respuesta no puede ser sí o no; máximo, se puede responder que es inteligente en mayor o menor grado. Sin embargo sí se pueden distinguir matices o especializaciones de la inteligencia: se habla de la inteligencia numérica, la inteligencia espacial, la inteligencia musical, la inteligencia lingüística, la inteligencia social, la inteligencia emocional…

Es necesario admitir que hay factores genéticos heredados por la inteligencia humana, pero el medio social y la educación son muy importantes para su desarrollo. La inteligencia humana natural no es estática o inmutable, sino que es dinámica, evolutiva, creciente…

En consecuencia, todos tenemos la posibilidad y la responsabilidad de alimentar y desarrollar nuestra inteligencia con la observación, la atención y la reflexión; con la lectura y el estudio, con la recepción de lo que nos transmiten los que nos anteceden y saben, con las preguntas para la comprensión y la explicación, con el diálogo y el intercambio, con la curiosidad y la dedicación, con la motivación especial propia y la disciplina continuada; toda esta acumulación de saber es lo que aprovecha hoy la inteligencia artificial, que debemos poner a nuestro servicio. Para adultos y jóvenes las perspectivas que se abren parecen no tener límites.

Vicente Alcala

Febrero, 2023


[1] Lonergan, Bernard. Insight: Estudio sobre la comprensión humana. Ediciones Sígueme, Salamanca, 2004, pg. 16

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Todos somos, en alguna medida, turistas, emigrantes y peregrinos. El turista es, por poco tiempo, habitante en un país ajeno; el emigrante lo es por más tiempo; el peregrino es habitante de un país, pero está de camino… 

En una ocasión, un grupo de amigos conversábamos acerca de quienes habíamos ido al exterior. Yo dije que desde Norte de Santander había cruzado a la población más cercana de Venezuela… Uno de mis amigos replicó que además, ¡yo había venido a Colombia!  Hacía unos cinco años que había llegado y pasaron otros cuatro hasta que volví a viajar fuera del país. En 2022 cumplí 60 de vivir aquí. Ya casi olvidé que soy emigrante.

Dije que todos somos emigrantes en alguna medida porque, así no nos cambiemos de país, nuestro país cambia con el tiempo y cada uno cambia dentro del país cambiado: emigramos o salimos de un “territorio” vivido. Además, podemos y debemos “emigrar” de una situación presente a una situación mejor para todos. 

Hace poco, varios amigos hablaron ‒en una de nuestras tertulias‒ sobre Colombia vista desde la estadía en un país extranjero. Yo tendría que hablar en sentido inverso: habiendo llegado de fuera, cómo me siento en Colombia. Ya he comentado en alguna ocasión sobre lo maravilloso que es el país, sin ignorar o cerrar los ojos a sus limitaciones humanas, como las de todos los demás países “terrenales”, que precisamente nos dan la oportunidad de contribuir con los demás, así sea modestamente, a mejorarlo. 

Como mi familia de origen quedó en España y mi hija vive, desde hace 25 años, en Europa, he tenido la oportunidad “para visitarlos” de dar algunas vueltas por otros países en el viejo mundo y también me he asomado a varios países latinoamericanos y más al norte. No se trata de aparentar ni de lucirme al hablar de mis viajes, sino simplemente reconocer que he sido y soy turista: por poco tiempo “habito” en un país diferente; “diferente”, ni peor ni mejor. No puede uno calificar ni juzgar la calidad de un país, por varios días ‒o más‒ que viva en él. Creo que todos también somos turistas de alguna manera, pues a veces vivimos en el propio país como “visitantes” o “de paso” ante la realidad que nos rodea.

Antes había escrito Un viaje mariano y Un viaje del agua a vuelo de dron; en el primero se puede decir que fui un poco peregrino pues, en varias ocasiones, visité algunos santuarios en que se venera a la Madre de Jesús. También fui en una oportunidad a Santiago de Compostela, pero no por el camino de peregrinación a pie, sino en tren hasta la catedral. En el segundo artículo, viajé junto al agua por distintos lugares.

Escribí recientemente Un viaje con altura y en él describí, sobre todo con fotografías, algunas localidades y parajes hermosos. Llegué a Almería, mi ciudad natal, y nos reunimos los miembros de mi familia: hermanas, cuñados, sobrinos y los hijos de estos, 54 en total. Al saludarlos y al pasear por las calles de mi infancia, me sentí turista y recordé que en realidad soy emigrante en Colombia hace poco más de 60 años y, al regresar a España, me siento emigrante o forastero en mi tierra. En ambas patrias he sido afortunado y siento la vivencia de bienestar y felicidad, solidaria con los que no lo son tanto; agradecido, por supuesto, con Dios y con todas las personas con las que he convivido. 

Antes de llegar a España, nos encontramos con mi hija y yerno, que viven en Alemania, para celebrar el cumpleaños de ella antes de seguir, todos, hacia Almería en Andalucía.  “Pasamos” también por Suiza y Francia y ya “dibujé” en el artículo citado algunas de sus bellezas naturales y construidas, sin poder hablar de sus cualidades humanas.  

Todos vamos de camino, aunque vivamos en un sitio determinado. El verbo peregrinar tiene varios significados: a) andar por tierras extrañas; b) andar de un lugar a otro buscando o resolviendo algo; c) ir solo o en romería a un lugar sagrado, y d) en algunas religiones, vivir entendiendo la vida como un camino que se recorre para llegar a la unión con Dios después de la muerte (Diccionario de la Real Academia de la Lengua).

Cada uno de nosotros es peregrino, al menos en uno o varios de los sentidos enunciados. 

Así pues, el título de este artículo se refiere a todos: cada uno de nosotros es “turista, emigrante, peregrino”. Lo importante es que siempre, en cualquiera de las tres calidades ‒o en la de ciudadanos‒ caminemos solidaria, alegremente y con energía.

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2023

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La energía espiritual es renovable porque puede recargarse de manera continua, e inagotable porque su fuente está por encima de todo lo que se acaba. Contrasta con la energía solar, que es intermitente: día y noche. No sabemos si algún día se agotará, si el universo se acabará o se transformará. La energía espiritual de la que hablaré no tiene las limitaciones de la energía solar. El 29 de junio de 2022, el papa Francisco publicó la Carta Apostólica Desiderio Desideravi, que nos ilustra sobre esta energía espiritual.

La custodia que muestra la fotografía que introduce este artículo se asemeja a la representación del sol: un centro luminoso y rayos que salen de él. Se trata de la joya colonial llamada La Lechuga, una bella y rica obra de orfebrería barroca del siglo XVIII, que tiene 1485 esmeraldas, 168 amatistas, 62 perlas, 28 diamantes, 13 rubíes y un zafiro, los cuales adornan la estructura hecha en oro. Es un signo de la energía espiritual continua e inagotable siempre disponible en la Hostia consagrada que se deposita en el viril (centro trasparente de la custodia).

Una custodia u ostensorio es un objeto litúrgico para exponer o mostrar la Sagrada Hostia consagrada, como el cuerpo sacramental de Jesucristo resucitado. Tiene un simbolismo artístico que evoca a Cristo “Sol de justicia” y “Luz verdadera”, de cuyo centro emana la gracia que es la participación en la vida de Dios. La energía solar emana del astro; la energía espiritual emana de Cristo resucitado y sacramentado.

La presencia de Cristo se realiza principalmente en la celebración del sacramento de la Eucaristía o Santa Misa, que conmemora el sacrificio salvador de su muerte en la cruz y se perpetúa como revelación de su vida resucitada, compartida en la comunidad reunida para partir el pan, y la que constituye el cuerpo total o místico, cuya cabeza es Cristo. Pero esa presencia no se limita al tiempo de la celebración, sino que se mantiene bajo la especie de la Hostia consagrada, conservada en el Sagrario y que se expone temporalmente en el centro (viril) de la custodia u ostensorio.

La custodia y el Sacramento mismo son signos eficaces de la acción, virtud, fuerza o energía, que Cristo resucitado comunica por el Espíritu Santo a la comunidad y a los creyentes dentro de ella. Cristo “con su muerte destruyó nuestra muerte y con su resurrección restauró nuestra vida”. Así pues, la energía espiritual que emana de Cristo es vida permanente e inmortal. 

Cada uno de nosotros puede acceder a esta energía espiritual cuantas veces quiera o necesitenosotros renovamos nuestra carga de esta energía acercándonos a ella, especialmente en la celebración eucarística y, por eso, la llamamos renovable. La fuente de esta energía espiritual es Jesucristo mismo que, unido al Padre y al Espíritu Santo, está disponible para nosotros, y al ser resucitado, inmortal y eterno, está por encima de todo lo que se acaba: su energía espiritual es por eso inagotable.

La Carta Apostólica Desiderio Desideravi toma su nombre de las palabras que el Evangelio de Lucas (cap.22, versículo 15 y siguientes) pone en boca de Jesús al comienzo de la Cena de la Pascua: “Con gran deseo he deseado comer esta Pascua con ustedes, antes de padecer… Este es mi cuerpo que va a ser entregado; hagan esto en memoria mía… De igual modo…, este cáliz es la Nueva Alianza en mi sangre que va a ser derramada”.

Este reciente documento apostólico, recoge la Tradición de la Iglesia hasta el Concilio Vaticano II (1962-65) y desarrolla y actualiza algunas enseñanzas de la Constitución Sacrosanctum Concilium (4 de diciembre de 1963) sobre la Liturgia (Liturgia etimológicamente significa servicio o ministerio; es el orden y forma con que se llevan a cabo las ceremonias del culto o adoración a Dios).  

El Papa Francisco insiste en la necesidad de la Iglesia y, por lo tanto, de todos los fieles, de una formación litúrgica, una educación que permita valorar la belleza y la verdad de la celebración cristiana. Y el centro y culmen de la celebración cristiana es el Sacramento de la Eucaristía, la Santa Misa, que resume toda la fe cristiana: la Eucaristía es el signo visible de la presencia de Jesús en medio de la comunidad de creyentes. El pan y el vino consagrados rememoran o reproducen el sacrificio de Cristo y son misteriosamente el mismo cuerpo y sangre de Jesús que Él nos da.

Para acceder a esta energía espiritual, renovable e inagotable “hay que cuidar todos los aspectos de la celebración (espacio, tiempo, gestos, palabras, objetos, vestiduras, cantos, música…) pero esto no sería suficiente… si faltara el asombro por el misterio pascual que se hace presente en la concreción de los signos sacramentales, todo el ritual quedaría vacío… El encuentro con Dios no es fruto solamente de una individual búsqueda interior, sino que es un acontecimiento regalado: podemos encontrar a Dios por el hecho novedoso de la Encarnación del Hijo de Dios que, en la última cena, llega al extremo de querer ser comido por nosotros… Podríamos correr el riesgo de ser realmente impermeables al océano de gracia que inunda cada celebración” [1]

Así como en la alimentación diaria nos renovamos con la energía corporal de los nutrientes, en la comida de la asamblea comunitaria absorbemos la energía espiritual, renovable e inagotable de la fe, la esperanza y el amor, compartida con los demás creyentes en la unión y asimilación a Cristo.

Así como la energía físico-química se manifiesta en sus múltiples efectos, aunque no se “vea” en sí misma, así la energía espiritual, renovable e inagotable, aunque no se “vea” en sí misma, se manifestará en el estilo de vida relacionado con los demás, conformado por el seguimiento de Cristo y la adhesión al Espíritu del Padre en el amor efectivo con los hermanos.       

La reciente Carta Apostólica, actualiza, como dijimos, las enseñanzas de la Constitución del Concilio Vaticano II sobre la Liturgia, y por eso recomendamos la lectura de los dos documentos para profundizar el sentido de la Eucaristía y poder enriquecernos más al participar en ella. “La celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia… La liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza (su energía)”[2].     

Vicente Alcalá Colacios


[1] Carta Apostólica Desiderio Desideravi, del 29 de junio de 2022. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/20220629-lettera-ap-desiderio-desideravi.html

[2] Constitución Sacrosanctum Concilium, del 4 de diciembre de 1963. https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html

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Un secreto desde el mar

Por Vicente Alcala
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En mi artículo “El secreto de la Laguna” expuse que el espíritu de todo el universo consiste en recibir y dar con amor. En el fondo del mar se nos revelan otros secretos, entre ellos el que voy a develar en este texto.

Hace poco le regalaron a mi señora el libro Praderas submarinas de Colombia. Es impresionante la riqueza y la belleza de ese mundo submarino, así como las sorprendentes fotografías y filmaciones que se logran hoy día de esas profundidades…, en gran parte gracias a la luz. Este es uno de los secretos del fondo del mar: ¡cómo penetra la luz y hace visible lo que no vemos desde la superficie!

Y voy a contarles otro secreto. Jose, un joven familiar pilotaba un helicóptero, dedicados ambos a labores de rescate. En una práctica de entrenamiento, el helicóptero cayo al fondo del mar; paradójicamente, se salvó un ayudante que no tenía colocado el cinturón de seguridad por estar manipulando en ese momento algún componente, mientras los que lo tenían sujeto no pudieron liberarse y murieron en el hundimiento del aparato. El joven piloto dejó a su esposa y a dos hijitos: un niño de cuatro años y una niña de dos.

¿Qué secreto o qué misterio guardó para siempre este papá?

Solo la luz del Espíritu baja a las profundidades para develarnos ese secreto. Un indicio lo entrega la ocupación “patrulla de salvamento”. Una profesión que da la vida, en ocasiones, para salvar a otros, semejante al secreto de la laguna: recibe con amor y entrega con amor. Amor que compartió con su esposa y, por medio del cual, regaló la vida a sus dos pequeños hijos y amor dispuesto a entregarlo a otros que necesitaran ayuda. 

Dos factores que develan el secreto: la luz del Espíritu y el amor que queda iluminado por la misma luz; pero hay otro factor iluminador, el sacrificio de ofrendar la vida, sacrificio que en la historia de la humanidad está simbolizado por la sangre. El sacrificio, junto con la sangre que lo simboliza, oculta un misterio, algo que no logramos comprender y que solo la fe nos hace conocer. 

¿Por qué el sacrificio ‒y la muerte en su máxima expresión‒ se necesita para la salvación? ¿Por qué el “salvamento” de otros lleva consigo, a veces, la muerte del que se ofrece a salvarlos?

Luz, muerte y salvación. Tres realidades y tres símbolos. Paradojas de dolor y sufrimiento, pero a la vez, de alegría, claridad e inmortalidad. Sin la luz de la fe vivimos en la oscuridad, sin pasar por el sufrimiento de la muerte no hay vida inmortal, sin la salvación que recibimos no hay felicidad eterna.

Esa es la realidad de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Vida de Jesús que ilumina nuestro modo de vivir; muerte de Jesús en la cruz, que supera todo sacrificio humano; resurrección originaria que adelanta la resurrección de todos nosotros. El cuerpo y la sangre de Jesús nos los dio para que nos identifiquemos en la unión con Él, que es la vida con Dios; muerte, cruz y sacrificio que vence al pecado (la lejanía de Dios) y a la muerte, consiguiéndonos así la felicidad para ahora y por siempre. 

He hablado de secretos y hablo de misterio, de lo que no podemos comprender, pero que la fe nos aclara. 

La muerte de Jose guardó el secreto hasta que encontraron su cuerpo; es un misterio que entregara su vida, pero la prolongó en la vida de sus hijos. La luz de la fe hace superar el dolor de su ausencia, con la esperanza del reencuentro definitivo, y el brillo de su luz eterna guía los pasos de quienes lo recordamos y escuchamos en silencio.

Esta reflexión no es ilusoria: es real la vida de Jose, es real su muerte en el mar, es real la vida de su esposa María del Mar, es real la vida de Nacho y de María del Mar, sus hijos. Es real el recuerdo y la presencia permanente de Jose con nosotros, es real lo que nos enseñó con el ejemplo de su vida y lo que nos inspira con su amor que permanece entre nosotros.

También es real ‒y no ilusorio‒ el paralelo que encontramos con la persona de Jesús: es real la vida histórica del hijo de María, fue real su muerte en la cruz, es real su resurrección y vida eterna a la derecha del Padre, y es real su presencia, su luz y su acción a través del Espíritu Santo en nuestra vida y en la historia humana. 

Son realidades que encierran el secreto del misterio. Un misterio singular desde el fondo del mar y un misterio universal desde la vida, muerte y resurrección de Jesús.

Vicente Alcalá Colacios

Noviembre, 2022

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El encanto de Colombia

Por Vicente Alcala
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Dos niñitas, de 5 y 8 años, viven en Madrid (España) y están locas por venir a Colombia. La premiada película “Encanto” de Disney la ven día y noche, una y otra vez, y los cantantes colombianos completan su pasión por conocer y experimentar el país de sus sueños. Ese ensueño se les hizo realidad.

Llegaron a la casa familiar, desde la que se divisa el valle del Teusacá y las montañas que se enfilan desde Sopó hasta La Calera, en Cundinamarca. Aquí hay una pequeña cascada que nos despierta por las mañanas asoleadas con su sonsonete y sus reflejos húmedos.

Lo más cercano para visitar es la Catedral de Sal en Zipaquirá: la mina, la luz, las esculturas, la cantidad de gente…, son de verdad. Ellas comienzan a mezclar la imaginación con la realidad.

El salto aéreo es a la zona cafetera: los guaduales, las plataneras, los cafetales, las palmas de cera, la vegetación y las flores de esta región privilegiada ‒medio fría medio caliente‒, en las laderas de la cordillera central, transportan (siempre en verde) a otro paisaje físico, cultural y humano lleno de encanto. Las comidas típicas y el arequipe con sabor a café y a nueces de macadamia hacen degustar otra faceta colombiana. Los disfraces de chapoleras para las niñas ‒y los de los adultos que las acompañamos‒ nos hicieron parecer compañeros de Juan Valdez.

En el intermedio, viajamos a Villa de Leyva: su enorme plaza, sus iglesias, sus casas coloniales y la cantidad de gente ‒incluso entre semana‒ constituyeron una muestra del encanto boyacense. 

Después, el agua que moja las arenas blancas, en las playas de la isla Barú de Cartagena, nos refrescaron del calor tropical. La visita al Aviario Nacional, con sus guacamayas, loros, águilas, garzas y demás ejemplares nos comprobó que somos el país con mayor número de especies de aves en el mundo.

En el oceanario de las Islas del Rosario, con sus delfines, tiburones y tortugas, entre otros, se vive una experiencia igual o más rica y variada que en otros acuarios de diferentes países.

En el centro histórico de Cartagena, con sus murallas, balcones, la Iglesia y el claustro de San Pedro Claver ‒esclavo de los esclavos por siempre‒ y los atardeceres contemplados desde los baluartes (como el de San Francisco Javier), que encienden de rojo el horizonte marítimo, son vivencias inolvidables en el Caribe colombiano.

Quisiera meterme en la mente y el corazón de las niñas protagonistas del paseo, para proyectar sus recuerdos hasta los propios ochenta años…

Como quedaban dos, de los 15 días del viaje familiar ‒antes de regresar a Madrid‒ no podía faltar un paseo por la Sabana hasta la laguna de Guatavita y el pueblito del mismo nombre.

Y luego, la visita al centro de Bogotá: la plaza de mercado de la Perseverancia, museos del Oro y de Botero, Catedral primada y Plaza de Bolívar, algo del barrio de la Candelaria…

En fin, el encanto de Colombia, sin ignorar la simpatía y amabilidad de sus mujeres, es un encanto real y verdadero, que nos impulsa y nos eleva por encima de sus dificultades para hacerlo un país y una sociedad cada vez mejor. 

Vicente Alcalá C.

Noviembre, 2022

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Estas cuatro palabras hacen pensar en la selva amazónica, en el cambio climático y en el calentamiento global. Sin embargo, es mi traducción y complementación del título Creación y pecado con el que editaron un breve libro de Joseph Ratzinger en 2005.

El título Creación y pecado del libro de Joseph Ratzinger deja una impresión un poco negativa o pesimista, pues termina “en punta”: le falta un tercer movimiento a esta sinfonía.

Al leer este librito ‒que reencontré hace poco en mi biblioteca‒ pienso que su título quedaría mejor como Creación, pecado y redención porque reflejaría su contenido con mayor exactitud. En lenguaje del jesuita Bernard Lonergan sintetizaría los tres dinamismos que se dan en la historia, de manera entremezclada: 

a) Desarrollo, progreso, creación, construcción… 

b) Decadencia, deterioro, destrucción, retroceso, pecado…

c) Recuperación, restauración, conversión, redención…  

Para sustentar mi complemento al título de la obra de Ratzinger, basta con citar las tres últimas líneas con que su autor termina ese escrito: “Y que nos encontremos de nuevo con las palabras completas de Jesús: el reino de Dios está cerca. Convertíos y creed en el Evangelio”.

La obra Creación y pecado comienza con la constatación de que la teología y la espiritualidad han descuidado, quizás, la verdad fundamental de Dios creador. A la actual consciencia ecológica del “cuidado de nuestra casa común” le viene muy bien reforzar el sentido de la creación, del pecado y de la redención: Dios creó por amor el universo y, en él, nuestro planeta; la humanidad está atentando contra él. Nuestra responsabilidad exige protegerlo, restaurarlo, recuperarlo…

Sin embargo, la triple realidad ‒creación – pecado – redención‒ no se refiere solo a la naturaleza, a la ecología y al medio ambiente. Son la verdad de la historia de la humanidad, de nuestra vida personal y de nuestra sociedad colombiana. A nivel general, la creación es la obra verdadera del amor de Dios; el pecado es la opción equivocada de la libertad humana y la redención es la acción de Jesucristo muerto y resucitado, viviente por su Espíritu en la comunidad humana.

El Informe final de la Comisión para el esclarecimiento de la verdad, la convivencia y la no repetición hace énfasis en el pecado, la violencia, el desastre histórico colombiano, especialmente de los últimos 60 años; pero no, esa realidad es ‒estoy seguro‒ un paréntesis trágico entre el desarrollo acumulado de nuestra historia pasada y el futuro que estamos llamados a construir y al que invita la misma Comisión.

Si recorremos los temas del libro de Ratzinger que estoy comentando, puedo contribuir a adelantar su comprensión:

I- Dios creador

  1. La diferencia entre forma y fondo en el relato de la creación 
  2. La unidad de la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento) como criterio de interpretación 
  3. El criterio cristológico.

II- Significado de los relatos bíblicos de la Creación

  1. La racionalidad de la creencia en la creación
  2. Significado permanente de los elementos simbólicos del texto: 

a) Creación y culto

  b) La estructura sabática de la creación

c) ¿Explotación de la Tierra?

III- La creación del hombre

1. El hombre, formado de la tierra 

2. Imagen de Dios 

3. Creación y evolución.

IV- Pecado y salvación

  1. Sobre el tema del pecado 
  2. Limitaciones y libertad del hombre 
  3. El pecado original (pecado hereditario)
  4. La respuesta del Nuevo Testamento.

Si decimos “Creación, pecado y redención”, no solo completamos el título, sino que comprenderemos mejor el mensaje profundo del libro y nos acercaremos a captar la dinámica misteriosa de la historia de la humanidad.

Vicente Alcalá Colacios

Octubre, 2022

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Estoy sintiendo, en este momento, una obsesión por escribir, semejante a la obsesión que sentí, hace unas semanas, por conseguir dos cuadernos para regalarlos, en una mañana soleada con un paisaje mágico, en un viaje familiar. El recuerdo es reciente y, al escribirlo, trato de revivirlo con todas las sensaciones y sentimientos que aúnan la consciencia y el inconsciente.

Como me falló el computador, estoy escribiendo en papel y a lápiz. Recuerdo que si uno escribe con la mano izquierda (al ser diestro) fluye la escritura liberada de la racionalidad, pero es lenta y garrapatosa; de manera que sigo haciéndolo con la mano derecha.

Al desvelarme en las madrugadas, comienza a rodar la película de escenas entremezcladas en el tiempo, los sitios, los actores, las sensaciones, las emociones y los pensamientos.

Me levanté temprano y recorrí el campus del hotel Las Camelias en el Quindío. El solo nombre de las camelias, como las gardenias, las caléndulas, las pasifloras, las magnolias, las orquídeas…, lo transportan a uno, no sé a dónde.

Pero pasé junto al Centro de Convenciones y había una pequeña exposición de productos escolares de Norma (me acordé de mi amigo William Mejía, editor durante muchos años en esa empresa). Enseguida me fascinaron los cuadernos de peluche en los que, al tocarlos, sobresalía la felpa o tejido real incrustado en la carátula. Quise conseguir dos para regalárselos a las sobrinitas que nos acompañaban y que habían venido de España.

Al pasar cerca a un grupo de jóvenes, hombres y mujeres, que participaban en la Convención nacional de ventas, les pregunté si podría adquirir algún cuaderno de los expuestos, que no estaban para la venta. Una de las jóvenes me dijo que le diría al organizador del evento y me preguntó por el número de mi habitación. Pensé que era improbable que me hicieran llegar los dos cuadernos y, más bien, yo los buscaría.

A la mañana siguiente me acerqué, pero estaban reunidos dentro del salón de conferencias. Esperé a la hora del descanso (estas escenas me eran familiares por los seminarios y encuentros de capacitación que yo había organizado en mi trabajo).

Pregunté por el director del evento y me dirigieron a tres señoras que eran como supervisoras. El saludo fue cordial y agradable. Enseguida, una de ellas desapareció y, a   pocos segundos, vino y me entregó los dos cuadernos.

 No sé si mi alegría fue mayor por tener los cuadernos, por regalárselos a las niñas, o por el logro de haberlos conseguido gracias a mi “simpatía”.

¿Por qué escribo este recuerdo, que puede parecer una nimiedad?

Es un ejemplo, un caso concreto de lo que dije al comienzo: al escribir, uno entrelaza la memoria de los recuerdos conscientes con los sentimientos inconscientes, tejidos en el pasado temporal y existencial, que se revive sin casi uno darse cuenta.

Esa mañana, eran la zona cafetera, el paisaje y el clima, las personas con las que había convivido en mi trabajo, las relaciones familiares, los colores, olores, sabores, sonidos y la textura adivinada de la vegetación circundante. 

Esta remembranza me trajo al presente otra vivencia de hace unos 40 años: viajé desde Colombia a ver en Almería a mi padre. Estaba casi inconsciente en el hospital, hasta que me reconoció. Fue el año anterior a su muerte y nos acompañamos durante varios días. Esa mañana tuve una mezcla de emociones: por una parte, la consciencia de que era quizás la última vez que nos veríamos; por otra parte ‒de manera inexplicable‒ sentía una alegría de revivir imágenes infantiles a través de la ventana de la habitación del hospital, el puerto, las blancas paredes, las flores primaverales del barrio…

Era el año 1982 y también escribí algo sobre esa experiencia… y luego experimenté la satisfacción de compartir el escrito, en una conversación agradable sobre esa vivencia.

Los invito a recordar, revivir y escribir.

Vicente Alcalá Colacios

Octubre, 2022

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