Un secreto desde el mar

Por: Vicente Alcala
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En mi artículo “El secreto de la Laguna” expuse que el espíritu de todo el universo consiste en recibir y dar con amor. En el fondo del mar se nos revelan otros secretos, entre ellos el que voy a develar en este texto.

Hace poco le regalaron a mi señora el libro Praderas submarinas de Colombia. Es impresionante la riqueza y la belleza de ese mundo submarino, así como las sorprendentes fotografías y filmaciones que se logran hoy día de esas profundidades…, en gran parte gracias a la luz. Este es uno de los secretos del fondo del mar: ¡cómo penetra la luz y hace visible lo que no vemos desde la superficie!

Y voy a contarles otro secreto. Jose, un joven familiar pilotaba un helicóptero, dedicados ambos a labores de rescate. En una práctica de entrenamiento, el helicóptero cayo al fondo del mar; paradójicamente, se salvó un ayudante que no tenía colocado el cinturón de seguridad por estar manipulando en ese momento algún componente, mientras los que lo tenían sujeto no pudieron liberarse y murieron en el hundimiento del aparato. El joven piloto dejó a su esposa y a dos hijitos: un niño de cuatro años y una niña de dos.

¿Qué secreto o qué misterio guardó para siempre este papá?

Solo la luz del Espíritu baja a las profundidades para develarnos ese secreto. Un indicio lo entrega la ocupación “patrulla de salvamento”. Una profesión que da la vida, en ocasiones, para salvar a otros, semejante al secreto de la laguna: recibe con amor y entrega con amor. Amor que compartió con su esposa y, por medio del cual, regaló la vida a sus dos pequeños hijos y amor dispuesto a entregarlo a otros que necesitaran ayuda. 

Dos factores que develan el secreto: la luz del Espíritu y el amor que queda iluminado por la misma luz; pero hay otro factor iluminador, el sacrificio de ofrendar la vida, sacrificio que en la historia de la humanidad está simbolizado por la sangre. El sacrificio, junto con la sangre que lo simboliza, oculta un misterio, algo que no logramos comprender y que solo la fe nos hace conocer. 

¿Por qué el sacrificio ‒y la muerte en su máxima expresión‒ se necesita para la salvación? ¿Por qué el “salvamento” de otros lleva consigo, a veces, la muerte del que se ofrece a salvarlos?

Luz, muerte y salvación. Tres realidades y tres símbolos. Paradojas de dolor y sufrimiento, pero a la vez, de alegría, claridad e inmortalidad. Sin la luz de la fe vivimos en la oscuridad, sin pasar por el sufrimiento de la muerte no hay vida inmortal, sin la salvación que recibimos no hay felicidad eterna.

Esa es la realidad de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Vida de Jesús que ilumina nuestro modo de vivir; muerte de Jesús en la cruz, que supera todo sacrificio humano; resurrección originaria que adelanta la resurrección de todos nosotros. El cuerpo y la sangre de Jesús nos los dio para que nos identifiquemos en la unión con Él, que es la vida con Dios; muerte, cruz y sacrificio que vence al pecado (la lejanía de Dios) y a la muerte, consiguiéndonos así la felicidad para ahora y por siempre. 

He hablado de secretos y hablo de misterio, de lo que no podemos comprender, pero que la fe nos aclara. 

La muerte de Jose guardó el secreto hasta que encontraron su cuerpo; es un misterio que entregara su vida, pero la prolongó en la vida de sus hijos. La luz de la fe hace superar el dolor de su ausencia, con la esperanza del reencuentro definitivo, y el brillo de su luz eterna guía los pasos de quienes lo recordamos y escuchamos en silencio.

Esta reflexión no es ilusoria: es real la vida de Jose, es real su muerte en el mar, es real la vida de su esposa María del Mar, es real la vida de Nacho y de María del Mar, sus hijos. Es real el recuerdo y la presencia permanente de Jose con nosotros, es real lo que nos enseñó con el ejemplo de su vida y lo que nos inspira con su amor que permanece entre nosotros.

También es real ‒y no ilusorio‒ el paralelo que encontramos con la persona de Jesús: es real la vida histórica del hijo de María, fue real su muerte en la cruz, es real su resurrección y vida eterna a la derecha del Padre, y es real su presencia, su luz y su acción a través del Espíritu Santo en nuestra vida y en la historia humana. 

Son realidades que encierran el secreto del misterio. Un misterio singular desde el fondo del mar y un misterio universal desde la vida, muerte y resurrección de Jesús.

Vicente Alcalá Colacios

Noviembre, 2022

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