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vicente alcala

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Desde la visión de su niñez, Jean Paul Sartre, en su libro Las Palabras (Les Mots) decía: “Al cabo de un instante lo comprendí: el que hablaba era el libro. Salían de él unas frases que me asustaban; eran verdaderos ciempiés, hormigueaban de sílabas y de letras, estiraban sus diptongos, hacían vibrar a las consonantes dobles; cantarinas, nasales, cortadas por pausas y por suspiros, ricas de palabras desconocidas, se encantaban consigo mismas y con sus meandros sin preocuparse por mí. A veces desaparecían antes de que hubiera podido comprenderlas, otras había comprendido por adelantado, y seguían rodando noblemente hacia su terminación, sin perdonarme ni una coma”.

La palabra habla

La palabra escribe

La palabra cuenta

La palabra imagina

La palabra crea

La palabra pinta

La palabra canta

La palabra construye

La palabra resuelve

La palabra comunica

La palabra comparte

La palabra se oye

La palabra se escucha

La palabra se atiende

La palabra se lee

La palabra se ve 

La palabra se siente

La palabra se recuerda

La palabra se añora

La palabra ama

La palabra suaviza

La palabra agrada

La palabra acaricia

La palabra consiente

La palabra anima

La palabra consuela

La palabra une

La palabra acompaña

La palabra ayuda

La palabra colabora

La palabra coopera

La palabra hace el bien

La palabra dice la verdad

La palabra es bella

La palabra no es para mentir

La palabra no es para engañar

La palabra no es para maltratar

La palabra no es para herir

La palabra no es para forzar

La palabra no es para violentar

La palabra no es para ofender

La palabra no es para destruir

La palabra no es para calumniar

La palabra no es para culpar

La palabra no es para condenar

La palabra investiga

La palabra acusa

La palabra denuncia

La palabra todo lo siente

La palabra todo lo comprende

La palabra todo lo confirma

La palabra todo lo soporta

La palabra todo lo perdona

La palabra todo lo espera

La Palabra de Dios impulsa la esfera del universo

La Palabra de Dios escribe la historia de nuestro planeta

La Palabra de Dios le da voz a la inteligencia humana 

La Palabra de Dios se plasmó en la Sagrada Escritura

La Palabra de Dios se hizo hombre en Jesucristo

La Palabra de Dios conversa, por el Espíritu, con la Iglesia y la comunidad humana 

Vicenta Alcalá Colacios

Octubre, 2024

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Una conversión es no sólo un fenómeno religioso. Ni este artículo trata sólo de una experiencia personal. Se trata de un hecho humano, interesante y conveniente. 

Yo pensaba que la clásica sí es música y es inmortal, y que los modernos ritmos (pop, reggaetón, rock, rap, música electrónica…) eran ruidos más que música. No importa. “Sobre gustos no hay nada escrito”, es un dicho popular y tiene razón, pero cuando cientos de miles de personas vibran con la música moderna -como insinúa la foto de la izquierda- tiene uno que replantearse esa creencia. 

A muchos jóvenes de hoy, la música clásica les puede parecer aburrida. ¿Será problema de cambio generacional? Frecuentemente, los gustos de los jóvenes son diferentes a los de personas mayores. Así como los jóvenes pueden educarse para apreciar la música clásica, también los mayores podemos educarnos para apreciar la música moderna. 

Confieso que en mi caso se trata de ignorancia más que de gusto. Ignorancia es no conocer lo que piensan, sienten y desean los jóvenes. Ignorancia es creer que el punto de vista propio es más acertado que el ajeno, simplemente por ser propio. 

Confieso que al observar el entusiasmo por la cantante y el contagio de un estadio lleno -aunque fuera por T.V.- experimenté una conversión. 

Algo semejante ocurre cuando se observa el mismo estadio palpitante por el gol del equipo preferido: la conversión consiste en dejar de ver el espectáculo como “opio” y pensar ¿qué es lo que entusiasma a esa multitud? ¿En qué consiste la psicología de masas? El deporte también puede provocar una conversión, o si no, basta apreciar la inauguración y el desarrollo de los Juegos Olímpicos de París 2024. 

Conversión significa mirar hacia otro lado, cambiar de rumbo; físicamente, conversión es girar la cabeza o hacer un retorno con el vehículo. Mentalmente, conversión es una actitud de cambio, es -por ejemplo- completar una manera de pensar sin “renegar” de la anterior necesariamente, o cambiar de comportamiento, mejorándolo. 

Hay conversiones afectivas o éticas, intelectuales o religiosas, o políticas… Hay conversiones positivas cuando se toman orientaciones mejores; puede haber “conversiones” negativas o contraproducentes cuando los cambios conducen a caminos perjudiciales. Aquí se presentan situaciones de discernimiento y decisión. 

Conviene una conversión afectiva o emocional cuando los propios sentimientos no son los mejores, los más generosos, los más incluyentes, los más amorosos. 

Conviene una conversión intelectual cuando la propia información u opinión se encuentra con datos o puntos de vista más completos y mejor informados. “Errar es de humanos”, pero corregir las equivocaciones es de sabios. 

Conviene una conversión ética o moral cuando la forma de comportamiento o conducta perjudica a los demás y a uno mismo; o, si no perjudica, no es la más positiva. 

Conviene una conversión política cuando las decisiones y actuaciones no son coherentes con los postulados, principios o valores proclamados. 

Conviene una conversión “financiera” respecto a la actitud ante el dinero: o bien porque no se atiende responsablemente o, por el contrario, porque se idolatra como lo único o lo más importante en la vida. 

Conviene una conversión religiosa cuando no se es consecuente, cuando no se vive de manera auténtica la propia fe o cuando no se interioriza ni se apropia ni se profundiza la experiencia religiosa, sino que, más bien, se evaden o se vuelven rutina las propias convicciones. La conversión religiosa es vivir más realmente la relación con Dios. 

Convertirse a los 82 años no es cuestión de envejecimiento. La conversión es una decisión que puede tomarse a cualquier edad adulta o, incluso, joven. No hay que avergonzarse de experimentar una conversión; además, las conversiones no tienen que ser radicales, así como los giros en la vía no son necesariamente los retornos.  

En cualquier ámbito: todo esfuerzo por mejorar es una verdadera conversión. 

Vicente Alcalá Colacios

Agosto, 2024

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Jaime Heredia me regaló el libro que aparece arriba. Hoy cobra actualidad, después del discurso del presidente de la República, el pasado 20 de julio, al abrir las sesiones del Congreso para el año 2024-2025. 

Se cumplen casi 90 años de la “Ley de tierras” de 1936 que buscaba promover la distribución más equitativa del campo colombiano. 

En 1961 se creó el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora) y la Ley 1 de 1968 buscaba intensificar los esfuerzos iniciados e impulsar el Desarrollo Rural Integral.  

Si los anteriores se podrían calificar de acuerdos, el Pacto de Chicoral de 1978 (llamado también Acuerdo) se puede calificar como desacuerdo, porque se realizó para frenar la Reforma Agraria impulsada por la Ley 1 de 1968. 

En 1994, la Ley 160 estableció el Sistema Nacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural Campesino. El Incora fue reemplazado por el Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (Incoder) en 2003. 

La Ley 1448 de 2011, o Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, tuvo buenas intenciones y, a la vez, desafíos como la violencia y la oposición en algunas regiones. 

Avanzando al Acuerdo Final entre el gobierno colombiano y las FARC, firmado en noviembre de 2016, en el capítulo número 1 encontramos: “Hacia un nuevo campo colombiano: Reforma Rural Integral”. Hay unos Considerandos, unos Principios, unos Programas y unos Planes. El desacuerdo está en la no implementación de dicho acuerdo, y el debate está sobre las razones de su ineficacia.  

Frente a metas ambiciosas, el presidente en su discurso reconoció que de los 3 millones de hectáreas que en el Acuerdo se planearon distribuir entre los campesinos, apenas se habían entregado en los dos años de su gobierno 184.000 hectáreas, sin hablar de los gobiernos anteriores.   

No vayan a pensar que “me estoy metiendo en política”. No hablo del partido liberal, ni del conservador, ni del pacto histórico, ni de los demás. 

Estoy hablando de hechos y preguntándome ¿a qué se debe esa “imposibilidad” de llevar a cabo la -reiteradamente denominada- Reforma Agraria.?  

Hay acuerdos explícitos con desacuerdos implícitos. Hay acuerdos verbales que no se implementan. Hay acuerdos de unos y desacuerdos de otros. 

La razón principal de su no cumplimiento es que los acuerdos se hacen sin contar con los que están en desacuerdo. Los que tienen acaparadas las tierras (“legal” o ilegalmente) no están de acuerdo en despojarse de ellas, y esto ocurre desde 1930 o antes.  

El Informe Nacional de Desarrollo Humano 2011, del PNUD “Colombia rural, Razones para la Esperanza” presentó, por ejemplo, estos datos: 

RANGO AREA (%) PREDIOS (%) PROPIETARIOS (%) 
Microfundio 10,59 80,49 78,31 
Pequeña propiedad 19,1 13,66 14,72 
Mediana propiedad 18,2 4,99 5,83 
Gran propiedad 52,2 0,86 1,15 
Total 100,0 100,0 100,0 

Colombia registra una de las más altas desigualdades en la propiedad rural en América Latina y el mundo. Y ello es consecuencia de un proceso histórico, de las políticas públicas, de la operación del mercado, del narcotráfico y de la actuación de grupos armados por fuera de la ley, así como de la cultura de rápido enriquecimiento y la avidez por la renta del suelo. No entramos aquí en el análisis del uso del suelo: reservas y baldíos, forestales, ganadería extensiva, producción agrícola y otros. 

El último capítulo del Informe del PNUD planteó una propuesta de agenda de políticas para el sector rural. 

La firma de los acuerdos de 2016 abrió posibilidades para realizar cambios de fondo en la distribución de la tierra, el desarrollo productivo del campo, la participación ciudadana y la sostenibilidad ambiental… pero esa ventana de oportunidad se fue cerrando poco a poco, hasta el punto de clausurarse casi por completo. Los acuerdos se estrellan una vez más con los desacuerdos. 

Este artículo, más que respuestas y soluciones, plantea preguntas y retos que se prolongarán por años.  

El cúmulo de factores objetivos y subjetivos; territorios, regiones, pasiones, intereses, poderes, resistencias, conflictos, violencias, diferencias… nos tiene inmersos en la situación actual. Más que mirarla con pesimismo u optimismo, se trata de avanzar hacia un futuro cercano, y más lejano, que permita superar desacuerdos y facilitar acuerdos. Tarea humana y sobrehumana, pero indispensable, ojalá pacífica y concertada.    

Vale la pena leer, en este blog, el artículo de Bernardo Nieto, publicado el 15 de mayo de 2021: “La solución al problema agrario requiere líderes políticos comprometidos”. 

Vicente Alcalá Colacios

Agosto, 2024

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La experiencia tiene que ver con el sentido común y con la consciencia. Su expresión es “rara”, pero se puede aclarar; el tema es sencillo y práctico. 

Está uno leyendo para entender algo o escribiendo para expresar ideas, sentimientos, hechos… de pronto, cambia uno de actividad para arreglar una brilladora que dejó de funcionar.  

En la primera actividad se está en una configuración intelectual de la experiencia, mientras que, en la segunda, se pasó a una configuración práctica de la experiencia. En lenguaje actual, diríamos que se está “en modo…”  

En ambos casos se trata de expresiones que indican que una persona o cosa está operando bajo ciertas condiciones, características o comportamientos específicos. Por ejemplo: estar “en modo vacaciones” o estar “en modo trabajo” o cuando un celular se coloca “en modo avión”. 

Una sensación se configura con diferentes componentes. Una sensación implica un órgano de los sentidos, pero también una base corporal más amplia, como los movimientos corporales que la acompañan. Además, hay un control que organiza dichos movimientos. Sin ojos no se puede ver, pero cuando quiero ver, abro los ojos, vuelvo la cabeza, me acerco, agudizo la mirada…  

Al hablar de la consciencia, tenemos una corriente que no sólo involucra la sucesión temporal de contenidos diversos, sino también una dirección, una tendencia, un esfuerzo. Y esa dirección de la corriente es variable. En toda experiencia hay un factor inmanente que se puede nombrar como: conato, interés, atención, propósito. No es lo mismo querer escribir una novela que desear que la brilladora funcione. La atención, el propósito y los comportamientos son diferentes en cada uno de los dos casos.  

Se dice pues, configuración de la experiencia, porque confluyen varios factores que intervienen en cualquier experiencia determinada.  

En la experiencia humana, se pueden distinguir diversas configuraciones: una configuración biológica, una configuración estética, una configuración dramática, una configuración intelectual, una configuración económica, entre otras.  

La configuración de la experiencia puede ser temporal, pasajera, momentánea, pero puede adquirir un carácter más permanente, como el de una profesión, una ocupación, una dedicación o afición duraderas.  

Hay personas con una propensión, tendencia o inclinación práctica, ejecutiva, activa; hay otras personas con propensión artística o musical; algunas muestran una propensión intelectual. El temperamento, el ambiente familiar y social, la educación, los deseos, la personalidad, las necesidades externas e interiores influyen, entre otros factores, en la inclinación y dedicación de cada persona; sin que eso quiera decir que una misma persona no pueda combinar o realizar más de una vocación.   

Tampoco significa que una profesión, o dedicación humana sea más importante que otra; más valiosa, más necesaria, más privilegiada, más digna u honrosa. Esto es parte de la diversidad y variedad que requieren respeto, complementación y colaboración de unos con otros.  

Se debe evitar la “tentación” casi automática de ignorar o menospreciar a los otros por su ocupación, así como se minusvalora por la raza, el género, el nivel educativo, o la manera de pensar. 

Vicente Alcalá Colacios

Julio, 2024

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No es un juego de palabras. El Dios de la ciencia se refiere al Dios buscado por los científicos; la ciencia de Dios es la sabiduría que Él nos participa al hablarnos por medio de Jesucristo. En dos palabras: buscando a Dios y escuchando a Dios.

En la primera parte: ¿Cómo es el Dios de los científicos? ¿Cómo buscan a Dios algunos destacados científicos? Relacionamos aquí algunos testimonios de varios de ellos:

Johannes Kepler (1571-1630) descubrió nuevas fórmulas matemáticas que respondían a los datos obtenidos a través de sus muy cuidadosas observaciones de las órbitas planetarias. Escribió “La armonía del mundo” y al final, prorrumpe en este grito de alegría: Gracias a Ti, Señor Dios, Creador nuestro, por haberme permitido contemplar la belleza de tu obra creada.

Isaac Newton (1643-1727) escribió la importante obra “Principios matemáticos de la filosofía natural”. Stephen Hawking diceEn ella fundió las contribuciones científicas de Copérnico, Galileo, Kepler y otros en una gran sinfonía dinámica. Los principia, el primer libro de física teórica es unánimemente considerado como la obra más importante de la historia de la ciencia y el fundamento científico de la moderna visión del mundo.

Al final, Newton dice: “Tan elegante combinación de Sol, planetas y cometas sólo pudo tener origen en la inteligencia y poder de un ente inteligente y poderoso… Él lo rige todo, no como alma del mundo, sino como dueño de todos… Dios sumo es un ente eterno, infinito, absolutamente perfecto… Dura siempre y está presente en todo lugar… todo discurso sobre Dios se produce mediante alguna semejanza a partir de las cosas humanas. Esto respecto a Dios de quien corresponde hablar a partir de los fenómenos”.

Sir James Jeans (1877-1946) matemático, físico y astrónomo, se convirtió en destacado filósofo de la ciencia. Una de sus frases favoritas es que Dios es un matemático, y el universo está empezando a parecerse más a un gran pensamiento que a una gran máquina.

Acogiendo el pensamiento del filósofo George Berkeley 1685-1753), concluyó que No importa si los objetos existen en mi mente o en la de cualquier otro espíritu creado o no; su objetividad proviene del hecho de subsistir en la mente de algún Espíritu Eterno.

Werner Heisenberg (1901-1976) es conocido principalmente por el principio de Indeterminación. Recibió el premio Nobel de Física en 1932 por sus brillantes y decisivas contribuciones a esta ciencia. 

En su escrito “Verdades científicas y verdades religiosas” dice Los nuevos descubrimientos… posiblemente habrían de percibir con inmediatez las obras de Dios en la naturaleza. El Dios al que aquí nos referimos es, sin embargo, un Dios ordenador, del que no sabemos si es o no idéntico al Dios al que acudimos en nuestras tribulaciones y con el que podemos poner en relación nuestra propia vida.

En un diálogo con Wolfgang Pauli (Nobel de Física en 1945) en el que éste le preguntó ¿Crees en un Dios personal?, Heisenberg reformuló la pregunta y dijo: Mi respuesta sería sí. Y puesto que mi propia experiencia no importa demasiado, me gustaría recordarte el famoso texto de Pascal: El Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, y no el de los filósofos y los sabios. 

Albert Einstein (1879-1955) fue premio Nobel de Física en 1921. En su capítulo “El sentimiento cósmico religioso” escribe así: 

El deseo de sentirse amados, guiados y apoyados inclina a los humanos a formarse un concepto social o moral de Dios. Éste es el Dios providente, que protege, dispone, recompensa y castiga; el Dios que… ama y cuida la vida; el que conforta en las penas y en los anhelos insatisfechos; el que salva a las almas de la muerte. Éste es el concepto social de Dios. 

Las sagradas escrituras de los judíos constituyen un ejemplo admirable de evolución desde una religión de miedo a una religión moral, evolución que se continúa en el Nuevo Testamento.  

Pero la experiencia religiosa se da también en un tercer nivel, presente en todas esas concepciones, si bien raramente en forma pura: me refiero al sentimiento cósmico religioso… yo sostengo que el sentimiento cósmico religioso constituye la más fuerte y noble motivación de la investigación científica… ¡Qué profunda convicción de la racionalidad del universo, y qué ansia de comprender, aunque sólo fuera una brizna de la mente creadora que revela este mundo, debieron de tener… científicos capaces de gastar años y años de solitario trabajo en el empeño de desenmarañar los principios de la mecánica celeste.

Max Planck (1858-1947) fue premio Nobel de física en 1918. En su escrito “El misterio de nuestro ser” tiene unas reflexiones sobre la ciencia, la fe, el racionalismo y la imaginación. Concluyó diciendo: La ciencia como tal nunca puede realmente asumir el puesto de la religión. Este último pensamiento nos sirve de introducción a 

La segunda parte en la que nos preguntamos ¿cuál es la ciencia de Dios?

Ciencia de Dios puede significar ciencia acerca de Dios y eso sería Teología, pero otra cosa es decir que Dios tiene ciencia o sabiduría, conocimiento ¿Cuál es la ciencia o sabiduría de Dios?

La palabra “ciencia” puede significar cosas diferentes: a veces se entiende como “conocimiento” (se dice ciencia del yoga, de la meditación, de la inteligencia creativa, etc.) otras veces -con mayor especialización- ciencia se entiende como conocimiento de lo experimentable y comprobable mediante el método científico. En este último sentido, claramente, Dios no “practica” la ciencia. En sentido amplio, por supuesto que Dios sí tiene ciencia, tiene conocimiento y por supuesto que Dios tiene sabiduría; si no, ¿cómo podríamos tener conocimiento y sabiduría a imagen y semejanza de EL? 

Hablar de la sabiduría de Dios es, quizás, más apropiado que hablar de la ciencia de Dios. La sabiduría en el Antiguo Testamento es una realidad divina: “Desde antiguo, desde siempre fui formada, desde el principio, antes del origen de la tierra” (Proverbios 8, 23).” Yo salí de la boca del altísimo y como niebla cubrí la tierra… Desde el principio, antes de los siglos me creó, y nunca dejaré de existir” (Eclesiástico 24, 3-9).

En una síntesis sobre ella, el Vocabulario de Teología bíblica, por Xavier Léon-Dufour, nos dice: La sabiduría, habiendo brotado de la boca del Altísimo, como su palabra, es un soplo del poder divino, una efusión de la gloria del todopoderoso, un reflejo de la luz eterna, un espejo de la actividad de Dios, una imagen de su excelencia; habita en el cielo, comparte el trono de Dios, vive en su intimidad. 

En el Prólogo del Evangelio de Juan, leemos que “Al principio existía la Palabra (el Verbo) y la palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella existía al principio junto a Dios. Todo existió por medio de ella, y sin ella nada existió de cuanto existe”. Si comparamos el texto del Prólogo con lo que leímos antes sobre la Sabiduría en el A.T. podemos interpretar que la Palabra o el Verbo de Dios es otra manera de hablar de la Sabiduría de Dios, de la Ciencia de Dios. 

“Él es imagen del Dios invisible, primogénito de toda la creación, porque por él fue creado todo… él es anterior a todo y todo se mantiene en él” (Colosenses 1,15-17).

En el Nuevo Testamento Jesús es llamado la sabiduría de Dios: “Cristo es fuerza y sabiduría de Dios… ustedes son de Cristo Jesús que se ha convertido para ustedes en sabiduría de Dios (1Corintios 1,24- 30). El Hijo es la sabiduría del Padre, como es también su Palabra. Esta sabiduría estaba oculta en Dios… ahora se ha revelado en Jesucristo. Así todos los textos sapienciales del AT adquieren en él su alcance definitivo. 

La ciencia o sabiduría de Dios se encarnó en Jesucristo y en su palabra. Jesús nos revela la realidad de Dios y su voluntad: El que me ve a mí ve al Padre… nadie conoce al Padre sino el Hijo… El Padre y yo somos uno… Dios envió a su Hijo al mundo, no para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él.

San Pablo diferencia la sabiduría humana de la sabiduría de Dios. Cristo crucificado (resucitado) es locura según lo humano, pero es fuerza y sabiduría de Dios. El poder del Espíritu hace que la fe no se base en la sabiduría humana, sino en el poder divino. La cruz de Jesús se convierte en ciencia misteriosa de Dios que le da sentido al dolor de los hombres y de la humanidad y es fuerza que supera el dolor y la muerte. La muerte es quizás el dolor humano más sentido y la cruz y resurrección de Jesús -ciencia de Dios- nos aclara el sentido de la muerte, como transición a una vida inmortal. La cruz de Jesús da fuerza y sentido -misteriosamente- al dolor y sufrimiento humanos. El sí ilimitado del hombre a Dios, aún en el dolor, es la verdadera adoración y alabanza, como respuesta sabia a la sabiduría de Dios.

Jesús nos manifestó la ciencia de Dios como muy diferente al modo de pensar humano: Bienaventurados, felices, los pobres, los que sufren, los desposeídos, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa del bien… y, sobre todo, nos enseña que el amor supera todo conocimiento. La fe que no es amor no es una fe verdaderamente cristiana.

Entre los 7 dones del Espíritu Santo se enuncian el Don de sabiduría, el Don de inteligencia y el Don de ciencia. (Catecismo de la Iglesia Católica, Número 1831). Se puede pensar que son esfuerzos para nombrar con palabras humanas la realidad sobrehumana del Espíritu de Dios y sus regalos para nosotros. La sabiduría de Dios, la ciencia de Dios se nos participa por su Espíritu. 

En resumen, regresando al título del artículo, la ciencia y la fe no se identifican, pero no son contradictorias, sino complementarias; el “sustrato” común es el ser humano, ya científico, ya creyente.

La ciencia descubre las maravillas de la naturaleza y busca a Dios. Dios con su sabiduría crea las maravillas de la creación, de la vida y de la Gracia.

Los científicos intentan llegar a conocer a Dios.

Los creyentes afirmamos que Dios tiene ciencia, conocimiento, sabiduría. Él es Quien nos da a conocer su realidad y su voluntad: la Revelación, la Palabra de Dios es el conocimiento que Dios tiene sobre sí mismo y sobre nosotros y que nos lo da a conocer por Jesucristo y nos lo confirma por el Espíritu Santo en la comunidad humana. 

Vicente Alcalá Colacios

Julio, 2024

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Las definiciones de herencia en el diccionario de la lengua española tienen, todas, un sentido descendente: de los padres hacia sus hijos, de lo que los seres vivos reciben de sus progenitores, de rasgos o caracteres procedentes de personas o momentos anteriores … Aquí, la tomamos en sentido inverso: herencia de los hijos para con nosotros. Son historias de mi familia, pero semejantes a muchas de las de ustedes. 

Una experiencia inolvidable, repetida, fue la sensación -indescriptible con palabras- de disfrutar del Zugspitze, el nevado más alto de Alemania, al que mi hija “nos llevó” a Elssye y a mí. Lo mismo que la visita a otros paisajes y ciudades. Esta experiencia, “herencia de mi hija” no hubiera sido posible si ella no estuviera en Alemania, en su trabajo de investigación, con el sacrificio que implica la distancia. 

Otro placer sorprendente -que experimento a los 80 de mi vida- consiste en escuchar música, por ejemplo de Mozart, en un sillón que mi hijo “me heredó”, comprándoselo a un amigo que viajaba. Esta herencia es doble, porque la música clásica ha sido una afición reforzada por el gusto y los discos de mi hijo, así como el sillón en que me reclino para oírla. 

Son sólo dos casos concretos y palpables de “herencia inversa”. 

Los libros y saberes -de Biología y Derecho, respectivamente- son también herencia de mis hijos para nosotros, sus padres.  

Ayudas en informática y otros recursos tecnológicos constituyen otro tipo de “herencia en vida”.  

Las caminatas, los paseos, los viajes impulsados, y a veces financiados por los hijos, son otras herencias valiosas.  

Hasta ropa en buenas condiciones que dejaron de usar o que no pudieron llevar consigo, y de la que los padres nos beneficiamos. 

En un ámbito más espiritual, heredamos la oportunidad de apreciar y agradecer los valores y comportamientos honestos y solidarios de ellos como adultos responsables. 

Hemos recibido otras herencias, como la de los dos cónyuges con sus familias. 

En síntesis, nos han proporcionado la satisfacción de compartir tantos sentimientos y bendiciones, como retribución quizás a los dones desinteresados que les hemos podido ofrecer. 

No puedo dejar de experimentar la herencia divina que hemos recibido, en la creación, en la comunidad humana, en la propia vida recibida por medio de los padres; en la vida de Jesús por medio de María y en su Espíritu vivo entre nosotros tras su Resurrección. 

Vicente Alcalá Colacios

Mayo, 2024

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Luis Guillermo Arango, en su reciente artículo “Pensamientos sobre la energía vital”, escribe así: me refiero exclusivamente a la energía física que copa por completo todos los seres…  Por esa energía física es como podemos comunicarnos unos con otros de maneras que ni alcanzamos a imaginarnos…Esa “Energía Vital” que constituye la esencia de todos los seres del universo es la que da vida a todo. Siguen varios comentarios muy interesantes al artículo y yo prometí éste de hoy.

A través de la ventana, observo varios colibríes batiendo sus alas para quedar suspendidos frente al bebedero por el cual meten su largo pico para alimentarse con el néctar preparado. Es admirable la velocidad del movimiento de sus alas, que manifiesta una enorme energía física. Se ven unos cables de energía eléctrica y unas hojas de árboles. Todo ello es posible verlo por la energía del sol. A la vez, es admirable también nuestra capacidad de admirar belleza, que manifiesta una enorme energía psíquica…todas son “energía vital”.  

Me encuentro, en la obra “Recuerdos, sueños, pensamientos” de Carl G. Jung, al final de su vida, el siguiente texto, para mí muy interesante: “Concebía la libido como un analogon psíquico de la energía física… para no hablar ya más de los impulsos de hambre, agresión, o sexuales, sino considerar todos estos fenómenos como diversas manifestaciones de la energía psíquica. También en la física se habla de energía y sus modos de manifestarse, como la electricidad, la luz, el calor, etc. Lo mismo sucede en psicología. También se trata aquí en primer lugar de energía … y sus maneras de manifestarse pueden ser muy diversas”.

La libido no es ya sólo y exclusivamente sexo, como se interpretaba al Freud de los comienzos; él mismo lo corrigió con la aceptación del “impulso del yo”, para otorgar más tarde la supremacía al super-yo, por así decirlo. Adler defendió tenazmente que la fuerza vital del hombre no es la libido hedonista postulada por Freud, sino el impulso de conservación y autoafirmación, el poder y la excelencia personal. Así podríamos seguir con planteamientos diversos de los psicólogos o de las escuelas psicológicas. 

Me gusta la idea de que la libido es una hipótesis, una X desconocida, no identificable directamente, sino en sus incontables manifestaciones dinámicas en la naturaleza y en el psiquismo; denota la energía universal. Jung concibe la naturaleza y el psiquismo como entidades dinámicas interrelacionadas y nutridas por una energía vital: la libido.

Otra manifestación universal de la “libido” es lo que Bernard Lonergan expresa como deseo puro, irrestricto, desasido y desinteresado por conocer (Insight, passim) que va desde la pregunta infantil ¿qué es eso? hasta la pregunta de la ancianidad ¿para dónde vamos? Igualmente, se manifiesta en la voluntad universal hacia el bien o lo bueno, y en las innumerables manifestaciones y creaciones de la belleza. Además, por encima de la “libido” tenemos la energía teologal, recibida, que llamamos fe, esperanza y caridad. 

Energía física, energía psíquica, energía vital… y en el trasfondo de todas ellas, ENERGÍA. 

Incluso la palabra energía es quizás la mejor que tenemos, por ahora, para expresar: fuerza, dinamismo, capacidad, potencialidad, impulso, acción, relación, unidad, creatividad, virtud, espíritu, eros de la mente, amor… 

Suscribo los siguientes pensamientos de Carl Jung y otros pensadores:

La multiplicidad del mundo empírico se sustenta sobre una unidad subyacente… Todo lo distinto y dividido pertenece a uno y el mismo mundo. La realidad empírica tiene un fondo trascendental. 

El fondo común de la microfísica y la psicología profunda es tanto físico como psíquico y, por tanto, no es ninguna de las dos cosas, sino más bien una tercera: una naturaleza neutra que puede, a lo sumo, captarse mediante indicios, ya que, en esencia, es trascendental.

La más alta unión consistiría, desde un punto de vista psicológico, en una síntesis de lo consciente con lo inconsciente. El resultado de esta unión es teóricamente inconcebible, pues se combina un factor conocido con uno desconocido; pero, en la práctica, resultan de ella tantos cambios trascendentales en la consciencia como los que la física atómica ha producido en la física clásica.

¿Qué hay “detrás” o en el trasfondo de la onda-partícula? …hacen falta unos ojos nuevos para ver que el universo está hecho más de relaciones que de objetos, de interacciones más que de cosas, su estructura profunda es relacional más que física… y ¿qué hay “detrás” del cuerpo vivo y de la psique viva?

Si el ser humano se manifiesta como un cuerpo vivo y a la vez como una psique viva, es necesario postular una X anterior, previa o subyacente a las dos manifestaciones. Esa es una incógnita heurística, algo que no se sabe todavía qué es, pero es.

El cuerpo vivo humano es visible, patente, objeto de la ciencia… la psique viva humana es invisible, latente, objeto de la experiencia y de la meditación.

El cuerpo vivo humano es operativo, actuante, objeto de la consciencia. La psique viva humana es operativa, actuante, objeto de la consciencia. 

Tanto el cuerpo como la psique, además de ser objetos de la consciencia, incluyen o abarcan factores inconscientes o desconocidos. 

Una hipótesis o propuesta de identificación de esa es el nombrarla como el yoEl yo es la realidad subyacente al cuerpo y al alma o psique. El yo, el sujeto, el sí mismo, la identidad personal, la persona… son expresiones que quieren identificar a esa X. 

La no es contradictoria en sí misma, sino integradora: el cuerpo no niega el alma, ni el alma o psique ignora al cuerpo. Ninguno de los dos niega al otro, pero tampoco se identifican totalmente. Aquí se cumple una vez más, que el todo es más que la suma de sus partes, y la es más que el cuerpo o el alma. Esa se manifiesta como cuerpo y como alma, de manera semejante a como la otra (de la que escribimos) se manifiesta como onda y partícula. La diferencia está en que, onda y partícula no se manifiestan simultáneamente sino alternativamente; en cambio, cuerpo y alma no pueden manifestarse sino integralmente, simultáneamente, como una unidad bifacial o bidimensional: cuerpo-alma son una relación mutua o recíproca, son energía físico-psíquica.

En la antología Cuestiones cuánticas, grandes físicos del siglo XX expresan una visión mística de la realidad, una concepción trascendente del mundo en donde la dualidad entre materia y espíritu queda sobrepasada, concepción fruto de una postura crítica no irracional. 

Recuerdo mi monografía sobre “La participación del ser, según San Agustín”. Allí utilicé la metáfora de un gran mural, del cual, si se copia un pequeño fragmento, éste se asemeja y se diferencia, al mismo tiempo, con el “modelo”: se asemeja en lo que es, se diferencia en lo que le falta. La participación -por semejanza- del SER o de la ENERGÍA es algo parecido: nos parecemos en algo, pero nos diferenciamos infinitamente.

De manera poética, esa participación la expresó el místico San Juan de la Cruz en su cántico espiritual:  “Oh bosques y espesuras, plantadas por la mano del Amado, oh prado de verduras, de flores esmaltado, decid si por vosotros ha pasado. Mil gracias derramando pasó, por estos sotos con presura, y yéndolos mirando con sola su figura, vestidos los dejó de su hermosura”.Participamos del SER y de la ENERGÍA, pero no somos el SER o ENERGÍA inefables; EL SER o LA ENERGIA no se “agota” con los seres o las energías participados. Los seres, el Ser y EL QUE ES, son todos, pero no lo son de la misma manera. Las energías, la Energía y LA ENERGÍA, son todas, pero no lo son de la misma manera.

Vicente Alcalá Colacios

Mayo, 2024

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Yo no soy gay, pero tengo – no sé si mucho o poco- de femenino en mí, lo mismo que cada uno de ustedes, afortunadamente.

Ayer iba con mi esposa hacia la sede de la medicina prepagada y, llegando, me encontré de frente con dos ancianos, que enseguida reconocí y saludé. Digo ancianos porque me parecieron mayores que yo, aunque son más jóvenes. Enseguida, la señora le dijo al marido quién era yo y él trato de recordar algo; ambos fueron compañeros míos en la empresa y se los presenté a mi mujer.

Cecilia y yo, recordamos enseguida unas clases de natación en que coincidieron sus niños y los míos. También mencionamos enseguida a un compañero y una compañera que fallecieron recientemente. 

Esta anécdota es un ejemplo concreto de lo que quiero decir. Se trata de una mujer en quien se cumple lo que siempre pensé de las mujeres: no es tanto la cara bella, sino la cara agradable y cariñosa lo que más me atrae de ellas. Con esta amiga, como con muchísimas otras en la Federación de Cafeteros, nos unió una amistad y afecto que perdura. Lo mismo se puede decir de otras mujeres con las que me encontré en diferentes circunstancias. 

Además de una cara agradable y cariñosa, he disfrutado de la amabilidad, atención y ayuda de muchas mujeres. Lo expresé al escribir sobre “La enfermera colombiana” y sobre la joven que nos dijo “Yo no tengo papá”.

En alguna ocasión recordé también algunos mensajes de varias sobrinas mías -ya mamás- reiterándome gratos sentimientos mutuos. Las fotos de mi mamá, de mis tres hermanas, de mi cuñada y de mi nuera, me hacen presentes el aprecio, la valoración y el cariño que nos une. Y mi hija Pilar…

En el caso de mi señora -con 53 años de vida compartida- me quedo sorprendido cuando cuenta anécdotas de sus múltiples trabajos, de sus servicios, de sus proyectos ejecutados, de su inteligencia y tacto en el trato con superiores, compañeros y subordinados, de sus muchas realizaciones y, dentro de nuestra familia, la dedicación, visión y motivación para con nuestros dos hijos. Para conmigo sería largo e inexpresable lo que ha significado su amor, cuidado e impulso permanentes.

Si consulto con mi inconsciente o subconsciente, no terminaría de recordar y narrar experiencias y detalles de lo femenino en mi vida, comenzando por la persona y la relación con la Virgen María, la madre de Jesús. Ella me transporta al inconsciente colectivo o al arquetipo universal y perenne de la mujer, ideal y real. Se me vienen a la mente textos de la Sabiduría y Proverbios, entre otros escritos del antiguo testamento, alabando a la mujer. Qué sería de nosotros, los hombres, sin la mujer… ni siquiera podríamos estar echando el cuento!.

Cuando se me ocurrió el título de este artículo, pensé precisamente en eso: no ya el mirar hacia afuera, a la mujer en la historia y en mi vida, sino a lo femenino que hay dentro de todos, así seamos varones o mujeres: fecundidad, intuición, ternura, amor, sensibilidad, creatividad, arte y poesía, entrega…

No se trata de comparar analíticamente y mucho menos de ponderar odiosamente cualidades y características distintivas pero complementarias de lo masculino y lo femenino, pero sí de apreciar y resaltar valores y capacidades indiscutibles de lo femenino en ellas y también en nosotros. 

Vicente Alcalá Colacios

Mayo, 2024

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En la tertulia del jueves 14 de marzo quisimos compartir nuestras experiencias de vida, una vez que la edad nos ha permitido “jubilarnos”. Este es el testimonio – video y texto – de Vicente Alcalá.

Exjesuitas en tertulia- 14 de Marzo, 29024

Cuando se nos planteó esta pregunta para la tertulia del jueves 14 de marzo pasado, mi reacción fue la de no participar porque siento que no estoy haciendo nada, aunque sí quería escuchar a mis amigos de la tertulia. Fue una reacción con cierta vergüenza o insatisfacción por no estar haciendo nada.

Pero esta mañana estaba al frente de mi casa contemplando el paisaje, y al mirar al suelo en el corredor vi unas hebras de sombra y enseguida observé que las sombras las producían unas hebras de pasto que sobresalen un poco en el extremo del prado.

Inmediatamente, debajo de las hojas del arrayán de enfrente, noté el resplandor del sol y obviamente, las sombras eran producidas por el pasto, pero más obviamente era el sol el que producía las sombras a través del pasto.

Esta observación me hizo cambiar la pregunta de esta tertulia: ya no fue ¿Qué estamos haciendo?, sino ¿Por qué estamos haciendo lo que hacemos?

Lo que hacemos es una sombra de nosotros mismos, pero es Dios quien “produce” las acciones a través de nosotros.

Esto podría parecer una evasión de la pregunta inicial o más bien una racionalización del hecho de no estar haciendo nada.

De las pocas cosas que he hecho en estos tres últimos años, ha sido escribir los breves artículos para el blog, que ya son numerosos, unos 98.

Conversando con mi hija por el chat, comentamos que los dos nos habíamos preguntado lo mismo: por qué estoy escribiendo todos estos artículos… Lo curioso es que casi todos han surgido de pequeños incidentes u observaciones o de las preguntas en las tertulias o de la lectura de un libro etc.

De manera que, ¿qué estoy haciendo?

Observar, meditar, tratar de conocer de lo mucho que no conozco, tratar de comprender la realidad social y política que nos rodea; relacionarme con mi familia y con las personas que me encuentro, orar… tratar de compartir mi experiencia, mis valores, mis comprensiones, mis convicciones… y no evadir lo demás que pueda hacer por mí y por los demás y por esta realidad en la que estamos inmersos en nuestra historia.

Decir que lo que hacemos es una sombra de nosotros… y que es Dios quien hace a través de nosotros, puede parecer una evasión de la responsabilidad: si hacemos algo es Dios quien lo hace, pero cuando no hacemos ¿es que Dios no hace?

Sí, Dios siempre está obrando, dando el ser, manteniéndolo, y actuando en todo ser.

Nosotros somos seres como cualquiera entre otros, pero con un privilegio ambivalente: somos seres que podemos amar, comprender, actuar… o podemos dejar de amar, de comprender, de actuar: tenemos la libertad humana que “filtra” la acción de Dios.

Vicente Alcala Colacios

Marzo, 2024

En el primer caso, secundamos la voluntad y la acción de Dios… en el segundo caso, nos resistimos a la voluntad y la acción de Dios. Es como si el pasto se “acostara” y por más que el sol brille, ¡no habría hebras de sombra en el suelo!

Mejor, seamos como “los árboles que mueren de pie” y mientras nos quede vida temporal, ¡amemos, comprendamos y hagamos el bien!

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Realidad exterior e interioridad. Aunque no se pueden separar radicalmente, sí se pueden distinguir. Además, se puede meditar sobre la experiencia “exterior” (como la de observar el nevado) y se puede tener la experiencia de meditación “interior” (como la de esa mujer).

La experiencia es el conocimiento empírico de la realidad (de los datos, de los sentidos y de los datos de la propia consciencia). Tenemos experiencias de muchas realidades y acontecimientos exteriores, pero también tenemos muchas experiencias personales interiores. Hay experiencias singulares o particulares y también llamamos experiencia a la acumulación adquirida de los aprendizajes experimentados a través de la vida. 

Definir la meditación es complejo porque hay muchos tipos o formas de meditación. En un sentido específico, la palabra meditación se refiere a un tipo de conocimiento o experiencia que se relaciona con la interioridad personal. Como acercamiento a esta realidad interior, quiero compartir lo que me expresó un amigo que puede hablar de la meditación con mayor autoridad que yo:

“Tu mensaje lo calificaría como “effusus ad exteriora” (volcado hacia el mundo exterior). Lo mío genuino es interior, lo llamaría vida interior. El “conocimiento” que manejo corresponde a niveles de consciencia que podrían llamarse esotéricos y se distinguen de la mente (la loca de la casa) o la razón. Yo los llamo del corazón en el sentido de íntimos, “interior intimo meo” (interior más profundo o lo más íntimo de mi ser). 

Mi experiencia con Dios es como una ola u onda que me invade o inunda; acto seguido me siento vivo y en conexión con todo el universo. Todo está inundado de sentido y yo recibo y produzco plenitud, dicha y agradecimiento. En ese acto, el tiempo no existe y nada que ver con escasez o enfermedad. Soy dichoso, todo está bien, Todo”.

Esta expresión de mi amigo me recordó “El secreto de la laguna”: esta recibe amorosamente el agua de la montaña y la entrega generosamente al río y éste la deposita en el mar.  Se trata de una observación externa que lleva a una reflexión interior: el espíritu verdadero invita a recibir y dar con amor. 

El testimonio de mi amigo lo podríamos calificar de “místico” pero cualquiera de nosotros podría relatar algún momento o vivencia semejante. Más aún, en alguna ocasión, dijo Karl Rahner “Un cristiano tendría que ser místico o no sería cristiano” lo que querría enfatizar la importancia de la experiencia personal y profunda de la fe para vivir verdaderamente la espiritualidad cristiana. 

La meditación se puede entender como la comprensión o reflexión de diversas experiencias, pero hay una meditación especial -como dijimos anteriormente- que se dirige a identificar la realidad personal interior y la unión de esta realidad con la totalidad del universo y con el creador del universo.

En el budismo, la ciencia de la mente está desarrollada desde el siglo V antes de Cristo. Desde el siglo VII de nuestra era, la civilización tibetana recibió los tesoros del budismo indio. Una de las herencias es la práctica de la meditación, que recientemente ha tenido mucha acogida en occidente con distintas modalidades.

Tradicionalmente hay también la llamada meditación cristiana que reflexiona sobre las verdades de fe o sobre los hechos y palabras constatados en la Sagrada Escritura y, especialmente, en el Nuevo Testamento. Entre estas meditaciones cristianas, tiene relevancia y amplio desarrollo la practicada en la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Culminan estas meditaciones con la “Contemplación para alcanzar amor” y enseguida, se exponen tres modos de orar. Observemos que la oración es una conversación con Dios (o con Jesucristo o María).

Las meditaciones que hemos nombrado se dirigen a realidades objetivas, mientras que la meditación hacia el interior trata de conectarse con la realidad subjetiva de la mente misma “en blanco” y de su unidad con la totalidad: una “presencia plena-conciencia abierta”.

Además de aclarar un poco los dos términos -experiencia y meditación- el presente artículo invita:

  • a recorrer los pasos cognoscitivos de toda experiencia, que avanzan, desde lo sensible, a la comprensión y a la reflexión para la afirmación de su verdad, hasta convertirlos en un hábito connatural y preparatorio del actuar responsable; y 
  • a practicar la meditación (en la modalidad preferida por cada uno) para interiorizar y apropiarse la riqueza de la mente consciente y del inconsciente personal y colectivo. La meditación contribuye a la salud física, mental y espiritual, y al bienestar general.

Vicente Alcalá

Febrero, 2024

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No soy budista, pero no es absurdo hablar de Budismo Mariano. Hay varias escuelas o ramas del budismo. Tampoco digo como el autor del libro: “Sin Buda no podría ser cristiano”, pero sí comparto su idea de que budismo y cristianismo no son contradictorios, sino compatibles o complementarios, sin que cada uno renuncie a su propia identidad. La devoción mariana es un hecho “universal” y muy latinoamericano, muy bello y positivo.

La fotografía de la izquierda muestra las “stupas1” o “cairns” que algunos meditadores dejan al pie de una de las cascadas que se muestran abajo. Simbolizan estabilidad, equilibrio y conexión espiritual, expresión de devoción… o la construcción gradual de la iluminación y la ascensión espiritual. Apilar las piedras es una forma de acompañar la meditación budista.

La fotografía de la derecha tiene de común con el budismo el gesto de las manos juntas, como signo de respeto, reverencia, paz y devoción; esta imagen de la Virgen está, a mitad de camino, entre las dos cascadas que muestran las fotos siguientes (en verano) y que se encuentran en el municipio de Gachantivá (Boyacá):

Vemos, pues, que “conviven” prácticas budistas y tradición popular mariana en una misma región, en un mismo paraje bellísimo, como es la reserva “Los tucanes”.

Este artículo no trata de hacer un “repaso” del budismo ni del cristianismo. Simplemente, quiere compartir la experiencia de un paseo delicioso, que suscitó espontáneamente reflexiones agradables e inconclusas.

Un doctor en biología molecular dice: El budismo no se opone a la ciencia; la considera una visión importante, aunque parcial, del conocimiento. Uno de los temas principales del budismo es el sufrimiento. El sufrimiento es el resultado de la ignorancia. Lo que hay que disipar es la ignorancia y esta es, en esencia, el apego al “Yo” y al conocimiento superficial de las cosas. Aliviar los sufrimientos inmediatos del prójimo es un deber, pero no basta: es preciso poner remedio a las causas mismas del sufrimiento.

Suena semejante al pensamiento cristiano: es un deber reparar las injusticias inmediatas contra el prójimo, pero no basta, es necesario solucionar las causas estructurales de la injusticia y, más a fondo aún, Jesucristo no vino sólo a perdonar los pecados, sino a vencer al pecado y a la muerte; Jesús no es simplemente un buen modelo, como Buda.

Se resaltan en el budismo las “tres joyas” que son: el Buda, el Dharma (o camino) y la Sangha (o comunidad). Un paralelo sería: Jesucristo, el Evangelio y la Iglesia.

La doctrina del Buda se sintetiza en las Cuatro nobles verdades, la última de las cuales consiste en el “óctuplo sendero” que lleva desde la superación del sufrimiento hasta la iluminación, 8 pasos: comprensión correcta, intención correcta, palabra correcta, acción correcta, modo de vida correcto, esfuerzo correcto, atención plena y consciente, mente correctamente enfocada y concentrada.

Otro valor fundamental del budismo es la compasión, que se puede asemejar a la misericordia cristiana.

Por su parte, la devoción mariana no es un sencillo “sentimentalismo”, se fundamenta en profundas realidades; la principal, La Virgen María es la madre de Jesús y, por extensión, es el prototipo de la maternidad con todas sus características: amor, fecundidad, protección, ejemplo, sacrificio, intermediación, auxilio…

Baste recordar las palabras y acciones de María, según se consignan en el Nuevo Testamento:

Hágase en mí, según tu palabra.

Mi alma canta la grandeza del Señor… porque se ha fijado en la humildad de su esclava y en adelante me felicitaran todas las generaciones.

María guardaba todo esto, meditándolo en su corazón.

¿Por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.

Le dice a Jesús ¡no tienen vino!… y a ellos ¡hagan lo que Él les diga!

Junto a la cruz estaba su madre… Jesús, viendo a su madre y a su lado al discípulo amado, dice a su madre: mujer ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento, el discípulo se la llevó a su casa.

Después de la resurrección y manifestación de Jesús… Estaban todos ellos…con la madre de Jesús y… permanecían íntimamente unidos en la oración.

Las palabras de Jesús en la cruz son el fundamento de la maternidad espiritual de María para con los creyentes, y de su título de Madre de la Iglesia. La acogida del discípulo es una “profecía” del sentimiento filial del pueblo cristiano hacia la Virgen María. No es solamente la Palabra escrita, sino la Tradición viva de la comunidad cristiana la que da testimonio de María.

Durante veinte siglos y en todas las regiones evangelizadas se venera y se ora confiadamente a la Madre de Jesús. Ella se ha manifestado o “aparecido” en múltiples ocasiones y circunstancias. El pueblo y los artistas cristianos han respondido con oraciones y cánticos, con santuarios, monumentos, pintura, arquitectura, escultura y música… como expresiones de veneración, solicitud y gratitud.

No hay explícitamente un “budismo-mariano”, sino que los valores y principios del primero reciben refuerzo, claridad e impulso en la comunidad cristiana que venera a la Virgen María, Madre de Jesús.

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2024

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Exploración, extracción, refinación y utilización son procesos que constituyen la riqueza del petróleo. Nos servimos de una analogía: la exploración para el autoconocimiento, la meditación, la influencia de los sueños y de otros signos, la concientización, el desarrollo de la creatividad en el arte, la música, la invención, son algunos procesos que, aprovechan la riqueza del inconsciente personal y colectivo.

El final del artículo “Radiografía de la mente consciente” plantea la necesidad de escribir                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         específicamente sobre el inconsciente: “la otra mitad de la psique”. Aquí compartimos un pequeño esfuerzo -arriesgado o atrevido- pero sólo como una invitación a los expertos en el tema, y a estudiar este campo más detenidamente. 

Se realizan perforaciones para explorar las reservas de crudo; una vez detectadas se extrae esa mezcla bruta del subsuelo, luego se somete en las refinerías a procesos para obtener productos útiles derivados. No hay que olvidar algunos desastres accidentales durante la explotación, ni los daños ecológicos que puede producir el petróleo y que deben mitigarse. 

Así como el petróleo es una fuente de información y de energía fósil, el inconsciente es un patrimonio, de información y energía, acumulado a lo largo de la vida personal y de la herencia ancestral. A la edad de unos 80 años, casi sin darnos cuenta, tenemos una cantidad de recursos de experiencia que nos hacen recordar, resolver, elaborar con facilidad algunas cosas; se trata de una fuente inconsciente que, en circunstancias especiales, produce resultados que se vuelven conscientes. Pero no sólo contamos con este patrimonio personal, sino que la comunidad humana aporta información y energía acumuladas por generaciones y ese inconsciente colectivo enriquece nuestras capacidades personales. 

Podemos señalar algunas similitudes entre el aprovechamiento del petróleo y la riqueza del inconsciente. Sin embargo, es necesario estar atentos, también, a los riesgos del inconsciente y que, a veces, deriva en las llamadas enfermedades mentales.

En el “subsuelo” de la mente es posible detectar varias capas: 

  • Contenidos inconscientes asequibles
  • Contenidos inconscientes mediatamente asequibles
  • Contenidos inconscientes inasequibles[1]
  • Contenidos del inconsciente colectivo

Pero es conveniente evitar la idea de que esas capas inconscientes son paralelas, compactas, superpuestas, totalmente diferenciadas… (No hablo de subconsciente porque sería muy difícil recorrer los diferentes enfoques, según los autores y las escuelas psicológicas y precisar los conceptos y términos, de acuerdo con ellas).

Los procesos del petróleo nos hacen pensar en la complejidad del inconsciente. La imagen siguiente, a la izquierda, representa la idea ingenua de lo que se piensa popularmente que es un yacimiento petrolero; a la derecha vemos una imagen sísmica que ayuda a interpretar la composición y las capas geológicas debajo de la superficie de la tierra, y sirve para aproximarse a detectar la existencia de hidrocarburos. 

Algo semejante ocurre con el inconsciente: no es un depósito de información y energía preciso en sus límites, sino más bien una corriente sinuosa y con altibajos que recorre las profundidades de la mente… como un acuífero que está siempre presente en el subsuelo, y que a veces aflora a la superficie o se le busca, perforando pozos, para aprovechar el agua. 

Es como el disfrute al escuchar una melodía de Mozart, o apreciar la frescura de la neblina entre el valle y la montaña, bañada por la luz del amanecer, ¿cómo se explican?

El inconsciente mezcla datos de las cuatro capas insinuadas, por lo que se puede entender la incoherencia espaciotemporal de los sueños; y no solo en los sueños: en las conversaciones de vigilia se pueden mezclar también datos que, no de manera voluntaria, sino inconsciente, tergiversan la realidad, seguramente por el influjo de esas cuatro capas que, como las terrestres, tienen sus quiebres y no son uniformes ni horizontal ni verticalmente. 

Entre la consciencia y el inconsciente hay algo que llamamos intuición y que Jung la nombra como “una percepción por vía inconsciente”. Una señora fue por la mañana a visitar a su terapeuta y le dijo a éste que él había recibido, antes que ella, a un hombre. 

– ¿Cómo lo sabe? 

– He tenido de pronto esa impresión. 

Había un cenicero con varias colillas; la paciente sabía que el doctor no fuma; era improbable que una dama hubiera ido tan temprano a una cita… de esas “informaciones subliminares” ella concluyó que tenía que ser un visitante masculino: de los datos inconscientes se abrió paso la conclusión hasta su esfera consciente. No se trató de una deducción lógica o consciente que lleva desde unos antecedentes hasta una conclusión. 

Lo que llamamos “sexto sentido”, la telepatía y quizás el fenómeno de la lectura de las cartas o del cigarrillo, son fenómenos probablemente de intuición en el sentido de una percepción por vía inconsciente. Podemos distinguir entre lo que es una sensación y lo que es una intuición, pero ambas quedan en el nivel del conocer; más complejo es el terreno de las emociones y los sentimientos. Mientras que los juicios de verdad requieren evidencia o comprobación racional para poderlos emitir, los juicios de valor proceden, en muchos casos, de un sentimiento o afecto: me gusta o no me gusta; lo deseo o me repugna; me interesa o es insignificante… los sentimientos inconscientes afectan nuestro conocimiento y nuestro comportamiento. De adultos, tenemos gustos y preferencias que, sin duda, hunden sus raíces en experiencias infantiles agradables y que no siempre recordamos.

Los afectos no constituyen una función voluntaria; son acontecimientos interiores cuyos fundamentos no son conscientes: al encontrar por primera vez a una persona, nos puede “caer bien” o “caer gorda” ¿por qué? Existen una serie de datos o informaciones acumuladas en el inconsciente que producen esa sensación. Posteriormente, con datos e informaciones conscientes, podemos corregir o enriquecer la primera impresión. Positivamente, hablamos de “amor a primera vista”, de “química” que produce una sintonía o simpatía. El enamoramiento se inicia inconscientemente; el amor como decisión duradera, es consciente y voluntario, sin dejar de tener elementos sentimentales o afectivos.   

Aunque algunos filósofos ya habían hablado del inconsciente, su mayor conocimiento estuvo ligado a  casos de comportamientos mentales anómalos; se popularizó la idea de que los “traumas” infantiles se graban en el inconsciente y afectan la vida adulta sin advertirlo; se piensa en la interpretación de los sueños, en los actos fallidos, las asociaciones  y otros métodos para detectar el inconsciente… pero la realidad es mucho más rica y poderosa: el inconsciente no es exclusividad de las enfermedades mentales, ni guarda solamente recuerdos negativos o reprimidos; es fuente de inspiración, de creatividad, de “sanación”, de impulso para grandes realizaciones y también de motivación para toda la vida.

El inconsciente colectivo no es una “teoría” que se pierde en el pasado lejano. Baste leer el artículo del 16 de enero de 2024 en este blog, para constatar algo del inconsciente colectivo latinoamericano. La música, el sentimiento cristiano, la devoción mariana son algunos rasgos del inconsciente colectivo latinoamericano, sin hablar de la ancestralidad indígena.

Después de estas pinceladas aficionadas, hay que resaltar el papel de “refinería” que la mente conscientedebe jugar para conocer, interpretar, dirigir y aprovechar la riqueza del inconsciente. Recordemos que la mente consciente y voluntaria “está por encima” de las emociones, los instintos, los impulsos y todos los demás factores inconscientes; pero “arriba” y “abajo” se encuentra una riqueza humana mucho mayor de lo que creemos. 

Necesitamos conocer y “explotar” mucho más las dos “mitades” de nuestra psique.

Vicente Alcalá

Febrero, 2024


[1] Jung,Carl G. Los complejos y el inconsciente, Círculo de Lectores, Bogotá, 1986, pg..59

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Hace unos días se publicó en este blog, el artículo “La oración es como un bumerán”. Puede surgir la pregunta de si lo expresado es “ortodoxo” con respecto a la Sagrada Escritura y a la tradición de la Iglesia. Al decir que la oración se nos devuelve como un bumerán, no se quiere decir que no “llegue” a Dios. Para tranquilidad mía y de los lectores, se confirma, en el presente, lo escrito en el artículo anterior. 

En la foto de la carátula del libro que “encabeza” este artículo, se alcanza a observar una pintura de la oración de Jesús en el huerto de los olivos, donde “se le apareció un ángel del cielo que le dio fuerzas”. Esto simboliza la respuesta del Padre; la actitud de Jesús está expresada así: “Padre, si quieres, aparta de mi este cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya… y en medio de la angustia oraba más intensamente. Le corría el sudor como gotas de sangre cayendo al suelo”. (Lucas cp. 22, 39-46).

En esta oración de Jesús, resaltan los evangelistas lo que decíamos en el artículo La oración es como un bumerán: la oración de petición no significa que, sólo si le pedimos, Dios nos oye y nos responde, no. Dios siempre nos tiene presentes y siempre nos “responde”. Al rogarle a Dios, le ponemos más atención y nuestra fe, nuestro buen ánimo y nuestra confianza aumentan, aún en medio del dolor que nos embargue.

No sólo en la ocasión que acabamos de narrar, sino en otras donde Jesús ora o habla de la oración, junto con la atención a la respuesta de Dios, se resalta la actitud de los que quieran orar. 

“Estando él orando… le dijo uno de sus discípulos Maestro enséñanos a orar… Él les dijo: cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre…” Continúa la oración del Padre- Nuestro como la conocemos, pero podemos observar que, tanto en la alabanza como en las peticiones que siguen, se puede traducir lo que significa la oración para nosotros mismos: santifiquemos el nombre del Señor, confiemos en que el Señor nos dará lo que le pedimos, perdonemos a los que nos ofenden…  

Jesús también nos dijo: “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá, porque quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre”. (Mateo cp.7, 7-8)Después muestra cómo el Padre da cosas buenas y dará el Espíritu Santo, pero la oración nos hace más creyentes, más confiados, más cercanos a Dios; en ese sentido decíamos que la oración se nos devuelve como un bumerán: la dirigimos a Dios, pero nos hace bien a nosotros, por la oración misma, aún antes de recibir la respuesta de Dios y, además, nos predispone a ésta.  

Con la parábola del juez y la viuda (Lucas 18, 1-8) Jesús nos enseña que en la oración hay que ser perseverantes, hay que orar continuamente, aunque parezcamos impertinentes o cansones, no nos cansemos de orar; la oración debe convertirse en un hábito nuestro. 

Y no sólo con palabras, sino con los hechos, nos enseña Jesús cómo debemos orar. Los que le piden a Él reciben, como aquella mujer que se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto. Lo mismo: cuando se cree y se quiere, se hace lo necesario, como aquellos hombres que, al no poder llegar a Jesús por el gentío, suben al tejado y descuelgan la camilla con el enfermo para acercarlo a que Jesús lo cure. Varias veces, Jesús les dice a las personas que cura:  Tu fe te ha salvado, vete en paz.

La oración pues, más que hablar mucho, consiste en creer, en tener confianza y estar abiertos a la palabra y voluntad de Dios, a su acción y a su gracia. “Cuando ustedes recen no sean charlatanes como los paganos, que piensan que serán escuchados por mucho hablar. No los imiten, pues el Padre de ustedes sabe lo que necesitan antes de que se lo pidan” (Mateo cp. 6, 7-8)

En otra ocasión, Jesús nos quiere enseñar: “Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado” (Juan cp.11, 41-42).

Con los anteriores y otros pasajes del Evangelio, se ilustra lo que dijimos al decir que la oración es como un bumerán: la oración de agradecimiento a Dios nos hace más agradecidos; la oración de petición nos hace más atentos a Dios, más creyentes en Él, más confiados; la oración de adoración o alabanza nos hace más conscientes de que el Señor es nuestro Dios. 

Y si la oración personal nos beneficia a cada uno de nosotros… la oración en común, la oración en la Iglesia -por la acción del Espíritu- fortalece la fe, la esperanza y el amor de la Iglesia.

Vicente Alcalá Colacios

Enero, 2024

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La primera pregunta que surge es si hay algo imperdonable… si realmente algo es imperdonable entonces no se podría perdonar. “Imperdonable” es un dicho del lenguaje común, pero ¿qué fundamento tiene (aparte del sentimiento del que lo afirma)? La segunda pregunta es ¿Qué implica y qué no, el perdonar? La tercera: ¿qué es lo contrario de perdonar? 

Reflexionar sobre estos puntos es “fácil” para quien no está implicado en la ofensa o deuda, pero para quien ha padecido la ofensa, la violencia, el daño provocado… es muy difícil. 

“Yo creo que el que comete un error, está presionado por algo”, dice una víctima de secuestro. Claro está que hay errores momentáneos y errores duraderos, pero ambos son errores; no es muy claro que el perpetrador de un daño busque directamente el mal de alguien, como regla general.  

Un punto de vista distinto es, generalmente, el de la víctima o “el dañado” por la agresión de cualquier tipo. Puede ser tan fuerte el sentimiento, que dura más que el error y el “dolor” del victimario (si es que éste siente dolor).  

¿Quién recibe más daño: el que es odiado, el no-perdonado, o el que odia, ¿el que no perdona?

Tomé el título de este artículo, de un bello libro de reportajes a víctimas y victimarios del conflicto armado colombiano; algunos testimonios:

Gloria, una católica consagrada, dice que su tragedia es tan grande que hasta los propios guerrilleros en la selva se extrañaban de verla rezando el rosario todos los días a la misma hora, sentada en un tronco. “Siempre a las ocho de la mañana, y me preguntaban cómo podía creer en Dios si yo era la secuestrada que más estaba sufriendo. Me decían que si Dios existiera ya me hubiera sacado de allá. Yo les decía que lo que me estaba pasando no era cosa de Dios sino de los hombres, y que a Dios le daba gracias de que todos estuviéramos vivos, incluso ellos, los guerrilleros rasos, que estaban tan secuestrados como nosotros”

Benjamín,

  • ¿Entonces sigue odiando a los conservadores? 
  • ¡Nooo, qué! El mismo día de la paz nos echamos el brazo y toda esa vaina.

Teresita: 

“Yo me eché a llorar y cuando Ramón Isaza pasó en frente de mí, le dije ‘viejo asqueroso’ y un montón de insultos. Me alejé y seguí llorando, cuando me calmé me le acerqué de nuevo y le pedí perdón por la forma en que lo traté. El tipo no decía nada, solo temblaba. Le dije que nos había condenado a mi familia y a mí al destierro sólo por el vil metal, por tener las fincas, pero le dije que lo perdonaba” 

Mirta:

“Mamá, yo te amo, aunque tu no me ames a mí… Por eso, ahora cuando la abrazo y ella se queda con los brazos abajo, ya no siento dolor, sino misericordia”

Pero el tema no se refiere únicamente a ese contexto. El Papa Francisco, por ejemplo, hace unos días compartió unas reflexiones muy valiosas sobre el perdón en el ámbito de las familias:  

“No hay familia perfecta. No tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de los demás. Decepcionamos unos a otros. Por eso, no hay matrimonio sano, ni familia sana, sin el ejercicio del perdón. El perdón es vital para nuestra salud emocional y la supervivencia espiritual. Sin perdón la familia se convierte en una arena de conflictos y un reducto de penas. Sin perdón la familia se enferma (y a veces, se acaba como familia). El perdón es la asepsia del alma y la alforria (la liberación) del corazón. Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios. La pena es un veneno que intoxica y mata. Guardar el dolor en el corazón es un gesto autodestructivo. Es autofagia. El que no perdona se enferma física, emocional y espiritualmente… El perdón trae alegría donde la pena produjo tristeza, en la que el dolor causó la enfermedad”.

Después de estas palabras, no tengo mucho que decir. Sólo rogar a Dios por los que necesitan perdón y por los que necesitan perdonar, por grande que sea el daño y el dolor.

Vicente Alcalá

Enero, 2024

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Esta madrugada, mi subconsciente me despertó temprano, rumiando las experiencias de nuestra tertulia pasada, entre las cuales sobresalió, en varias conversaciones, el tema del título, que surgió de repetidas afirmaciones escritas por Y. N. Harari en varias de sus obras.

Comencemos afirmando que la ficción es una realidad. La ficción es un hecho, es una realidad, existe. La obra de Gabriel García Márquez es ficción, pero ¿acaso no es una realidad? ¿no la escribió, no la editaron, no se lee? Más aún, se dice que en “Macondo” la ficción supera la realidad. 

Si dejamos las cosas así, este artículo pierde “su gracia”, no tiene chiste y se le acaba el “suspenso” que puede suscitar el título.

“Sólo los sapiens pueden hablar acerca de tipos enteros de entidades que nunca han visto, ni tocado, ni oído”. “No hay dioses en el universo, no hay naciones, no hay dinero, ni derechos humanos, ni leyes, ni justicia, fuera de la imaginación común de los seres humanos… ninguna de estas cosas existe fuera de los relatos que la gente se inventa y se cuentan unos a otros” (En “De animales a dioses”).

Harari escribe sobre la figura de hace unos 32 000 años, encontrada en la cueva de Stadel, en Alemania: “Este es uno de los primeros ejemplos indiscutibles de arte, y probablemente de religión, así como de la capacidad de la mente humana de imaginar cosas que no existen realmente”. 

Pero no sólo los primitivos cimentan su orden social mediante creencias en fantasmas y espíritus… “nuestras instituciones modernas funcionan exactamente sobre la misma base”. “Peugeot es una invención de nuestra imaginación colectiva. Los abogados llaman a eso ‘ficción legal’. No puede ser señalada, no es un objeto físico. Pero existe como entidad legal”.

El autor ha vendido más de 23 millones de copias de sus libros en todo el mundo, eso es realidad; sin embargo, algunos de sus críticos científicos, entre otras cosas, dicen:

“Es un talentoso narrador y orador popular, pero sacrifica la ciencia por el sensacionalismo, y su trabajo está plagado de errores”. “En muchos aspectos es un fraude, sobre todo en ciencia… es un ‘populista de la ciencia’… Entiende la seducción de una historia bien contada, buscando expandir su audiencia, sin importar que la ciencia subyacente esté distorsionada en busca de fama e influencia… La narración de Harari es vívida y cautivadora, pero carece de ciencia… No solo describe nuestro pasado; está pronosticando el futuro mismo de la humanidad. Todos tienen el derecho de especular sobre nuestro futuro… pero las proyecciones falsas tienen consecuencias reales”.

Afirmar que “Cualquier cooperación humana a gran escala (ya sea un Estado moderno, una iglesia medieval, una ciudad antigua o una tribu arcaica) está establecida sobre mitos comunes que solo existen en la imaginación colectiva de la gente” es una generalización que no es tanto una verdad, sino una interpretación, una opinión personal.

Pienso que quizás este artículo mío, sin proponérselo, aumente la curiosidad por Harari en algunas personas. Pero dejemos ya al autor con sus verdades y falsedades o interpretaciones erróneas. 

La realidad (de alguien) crea ficciones y las ficciones (de un literato, por ejemplo) crea realidades. 

Ahora es necesario “filosofar” un poco, con el postulado de que todos somos implícitamente filósofos.

¿Qué es la realidad? ¿Qué es la ficción? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la objetividad y la subjetividad? ¿Qué es la sinceridad y la buena intención o buena voluntad? ¿Qué es la certeza? ¿Qué es conocer? ¿Qué es interpretar? ¿Qué es imaginar? …

Son demasiadas preguntas, y algunas de ellas han sido tratadas antes en este blog: “Mitos, significaciones, interpretaciones, explicaciones” “Racionalidad, sus beneficios” “Caminos a la certeza” “Inteligencia natural” y “Mucho más que inteligencia”.

Concentrémonos hoy en los dos términos del artículo: Ficción y Realidad.

Ficción puede tener unos sinónimos: algo imaginado, algo inventado, algo simulado, cuento, quimera, fábula, novela… hoy día puede ser película. 

Realidad (o real) puede igualmente tener unos sinónimos: algo cierto, verdadero, auténtico, verídico, innegable, algo que tiene existencia objetiva… De manera más especializada: realidad tiene su origen etimológico en el latín res=cosa, ente, ser. Y también lo subjetivo, lo interpretado, lo imaginado, lo inventado en literatura y arte… cobra realidad. 

La realidad, el ser, lo existente, podríamos decir que tiene grados o niveles; no es lo mismo la realidad de un árbol que la realidad de un poema o una melodía, pero ambos son reales, a su manera o en su medida. Es real el aire, la palabra, el amor…

Un concepto, una abstracción -decían los escolásticos- es algo mental, una creación intelectual, pero con fundamento en la realidad. Lo mismo puede ocurrir con una ficción: es algo intelectual, imaginado, creado por la mente, pero con fundamento en la realidad. 

Toda ficción es una realidad, pero no toda realidad es una ficción. Y no toda realidad elaborada por la mente es ficción. Hay conceptos, ideas, interpretaciones, doctrinas, formulaciones, expresiones, confesiones, declaraciones, leyes…  que son producidas por la mente, pero que son comprendidas, fundamentadas, comprobadas, razonadas… con base en realidades verdaderas, auténticas, ciertas, confiables; como -por ejemplo- la fe cristiana.

Vicente Alcalá Colacios

Noviembre, 2023

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