No es un juego de palabras. El Dios de la ciencia se refiere al Dios buscado por los científicos; la ciencia de Dios es la sabiduría que Él nos participa al hablarnos por medio de Jesucristo. En dos palabras: buscando a Dios y escuchando a Dios.
En la primera parte: ¿Cómo es el Dios de los científicos? ¿Cómo buscan a Dios algunos destacados científicos? Relacionamos aquí algunos testimonios de varios de ellos:
Johannes Kepler (1571-1630) descubrió nuevas fórmulas matemáticas que respondían a los datos obtenidos a través de sus muy cuidadosas observaciones de las órbitas planetarias. Escribió “La armonía del mundo” y al final, prorrumpe en este grito de alegría: Gracias a Ti, Señor Dios, Creador nuestro, por haberme permitido contemplar la belleza de tu obra creada.
Isaac Newton (1643-1727) escribió la importante obra “Principios matemáticos de la filosofía natural”. Stephen Hawking dice: En ella fundió las contribuciones científicas de Copérnico, Galileo, Kepler y otros en una gran sinfonía dinámica. Los principia, el primer libro de física teórica es unánimemente considerado como la obra más importante de la historia de la ciencia y el fundamento científico de la moderna visión del mundo.
Al final, Newton dice: “Tan elegante combinación de Sol, planetas y cometas sólo pudo tener origen en la inteligencia y poder de un ente inteligente y poderoso… Él lo rige todo, no como alma del mundo, sino como dueño de todos… Dios sumo es un ente eterno, infinito, absolutamente perfecto… Dura siempre y está presente en todo lugar… todo discurso sobre Dios se produce mediante alguna semejanza a partir de las cosas humanas. Esto respecto a Dios de quien corresponde hablar a partir de los fenómenos”.
Sir James Jeans (1877-1946) matemático, físico y astrónomo, se convirtió en destacado filósofo de la ciencia. Una de sus frases favoritas es que Dios es un matemático, y el universo está empezando a parecerse más a un gran pensamiento que a una gran máquina.
Acogiendo el pensamiento del filósofo George Berkeley 1685-1753), concluyó que No importa si los objetos existen en mi mente o en la de cualquier otro espíritu creado o no; su objetividad proviene del hecho de subsistir en la mente de algún Espíritu Eterno.
Werner Heisenberg (1901-1976) es conocido principalmente por el principio de Indeterminación. Recibió el premio Nobel de Física en 1932 por sus brillantes y decisivas contribuciones a esta ciencia.
En su escrito “Verdades científicas y verdades religiosas” dice Los nuevos descubrimientos… posiblemente habrían de percibir con inmediatez las obras de Dios en la naturaleza. El Dios al que aquí nos referimos es, sin embargo, un Dios ordenador, del que no sabemos si es o no idéntico al Dios al que acudimos en nuestras tribulaciones y con el que podemos poner en relación nuestra propia vida.
En un diálogo con Wolfgang Pauli (Nobel de Física en 1945) en el que éste le preguntó ¿Crees en un Dios personal?, Heisenberg reformuló la pregunta y dijo: Mi respuesta sería sí. Y puesto que mi propia experiencia no importa demasiado, me gustaría recordarte el famoso texto de Pascal: El Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, y no el de los filósofos y los sabios.
Albert Einstein (1879-1955) fue premio Nobel de Física en 1921. En su capítulo “El sentimiento cósmico religioso” escribe así:
El deseo de sentirse amados, guiados y apoyados inclina a los humanos a formarse un concepto social o moral de Dios. Éste es el Dios providente, que protege, dispone, recompensa y castiga; el Dios que… ama y cuida la vida; el que conforta en las penas y en los anhelos insatisfechos; el que salva a las almas de la muerte. Éste es el concepto social de Dios.
Las sagradas escrituras de los judíos constituyen un ejemplo admirable de evolución desde una religión de miedo a una religión moral, evolución que se continúa en el Nuevo Testamento.
Pero la experiencia religiosa se da también en un tercer nivel, presente en todas esas concepciones, si bien raramente en forma pura: me refiero al sentimiento cósmico religioso… yo sostengo que el sentimiento cósmico religioso constituye la más fuerte y noble motivación de la investigación científica… ¡Qué profunda convicción de la racionalidad del universo, y qué ansia de comprender, aunque sólo fuera una brizna de la mente creadora que revela este mundo, debieron de tener… científicos capaces de gastar años y años de solitario trabajo en el empeño de desenmarañar los principios de la mecánica celeste.
Max Planck (1858-1947) fue premio Nobel de física en 1918. En su escrito “El misterio de nuestro ser” tiene unas reflexiones sobre la ciencia, la fe, el racionalismo y la imaginación. Concluyó diciendo: La ciencia como tal nunca puede realmente asumir el puesto de la religión. Este último pensamiento nos sirve de introducción a
La segunda parte en la que nos preguntamos ¿cuál es la ciencia de Dios?
Ciencia de Dios puede significar ciencia acerca de Dios y eso sería Teología, pero otra cosa es decir que Dios tiene ciencia o sabiduría, conocimiento ¿Cuál es la ciencia o sabiduría de Dios?
La palabra “ciencia” puede significar cosas diferentes: a veces se entiende como “conocimiento” (se dice ciencia del yoga, de la meditación, de la inteligencia creativa, etc.) otras veces -con mayor especialización- ciencia se entiende como conocimiento de lo experimentable y comprobable mediante el método científico. En este último sentido, claramente, Dios no “practica” la ciencia. En sentido amplio, por supuesto que Dios sí tiene ciencia, tiene conocimiento y por supuesto que Dios tiene sabiduría; si no, ¿cómo podríamos tener conocimiento y sabiduría a imagen y semejanza de EL?
Hablar de la sabiduría de Dios es, quizás, más apropiado que hablar de la ciencia de Dios. La sabiduría en el Antiguo Testamento es una realidad divina: “Desde antiguo, desde siempre fui formada, desde el principio, antes del origen de la tierra” (Proverbios 8, 23).” Yo salí de la boca del altísimo y como niebla cubrí la tierra… Desde el principio, antes de los siglos me creó, y nunca dejaré de existir” (Eclesiástico 24, 3-9).
En una síntesis sobre ella, el Vocabulario de Teología bíblica, por Xavier Léon-Dufour, nos dice: La sabiduría, habiendo brotado de la boca del Altísimo, como su palabra, es un soplo del poder divino, una efusión de la gloria del todopoderoso, un reflejo de la luz eterna, un espejo de la actividad de Dios, una imagen de su excelencia; habita en el cielo, comparte el trono de Dios, vive en su intimidad.
En el Prólogo del Evangelio de Juan, leemos que “Al principio existía la Palabra (el Verbo) y la palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella existía al principio junto a Dios. Todo existió por medio de ella, y sin ella nada existió de cuanto existe”. Si comparamos el texto del Prólogo con lo que leímos antes sobre la Sabiduría en el A.T. podemos interpretar que la Palabra o el Verbo de Dios es otra manera de hablar de la Sabiduría de Dios, de la Ciencia de Dios.
“Él es imagen del Dios invisible, primogénito de toda la creación, porque por él fue creado todo… él es anterior a todo y todo se mantiene en él” (Colosenses 1,15-17).
En el Nuevo Testamento Jesús es llamado la sabiduría de Dios: “Cristo es fuerza y sabiduría de Dios… ustedes son de Cristo Jesús que se ha convertido para ustedes en sabiduría de Dios (1Corintios 1,24- 30). El Hijo es la sabiduría del Padre, como es también su Palabra. Esta sabiduría estaba oculta en Dios… ahora se ha revelado en Jesucristo. Así todos los textos sapienciales del AT adquieren en él su alcance definitivo.
La ciencia o sabiduría de Dios se encarnó en Jesucristo y en su palabra. Jesús nos revela la realidad de Dios y su voluntad: El que me ve a mí ve al Padre… nadie conoce al Padre sino el Hijo… El Padre y yo somos uno… Dios envió a su Hijo al mundo, no para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él.
San Pablo diferencia la sabiduría humana de la sabiduría de Dios. Cristo crucificado (resucitado) es locura según lo humano, pero es fuerza y sabiduría de Dios. El poder del Espíritu hace que la fe no se base en la sabiduría humana, sino en el poder divino. La cruz de Jesús se convierte en ciencia misteriosa de Dios que le da sentido al dolor de los hombres y de la humanidad y es fuerza que supera el dolor y la muerte. La muerte es quizás el dolor humano más sentido y la cruz y resurrección de Jesús -ciencia de Dios- nos aclara el sentido de la muerte, como transición a una vida inmortal. La cruz de Jesús da fuerza y sentido -misteriosamente- al dolor y sufrimiento humanos. El sí ilimitado del hombre a Dios, aún en el dolor, es la verdadera adoración y alabanza, como respuesta sabia a la sabiduría de Dios.
Jesús nos manifestó la ciencia de Dios como muy diferente al modo de pensar humano: Bienaventurados, felices, los pobres, los que sufren, los desposeídos, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa del bien… y, sobre todo, nos enseña que el amor supera todo conocimiento. La fe que no es amor no es una fe verdaderamente cristiana.
Entre los 7 dones del Espíritu Santo se enuncian el Don de sabiduría, el Don de inteligencia y el Don de ciencia. (Catecismo de la Iglesia Católica, Número 1831). Se puede pensar que son esfuerzos para nombrar con palabras humanas la realidad sobrehumana del Espíritu de Dios y sus regalos para nosotros. La sabiduría de Dios, la ciencia de Dios se nos participa por su Espíritu.
En resumen, regresando al título del artículo, la ciencia y la fe no se identifican, pero no son contradictorias, sino complementarias; el “sustrato” común es el ser humano, ya científico, ya creyente.
La ciencia descubre las maravillas de la naturaleza y busca a Dios. Dios con su sabiduría crea las maravillas de la creación, de la vida y de la Gracia.
Los científicos intentan llegar a conocer a Dios.
Los creyentes afirmamos que Dios tiene ciencia, conocimiento, sabiduría. Él es Quien nos da a conocer su realidad y su voluntad: la Revelación, la Palabra de Dios es el conocimiento que Dios tiene sobre sí mismo y sobre nosotros y que nos lo da a conocer por Jesucristo y nos lo confirma por el Espíritu Santo en la comunidad humana.
Vicente Alcalá Colacios
Julio, 2024


4 Comentarios
Vicente: Maravillosa y muy clara reflexión sobre ciencia y conocimiento, y sobre la fe, que en el fondo es un don de Dios. Para mí el texto introductorio de Juan es el fundamento y la esencia del conocimiento de Dios en cuanto se hace presente en Jesucristo encarnado. Paralelo con la Creación, la Encarnación es el acto más sublime y real del amor de Dios por cada uno de nosotros. Gracias y saludos. Hernando
Gracias Vicente. Estos soportes que nos das con tus escritos para afianzar nuestra decisión de CREER en todos los principios que repetimos al rezar el CREDO. Creer para mí es “una decisión” movida por la Gracia de Dios, pues, como dice Hernando, la fe es un Don de Dios. Mi fe comienza solicitando a Dios que me conceda ese don. Amén.
Vicente, de acuerdo con Hernando, la fe es un don de Dios, pero nos ayuda mucho contemplar el universo, tanto el exterior como el interior, los dos igualmente misteriosos. Como dice Saramango: Dios es la respuesta del hombre al misterio del universo. Y la fe se mantiene con oración y buenas obras.
Gracias Vicente por este articulo que refuerza los mios que buscan explicitar el no-conflicto entre ciencia y religion, siempre y cuando se esclarezcan cuáles son los ambitos de cada uno de estos dos niveles de conocimiento de la realidad fisica, tangible y la realidad trascendente, intangible fisicamente pero igualmente real que la fisica. Cada conocimiento – el cientifico y el religioso – tiene su metodologia de análisis y de comprension. Entenderlos y contemplarlos en acción nos da la vision holistica del misterio de la creación y la grandeza de su Creador.