Un día en la comunidad wayúu

Por: Pilar Balcázar
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A través de la fundación Nuevalife.org, participo en un grupo internacional de asistencia a la comunidad wayúu del norte de la Guajira colombiana. Pensamos que íbamos a dar apoyo en accesos al agua, la educación, la salud y el cuidado animal, pero salimos aprendiendo de ellos cariño, acogida, sinceridad y cultura.

Hoy es nuestro segundo día de experiencia en las comunidades Wuayuu. El tiempo pasa lento y nos alcanza para hacer muchas cosas. El calor sube grado a grado y, de repente, veo caras rojas y deshidratadas. Necesitamos parar, tomar agua y descansar.  Estamos pintando las paredes de afuera y mejorando la escuela de la comunidad. 

La escuela de la comunidad

Un grupo de personas de la comunidad Jayapamana nos recibió en un salón con algunos profesores y nos ofreció una bebida blanca, quizás avena, pero pronto corrió una voz: “No se la tomen, está hecha con agua del grifo, …¡qué pena! Fue un momento incómodo: había que cuidar nuestros estómagos. También nos ofrecieron chivo a la brasa. Nunca lo había probado. No soy amiga de comerme esos animalitos. Otra vez, ¡qué incomodidad! 

Después compartieron sus costumbres, sus bailes típicos y vestidos y nos contaron el significado de un baile llamado La Yona. Es una danza al compás de tambores, donde ellos buscan equilibrio social, solidaridad colectiva y relación entre el cosmos y el ser humano. En él, muchas mujeres corretean al hombre que se mueve de espaldas hasta hacerlo rendirse a sus pies.   

Después de una demostración, nos escogieron a Camilo y a mí para interpretarlo. Lo sentimos en el alma y en el cuerpo, pues no fue tan sencillo terminarlo. Reímos y nos divertimos. Había mucha alegría en el ambiente.

Bailando la Yona con Camilo, mi hijo.
          Los niños jugaron fútbol y los más chicos pintaron y fueron muy creativos   

Almorzamos a la sombra. Una mujer wayúu nos llamó a cada una de nosotras para pintarnos la cara. Era su regalo, su ofrenda. 

Compartiendo regalos y sonrisas

Ver caras felices de todas las edades no tiene precio. Compartir mi teléfono y hacerlos reír con los filtros fue lo máximo. Sentir que quieren estar cerca de ti, tomarte la mano y que al menos les des una mirada de complicidad.   

Mi corazón se ha expandido nuevamente y mi alma se ha llenado de agradecimiento con Dios, con la vida, con Nuevalife.org y con cada uno de los miembros de esta gran familia.   

Mañana será un nuevo despertar e iremos a otra ranchería. 

Me voy feliz y agradecida, con la convicción de que volveré a ver crecer estas caritas.

Pilar Balcázar

Diciembre 2019

7 Comentarios

Hernando Bernal A. Hermosa historia. 16 diciembre, 2020 - 9:38 am

Hermosa experiencia. Gracias por compartirla con nosotros. Saludos

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Pilar 18 febrero, 2021 - 10:53 am

💙

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Liliana marquez 16 diciembre, 2020 - 12:40 pm

Gracias Gracias Gracias pili !! La voz y el lenguaje de tu corazon es hermoso., sensible ,amoroso, fraterno , servicial…
Al leer se recreó y se regocija mi corazon cuanta grandeza y vida hay en estas comunidades hermanas son muy muy amorosos ..y ustedes tan bellos generosos tendiendo sus manos llenas de luz abrigando animandolos ylevantando y sus corazones… el fuego de la luz de Cristo en sus vidas que hermosura..!!

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Pilar 18 febrero, 2021 - 10:53 am

❤️

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Vicky Coronado 16 diciembre, 2020 - 5:10 pm

Pilita que linda actividad y tan bello mi Cami danzando. La proxima vez quiero colaborar y si se puede ir. Estas son las ventajas decque no tengas que trabajar y te paguen, es decir felizmente Jubilada

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Pilar 18 febrero, 2021 - 10:54 am

💚

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Miguel Caro 21 febrero, 2021 - 10:10 am

Comparto tus apreciaciones sobre esta comunidad. En mi experiencia lo que más llamó mi atención fue el valor de la palabra, y paso a compartir. En el siglo pasado fui invitado por la Universidad de la Guajira a Maicao, a dar una charla para mujeres Wayuu sobre mi experiencia motivando a niños y jóvenes a leer y a escribir. En la tarde, me invitaron a realizar una tertulia donde ellas me contaron sus anécdotas y yo las mías, en esta ocasión les hablé de mi madre y como ella me había enseñado a amar las palabras al componerme y cantarme una canción de cuna. Cominos chivo y al final me dijeron que me querían regalar una de sus mochilas, esas que estas mujeres tejen con tanta maestría y amor, como en el salón comunitario en el que estábamos había varias, yo dije que gustoso aceptaba la que me quisieran dar y una anciana tomó la palabra y dijo (me fueron traduciendo su mensaje) “A un hombre como usted que teje palabras tan bonito, queremos hacerle una mochila especial para que nos recuerde siempre y nunca deje de tejer palabras” Las personas que habían organizado mi viaje pidieron mi dirección en Cali. Mes y medio después llegó a mi apto una caja que contenía la mochila, es roja y con unas pintas cuyo significado es muy poderoso y solo para mí. La llevo en mis viajes y es un recuerdo sempiterno de ese viaje, ese encuentro, esas mujeres y esa gente para la cual el valor de la palabra es sagrado.
Gracias Pilar por llevarme a recordar esa experiencia tan significativa en mi vida y por invitarme a tejer palabras contigo y con todos tus lectores.

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