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La relación de pareja (2)

by Julio y Maria Cristina Hidalgo
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Etapas del amor 

Hoy se supone que casi todos los matrimonios se hacen por amor, de modo que uno se casa enamorado, a veces de manera idealista, sin aterrizar en la realidad y con unas expectativas muy elevadas sobre lo que será la unión conyugal. Es posible que el primer tiempo de matrimonio siga una etapa un poco irreal y fantástica que permite ver todo “color de rosa”. Sin embargo, poco a poco, la rutina, las obligaciones y la convivencia van aterrizando ese amor de novela y suelen aparecer la monotonía, el cansancio y los roces al salir a flote no solo las cualidades y dones de cada uno, sino también sus defectos, limitaciones y fallas.

Sería mejor tener claro desde el principio que nos casamos con una persona de carne y hueso, con luces y sombras; que no podemos esperar que el otro cambiará, porque no es fácil que las personas cambien, y que debemos hacernos a la idea de que para ser felices tenemos que aceptar a nuestro cónyuge tal como es, con todo lo bueno y lo no tan bueno.

Así, cuando la vida real se nos descubra, no nos caeremos de la nube, desencantados y tristes por no haber conseguido al príncipe azul o a la princesa soñada de nuestros cuentos infantiles. Estos no existen en la realidad. Aunque desde el comienzo de nuestra relación amorosa tengamos muy bien puestos los pies en la tierra, es necesario recordar y saber que el amor recorre diversas etapas y que no permanece siempre igual, pues del estado casi utópico en el que nos sumimos en la primera fase de enamoramiento, a través de la vida en común pasaremos, inevitablemente, a un amor más tranquilo, más aterrizado, más maduro y profundo, que ya no nos producirá tantos sobresaltos emocionales, pero que nos dará mayor estabilidad, seguridad y unidad mutua.

Con frecuencia podemos ir del enamoramiento a la decepción afectiva, pero es posible detenerla a tiempo antes de que el amor se acabe si convertimos este sentimiento en algo más, es decir, no solo una atracción emotiva, sino un acto de la voluntad: el amor como una decisión que asumimos día a día y en todas las circunstancias. Solo así podremos hacer que nuestra unión perdure y que el fuego del cariño se avive y crezca, pasando a una etapa más sólida. Esto significa que, una vez casados, habrá días en los cuales tendremos que tomar la decisión de amar al cónyuge “a pesar de…” (su mal genio, su cantaleta, su falta de expresiones de afecto, su aislamiento, etc., etc.”).

Y en un mismo día, a veces pasaremos de un amor romántico y emotivo a una frustración amorosa, para resurgir, gracias a la decisión de amar al otro, a un afecto comprometido que nos vuelva a vincular y a acercar, para disfrutar a fondo la compañía mutua. Si pretendemos estar unidos únicamente mientras nos sentimos enamorados, la efervescencia pasará pronto y, tarde o temprano, creeremos que todo acabó y que ya no tiene sentido seguir juntos al desconocer el ciclo del amor genuino y privándonos de explorar otras etapas, diferentes a la primera, pero igualmente gratificantes y significativas.

Si sienten que su matrimonio ya no se encuentra en la etapa del romance, ambos pueden, con su firme decisión de amarse, superar los momentos difíciles y ascender a un nivel superior en el cual el amor es como el vino añejo, que a medida que pasa el tiempo adquiere nuevo sabor y encanto. Ese cariño madurado con paciencia permitirá que brote una nueva cercanía, más honda, plena y satisfactoria.

Ciertamente, esto no se logra con solo desearlo o chasquear los dedos, sino que requiere perseverancia, decisión, compromiso, fortaleza y entusiasmo. Este es un sendero apropiado para continuar adelante, hacia la cima, sin desfallecer ni rendirse, a pesar de los problemas e, incluso, de los fracasos y retrocesos que podamos tener.

Amor auténtico 

Toda persona que se lo proponga puede vivir un gran amor, construir un amor real y auténtico, con subidas y bajadas, momentos de romance, períodos de desilusión y resurgimiento luminoso del cariño genuino y firme, en una experiencia madura, gratificante y llena de realización: esta es la enseñanza que nos deja el siguiente mensaje.

El amor verdadero

Un famoso profesor se encontró frente a un grupo de jóvenes que estaban en contra del matrimonio.

Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y decían que es preferible acabar con la relación cuando este se apaga, en lugar de entrar en la hueca monotonía del matrimonio.

El maestro les dijo que respetaba su opinión, pero les hizo este relato:

“Mis padres vivieron cincuenta y cinco años casados. Una mañana mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno y sufrió un infarto. Cayó al suelo. Mi padre la levantó como pudo y la llevó al hospital, donde por desgracia falleció.

Durante el funeral mi padre no habló; su mirada estaba perdida; casi no lloró. Esa noche los hijos nos reunimos con él y en un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas. Nuestro padre nos dijo visiblemente emocionado: ‘Fueron cincuenta y cinco buenos años…, ¿saben? Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así’.

Hizo una pausa, enjugó sus lágrimas y continuó: ‘Ella y yo estuvimos juntos en los momentos de crisis, cuando cambié de empleo y tuvimos que mudarnos a otra ciudad. Compartimos la alegría de ver nacer y crecer a nuestros hijos, de educarlos y verlos salir del hogar a formar sus propias familias.

Lloramos el uno al lado del otro la partida de los seres queridos, oramos y esperamos en algunos hospitales. Nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada navidad, construimos muchos sueños juntos y luchamos unidos para alcanzarlos. Discutimos algunas veces, nos pedimos perdón y aceptamos nuestros mutuos errores, nos sanamos y nos reconciliamos.

Hijos, ahora se ha ido, estoy contento. ¿Saben por qué? Porque se fue antes que yo y no tuvo que sufrir ni vivir la agonía que yo experimento ahora, ni tuvo que quedarse sola como yo lo estoy con su partida. Seré yo quien pase por eso y le doy gracias a Dios. La amé tanto que no querría que ella hubiera padecido en esta forma’.

En ese momento todos lloramos y abrazamos a nuestro padre con inmenso cariño. En esta oportunidad entendí lo que es el verdadero amor. Dista mucho del romanticismo, no es únicamente atracción física, más bien se vincula al afecto, el respeto y el cuidado que se profesan dos personas realmente comprometidas con su matrimonio.

Cuando el profesor terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron debatirle. Esa clase de amor era algo que desconocían…

Aporte de cada uno

Cuando un hombre y una mujer deciden compartir su vida es conveniente que tengan conciencia acerca del paso decisivo que dan y de todo lo que esto implica, pues en cierta forma dejan a un lado su vida anterior para construir en conjunto un mundo nuevo y un camino diferente que, sin embargo, debe tener en cuenta todo lo vivido hasta entonces.

Erróneamente, muchas parejas al casarse piensan que deben romper con el pasado, con sus familias de origen y encerrarse en su “nidito de amor”, como si no existiera nada más para ellos. Este modo de iniciar su vida en común no es el más adecuado porque, en realidad, cada uno de ellos nació en un sistema familiar específico, se formó dentro de él y, al unirse, cada uno trajo al nuevo sistema que buscaban conformar todo lo que recibieron en su hogar original: lo bueno y lo no tan bueno.

Solo si adquirimos conciencia de esto y tenemos claridad sobre lo que cada cual aporta al nuevo hogar podremos construir un nuevo sistema familiar sólido y bien constituido, con aportes que integren, de común acuerdo, lo que recibieron de sus familias de origen.

Esta perspectiva ayuda a garantizar unas bases firmes y adecuadas para el joven matrimonio, que no niega su herencia personal, sino que la valora, la acepta, la purifica y la integra a su aporte creativo, con el fin de darle un toque especial a la nueva familia sin rechazar lo que se recibió de los antepasados. Por ejemplo, si la esposa vivió en un hogar donde la madre subvaloraba al padre, puede inconscientemente traer a su unión un patrón equivocado de la relación hombre-mujer. Mientras no se dé cuenta de ello tenderá a repetir los errores de su mamá, poniendo en peligro su matrimonio. Igualmente, si el hombre ha vivido en un ambiente machista puede repetir, quizás sin darse cuenta, pautas de este tipo que perjudicarán su relación. Si por el contrario ambos han tenido hogares bien conformados, tendrán más probabilidades de manejar patrones adecuados de respeto y afecto en su interacción, lo que redundará en beneficio de su matrimonio.

Sugerimos realizar un diálogo profundo con el cónyuge, con el fin de establecer cada uno y compartir con el otro, honestamente, qué herencias negativas y cuáles positivas traen, cuáles quieren aportar a su nueva realidad, qué prefieren dejar atrás, qué aportes novedosos pueden enriquecer su hogar y fortalecer su amor, para no repetir errores cometidos por sus antecesores, ni transmitirlos a sus hijos, familia y demás descendientes.

Retomen su pasado y el de sus ancestros para liberarse de cargas que a ustedes no les pertenecen y poder así proyectarse al futuro en sus sucesores, sanando sus raíces y evitando pasar, de generación en generación, lastres y ataduras que no les permitan ser felices como personas, como pareja y como familia. Así lograrán convertirse en mejores seres humanos, más pacíficos y sanos. Todo esto será un aporte positivo nuestro a la sociedad, que bastante lo necesita.

Julio y María Cristina Hidalgo

Diciembre, 2020

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2 comments

Hernando Bernal A. Hermosa historia. 15 diciembre, 2020 - 5:53 pm

Maravillosa reflexión que compartimos totalmente con Amanda, con quien llevamos ya 55 felices y a veces duros años de matrimonio. Gracias por sus observaciones y comentarios. Saludos

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John Arbeláez 15 diciembre, 2020 - 6:54 pm

Excelentes reflexiones sobre el amor de pareja. La mutua entrega es la clave de la felicidad de la pareja y el amor a los hijos el complemento final del periplo vital del ser humano.

MIl gracias -Flaquito por tan importantes reflexiones.

abrazos

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