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Julio Hidalgo

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Antes que nada, es indispensable vivir hoy con fe, esperanza y total confianza en que todo en la vida humana es parte del Plan de Dios para nosotros, gracias al Padre Creador, al Hijo Redentor y Resucitado y a la acción permanente del Espíritu Santo.

Un texto que nos enviaron en estos días lo expresa maravillosamente: “La historia no va hacia el caos y la destrucción, porque Dios no abandona a los seres humanos a pesar de sus pecados y errores. Él siempre está actuando bajo la superficie de la historia, pero esta es una realidad que solo se percibe mediante la Fe: en cada época Dios esconde su Providencia pero la realiza en forma ineluctable, porque el Mal ya fue vencido por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, en el tiempo y en la eternidad”.

Dentro de ese Plan de Dios los creyentes de todas las religiones, y en el caso nuestro, en la Iglesia Católica,jugamos un papel fundamental a través de medios tan poderosos como los sacramentos y la oración.

En primer lugar, queremos aclarar aquí el concepto de Iglesia, pues generalmente se habla como si esta fuera constituida solo por obispos, sacerdotes, religiosos/as, diáconos, que es la Iglesia jerárquica. No obstante, en realidad, la Iglesia somos todos los bautizados, los que nos consideramos católicos y vivimos comprometidos con nuestra fe, el Cuerpo Místico de Cristo. En este sentido nosotros somos Iglesia, yo soy Iglesia, ustedes son Iglesia…

Por consiguiente, cuando alguien dice: ¿Qué está haciendo la Iglesia por la paz en Colombia y en el mundo? Indudablemente es mucho lo que hacemos como Iglesia; podríamos seguramente hacer mucho más, pero no podemos negar que como Iglesia, en gran medida estamos cumpliendo la tarea, cada cual a su manera, y muchos/as en un compromiso activo y visible dentro de la sociedad.

Y si alguien pregunta: ¿Qué podemos hacer por la paz en Colombia? nosotros creemos que uno de los caminos fundamentales es la oración, y también pensamos que debemos practicarla en mucha mayor medida, pues ella, sin duda, nos ayudará a construir un futuro mejor para nuestro país y para la humanidad.

Sobre la oración se ha escrito, hablado y enseñado siempre; uno de los mejores libros de oración que hemos estudiado nosotros es “Contacto con Dios” de Tony de Melo y extraemos de él algunas ideas que consideramos esenciales al hacer oración; él dice que entre las formas de oración hay tres que son claves cuando estamos en diálogo con el Señor: la oración de alabanza, la oración de agradecimiento y la oración de petición.

Todas son vitales en nuestra vida y relación con Dios, y nos llamó la atención que insista en que nuestra petición debe ser constante, sin desfallecer, como la de la viuda frente al juez inicuo en el Evangelio, la cual no paró en sus ruegos hasta recibir respuesta.

No queremos extendernos mucho aquí, pero repetimos que uno de los caminos indispensables hacia la paz en Colombia y el mundo es la oración: la plegaria personal, la plegaria en familia que es la Iglesia doméstica, la plegaria en comunidad, todas son necesarias.

Para terminar, queremos enfatizar en que todos los seres humanos -del pasado, del presente y del futuro- somos una sola unidad, de tal modo que el cambio en una de las partes genera transformaciones en el resto; esto significa que lo que ocurra con uno de los miembros del conjunto, positiva o negativamente, da lugar a consecuencias positivas o negativas en los demás y en el todo, a través del tiempo y el espacio.

Por lo tanto, es crucial orar por nosotros mismos, por nuestras familias, por nuestros países y por el mundo entero, pues esto ejerce una fuerza infinita y potente que llena de luz todos los ámbitos, y cambia las realidades dañinas y oscuras que existen en el universo.

Otro consejo en esta misma línea es el que se refiere a orar para buscar sanación: tanto la humanidad como cada uno de nosotros cargamos heridas que deben curarse con la ayuda de Dios; de ahí que recomendemos orar para pedir la sanación de nuestro inconsciente personal, de nuestro inconsciente familiar y de nuestro inconsciente colectivo, siempre y en todo lugar.

La oración es una de las soluciones vitales para todo, en especial con el fin de contribuir a obtener “la Paz que solo Dios puede darnos”, como expresó Jesús después de su Resurrección.

Julio y Maria Cristina Hidalgo

Octubre, 2023

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En nuestra tertulia número 157 del jueves 15 de agosto, conversamos sobre lo que significó para quienes lo han hecho, haber escrito y publicado un libro. Este es el testimonio de Julio Hidalgo.

Quiero hoy compartir con ustedes mi experiencia de lo que fue escribir y publicar un libro titulado “SER PAREJA”, en seis capítulos que forman una colección, cuyo objetivo es mostrar un estilo de vida y una guía para construir un buen matrimonio, como base sólida de familias armoniosas y fuertes, llenas de ilusión y entusiasmo, para demostrarle al mundo que ¡sí se puede! como muchos lo han hecho hasta ahora y están decididos a seguir lográndolo.

María Cristina y yo llevamos 51 años de casados ytrabajamos 32 años en el Encuentro Matrimonial Mundial,Movimiento de la Iglesia Católica que ofrece a las parejas un camino eficaz hacia una relación única, en armonía, amor y felicidad profundas, dentro de las naturales dificultades y tropiezos que nunca faltarán. No es ciertamente un camino fácil, pero vale la pena recorrerlo con el mayor esfuerzo, ya que en ello reside, en gran medida, nuestro destino y una de las mejores formas de realización.

Llevar a cabo esta publicación representó para mí una inmensa satisfacción, gracias a la entrega en ella de miles de vivencias, aportes nuestros y de muchas otras personas y libros, para que no se perdieran tantas luchas y desafíos, triunfos y avances, que fueran una orientación para nuestros hijos y para la sociedad en que vivimos.

Me siento alegre y esperanzado al haber sembrado una semilla de AMOR que vimos fructificar en nuestros hijos y familias, y en muchos otros matrimonios perseverantes, resilientes y exitosos, además de quienes no sabemos qué ha sido de ellos como dice Jesús en la parábola del Sembrador.

En este libro se refleja mi formación como jesuita al pasar en la Compañía por el juniorado, la Filosofía y un semestre de Teología, al igual que en mi trabajo de docente en el SENA y en algunas universidades, especialmente en la Javeriana.

El matrimonio debe ser un estado que nos genere paz, orgullo y estímulo para crecer como personas, como pareja y como familia; construir una buena relación de pareja es todo un arte, una ciencia y requiere preparación, aprendizaje, dedicación y cuidado.

Cualquier persona, para practicar una profesión, así sea la más sencilla, estudia durante años, mientras que, para casarnos y tener hijos, dos de las misiones más delicadas y de mayor trascendencia, pretendemos hacerlo sin mayor preparación ni estudio, como si fuese algo que brotaramágicamente de nuestra naturaleza.

Todo en la vida tiene un precio y, como dice sabiamente un hijo nuestro, entre más valga la pena, mayor será el precio que hay que pagar por ello. Lograr construir un buen matrimonio es, sin ninguna duda, ganarse el premio mayor y, por ello, se justifica plenamente que nos esforcemos en obtenerlo.

Esta obra, al publicarla, sirvió como regalo de bodas para familiares y amigos, nos llevó a realizar asesorías y terapias para personas, parejas y grupos; su difusión llegó a varias parroquias, emisoras de radio y al canal de televisiónCristovisión; varios matrimonios nos han confiado que su relación se salvó con la ayuda de dicha publicación.

Ha sido una bendición de Dios y hasta a nosotros mismos nos ha servido todo este trabajo para seguir adelante, a pesar de nuestras grandes penas y de nuestras dificultades.

Julio y Maria Cristina Hidalgo

Agosto, 2023

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Carta de Julio Hidalgo

Por Julio Hidalgo
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Al cierre de esta serie de “cartas al padre” que venimos publicando aquí, presentamos esta transcripción tomada de uno de los libros[1]Desenreda tu vida, escritos y publicados por María Cristina, esposa de nuestro compañero Julio Hidalgo, y enviada por él: 


Un mandato bíblico define muchas cosas en la vida humana: honrar a padre y madre, es decir, tomarlos en nuestro corazón, con lo bueno y lo no tan bueno que ellos son. Las siguientes son oraciones que ayudan a sanar nuestra relación con nuestros papás biológicos:

Querido papá: Querida mamá: 
Tomo de ti la vida, toda entera Tomo de ti la vida, toda entera 
Con lo bueno y lo malo, con lo bueno y lo malo, 
y la tomo al precio entero que a ti te costó y que a mí me cuesta. y la tomo al precio entero que a ti te costó y que a mí me cuesta. 
La aprovecharé, para alegría tuya y en tu memoria. La aprovecharé, para alegría tuya y en tu memoria. 
No habrá sido en vano. No habrá sido en vano. 
La sujeto firmemente y la honro, La sujeto firmemente y la honro, 
y la pasaré como tú lo hiciste, y la pasaré como tú lo hiciste, 
a mis hijos, o a los hijos de otros. a mis hijos, o a los hijos de otros. 
Te tomo como mi padre, Te tomo como mi madre, 
y te pido tomarme como tu hijo(a). y te pido tomarme como tu hijo(a). 
Tú eres el Verdadero para mí. Tú eres la Verdadera para mí. 
Tú eres el grande, yo el(la) pequeño(a). Tú eres la grande, yo el(la) pequeño(a). 
Tú das, yo tomo. Tú das, yo tomo. 
Querido papá, Querida mamá, 
Me alegra que hayas elegido a mamá. Me alegra que hayas elegido a papá. 
Ustedes son los únicos para mí, solo ustedes. Ustedes son los únicos para mí, solo ustedes. 
Y de ustedes tomo mi fuerza. Y de ustedes tomo mi fuerza. 

Julio y Maria Cristina Hidalgo

[1] Distribuidos por ellos mismos.

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Ante la propuesta de dedicar dos sesiones para compartir las poesías favoritas de nuestra autoría o de algún poeta preferido, nuestro grupo tuvo dos “Tardes de poesía” o “Patio de los poetas”. Se presentaron inspiraciones escritas hace muchos años o recientes, o escritas por otros poetas ‒famosos o no, familiares o compañeros jesuitas‒ a quienes admiramos y de quienes aprendimos a colocar en el papel los pensamientos y sentimientos de momentos y circunstancias especiales. En este Patio de los Poetas que iniciamos esta tarde en nuestra sección de cultura compartiremos con nuestros lectores los videos de estas muestras especiales para cada uno.

Exjesuitas en tertulia – 7 de Julio, 2022
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Este relato navideño hunde sus raíces en el departamento de Nariño. Comienza con el desencanto al saber, de manera fortuita, que no era el Niño Jesús el que traía los regalos, sino Papá Noel. Hay pólvora, picardías juveniles y hasta inquietudes por el significado de palabras extrañas o extranjeras que aparecen en algunos villancicos. Al final, navidad termina en los nietos.

Exjesuitas en tertulia- Noviembre 25, 2021
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A los lectores del blog queremos contarles que desde hace 14 meses venimos reuniéndonos, semana a semana, en tertulias amigables, para conversar sobre muy diversos temas. Esas tertulias alimentan el blog y este aprovecha lo compartido allí. 

Ante la dolorosa situación que atravesamos en Colombia decidimos manifestarnos. Por eso, les propusimos a quienes desearan hacerlo, que escribieran un texto breve al respecto.

Este artículo hace parte de la cosecha que obtuvimos.

La situación que hemos vivido en Colombia últimamente me preocupa mucho y me ha llevado a reflexionar profundamente y a buscar compromisos concretos para contribuir a superar positivamente esta realidad.

Creo con el Papa Francisco que no estamos en una época de cambios sino en un cambio de época, empezando a construir una nueva realidad hacia una mayor realización como personas y como sociedad, concretamente para nosotros la colombiana, a pesar de los acontecimientos de los últimos meses.

Todo cambio es difícil y complejo, como dice el Evangelio acerca del parto de la mujer para dar a luz un hijo, y más con la pandemia que nos ha sometido como especie, pero confío y espero que logremos un nuevo avance cuyos frutos los verán quienes vienen detrás, si ellos y nosotros nos comprometemos en esta tarea.

Personalmente oro y escucho al Papa ‒único líder mundial en este momento‒, a los pastores (Conferencia Episcopal de Colombia, arzobispos de Cali, Popayán, Medellín, Bogotá, etc.) de nuestra Iglesia, a religiosos y laicos, a cristianos lo mismo que a personas de otras religiones monoteístas. 

Acabo de publicar el libro Reflexiones que nos inspiran paz, que se refiere a alcanzar, poco a poco, la paz consigo mismo, con la sociedad y con Dios.

Además, leo y me enriquezco con las publicaciones de los jesuitas (Herman Rodríguez, el Provincial, Pacho de Roux, el presidente de la Comisión de Paz, y otros) que son un modelo de compromiso para lograr la unión, el respeto, la solidaridad y la justicia en Colombia y en este mundo.

Creo también que hay que ser críticos con la avalancha de informaciones, la mayor parte de las veces sesgadas, que pueden confundir y llevar al negativismo y la confrontación. 

Es saludable que los jóvenes vean como suyos los destinos de la patria y que se traduzca esto a nivel de las urnas, tanto como candidatos como votantes, pues la mayoría estamos cansados y desilusionados de los politiqueros y congresistas, salvo seguramente algunas excepciones.

Oremos y unámonos por nuestro país.

Julio Hidalgo

Agosto, 2021

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La relación de pareja (2)

Por Julio Hidalgo
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Etapas del amor 

Hoy se supone que casi todos los matrimonios se hacen por amor, de modo que uno se casa enamorado, a veces de manera idealista, sin aterrizar en la realidad y con unas expectativas muy elevadas sobre lo que será la unión conyugal. Es posible que el primer tiempo de matrimonio siga una etapa un poco irreal y fantástica que permite ver todo “color de rosa”. Sin embargo, poco a poco, la rutina, las obligaciones y la convivencia van aterrizando ese amor de novela y suelen aparecer la monotonía, el cansancio y los roces al salir a flote no solo las cualidades y dones de cada uno, sino también sus defectos, limitaciones y fallas.

Sería mejor tener claro desde el principio que nos casamos con una persona de carne y hueso, con luces y sombras; que no podemos esperar que el otro cambiará, porque no es fácil que las personas cambien, y que debemos hacernos a la idea de que para ser felices tenemos que aceptar a nuestro cónyuge tal como es, con todo lo bueno y lo no tan bueno.

Así, cuando la vida real se nos descubra, no nos caeremos de la nube, desencantados y tristes por no haber conseguido al príncipe azul o a la princesa soñada de nuestros cuentos infantiles. Estos no existen en la realidad. Aunque desde el comienzo de nuestra relación amorosa tengamos muy bien puestos los pies en la tierra, es necesario recordar y saber que el amor recorre diversas etapas y que no permanece siempre igual, pues del estado casi utópico en el que nos sumimos en la primera fase de enamoramiento, a través de la vida en común pasaremos, inevitablemente, a un amor más tranquilo, más aterrizado, más maduro y profundo, que ya no nos producirá tantos sobresaltos emocionales, pero que nos dará mayor estabilidad, seguridad y unidad mutua.

Con frecuencia podemos ir del enamoramiento a la decepción afectiva, pero es posible detenerla a tiempo antes de que el amor se acabe si convertimos este sentimiento en algo más, es decir, no solo una atracción emotiva, sino un acto de la voluntad: el amor como una decisión que asumimos día a día y en todas las circunstancias. Solo así podremos hacer que nuestra unión perdure y que el fuego del cariño se avive y crezca, pasando a una etapa más sólida. Esto significa que, una vez casados, habrá días en los cuales tendremos que tomar la decisión de amar al cónyuge “a pesar de…” (su mal genio, su cantaleta, su falta de expresiones de afecto, su aislamiento, etc., etc.”).

Y en un mismo día, a veces pasaremos de un amor romántico y emotivo a una frustración amorosa, para resurgir, gracias a la decisión de amar al otro, a un afecto comprometido que nos vuelva a vincular y a acercar, para disfrutar a fondo la compañía mutua. Si pretendemos estar unidos únicamente mientras nos sentimos enamorados, la efervescencia pasará pronto y, tarde o temprano, creeremos que todo acabó y que ya no tiene sentido seguir juntos al desconocer el ciclo del amor genuino y privándonos de explorar otras etapas, diferentes a la primera, pero igualmente gratificantes y significativas.

Si sienten que su matrimonio ya no se encuentra en la etapa del romance, ambos pueden, con su firme decisión de amarse, superar los momentos difíciles y ascender a un nivel superior en el cual el amor es como el vino añejo, que a medida que pasa el tiempo adquiere nuevo sabor y encanto. Ese cariño madurado con paciencia permitirá que brote una nueva cercanía, más honda, plena y satisfactoria.

Ciertamente, esto no se logra con solo desearlo o chasquear los dedos, sino que requiere perseverancia, decisión, compromiso, fortaleza y entusiasmo. Este es un sendero apropiado para continuar adelante, hacia la cima, sin desfallecer ni rendirse, a pesar de los problemas e, incluso, de los fracasos y retrocesos que podamos tener.

Amor auténtico 

Toda persona que se lo proponga puede vivir un gran amor, construir un amor real y auténtico, con subidas y bajadas, momentos de romance, períodos de desilusión y resurgimiento luminoso del cariño genuino y firme, en una experiencia madura, gratificante y llena de realización: esta es la enseñanza que nos deja el siguiente mensaje.

El amor verdadero

Un famoso profesor se encontró frente a un grupo de jóvenes que estaban en contra del matrimonio.

Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y decían que es preferible acabar con la relación cuando este se apaga, en lugar de entrar en la hueca monotonía del matrimonio.

El maestro les dijo que respetaba su opinión, pero les hizo este relato:

“Mis padres vivieron cincuenta y cinco años casados. Una mañana mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno y sufrió un infarto. Cayó al suelo. Mi padre la levantó como pudo y la llevó al hospital, donde por desgracia falleció.

Durante el funeral mi padre no habló; su mirada estaba perdida; casi no lloró. Esa noche los hijos nos reunimos con él y en un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas. Nuestro padre nos dijo visiblemente emocionado: ‘Fueron cincuenta y cinco buenos años…, ¿saben? Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así’.

Hizo una pausa, enjugó sus lágrimas y continuó: ‘Ella y yo estuvimos juntos en los momentos de crisis, cuando cambié de empleo y tuvimos que mudarnos a otra ciudad. Compartimos la alegría de ver nacer y crecer a nuestros hijos, de educarlos y verlos salir del hogar a formar sus propias familias.

Lloramos el uno al lado del otro la partida de los seres queridos, oramos y esperamos en algunos hospitales. Nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada navidad, construimos muchos sueños juntos y luchamos unidos para alcanzarlos. Discutimos algunas veces, nos pedimos perdón y aceptamos nuestros mutuos errores, nos sanamos y nos reconciliamos.

Hijos, ahora se ha ido, estoy contento. ¿Saben por qué? Porque se fue antes que yo y no tuvo que sufrir ni vivir la agonía que yo experimento ahora, ni tuvo que quedarse sola como yo lo estoy con su partida. Seré yo quien pase por eso y le doy gracias a Dios. La amé tanto que no querría que ella hubiera padecido en esta forma’.

En ese momento todos lloramos y abrazamos a nuestro padre con inmenso cariño. En esta oportunidad entendí lo que es el verdadero amor. Dista mucho del romanticismo, no es únicamente atracción física, más bien se vincula al afecto, el respeto y el cuidado que se profesan dos personas realmente comprometidas con su matrimonio.

Cuando el profesor terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron debatirle. Esa clase de amor era algo que desconocían…

Aporte de cada uno

Cuando un hombre y una mujer deciden compartir su vida es conveniente que tengan conciencia acerca del paso decisivo que dan y de todo lo que esto implica, pues en cierta forma dejan a un lado su vida anterior para construir en conjunto un mundo nuevo y un camino diferente que, sin embargo, debe tener en cuenta todo lo vivido hasta entonces.

Erróneamente, muchas parejas al casarse piensan que deben romper con el pasado, con sus familias de origen y encerrarse en su “nidito de amor”, como si no existiera nada más para ellos. Este modo de iniciar su vida en común no es el más adecuado porque, en realidad, cada uno de ellos nació en un sistema familiar específico, se formó dentro de él y, al unirse, cada uno trajo al nuevo sistema que buscaban conformar todo lo que recibieron en su hogar original: lo bueno y lo no tan bueno.

Solo si adquirimos conciencia de esto y tenemos claridad sobre lo que cada cual aporta al nuevo hogar podremos construir un nuevo sistema familiar sólido y bien constituido, con aportes que integren, de común acuerdo, lo que recibieron de sus familias de origen.

Esta perspectiva ayuda a garantizar unas bases firmes y adecuadas para el joven matrimonio, que no niega su herencia personal, sino que la valora, la acepta, la purifica y la integra a su aporte creativo, con el fin de darle un toque especial a la nueva familia sin rechazar lo que se recibió de los antepasados. Por ejemplo, si la esposa vivió en un hogar donde la madre subvaloraba al padre, puede inconscientemente traer a su unión un patrón equivocado de la relación hombre-mujer. Mientras no se dé cuenta de ello tenderá a repetir los errores de su mamá, poniendo en peligro su matrimonio. Igualmente, si el hombre ha vivido en un ambiente machista puede repetir, quizás sin darse cuenta, pautas de este tipo que perjudicarán su relación. Si por el contrario ambos han tenido hogares bien conformados, tendrán más probabilidades de manejar patrones adecuados de respeto y afecto en su interacción, lo que redundará en beneficio de su matrimonio.

Sugerimos realizar un diálogo profundo con el cónyuge, con el fin de establecer cada uno y compartir con el otro, honestamente, qué herencias negativas y cuáles positivas traen, cuáles quieren aportar a su nueva realidad, qué prefieren dejar atrás, qué aportes novedosos pueden enriquecer su hogar y fortalecer su amor, para no repetir errores cometidos por sus antecesores, ni transmitirlos a sus hijos, familia y demás descendientes.

Retomen su pasado y el de sus ancestros para liberarse de cargas que a ustedes no les pertenecen y poder así proyectarse al futuro en sus sucesores, sanando sus raíces y evitando pasar, de generación en generación, lastres y ataduras que no les permitan ser felices como personas, como pareja y como familia. Así lograrán convertirse en mejores seres humanos, más pacíficos y sanos. Todo esto será un aporte positivo nuestro a la sociedad, que bastante lo necesita.

Julio y María Cristina Hidalgo

Diciembre, 2020

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La relación de pareja (1)

Por Julio Hidalgo
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En uno de nuestros encuentros pasados, vía zoom, nos presentaron una pésima realidad de la educación en Colombia, en especial en las acciones y en las leyes continuamente cambiantes a merced del gobierno de turno. Sería interesante comparar nuestra situación con la de otros países latinoamericanos que nos sirvan de alguna manera como guías y faros para adelantar políticas más interesantes que las nuestras. ¿O es que “mal de muchos, consuelo de bobos”? Esperamos que no.

Idealmente la educación comienza en el hogar, pero hoy la familia ‒por culpa del capitalismo y la carencia de valores‒ se desintegra ante las necesidades de un mejor salario, por el machismo, que hace que estas sean disfuncionales, y también por la ausencia de las madres ‒por un feminismo exagerado‒, aunque la mujer debe ser el ideal que se integre y deje su impronta muy valiosa en la sociedad en sus distintos renglones y a todo nivel.

Como se ha subrayado, la familia es la célula de la sociedad; sin embargo, consideramos que el núcleo de esta es la relación de pareja. Por ello queremos insinuar algunos ítems al respecto. María Cristina, mi señora, y yo hemos trabajado treinta y dos años en el Encuentro Matrimonial*, que es una experiencia que la Iglesia católica ofrece a las parejas (además de Encuentros para novios, familias y jóvenes), sin importar la edad, ni la religión, para vivirlo.

El matrimonio es uno de los caminos de mayor realización humana si sabemos convertirlo en un estado que nos genere alegría, satisfacción y estímulo para crecer como personas, como pareja y como familia. Construir un buen matrimonio es a la vez un arte y una ciencia. Requiere preparación, aprendizaje, dedicación y cuidado. Desafortunadamente, la mayoría de las personas cree que nada de esto es necesario y que es como una lotería, es decir, cuestión de suerte y azar y nada más. Aunque hasta la lotería tiene un precio, pues si no, ocurre como aquel individuo que todos los días oraba a Dios para que le hiciera ganar la lotería, hasta que un día Él le dijo: “Yo te ayudaré, pero al menos compra un billete”.

Todo en la vida tiene un precio y, como dice sabiamente un hijo nuestro, entre más valga la pena, mayor será el precio que hay que pagar por ello. Lograr construir un buen matrimonio es, sin ninguna duda, ganarse el premio mayor y, por ello, se justifica plenamente que nos esforcemos en obtenerlo.

Cualquier persona, para practicar una profesión, así sea la más sencilla, debe estudiar durante algunos años (mínimo 2 o 3), mientras que para casarnos y tener hijos, dos de las misiones más delicadas y de mayor trascendencia, pretendemos hacerlo sin mayor preparación ni estudio, como si fuese algo que brota mágicamente de nuestra naturaleza, como “coser y cantar” o “soplar y hacer botellas”.

¡Qué irresponsabilidad e inconsciencia las que nos mueven a los seres humanos, sin considerar en lo más mínimo que con ello estamos poniendo en juego nuestro destino, el de nuestra pareja, nuestros descendientes, familiares y, aunque no lo parezca, el de todo el género humano!, porque la humanidad entera, de todos los tiempos, está conectada por vínculos invisibles, como los órganos de un cuerpo, de modo que lo que afecte a una parte de ese cuerpo, positiva o negativamente ‒por ejemplo, una infección en una mano, si se descuida o no se trata médica y oportunamente, terminará infectando o afectando a todo el organismo‒. Igual pasa cuando algo en nuestra vida personal no funciona bien. Por el contrario, si mi mano está saludable, irradiará salud al resto del cuerpo, y así sucederá con lo que marche adecuadamente en mi vida, como es el caso de algo tan esencial como mis relaciones afectivas.

A continuación, queremos brindar una guía para que su relación de pareja sea todo un éxito, de tal manera que ustedes estén dispuestos a seguir unidos hasta la vida eterna, como debe ser, en armonía, amor y felicidad sin límites dentro de las naturales dificultades y tropiezos que seguramente nunca faltarán. Es cierto que no es un camino fácil, pero vale la pena recorrerlo con el mayor esfuerzo, pues en ello se juega, en gran medida, nuestro destino y nuestro hallazgo de una de las mayores felicidades posibles. 

¿Qué es el matrimonio?

El matrimonio es el encuentro de dos personas que se unen y comprometen a buscar juntos la felicidad y prolongar su amor en el tiempo, a través de sus hijos. Es la realización de los más caros sueños e ideales de un hombre y una mujer que deciden, por un amor verdadero y maduro, compartir su existencia, prometerse recorrer tomados de la mano el camino de la vida para alcanzar la plenitud y dar lo mejor de sí, con gozo, alegría y esperanza.

Muchos han hablado del amor y el matrimonio, algunos en forma romántica e idealista, otros en forma negativa y dura, pero debemos hacerlo con equilibrio, sin idealizarlo hasta el extremo, sin caer en el pesimismo, la desilusión o el cinismo, sino desde una óptica positiva, optimista y realista a la vez, porque no faltan las dificultades normales, los conflictos y las caídas que se le presentan a toda pareja que se le mide al desafío de construir una convivencia sólida y perdurable “hasta que la muerte los separe”.

El matrimonio es una aventura maravillosa que tiene sentido y vale la pena. Es una de las formas más eficaces de hacerse la vida más llevadera, grata y cálida, porque dos seres que se acompañan con amor sin límites hacen disminuir las cargas y contrariedades y multiplican las alegrías y realizaciones más profundas.

No se trata de vivir una historia de “cuento de hadas”, ni es todo color de rosa; pero podremos sentirnos satisfechos de haber optado, al pasar los años, por el matrimonio y seguir eligiendo, día tras día, permanecer uno al lado del otro por encima de todos los obstáculos, aunque no sea un propósito simple, ni fácil de alcanzar.

Un matrimonio de verdad lo han definido diversos autores como:

“Un matrimonio feliz es una larga conversación

que simplemente parece demasiado corta”.

                                                              André Maurois

“El amor es un símbolo de eternidad.

Barre todo sentido del tiempo,

destruyendo todo recuerdo de un principio

y todo temor a un fin”.

                                                           Madame de Staël

“El matrimonio es, de todas las cosas serias, la más divertida”.

                                                              Severo Catalina

De cada pareja depende que su matrimonio sea todo esto que hemos empezado a describir y no, como a veces se quiere hacer creer, una condena insoportable, una misión imposible o un tormento permanente. Puedes elegir, con tu media naranja, sufrirlo o gozarlo, asumir dicha experiencia en forma pesimista y con total desánimo, o poner en él toda tu ilusión y entusiasmo para demostrarle al mundo que ¡sí se puede!, como muchos lo han hecho hasta ahora y están decididos a seguir lográndolo.

Que apliquemos cada día, como nos enseña el Encuentro Matrimonial: “El amor no es un sentimiento, sino una decisión”, lo mismo que la fe, la esperanza y la caridad.

* Los interesados pueden entrar a www.encuentromatrimonialmundialbogotá.org y allí encontrarán cómo pueden vivir su relación de pareja para que esta sea, de palabra y de obra, ejemplo para sus hijos y para la sociedad en la que nos movemos.

Julio y María Cristina Hidalgo

Noviembre, 2020

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