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Samuel Arango

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Santos Domingo y Roque

Por Samuel Arango
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Después de cierta edad ‒de los 70 normalmente‒, la madrugada no es problema. A las cuatro o cinco ya estamos conectados a las noticias, mala forma de iniciar el día, arreglando la casa u organizando las pastillas nuestras de cada día. “Pareces de 15”, me dijo un día un amigo. Si, de 15 pastillas al día, le contesté.

Muy temprano miramos a dónde hay que ir en la mañana y en la tarde. Casi seguro a reclamar medicinas a la EPS ‒en donde usualmente nos encontramos con compañeros de colegio o universidad, o con las antiguas novias‒, a comprar tierra y abono para las maticas, a buscar el regalo de cumpleaños de la nieta. 

Pero sin duda, una de las mejores maneras de amanecer temprano es para encontrarse a las cinco y media con los amigos puebliadores y salir sin desayunar para el norte, para el sur, para el oriente o para el occidente de Antioquia. Mi preferido para madrugar es el oriente, porque a esa hora se levanta el sol y los arreboles son orgásmicos, sensacionales. A esa hora, cuando se mira el cielo, no se duda de la existencia de Dios. A veces la neblina se entromete por entre las montañas como cobija de algodón y nos hace sentir en el cielo o como los cóndores de los Andes.

En esta oportunidad, la trompa de la camioneta de Carlos Eugenio, el conductor elegido, se enrutó hacia el noreste, vía Bello, Copacabana, Girardota, Barbosa, La Pradera, Santo Domingo. Nos topamos con el río Medellín acabado de afeitar, espumas que se van y que luego se convierte en el río Porce. Recordamos a Cisneros y el viejo Túnel de la Quiebra, que pasamos cuando niños y del que salíamos negros por el tizne del humo de la locomotora. El desayuno recalentao viene humeante y aromoso, con todas las de la ley, es decir acompañado con chorizo, arepa, quesito, chocolate espumoso. Por esta región atienden en los buenos restaurantes de carretera unas bellas venezolanas, jóvenes, sonrientes, atentas. Nos cuentan su historia y manifiestan su agradecimiento por poder trabajar y sostener a algunos parientes que vinieron con ellas. como la mamá o los hermanos. y los lejanos a quienes pueden enviarles algunos pesitos. Esperan volver cuando no tengan que aguantar hambre en su bello país. Gente hermosa.

Llegando ya a Santo Domingo, el médico Germán Gonzalo González (GGG) chicanea al ofrecer una frutica pequeña, parecida al mortiño y con sabor a guayaba agria, llamada jaboticaba. Esta es la primera vez que la veo y disfruto. Hablamos de las onces o mediamañana y Juan Santiago Chef nos explica que el vero nombre de onces viene de las once letras que tiene la palabra aguardiente… Será creerle. Ya empiezan a aparecer los cañaduzales, los nuevos sembrados de cacao y la tierra del mejor escritor que ha tenido Colombia en toda su historia. Ya brillan allá sus cúpulas…

Santo Domingo de Guzmán

La población la fundó en 1778 una familia Duque. La capilla se nominó en honor de Santo Domingo de Guzmán, nacido en 1170, fundador de la Orden de los Predicadores o Dominicos. Contemporáneo de ese gran santo Francisco de Asís. Se dedicó a la defensa de la religión católica debido a la influencia que estaban tomando los herejes, los gnósticos y maniqueos. Una monja dominica de la época lo describió así: “estatura media, cuerpo delgado, rostro hermoso y ligeramente colorado, cabellos y barba casi rojos, bellos ojos luminosos”.

Santo Domingo se precia con razón de haber sido cuna de personajes insignes como los escritores Francisco de Paula Rendón, Magda Moreno y el nunca bien ponderado Tomás Carrasquilla. Allí vio la luz, como decían las mamás, el obispo posiblemente asesinado Gerardo Valencia Cano, el beato y mártir Jesús Emilio Jaramillo, y Augusto López Valencia, empresario cercano a los bien vivientes pasiadores. 

Don Tomás María Carrasquilla Naranjo

Merece capítulo aparte este escritor a quien el investigador canadiense Kurt Levi le dedicó dos sesudos libros. Tuve la oportunidad de visitar a Levi en su oficina de la Universidad de Toronto. Me dio media hora de tiempo y conversamos tres horas. Me enseñó mucho sobre Carrasquilla y me regaló los dos libros, con dedicatoria, que había escrito. Adoraba a Medellín, en donde estuvo en varias oportunidades. Su lección principal: Carrasquilla no es un autor costumbrista como lo han etiquetado; es un autor universal, comparable con Cervantes. La perfección y la riqueza de sus personajes me permiten asegurar que es uno de los mejores escritores de la lengua española de todos los tiempos…

Visitamos en esta puebliada la casa museo, en una esquina de la plaza. Museo bien organizado y cuidado, con elementos valiosos que recuerdan al escritor de La Marquesa de Yolombó y de tantos textos poderosos como A la diestra de Dios Padre y San Antoñito, que Teleantioquia llevó a las pantallas. Recordamos su vida, sus cualidades y sus perversiones. Esta visita fue en realidad un baño de cultura y humanismo profundo.

Olguita, la encargada del museo donde hay libros como estos, nos ofreció ingenuamente el “bizcochito encoñador” (sic): un bizcochuelo típico, que obliga a comerse más de uno.

San Roque y su perro

San Roque fue un santo francés nacido en Montpellier, pero cuya vida transcurrió en Italia a donde viajó y se encontró con la peste que azotaba la región. Se dedicó muchos años a atender a los enfermos hasta que él mismo se contagiaó. Se retiró a la montaña, a una cabaña aislada y solitaria. A San Roque se le representa acompañado por un perro, porque dicen que cuando en su aislamiento ya no podía valerse por sí mismo debido a la enfermedad, un misterioso perro le llevaba cada día un pan, que él remojaba en una fuente de agua que milagrosamente brotaba al lado de su lecho. De allí lo rescató un noble de la región. Logró curarse, pero luego lo confundieron con un espía. Llevado a la cárcel, murió tras cinco años de prisión. 

San Roque, el antioqueño, fue creado en 1880 por zambullidores, cateadores y barequeros que buscaban oro. Tierra “cañera” por excelencia. “El trapiche muele y muele la caña y vuelve a empezar, la pena que estoy sintiendo, quién la pudiera calmar…”.  La zona huele a miel, panela, blanquiao y velitas. El templo es uno de los más bellos de Antioquia, sin duda. La cúpula es copia de la de Florencia, Italia. Es enorme, magnífica, extravagante, 

En la carretera, el agua brota de las alturas y se atraviesa en el camino. Es abundante, clara, danzarina. También se ve café, cacao, lulo, fique y pastizales.

Tomamos una vía destapada, de las que le gustan al experto e incansable conductor elegido. Es como montar en una licuadora, pero nos lleva al corregimiento de Cristales, en donde se desatienden las penas y se olvidan los coscorrones.

Para terminar, me piden que cuente que a un gato que tenía 16 vidas lo mató una 4×4, como la camioneta de Carlos Eugenio. No hay que reírse y mejor paro acá, antes de que se me ocurra otro “chistemalo”.

Texto y fotos: Samuel Arango M.

Agosto, 2021

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A los lectores del blog queremos contarles que desde hace 14 meses venimos reuniéndonos, semana a semana, en tertulias amigables, para conversar sobre muy diversos temas. Esas tertulias alimentan el blog y este aprovecha lo compartido allí. 

Ante la dolorosa situación que atravesamos en Colombia decidimos manifestarnos. Por eso, les propusimos a quienes desearan hacerlo, que escribieran un texto breve al respecto.

Este artículo hace parte de la cosecha que obtuvimos.

Todos sabemos que muchas cosas tienen que cambiar en el país si queremos salir adelante. Cada uno de nosotros tiene que cambiar. Estamos de acuerdo con que las cosas no van bien y que la solución no es echarle la culpa a nadie en especial, porque todos la tenemos.

Por eso, es necesario que hagamos un examen sincero para que podamos saber qué tenemos que cambiar. Y que cada uno asuma la responsabilidad de hacer lo que tiene que hacer. Esta alternativa es urgente. Porque hemos hecho muchas cosas bien, pero muchas no las hemos podido manejar como se debe. 

Por eso, con la mano en el corazón, nos comprometemos a no mentir jamás. La verdad nos hará libres, nos permitirá conocer los problemas y darles soluciones. Tenemos que recuperar el valor de la palabra. Rechacemos la mentira, porque el engaño y la falsedad hacen sociedades corruptas. Nos comprometemos a buscar por todos los medios el bien común antes que el bien particular. No dejemos que nuestro trabajo nos lleve a lucrarnos a nosotros en detrimento de los demás o del patrimonio público. La honradez debe ser la marca que llevemos con orgullo en nuestras frentes. 

Dediquemos todos nuestros esfuerzos para que las personas sean tratadas con dignidad, con igualdad, con respeto y estima. Comprometámonos a manejar las divergencias como elementos que nos enriquecen y que en vez de alejarnos nos unen en la búsqueda de soluciones. Respetemos el sentir y el pensar diferentes, escuchemos con especial atención y respetemos las diferencias hasta las últimas consecuencias. Nunca consideremos enemigos a quienes piensen distinto.

Manejemos la política con altura y decencia, sin atacar al hombre, aunque combatamos con firmeza el delito y la inmoralidad. Digamos las cosas con claridad y al mismo tiempo con caridad. No respondamos ataques rastreros, no seamos alimentadores de pasiones bajas y torcidas. Desarrollemos, por convicción plena, nuestra capacidad de escuchar. No hablemos tanto que no oigamos a nadie. 

No le tengamos miedo al trabajo y a la creatividad. Creemos que Colombia necesita un rediseño profundo en el que estamos dispuestos a laborar sin descanso. Seamos hombres de cambio y no le temamos al progreso y al avance de las ciencias y del pensamiento, pero al mismo tiempo defendamos hasta el fin los valores esenciales y fundamentales del ser humano, como la libertad, la justicia, la equidad.

Como rezan los Alcohólicos Anónimos: “Dios, concédenos la serenidad para aceptar todo lo que no podemos cambiar, valor para cambiar lo que podemos cambiar y la sabiduría para reconocer la diferencia”.

Samuel Arango M.

Julio, 2021

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La carretera panamericana, a medio construir hace muchos años, lleva a la ciudad de San Juan de los Pastos, alias Pasto. Localizada en el valle de Atriz, sorprende el tamaño de la ciudad: cerca de 500.000 habitantes. Ciudad limpia, ordenada, sin huecos en las calles, con muchas nuevas obras en progreso. No es un pueblo: es una ciudad amable y saludadora.

Se cree que Nariño es pura montaña, que el Nudo de los Pastos o el gran Macizo Colombiano forman a Nariño. Pero la verdad es que el departamento cuenta con tres zonas claramente definidas que tipifican diversas idiosincrasias. La zona Pacífica, con extensos territorios planos que dan al océano Pacífico, con ríos de inmenso caudal, como el Telembí y el Patía, y con una población predominantemente afrodescendiente o negra. La región Andina, la de las montañas imponentes con volcanes por todos lados: Galeras, Santa Isabel, Puracé, Cumbal, Chiles y Azufral, y la región amazónica, que va a dar al Putumayo y a la cuenca del gran río Amazonas. La mayoría de la población es mestiza, seguida de la indígena y negra.

Nariño es sorprendente. Lo primero que encuentra el viajero, si va por avión, es la dificultad para el aterrizaje en el aeropuerto de Chachagüí. Es único en el mundo por la intensidad de los vientos. En nuestro caso hicimos tres intentos, en un avión que se movía como una licuadora. Para el viajero que lo ignora es atemorizante. Los ateos rezan más que los religiosos cuando la aeronave, a dos metros del piso, vuelve a elevarse y el piloto anuncia que es un primer intento fallido. Luego, llega el segundo intento: la torre de control pasa rauda por la ventanilla y vuelve a elevarse al aparato. El vuelo va a Cali, aterriza y espera una hora a que se calmen los vientos.  Al tercer intento, el avión aterriza en medio de un bamboleo mareador. Se escuchan los aplausos. ¡Llegamos! Los pilotos se asoman a ver la salida de los pasajeros en medio de una sonrisa maliciosa. En realidad, ese fenómeno es diario y no pasa nada, ellos lo saben.

Igualmente, el viajero nuevo encuentra que en el aeropuerto no hace frío. Que es un clima templado muy agradable y debe guardar la chaqueta, el suéter, la bufanda y los guantes que tenía preparados.

La carretera panamericana, a medio construir hace muchos años, lleva a la ciudad de San Juan de los Pastos, alias Pasto. Ubicada en el valle de Atriz, sorprende su tamaño: casi 500.000 habitantes. Ciudad limpia, ordenada, sin huecos en las calles, con muchas nuevas obras en progreso. No es un pueblo, es una ciudad amable y saludadora. San Juan de Pasto, en un principio fue llamada Villaviciosa de la Concepción de Pasto ¿Viciosa? Esa palabra en su tiempo significaba laboriosa, dedicada, esforzada. Así que el nombre no es de ninguna manera despectivo, como lo es ahora.

Una vez instalados salimos a realizar el primer recorrido por el centro. Nos dedicamos a las obras de los jesuitas, líderes de siempre en la ciudad. Su influencia ha sido, es y será definitiva.

Casa de ejercicios Loyola, acogedora, calida, bien dotada. Tutelada por el imponente Volcan Galeras

En 1772, la Compañía de Jesús fundó el colegio San Francisco Javier, que estuvo vigente hasta 1779, cuando se extinguió la Orden en todo el mundo. En 1885, la Compañía refundó el colegio, como Colegio Seminario. En 2012, inició una reestructuración del edificio, que duró dos años y, en agosto de 2014, fue reinaugurado y desde entonces es conocido como el claustro histórico del colegio Javeriano. 

El colegio cuenta con más de 1200 estudiantes y una metodología innovadora en la que el estudiante es ante todo un ser humano, responsable de su propio desarrollo y en la que el colegio y los maestros ‒no profesores‒ se constituyen en acompañantes respetuosos e impulsores de sus estudiantes.  Una metodología moderna que es ejemplo en el país y el continente.

Colegio San Francisco Javier

Un claustro viejo en historias, pero moderno en su ideología, con énfasis en lo social. Acaba de inaugurar el teatro más moderno de la ciudad, apto para los conciertos más exigentes del mundo.

En Pasto, la gran iglesia de los jesuitas es el templo de Cristo Rey. Una auténtica joya arquitectónica que refleja a fondo la espiritualidad de la Compañía de Jesús, de su fundador, san Ignacio de Loyola, y de su compañero de acción, San Francisco Javier. El templo es, sin duda, uno de los mejores y más bellos de la ciudad.

Este templo se erigió luego de que los jesuitas decidieran en 1930 echar abajo la vieja iglesia de Santo Toribio, levantada en 1572 por los dominicos, adyacente al convento de Santo Domingo. Se encomendó su construcción a la experta dirección de los hermanos jesuitas José María Ibarmía y Rubén Vega. Los planos los realizó el hermano Gogorza y el templo se inauguró en 1936. La plazuela donde estaba ubicada esa vieja iglesia se conoció siempre como de Santo Domingo. En 1797, la casa que fue colegio de los jesuitas era un cuartel y los muros iniciados para la construcción de la iglesia estaban abandonados y aparentaban ruinas de un gran edificio. Cuando los jesuitas regresaron a Pasto se les confió la iglesia de Santo Domingo.

Templo de Cristo Rey

Una de las curiosidades del templo, además de las bellísimas tallas en madera del viacrucis, la constituyen varios murales pintados por religiosos de la comunidad en los que muestran en el infierno, como en La Divina Comedia de Dante Alighieri, a obispos, sacerdotes, reyes y hasta Papas. Los fotógrafos no paran de tomar sus impresiones de esta novedad.

Villa Loyola es una finca ubicada en el municipio de Chachagüí, a 27 km de Pasto. La Fundación Suyusama trabaja de manera articulada con el Centro de Innovación Agroecológico y Ambiental Villa Loyola. Promueve la implementación de estrategias de protección y uso sostenible de los recursos ambientales en Nariño, mediante el desarrollo de talleres dirigidos a campesinos que se vinculan con la Fundación, denominados Giras Agroecológicas. Se abordan temas como análisis de la calidad biológica de los suelos, fertilizantes orgánicos, microorganismos eficientes, biofertilizantes líquidos, abonos orgánicos sólidos, producción y transformación del cultivo de café, diversificación productiva, entre otros. Es un centro de irradiación educativa hacia los campesinos que se ven favorecidos por la granja hasta el punto de llevar a ella sus cosechas de café para el procesamiento total. Es una granja experimental de innegable aporte social.

Villa Loyola

Llaman la atención de los visitantes, que acuden en busca de información o para cursos de capacitación agropecuaria e incluso para ejercicios espirituales, los techos de la vieja casona que albergan cientos de nidos de avispas que en un principio pueden causar temor, pero que luego se convierten en amigas de convivencia. Se cultivan para el proceso natural de fertilización de las plantas y resultan inofensivas, claro, mientras no se sientan agredidas.

También es un verdadero deleite contemplar los jardines que cobijan las más hermosas flores y plantas de tierra templada. Entre las sorpresas maravillosas se encuentra la flor de la cebolla junca, que admiramos una y otra vez, a la que le tomamos múltiples fotos por ser para nosotros una sorpresa real, como lo es para las abejas que se deleitan con sus néctares.

Por donde quiera que se camine en la ciudad, hay diversos templos, cada uno con historias increíbles y bellezas únicas e irrepetibles. No las visitamos todas, pero sí algunas de las más representativas. La iglesia de san Juan Bautista fue el primer templo que se construyó en la ciudad, terminado el 17 de junio de 1559. Fue la catedral de Pasto, hasta la construcción de la actual.

El acceso lateral por la carrera 25, sobre la plaza de Nariño, cuenta con un pórtico de estilo barroco español, con una talla labrada en piedra, copia de un diseño del pintor y escultor Miguel Ángel Buonarotti. La ornamentación del templo presenta ciertas formas de sincretismo, o sea, la unión de elementos que se traen de fuera y aquellos que aporta la región, lo que permite armonizarlos sin privarlos de sus características particulares. Esto explica que follajes y capiteles de columnas se encuentren adornados con hojas de la flora nativa (cedro, aliso, chaquilulo, etc.).

Iglesia de San Juan Bautista

Para enorme sorpresa de los visitantes, en una de las capillas interiores reposan los restos del capitán Hernando de Ahumada (hermano de santa Teresa de Jesús) y del caudillo pastuso Agustín Agualongo, el intrépido adalid que defendió a su pueblo con inigualable valor. En el caso de Ahumada, la inscripción en la placa de mármol dice textualmente: “No explotó a los indígenas ni se enriqueció con los oficios burocráticos”. En el templo, además, se encuentran los restos de cinco hermanos de la gran doctora de la Iglesia.

El templo del Sagrado Corazón, actual iglesia catedral, es una monumental construcción de estilo gótico, pero con incorporación de los estilos dórico y corintio, que hacen una amalgama interesante y hermosa, así como sólida. Lo inauguró en 1922 el obispo ‒ahora santo‒ Ezequiel Moreno, en donde antes estuvo el templo de San Francisco de Asís, saqueado e incendiado a principios del siglo 19, lo que hizo que la comunidad franciscana saliera de la ciudad.

Catedral de Pasto

La iglesia de san Andrés, inicialmente fue una ermita, y se terminó de construir en 1591, luego de un devastador terremoto ocasionado por el volcán Galeras. Se ubica en uno de los sectores más tradicionales de la ciudad, conocido como Rumi Pamba, que en quichua significa llanura de piedra. Rumi pamba ha sido escenario de importantes acontecimientos para la historia de Pasto, como la decapitación, en 1564, a manos de las autoridades españolas, del joven criollo Gonzalo Rodríguez quien, desde comienzos de la Colonia, buscaba la independencia de este territorio, hecho que le otorgó la categoría de “precursor de precursores”.

Iglesia de San Andres

El templo de Santiago comenzó siento una ermita que se construyó hacia finales del siglo 19.  En 1895, se inició la obra del actual templo de Santiago Apóstol, inaugurado años después por el obispo Ezequiel Moreno Díaz, hoy santo de la Iglesia. El templo fue entregado a la comunidad capuchina, que aún lo tiene bajo su cuidado.

Este templo se caracteriza por su gran altura y especial belleza arquitectónica. Tiene características de estilo románico, como el arco de medio punto, muros gruesos y severos, columnas de fuste cilíndrico y su puerta principal, ligeramente abocinada.

Templo de Santiago

Recorrer a Pasto es un programa de nunca acabar. Las sorpresas se encuentran en cada esquina. Venden un jamón serrano exquisito, quesos fabulosos, carnes de cuy, chancho,  cordero y res. El conocido canelazo calienta en segundos el cuerpo que tirita. Aprendimos alguna de las recetas: aguardiente caliente, jugo de mora, canela en polvo y… arriba, abajo, ¡al centro y adentro! Eso sí, antes de los tres minutos uno tiene que deshacerse de la chaqueta, el suéter, la bufanda.

Pasto es una ciudad cálida por su gente y su ambiente tierno y acogedor. 

Texto y fotos de Samuel Arango M.

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Puebliando ando

Por Samuel Arango
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Puebliar es un privilegio que solo se les permite a muy pocos. Vendedores, transportadores, comerciantes… Cuando es por obligación, casi no se disfruta. Puebliar por placer y con amigos es una excepción y un privilegio de muy pocos en el mundo, sí, ¡en el mundo!

Puebliar significa embriagarse de paisajes, llenarse de conocimientos, vivir experiencias irrepetibles, conocer personas que nunca vas a volver a ver, pero que siempre has de recordar. Cuando uno pueblea aprende lo que jamás va a lograr en un aula. Puebliar es sentir frío y calor, brisas y sofocos, risas y preocupaciones que pasan pronto. Es esperar y correr, sudar y tiritar. Viajar es llenar de estética el alma y de saberes el seso. Puebliar es adentrarse en los caminos de la geografía y en los vericuetos de los hombres. Es conocer la historia, la geografía, la culinaria, las culturas, los cuentos. 

Cuando uno pueblea, aprende a distinguir los olores del guano en la Amazonía, de la sal en la Guajira, de la guayaba en Barbosa y Vélez, de la boñiga en los Llanos, de los mariscos entre los manglares de Tumaco y de cebolla en la laguna de Tota, en Boyacá. Es aspirar con fruición los aromas ignotos de los guadales en el Quindío. Es percibir el olor de la madera y los bejucos en Urabá. Puebliar es tocar las aguas tibias del Caribe, la arena brusca del Cabo de la Vela y la lana virgen de Boyacá. Es escuchar el grito alegre y penetrante de los monos chillones, el viento huracanado y silvador del desierto, los pericos multicolores de Leticia, el grito profundo de los búhos y las lechuzas. Es oír la serenata perenne que ofrece el silencio de los nevados y los picos retadores.

Puebliar es distinguir los colores chillones y festivos del litoral, o los serenos y serios de las alturas. 

Puebliar en Antioquia es meterse de lleno bajo la ruana de las arboledas, de los caminos de herradura. Es seguir el paso de las mulas en los barrizales que con su chuc, chuc, chuc, andan al paso de la experiencia profunda. En Antioquia se reúnen en alegre algarabía los tiples, las maracas, las flautas y los tambores. En Antioquia se sube, se baja, se resbala, se espera, se asientan todas las experiencias posibles. Los ojos se embriagan de belleza, de sueños y de fantasías.

Y no hemos tocado a la gente. Cuando se caminan las sendas de Antioquia se topa uno con toda la gente buena que en el mundo existe. Desde el tradicional y querido bobo del pueblo, hasta la matrona caderona que se cansó de cambiar pañales y la chapolera que canta sus pesares sin sentir vergüenza. Niños cacheticolorados, embarrados. Jóvenes de mirada esperanzada y ganosa. Muchachas que apenas explotan a la vida detrás de unos ojos ensoñadores y enigmáticos. Trabajadores que le meten el hombro al presente mientras miran el futuro que se repite sin contemplaciones. Fondas, caminos, travesías, monumentos a curas fundadores.

En todos los caminos aparecen, como por milagro, los cristos y las vírgenes. Una religiosidad entre profunda y supersticiosa, pero convencida. Devociones a uno u otro santo. Advocaciones a veces absurdas, pero siempre significativas.

Y si hablamos de comida, el asombro nos invade. Las mejores morcillas de Envigado, los inigualables chorizos de Santa Rosa de Osos, los pandequesos de Cuibá, los frisoles de Liborina, los panderos de La Pintada, el blanqueado de Girardota. Comida a montones con arepas de cayana, de pelao, redondas y planchas. 

Puebliar es, pues, una experiencia inolvidable, digna de reyes y que ojalá no sea solo de amigos pensionados que entienden que ahora sí pueden disfrutar la vida, porque puebliar es vida.

El secador solar de los campesinos, hace parte del hermoso paisaje caminero

El buen puebliar exige ciertas características que no es fácil que se den al tiempo. pero afortunadamente en este grupo de puebliadores se dan. No les interesa ni el licor ni el cigarrillo, casi todo les gusta, no ponen problemas por todo, son buenos conversadores, discuten ‒pero no pelean‒, se respetan y admiran entre sí, saben hablar y saben escuchar, tienen muy buen humor, son buenos comelones; pocos, pero madrugadores y muy puntuales. Planean bien los viajes. 

Al mismo tiempo que comparten un modo de vivir, cada uno es cada uno y tiene sus cadaunadas. Uno planea la gira con horas, segundos, distancias, actividades. Otro conoce el departamento de Antioquia al dedillo, sabe por dónde se va, por dónde se regresa, qué hay para conocer, de quién son las tierras, quién hizo el puente sobre cada quebrada; le encanta conducir, especialmente por carreteras destapadas e inmundas. Otro es parco y solo habla cuando los demás terminan, el que habla de último, habla mejor, escribe bien y olvida el bastón cada que puede. Otro es experto en culinaria tradicional y típica, distingue entre el sabor de un chorizo santarrosano y otro de Santa Fe, lleva bien las cuentas de la “vaca” a la que todos aportan, sin que les cobren, pide rebaja hasta en los peajes, sabe de ganado y conoce los animales mejor que a los políticos, Otra es la mamá, pendiente de que no vayan a dejarla y de que todos estén bien; aconseja, mima y concluye al final de cada tema. Otro es alegre y chistoso, aunque lo caracterizan los chistes flojos, disfruta el paisaje, la compañía, las comidas, la gente de los pueblos y hasta los bobos de la plaza principal. Otro es médico y pronostica el futuro corporal de los paseantes, sabio y generoso.

En fin, ¡pasear con buenos amigos y compañeros es un placer casi sensual!

Lo mejor del grupo es su capacidad de gozar, de extasiarse, de admirar, de emocionarse ante el espectáculo glorioso de la naturaleza que se detecta en cada animal, en cada planta, en las vegas y los bosques, en los ríos, quebradas y saltos, en los guaduales y los yarumos, en las plantas como las orquídeas y las semillas como el ojo de venado. Este grupo de paseadores es único e irrepetible. Algunas veces viajan amigos invitados, si hay puesto en el único vehículo, aunque siempre caben en el corazón.

Una de las delicias de las puebliadas es, sin duda, encontrar cantidades de detalles que se habían olvidado o que apenas se conocen: detalles de comida, de caminos, de personas, de acontecimientos. No es posible hablar de una vez de todo lo que nos hemos topado puebliando, pero por ahora van algunos ejemplos de lo que hemos visto y disfrutado: en una palabra, vivido.

En comidas recordamos en algún pueblo la “sopa de cura de vereda” ‒una de las más deliciosas y típicas de los paisas‒, que aún se ve, pero que por desgracia escasea. Es la sopa de arroz con carne molida, tajada de plátano maduro, huevo frito blandito y culantro. Otra sopa como para dioses es la sopa de guineo, que no le gusta mucho a uno de nuestros paseadores, no entiendo por qué. También va con culantro ‒al culantro ahora le dicen cilantro porque las damas devotas de los pies del divino rostro, escrupulosas ellas, lo pidieron‒. Ni qué decir del sancocho trifásico que nos mira desde el fondo de la olla de barro con unos enormes ojos de manteca. Carne de res (morrillo), costilla de cerdo y rabadilla de gallina. Le agregamos las increíbles y nunca bien ponderadas papas rellenas que saben a gloria. Los enamorados de Gloria entienden. O los chorizos “no me olvides” y los pandequesos de Santa Rosa. O los tamales de Mira en Santa Fe de Antioquia. O la aguapanela con quesito de Don Matías.

Disfrutamos de la vitamina Ch, prohibida por los médicos, pero recomendada por nosotros: chicharrón, chorizo, chinchurria, para no hablar del rollo rojo de tienda que vuelve loco a otro de nuestros compañeros de viaje. También se encuentra el tradicional fiambre de paseos, envueltos en hoja de biao o de plátano, con huevo duro, tajada de maduro, carne dura, arroz, papa cocida, arepa y aguacate.

En las tiendas de abarrotes de todas las plazas encontramos los tradicionales sombreros aguadeños, el mentolín ‒que sirve para todo‒ o el Vick Vaporub que alivia las picaduras y que descubrimos que si se unta en el cuerpo o se deja abierto en la mesa de noche, aleja los malditos zancudos. Aprovechamos para maldecir a Noé que echó una pareja de ellos en el Arca, antes del diluvio. También se ven las herraduras de todos los tamaños, las enjalmas, las zamarras, las alforjas ‒madres del carriel‒, el jabón de tierra, sal Glauber y el horroroso hígado de bacalao que les daban a todos los hijos de la familia de mi novia adolescente, cuando terminaban de almorzar y que fui incapaz de tolerar. 

Uno de los aspectos que más sobresalen en las carreteras son los objetos religiosos. Van desde las cruces con el nombre del finado, hasta las grutas de la Virgen adornadas con farolas de los camiones. Vírgenes pintadas con colores chillones como el azul godo, el verde cogollo y el rojo bermellón. Incluso con labios pintados. Son miles las estatuas de la Virgen que cuidan el camino, así les falte la cabeza, o una mano, o el Niño Jesús. Lo más curioso es que más del 90 % de estas vírgenes son zurdas, pues cargan el Niño en su mano izquierda. Nadie sabe si María, la madre de Jesús, realmente era zurda.

En los encuentros religiosos del camino conocimos la historia del papa de Barbosa y del pregonero de Copacabana, la meseta de las brujas en Ciudad Bolívar y la loma del amor en Dabeiba, en cuya cima las parejas se unen en sexual abrazo y ruedan pegados, por la ladera. Acá nos acordamos y reímos con sana irreverencia de una tradicional copla llanera que reza: “Cuándo será que taremos, /como los pies del Señor, / uno encimita del otro/ y un clavito entre los dos”.

Aún nos reímos de la anécdota de uno de nuestros contertulios de viaje que le preguntó a un viejo sacristán de pueblo el nombre de los santos que rodeaban la nave central de la Iglesia, para terminar preguntando: y de todos estos santos, ¿el único vivo sos vos?

Abundan en las iglesias los Señores Caídos, santa Laura, el padre Marianito, las vírgenes en todas sus advocaciones, san Martín de Porres, san Francisco, el Corazón de Jesús, pero sin duda sobresale la copia fiel, en mármol y de autor italiano, de la Pietá de Miguel Angel que se encuentra en el templo de San Pedro de Los Milagros. Cien veces he ido a verla y espero ir otras cien veces.

El camino continúa. Iremos comentando las sorpresas de los caminos y de los pueblos y los paisajes que se nos meten por los ojos y nos alimentan el alma.

Samuel Arango M.

Mayo, 2021

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Los hombres maduros de ahora hemos llegado a una edad maravillosa en la que emprendemos el camino del desaprendizaje. Fuimos criados con la creencia de que debíamos ser los mejores en todo y educados con la creencia de que todo era pecado.

Los hombres maduros de ahora hemos llegado a una edad maravillosa en la que emprendemos el camino del desaprendizaje. Fuimos criados con la creencia de que debíamos ser los mejores en todo: mejores estudiantes, mejores esposos, mejores profesionales, mejores padres, etc. Fuimos educados con la creencia de que TODO es pecado.

Ha llegado la hora del desaprendizaje o lo que mi hija llama graciosamente el importaculismo.


Ha llegado la hora de decir NO en muchas ocasiones, de mandar al carajo los compromisos y las obligaciones. Pasó la hora de las responsabilidades desvelantes. Ahora nos gusta estar solos, disfrutar buenas conversaciones con gente que no nos insulta y que cree lo mismo que nosotros o que no le importa que opinemos diferente. Es la hora de hablar de todo sin necesidad de sostenerlo como medio de defensa. Es hora de ver películas, de estar en una finca durante la semana, de leer, de escuchar, de sonreír y de burlarse de la mayoría de los mortales que viven pendientes de las pendejadas.

Nosotros demostramos que atendimos bien las responsabilidades, que hicimos las cosas lo mejor posible, que dejamos huellas, que somos buenas personas.


Lo que nos queda de vida es para nosotros, para disfrutar, para cumplir el mandamiento divino de amarnos a nosotros mismos. Por eso vamos a hacer lo que nos dé la gana. Viajar al máximo, tomando café con amigos y amigas, conversando con todo el que nos encontremos.


Ya pasó la época de los roles. Lo que fuimos, fuimos; ahora somos para nosotros mismos, sin tener que rendir cuentas a nadie. Los demás seguirán su camino de responsabilidades y de afanes, de preocupaciones y nerviosismos.

Nosotros ahora estamos por encima del bien y del mal. Vamos a museos, asistimos a conferencias y si no nos gusta nos salimos sin que nos importe, redescubrimos al Quijote y a Fernando González.


Ahora asistimos con mayor frecuencia a entierros y nos damos cuenta de que se aproxima el nuestro, pero estamos preparados, pues al fin y al cabo vivir es mortal. Dios es para nosotros una profunda experiencia interior, lejos de mitos, ritos, limosnas y pecados sin fin.

Es la hora de empezar a relajarnos y de conversar largas horas con Dios, que es el único que permanece siempre, ahora y después de que abandonemos la nave del cuerpo. No nos arrepentimos de haber hecho o no haber hecho. Ahora vivimos el presente a plenitud ya que es el único tiempo que existe y en gran parte está en nuestras manos. 

Hemos olvidado el odio por completo. Nos rodean pocos seres a quienes amamos profundamente y que seguirán viviendo sus propias experiencias, estemos nosotros o no. Mandaremos para donde sabemos a la gente que nos molesta, la tóxica.  Quienes nos buscan sin egoísmos van a encontrar una sonrisa, una mirada tierna y comprensiva, un consejo acertado o no, y afecto.


Ahora sí somos libres de prejuicios, de creencias, de ataduras. Somos libres si no le tememos ni a la vida ni a la muerte.

Samuel Arango M.

Marzo, 2021

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Aunque el arte de “puebliar” es exclusivo para gente que no piensa que es perder el tiempo y, en cambio, disfruta de las maravillas que la vida le proporciona, a veces se encuentran realidades que lo dejan a uno pensando y pensando días enteros.

Los que acostumbran a “puebliar”, al mismo tiempo que disfrutan los paisajes embriagadores, las gentes querendonas y amables, las aguas cristalinas que se desgajan de las alturas, la naturaleza exuberante y mágica de los árboles, las plantas, las flores con su extravagante belleza, al lado conviven en los caminos con detalles de dolor y angustia.

Cientos de casas abandonadas a la orilla del camino, cuyos habitantes tuvieron que huir de la maldad de unos seres que por diversos motivos destilan odio, muerte, destrucción. Miles de cruces que recuerdan seres queridos, víctimas de la insania. Vírgenes mutiladas de yeso y de carne y hueso. Muros recubiertos por maleza y el abandono y el llanto de los huérfanos y de las viudas.

En una de las más recuentes puebliadas fuimos testigos de un lugar que fue sede de una clínica clandestina de abortos, practicados por los que ahora son llamados “señores” y cuyos alias se convirtieron en seudónimos gracias a la palabra mágica del dinero de la droga, la extorsión, el robo.

Estuvimos conversando con reverencia y respeto o, mejor, tratando de conversar con campesinos buenos hasta los tuétanos, amables y bondadosos. Generosos, pero callados. A las preguntas que les hicimos respondieron con monosílabos, sin dar detalles, con cuidado extremo. Ellos, buenos por esencia, desconfían de todo y de todos. Ella, una de las contertulias, una mujer de rostro bello y duro, comentó que tuvo que huir durante 15 años, dejar su tierra, sus animales, su gloria, para caminar por las sendas del abandono y la tristeza infinitas. No dice quién la obligó a vivir el infierno: le da miedo hablar. Respetamos su prudencia, pero supimos que donde estábamos sentados hasta hace poco había sido un lugar donde se practicaban abortos por montones de milicianas que cometieron el crimen de esperar un bebé, a veces fruto del amor, pero en la mayoría de los casos resultado de violaciones. Jóvenes vírgenes impúberes, inocentes, que cambiaron su mirada brillante y diáfana de la edad primera por unos ojos cansados, aburridos, tristes por la violencia sin sentido que les llegó. Recuerdan los cuerpos destrozados de los fetos de seis o siete meses, la hemorragia incontenible, las fiebres infecciosas, en fin, la maldad en su máxima expresión.

Otra de las inmensas tristezas que embargan a los viajeros cuando recorren algunas regiones, muchas por desgracia, es cuando se encuentran con la naturaleza herida hasta las más profundas entrañas por la explotación minera, especialmente del oro maldito, que arrasa la vegetación, seca los ríos, envenena las aguas y paradójicamente siembra miseria donde extrae riqueza. Tierras vírgenes, ahora con heridas abiertas por la explotación inmisericorde e inhumana de las minas.

Y para acabar de ajustar, puebliar es recorrer, al menos en Antioquia, unas carreteras o caminos de herradura que no se entienden en las épocas modernas. Lodazales, cunetas, derrumbes, fosas, rocas, brincos, ejes y mofles estropeados, cansancio sin fin. Horas y horas de un trajinar atormentado por unas vías que son una vergüenza total, en la mayoría de los casos resultado no tanto de las inclemencias del tiempo cuanto de la desidia y hasta de la deshonestidad de muchos dirigentes. Bellezas increíbles como Sabaletas, Buenos Aires u Horizontes, corregimientos pletóricos de hermosura, pero que para llegar allí hay que tener riñones de repuesto.

Puebliar es, entonces, una amalgama de bellezas y de tristezas, de gozo y de dolor, de lágrimas y carcajadas. Puebliar es embriagarse de naturaleza y de patria adolorida.

Señor, perdónanos porque sí sabemos lo que hacemos…

No caben más comentarios, porque escribir llorando hace mal al alma.

Samuel Arango M.

Enero, 2021

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Nuestra tertulia con Samuel incluyó comentarios y preguntas relacionados con la influencia del capital en los medios de comunicación y sus consecuencias en la ética de las informaciones y la necesidad de posiciones críticas para mantener un equilibrio frente a la política, como aportes para una reflexión constructiva de la sociedad.

Tertulia con el grupo – 9 de Julio, 2020
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En esta video-conferencia, Samuel nos transporta desde los origenes del periodismo en la humanidad y en Colombia hasta los medios de comunicacion actuales, sus influencias en la politica y los protagonistas principales.

Samuel Arango – Video-conferencia a nuestro grupo el 9 de Julio, 2020
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¿Qué es una mujer?

Por Samuel Arango
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A las mujeres no hay que definirlas porque no caben en una definición; hay que describirlas.


Ellas tienen la cabeza más bien puesta del mundo. Manejan en su cerebro toda la información importante y la sutil de su marido, de los hijos, de la casa, del trabajo, de las amistades. No olvidan ni los cumpleaños, ni el pago de servicios, ni la lonchera, ni el aniversario, ni la receta, ni los detalles de la reunión, ni los consejos para las raspaduras de las rodillas. El mundo entero cabe en sus cabezas con una lucidez meridiana. Tienen además el don del consejo acertado. Por lo regular no pierden la cabeza, sino que más bien les ayudan a los demás a encontrar las suyas.


La frente de la mujer es siempre tierna y acogedora.


Sus ojos son radares que detectan al instante los sentimientos de quienes se encuentran a su lado. Ve los detalles que nadie más ve.


Su olfato femenino la hace ser intuitiva. Ella sabe, sin estudiar, cuándo es una gripa o cuándo es una disculpa.


Sus labios son playas en las que se asolea el amor. De su boca siempre salen las mejores soluciones. Algunos dicen que hablan más de la cuenta: son puros cuentos. Hablan lo que el mundo necesita para caminar.


El centro de mando de la mujer es el corazón. No tiene tamaño conocido porque la capacidad de amar sobrepasa el universo entero. Se entrega sin mentiras ni medidas. El corazón de las mujeres es el meridiano por el que pasa el mundo. Allí se encuentran, a todas las horas del día, los sentimientos nobles de todos los seres humanos.


El regazo femenino es la cuna donde se engendran el amor, la armonía, el perdón, la ternura. Allí se recuestan los dolores y las penas.


Y el éxtasis de las mujeres está en sus manos acariciadoras, laboriosas, desveladas, las que construyen el mundo de la esperanza y el futuro. Ellas tejen los hilos de las almas con delicadeza y entrega. Manos finas que se estiran para levantar al caído y acariciar los sueños de todos los que sufren pesadillas. Y para rematar, una mujer tiene unos pies que van a donde tienen que ir, que acuden pronto a donde se les necesita, que marcan sus huellas en el camino de la vida.


Una mujer, no hay duda, es un poema escrito por Dios. Es la belleza exagerada o, mejor, acercada al infinito. 

Gracias, Dios, en nombre del universo entero, por la mujer.

Samuel Arango M.

Diciembre, 2020

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Muchos lectores de García Márquez hacemos un esfuerzo permanente para entenderlo. Cada vez que leemos alguno de sus artículos, cuentos o novelas tenemos que pensar en elementos que nos permitan interpretarlo sin equívocos. A partir de toda su obra y específicamente de su cuento El ahogado más hermoso del mundo* podemos plantear varios aspectos curiosos. 

Gabo se inició muy joven en la escritura y su primera actividad fue la periodística. Esto le dio, desde entonces, la capacidad de percibir los hechos como noticia, aunque no pudo separarlos de la fantasía propia de su mente, de su cultura y de la idiosincrasia costeña. Es célebre la historia de García Márquez cuando para cumplir su primera misión periodística le encomendaron viajar a Quibdó y reportar para El Espectador el paro cívico que había paralizado al Chocó y que ya tenía visos de asonada y rebelión. Viajó con el fotógrafo y cuando arribó a Quibdó encontró que no pasaba nada, que no se movían ni las hojas de los árboles y que toda la gente se encontraba en su trabajo o dormitando en la hamaca. Entonces, habló con el tendero, el dueño de la flota y líderes naturales y los invitó a crear una manifestación con el fin de poder fotografiar un tumulto y cumplir así su misión. La crónica del paro en Quibdo obtuvo naturaleza gracias a la creación del joven periodista. Los demás periódicos se entristecieron porque habían sido “chiviados” por El Espectador. 

De igual manera, casi que su primer cuento largo salió de un artículo para ese periódico, cuando entrevistó a un náufrago que permaneció varios días a la deriva en el mar y estuvo a punto de perecer. El relato del ahogado es muy simple y común como hecho. Sucede con mucha frecuencia a la orilla del mar. Pero la mente engrandecida del escritor convirtió esa sencilla experiencia en un cuento pleno de figuras, de lenguaje, de emoción. De realidad a relato en pocas páginas.

La historia narrada por el periodista superó en mucho los hechos y empezó a gestar lo que luego en términos eruditos se ha llamado realismo mágico. Su trabajo posterior en El Heraldo de Barranquilla lo llevó rápidamente a pasar de reportero a escritor de opinión y el suplemento literario le dio la largada hacia la fama. Para Gabo, la distancia entre la realidad y la fantasía nunca existió: los límites entre uno y otro solo se encuentran en las mentes cuadriculadas de las alturas parnasianas.

Uno de los paradigmas más enseñados en la cultura occidental es el de la objetividad. Todo ser humano debe ser objetivo para narrar, para interpretar, para ver el mundo y sus alrededores. Sin embargo, el mundo moderno ha tenido que aceptar que la objetividad sería el resultado de la acción de los objetos, no de los sujetos, que por obvias razones habrán de producir subjetividades. Esto quiere decir que ningún ser humano podrá despojarse de su subjetividad en ningún momento. Siempre estamos marcados por lo que somos y por lo que hemos adquirido de nuestra cultura.

Un célebre teórico de la comunicación de los años 60, Wilbur Schramm, planteó un esquema de la comunicación humana de tal profundidad que aun hoy sigue siendo un esquema válido y aportante. El acto de la comunicación se inicia con el yo, individual, subjetivo. Se supone que cada hombre nace con características propias en todos los aspectos, que son irrepetibles. No hay dos iguales, como en el caso de las huellas. Este yo viene programado por factores de diferente índole: sicológicos, hereditarios, de personalidad, de ADN, de genomas, de tiempo y de espacio claramente fijados con anterioridad. El yo y su constituyente no dependen de la persona: le vienen dados. Unos son gordos, otros flacos; unos calmados, otros apasionados, activos, secundarios; con ojos claros o piel negra; hombre, mujer, homosexual. 

El yo es una estructura localizada en el tiempo y el espacio que no ha sido libremente seleccionada por el sujeto. La misión de cada ser humano es conocerlo y desarrollarlo, con sus características físicas y espirituales. Con cualidades sembradas y con defectos también determinados. La misma capacidad comunicativa para expresarse, por ejemplo, viene programada. Hay unos que hablan con el cuerpo; otros, se comunican con la palabra, por herencia o por nacencia, como dicen los campesinos. No le podemos pedir a alguien con limitaciones primarias de comunicación que sea un Cicerón. Ese se destacará en otras actividades. Lo importante es que el ser humano llegue a conocerse a sí mismo, como decía el filósofo, para que pueda desarrollarse apropiadamente. El hombre debe aprender a comunicarse en primer lugar consigo mismo. Esto es, a reflexionar, meditar, interiorizar su yo y sus circunstancias.

El otro aspecto que forma parte integral de la persona es su campo de experiencia: se encuentra exterior al ser, pero lo determina y puede llegar a formar parte de él. Nación, año de nacimiento, familia, cultura, idioma. Son condiciones externas, pero que se interiorizan para conformar el todo del yo. 

José Ortega y Gasset afirma que “Yo soy yo y mis circunstancias”, dando a entender que nacemos en un ambiente previamente estructurado, incluso en el lenguaje, que nos determina en nuestra manera de ver el mundo y de expresarlo. Nuestras manifestaciones comunicacionales nos revelan a todos como seres humanos únicos y reflejan las circunstancias en las que nacemos, crecemos, nos reproducimos (o no) y morimos. De ahí que siempre que escribimos o hablamos estamos refiriendo nuestra personalidad y nuestra cultura aprehendida. Eso es natural; lo contrario sería anormal.

Quienes hemos ido a la costa Atlántica y hemos observado el modus vivendi de los costeños y en especial de los barranquilleros, constatamos algunas características que se manifiestan abiertamente en García Márquez. Incluso, basta con leer su círculo de amigos ‒Cepeda Samudio, Fuenmayor, Mutis, Gossaín y Sánchez Juliao‒ para entender que todos ellos forman parte de una rara y única cultura mágico-realista. Se parecen en sus estilos y en su modo de matar moscas como las del pintor Alejandro Obregón. Para ellos realidad y fantasía son una misma cosa.

Una de las peculiaridades más notorias para el desarrollo de una comunicación de calidad es la capacidad de percepción. Todo lo descubrimos a través de los sentidos. Los escritores costeños, por ejemplo, leen e interpretan los hechos tal como los oyen, los miran, los palpan, los huelen. Escriben sobre los olores de la guayaba, las mujeres como Milagros, los árboles de Aracataca o San Bernardo del Viento. Para ellos el tacto palpa mujeres, aire y las escamas de los pescados.

Para la construcción de una comunicación significativa un requisito esencial es aprehender el mundo que nos rodea con todos los sentidos, sin excepción. Y de igual manera, comunicarnos con los mismos sentidos. Lo que expresemos no solo debe estar codificado en palabras, sino también en gestos, sabores, texturas que hagan la comunicación más completa. 

La costa Atlántica, por su cultura y sus condiciones atmosféricas, imprime carácter a sus intelectuales. La pereza impuesta por el sol abrasante del mediodía hace que dediquen muy buena parte de su tiempo al ocio, que para los del interior o “cachacos” es pérdida de tiempo, mientras que para ellos es contemplación, observación, construcción de historias dignas de ser contadas. Ese ocio costeño lleva a que la gente tome conciencia de lo trascendente y lo proyecte permanentemente. En la costa del norte, más que en cualquier parte del mundo, los intelectuales aprenden desde pequeños a distinguir lo importante de lo baladí. No se le hace caso a las tonterías. Ellos llegan a comunicarse con la naturaleza y a aprender de ella lo que es la vida, como lo hacía Da Vinci y lo han hecho los hombres que han marcado el destino de la humanidad. La naturaleza es la madre y ella nos aporta lo esencial para vivir, solamente si la conocemos y sabemos interpretarla como hacen los escritores costeños.

Para ellos, la palabra no es la cárcel del pensamiento, sino más bien las alas de la imaginación. Usan las palabras que aprendieron y las desarrollan en nuevas formas de entenderse y aplicarse. Son pródigos en creatividad y exuberancia, como las caderas de sus mujeres que se mueven de forma semejante a las palmeras.

De acuerdo con lo anterior podría hablarse sin remilgos del Homo costeñus, tipificado en García Márquez y sus amigos de La Cueva, en Barranquilla. No son perezosos; no, son observadores, gozadores, disfrutadores de la vida y sus circunstancias. Tienen el don especial de recoger una acción simple y convertirla en novela. Toman la realidad y la re-crean en una nueva realidad que todos leemos con agrado y simpatía. Aplican aquello de que todo hombre es un cuento que camina. Usan realidades comunes para crear realidades nuevas. En este proceso creativo, típico de Gabo, no es raro encontrar nuevos lenguajes, nuevas palabras, nuevas formas.

Sin ninguna duda, tanto García Márquez como sus amigotes se expresan con imágenes, entendidas no como reproducciones de la realidad, sino como resultado de la imaginación. Gabo fue de hecho un director de cine frustrado, aunque haya visto llevar al cine varias de sus obras, entre ellas La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada. Él mismo fue profesor y asistió a clases de cine en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Gabo pudo ser director de cine, pues en sus escritos plasmó unos excelentes guiones cinematográficos. Incluso fue autor de un texto académico sobre cómo escribir guiones. Para él la realidad es imagen, es sentido, es sentimiento, con la exuberancia del mar, de la costa, de las mujeres generosas de formas. Es comunicación derramada, desbordante.

Es hora de que consideremos el lenguaje, de hecho, como algo más que las palabras. De hecho, el ser humano, en su evolución, ha pasado con el correr de los siglos de Hombre agrario a Hombre gutenbergiano (palabras impresas), a Hombre industrial, a Hombre audiovisual y, últimamente, a Hombre cibernético. Todos estos cambios socioeconómicos han traído consigo cambios en la comunicación. 

Basta con pensar cómo se comunica un joven de hoy: va más allá de García Márquez. Es un hombre global, con el idioma cibernético incorporado, con un idioma universal, abierto a las diferentes culturas, comprensivo y con capacidad de universalizarse.

http://biblioteca.colmayorbolivar.edu.co/files/portafolio/El_ahogado_mas_hermoso_del_mundo.pdf

Samuel Arango M.

Noviembre, 2020

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En 1900, la bisabuela aún estaba soltera, la electricidad era un cocuyo y la radio apenas empezaba a imaginarse. Si alguien se le hubiera arrimado para decirle que a ella le tocaría ver llegar a un hombre a la Luna, con seguridad absoluta ella habría pensado que ese alguien estaba loco. Sin embargo, la bisabuela vio llegar, el 20 de julio de 1969, al norteamericano Neil Amstrong a la Luna. 

Si en este momento alguien se nos acercara y nos dijera que en un futuro que posiblemente viviremos, el medio de comunicación masivo más perfecto será la mente humana, posiblemente consideremos lo mismo que hubiera pensado la bisabuela en 1900. O si nos afirmaran que en ese futuro estaremos conversando con los seres de otros planetas, creeremos que la televisión actual está dañando nuestros cerebros como alteraron los libros de caballería la cabeza de don Quijote. Pero hoy es más fácil imaginar lo que vendrá, en parte porque ya está llegando y porque el futuro, siempre, nace en el presente.

El que nace

Una de las características más sobresalientes de nuestro tiempo es que el cambio tecnológico se efectúa a una velocidad tan vertiginosa que la reflexión que podemos hacer sobre él ya está retrasada. Cuando al fin logremos teorizar sobre los efectos, defectos y afectos de las nuevas tecnologías de la comunicación, el proceso humano de interrelación se encontrará mucho más avanzado, al punto que ya serán nuevas las circunstancias que hay que reflexionar. En ese sentido seremos pasajeros del cambio, pero nos habituaremos a él e incluso le perderemos el miedo. La tecnología, pues, tendrá que separarse un poco de la teoría de la relación humana en cuanto que este proceso supera a los instrumentos que son los que cambian con tanta prontitud. Si usted compra un equipo hoy, este será obsoleto por la tarde, pero igual le servirá para comunicarse con unos contenidos que en el fondo no varían al mismo ritmo.

Otra de las realidades del presente, que engendran el futuro, es el estado del conocimiento cuantitativo. La informática y la sistematización, que caracterizan este momento de la historia, los algoritmos, hacen que no tengamos necesidad de “aprender” ingentes cantidades de hechos, fórmulas y soluciones que ya están incorporadas a los bancos de datos. En parte, la preocupación mayor será no lo que desconocemos en cuanto a información, sino en dónde localizaremos lo que necesitamos. La información estará sistematizada y podremos dedicarnos a procesos más creativos e interesantes. En realidad, tener gran parte del mundo que nos rodea en las múltiples pantallas nos permite desarrollarnos como personas, como seres humanos. En este sentido puede corroborarse la teoría de John Naisbitt acerca de las megatendencias cuando plantea un regreso inminente al humanismo, favorecido por las nuevas tecnologías que liberan al hombre del encarte de estar dedicando tiempo a lo que ya se encuentra procesado. 

Además, este neohumanismo es también parte de un proceso natural que inicia de la saturación materialista que lleva al desengaño y a la búsqueda de valores que sí tienen sentido, existencialmente hablando. 

Lo anterior supone también el crecimiento, nunca desmesurado sino como valor, del tiempo de ocio de los habitantes de la Tierra. El trabajo podrá realizarse desde cualquier lugar del planeta y con una rapidez cada vez mayor para satisfacer las necesidades básicas de subsistencia. El tiempo restante, cada día en incremento, podrá dedicarse a actividades regeneradoras, como la cultura, el arte, la recreación, el desarrollo, el turismo, etc. Ahí toman aún más auge ya no los alimentos que permiten existir, sino los productos dietéticos; el ejercicio que prolonga y enriquece la vida; los alimentos bajos en calorías y altos en vitaminas, desgrasados, etc. Incluso se regresará, sin duda, a una especie de alimentación menos artificial y las huertas caseras, de jardín, adquirirán dimensiones nuevas. El hombre, fruto de la tierra, buscará de nuevo la tierra y entonces podrá dedicarse al cuidado a sí mismo en cuerpo y espíritu.

Otra de las tendencias actuales que permiten visualizar al menos un poco el futuro es la nueva conceptualización de los poderes y de la autoridad en general. Van perdiendo terreno las hegemonías, los totalitarismos, las disciplinas partidistas y todas aquellas relaciones de poder que están fundamentadas en falsas estructuras de verticalidad. Este hecho exige dirigentes muy distintos que basen su prestigio y autoridad en el ejercicio honesto de una actividad, incluso política, y en la efectividad que muestren en la obtención de resultados. A los jefes del futuro no hay que nombrarlos: surgirán como consecuencia de sus propias cualidades de liderazgo.

El futuro especulado

Ante los planteamientos anteriores, es posible extrapolar el tiempo y el espacio y pensar, como no pudo hacerlo la bisabuela, en lo que puede ser el futuro de los medios de comunicación. Para ello, casi que se mete uno en una verdadera selva de posibilidades, a veces con contradicciones, o al menos en direcciones diferentes y encontradas. Los ahora viejos medios, como la televisión, la radio y la prensa, variarán su tecnología de acuerdo con los desarrollos científicos, pero al mismo tiempo tomarán posición ante la gente como medios virtuales que permitirán comunicarse con mayor efectividad en dos sentidos:

1. La comunicación interpersonal, base de la comunicación colectiva, podrá ser aún más rica y llena de posibilidades. La mente humana entrará en contacto con otras mentes y podrán cifrarse nuevos códigos comunicacionales que sobrepasarán la galaxia de Gutenberg y la era de la imagen o audiovisual. 

2. La comunicación masiva podrá lucrarse de ese desarrollo de la mente al punto que de verdad podría pensarse que el nuevo medio de comunicación será el cerebro mismo.

Casi todos los teóricos del futuro, que antes llamábamos brujos, son muy claros al explicar que lo más probable es que la tecnología se desarrolle hacia dos polos opuestos:

a) El polo micro: es decir, que al mismo tiempo que el hombre se desarrolla como comunicador esencial se utilizarán medios, apoyados en los avances científicos, que le permitirán satisfacer la necesidad de comunicación de su pequeño entorno. Los hombres serán, hasta cierto punto, comunicadores sociales dentro de su círculo particular. Todas las pantallas estarán a su alcance para ser usadas en la comunicación con los seres más cercanos. Periódicos electrónicos o celulares que intercomunican los hogares; imágenes locales, de barrio y hasta de cuadra, de agrupaciones, de colegios, de comunidades, enlazadas por el interés de cualquier tipo, etc., incluso con capacidad de doble vía o respuesta inmediata.

b) El polo macro: continuará la tendencia alguna vez enunciada por el superado Marshall McLuhan de los supermedios que borran las fronteras y que llegan a todos los rincones con una concepción diferente del mundo, como la casa de todos o la aldea global. El lenguaje será variado, no solo para que el inglés sea el idioma dominante, sino para buscar nuevos códigos cifrados de entendimiento casi universal. 

La macrocomunicación entonces alternará con la microcomunicación en una convivencia pacífica de enormes resultados para el desarrollo integral de mujeres y hombres.

Los medios de comunicación, gracias a la tecnología, estarán en las manos de los habitantes del planeta Tierra para que cada ser humano sea al mismo tiempo receptor de ellos y emisor. Sin duda alguna se enriquecerá la comunicación humana porque la tecnología seguirá su carrera de progreso, pero será solo un instrumento de un proceso mucho más profundo de humanización de las relaciones humanas.

Casi podría afirmarse, como conclusión, que el esquema de la comunicación consigo mismo ‒o reflexión interior‒ regirá, con el tiempo, para el entendimiento con el Tú en la creación de un Nosotros que es pequeño como un hogar o una comunidad o que es grande como el concierto de las naciones en una gran comunidad que es el mundo entero y en la estructuración del diálogo intergaláctico con otros seres inteligentes tan desarrollados o más que nosotros.

De todas maneras, afortunados nosotros que tenemos la posibilidad de pensar en el futuro, así nos equivoquemos.

Samuel Arango M.

Octubre, 2020

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Cuenta un anónimo que en la Segunda Guerra Mundial un joven piloto de un avión monomotor realizaba una larga travesía a través del campo enemigo. El viaje era arriesgado y muy tensionante por los peligros que implicaba.


En la mitad del recorrido el aviador notó que los instrumentos de vuelo comenzaron a comportarse de manera extraña. Al investigar la causa encontró que una rata estaba royendo los cables del tablero de mando. Esta acción causaba que los instrumentos de vuelo dieran lecturas incorrectas que podrían hacer que el piloto tomara decisiones equivocadas, fatales en esas circunstancias.


El piloto empezó a sentir pánico, pero recordó de inmediato algo que su instructor, un hombre sabio y experimentado, le había enseñado:


“Cuando encuentres ratas en tu vuelo, lo que es normal, no gastes tu energía peleando con ellas, ni arriesgues tu seguridad por perseguirlas. ¡Elévate! ¡Elévate lo más que puedas! Las ratas no resisten la altura”.


El piloto cumplió el consejo y unos momentos después se percató de que la rata estaba muerta en el piso de la cabina.


En la vida de cada hombre se encuentran a diario toda clase de ratas. Hechos y circunstancias, y hasta personas, que nos hacen entrar en pánico, sentir un miedo rabioso, terminar con nuestras opciones de avanzar y de progresar. Seres y hechos que nos detienen en la aventura de la vida y que nos desvían de nuestro camino.


No te detengas a pelear con ellas, ni te distraigas mirando lo que no te conviene ni ayuda. Cuando un dedo señala una estrella, el estúpido mira el dedo.


Las ratas son los fantasmas creados por nuestros miedos y nuestra inmadurez.


Cuando Jesucristo aconsejó que pusiéramos la otra mejilla frente a una “rata”, no quiso decir que peleáramos con ella, sino que nos eleváramos a mayores alturas, a las alturas que las ratas no resisten.


Al insulto, a la calumnia, a la ofensa, la manera de contestar es elevándose. A la maldad se contesta con dignidad. Al odio con tranquilidad y paz. Al chisme se responde con la verdad.

No podemos vivir al servicio de las ratas. Para quien es esclavo, una sola cadena le basta. Liberémonos de lo que nos ata y detiene, de lo innecesario y baladí. Vayamos a lo esencial y lo esencial es la vida, es el amor. 

Quien se pone por encima de las circunstancias es un hombre de verdad. Vamos para adelante y dejamos en el camino los que nos estorba y conturba.


Elevémonos y matemos las ratas.

Samuel Arango M.

Octubre, 2020

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A través de los años de viaje por la vida, he llegado a formular con sencillez algunos principios que para mí son definitivos:

  1. Creo firme y profundamente en Dios, mas no en el dios creado por el hombre a su propia imagen y semejanza.
  • Aunque Dios se hace presente en todas partes, solo es posible encontrarlo en el interior de uno mismo.
  • La vida que experimentamos está inmersa en el infinito, lo que hace que la vida y la muerte formen parte de una misma realidad, al punto que vivir es mortal y morir es vital.
  • La vida que ahora experimentamos es extremadamente corta, un chispazo, y el hombre está llamado por Dios a disfrutarla. Aun las dificultades contribuyen para construir la felicidad.
  • La única forma de disfrutar la vida es haciendo el bien por donde quiera que vayamos. Lo contrario es vivir en el vacío.
  • Somos capaces de amar y de odiar, de nuestra exclusiva escogencia depende la felicidad.
  • En la vida no nos debemos cansar de aprender, pero tampoco debemos olvidar la necesidad de desaprender lo que ya no contribuye a la felicidad.
  • Los tres grandes maestros de la vida son la naturaleza, los niños y los ancianos. Hay que saberlos escuchar.
  • Los tres grandes amores de la vida son uno mismo, el ser humano y, como resultado de esos dos amores, se llega al amor a Dios.
  1. Libre es aquel que no le teme ni a la vida ni a la muerte.

Samuel Arango M.

Octubre, 2020

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Jesús, comunicador…

Por Samuel Arango
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“Hace muchos años, en una diminuta y desconocida aldea que no aparecía en el mapa, nació un hombre. Su madre era campesina. Su padre, un humilde artesano judío. Su cuna sirvió para colocar la paja que alimentaba a un buey y a una burra. Su adolescencia y juventud transcurrieron en otra pequeña ciudad, insignificante. Trabajó silenciosamente en un taller hasta cuando tuvo 30 años de edad.

Durante tres años se desempeñó como predicador ambulante. Jamás escribió un libro. No llegó a ser gerente. No tuvo casa ni domicilio. No alcanzó títulos académicos. Se alejó apenas unos kilómetros del lugar donde nació.

No conoció las grandes ciudades. No saludó a reyes, ni presidentes, ni empresarios. Sus amigos más cercanos eran simples pescadores. Se presentaba como él mismo, era su única recomendación.

Siendo muy joven, la clase política se volvió contra él. Lo creyeron peligroso porque la gente lo seguía. Sus amigos huyeron. Uno de ellos, su mano derecha, lo negó.

Fue traicionado y entregado a sus enemigos. Se le sometió a un juicio de burlas, sin defensas. Fue torturado y clavado en una cruz, entre dos reconocidos ladrones. Sus verdugos se jugaron a los dados lo único que él tenía: su túnica usada. Su tumba la prestó un amigo.

Pero la verdad es que 21 siglos después, ni todos los reyes que han regido, ni los líderes que han existido, puestos juntos, han logrado influir tan poderosamente en la vida del hombre sobre la Tierra como lo logró esta solitaria vida de un hombre sencillo, al que llamaron Jesucristo” (Autor desconocido).

…Comunicador

Este hombre sencillo, que ante todo era Dios, realizó el esfuerzo, si puede decirse así, de mostrar a los seres humanos cómo era ser hombre, solo que pocas veces detallamos y aprendemos de su vida como mortal. Sin duda que Él trató de dar ejemplo para que entendiéramos, o mejor, aprendiéramos a transitar los senderos de la perfección.

Entre las lecciones que nos legó con su ejemplo, se encuentra la comunicación. Jesús fue un experto, el mejor comunicador que hasta el momento ha tenido la humanidad. Si no, cómo se explica que su mensaje haya estado vigente con el correr de los siglos o que lo hubiesen acompañado, en condiciones adversas, cerca de cinco mil personas para escuchar su palabra con atención. Para lograr esto, Jesús definitivamente era un hombre muy agradable y simpático. ¡A qué antipático lo sigue con hambre y sin techo ese número de admiradores! 

Su ejemplo de comunicación debe servirnos para entender cómo debe ser nuestro mensaje. Estas son algunas características del lenguaje que nos señaló con toda claridad:

1. Positivo: cambió el lenguaje judío y la polaridad del mensaje. Prácticamente destruyó los “no” de los mandamientos de Moisés para hablar de bienaventurados, dichosos, benditos. (Mt. 5, 3-12) A la gente no le gusta que la regañen y Él no genera rechazo. Usó el lenguaje del amor y proclamó el amor.

2. Cotidiano: todo su mensaje estuvo enmarcado o “aterrizado” en las actividades cotidianas (Mt. 5, 13-14). Jesús, el mayor teólogo de todos los tiempos, no fue un teólogo para la gente; lo fue ante los doctores que lo entendían y admiraban, como hicieron cuando Él tenía solo 12 años y los asombraba con su profundidad.

3. Claro y contundente: su lenguaje no era mediatinta, no era si, pero no. El público no acepta la indefinición. Frente a la ley (Mt. 5, 17-20), el adulterio (Mt. 5, 27-30), el divorcio (Mt. 5, 31-32) o la venganza (Mt. 5, 38-42), su posición fue clara e inconfundible. 

4. Ejemplificador: el pegante de todo mensaje son los ejemplos y Jesús lo hacía a cada paso. La gente es concreta, la gente para entender debe referenciar el mensaje con su vida diaria: la polilla que corroe, la lámpara del cuerpo, los dos amos, las aves que vuelan, los lirios del campo (Mt. 6, 19-34), la viga en el ojo, las perlas a los cerdos, la piedra a cambio de pan, la culebra por pescado, la puerta angosta, los lobos disfrazados, los higos no cosechados, el árbol bueno, el hombre prudente, la cueva de las zorras (Mt. 6, 19 – 8, 20). A nosotros nos parecerá exagerado, pero Jesús lo hizo. He ahí la diferencia.

5. Directo: la palabrería ahoga. Sea vuestro lenguaje si, no… (Mt. 5, 37), Pedid y se os dará (Mt. 7, 7-8). Hay que desconfiar de los que hablan demasiado, dice el pueblo.

6. Acompañado de signos: Jesús utilizaba permanentemente otros lenguajes de los que no somos muy conscientes y que tienen una efectividad mayor que la palabra. Infortunadamente, los Evangelios poco nos cuentan de ello, aunque hay algunos ejemplos: imponer las manos, tocar a los enfermos… (Mt. 8, 3-15; 9, 29).

7. Discreto: evita la fama y el reconocimiento público (Mt. 8, 4; 9, 30; 12, 16). El orgullo no solo es falta evidente de inteligencia, sino que es irrespetuoso e ignorante. Discreción y sencillez en el lenguaje y las actitudes hablan de riqueza interior, no exterior.

8. Enfático: tampoco este aspecto está consignado en los textos evangélicos. Lo que importa es el tono, dice la gente. Varios pasajes tendrían más fuerza si los imaginamos como en realidad debieron ser. “Amigo, ¿con un beso entregas tú al Hijo del Hombre? Esta pregunta pudo ser enfatizada con el tono, cuando dice Amigo o cuando dice beso o cuando dice Tú o cuando dice Hijo del Hombre. En cada paso la frase escrita es igual, pero dicha varía totalmente su significado.

9. Didáctico: con frecuencia, cuando Jesús hablaba, los evangelistas decían: “Les enseñaba diciendo”. Jesús era un maestro y practicaba las normas básicas de la didáctica. Sabía dar instrucciones y consejos, como cuando envió a los apóstoles (Mt. 10).

10. Dialéctico: Jesús utilizaba con frecuencia los polos extremos. La dialéctica tiene como resultado un “tertium quid” que es dinámico y contundente. Le da fuerza y claridad al lenguaje, por ejemplos cuando habla del enfrentamiento entre padres e hijos (Mt. 34-39) o se refiere al reproche contra las ciudades incrédulas (Mt. 11, 20-24).

11. Simbólico: dentro de su preocupación por hacerse entender, otro de los recursos más utilizados en sus intervenciones eran las metáforas, historias simbólicas o imágenes. Jesús hubiera sido un cineasta consumado cando alude a Jonás (Mt. 12, 40), a la reina del sur (Mt. 42-44) o a la madre y los hermanos de Jesús (Mt. 12, 49-50).

12. Narrativo, con parábolas: por esto se le criticaba. Era un contador de historias, un cuentero. En los tiempos modernos, el autor religioso más leído en el mundo es, sin duda, Anthony de Mello. La razón es la misma: narra historias. Ejemplo de este rasgo de su comunicación con las parábolas del sembrador (13, 4-9), de la mala hierba (13, 24-31), de la semilla de mostaza (13, 31-32), de la levadura (13, 33), del tesoro escondido (13,44), de la perla (13, 45-46), de la red (13, 47-50). Es sorprendente ver tantas historias en un solo capítulo de Mateo. 

Por fortuna el mismo Jesús nos explica la razón: “A ustedes (los discípulos), Dios les da a conocer los secretos del reino de los cielos, pero a ellos (la gente común), no” (Mt. 13, 11); “Por eso les hablo por medio de parábolas; porque ellos miran, pero no ven; escuchan, pero no oyen ni entienden” (Mt. 13,13). Traduciendo el mensaje al mundo de hoy podríamos decir que la teología no es para las parroquias…

“Jesús habló de todo esto a la gente por medio de parábolas, y sin parábolas no les hablaba. Esto fue para que se cumpliera lo que había dicho el profeta: hablaré por medio de parábolas, diré cosas que han estado en secreto desde que Dios hizo el mundo” (Mateo 26, 36-44).

13. Auditivo: Jesús tenía la inmensa y necesaria capacidad de escuchar. Se sentaba con tranquilidad a oír a su interlocutor y no establecía diferencias entre las personas. Igual hablaba con poderosos y cultos, como con personas sencillas. Hablaba con extranjeras, como la samaritana (Jn 4, 1-42) o la sirofenicia (Mc 7, 24-30); con pecadoras reconocidas “Ellas precederán a los demás en el reino de los cielos” (Mt 21, 31) o con una adúltera (Jn 8, 2-11).

14. Necesitado de la oración: la diferencia entre los mensajes profanos y los del evangelio estriba, sin duda, en que el trabajo de comunicación del evangelio tiene que estar permanentemente acompañado por la oración. Sin ella las palabras no tienen sentido, ni son efectivas. 

Un hombre de oración se convierte ipso facto en el parlante de Dios. Todas las grandes acciones de Jesús estuvieron precedidas por jornadas de oración: al iniciar su vida pública (Mt. 4), antes de hacer algunos milagros (Mt. 14, 13), antes de su pasión (Mt. 26, 36-44). Enseñaba sobre la oración verdadera (Mt. 5, 13; 7, 7-11).

“Sea vuestro lenguaje: Sí, sí; no, no; que lo que pasa de aquí viene del Maligno” (Mt. 5, 37).

Samuel Arango M.

Octubre, 2020

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