Jesús, comunicador…

Por: Samuel Arango
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“Hace muchos años, en una diminuta y desconocida aldea que no aparecía en el mapa, nació un hombre. Su madre era campesina. Su padre, un humilde artesano judío. Su cuna sirvió para colocar la paja que alimentaba a un buey y a una burra. Su adolescencia y juventud transcurrieron en otra pequeña ciudad, insignificante. Trabajó silenciosamente en un taller hasta cuando tuvo 30 años de edad.

Durante tres años se desempeñó como predicador ambulante. Jamás escribió un libro. No llegó a ser gerente. No tuvo casa ni domicilio. No alcanzó títulos académicos. Se alejó apenas unos kilómetros del lugar donde nació.

No conoció las grandes ciudades. No saludó a reyes, ni presidentes, ni empresarios. Sus amigos más cercanos eran simples pescadores. Se presentaba como él mismo, era su única recomendación.

Siendo muy joven, la clase política se volvió contra él. Lo creyeron peligroso porque la gente lo seguía. Sus amigos huyeron. Uno de ellos, su mano derecha, lo negó.

Fue traicionado y entregado a sus enemigos. Se le sometió a un juicio de burlas, sin defensas. Fue torturado y clavado en una cruz, entre dos reconocidos ladrones. Sus verdugos se jugaron a los dados lo único que él tenía: su túnica usada. Su tumba la prestó un amigo.

Pero la verdad es que 21 siglos después, ni todos los reyes que han regido, ni los líderes que han existido, puestos juntos, han logrado influir tan poderosamente en la vida del hombre sobre la Tierra como lo logró esta solitaria vida de un hombre sencillo, al que llamaron Jesucristo” (Autor desconocido).

…Comunicador

Este hombre sencillo, que ante todo era Dios, realizó el esfuerzo, si puede decirse así, de mostrar a los seres humanos cómo era ser hombre, solo que pocas veces detallamos y aprendemos de su vida como mortal. Sin duda que Él trató de dar ejemplo para que entendiéramos, o mejor, aprendiéramos a transitar los senderos de la perfección.

Entre las lecciones que nos legó con su ejemplo, se encuentra la comunicación. Jesús fue un experto, el mejor comunicador que hasta el momento ha tenido la humanidad. Si no, cómo se explica que su mensaje haya estado vigente con el correr de los siglos o que lo hubiesen acompañado, en condiciones adversas, cerca de cinco mil personas para escuchar su palabra con atención. Para lograr esto, Jesús definitivamente era un hombre muy agradable y simpático. ¡A qué antipático lo sigue con hambre y sin techo ese número de admiradores! 

Su ejemplo de comunicación debe servirnos para entender cómo debe ser nuestro mensaje. Estas son algunas características del lenguaje que nos señaló con toda claridad:

1. Positivo: cambió el lenguaje judío y la polaridad del mensaje. Prácticamente destruyó los “no” de los mandamientos de Moisés para hablar de bienaventurados, dichosos, benditos. (Mt. 5, 3-12) A la gente no le gusta que la regañen y Él no genera rechazo. Usó el lenguaje del amor y proclamó el amor.

2. Cotidiano: todo su mensaje estuvo enmarcado o “aterrizado” en las actividades cotidianas (Mt. 5, 13-14). Jesús, el mayor teólogo de todos los tiempos, no fue un teólogo para la gente; lo fue ante los doctores que lo entendían y admiraban, como hicieron cuando Él tenía solo 12 años y los asombraba con su profundidad.

3. Claro y contundente: su lenguaje no era mediatinta, no era si, pero no. El público no acepta la indefinición. Frente a la ley (Mt. 5, 17-20), el adulterio (Mt. 5, 27-30), el divorcio (Mt. 5, 31-32) o la venganza (Mt. 5, 38-42), su posición fue clara e inconfundible. 

4. Ejemplificador: el pegante de todo mensaje son los ejemplos y Jesús lo hacía a cada paso. La gente es concreta, la gente para entender debe referenciar el mensaje con su vida diaria: la polilla que corroe, la lámpara del cuerpo, los dos amos, las aves que vuelan, los lirios del campo (Mt. 6, 19-34), la viga en el ojo, las perlas a los cerdos, la piedra a cambio de pan, la culebra por pescado, la puerta angosta, los lobos disfrazados, los higos no cosechados, el árbol bueno, el hombre prudente, la cueva de las zorras (Mt. 6, 19 – 8, 20). A nosotros nos parecerá exagerado, pero Jesús lo hizo. He ahí la diferencia.

5. Directo: la palabrería ahoga. Sea vuestro lenguaje si, no… (Mt. 5, 37), Pedid y se os dará (Mt. 7, 7-8). Hay que desconfiar de los que hablan demasiado, dice el pueblo.

6. Acompañado de signos: Jesús utilizaba permanentemente otros lenguajes de los que no somos muy conscientes y que tienen una efectividad mayor que la palabra. Infortunadamente, los Evangelios poco nos cuentan de ello, aunque hay algunos ejemplos: imponer las manos, tocar a los enfermos… (Mt. 8, 3-15; 9, 29).

7. Discreto: evita la fama y el reconocimiento público (Mt. 8, 4; 9, 30; 12, 16). El orgullo no solo es falta evidente de inteligencia, sino que es irrespetuoso e ignorante. Discreción y sencillez en el lenguaje y las actitudes hablan de riqueza interior, no exterior.

8. Enfático: tampoco este aspecto está consignado en los textos evangélicos. Lo que importa es el tono, dice la gente. Varios pasajes tendrían más fuerza si los imaginamos como en realidad debieron ser. “Amigo, ¿con un beso entregas tú al Hijo del Hombre? Esta pregunta pudo ser enfatizada con el tono, cuando dice Amigo o cuando dice beso o cuando dice Tú o cuando dice Hijo del Hombre. En cada paso la frase escrita es igual, pero dicha varía totalmente su significado.

9. Didáctico: con frecuencia, cuando Jesús hablaba, los evangelistas decían: “Les enseñaba diciendo”. Jesús era un maestro y practicaba las normas básicas de la didáctica. Sabía dar instrucciones y consejos, como cuando envió a los apóstoles (Mt. 10).

10. Dialéctico: Jesús utilizaba con frecuencia los polos extremos. La dialéctica tiene como resultado un “tertium quid” que es dinámico y contundente. Le da fuerza y claridad al lenguaje, por ejemplos cuando habla del enfrentamiento entre padres e hijos (Mt. 34-39) o se refiere al reproche contra las ciudades incrédulas (Mt. 11, 20-24).

11. Simbólico: dentro de su preocupación por hacerse entender, otro de los recursos más utilizados en sus intervenciones eran las metáforas, historias simbólicas o imágenes. Jesús hubiera sido un cineasta consumado cando alude a Jonás (Mt. 12, 40), a la reina del sur (Mt. 42-44) o a la madre y los hermanos de Jesús (Mt. 12, 49-50).

12. Narrativo, con parábolas: por esto se le criticaba. Era un contador de historias, un cuentero. En los tiempos modernos, el autor religioso más leído en el mundo es, sin duda, Anthony de Mello. La razón es la misma: narra historias. Ejemplo de este rasgo de su comunicación con las parábolas del sembrador (13, 4-9), de la mala hierba (13, 24-31), de la semilla de mostaza (13, 31-32), de la levadura (13, 33), del tesoro escondido (13,44), de la perla (13, 45-46), de la red (13, 47-50). Es sorprendente ver tantas historias en un solo capítulo de Mateo. 

Por fortuna el mismo Jesús nos explica la razón: “A ustedes (los discípulos), Dios les da a conocer los secretos del reino de los cielos, pero a ellos (la gente común), no” (Mt. 13, 11); “Por eso les hablo por medio de parábolas; porque ellos miran, pero no ven; escuchan, pero no oyen ni entienden” (Mt. 13,13). Traduciendo el mensaje al mundo de hoy podríamos decir que la teología no es para las parroquias…

“Jesús habló de todo esto a la gente por medio de parábolas, y sin parábolas no les hablaba. Esto fue para que se cumpliera lo que había dicho el profeta: hablaré por medio de parábolas, diré cosas que han estado en secreto desde que Dios hizo el mundo” (Mateo 26, 36-44).

13. Auditivo: Jesús tenía la inmensa y necesaria capacidad de escuchar. Se sentaba con tranquilidad a oír a su interlocutor y no establecía diferencias entre las personas. Igual hablaba con poderosos y cultos, como con personas sencillas. Hablaba con extranjeras, como la samaritana (Jn 4, 1-42) o la sirofenicia (Mc 7, 24-30); con pecadoras reconocidas “Ellas precederán a los demás en el reino de los cielos” (Mt 21, 31) o con una adúltera (Jn 8, 2-11).

14. Necesitado de la oración: la diferencia entre los mensajes profanos y los del evangelio estriba, sin duda, en que el trabajo de comunicación del evangelio tiene que estar permanentemente acompañado por la oración. Sin ella las palabras no tienen sentido, ni son efectivas. 

Un hombre de oración se convierte ipso facto en el parlante de Dios. Todas las grandes acciones de Jesús estuvieron precedidas por jornadas de oración: al iniciar su vida pública (Mt. 4), antes de hacer algunos milagros (Mt. 14, 13), antes de su pasión (Mt. 26, 36-44). Enseñaba sobre la oración verdadera (Mt. 5, 13; 7, 7-11).

“Sea vuestro lenguaje: Sí, sí; no, no; que lo que pasa de aquí viene del Maligno” (Mt. 5, 37).

Samuel Arango M.

Octubre, 2020

3 Comentarios

Vicente Alcala 15 octubre, 2020 - 2:00 pm

Un buen discipulo de Jesus comunicador !!!

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Hernando Bernal 17 octubre, 2020 - 9:50 pm

Maravillosa semblanza del Jesús que vivió como nosotros pero cuyo mensaje ha trascendido los siglos- Hernando Bernal A-

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Bertie 6 abril, 2021 - 7:26 pm

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