Almuerzo inolvidable en Paris

Por: Pilar Balcázar
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Solo nos conocíamos por teléfono y mensajes de texto. Sin embargo, había intuido que teníamos mucho en común. Nos reunimos, entonces, sin expectativas y con las manos llenas de macarons de la panadería de la esquina, de galletas del bosque Perche y de una botella de vino francés. 

Llegamos y nos encontramos con un bello apartamento de 55 metros cuadrados en París, con muchos detalles bien puestos y dos almas gigantes que no cabían en él. La mesa servida dio espera al abrazo, a las primeras palabras de popayanejos, a averiguar de cuál familia éramos, primos de quien, a conocernos y a contestar mil preguntas que fuimos resolviendo envueltas en el primer ron cartagenero, el llamado Dictador. ¡Muy recomendable! Siguió un delicioso vino tinto que hacía honor a Francia, con aroma a madera seca, acompañado de aceitunas verdes y negras y pedacitos de saucisson (salchichón)… ¡exquisito!

Las palabras iban y venían, hasta que la mesa nos llamó. Primer plato: pimentón relleno de atún y vegetales con pepinos tocados de anchoas en aceite de oliva. Aquí, cambio de vino, pues el blanco era el acompañamiento perfecto.

Llegó luego a la mesa un arroz “pegado”, hecho en una olla persa. Eso nos trasladó a la niñez, cuando nos peleábamos el “pegao” (raspao, cucayo o pega, según las diferentes regiones de Colombia), que estuvo acompañado de unas piernas de gallina con aceitunas, en salsa de limones confitados que se consiguen en el mercado artesanal local. 

Terminamos esta primera etapa y volvimos al vino tinto. Llegaron los quesos, el pan y una ensalada de hojas de lechuga. ¿Sería que estábamos en Cómo agua para chocolate

No había comido así, con mente abierta ‒y boca también‒. Aprendí sobre el origen de cada uno de los quesos que había en la tabla, costumbre francesa que no podía faltar. Y nos fueron preparando, contándonos la historia del bajativo que vendría después del postre: ¡una gran sorpresa! 

Era una bella botella transparente con una pera adentro, típico de una región de Normandía, donde a los árboles de pera les amarran una botella para que las peras se desarrollen adentro y queden listas para ser envasadas con un delicioso y fuerte elíxir, que remueve, agita tu cuerpo y tu sistema circulatorio y prepara tu sistema digestivo para que acepte la siguiente dosis de comilona. 

El postre, delicioso: helado decorado con los macarons del barrio y la galleta de Perche.

Hicimos una pausa, a la espera del café colombiano, un tinto divinamente servido y acompañado de un delicado trozo de chocolate oscuro. Yo iba a cerrar mi cuota de comida, pero ¿cómo hacerlo?  Faltaba probar aquel famoso elíxir. 

¡Guau: fuerte, firme, quemante…! Degusté el bajativo de pera.

Habían pasado cuatro horas dedicadas al deleite de sabores, olores, aromas, texturas y buenos temas de conversación. Allí sentimos el placer de vivir en Europa y se abrieron mis antenas aventureras…, quizás para dar algún día el siguiente paso.

Como si nos conociéramos de siempre, nos despedimos con la ilusión de repetir una velada parecida. La “vara” estuvo bien alta. Veremos cómo será la próxima.

Agradecimos por abrirnos las puertas de su casa y de su corazón.

Pilar Balcázar

Octubre, 2021

10 Comentarios
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10 Comentarios

EDUARDO JIMENEZ 6 noviembre, 2021 - 6:43 am

Hermosa historia. ¡Gracias!

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César Augsuto Torres Hurtado 6 noviembre, 2021 - 7:26 am

Pilar. No soy de un paladar de tanto nivel, por el contrario. Pero tu relato fue tan natural y espontáneo que me hiciste provocar y lamentar no sacarle ese gusto que claramente disfrutaste en compañía del hombre amado y unos amigos. Los felicito y que agradable viaje realizaron. Un abrazo.

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Jaime López Vélez 6 noviembre, 2021 - 7:51 am

Voy a necesitar el “bajativo”, aun sin habar probado tan deliciosos manjares. Esas descripciones vuelven agua la boca y sensibilizan las papilas.
Gracias por compartir. Y que se repita.
Cordial saludo

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Hernando+Bernal+A. 6 noviembre, 2021 - 11:02 am

Qué hermosura de narración. Nos has hecho padalear todas la viandas, de nivel altísimo en la cuisine francesa y europea, e intuir la amigable y calurosa conversación de la entremesa. Gracias y felicitaciones por la memoria compartida de tan apetitoso encuentro. Saludos.

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Jorge+Luis+Puerta 6 noviembre, 2021 - 11:36 am

Pilar: tan buena es tu descripción que me dieron ganas de probar todos y cada uno de los platillos del almuerzo…así como de curiosidad por los temas conversados…

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Jesús Ferro Bayona 6 noviembre, 2021 - 9:34 pm

Pilar:Me hiciste recordar con las papilas gustativas los platos que comí cuando vivía dichosamente en Francia.

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Marcela Olivas 8 noviembre, 2021 - 6:15 am

PILAR, qué delicias y qué bien descritas. Muy agradable y provocador. Abrazo

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Guillermo Estrada 8 noviembre, 2021 - 7:36 am

Felicitaciones Pilar… que buen estilo para relatar momentos inolvidables… Gracias por compartir

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Elsa Marina Acosta Torres 8 noviembre, 2021 - 11:40 am

Pili, qué delicia de descripción y disfrute de cada bocado❗

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Edmundo+Pérez+G. 8 noviembre, 2021 - 11:45 am

Pilar:
¡Excepcionalmente entrañable!

EPérez

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