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Coalicion de la esperanza

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¿Hay alguna esperanza de recuperar el Congreso de la República? Junto con los partidos políticos es una de las instituciones más desprestigiadas del país, con un nivel de rechazo similar al del ELN o la Venezuela de Maduro, pues según las encuestas de Polimétrica casi 9 de cada 10 colombianos tienen una opinión desfavorable del Congreso y de los partidos que lo conforman.

Un Congreso desprestigiado… por buenas razones

No es gratuita esa imagen tan negativa, aunque si muy injusta con los buenos y honestos parlamentarios, que también los hay. Sin embargo, son tantos los escándalos en que están involucrados congresistas, tan numerosas las ocasiones en que el Congreso le ha fallado al país en aprobar reformas indispensables, tan ineficaz su labor de control político para mantener el equilibrio de poderes, tan bajito el nivel de sus directivas, tan costosos los privilegios injustificados que ellos mismos se decretan, tan evidente la incapacidad de autorreformarse, que lo sorprendente es que todavía haya un 16 % de personas que piensen bien de esa institución.

Basta recordar algunas historias conocidas del funcionamiento del Congreso para ilustrar estas afirmaciones. Empezando por la forma como se hacen elegir los honorables representantes con el voto preferente: un caso, lo que se conoció como el escándalo de la parapolítica cuando, en el gobierno del presidente que compró a congresistas para que le aprobaran su reelección, 35% de los parlamentarios fueron elegidos en alianza con los paramilitares. Otro, la maquinaria de compra de votos de Aida Merlano junto con las casas Gerlein y Char en la costa atlántica, y se podrían citar muchos más.

Por supuesto, hacerse elegir de esa manera tiene un alto costo que se financia robándose los recursos públicos, bien sea tomándose el control de entidades que manejan grandes presupuestos, como las del sector salud, gestionando contratos millonarios para pagar a sus financiadores o cobrando directamente comisiones por tramitar o impedir que se tramiten leyes. 

Una vez elegidos, y recibiendo unos ingresos mayores que los del 99 % de los colombianos, además de gabelas como vacaciones pagas por cuatro meses, camionetas blindadas, escoltas, pasajes y viáticos, y más de $600 millones al año para sus Unidades de Trabajo Legislativo, varios congresistas (no todos, porque repito que otros son muy responsables) no hacen nada diferente de cuidar sus feudos electorales y atender sus negocios personales. A algunos ni siquiera se les ha oído la voz en ningún debate.

Más allá de los casos personales de unos cuantos, el hecho es que la institución no funciona bien. El Congreso no ha sido capaz de aprobar las grandes reformas que requiere el país, como la de la justicia, la rural integral, la de ordenamiento territorial, la pensional o la electoral; reformas tributarias sí ha aprobado demasiadas, pero nunca la estructural tantas veces recomendada por expertos, sino farragosos textos llenos de exenciones y gabelas impulsadas por lobistas profesionales.

Tampoco ha sido capaz de legislar en temas tan vitales como la eutanasia y el aborto, que han debido ser resueltos por la Corte Constitucional, ni ejercer ninguna labor de control político, con una ineficaz comisión de Acusaciones (Absoluciones) o una comisión de Ética presidida por un parlamentario acusado de casos de corrupción.

Sí hay Esperanza de renovación

A pesar de esta lamentable realidad, un buen Congreso es indispensable para el buen funcionamiento de un sistema de democracia representativa. Por eso, no hay que perder la esperanza de que pueda cambiarse, para lo cual es indispensable votar en las próximas elecciones parlamentarias y escoger bien los partidos y candidatos que se quiere apoyar, para lograr una mayoría de bancadas comprometidas con el cambio que necesita el país.

Tarjetón para la votación de Senado 2022 – Registraduría Nacional

Una de las causas de la situación actual es el complicado y confuso sistema electoral. 88 % de las personas no recuerdan por quién votaron para el Congreso en las últimas elecciones y faltando pocos días para ir a las urnas muchos no saben por quién van a votar y, lo que es peor, no saben cómo hacerlo. 

El tarjetón en el que deben marcar su elección es abstruso y complicado, con 16 opciones de partidos o movimientos, la mitad de los cuales a su vez tienen 100 casillas para escoger. Requiere, por tanto, un cuaderno de instrucciones para identificar a los candidatos. En las mesas de votación se lo proporcionarán, pero es un cuaderno de 26 páginas con 934 fotografías y nombres de candidatos. Reformar ese complejo sistema es una de las tareas que debería acometer el próximo Congreso.

Afortunadamente, dentro de ese galimatías de candidatos hay nombres excelentes de personas con conocimiento del Estado, experiencia y, sobre todo, compromiso y ganas de cambiar las cosas que, además, pertenecen a partidos también comprometidos con conformar una bancada parlamentaria que no solo sea el apoyo del próximo gobierno del cambio, sino que están dispuestas a renovar el Congreso. 

Empezando por la escogencia de partido, mi opinión personal es que la mejor esperanza de un cambio del Congreso es la lista de la Coalición Centro Esperanza. En la lista para el Senado, para no citar sino unos cuantos de sus integrantes, se encuentran veteranos como Humberto de la Calle, Iván Marulanda o Guido Echeverry, que son garantía de seriedad, profundidad en los debates y ponderación en el análisis de las reformas por realizar. Por otra parte, jóvenes como Miguel Samper, Michel Maya, Gustavo García, Ariel Ávila o Jaime Hernández, son el impulso de aire fresco necesario para llevarlas a cabo.

En cuanto a la elección de representantes a la Cámara, la Coalición Centro Esperanza también tiene listas en la mayoría de departamentos con excelentes candidatos, pero es imposible mencionarlos acá.

Solo si elegimos bancadas parlamentarias comprometidas con el cambio y conformadas por buenos candidatos habrá esperanza de reformar el Congreso.

Mauricio Cabrera Galvis

Publicado en la revista Cambio

Marzo, 2022

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Por Jorge Luis Puerta
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A pesar de la distancia (llevo viviendo 40 años en el Perú), soy consciente y mis cuatro hijos también, de que estas elecciones presidenciales son cruciales para el porvenir de Colombia. Por eso, nos hemos prometido (nunca lo habíamos hecho antes) que, estemos donde estemos, votaremos.

Yo votaría por la Coalición de la Esperanza. Me basta una razón: la presencia siempre potente, discreta, coherente, de Humberto de la Calle. Su compromiso con la Paz Grande ‒como la llama Pacho de Roux‒ en todos estos años, pasara lo que pasara en la política colombiana, es la base que él ha venido tallando para su imagen de estadista, de ciudadano comprometido que se ha evidenciado dramáticamente en estas últimas semanas, al aceptar ser senador antes que aspirante a la presidencia, siendo él el más presidenciable de todos: una muestra más de su generosidad, de su vocación por el país, aunque se sienta hoy “atrapado por las circunstancias”, como declaró a El País (de España) recientemente.

Yo seguiré apostando por la generación de un espacio político de centro sólido, representativo de tantos sueños colombianos fracasados secularmente.

Aunque Ingrid Betancourt ‒siempre me ha marcado su imagen narcisista y pueril‒ haya hecho estallar la frágil alianza llamada Coalición de la Esperanza.

Aunque haya discursos que invalidan los términos derecha, izquierda y centro, por considerar que actualmente la realidad es mucho más compleja que en el siglo XX. 

Aunque Isaiah Berlin, al reconocerse como un liberal de centro, los definía cínicamente como “centristas miserables, moderados despreciables, intelectuales escépticos, criptorreaccionarios”.

Aunque ser de centro esté hoy devaluado, 

Creo que la generación de un espacio donde la moderación impere, donde las voces de los ciudadanos de a pie sean oídas, donde la formación de ciudadanía sea una tarea cotidiana, donde la satisfacción de los derechos humanos con la paz al centro sean el objetivo final, le haría un enorme bien a Colombia.

Todo indica que los protagonistas no están aún preparados para subir al escenario y asumir los roles que demanda la creación de la esperanza.

Jorge Luis Puerta

Febrero 2022

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en las próximas elecciones de Colombia

Al aceptar la invitación de mis compañeros exjesuitas para manifestar públicamente mi intención de voto, lo hago con la convicción de querer contribuir al gran esfuerzo del grupo para escucharnos y aprender de la experiencia y los enfoques diversos que tenemos desde nuestra perspectiva y experiencia de vida, cerca o lejos geográficamente de Colombia, como es mi caso personal. Lo hago también para adherir al esfuerzo de construcción de una sociedad mejor, en lugar de tratar de descalificar o copiar insultos o acusaciones sobre los rivales de mis preferencias o sus experiencias del pasado. 

Vivo fuera de Colombia y muy pendiente de la evolución política del mundo, la cual ‒no dudo‒, refleja tendencias que nos afectan de modo indirecto y muchas veces directamente a los colombianos. 

Ante la crisis del modelo de capitalismo salvaje imperante en el mundo occidental y la existencia de modelos exitosos de capitalismo con mayor balance social e inclusión de la diversidad, en Europa occidental y Escandinavia, surgen tendencias similares cercanas a nosotros, como la de Chile, en donde una juventud preparada se está haciendo cargo estos días de los problemas y tensiones de nuestro tiempo, con una visión diferente y contemporánea, que no pretende ganar las batallas de los mayores, sino que desea transformaciones más radicales, que incorporen el pasado en un horizonte nuevo y llaman a participar a los ayer adversarios y a los temerosos, sin aparentemente dar un salto al vacío, tan temido por todos.¹

Al compartir mi opinión, me fijaré no solo en las propuestas hacia el futuro que haga el grupo y/o candidato de mi preferencia, sino también en los valores y principios demostrados en el pasado por ese grupo o persona, con los cuales estoy de acuerdo que deben acompañarlo en la solución de la situación actual de mi país y hacia donde quieren llevarlo con su liderazgo como presidente.

Mi reflexión sobre el momento político actual de Colombia, en el cual aparecen “coaliciones” de ideas y personas detrás de un programa “macro” de gobierno, es que estas reflejan una desilusión y un deseo de cambio de rumbo general de la sociedad ante las debilidades del sistema bipartidista extremo, en el cual nacimos, o las recientes alianzas y maquinarias electorales de derecha o de izquierda extrema ideológica. Creo en las coaliciones de hoy basadas en principios de construcción hacia el futuro, las cuales deben ofrecernos acceso y posibilidad de apoyarnos a quienes queramos (provengamos o no de grupos o maquinarias políticas anteriores). 

El hecho de que varios precandidatos presidenciales se unan para establecer una coalición en una u otra dirección me asegura de cierta forma que quien sea definido en una primera selección democrática, por una u otra coalición, tendrá el apoyo y la identidad de principios con otras personas en principios macro de orientación de nuestra sociedad para los próximos cuatro años y en el apoyo a propuestas de gobierno que integran iniciativas de posibles precandidatos en un candidato común. 

Los valores y propuestas por los cuales estoy inclinándome a adherir con mi voto son: 

  • Una recuperación de la confianza de la ciudadanía en la democracia a través de una lucha frontal contra la corrupción, la compra de votos y el clientelismo en la manera de gobernar a nuestro país a nivel nacional, departamental y municipal.
  • Esa recuperación de la confianza se propone hacerla a través del incremento del acceso de toda la población (y especialmente de quienes han estado más alejados) al voto limpio y a los mecanismos de participación ciudadana y a través de cambios profundos del sistema electoral, la financiación de campañas y el innegable clientelismo que se ha enraizado en lo profundo de nuestra administración pública. 
  • Esa confianza en la democracia propone también un sistema de equilibrio de los poderes que respeta las tareas de legislar, ejecutar y fiscalizar con real independencia de los órganos de control. Igualmente, ese retorno a la confianza supone la posibilidad de proteger la libertad de prensa, la expresión de la oposición y la apertura permanente al diálogo con todos los estamentos de la sociedad.
  • Esa misma confianza debe verse reflejada en una sociedad segura y sin miedo, donde la seguridad para todos los niveles de ciudadanos la garantice el Estado en un esfuerzo coordinado con la ciudadanía y con una clara y nueva política de drogas, con un énfasis en la salud pública y el respeto de los ciudadanos.
  • Me inclino a votar por un grupo y persona que se comprometan con la implementación plena del Acuerdo de Paz en todos sus aspectos y todos sus compromisos.
  • La propuesta por la que me inclino a votar promete defender y garantizar, con medidas concretas de acción, los derechos y libertades de todos, sin discriminar o estigmatizar por razones de género, etnia, clase social, edad, religión, orientación sexual o identidad de género o nacionalidad, privilegiando la intervención a favor de poblaciones y territorios en condiciones de pobreza y vulnerabilidad e incluyendo el reconocimiento de las mujeres como ciudadanas autónomas, independientemente de su estado civil, en pleno ejercicio de sus derechos.
  • Me inclino a votar por un grupo y persona que se comprometa a ejecutar acciones para hacer de la educación el punto de encuentro para la equidad de los colombianos, promoviendo el derecho y el acceso a la educación pública de calidad, universal y gratuita.
  • Creo en el papel redistributivo del Estado para generar equidad en la salud, la educación, los derechos laborales y la eliminación de muchas exenciones e inequidades del sistema actual. Creo en la regulación de mercados monopólicos, la inversión en ciencia y tecnología y la política industrial para la recomposición y diversificación de la oferta exportadora. 
  • Por último, me inclino a votar por un grupo que se comprometa con una transición energética rápida de una dependencia de los hidrocarburos a la defensa del agua y desarrollo sostenible, protegiendo la biodiversidad y preparándonos para el cambio climático.
  • Entrando a la persona que por sus valores, trayectoria y preparación pienso que reúne las características ideológicas, experiencia demostrada y ejecuciones consistentes con estos principios, estoy inclinado a dar mi voto por el candidato Alejandro Gaviria, de la Coalición de la Esperanza, a cuya propuesta básica adhiero y con cuyo ideario, creencias, trayectoria y opiniones políticas me identifico plenamente.² 

¹ Errejón, Íñigo (2022). Boric, a hombros de gigantes para mirar el futuro. El País, enero 29. https://elpais.com/opinion/2022-01-30/boric-a-hombros-de-gigantes-para-mirar-al-futuro.html

² Gaviria, Alejandro (2021), Un ideario en 60 puntos. Agosto 27. https://agaviria.co/blog/2021/08/un-ideario-en-60-puntos.html

Darío Gamboa

Febrero 2022

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El tema de las preferencias políticas es de enorme importancia y enorme complejidad. Es necesario enfrentarlo en dos niveles, que en cierta forma son diferentes: el de las ideas y el de las personas (o sea, los candidatos y sus grupos o partidos), aunque al final los dos niveles convergen en uno solo, cuando se llega el momento de depositar el voto en la urna. 

Pienso que América Latina se debate en este momento histórico en el tema de la igualdad y la equidad y que la polarización se centra en las posibles maneras de desatar este nudo gordiano. En gran medida los niveles de desigualdad y de diferencia en los ingresos han sido el resultado de un liberalismo económico desbordado, que propende por el incremento del producto bruto interno de los países (crecimiento económico), solo a través de las leyes del mercado, pero no por la distribución, utilización y usufructo de dicho bienes y servicios en forma equitativa para la sociedad. 

Dicho en términos populares, “cada vez más los pocos ricos son más ricos y los muchos pobres son cada vez más pobres”. Esto se debe a la consagración del dogma de la reproducción y concentración del capital como característica inalienable, una idea consagrada por el neoliberalismo o el liberalismo salvaje. Además, la globalización incrementó las diferencias en la productividad del capital, en razón del atraso tecnológico de nuestros países, debido a las raíces históricas e ideológicas que desafortunadamente heredamos de nuestra colonización y de los subsiguientes procesos libertarios, torpemente realizados por nuestras elites políticas, que nos han puesto en desventaja de competitividad con otros países y regiones del mundo.

En este panorama se incrementa la falsa esperanza en un líder que sea capaz de sacar adelante al país. Líder que las grandes masas consideran que es imposible que lo produzca la burguesía tradicional, como fue lo propio en los siglos anteriores. Por esa razón, un país económica y culturalmente más avanzado, como lo fue Chile, estrena como presidente una personalidad nueva, con dinámicas contrastantes muy profundas en contra del liderazgo desarrollista reconocido a nivel latinoamericano y que guio gran parte de los procesos económicos de posguerra en el continente a través de la Comisión Económica para la América Latina (CEPAL). 

Por esta misma razón Perú, país con indicadores económicos muy promisorios y con una multiculturalidad muy compleja, también elige a un maestro de escuela de una población minúscula y desconocida, pero él mismo (posiblemente muy inteligente) con escasa formación académica. Y en el contexto de estas elecciones democráticas y populares está el telón elaborado por ese embeleco que llaman “socialismo bolivariano”, que produce realidades tan crueles y lamentables como Venezuela y Nicaragua, y otras que tienen que ser recuperadas en lo posible, como es el caso de lo que se espera que pueda ocurrir en Ecuador y Bolivia. 

Siguiendo el ejemplo de lo sucedido en Chile es muy posible que en las elecciones de este año en Colombia veamos finalmente enfrentados a los dos polos opuestos, con altas probabilidades de que la balanza se incline hacia la izquierda beligerante. Parecen efímeras y débiles las coaliciones políticas, tanto de centro izquierda como de centro derecha. 

Para mí, es preocupante que pierda fuerza la Coalición de la Esperanza, que consideraría de mis preferencias, porque en ella se conjugaría la veteranía y la experiencia de quien logró un acuerdo de paz, conjuntamente con el vigor en sus herederos, de quien soñó y trabajó por un nuevo liberalismo, reforzado por quienes propenden por una economía verde y circular, dinamizado además por la experiencia de dirigentes que han ejercido con voluntad y sacrificio diferentes cargos públicos, sin desconocer asimismo que puedan participar académicos con posiciones ideológicas utopistas. 

Espero que puedan limar sus diferencias, acordar unos principios y valores comunes y en especial trabajar con liderazgo de equipo, mancomunadamente –si llegan al poder–, deponiendo hasta lo posible los egos exaltados que a veces los caracterizan.

Hernando Bernal Alarcón

Febrero, 2022

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Definidas ya las listas al Congreso de los distintos partidos y movimientos políticos, y entregadas las firmas recolectadas por los precandidatos a la presidencia que se inscribirán con este respaldo, empieza a aclararse el panorama electoral, lo que permite arriesgarse a hacer unas cuantas cábalas, aunque todavía quedan cuestiones importantes por resolver.

En la Coalición de la Esperanza ya están definidas las cartas: seis precandidatos (Amaya, Cristo, Fajardo, Galán, Gaviria y Robledo, en orden alfabético), con unidad de principios programáticos y que trabajan en conformar un equipo de gobierno con un programa común que desarrollaría cualquiera que fuera elegido y con el apoyo de los demás. Desafortunadamente, no lograron tener una lista única al Congreso ‒por la equivocada decisión del Nuevo Liberalismo‒; los debates internos de los verdes están haciendo un ruido innecesario.

Por el contrario, en la coalición de centro derecha la situación es todavía muy confusa. No se sabe si al candidato del Centro Democrático lo van a dejar entrar a esa consulta. No parece haber mucho ambiente entre los otros precandidatos de esta coalición para recibirlo; solo el partido conservador lo apoya de manera abierta, mientras que Echeverry y Peñalosa se oponen y Gutiérrez enfrenta un serio dilema: a pesar de sus claras afinidades ideológicas con el CD, teme que con Zuluaga en la consulta se dividiría el voto de la derecha y se reducirían mucho sus posibilidades de ganarla.

En cuanto a principios y programas, las diferencias en muchos temas que han surgido en los debates han mostrado que, a pesar del nombre, en esa coalición no hay equipo ni programa común; es una alianza temporal de matices de la derecha con el único propósito de evitar que el centro izquierda llegue al poder.

En el Pacto Histórico está todo más definido. Con unas pocas discrepancias y críticas se conformaron las listas únicas al Congreso, cerradas y cremallera, y hasta se sabe ya quién ganará la consulta. El único interrogante es quién será la formula vicepresidencial de Petro.

En cuanto a las cábalas, todo indica que por el alto nivel de desaprobación del gobierno los partidos que lo han apoyado (CD, Conservador, Cambio Radical, la U y el Liberal) van a perder curules en el Congreso, las cuales serán ganadas por los partidos de oposición. La situación más preocupante es la de los restos del partido Liberal, que no tiene candidato presidencial ni está todavía en ninguna consulta, lo que le quitará fuerza en las elecciones al Congreso.

Para las elecciones presidenciales las encuestas muestran que a Petro no le alcanzará la votación para ganar en la primera vuelta, pero es casi seguro que pasa a la segunda. No es claro todavía quién sería su contrincante. Lo que sí se sabe es que la probabilidad de que el ganador sea Petro es mucho mayor si se enfrenta a un candidato de la derecha y con el apoyo del gobierno. Solo un candidato de la coalición de la Esperanza puede derrotarlo.

Mauricio Cabrera Galvis

Diciembre, 2021

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Ante la postración de los partidos políticos, hacer coaliciones interpartidistas se convirtió en el método preferido para seleccionar candidatos a la presidencia. Ya se están consolidando tres que abarcan todo el espectro político, la izquierda, el centro y la derecha: la del Pacto Histórico, la Coalición de la Esperanza y la de la Experiencia. Las tres son muy diferentes y, salvo la primera que ya está muy definida, las otras dos todavía tienen pendientes por resolver.

La Coalición de la Esperanza es una coalición de líderes políticos progresistas (De la Calle, Fajardo, Cristo, Robledo y Galán) –que podrían definirse como de centro izquierda– que ha tratado de construirse a partir de coincidencias ideológicas y programáticas, con el objetivo de conformar un equipo de gobierno duradero que logre el cambio social que necesita el país. Para ello pretenden presentar listas únicas para las elecciones parlamentarias.

Acordados sus principios y objetivos políticos en el documento de Bases Programáticas, la Coalición de la Esperanza tiene el reto de consolidar el centro progresista para lo cual es indispensable la participación de Alejandro Gaviria y que el Nuevo Liberalismo deje atrás ambiciones personalistas y ratifique su permanencia allí. El cónclave propuesto por el exministro Cristo que se reúne este domingo es definitivo para este propósito.

La Coalición de la Experiencia, o Equipo Colombia, es un intento de coalición totalmente diferente. Sin unidad ideológica ni programática, los precandidatos que la han integrado tienen en común la experiencia administrativa y el apoyo al actual gobierno, pero con orientaciones tan distintas como el conservatismo progresista de Echeverry, el neoliberalismo con tinte social de Peñalosa, la preocupación de Dilian por la situación social, la seguridad democrática de Gutiérrez, la indefinición ideológica de Char o el conservatismo tradicional de Barguil.

La unión de este diverso conjunto de políticos parece más una estrategia de corto plazo, sin intenciones de mantenerse unidos en el futuro. Por eso, los que pertenecen a partidos políticos presentarán listas propias para el Congreso, pues su interés es mantener bancadas parlamentarias numerosas que les permitan negociar con el próximo gobierno, cualquiera que sea.

Los grandes perdedores de este proceso de coaliciones son el Centro Democrático (CD) y el Partido Liberal. El CD, además de sus peleas internas por la escogencia de Zuluaga, pasó de ser el centro del poder y el elector de presidentes, a tener que mendigar que lo reciban en el Equipo Colombia, donde tienen temor de que la participación del uribismo sea una carta perdedora. Si no lo reciben, tendrá que armar una consulta con los pastores cristianos.

El ala clientelista del Partido Liberal fue rechazada de plano en la de la Esperanza, pero si sería recibido con gusto en la de la Experiencia, donde no tendría un candidato ganador, pero si mantendría sus listas propias al Congreso. El problema es que así confirmaría que perdió la vocación de poder y que giró a la derecha, dejando de ser una coalición de matices de izquierda como lo definió Carlos Lleras y lo dicen sus estatutos.

*          *          *

Adenda: En el quinto aniversario de la firma del histórico Acuerdo de Paz con las Farc, a pesar de los múltiples intentos de sus enemigos de torpedearlo, cada día resuenan más alto las consignas de los defensores de la Paz: ¡La Paz no tiene reversa! ¡Por la Paz, ni un paso atrás!

Mauricio Cabrera

Noviembre, 2021

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La dificultad más grande que tiene el centro progresista para conformar su coalición es el interés de algunos de los partidos o movimientos de tener listas propias para el Senado y la Cámara en las próximas elecciones. No porque los candidatos necesiten del apoyo de esas listas, sino porque esos partidos necesitan de un buen candidato que las jalone.

La Coalición de la Esperanza anunció desde hace meses su propósito de presentar listas únicas para el Congreso y se ha propuesto la magnífica idea de que Humberto de la Calle sea la cabeza de la lista al Senado, lo cual sería un gran aporte para elevar la calidad del parlamento. Sin embargo, aún no se logra el consenso total porque hay intereses divergentes dentro de la Coalición.

Lo que se sabe hasta ahora es que el Polo del senador Robledo, el movimiento En Marcha del exministro Cristo y el Compromiso Ciudadano de Fajardo están comprometidos con la lista única y trabajando duro para conformarla. La división de los Verdes entre los que quieren permanecer en la Coalición y los que prefieren a Petro generó muchas dificultades, pero la decisión de dar libertad a sus militantes de apoyar al que quieran puede zanjar la discusión, aunque todavía no se sabe si algunos podrían inscribirse en la lista del Pacto Histórico.

Un problema adicional surgió con la personería jurídica del Nuevo Liberalismo y los distintos intereses de los hermanos Galán. Juan Manuel está metido de lleno en la Coalición, y las encuestas le dan el segundo lugar entre ese grupo de aspirantes a la presidencia. Pero el objetivo de Carlos Fernando es la Alcaldía de Bogotá y no le conviene estar en la Coalición con los verdes de Claudia López; además, le interesa tener listas propias, sobre todo para la Cámara por Bogotá.

El tema de las listas también era uno de los factores más fuertes que impedían la entrada de Alejandro Gaviria a la Coalición con el apoyo del partido Liberal. El objetivo inmediato de la dirección de ese partido no era tanto ganar la presidencia –lo que era muy poco probable– sino mantener una bancada parlamentaria numerosa que le permitiera negociar con el próximo gobierno, sin importar su orientación política. Es el pragmatismo político que los llevó a apoyar al gobierno actual.

La realidad es que lo que queda del partido Liberal necesitaba más a Alejandro Gaviria, que lo contrario, pues un candidato de sus calidades daría un gran impulso a sus listas al Congreso. Pero ese objetivo de tener listas propias era un gran obstáculo para entrar como partido a la Coalición y hacer parte de una lista única.

En buena hora Alejandro decidió continuar buscando un acuerdo para participar en la Coalición de la Esperanza; el conclave convocado por Juan Fernando Cristo es la oportunidad para lograrlo y para que con esa unión el país pueda tener un gobierno de centro progresista.

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Adenda: Pasó el segundo día sin IVA y la DIAN sigue sin informar el menor recaudo tributario que generó el primero. Peor aún, todavía no se conoce el costo fiscal de los días sin IVA del año pasado. La inutilidad de estos costosos mecanismos para incentivar el consumo es evidente cuando el consumo de los hogares está creciendo a una sorprendente tasa del 20 % anual

Mauricio Cabrera Galvis

Noviembre, 2021

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