Home ¿En qué creo hoy? Bobadas mías(2)- Ser cristiano en la época de la sinodalidad.

Bobadas mías(2)- Ser cristiano en la época de la sinodalidad.

Por Hernando Bernal Alarcón
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Normalmente me hago al pensamiento de que soy católico. Pero posiblemente, considerando las formas tradicionales que heredé de mis padres y de mi familia, en general siento que tengo que calificar esta afirmación y reconocer que solo soy cristiano.

Mantengo la fe en los sacramentos como medios provistos por la fe para la remisión de los pecados y para el logro de la comunicación con Dios, tanto en esta vida como en una esperanzadora vida más allá de la muerte. Pero no los practico con constancia y con regularidad. Tampoco me opongo a que otros lo hagan y los respeto y admiro por su adherencia a los caminos de la fe. 

Leo con frecuencia los evangelios y encuentro de enorme ayuda algunos libros sobre espiritualidad, especialmente en el marco de la tradición de la Compañía de Jesús. Escucho con intensidad y devoción la misa dominical, que seguimos conjuntamente con mi mujer, ahora en esta época avanzada de nuestras vidas, en forma virtual a través de los medios.

Rezamos con frecuencia el rosario, sin sentirnos culpables cuando pasan días en que no lo podamos hacer, así sea en los meses que propicia la predicación litúrgica para hacerlo. Considero la liturgia como la concreción del arte y la praxis religiosa y me ufano de tener como hobby personal el culto y la audición de la música sacra, donde los clásicos, especialmente de origen protestante, dejaron oratorios extraordinarios sobre los textos, figuras y eventos de la sagrada escritura. 

Con mi mujer además, tenemos dudas sobre asuntos relacionados con el aborto y la eutanasia, con la prohibición de los anticonceptivos, con el no-matrimonio de los clérigos, y no consideramos importantes muchas devociones que practicaron nuestros padres en relación con novenarios, horas santas, precesiones, trisagios, ayunos y abstinencias, vigilias de adviento, cuaresma y semana santa, según el calendario litúrgico, y que en alguna oportunidad de mis escritos califiqué como catolicidad a rajatabla.

No niego tampoco mi escepticismo sobre algunos asuntos referentes a la interpretación de los dogmas, tales como la devoción exagerada a las miles de formas que se le dan a María y al culto de los santos, las interpretaciones teológicas de la construcción de los sacramentos con bases escriturísticas, el profundo significado dado al pecado original como elemento fundante de la debilidad y de las limitaciones humanas, la construcción institucional de la Iglesia como cuerpo místico de Cristo según la interpretación paulina, la interpretación mística asignada a la castidad y su imposición sobre los llamados a la consagración sacerdotal y religiosa; la negación dogmática de la ordenación de personas pertenecientes al género femenino, la infalibilidad papal y la autoridad de solo los obispos como sucesores directos de los apóstoles en la interpretación de los evangelios; la catolicidad solo aceptada en su dependencia al primado de Roma con sus exigencias e imposiciones en asuntos tales como la negación de la comunión para los divorciados, la indisolubilidad del matrimonio y las posiciones relacionadas con los miembros de las comunidades LGTBI. 

Posiblemente por estas razones aprecio tanto la presencia y la figura del Papa Francisco, por quien siento no solo un gran cariño y respeto sino también une profunda afinidad por nuestra condición generacional –nos llevamos poquitos meses de edad– por nuestra formación en la Compañía, y por la forma como quiere conducir la Iglesia. Muestra un profundo sentido de la misericordia divina con la humanidad, con una enorme humildad, y con una decisión de abrir las puertas de una iglesia compasiva a todos los seres humanos, independientemente de su posición social, económica y religiosa, pero con preferencia por los más desfavorecidos. Esos a los que ahora damos múltiples adjetivos: discapacitados, “vulnerables”, marginados, diferentes, y que, según el evangelio solo son “los pobres”, quienes siempre están entre nosotros. 

Y con esto llego al meollo de esta segunda entrega de las bobadas mías, pues me preocupa intensamente la profunda reacción en contra del Sínodo de la Sinodalidad que se ha convocado en Roma durante este mes de Octubre de 2023. Reacción no generalizada, pero sí muy radical, por parte de los sectores más tradicionales de la Iglesia Católica. No se ha publicado mucho en los medios y se han querido crear cortinas de humo sobre el sentido y los problemas surgidos alrededor de este acontecimiento.

La palabra sínodo significa caminar en conjunto. Y la sinodalidad -un neologismo- se refiere, según el Papa, a aquellos efectos esperados cuando la comunidad camina en conjunto, define posiciones y diseña cambios concertados que se deben hacer visibles en esa proyección hacia adelante que es la meta de todo buen camino.

El Papa espera que la Iglesia tenga no solo un bello ropaje, sencillo y actualizado según los requerimientos de los tiempos actuales, sino que actualice en sus creencias y valores el mensaje prístino del evangelio para hacerlo más asequible y aceptable por toda la humanidad, en relación con temas como el matrimonio sacerdotal, la ordenación de las mujeres, la bendición (que no sacramento) de parejas del mismo sexo y el perdón colectivo de los pecados, no solo a través de la confesión individual.  

De ser así, se estaría afectando, según los cinco cardenales opositores procedentes de Alemania, USA, México, China y Africa, el “depósito de la fe” que es inmodificable y cuya conservación e interpretación es la tarea única del Papa como pastor universal, representante de Cristo y cabeza única de la Iglesia. 

Por lo tanto el Papa Francisco –dicen los cardenales que suscriben el documento sobre asuntos dudosos– debe formular con anticipación a toda discusión un pronunciamiento doctrinal y dogmático sobre estos cinco temas, los cuales pudieran ser materia de estudio y análisis, pero no materia de definición. Tanto más cuanto en el sínodo no solo participan los Obispos, quienes como sucesores de los apóstoles tienen la única potestad de formular la doctrina, sino otros fieles del pueblo de Dios –inclusive laicos– a quienes no cobija el ejercicio de dicha autoridad.

Así pues, el dilema para el Papa Francisco es o defender la sinodalidad tal como él la entiende y considera necesaria para la transformación de la estructura piramidal de la Iglesia, o aceptar la visión tradicional y confirmar la verticalidad a ultranza como única fuente de preservación del “tesoro de la fe”. 

Si el Espíritu Santo lo ilumina para confirmar los beneficios de la sinodalidad, entraríamos en una situación real de cambio, en la cual podrían definirse apropiadamente muchos de los problemas y dilemas mencionados anteriormente. Sería realmente un cambio de época histórica en la Iglesia.

Posiblemente son solo “bobadas mías” y por lo tanto, personalmente tenga que seguir en la situación ambivalente de ser solo cristiano o de confesarme católico sin serlo realmente. Alternativa que me atrevo a creer sería predominante en una porción muy considerable del pueblo de Dios, según sea la fuerza con la cual la voluntad humana permita actuar al Espíritu Santo, tal como ocurrió en el instante mismo de la encarnación.

Hernando Bernal Alarcón

Octubre, 2023

8 Comentarios
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8 Comentarios

Gonzalo Bernal-Hoyos 1 noviembre, 2023 - 6:05 am

Muy ilustrativa e interesante la disertación sobre el sínodo y la sinodalidad y la explicación de porqué se considera cristiano a secas.
Si no se implementan los cambios propuestos por el papa Francisco, el futuro de la Iglesia de Roma sería incierto.

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Vicente Alcalá 1 noviembre, 2023 - 7:26 am

Hernando, no es cualquier “bobada” cuestionarnos quė tan cristianos y “universales” somos, y menos bobada dar respuesta a los cuestionamientos que la sociedad actual plantea a las Iglesias y otras religiones.

Respuesta
Hernando Bernal Alarcón 1 noviembre, 2023 - 7:40 am

Vicente y Gonzalo: Muchas gracias por sux comentarios. Ser Cristiano en el momento actual es un reto que uno asume con enorme decisión y entereza. Ser católico es todavía más complejo en función de la necesidad de apoyar los virajes que quiere dar nuestro Papa Francisco. Saludos. Hernando

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César Vallejo Mejía 1 noviembre, 2023 - 11:55 am

Mil gracias Hernando por tu excelente testimonio. Yo he ido llegando a la conclusión de que lo importante no es definir si uno es católico, cristiano, judío, mahometano, budista, sintoísta, etc.etc. sino practicar la religión que le permite unirse más a Dios, sin dejar que los dogmas y las pautas morales de lo institucional se atraviesen. Las religiones no son caminos de conocimiento ni epistemologías para llegar a la verdad. No están en la dimensión de la razón, sino en la dimensión de la fé, y en ese sentido no hay que preocuparse de si lo que dicen es o no es verdad, mientras no vayan contra la dignidad y el potencial de crecimiento de los seres humanos, es decir, mientras no sean absurdas. No son fuente ni método de conocimiento de lo que es verdad. Son vínculos que nos unen, nos relacionan íntimamente con el SER SUPREMO, de QUIEN lo más claro que sabemos es que es AMOR!.

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Dario Gamboa 1 noviembre, 2023 - 11:59 am

Me adhiero a tu comentario plenamente Cesar! Lo importante no es la etiqueta sino lo que siente y cree cada uno que es su conexión con su interior y su trascendencia. Gracias por tu comentario.

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Hernando+Bernal+A. 1 noviembre, 2023 - 3:08 pm

COMENTARIO DEE JAIME ESCOBAR: yo también tengo mis bobadas….
Apreciado Hernando. Eres otro candidato a “la hoguera” donde ya varios se han quemado… Impresionante catálogo de “Dubia” ante lo cual reafirmo mi “Fe de carbonero”. “Creo en ti Señor, no quede yo confundido para siempre”. Creo conocer un poco la manera de pensar de Burke, al parecer “cabecilla” de los opositores al Papa Francisco. En uno de los semestres de los posgrados en Derecho Canónico analizamos la sentencia de Burke a quien le da urticaria cada vez que se hable o se refiera a “homosexual” y “homosexualidad”; la sentencia era el caso de petición de nulidad matrimonial de una pareja de bogotanos (él, cura dispensado y ella “muy colaboradora” de la parroquia). Argumento: declarada homosexualidad después de 7 años de matrimonio, sin hijos. Ya te puedes imaginar el dictamen final de la sentencia y el camino recorrido por el tortuoso entramado de las definiciones sobre “enfermedades mentales” de la Asociación Americana del respectivo gremio. Burke y Francisco están en orillas opuestas: rechazo el uno y “acogida” el otro de las diferencias en la concepción del sexo y sus consecuencias prácticas.
Mi “Bobada” es sobre el impropio uso que creo, se hace del concepto de “sinodalidad”. Mi línea de reflexión va de esta manera: “Iglesia” es la transliteración del latín “Ecclesia” y el término es, a su vez, el sustantivo derivado del verbo griego “enkaléo” (ἐνκαλέω); al pie de la letra “estar asociado, involucrado en una convocatoria”; un “llamado”; de ese verbo se deriva el sustantivo “ecclesía” en griego “ἐκλησία” palabra con la que se designaba a los “convocados” por el llamado de la ciudad a sus habitantes para recibir información, tomar decisiones, opinar, buscar consensos, compartir decisiones, crearle posibilidades a la comunidad para el desarrollo de la comunidad. A la asamblea acudían comunidades (fratrías φρατρίαι” no individuos. La Asamblea involucraba a todo ciudadano ateniense; Pericles en la Oración Fúnebre reprocha con acritud a quienes deciden no participar en las Asambleas. Física como metafóricamente a la Asamblea se llegaba “caminando en grupo” (συνοδείν) y metafóricamente, para manifestar y decidir la “marcha presente y futura” de la comunidad. Mi conclusión es que hablar de “Iglesia sinodal” es nada más ni nada menos que un pleonasmo que además de inútil termina siendo “excluyente” y no “vinculante” como se le propone Roma; como si fuera poco, “sínodo” y “sinodalidad” podrían decir algo a nosotros los aficionados a las etimologías pero al común de la gente “sinodalidad” y “sínodo” poco o nada de cuanto se pretende significar con ello, es comprensible en su pleno significado.

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Alberto Echeverri 2 noviembre, 2023 - 1:55 pm

Hernando, es un gusto leer textos bien escritos como los tuyos. Ya he recordado en otra ocasión que de nuestros maestros aprendimos a hacerlos con corrección y procurando que fueran de agradable y aun bella lectura. Una vieja amiga italiana, muerta hace algunos años a sus 90 y tantos, decía siempre que no era católica sino ecuménica. Así me siento yo mismo; aunque la teología me ha servido precisamente para seguirme identificando cristiano y aun reconociendo la validez de la opción católica pero “sin terrorismo” o, como decías tú, sin rajatabla. Un ejemplo de eso: la aclaración del pleonasmo que hay en “iglesia sinodal”, del que hablaba Jaime Escobar. El latín del que me tocaron las últimas lecciones y el griego que aprendí a medio entender (al menos el bíblico) me han ayudado a descucaracharme a tiempo de mucha tonteria semidogmática. Te cuento que estudié, por mero entusiasmo, dos semestres de hebreo con Pedro Ortiz, excelente profesor de esa lengua a diferencia de sus clases de Nuevo Testamento que a ratos eran aburridas (aunque a la larga lo prefería a los que echaban barbacha en lugar de ser sólidos); el cerebro no me dio para mucho más pues a los pocos meses había olvidado lo que había aprendido, al punto de que pretendía leerlo de izquierda a derecha (¡¡!!). A la línea ecuménica me ha ayudado mucho el pertenecer desde hace varios años a un grupo italiano, presente en varios lugares de la península, que se llama SAE, Secretariado de Actividades Ecuménicas; en mi subgrupo de Milán hay muchas “senior” (alias ancianas) como yo (alias anciano) y una que otra más joven; todas son mujeres menos yo pues han muerto los otros dos compañeros. Que sigas con tus bobadas, desafiantes y entusiasmantes. Un abrazo.

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Hernando+Bernal+A. 4 noviembre, 2023 - 4:22 pm

Alberto: Gracias por tu comentario. Viniendo de tí es doblemente valioso. En primer lugar por razones de fraternidad y amistad. En segundo lugar porque tu si tienes un conocimiento y una apropiación muy profunda del pensamiento teológico y me ayudas a valorar lo que realmente significa ser “ecuménico”. Gracias, gracias. Hernando

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