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Nuestro compañero Silvio Zuluaga nos ofreció una amena tertulia en la cual nos presentó una síntesis de sus impresiones y aprendizajes de su viaje reciente a esa ciudad/país, además de un video con magnífica información sobre el lugar. La tertulia incluyó una serie de observaciones y comentarios de los participantes sobre las razones detrás de tantos avances en todos los aspectos de esa gran nación. La presentamos a nuestros lectores para su información.

Exjesuitas en tertulia, Jueves 7 de Marzo, 2024
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Comenzamos esta serie de testimonios personales sobre el legado que nos dejaron los años en la Compañía, en la vida de cada uno, que fue el tema de nuestra tertulia 160. Abre la serie el proponente de la idea, Silvio Zuluaga.

Cuando ahora de viejo me preguntan por qué entré a la Compañía de Jesús, no puedo menos que devanarme los sesos para encontrar la respuesta adecuada. 

Eso hace ya 67 años; fue en 1957, cuando 44 de los 52 millones de los colombianos actuales no habían nacido. Las calles de mi pueblo natal no estaban asfaltadas, sino que eran todavía de piedra. La luz eléctrica llegaba porque la familia Trujillo había instalado una generadora de luz, una Pelton, en una quebrada cercana al pueblo, y yo era un párvulo de doce. 

Como he comentado en varias oportunidades, yo no sentí el llamado de Dios, ni una fuerza imperativa de ayudar a los demás. Estaba muy chiquito para esas elucubraciones tan trascendentales. Y enfatizo la parte de la trascendenciaporque, incluso diez años después de haber entrado a la Compañía de Jesús, un día el Padre Rodolfo Eduardo de Roux me dice: “Hermano Zuluaga, usted es muy buena persona, gran colaborador y servicial, pero usted no transciende”. Y tenía mucha razón, no transciendo, sea lo que sea lo que ese vocablo signifique y represente para muchos.  


Y de tanto forcejear en mi mente,creo que encontré una teoría satisfactoria: entré a la Compañía de Jesús debido a la sofisticada maquinaria de mercadeo de los Jesuitas, teoría confirmada por varios hechos: 

1. Los jesuitas habían identificado y se habían focalizado en un nicho de mercado muy definido y propicio para encontrar seguidores a su causa: familias católicas, practicantes y respetables. Este nicho estaba ubicado en los colegios de los jesuitas y en algunas organizaciones juveniles como los Gonzagas, con multitud de candidatos para escoger. 

2. Dentro de ese nicho, habían definido el perfil de los posibles elegidos, como muy bien lo expresaba Ignacio de Loyola: buscaban niños buenos estudiantes, de modales excelentes y por supuesto, como escribió el fundador de los jesuitas, que no fueran “ni bizcos ni cazcorvos” 

3. Estrategia propagandística intensa, al estilo que se pude lograr hoy con las redes sociales y la Inteligencia Artificial, personalizada y en mi caso dirigida adecuadamente a un niño de diez años a quien el Padre Gonzalo Ortiz le hablaba constantemente de una finca muy bonita donde se pasaban vacaciones agradables llamada Patasía y que era parte del Seminario Menor de los jesuitas en Zipaquirá, en donde se jugaba mucho fútbol. 

Nunca se mencionó la salvación del mundo del pecado, ni la ayuda a la humanidad; las motivaciones correspondían a mis quereres de entonces: fútbol y finca. Jugaba mucho fútbol y mis papás tenía una finca a la que íbamos frecuentemente y estaba llena de animales: gallos y gallinas; patos, un par de cabras Margarita, pavos reales,patos gallinetos gansos y además, tenía un trapiche para moler caña y un beneficiadero de café y guaduales. Allí aprendí a montar a caballo. Era ensoñador para nosotros ir a la finca.  

4.  Los jesuitas, audazmente, supieron aprovechar muy bien además, el prestigio histórico, subyacente en la sociedad, asociado con tener un hijo sacerdote, y más aún jesuita, reavivando el noble imaginario de servir a Dios en una sociedad clerical colombiana, a mediados del siglo pasado. 

En resumen, un nicho de mercado claramente definido;  con un perfil del candidato preciso, una propaganda personalizada, persuasiva e insistente, y finalmente, una sutil estrategia de potenciar el imaginario sublime de tener un hijo sacerdote, me llevaron al Seminario Menor. 

Y así, se alinearon las estrellas para unirme a la Compañía de Jesús, a pesar de que mi papá no me quería dejar ir porque no tenía dinero para pagar la matrícula de $120 mensuales, impase superado por mi abuelita, más rezandera que mis papás, a quien cuando le puse la queja de que mi papá no me quería dejar ir al seminario porque no tenía plata, ella me dijo: “Mijito, dígale a su papá que yo le pago la matrícula.” Y colorín colorado al Seminario Menor del Mortiño fui a dar con una felicidad increíble y volando!!! 

Y digo volando, porque nos fuimos en un avión DC3, moderno para nosotros, pero rezago de la II Guerra Mundial, el cual despegaba una vez a la semana del antiguo aeropuerto Santágueda de Manizales a Bogotá. Para tomar el avión mi papá se tomó unos cuantos brandys de antemano, para superar el miedo que le daba ese novedoso y asustador medio de transporte.

Tanto en el Seminario Menor como luego en el Noviciado, éramos un grupo selecto de personas que iríamos a salvar el mundo. Definitivamente se trataba de un empeño noble, energizante en la lucha mortal contra Satanás, con lo que me sentía muy a gusto. Éramos los buenos y nuestra misión sería la de ayudar a la gente a vivir en el mundo, que era un Valle de Lágrimas.

Mis papás orgullosos de tener un hijo jesuita y yo feliz y pleno.

Ibamos a alejar a las almas del mal – el pecado- para que luego todos, el día del Juicio Final, en compañía del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y de la Virgen María, en medio de la escolta de los siete círculos concéntricos de guardianes del ser supremo: Ángeles, Arcángeles, Principados, Potestades, Virtudes, Dominaciones, Tronos, Querubines y por último los Serafines, quienes se ubicaban en el círculo más cercano a Dios y quienes ardían en el fuego del amor divino y todo en medio de música celestial, disfrutáramos del Cielo, por los siglos de los siglos, Amén.

Silvio Zuluaga

Septiembre, 2023

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Vida de perros

Por Silvio Zuluaga
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Le pregunté a Mr. Google el significado de la expresión “vida de perros” y me contestó que el alcance de este dicho, proveniente del siglo XVI, se “refiere a una situación de pobreza y miseria. También se puede usar de manera sarcástica para referirse a la vida paupérrima de un animal maltratado así por el ser humano”. 

En su uso corriente original tiene una significación negativa, de deprivación y abandono, perjudicial y maligna. Pues bien, en el siglo XXI podemos decir que “vida de perros” tiene  una acepción positiva, si analizamos en detalle la vida de los perros-mascota. 

Infortunadamente no tenemos datos confiables para Colombia, pero en Estados Unidos, según la American Pet Products Association (APPA), en septiembre del 2021 el número de hogares con perros era de 63,4 millones, con un total de 90 millones de perros-mascota. Podemos decir con certeza, que de los 128 millones de hogares en USA, el 53%, o sea 174 millones de personas, tienen una visión positiva de los perros y están dispuestas a invertir recursos para que vivan una vida cómoda y digna, a comunicarse con ellos emocionalmente y a entablar una relación de amistad sincera y profunda para convertirse en un miembro más de la familia, en un hijo más.

Es tan penetrante esta simbiosis entre las mascotas y los nuevos miembros de la familia, que el consumismo desbordado, en los últimos 50 años para la crianza de los hijos, ha sido adoptado y adaptado en forma paralela para los caninos. En la sociedad americana la sofisticación y la revolución gourmet de la comida de perros y niños compiten de igual a igual.

La moda en el vestir es cambiante y adaptada a las estaciones, a las ocasiones, a la edad.

Por otro lado, tanto los perros como los niños de hoy en día necesitan atención especial profesionalizada como sicólogos y siquiatras, profesores que dominen muy bien diversas artes; clínicas de especialistas, fertilización in vitro y, obviamente, la mejora genética en los caninos. Existen SPA para niñas y mascotas, arreglo de pelo y cabelleras, pintados de uñas y la sinfonía de los más variados y vistosos juguetes, que son un común denominador para los dos. 

El negocio de los seguros que garantizan el bienestar de las mascotas cuando mueren sus protectores es boyante; los funerales son grandisosos y costosos y centros de investigación indagan sobre cómo prolongar la vida y no nos podemos olvidar de las páginas web para los perros y de la familiarización temprana de los niños con los gadgets tecnológicos.

La interacción entre humanos y caninos ha llegado a un nivel tan íntimo y de tal significado, que hoy en día las mascotas sirven también de soporte emocional para niños y ancianos, y además, se considera una alternativa válida de vida, escoger entre tener hijos o mascotas.

En USA, el número de mascotas es igual al de niños y en España el número de mascotas, 12 millones, dobla al de los niños, 6,3 millones. Obviamente, ese comportamiento de los humanos con los caninos tan difundido en USA está creciendo aceleradamente en Colombia y ahora es parte del paisaje patrio, grupos de mascotas en parques y multitud en los edificios de apartamentos, centros comerciales y restaurantes y obviamente en las casas, en donde el 40% de los hogares alberga y comparte cariño con una mascota.

La única área en donde pareciera que se pudiera diferenciar el tratamiento de los niños y de las mascotas es en la experimentación genética. Ya tenemos algunas razas de perros desarrolladas genéticamente, pero aún siguen perteneciendo a la especie canina. Aquí cabría una pregunta: el proceso de evolución ha tomado millones de años para hacer cambios sustanciales; ¿será que este trato especial de relacionarse con las mascotas aunado a la práctica de la ingeniería genética, generará “aceleradamente” la aparición de una nueva especie de perros más inteligentes, con mayor capacidad de comunicación, no solamente a través de ladridos, y con una habilidad más sofisticada.

Un último asunto. “Lunita” era la perra fiel de mi amigo que cuando llegaba a la finca no se desprendía de él. Lo acompañaba a jardinear, a visitar los cultivos y estaba a su lado mientras él comía. Era evidente la especial relación de cariño, compresión y amor entre mi amigo y “Lunita”.

Un día me dijo: Silvio voy a despedirme de Lunita. Efectivamente, ella ya a los ocho años, había desarrollado una artritis profunda que le impedía moverse y se le notaba la pena y la dificultad en trasladarse de una parte para otra. Se acercó a ella y, con inmensa ternura, mi amigo le dijo: Lunita, tú has sido mi compañera por muchos años; me has acompañado en muchas situaciones; me has cuidado; me has dado múltiples satisfacciones. Pero, con toda sinceridad no aguanto más tu dolor, ni puedo verte sufrir. Descansa tranquila.” A renglón seguido se le aplicó la inyección y Lunita descansó para siempre.

Según la APPA, en USA se practicaron 670 000 eutanasias de mascotas en el 2020. Si la vida promedio de la especie canina es de 14 años y existen 90 millones de mascotas, deberían morir en promedio 6.4 millones anualmente, lo que representa que casi un 11% murió por eutanasia. Recíprocamente, se podría preguntar: ¿Ese comportamiento tan genuino, tan sincero, y diríamos tan humano, de practicar la eutanasia a las mascotas queridas, se verá proximamente reflejado en la forma como los humanos trataremos a nuestros congéneres en las mismas circunstancias?

Cuando terminé de leerle este artículo a mi amigo, sus ojos estaban encharcados con los recuerdos de “Lunita”. ¡¡¡Qué nobleza!!!

Silvio Zuluaga

Julio, 2023

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Responde Francisco fue un foro donde jóvenes de diversas nacionalidades y condiciones, compartieron con el Papa. 

El comienzo se caracterizó por un ambiente en donde los jóvenes se mostraban nerviosos, halagados y ansiosos para terminar con miradas de gratitud y cariño hacia la bonhomía de un hombre que sabe escuchar y generar confianza e informalidad.

El hielo lo rompió una joven preguntándole cómo se sentía de la rodilla, luego otro indagó si tenía salario como Papa, otra le preguntó sobre su familia y finalmente otra joven quiso averiguar sobre su manejo de las redes sociales.  Las respuestas surgían con el mismo porte de espontaneidad y candidez: sí la rodilla duele; éramos cinco hermanos y ya solo quedamos dos; tengo salario que comparto con entidades que lo necesitan y finalmente, no manejo redes sociales, pero busco mantenerme bien informado en reuniones como esta y mi Twitter lo manejan mis secretarios.

Antes de comenzar a detallar el contenido del encuentro quisiera resaltar la video producción del evento en que inicialmente presentaban la sencillez de la vida del Papa; la informalidad de los participantes en donde intercalaban intervenciones de los jóvenes con escenas de su vida particular. Era un formato ágil y entretenido, desde mi perspectiva, y de muy buena producción técnica.

Percibí que las intervenciones fueron muy bien programadas, preparadas minuciosamente con antelación, entre los participantes y los organizadores del evento, con el fin de abarcar una variedad de temas. Se trataba de plantear problemáticas de valor para la juventud, sin el propósito de profundizar en ellas, ni tampoco de llegar a conclusiones en temas controvertidos. Eran cuestiones expuestas con profundos sentimientos de inconformidad, la mayoría de ellos, pero con una gran carga de vida.

Los participantes plantearon nueve temas; el único repetido fue el de los inmigrantes, los demás fueron el ateísmo, la consejería positiva de la Iglesia en una situación de una joven con problemas, el aborto, la pederastia, la mujer como sacerdotisa y papisa, el comportamiento sexual binario, las redes sociales, la pornografía, la fe y la dificultad de vivirla. El 55% de los asuntos tratados se relacionaron con temas sexuales o de género.

La cámara enfocaba de cerca a Francisco y mientras los jóvenes esbozaban sus inquietudes, se advertía una cara de bondad y una actitud de escucha sincera. Sus intervenciones eran de apoyo a quienes eran superados por las emociones y tenían dificultad para continuar. Las participaciones de Francisco se caracterizaban por la comprensión, la benevolencia y la tolerancia.

Las intervenciones de los jóvenes estaban cargadas de argumentos sólidos, de grandes emociones y algunas lágrimas. El ambiente permitía a la juventud compartir posiciones diferentes a las de la Iglesia Católica, relacionadas con  el ateísmo, la producción de pornografía, el aborto, la exclusión de las mujeres de la jerarquía eclesiástica, el comportamiento binario a lo cual Francisco respondía con bondad y comprensión y sin dogmatismo. Tan solo tres de las diez personas que intervinieron se declararon practicantes católicos, convencidas de la bondad de su fe.

Profundizado en la temática, desde el punto de vista de mercadeo, me pareció que se escogieron temas picantes y vendedores, para un determinado público. Tal vez el mercado objetivo de la entrevista era llegar a las personas mayores de 50 años, pero que en realidad no reflejan las inquietudes que fastidian o angustian a los jóvenes, según mi experiencia en los últimos 18 años de trabajo de tiempo completo con jóvenes universitarios. Comentando esta impresión del público objetivo de la entrevista un amigo me dijo que él pensaba que la entrevista no había sido diseñada para el mercado juvenil, sino hacia un sector de la iglesia católica institucional recalcitrante y para personas mayores de cincuenta años.  

El binarismo y el homosexualismo son temas que no inquietan a la juventud. Cuando nuestros hijos tenían menos de cinco años, hoy ya en los cuarenta, y salíamos de viaje solos con mi esposa, mi hermana y su compañera los cuidaban,  los cuatro dormían juntos en la cama. La respuesta de ellos, con respecto a estos asuntos, es la misma que me dio ayer en la tarde una joven de 28 años cuando nos tomábamos un café y le pregunté: “ Cómo ves el problema del homosexualismo y el binarismo en la juventud? “. Su respuesta fue sencilla: “ No veo el problema”.  No entiende uno cómo se pueda incluir dentro de las inquietudes religiosas ni al binarismo ni al homosexualismo, ni mucho menos el por qué se las sataniza. 

La participación de las mujeres en la iglesia como sacerdotisas o papisas es una controversia que habré oído una o dos veces en la universidad, en los últimos dieciocho años y a la inmensa mayoría de la juventud este asunto no le quita el sueño. Parece ser un asunto controvertido dentro de la iglesia católica, el cual podría generar un cismo interno, como se evidenció recientemente en el Sínodo del Amazonas.

Uno podría decir que la agenda fue preparada por una persona mayor de cincuenta años, representante de una institución encuevada en costumbres atávicas y sin mayor contacto con los desasosiegos de la juventud que enfrenta los retos de la cuarta revolución industrial. Obviamente, uno pensaría, que en la orquestación de la temática, Francisco debió haber estado involucrado.

Los temas escogidos por los organizadores, no dieron cabida a otros, como la justicia social, el medio ambiente, la corrupción y la paz, asuntos más bien cercanos a la juventud y ninguno de ellos de carácter religioso. 

Otro tema que pasó completamente desapercibido fue el del sentido de la vida, de gran importancia para los jóvenes y en donde la institución eclesial puede, supuestamente, aportarle al ser humano y a la juventud en particular. La respuesta que dio Francisco a la persona que planteó la dificultad de practicar la fe me pareció muy teórica y difusa y podría haber aprovechado para ofrecer el “ amaos los unos a los otros” como la misión de vida en el mundo actual, asunto difícil de vender en este ambiente de consumismo extremo, pero que le puede dar sentido a la vida y por supuesto a la juventud. 

Los retos que presentan las redes sociales con respecto a la interacción humana, tampoco afloraron en la entrevista. Las redes sociales con su carácter de inmediatez, deslumbramiento, manipulabilidad, están generando formas de comportamiento y caminos no andados por la sociedad, algunos de ellos con arenas movedizas. 

El desempleo generado por la cuarta revolución industrial, por las nuevas formas de contratación, por la economía gig[1], son realidades que angustian a los jóvenes, quienes no ven perspectivas confiables para emplearse. Además, la actitud de no compromiso laboral de la juventud, acrecienta las dificultades de empleo.

Los temas tratados en la charla con Francisco, parecen estar muy lejos de la problemática de la juventud actual, según mi experiencia profesional.

Preguntándole al ChatGPT cuáles son los principales problemas de la juventud actual, esta fue su respuesta: “ Los problemas que afectan la juventud pueden variar según el contexto social, económico y cultural da cada país o región. Sin embargo, a continuación mencionaré cinco problemas que suelen ser comunes en mucha partes del mundo en la actualidad”.

  1. Desempleo: dificultad para entrar al mercado laboral por falta de experiencia, lo cual puede llevar a frustraciones y a la no independencia financiera.
  2. Educación deficiente: no tienen acceso a una educación de calidad, aumento de la brecha digital lo que conlleva un efecto negativo para la consecución de empleo y bienestar general de los jóvenes.
  3. Salud Mental: problema que está en aumento debido a la presión académica, el estrés, la ansiedad, la depresión y los trastornos en la alimentación.
  4. Desigualdad y discriminación: por motivos de género, raza, religión, orientación sexual u origen étnico, los cuales pueden obstaculizar su desarrollo personal y profesional y contribuir a la exclusión social.
  5. Adiciones y consumo de drogas: falta de información, la influencia de grupos sociales negativos, la presión de grupo y la búsqueda de emociones pueden llevar a comportamientos de riesgo y a la dependencia de sustancias adictivas, lo que conlleva un impacto negativo en la salud física, mental y social de la juventud.

Es interesante anotar que de los cinco retos más importantes para la juventud identificados por el ChatGPT, con una gran base de estudios para analizar, ninguno está relacionado con la religión o con la Iglesia Católica.

Finalmente, creo que Francisco perdió una oportunidad de preguntarle al grupo de jóvenes por qué no consideran a la iglesia católica como una opción religiosa atractiva para ellos. 

No puede uno menos de admirar el coraje de un jefe de estado que se siente a hablar con jóvenes, que podrían ser sus biznietos, con variadas experiencias de vida en una forma tan relajante y dialogante y con tanta comprensión, de la problemática que la iglesia considera, desenfocadamente, como la problemática de la juventud de hoy. 

Definitivamente, Francisco es un gran ser humano, sorprendente y las miradas de los jóvenes, al cierre del evento, reflejaban compasión y agradecimiento hacia Francisco, un hombre que escucha y como le oí decir a alguien, podría estar en el lugar equivocado.


[1] La gig economy o economía gig se refiere a un nuevo formato para generar ingresos fuera de la idea de trabajo tradicional, en la cual una persona se encarga de realizar una tarea específica, y cobra este servicio de forma independiente.

Silvio Zuluaga

Julio, 2023

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Nuestra segunda sesión sobre este tema buscó presentar la síntesis que nuestro compañero Hernando Bernal preparó con base en seis artículos de la revista The Economist que nos habían distribuido nuestro análisis y preparación. Tras una introducción de Silvio Zuluaga, quien enmarcó la realidad de China con datos e imágenes concretas del increíble progreso y desarrollo de ese país, visto por un viajero, Hernando resumió los objetivos de China con respecto a un nuevo orden mundial, la posición de los Estados y sus dirigentes, la relación con las democracias occidentales y con Asia, y sus objetivos a corto plazo con Taiwan. Una excelente tertulia con mucha participación y aprendizajes.  

Exjesuitas en tertulia- Jueves 19 de Enero, 2023
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No hay duda de que soy un privilegiado. Nací en una familia en donde los hijos eran una fortuna y un tesoro añorado. Tuve lo que todo niño debería tener: comida, abrigo, juguetes y cariño; padres llenos de ternura, abuelitos alcahuetas y hermanos juguetones y peleones y, además y por supuesto, las fábulas y las ilusiones correteaban por todos los rincones de las casonas que habitamos. 

Hace 66 años, cuando frisaba los 12, en medio de la inocencia infantil de aquellas épocas, entré al Seminario Menor de los jesuitas y empecé a sumergirme en un mundo fascinante donde conocí a los amigos de toda la vida, con quienes todavía comparto momentos inolvidables. Corrí con entusiasmo por campos verdes, por quebradas cristalinas y durante 17 años crecí dentro de una burbuja fascinante, cuando pensábamos que iríamos a salvar al mundo del pecado mientras nos dedicábamos desinteresadamente a ayudar al prójimo. Era algo de otro mundo.

Con el tiempo y con tranquilidad me fui escabullando y apartando de aquella vida bucólica y encontré unos horizontes fascinantes, como fueron la competencia y el amor. Me encantaron los trabajos que disfruté por cerca de 50 años, los cuales adelanté con pasión y siempre colaborando. Competía con fruición e innovación. ¡Qué tiempos tan agradables fueron aquellas jornadas productivas, viviendo en escenarios multiculturales en Colombia, México, Estados Unidos y Brasil! No solo fue un goce continuo trabajar por medio siglo, sino que con ello la familia disfrutó de un nivel de vida placentero, confortable y lleno de ilusiones. Finalmente, este período me permitió acopiar los recursos financieros para una vejez apacible, lo cual considero, además, otra faceta de mi vida llena de privilegios.

Luego apareció la bondad de Kathy, mi primera esposa, con quien transitamos sendas inusitadas y descubrimos parajes espléndidos y nos regalamos dos muchachos, Marc y David, quienes son nuestra alegría, acompañados por sus cómplices compañeras y sus hijos, nuestros nietos. El mundo del amor, de la convivencia, de la planeación de aventuras, de la búsqueda de nuevas fronteras nos mantenían ocupados y felices hasta que se nos fue agotando el amor mutuo.

Ahora bien, con Ro, mi segunda esposa, nos conocimos cuando ya ambos teníamos cuantiosos recuerdos en las mochilas y cada uno había trasegado por senderos diferentes. Ella llegaba con Silvia, su hija, quien después nos daría tres nuevos nietos y a su esposo. Ro, festiva y sensible, llega a la edad de la jubilación, la cual vivimos apoyándonos mutuamente y aventurando por doquier. Tenemos una afición especial y es la de visitar a nuestros hijos en Estados Unidos y en Suiza cada año y a renglón seguido nos escabullimos a otras culturas, a saborear cocinas diversas, a dejarnos sorprender por encantos naturales y sofisticados, tanto en Colombia como en más de los 30 países que hasta ahora hemos visitado juntos. 

¡Cómo no sentirme privilegiado con mi familia de nacimiento, con mis papás y hermanos, con los amigos de toda la vida, con mis dos esposas, hijos y nietos, con mis amigos y trabajos, que se han entrecruzado aleatoriamente, para generar un entramado de vivencias energizantes y positivas que se han convertido en una vida henchida de privilegios!

Ahora bien, mirando por el retrovisor los pasos vividos en estos 78 años me encuentro con un mundo extraño. Mi entrada a la Compañía de Jesús parece haber sido el producto de la metodología de búsqueda de personas con un perfil muy definido por parte de los jesuitas y la identificación de un niño juicioso en el seno de una familia de clase media católica-practicante. Con toda sinceridad les comento que nunca oí o sentí ese llamado explícito de Dios, llamado vocación, aunque eso sí, viví pleno en la compañía de Jesús.

 El Cristo que me llamaba la atención no era el Buen Pastor, ni el Cristo Rey, sino el Cristo de los pobres, figura que también se desvaneció con el pasar de los acontecimientos. A los 17 años hice votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia, sin percatarme muy bien de lo que hacía. Por ejemplo, nunca me imaginé que el voto de pobreza era tener comida, abrigo, estudios, vejez y vacaciones seguras y de excelente nivel, a diferencia de las afugias, tensiones y limitaciones de quienes no habían profesado el voto de pobreza. Asimismo, las exigencias del voto de castidad y de obediencia iban apareciendo poco y se iban asimilando con naturalidad, entusiasmo y con la fortaleza que nos daban los ideales para los cuales nos estábamos formando. 

Del seminario menor pasé al noviciado, luego el estudio de filosofía y letras y después dos años de trabajo en las obras de la Compañía de Jesús. El último peldaño era estudiar teología para culminar con el sacerdocio. En ese momento se interpuso el padre Provincial para negarme la entrada al teologado. Al ver cerrada esa puerta le solicité al Provincial que me dejara estudiar economía, profesión que nunca he ejercido. 

Coincidencialmente, el agregado cultural de la embajada de Estados Unidos me ofreció una beca para optar a un magister en economía en el exterior y pude viajar por una carambola a cuatro o cinco bandas, debido a una pelea encarnizada entre el padre Provincial, que no quería dejarme ir, y mi padre espiritual, que reemplazó al Provincial por un mes y me facilitó la salida del país en forma apresurada ‒y diría que furtiva‒ a la Universidad de St. Louis en Estados Unidos para estudiar inglés. 

Después de tres meses de inmersión viajé al Departamento de Estado en Washington para reclamar la beca como era lo acordado y para gran sorpresa mía me dijeron que había habido un malentendido con el Icetex y que ahora ellos debían asignar las becas. Era preciso, entonces, hacer una llamada urgente al recién nombrado director del Icetex y hablar con el nuevo director, Augusto Franco. Increíble, pero cierto: Augusto había sido profesor mío en quinto de primaria en el colegio San Luis en Manizales. Quedé admirado al saber que se acordaba de mí y me aseguró que él se encargarìa del proceso, que no me preocupara, lo cual cumplió cabalmente. No sé si calificar esta situación como caótica o resultado del azar; ciertamente, estaba fuera de todo proceso racional de planeación. La inmersión en una cultura diferente, el inglés y el magister abrieron, sin planearlo, horizontes inesperados. 

El matrimonio con Kathy fue planeado para toda la vida y no resultó así. Mirando hacia atrás, de nuevo la obediencia, la castidad y el proceso de generar y administrar recursos económicos me parecieron más fáciles de cumplir dentro del ámbito de la Compañía de Jesús que fuera de ella y eso no sé si se debió a la diferencia de edad o al enclaustramiento e imaginarios potentes que manejábamos como religiosos.

El inicio de mi vida laboral fue azaroso y tortuoso. Dos veces fui despedido de mi trabajo, aunque me encontraba muy a gusto en ambas empresas. Llegué a Estados Unidos en la recesión de 1982 y la dificultad de encontrar trabajo me llevó a aplicar como vendedor de seguros de vida puerta a puerta, profesión que se catalogaba como la de mayor deserción laboral en Estados Unidos. En esa empresa llegué a vicepresidente comercial para las subsidiarias de MetLife ubicadas en América Latina, España y Portugal. 

Ya en edad de jubilación regresé a Colombia y coincidí en una reunión con César Vallejo, compañero exjesuita y rector de la Universidad Autónoma de Manizales quien me ofreció el trabajo de mi vida, en donde laboré hasta los 75 años cumplidos. Se trataba de coordinar un programa por medio del cual todos los estudiantes de todas las carreras universitarias se vinculaban a proyectos de paz y desarrollo en los municipios del Eje Cafetero durante un semestre completo. Un gran proceso de formación para los estudiantes y mucha huella en las instituciones y en las gentes de los municipios, veredas y resguardos indígenas del país. Disfruté esta época laboral como ninguna otra.

Como ven, la ejecución de lo poco que he planeado en mi vida ha resultado en logros diferentes a las metas originales. El azar ha jugado un papel preponderante en mi camino, lo mismo que la agilidad para responder a la cotidianidad del caos y la rapidez para usufructuar las oportunidades inesperadas. Los productos, por supuesto, han sido admirables: una niñez de ensueño; una juventud bucólica; una edad adulta energizante y amorosa, y una vejez saludable, confortable, amando y siendo amado y, por supuesto, plena de alternativas. Es patente que en todas las sendas en donde me he aventurado el azar, la casualidad y el caos han jugado un papel definitivo. 

Por eso, considero que el manejo adecuado del caos y del azar son indispensables en la vida, pero tampoco suficientes para garantizar el éxito. Reflexionando alrededor en cada instancia de mi vida, me he preguntado una y otra vez: ¿por qué he sido tan afortunado y por qué un número tan significativo de personas no ha sido tan privilegiado como yo? Sé que vivo en un mundo inequitativo e injusto. La realidad es un bicho extravagante, extraño e inexplicable, pero sin duda alguna la he disfrutado inmensamente en cada uno de sus estadios y, sin saber por qué, me ha beneficiado de manera desproporcionada.

Silvio Zuluaga

Diciembre, 2022

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Antes de las elecciones una victoria de Petro significaba el fin de la democracia, de la libertad y hasta de los valores familiares. A las 4:51 de la tarde del día la votación los nubarrones desaparecieron por arte de magia y el respeto por la democracia primó y con ello la peregrinación de apoyos al candidato elegido. 

¡Qué proceso tan voluble y acomodado el de la reciente elección presidencial! Parece que ella hubiere mutado de un ejercicio democrático a una práctica oportunista en donde todo se vale. Por lo tanto, para las elecciones se estimula un ambiente enrarecido artificialmente; se propicia la confusión en los temas tratados y se fomentan mecanismos de manipulación de la información. Es un proceso esencialmente manipulado.

1. Ambiente enrarecido

Desde el inicio del proceso electoral se fomenta artificialmente un contexto para que terminemos escondidos y atemorizados en una burbuja polarizante e irracional, combinada con hastío, cansancio y desesperanza y ahí sí estamos listos para depositar nuestro voto en la urna. Cómo es posible que después del paso por un trapiche quiebrahuesos de los cincuenta candidatos a la presidencia siguiéramos tratando a las cuatro personas que conforman las dos fórmulas presidenciales con insultos personales, con ultrajes racistas, con desprecio y palabrotas, y cuando estamos lo suficientemente entumecidos y aturdidos llega el momento de salir a decidir. Una de las dos fórmulas nos iba a gobernar por cuatro años y no se escatimó esfuerzo alguno para desacreditar y vilipendiar a la contraparte. Qué fácil y placentero es recurrir a señalamientos absolutistas y dramáticos para hablar de ricos desalmados; fin de la democracia, de la libertad, de los valores de familia.

Con el fin de destruir al otro todo se vale, sin reato de conciencia, sin compasión humana, sin ética y, tristemente para la gran mayoría de quienes diseñaron y aplicaron estas estrategias y tácticas demoledoras, mudar de posición es tan fácil como cambiar la corbata por otra de color diferente, con tranquilidad y sin ponderar la desconfianza y el desasosiego que pocos minutos atrás habían estado promoviendo con ahínco y con todos los adelantos tecnológicos de una mercadotecnia insensata.

Brincan inmediatamente preguntas: ¿cuánto o qué se cobra por ese salto mortal? Cuánto tiempo durará esta unión espontánea? ¿O es que en realidad sí se busca el bien del país?

La inmensa mayoría de quienes votamos nos sentimos frustrados, atemorizados, intimidados y/o manipulados por los conductores de las campañas “democráticas”.

2. Planes de gobierno confusos y simplistas

Se espera que un candidato responsable tenga un plan de gobierno integral y coherente. El plan del gobierno del candidato ganador, Colombia, Potencia Mundial de la Vida, contiene 54 páginas. El volumen de información compartido en una campaña es ínfimo y se reduce a temas en boga en el país en forma esquemática y simplista; por lo regular sin un plan financiero que lo haga factible y, con toda seguridad, sujeto a distorsiones por parte de la campaña contraria.

Los temas seleccionados por el candidato se presentan como un conjunto de anzuelos con diferentes carnadas para que caigan peces de las más variadas especies. Por lo regular, la decisión de una persona para votar se basa en la aceptación emocional de un tema y no contempla el análisis ponderado de todos los planes de un candidato, ni mucho menos se toma el tiempo para comparar las ofertas programáticas de la contraparte.

La falta de información de los votantes, sobre el plan de gobierno de los candidatos es crasa, a lo cual hay que añadirle los ataques del bando contrario que embadurnan y deforman las propuestas de la competencia.

Surge entonces la pregunta: realmente, ¿hay claridad en la mente de los ciudadanos sobre el plan de gobierno que propone el candidato de su elección? Siendo generosos, podría decirse que el plan de gobierno de los candidatos lo conoce adecuadamente máximo el 1 % de la población. ¿Podríamos aseverar que quienes votan conocen los programas de gobierno, su coherencia y viabilidad financiera y administrativa?

3. Información distorsionada

Los medios para divulgar los planes de gobierno son insólitos. Uno es la plaza pública en medio del sol, el sudor, la lluvia, la gritería, la venta de helados, empanadas y el ruido de las chirimías. Se vociferan hasta la saciedad estribillos pegajosos del plan de gobierno y se distorsionan tanto en forma sutil como grotesca los del candidato rival.

Otra forma de comunicar las ideas del candidato es a través de los medios escritos y hablados tradicionales, que selectiva y tendenciosamente presentan generalidades favorables a sus financiadores y distorsionan las del adversario. Por último, llega el medio más efectivo de comunicación de los planteamientos de los candidatos como es la guerra de guerrillas, es decir, las redes sociales. Esta táctica es altamente eficaz porque la recibimos cuando subimos las escaleras, estamos en una reunión o dormimos tranquilamente; puede ser personalizada y focalizada para generar miedo y pánico individual o para convertir las creencias en dogmas inmutables y excluyentes. Votamos en medio de la confusión y el precondicionamiento emocional.

4. Reflexión final: un poco de todo

En el proceso electoral que terminó hace poco, solo votó el 58 % de la población; al candidato electo lo acompañó un exiguo 31 % de los votantes potenciales; el número de personas que aportaron financieramente a las campañas fue minúsculo; el conocimiento de los programas de gobierno por parte de los ciudadanos que se acercaron a las urnas fue irrisorio; quienes manipulan el proceso son un número reducido de individuos, y los que votamos lo hicimos en un ambiente enrarecido, manipulado, fantasioso y artificial.

¿Podemos calificar este proceso como libre y democrático? Si quisiéramos aportar al mejoramiento del sistema de elecciones, con el planteamiento de un diagnóstico más realista, ¿no sería mejor que nos bajáramos de esa nube mítica, incuestionada y base de nuestra institucionalidad, de que vivimos en una democracia libre, y aceptar que operamos en un sistema oligárquico y manipulador?

Silvio Zuluaga

Agosto, 2022

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