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¿Reversazo contra la historia?

Por Silvio Zuluaga
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Volver al pasado simplista, frente a una realidad humana profundamente diversa y compleja.

Cuando los primeros homínidos comenzaron a bajarse de los árboles y a caminar en dos patas -hace cientos de miles de años- eran seres biológicamente complejos, pero socialmente elementales. 

Iniciaban así un recorrido de evolución hacia estructuras cada vez más complejas, donde la cooperación, la confianza y la diversidad serían los pilares de la vida en comunidad. Desde entonces, la humanidad ha avanzado hacia una mayor aceptación de la diferencia, construyendo sociedades cada vez más ricas en matices culturales, sociales y políticos.

A lo largo de milenios, la humanidad ha aprendido a organizarse en comunidades, desarrollar normas colectivas, fomentar la compasión y construir redes sociales de confianza. Según el historiador Yuval Noah Harari, lo que nos ha permitido formar sociedades grandes y funcionales es la capacidad de cooperar de manera flexible e innovadora. Esa cooperación se sostiene sobre la base de un tejido invisible pero poderoso: LA CONFIANZA.

En la actualidad, una de las características esenciales de la sociedad humana es la DIVERSIDAD: hablamos múltiples lenguas, practicamos variadas religiones (o ninguna), comemos diferente, conducimos de maneras distintas, gobernamos bajo múltiples formas, y celebramos una infinita variedad musical y cultural. Aceptar esa variedad no es solo una muestra de tolerancia, es una manifestación de inteligencia colectiva, de madurez social y una oportunidad para admirar lo distinto con fruición.

Sin embargo, recientes decisiones políticas en Estados Unidos, particularmente bajo la administración Trump, parecen representar un “reversazo” contra esa corriente histórica. ¿Estamos asistiendo a un intento de simplificar la complejidad humana en nombre del poder y del control?

Por ello, las políticas recientes del gobierno de Trump parecen estar guiadas por una visión simplista y excluyente. En el plano social, se insiste en categorizar a las personas en dos únicas bolsas: hombres y mujeres, ignorando que al menos el 10% de la población tiene tendencias homosexuales y que un número significativo de personas transgénero experimenta procesos profundamente complejos de identidad, transición y aceptación, lo cual requiere de un tratamiento especial debido a lo traumático y costoso que es el camino de transformación necesario para ubicarse en el género correspondiente. Negar esa diversidad es negar la realidad humana misma, así sea que el transgénero sea una persona que está privada de la libertad.

En el ámbito religioso se observa una preocupante tendencia a suprimir la histórica separación entre Iglesia y Estado, para instalar una visión judeocristiana como eje moral del gobierno norteamericano. Aunque se aceptan otras religiones, estas parecen quedar subordinadas a la narrativa dominante. Y comportamientos humanos que se salgan de una interpretación rígida de la tradición judeo cristiana serán demonizados y producirán cárcel como está sucediendo en Texas y Alabama. Incluso, dentro de la Casa Blanca se ha dispuesto un oratorio exclusivo para evangélicos en el ala oeste. Por otra parte, el pasado atentado fallido contra Trump es constantemente interpretado, por su círculo de adoradores, como una señal divina, alimentando una peligrosa mezcla de política y misticismo, encabezada por una figura que nunca se ha caracterizado por una vida religiosa coherente.

Desde lo económico se ha restringido la libertad empresarial global en nombre del nacionalismo. Las cadenas de producción internacionales, basadas en la eficiencia y en la especialización, se ven amenazadas por un discurso proteccionista que prioriza el “América primero” por encima de los acuerdos internacionales y la estabilidad comercial. 

Sin alianzas ni diálogo, con amenazas unilaterales, se erosiona la confianza de los mercados y se debilita el liderazgo global de Estados Unidos. Qué desviación de la democracia participativa, de la búsqueda de una armonía, la estabilidad y la cooperación global. Esta estrategia no solo es improvisada, sino que EROSIONA LA CONFIANZA de los mercados y desestabiliza el liderazgo global de EE. UU.

Finalmente, en el ámbito de la libertad de expresión se han tomado medidas alarmantes. La Universidad de Columbia fue presionada para reemplazar al director del Departamento de Estudios del Medio Oriente, Asia del Sur y África, acusado de promover una visión crítica del judaísmo. Si no se accedía al cambio, la universidad perdería 400 millones de dólares en ayuda federal. El antisemitismo es considerado como un apoyo al terrorismo y por ende, es un elemento que afecta la seguridad nacional. Sinembargo, otras formas más abiertas de “discriminación y odio” no son condenadas como la islamofobia, el racismo sistémico y la xenofobia. Por otro lado, para continuar en la misma línea, el secretario de Defensa emitió una orden suprimiendo los libros sobre la evolución de las bibliotecas de su departamento.  En un país que se jacta de proteger la libre expresión, este tipo de castigo económico e intelectual, por disenso ideológico, representa una grave contradicción.

Lo que estamos presenciando no es solo un viraje político, sino un retroceso cultural e histórico. Desde los primeros pasos de un ser humano erguido, hasta la construcción de sistemas complejos de cooperación global, la evolución social ha sido una marcha firme hacia la aceptación de la pluralidad. Negar esta complejidad es negar nuestra propia historia como especie.

Las sociedades que prosperan no son las más rígidas ni las más homogéneas, sino las más adaptables y abiertas. Hoy, adaptarse significa comprender, respetar y celebrar la diversidad en todas sus formas. Gobernar desde la nostalgia de un pasado uniforme es una negación peligrosa de la realidad. Y la historia ha demostrado que tales intentos, tarde o temprano, se estrellan contra la fuerza inevitable del cambio social.

Silvio Zuluaga

Mayo, 2025

1 comentario
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1 comentario

John Arbeláez Ochoa 2 mayo, 2025 - 7:00 pm

Silvio, excelente tu reflexión sobre la adaptabilidad de la especie humana para lograr su progreso y triunfo sobre las circunstancias en su desarrollo como especie dominante. Volver atrás, no sólo demuestra miopía sino que está liderado por un personaje absolutamente discapacitado emocionalmente, y ciego por su narcisismo y soberbia.

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