He conversado con muchas personas y he leído extensamente sobre el tema. En estos debates, parece haber dos bandos claramente definidos: aquellos que ven en Trump el líder para llegar a una nueva estructura de poder social y quienes, como yo, consideran que tal vía de comportamiento no se dará.
Es innegable que las luchas por los derechos de las mujeres, la aceptación de la diversidad sexual y la búsqueda de una igualdad más justa han generado reacciones encontradas. Ha habido excesos incómodos, sí, pero también avances innegables. La equidad de género, por ejemplo, es hoy una realidad más tangible. Recuerdo la anécdota, hace ya unos 40 años, de un miembro de la Junta Directiva de MetLife en EE.UU., quien me contaba cómo la llegada de la primera mujer a ese órgano directivo generó incomodidad entre sus colegas varones. Tuvieron que modificar su lenguaje, su manera de interactuar y hasta el tipo de reuniones informales después de los Consejos de Administración. Lo mismo sucedió cuando un hombre negro se integró a la Junta: se sintieron incómodos, obligados a ajustar códigos de conducta que antes pasaban inadvertidos.
A pesar de fricciones y abusos, la inclusión ha progresado. La comunidad negra ha conquistado mayor participación en la vida política y económica, aunque la discriminación sigue siendo una sombra persistente tanto en EE.UU. como en Colombia. En cuanto a la diversidad sexual, los esfuerzos por integrar a estos grupos han permitido que su presencia en la sociedad sea percibida con mayor naturalidad. La realidad es que no todos somos hombres-hombres o mujeres-mujeres sin matices. Ha sido un proceso con tropiezos, pero a la lucha por la equidad hay que darle la mano en el camino.
Un nuevo orden social no puede significar un retroceso a las cavernas de los años 50, cuando el Estado y la religión imponían un sistema de discriminación estructural: las mujeres eran relegadas al ámbito doméstico, las diferencias sexuales eras catalogadas como enfermedades mentales o biológicas y hasta eran calificadas como desviaciones morales y finalmente, la población negra era tratada como ciudadanía de segunda categoría.
Ahora bien, Estados Unidos representa apenas el 4.5% de la población mundial, pero cerca del 25% de la economía global. Sin embargo, el movimiento radical que Trump representa no es mayoritario: apenas el 30% de su electorado. Aunque su influencia ha trascendido fronteras, quiero creer que la mayoría de la población mundial no desea regresar a un abismo de desigualdad, intolerancia y opresión.
Aquí radica una de las razones por las que considero que este fenómeno es pasajero: el mensajero de esta supuesta revolución es, en realidad, su mayor debilidad. Como bien dice Yuval Noah Harari, las sociedades funcionan porque existe la confianza. Aceptamos colectivamente que un billete que tiene un número 50 valga cinco veces más que uno que tiene el número 10 porque confiamos en el sistema financiero que lo respalda. Los billetes y su costo de producción son lo mismo, pero todos confiamos en el sistema que dice que de hecho están respaldando valores distintos. Esa misma confianza sostiene a la justicia, al gobierno, a las instituciones. Sin confianza, una sociedad se desmorona. Y Trump está erosionando esa confianza.
¿Cómo pueden sus aliados internacionales confiar en él cuando, tras aportar 128 mil millones de dólares a la guerra de Ucrania —100 mil en donaciones como ayuda humanitaria y el resto en préstamos— ahora exige el reembolso total con intereses usureros, elevando la cifra a 500 mil millones? Y no solo eso: condiciona el pago a la entrega de recursos naturales como “tierras raras, petróleo o lo que sea”, según sus propias palabras.
No conocemos todos los detalles del acuerdo fallido que Trump y Zelensky intentaron negociar en la Casa Blanca, pero los datos que han trascendido son alarmantes. El presupuesto anual de Ucrania en 2024 es de solo 90 mil millones de dólares. Si el país destinara el 20% de su presupuesto anual —18 mil millones, monto astronómico para la economía de ese país — a pagar la deuda exigida por Trump, se vería obligado a hipotecar su economía por casi tres décadas. Y eso sin contar el pago de la deuda europea, que es aún mayor, ni el costo de la reconstrucción de un país devastado por la guerra.
Esta manera de hacer la paz no genera confianza. Más bien, evidencia avidez desmedida y oportunismo en medio de una crisis humanitaria dolorosa.
El panorama no mejora a nivel interno. ¿Qué mensaje transmite un líder que, de un plumazo, convierte a los 23 millones de empleados federales en sospechosos de corrupción y descalifica a las 430 instituciones que conforman el gobierno federal? ¿Qué estabilidad puede ofrecer una administración, internamente y a nivel internacional, que cataloga a su propio aparato estatal, como de totalmente corrupto e ineficiente, sin fundamentos sólidos?
Es cierto que toda burocracia tiene sus fallos. Pero administrar un país de 330 millones de habitantes requiere estabilidad, conocimiento y experiencia. La gran mayoría de esos 2.3 millones de trabajadores no son corruptos ni ineficientes; son el engranaje que ha permitido que la educación, la salud, la seguridad y la infraestructura funcionen día a día. ¡¡¡La improvisación con la que está haciendo las “reformas” Elon Musk es desconcertante!!! Genera, además de caos, profunda desconfianza, sin saber cuáles son los objetivos y la ruta para lograr una administración eficiente y honesta.
Por otra parte, Trump insiste en que los países con superávit comercial frente a EE.UU. se están aprovechando de la “bondad” estadounidense. Los bandazos que ha habido en la definición de los aranceles a México y Canadá muestran un grado supremo de improvisación y por ende, siembran desconfianza en grado supremo. Pero ¿es justo culpar a otros por el déficit comercial sin antes revisar las causas internas? Analicemos las causas internas que generan el déficit comercial internacional.
El consumismo despilfarrador de USA es aterrador.
Por ejemplo, el desperdicio anual de alimentos en EE.UU. asciende a 54 millones de toneladas métricas, el equivalente a 408 mil millones de dólares, lo que representa el 45% del déficit comercial de 2024. El consumismo desbordado y el desperdicio estructural son factores claves, para analizar el déficit comercial internacional de USA. Es más barato comprar electrodomésticos nuevos, hechos en China, que repararlos, importaciones innecesarias.
El consumismo del Pentágono es aterrador. En 1991 tenía 20 000 ojivas nucleares. Ninguna se usó y están desmanteladas y con la utilización del 1% de ellas hubieran podido destruir la civilización existente. Hoy USA tiene 3 784 ojivas nucleares, con una potencia destructiva 30 veces mayor que las de entonces. El uso solamente del 5% de ellas destruiría la viabilidad de la vida humana en nuestro planeta. ¡Qué desperdicio! ¿Para qué ese volumen de armas nucleares? ¿Qué tantos materiales tiene que importar USA, como tierras raras y otros componentes para producir ojivas nucleares y todo tipo de armamento?
La brecha tecnológica con China.
Mientras el gigante asiático posee el 51% de los robots industriales del mundo —con un promedio de 470 robots por cada 10 000 trabajadores— EE.UU. cuenta con solo 295. Un viaje por China y USA es un contraste desilusionante entre el atraso de la infraestructura de USA en puertos, carreteras, sistema férreo, aeropuertos y la modernidad de la infraestructura en China, en donde se percibe claramente la superioridad de los asiáticos. A manera de ejemplo: China ha construido 50 000 kilómetros de trenes de alta velocidad con tecnología de levitación magnética. En contraste, EE.UU. no tiene ni un solo kilómetro de infraestructura similar.
El atraso en logística también es evidente. China ha optimizado sus puertos, redes de suministro y digitalización de procesos, consolidándose como el mayor productor y exportador de bienes de alta tecnología. La cadena logística de producción de bienes y su comercialización, en China es un ejemplo admirable de eficiencia.
Como consecuencia, en 2023, las exportaciones estadounidenses de tecnología ascendieron a 208 mil millones de dólares, mientras que las de China alcanzaron los 750 mil millones. La diferencia es abismal: China supera a EE.UU. en exportación de bienes de alta tecnología en una proporción de 3.5 a 1. Si USA exportara el mismo volumen de bienes de alta tecnología que China podría reducir su déficit comercial en un 50%.
Si Trump realmente quisiera reducir el déficit de su balanza comercial internacional, podría enfocarse en fortalecer la innovación, la infraestructura, la eficiencia productiva y en controlar el consumismo depredador de su país en lugar de señalar culpables externos y quejarse del abuso de la “bondad” que tiene USA con otros países. Los Tratados de “Libre” Comercio son un ejercicio en donde Estados Unidos impone más ventajas para su país a medida que los países son más pequeños. Nos imponen la importación de semillas transgénicas que no tienen capacidad de reproducción, obligándonos a comprarlas cada año. Mientras que Cenicafé produce semillas genéticamente mejoradas, con resistencia a insectos, tolerancia a herbicidas y mayor producción de café a un costo de $80 000 por hectárea, la semilla transgénica para una hectárea de maíz cuesta $600 000 producida por Corteva Agriscience, ubicada en Indiana, USA. ¡Vaya muestra de generosidad por parte de los estadounidenses!
La confianza en un líder no se construye solo con promesas o decisiones económicas. Se edifica con credibilidad, con instituciones sólidas y con respeto por las reglas del juego. Y Trump, con su desprecio por el protocolo y su arrogancia diplomática, no inspira confianza; más bien la destruye.
Sin confianza, ¿sobre qué base puede sostenerse la sociedad?
¿Podemos creer en la estabilidad de un eventual acuerdo entre Trump y Putin si ambos han demostrado reiteradamente desprecio por el orden legal y los compromisos internacionales? ¿Este acuerdo firmado a espaldas de actores importantes generará confianza en el ámbito mundial?
Tal vez algunos consideren esto un pensamiento ilusorio. Sin embargo, no veo el mundo bajo la estructura autoritaria y discriminatoria que Trump pretende imponer. En cambio, percibo el surgimiento de un nuevo equilibrio de poder: no un mundo dominado por una sola nación, sino un orden económico multipolar.
Le pedí a Deepseek, la competencia del Chat GTP, que me produjera una gráfica en la que mostrara el desarrollo histórico del Producto Interno Bruto (PIB) de las economías de China, USA Unión Europea e India como porcentaje del PIB mundial. Esta es la gráfica que elaboró desde 1950 y su proyección hasta el 2050, adjuntando las fuentes de información.

Las proyecciones lo confirman, la hegemonía económica está cambiando drástica y parece difícil de revertir la tendencia. A partir de 1950 la dirección mostrada en la gráfica es elocuente. La foto del estado de las economías en 1950 es muy distinta a la del 2024 y la tendencia para el 2050 es a su vez diciente: el imperio americano debe compartir el liderazgo. Es uno de los cuatro poderes. Hoy no estamos en el predominio económico de USA del año 1950. Para 2050, China será la mayor economía mundial, seguida por EE.UU., India y la Unión Europea respectivamente. El mundo avanza hacia una distribución más equitativa del poder económico, y las maniobras de Trump no son más que los estertores de un viejo sistema que se resiste a compartir el poder.
Quizás no sea solo un deseo. Tal vez este nuevo orden multipolar parece estar fraguándose irreversiblemente, según lo muestra la gráfica.
Silvio Zuluaga
Marzo, 2025


4 Comentarios
Muy buena radiografía del “orden” mundial. Gracias, Silvio.
Silvio: Un artículo muy bien elaborado y respaldado con cifras. La realidad de los “estertores” de un gigante. Saludos. Hernando
Silvio, muchas gracias por el trabajo para elaborar este documentado artículo. Corrobora las impresiones intuitivas y el rechazo instintivo a las conductas dictatoriales y obtusas (valga la redundancia). Y en cuanto a la desconfianza, si por allá llueve , por aquí no escampa !
Excelente, Silvio. Nos tienes mal acostumbrados. No sé en qué te destacas más: En tus análisis o en tus proyecciones. Tus artículos son de doble lectura: la primera, de descubrimiento. La segunda, de disfrute. Gracias.