Capítulo 2
En la entrega anterior mi amigo nos contó cómo, bajo un aguacero torrencial y, en medio de un terrible trancón de carros, la alegría con la que un pordiosero vendía papitas y chitos le hizo ver que no tenía ninguna razón para maldecir de su vida y querer huir de los problemas. El estudiante graduado en el Colegio Mayor de San Bartolomé es ahora un joven que quiere hacer carrera y vida profesional estudiando en una de las mejores universidades del país. Arquitecto, París, Europa, “una vida loca”, hasta que llega el momento del “re-creo”.
Una mano amiga y el cuarto de mi reconciliación.
El amigo del que ya hablé me recibió en su casa, con sus hijos y con todo. Me dieron cuarto, cama, alimentación. Obviamente, no era mi casa. Yo quedé en la calle y desamparado completamente. Yo sentía que no era nada y seguía sintiéndome mal, no tenía trabajo, no tenía nada. Tenía dos hijos a cargo…. ¡Uichhh, Uffff…! “¡Con este mundo yo solo no puedo!” (Y aquí volvemos al inicio de nuestra conversación; es cuando decido perderme y sucede el episodio del vendedor, en la mitad del aguacero torrencial, en el puente de la 92).
Un nuevo comienzo.
Entonces se inicia una nueva etapa de mi vida, fue como a mediados de junio o julio del 2006. Tenía 46 años. De alguna manera descansé. No quiero ser responsable de mi vida, he demostrado que soy capaz con ella y se la confío a Dios, se la confío plena, toda. ¡Disponga! Me liberé de lo que me pesaba, de ese lastre gigantesco que no me dejaba avanzar. Era una carga pesadísima. Lo que hice fue soltar la carga y confiar en Dios: ¡Donde me quiera poner, como quiera! Entonces doy ese paso tres que te conté -de poner la voluntad en manos de un poder superior- lo vuelvo a hacer y empiezo a escribir sobre mi relación con Dios y a salir poco a poco de donde me encontraba, lo reescribo completamente. Y le cedo a Dios, en adelante, todo mi presente y mi futuro.
Ese es un nuevo comienzo. En el edificio donde vivía necesitaban un arquitecto que hiciera la interventoría de la obra de la portería. Era una cosa sencillísima, pero ¡listo! Sí, señor, soy arquitecto. Entonces fui el interventor de la obra y empecé a recobrar confianza en mí mismo. Después me fui conectando con otras actividades. Se había iniciado un proceso en la zona G, donde vivía mi mamá, para ayudar a la comunidad a afrontar los cambios de zona residencial a restaurantes. Conocía de urbanismo, planeación y de diversos temas urbanos. Empecé a ser otra persona al servicio de la comunidad. No me interesaba el pago. El objetivo no era ese, sino servir. De ese servicio en el barrio la gente me reconocía y me invitaron a ser parte de lo que durante 15 años fue mi lugar de trabajo. Ellos mismos, para incorporarme allá, me dieron el premio al buen vecino, por el trabajo que estaba haciendo. Me invitan a formar parte de la Junta directiva, de la cual después fui su director-gerente, y así crecí, crecí…
Entonces, los AA me invitaron a un encuentro nacional al que asistían todos los “loquitos” con problemas de alcohol y drogas. Me pidieron que fuera el orador principal, abriendo la convención. Entonces yo escribí algo que se llama “Del medio-creo, al re-creo”. “Medio creo”, es mediocre; o mediocre es medio creer. Re-creo es “volver a creer”, a creer en ese Dios maravilloso que está ahí. Y volver a creer en mí, como persona, volver a creer en que las cosas son posibles, (nuevo silencio y ojos brillantes por lágrimas) siempre y cuando uno lo crea que es posible. Eso fue en Armenia. Mi esposa actual ya estaba conmigo y me acompañó.
Ella en mi vida
- ¿Cómo la conociste?
Eso fue muy curioso, porque durante todo ese tiempo, yo me hice el firme propósito de no tener ninguna relación; tenía que aprender a vivir conmigo mismo, con Dios. Y tenía que aprender a ser responsable conmigo mismo y con mis hijos. Un día mis amigos de universidad organizaron un encuentro: “¡Que nos encontremos todos, que no sé qué…! Y que…, como yo cocino… les prepare el almuerzo; ellos ponen todo y yo cocino. ¡Listo…! Allá llegó un amigo mío con ella de amiga. Era muy entradora. Nos presentó. “Yo soy pianista y soy profesora…”. Entonces, me vuelvo a conectar con la música y con una cantidad de cosas. Y le digo: “Uy, a mí me encanta el piano. Tomé clases de piano”. (Un día, en la mitad de la locura, había resuelto que, de pronto, eso me salvaba. Entonces tomé clases de piano y me enseñaron, pero pudo más la locura que el piano). El piano y la música fueron nuestro punto de conexión. ¡Y desde ese día, febrero 28 de 2009, amor a primera vista! Hasta hoy estamos unidos.
- ¿Cómo es tu relación? ¿Dios-ella-tú? El Dios que sea…
Nos volvimos a ver y le dije: “Esta es mi condición. Soy así: he pasado por esto y te lo digo, de entrada, porque quiero ser claro y tienes que saber con quién estás. Y si tú decides que no, estás libre, pero quiero que sepas quién soy yo y de dónde vengo. Pero, además que, en esto, en lo que suceda entre tú y yo, está Dios, porque Él hace parte de mi vida.”
Entonces ella me dice: –¡Pues de la mía, también! Nos dio risa porque es muy raro que, a estas alturas, dos personas adultas se encuentren así, ¿cierto? Y empieza nuestro noviazgo con muchas cosas bonitas porque, además, ella ya llevaba un tiempo separada y cada uno tenía hijos: yo, dos y, ella, una. Le propuse matrimonio y, en 2010, nos casamos en la finca de unos familiares, no por la Iglesia, pero sí en una hermosa ceremonia religiosa y espiritual. Los hijos estuvieron. Fue una de las condiciones acordadas: si los hijos no estaban de acuerdo, no habría matrimonio. Hicimos un desayuno para los cuatro y les preguntamos: – ¿Ustedes están de acuerdo? – “Sí”. ¡Listo! Fue como la bendición de los hijos.
Desde entonces, nunca he dejado a Dios. Desde ese día en que dije: “Aquí me entrego, estoy dispuesto”, yo oro. Hoy sigo ahí, con algo que llena mi corazón. Les explicaba en Armenia en la conferencia del “medio-creo al re-creo”, que no es solo el recreo del cual sale uno feliz, sino el re-creo de volver a creer en Dios, con más fortaleza, con más vehemencia. “¡Miren!: Después de todo lo que hice y después de todo lo que pasó, y así está escrito el relato, ya era que tuviera mi cabeza frita. Pero por la razón que sea, Dios me cuidó para que hoy esté donde estoy. Me cuidó para que hoy le pueda servir a Él y pueda servir a los demás.
Pero, además, esa es la segunda vez que Él me asiste. La primera vez me acababa de graduar del colegio y acompañé a mi papá en sus correrías políticas. Eso era en Guaduas, Cundinamarca. Por la noche, resolví que me iba para Honda en el carro y, al regreso, subiendo al Alto de La Mona, con un primo, ¡me quedé dormido! El carro salió volando por un precipicio y cayó dando botes y se detuvo en una roca gigantesca. ¿Sabes qué me pasó? ¡Nada! ¡Cero! El carro quedó destruido. La llanta de adelante, la del conductor, quedó metida debajo del timón. Y yo no, yo no estaba ahí. Me hubiera cortado las piernas… Por eso digo que esta fue la segunda vez que me salvó.
- ¿Cómo es hoy tu relación con tu hija, con tu hijo?
Ellos saben todo, saben mi historia de vida. Y les tocó vivirla. Cosas duras, difíciles. Mi hija pasó por lo mismo. Yo recuerdo que había noches en las que lloraba y decía: “¿Qué hago? ¡No puedo parar lo que estoy haciendo!” Y en medio del llanto no encontraba salida. Pero lo que más me dolía es que yo no estaba para mis hijos. Ellos estaban chiquitos y estaban esperando un papá, y ese papá no estaba. Estaba refundido en otras cosas…
Y tal vez, de esos regalos maravillosos que vienen después del encuentro con el vendedor de las papas y los chitos, yo vuelvo a estar para ellos. Hoy estoy presente con ellos. Presente, completo. En lo que requieran y en lo que necesiten. Ya están más grandes, claro. Mi hijo tiene 30 años. Mi hija 36. Entonces, en donde esté y como esté, estaré presente.
Son personas muy especiales para mí, lo mismo que la hija de mi esposa, que no es mi hija biológica, pero es como si lo fuera. Soy su otro “papá”, nos queremos muchísimo.
- ¿Cuántos años tiene ella?
26. Ella tiene sus hermanos de papá… pero con mi hijo, tienen una conexión especial y todo el día están comunicados… Para mi esposa y para mí eso es muy valioso, como si fueran hermanos de verdad.
- Eso fue un regalito que Dios les tenía…
Eso es lo que digo yo. Él cuadra para que las cosas sean así de perfectas.
- La experiencia de Dios es única.
Mi esposa me critica porque regalo mi tiempo. A mí no me importa, porque el conocimiento no es mío. Y a mí no me sirve que esté aquí dentro de mí. Me sirve que esté allá afuera. Si me pagan, bien. Y si no me pagan, no importa. Y yo lo veo así: Hay que ser generosos con las cosas que tenemos.
- En este momento del camino, ¿es ancho, es angosto? ¿Cómo lo ves?
Yo no le pondría ancho ni angosto. Parte de mi oración de todos los días es que yo le pido al Señor que me acompañe en ese camino, el que Él escoja, pero que me acompañe. Que me ilumine y me lleve por ese camino. ¿Cuál? Si es ancho, si es angosto, si es en pendiente, si es plano, si es pedregoso, Él lo escogerá. Yo solo le pido que me ilumine y que me oriente.
Yo recuerdo a un amigo que me ayudó mucho y me decía que es importante que tú le cuentes a otra persona todo lo que tú estás sintiendo, porque cuando tú lo haces, es más fácil de sobrellevar. ¡Gracias por escucharme!
***
“¡A Dios rogando y con el mazo, dando!”. Este dicho resume el esfuerzo necesario para quien quiere lograr propósitos importantes en la vida. El “rendirse en las manos de Dios” y dejarse llevar, de nada vale si no está acompañado del firme propósito de seguir luchando y de poner todos los medios que tengamos al alcance para hacer de la vida una ruta valiosa, esplendorosa.
Agradezco a mi amigo por habernos abierto su corazón y su alma en esta conversación llena de sinceridad y esperanza. Su vida cobró pleno sentido cuando, en verdad, decidió pasar “Del medio-creo al re-creo”.
(*) Con este título quiero nombrar las conversaciones sobre temas importantes, valiosos, de carácter personal y humano que estoy teniendo y tendré con mis amigos. Sus transcripciones son simples y revelan con total sinceridad el tema y el espíritu de cada conversación.
Bernardo Nieto Sotomayor
Marzo, 2025


1 comentario
Bernardo: Muy hermosos y muy significativos. Gracias. Hernando