Home Tags Posts tagged with "Jorge Ivan Gonzalez"
Tag:

Jorge Ivan Gonzalez

Download PDF

La revista CAMBIO ha publicado en exclusiva para sus suscriptores el libro Lo que Colombia necesita, una agenda nacional prodemocracia 2026-2030, editado por el exministro José Antonio Ocampo. Presentamos en este bloc, en dos entregas, el capítulo 10 de esta publicación, escrito por nuestro compañero Jorge Iván González, exdirector del Departamento Nacional de Planeación.

En Colombia no ha habido convergencia regional, entre otras razones, porque se le ha dado demasiado énfasis a los sectores en la asignación de los recursos, y se ha menospreciado la geografía. Sin duda, la comprensión de las razones que explicarían la asimetría regional de país exige un análisis interdisciplinario, en el que cabe la explicación de las diferentes disciplinas sociales. Afirma el papel central que tienen la geografía frente a lo sectorial ayuda a comprender pero, obviamente, no cierra la discusión.

Por otra parte, como lo ha señalado Hernando Gómez Buendía: “la figura misma de los departamentos nació muerta y ha seguido muerta hasta hoy en día. Bajo la fórmula gaseosa de ‘centralización política y descentralización administrativa’, estas instancias del gobierno han vivido como almas en pena buscando algo qué hacer y algo de qué vivir”¹.

I. No hay convergencia

A pesar de que en el país desde hace más de 50 años se está hablando de convergencia, las distancias entre regiones siguen aumentando. Es muy importante que se hagan explícitas las diferencias entre regiones y entre personas. El tema no es nuevo. El cierre de brechas ha sido un sueño reiterado, de muy diversas maneras, desde hace más de medio siglo. Fue el objetivo del plan de desarrollo del gobierno López, Para Cerrar la Brecha. Plan de Desarrollo Social, Económico y Regional 1975-1978. No obstante la insistencia dada en los discursos, las brechas se mantienen.

En el plan de desarrollo de Petro, Colombia Potencia Mundial de la Vida se incluye, como una de las cinco transformaciones, la convergencia regional. Vale la pena preguntarse por las razones que han impedido que un objetivo tan loable no se haya conseguido. La diferencia entre la propuesta de López y el nuevo enfoque se construye alrededor de la siguiente hipótesis: la convergencia se logra si los énfasis pasan de lo sectorial-poblacional hacia lo territorial.

Las desigualdades son notorias. Basta dar un dato. La incidencia de la pobreza multidimensional en Vichada, en el 2024, fue de 70,2%, mientras que la de Bogotá fue de 5,4%. Cuando se observa la evolución de la pobreza monetaria, el panorama es triste. En el 2014 había 16,4 millones de personas pobres. En el 2024 la cifra se redujo a 16,2 millones. Claramente, la lucha contra la pobreza ha sido un fracaso. La disminución de 200 mil pobres en 10 años muestra muy bien la indolencia de la sociedad colombiana frente a la pobreza. Y el panorama es más doloroso cuando se hace la comparación entre regiones. La pobreza no es un mal inevitable. Basta recordar que entre 1981 y 2015, China sacó de la pobreza extrema a 800 millones de personas.

El punto de partida del diagnóstico es el reconocimiento del desastre de la convergencia. La asignación de recursos teniendo como eje los sectores -sobre todo educación, salud y saneamiento básico- no se ha traducido en el cierre de las brechas. El alto nivel de pobreza, en términos absolutos, tiene una relación estrecha con la falta de convergencia regional. Si la brecha entre regiones no fuera tan notoria, el número de pobres sería menor.

La explicación de esta incapacidad de cerrar la brecha tiene que ver con la geografía desde dos perspectivas. Una, es la articulación entre las aglomeraciones. Y la otra, es la dimensión regional entendida desde la óptica de la conservación ambiental. Aunque son dos ámbitos cualitativamente diferentes, se complementan. Esta caracterización no se puede confundir con la distinción convencional urbano/rural. Es mucho más que ello. Se trata de una heterogeneidad fundamental. ¡Podría afirmarse que sin geografía no hay convergencia!.

II. Las aglomeraciones y su articulación

La preocupación por las vecindades fue un tema central para Alfred Marshall, quien a finales del siglo XIX diferenciaba las economías internas relacionadas con la organización de la firma individual, de las economías externas, que corresponden “… a la organización general del comercio, el aumento del conocimiento, los dispositivos comunes al intercambio, el desarrollo de industrias subsidiarias, etc.”². Esta aproximación a las externalidades está íntimamente ligada al tiempo. Las economías internas se modifican en el corto plazo.

La distinción entre el corto y el largo plazo tiene un acento claramente marshalliano. El corto plazo es análogo a las estaciones, se parece “… a las hojas de los árboles que repiten muchas veces el mismo proceso: crecen, alcanzan la madurez, llegan al equilibrio, y decaen”. El largo plazo es como el árbol que se mantiene a lo largo de las diferentes estaciones. Este comentario es pertinente porque la geografía no puede ser entendida por fuera de las dinámicas temporales.

Las vecindades generan rendimientos crecientes. Esta virtud intrínseca de las aglomeraciones es desconocida en los análisis económicos comenzando, por ejemplo, con la metodología que se utiliza para calcular la regla fiscal. Allí se estiman funciones de producción con rendimiento decrecientes, como si no hubiera aglomeraciones. Además de desconocer los rendimientos crecientes, la función Cobb-Douglas supone de manera equivocada que los factores de producción primarios son el stock de capital y las personas.

En el siglo XIX había consenso entre los economistas en que los factores de producción primarios son los recursos naturales y el trabajo. Y el examen de estas relaciones los llevaba a avanzar en la “gran búsqueda”, como llamó Sylvia Nasar la preocupación de los economistas de la época³. 

Se trataba de encontrar la forma como el desarrollo económico se puede expresar en mejores condiciones de vida para la mayoría de la población. Aquellos economistas criticaron la ley de pobres porque, decían que en lugar de administrar limosnas, se debe buscar que no haya pobres. Para Alfred Marshall “… la locura de la ley de pobres es la peor amenaza de la historia de Inglaterra”. Y más adelante agrega “… los reformadores de la ley de pobres escogieron un remedio cruel”. Y remata con ironía: “… cada nación elige tener los pobres que decide financiar”⁴.

En años recientes, Gilles Duranton quien trabajó hace 10 años con el Departamento Nacional de Planeación, en la Misión de Ciudades, considera que es necesario ir más allá del análisis de Marshall. En su opinión “… el examen no se debe reducir a la eficiencia dentro de la ciudad, sino que debe contemplar la eficiencia entre ciudades”. Por tanto, el objetivo de la política debería ser “… la reducción de los obstáculos que impiden la relocalización de los factores y de las actividades entre las ciudades”. Las ciudades permiten compartir, emparejar y aprender⁵.

La eficiencia no se debería evaluar de manera aislada, ciudad por ciudad, sino que se debe poner en primer plano la forma como se articulan. Para Duranton adquieren especial relevancia los flujos entre ciudades. En el Estudio del Sistema de Ciudades⁶, por falta de información, únicamente se examinan las conmutaciones laborales, pero es evidente que otros flujos son importantes, como el de bienes (incluyendo los cultivos ilícitos) y servicios. Las estadísticas de las que disponemos, como las del mercado laboral, o las de transporte de carga y pasajeros, suelen poner el énfasis en el stock, más que en los flujos.

Notas:

¹ Hernando Gómez Buendía. 2022. La Verdadera Historia de Colombia. Bogotá: Rey Naranjo Editores, p. 267.

² Alfred Marshall (1898), “Distribution and Exchange”, Economic Journal, v. 8, n. 29, March, pp. 37-59.

³ Sylvia Nasar. 2011. Grand Pursuit. A Story of Economic Genius. London: Fourth Estate.

⁴ Alfred Mashall. 1892, “The Poor Law in Relation to State-Aided Pensions”, Economic Journal, v. 2, n. 5, March, pp. 186-191.

⁵ Gilles Duranton (2008), Cities: Engines of Growth and Prosperity for Developing Countries? Commission of Growth and Development, Working Paper, n. 12. Washington: World Bank.⁶ Carolina Barco (2014). Misión Sistema de Ciudades. Una Política Nacional para el Sistema de Ciudades Colombiano con Visión a Largo Plazo. Bogotá: DNP, ONU Habitat, Banco Mundial.

Jorge Iván González

Diciembre, 2025

0 comentario
0 Linkedin
Download PDF

Utopías de los Años 60’s. ¡Queríamos Cambiar el Mundo! es el libro de Ricardo Mosquera publicado hace poco por el Grupo Editorial Ibáñez. Las memorias de Ricardo Mosquera recorren el tránsito de una utopía militante ‒que creía conocer el destino y el camino‒ hacia una comprensión más escéptica, compleja y abierta del cambio social.

Ricardo y la promesa de la buena vida

Este libro me hace recordar mejores tiempos. El texto de Ricardo es una reflexión acerca de la utopía de quienes pensamos que podíamos cambiar el mundo y que teníamos los instrumentos para hacerlo: 

“Se cuenta en la Historia de Utopía que los primeros pobladores de aquel país combatieron entre ellos a causa de las diversas religiones que profesaban, con grandes males para todos, y finalmente había decidido en sus leyes que cada cual pudiese profesar la religión que más concordara con sus sentimientos, sin ser molestado por nadie. Que si alguno deseaba convencer a otro lo hiciera con modestia y con razonamientos, no usando nunca violencia ni injuria…”.

Las utopías sobre la felicidad de los seres humanos se han expresado de diversas maneras, pero todas tienen un elemento común y es la búsqueda de la buena vida. Y desde los diálogos socráticos, la buena vida es el arte de conjugar virtuosidad con riqueza.

La riqueza es una condición necesaria, pero no suficiente para alcanzar la felicidad. Sabemos qué es la riqueza, pero tenemos muchas interpretaciones sobre el significado de la virtud. En cada sociedad y en cada coyuntura vamos precisando el contenido de una vida virtuosa. Gabriel Restrepo en su presentación del libro de Ricardo rescata las virtudes de la parsimonia, la prudencia y la perseverancia.

En el siglo XIX los economistas estaban empeñados en la “gran búsqueda”, como la llamó Sylvia Nasar. Trataban de encontrar la forma como el desarrollo económico se podría expresar en mejores condiciones de vida para la mayoría de la población. 

Aquellos economistas criticaron la ley de pobres porque decían que, en lugar de administrar limosnas, se debe buscar que no haya pobres. Para Marshall “…la locura de la ley de pobres es la peor amenaza de la historia de Inglaterra”. Y más adelante agrega: “…los reformadores de la ley de pobres escogieron un remedio cruel”. Y remata con ironía: “… cada nación elige tener los pobres que decide financiar”.

Por aquellos años, Mill propone la causalidad circular entre desarrollo y libertad. Una nación es más libre, dice, si es más desarrollada y, a su vez, es más desarrollada si es más libre. La versión moderna es de Sen, quien recupera la causalidad circular de Mill, y muestra que las personas son más libres si amplían el espacio de sus capacidades, de tal manera que puedan llevar a cabo el tipo de vida que consideran valioso.

En su Crítica al Programa de Ghota dice Marx:

“En la fase superior de la sociedad comunista después de que se haya superado el sometimiento del individuo a la división del trabajo, y se haya desvanecido la antítesis entre el trabajo mental y físico, el trabajo no será solamente un medio de vida, sino la prioridad de la vida. Las fuerzas productivas irán a la par con el desarrollo de los individuos, y fluirán de manera abundante los mecanismos para compartir la riqueza. Solamente en este momento se superará el horizonte estrecho de los derechos burgueses, y la sociedad entera podrá anunciar su nuevo mensaje: cada uno de acuerdo con sus capacidades, ¡y a cada uno según sus necesidades!”.

Hace casi 100 años, cuando Keynes publicó Las Posibilidades Económicas de Nuestros Nietos, imaginaba una sociedad donde las necesidades básicas de todos los seres humanos estuvieran resueltas. La humanidad se encontraría libre de las preocupaciones materiales esenciales.

“Mi conclusión es que dentro de cien años, suponiendo que no haya guerras importantes ni aumento significativo de la población, el problema económico podría resolverse, o por lo menos su solución podría estar al alcance. Esto significa que el problema económico no es si miramos hacia el futuro el problema permanente de la raza humana. […] Así, por primera vez desde la creación, el hombre se enfrentará con su problema real, su problema permanente cómo usar su libertad respecto de las preocupaciones económicas, cómo ocupar su ocio, que la ciencia y el interés compuesto habrán ganado para él, para vivir sabia y agradablemente y bien”.

Ricardo, como mesías

En cierta forma hemos tenido claro el punto de llegada.

El asunto absolutamente novedoso de la Utopía de la primera etapa de la vida de Ricardo, y de la vida de gran parte de los que estamos aquí, es que además de tener claro el ideal también pretendíamos conocer el camino para lograrlo. Obviamente, había diferencias en las modalidades específicas del tipo de revolución, pero todas las vertientes de los diferentes grupos políticos ofrecían un camino. 

Había una clara dimensión teleológica. Desde el Qué Hacer de Lenin se proponían caminos. No solamente se diseñaban fines, sino que también se prefiguraban los medios. Ricardo recuerda aquel mensaje del Che: “¡Crear dos, tres, muchos Vietnam!”. Y aquellas consignas “Libertad o Muerte”. Y en la versión del ELN, Nupalón, “Ni un paso atrás, liberación o muerte”.

Varias frases de Ricardo ponen en evidencia su profundo mesianismo, que se expresa en la convicción de conocer el destino final, y en el llamado de la historia a ser un sujeto absolutamente indispensable del proceso de redención.

“En este contexto, la utopía para un joven provinciano no solo consistía en transformar el mundo, sino en convertirse en el sujeto de cambio que pudiera hacer posible esa transformación” (p. 55).

“Mi formación estuvo guiada por una concepción de la utopía que abarcaba dos dimensiones fundamentales: cambiar el mundo y, simultáneamente, construir un sujeto capaz de habitar y sostener ese mundo transformado” (p. 58).

Y era tan clara su responsabilidad mesiánica que duda aceptar la beca para México. De alguna manera sentía que sin él podría fracasar la revolución en Colombia. El drama que describe bien en el libro se refleja en esta frase: “Aceptar la beca significaba transitar una línea delgada entre la coherencia ideológica y la necesidad de formación” (p. 83).

Ricardo y la catalaxia

Este ideal mesiánico se va rompiendo. Se juntan numerosas realidades. Y la revolución no fue una fiesta. El drama de Camilo, su muerte en la guerrilla, las dificultades de construir el Frente Unido, las disputas interminables dentro del trostkismo, las sospechas cada vez más confirmadas sobre los abusos de la dictadura stalinista… y el reconocimiento con dolor, de que: “… algo se quebró en nuestro círculo cuando conocimos del asesinato de José Raquel Mercado. Largos silencios, indignación por la brutalidad de su muerte y la certeza de que con ella caía también una parte de nuestra fe en la lucha armada” (p. 80).

En este segundo momento de su vida, el lenguaje de Ricardo cambia de manera sustantiva. Me atrevería a calificar este momento como de cataláctico. Hayek define así la catalaxia: “… usamos el término catalaxia para describir el orden que resulta de la interacción de numerosos individuos en el mercado. La catalaxia viene del verbo griego katallattein (o katallassein) que quiere decir, no solo “intercambiar”, sino también “admitir en comunidad”, y “cambiar al enemigo en amigo”.

La interacción de los individuos en el mercado lleva a resultados inesperados. Y estos procesos colectivos son posibles si se realiza el intercambio y, para ello, se requiere que el enemigo pase a ser amigo. 

En este mismo contexto, la obra magistral de Mises, se escribe en un momento en el que Stalin está en su apogeo. El dictador muere en 1953 y La Acción Humana fue escrita en 1949. Por aquellos días, en Comprensión y Política, Hannah Arendt recuerda que la obligación de los seres humanos es tratar de entender un fenómeno tan complejo como el totalitarismo. Y en este proceso, continúa Arendt, es necesario aceptar con dolor, dos conclusiones: primera, que a pesar de todos los esfuerzos, nunca entenderemos el totalitarismo. Y, segunda, siempre habrá nuevas modalidades de totalitarismo. Basta ver la acción conjunta de Israel-USA en el genocidio de Gaza.

Ricardo acepta la catalaxia en dos sentidos. Primero, reconoce que nadie puede prefigurar el futuro. Y, segundo, acepta que los cambios no dependen de sujetos brillantes, sino de transformaciones progresivas de la sociedad.

Termina rechazando la linealidad propia del historicismo marxista. Y ello se expresa muy bien en su reflexión sobre la ciudad, entendida como un “caos organizado”. El sentido de las preguntas se modifica de manera radicalmente diferente. Su preocupación es de otra naturaleza: “… más allá de los modelos técnicos y las políticas públicas, lo que realmente estaba en juego era una disputa por el alma de la ciudad. ¿A quién pertenece la ciudad?” (p. 111).

Sus estudios en México le ayudan a tener una percepción diferente de la sociedad. Como rector de las universidades Surcolombiana, la Nacional y la Autónoma, concibe el cambio desde otra perspectiva muy diferente de la del militante mesiánico.

“La rectoría de la Universidad Nacional no fue simplemente el inicio de una nueva etapa. Representó la puesta a prueba más exigente de una utopía que me había acompañado desde mis años de estudiante: la convicción profunda de que la educación, la ciencia y la tecnología no podían limitarse a observar pasivamente la realidad, sino que debían convertirse en instrumentos activos de transformación social” (p. 148).

“Siempre he creído que las universidades no están hechas solo para interpretar el mundo, sino para imaginarlo de nuevo, con lucidez y audacia” (p. 258).

Y como legislador tiene una comprensión de la sociedad más rica porque advierte sobre su complejidad. Es necesario negociar y llegar a acuerdos: “Aprendí que legislar implicaba traducir ideales en propuestas viables, negociar sin claudicar, y defender principios en medio de presiones partidistas y urgencias nacionales. Allí trabajamos, entre otras cosas, en la formulación de la ley 30 de 1992” (p. 179).

Ricardo ha abierto los ojos hacia el mundo, prestándole especial atención a China e India: “… comprendí que la utopía debía cambiar de ropaje, pero no de esencia. Ya no se trataba únicamente de soñar con revoluciones nacionales, sino de pensar en grandes procesos de integración regional, como los que Europa había logrado tras dos guerras devastadoras” (p. 201).

Este rasgo lo rescata Alejandro Gaviria en el prólogo. Muestra que siempre hay una tensión entre el deseo de justicia y la cautela liberal, entre la lucidez y el necesario optimismo, y entre los desafíos del presente y nuestros precarios instrumentos para enfrentarlo.

Como parlamentario entendió la necesidad de mirar el territorio y por ello se presentó como “un opita con dimensión nacional”.

Ricardo el escéptico

Comparto con Ricardo su sensación de frustración. Sin duda, Petro ha desperdiciado la oportunidad de avanzar hacia cambios estructurales de la sociedad colombiana. Era un momento privilegiado para haber consolidado un proyecto socialdemócrata ambicioso. No se están logrando las metas anunciadas. Y la raíz del problema ha sido la incapacidad para gobernar.

“Después de décadas de lucha por la transformación me encuentro ante la paradoja más desconcertante de mi vida pública: presenciar cómo la llegada histórica de la izquierda al poder termina por erosionar la credibilidad de la utopía transformadora” (p. 265).

Y de manera contundente afirma: “He aprendido a desconfiar de los mesías…” (p. 269).

Jorge Iván González

Publicado en la revista Razón Pública

1 comentario
0 Linkedin
Download PDF

Durante este año, la tasa de interés de Estados Unidos ha disminuido. Estas variaciones tienen implicaciones en la política monetaria y fiscal del país.

La gráfica muestra la evolución de la tasa de interés de los fondos federales entre enero 1 de 1970 y octubre 1 de 2025. En la parte superior derecha se amplía la parte de la serie correspondiente a 2025. La última tasa es 4,09 %, que es menor a la de 4,33 % que existía a comienzos de 2025. Aunque la tasa ha disminuido, continúa siendo alta si se compara con los niveles observados en el último cuarto de siglo. 

Entre enero de 2000 y diciembre de 2024 la tasa de interés promedio fue de 1,92 %. Las bajísimas tasas de interés de estos años llevaron a aumentos considerables de las deudas, tanto del sector público, como del privado. Las empresas y los gobiernos aprovecharon el momento; el crédito se incrementó de manera sustantiva y no ha dejado de aumentar.

El movimiento observado este año, que está llevando a la baja de la tasa de interés en Estados Unidos, tiene repercusiones en el mundo entero. Esta transmisión se explica por la movilidad internacional de capitales y por la predominancia del dólar como divisa internacional, que está asociada al poder económico, político y militar estadounidense.

El mercado de capitales se ha internacionalizado. Las fronteras entre naciones se han vuelto muy tenues. Prácticamente se han borrado. Los capitales viajan de un lado a otro con pocos controles. O, más allá, aun cuando no haya movimiento del dinero, las expectativas que generan decisiones de la Reserva Federal modifican las políticas monetarias de países como Colombia. Este paso de reducción de la tasa de interés, todavía muy débil, tiene cuatro impactos inmediatos en Colombia.

Primero, cae la rentabilidad de las reservas. El país tiene US 66 mil millones de reservas y el 86% está invertido en dólares. Si la rentabilidad de estos papeles disminuye por la caída de la tasa de interés, las ganancias del Banco de la República se reducen. El manejo de portafolio del Banco ha sido conservador. Y a pesar de la crisis del dólar continúa siendo la divisa más segura. Quienes en el Banco de la República (BR) deciden la composición del portafolio de las reservas no están dispuestos a especular en los mercados financieros. En 2024 la utilidad del BR fue de $10 billones; en gran parte se explica por el rendimiento de las reservas.

Segundo, hay una menor presión sobre la tasa de interés interna que favorece el costo de la deuda. Esta situación se presenta porque la movilidad de los capitales internacionales ha reducido de manera significativa la autonomía de la política monetaria y, por esta vía, el margen de maniobra de la política fiscal. Las decisiones iniciales de los gobiernos se toman en el frente monetario, como respuesta a las dinámicas de los capitales externos. Y, después, los desbalances que crea la política monetaria tienen que ser compensados con las medidas tributarias. La tasa de interés de papeles domésticos, como los TES, están muy marcadas por las variaciones de la rentabilidad en Estados Unidos. Si allí se reduce la tasa de interés, se genera un espacio propicio para disminuir la rentabilidad de los TES.

Tercero, aleja la amenaza de una fuga de capitales. Si la tasa de interés externa es baja, los capitales no tienen incentivos para salir del país. Si la rentabilidad de los títulos del Tesoro de Estados Unidos disminuye, no hay incentivos para la fuga de capitales.

Cuarto, el dólar pierde valor. Aunque la participación del dólar en el abanico de divisas internacionales ha ido disminuyendo, pasando de 70 % en el año 2000 a 56 % en 2024, sigue teniendo una relevancia significativa. Esta superioridad le da numerosas ventajas a Estados Unidos. La mitad de los dólares están por fuera de ese país, así que la Reserva Federal puede emitir sin que ello tenga mayor relevancia en la inflación interna. El dólar es aceptado en cualquier país del mundo y es un medio de cambio universal. 

Puesto que el dólar sigue teniendo relevancia entre las divisas, la menor tasa de interés de la Reserva Federal desestimula la tenencia de dólares. Esta pérdida del valor del dólar a nivel internacional es una de las razones que explican que en Colombia hoy esté relativamente barato, a $3.851.

Jorge Iván González

Publicado en la REVISTA SUR

0 comentario
0 Linkedin
Download PDF

En julio, el crecimiento anual del Índice de Seguimiento de la Economía (ISE) fue de 4,33 %. Una variación relativamente buena. La economía colombiana avanza a un ritmo medio. Las explicaciones de este resultado no se pueden precisar con claridad. 

Se conjugan numerosos factores, entre los que tienen que considerarse la economía ilegal, la de la coca y la minería. Las remesas también han tenido un buen comportamiento. El café continúa con un buen precio (US$3,68 libra). El turismo sigue creciendo.

A propósito de este crecimiento del PIB es interesante reflexionar sobre las causalidades en economía y sobre la forma como el Estado y las políticas gubernamentales inciden en el desarrollo económico. En su crítica a la intervención del Estado, en una época en la que eran evidentes los desastres a los que puede llevar el totalitarismo, Mises[1] y Hayek[2] consolidaron sus ideas sobre el papel de la catalaxia en las decisiones humanas.

Hayek define así la catalaxia:

“…el término catalaxia lo usamos para describir el orden que resulta de la interacción de numerosos individuos en el mercado. La catalaxia viene del verb griego katallattein (o katallassein), que quiere decir, no solo “intercambiar”, sino también “admitir en comunidad” y “cambiar el enemigo en amigo”[3].

La interacción de los individuos en el mercado lleva a resultados inesperados. Y estos procesos colectivos son posibles si se realiza el intercambio y, para ello, se requiere que el enemigo pase a ser amigo.

La obra magistral de Mises se escribe en un momento en el que Stalin está en su apogeo. El dictador muere en 1953 y La acción humana fue escrita en 1949. Por aquellos días, en Comprensión y Política, Hannah Arendt[4] recuerda que la obligación de los seres humanos es tratar de entender un fenómeno tan complejo como el totalitarismo. Y en este proceso, continúa Arendt, es necesario aceptar con dolor dos conclusiones: primera, que a pesar de todos los esfuerzos, nunca entenderemos el totalitarismo y, segunda, siempre habrá nuevas modalidades de totalitarismo. Basta ver la acción conjunta de Israel-Estados Unidos en el genocidio de Gaza.

Hayek, Mises y Arendt siempre se hicieron la pregunta por la posibilidad de una conducción mesiánica de la sociedad. Criticaron el historicismo determinista, comenzando por el de Marx, y no aceptaron las pretensiones de quienes se consideran seres privilegiados que pueden escrudiñar el “bien de la patria” en palabras de Uribe, o la “orden del pueblo” en la voz de Petro. Las dinámicas endógenas de los procesos catalácticos llevan a resultados inesperados, que no puede predecir ninguna mente, por brillante que se crea.

Hayek le criticaba a Keynes su afán por prefigurar a través de las “convenciones” lo que podría ser bueno para la economía y que evitaría una recesión. Junto con Keynes, Hayek creyó en la incertidumbre radical. Para ambos, frente al futuro es necesario aceptar, con humildad, que no sabemos. Con el fin de contrarrestar, de alguna manera, esta incertidumbre, Keynes recurrió a diversas modalidades de intervención pública, expresadas bajo el nombre genérico de convenciones. Hayek, por su parte, deposita toda la confianza en la catalaxia. En su opinión, la pretensión discrecional de los gobiernos conlleva la semilla del totalitarismo.

En la dinámica endógena de las sociedades, expresada a través de la catalaxia, siempre es pertinente la pregunta por el papel del gobernante. Sin duda, en momentos claves aparecen líderes que movilizan la opinión en uno u otro sentido, pero para Hayek el líder es posible gracias a las complejas acciones colectivas. El dictador es el resultado de dinámicas catalácticas que, como dice Arendt, finalmente son incomprensibles.

Se equivocan los gobernantes con ínfulas mesiánicas. Por ejemplo, a propósito del crecimiento de 4,33% del PIB en Colombia, la tentación simplista lleva a plantear relaciones de causalidad lineales, así que, cuando los resultados son buenos, el gobernante afirma que es gracias a sus decisiones, pero si el balance no le conviene, busca explicaciones en otros, o en las circunstancias que no lo comprometen.

Sin duda, la evolución de la economía colombiana contradice los augurios pesimistas de quienes consideraban que con Petro los negocios se irían a pique. Hubo quienes afirmaron, incluso, que el dólar superaría los $5 000. De todas maneras, frente al modesto crecimiento del PIB no puede olvidarse que en 2014, en términos monetarios, había 16,4 millones de personas pobres. En 2024, la cifra se redujo a 16,2 millones. Claramente, la lucha contra la pobreza ha sido un fracaso. La disminución de 200.000 pobres en 10 años muestra muy bien la indolencia de la sociedad colombiana frente a la pobreza. En otras palabras, el incremento del PIB no logra modificar ni la pobreza, ni la desigualdad.

A pesar de las tensiones entre el presidente y el sector privado, las lógicas del mercado han seguido operando sin mayores tropiezos. No obstante estos logros mediocres, se ha desperdiciado una oportunidad excepcional para haber consolidado una agenda socialdemócrata. La asimetría entre el discurso presidencial contra los ricos y la consolidación de la economía de mercado pone en evidencia la pertinencia de la catalaxia. 

No hay una relación directa entre las acciones gubernamentales y los procesos endógenos de la acción humana. Las decisiones que pretenden cambios discrecionales en el quehacer económico tienen efectos limitados. La catalaxia es la negación de cualquier posibilidad de mesianismo.

Jorge Iván González

Octubre, 2025

Publicado en REVISTA SUR

______________________

[1] Mises, Ludwig von. (1949). La acción humana. Tratado de economía, 2 vol. Valencia: Fundación Ignacio Villalonga, 1960.

[2] Hayek, Friedrich von. (1944). Camino de Servidumbre. Madrid: Unión Editorial, 2006.

[3] Hayek, Friedrich von. (1976). Law, Legislation and Liberty. The Mirage of Social Justice, vol. 2. Chicago: University of Chicago Press, p. 106.

[4] Arendt, Hannah. (1953). “Comprensión y Política”, en Arendt, Hannah. (1995). De la historia a la acción.Barcelona: Paidós, pp. 29-46.

1 comentario
0 Linkedin
Download PDF

La ley de financiamiento es un intento desesperado por buscar recursos en un momento cuando las finanzas públicas pasan por una situación difícil. Como la reforma anterior presentada por Ricardo Bonilla, la nueva tampoco tendrá futuro en el Congreso.

Los temas relevantes son: i) La ley de financiamiento es una reforma tributaria. ii) La progresividad está llegando a un límite. iii) Es una reforma coja.

1. Es una reforma tributaria

No puede afirmarse, como lo ha dicho el ministro de Hacienda, que el proyecto de ley apenas sea un instrumento para cerrar la brecha del presupuesto de 2026. Es una verdadera reforma tributaria. Toca temas que son fundamentales, además de que es ambiciosa en sus pretensiones. Se aspira a obtener $26,3 billones, que es un monto significativo. Según el gobierno, estos recursos serán el primer paso para recomponer “…la senda de la consolidación fiscal”¹.

El proyecto toca aspectos centrales de la tributación, así que no puede considerarse como una ley de financiamiento transitoria. Los tributos que se proponen tienen una vigencia permanente, que claramente supera el plazo de un año. No es una propuesta de financiación atada a los gastos e inversiones de un año. Mucho más allá de financiar el presupuesto de 2026, se están buscando los recursos necesarios que permitan ir cerrando la brecha fiscal en los próximos años.

El cuadro muestra los principales tributos y los ingresos que se estiman de cada uno de ellos. El proyecto de ley retoma las conclusiones de la Comisión de Beneficios Tributarios² que critica las numerosas exenciones, descuentos y deducciones que existen en el país. El gasto tributario es el valor de estos menores ingresos. Es conveniente ir mejorando la contabilidad del gasto tributario para conocer el monto que está dejando de percibir el gobierno por los beneficios que otorga. La mayoría de estos beneficios se deciden sin una justificación clara. Los gastos tributarios que  deberían reducirse tienen que ver, sobre todo, con el IVA y la renta de personas naturales.

En el 2023 el gasto tributario asociado al IVA fue de 5,6% del PIB. Este monto se piensa reducir en $1,3 billones. Entre las medidas estaría el aumento de IVA a los vehículos híbridos, que ahora está en 5% y podría llegar al 1%. También se aumentaría el IVA a los hoteles, a las ganancias ocasionales (3%). Igualmente, se suprime la exención de IVA a las importaciones de valor inferior a US$200.

Los mayores impuestos a los combustibles generarían $2,6 billones. El gobierno insiste en que el efecto sobre la inflación será muy bajo. Y, de manera equivocada, supone que este aumento no afecta a los más pobres.

Los juegos de azar, sobre todo los que se practican por internet, han aumentado sus ingresos de manera significativa. Los mayores impuestos al sector representarían $1,6 billones.

Se aumentan las tarifas del impuesto a la renta de personas naturales; ello representaría $0,9 billones. Además, se amplía la base para empezar a cobrar el impuesto al patrimonio. El nivel más bajo pasaría de $3.600.000.000 a $2.000.000.000. El recaudo por este concepto sería de $2,2 billones.

Las empresas extractivas tendrán mayores impuestos. También se incrementan los tributos para los cigarrillos, el licor, los vapeadores.

Desde el punto de vista ambiental, lo más notable es el aumento del impuesto a las emisiones de carbono, que pasaría de $27,3 mil por tonelada a $40 mil. En el escenario internacional, este impuesto continúa siendo bajo. Se espera llegar a $0,6 billones.

Es notable el aumento del impuesto al consumo. La tarifa máxima se elevaría de 16 % a 19 %. Se incluyen las entradas a los eventos deportivos, cuando el valor de la boleta supere los $500.000.

2. La progresividad está llegando a su límite

La progresividad es un reto que se propuso la administración Petro desde el comienzo. El primer paso en esta dirección fue la reforma tributaria de Ocampo. Se aprobó una tarifa a la renta que aumenta con el nivel de ingreso. Este proyecto de ley mantiene el mismo principio y, además, incrementa el número de contribuyentes que tienen que tributar sobre el patrimonio.

Sin duda, estas decisiones mejoran la progresividad. Pero esta dinámica tiene un límite porque la tarifa no aumenta de manera exponencial que sería lo ideal.

Tal y como se observa en la gráfica, la tarifa que comienza en 19% se estanca en 41%. El pago comienza con $4,5 millones/mes. La tarifa más alta la pagan quienes ganan más de $126,6 millones mensuales. A partir de este punto, cualquier nivel de ingreso paga 41%. En otras palabras, la progresividad es débil³, porque la tarifa no continúa aumentando. Esta dinámica es muy diferente a la de una progresividad fuerte, que se presentaría cuando la tarifa aumenta de manera exponencial.

El círculo verde de la gráfica muestra que la pendiente se acelera en el rango de clase media. Entre  $4,5 y $17 millones mensuales la tarifa crece de forma rápida y después reduce el ritmo de crecimiento. Ello significa que la progresividad del impuesto se presenta, sobre todo, en este tramo del ingreso. Los súper súper superricos, cualquiera que sea su ingreso, tienen una tarifa de 41%. En condiciones ideales este porcentaje debería continuar aumentando.

A pesar de los esfuerzos que se han hecho por reducir la desigualdad, los resultados continúan siendo muy frágiles. Para reducir la concentración del ingreso no es suficiente la tributación a las personas naturales y a las empresas. Por esta razón, en el plan de desarrollo Colombia, Potencia Mundial de la Vida se muestra la necesidad de examinar diversas mediciones de la equidad. Se trata de cinco Gini. El primero es el del ingreso de los hogares. En 2024 fue 0,551. El segundo es el Gini de la riqueza que podría estar alrededor de 0,7. La tercera medición es el Gini de tierras. De acuerdo con el último censo agropecuario, el de 2014, este Gini es 0,92. La cuarta medición es la concentración bursátil. Esta Gini puede estar alrededor del 0,9. Y el quinto Gini es el inmobiliario. Actualmente no se tiene un cálculo de este nivel de concentración.

3. Es una reforma coja

El país está en mora de discutir una reforma tributaria integral que examine de manera conjunta los impuestos que recibe la Nación, junto con los de los gobiernos locales. La situación fiscal de los departamentos es lamentable. En palabras de Hernando Gómez:

“… la figura misma de los departamentos nació muerta y ha seguido muerta hasta hoy en día. Bajo la fórmula gaseosa de ‘centralización política y descentralización administrativa’, estas instancias del gobierno han vivido como almas en pena buscando algo qué hacer y algo de qué vivir”⁵.

El proyecto del gobierno continúa con la tradición de centrar toda la atención en el nivel nacional, dejando por fuera a los municipios y departamentos.

Jorge Iván González

Publicado en REVISTA SUR

_____________________

¹Ministerio de Hacienda y Crédito Público. (2025). Proyecto de Ley. Por Medio de la Cual Se Expiden Normas para el Financiamiento del Presupuesto General de la Nación Orientadas al Restablecimiento del Equilibrio de las Finanzas Públicas, la Sostenibilidad Fiscal, y Se Dictan otras Disposiciones. Bogotá: Ministerio de Hacienda. 

²Comisión de Expertos en Beneficios Tributarios, CBT. (2021). Informe Final. Bogotá: Ocde, Dian.

³La primera deriva de la tarifa con respecto al ingreso es positiva y la segunda es negativa.

⁴En este caso la primera y la segunda derivada son positivas.

⁵Gómez Buendía, Hernando. (2022). La Verdadera Historia de Colombia. Bogotá: Fundación Razón Pública, Rey Naranjo Editores, p. 267.

0 comentario
0 Linkedin
Download PDF

Las Appa cumplen un objetivo doble. Por un lado, se trata de garantizar la producción de alimentos y, por otro, se busca que esta agricultura de bienes básicos no se aleje de los centros urbanos.

El plan de desarrollo Colombia Potencia Mundial de la Vida tiene como eje central el ordenamiento del territorio alrededor del agua. Ningún plan anterior le había dado tanta relevancia a la geografía. En este contexto se inscribe el art. 32 sobre los niveles de prevalencia del ordenamiento del territorio.

Este artículo complementa el de Jaime Eduardo Reyes, “El Lío con las Áreas de Protección para la Producción Alimentaria” (Razón Pública, agosto 31). El autor tiene razón en mostrar las complejidades institucionales derivadas del art. 32. Las líneas siguientes hacen énfasis en los aspectos contextuales.

  • El caos del “ordenamiento” del territorio

El Plan reconoce que, en temas de ordenamiento del territorio, la situación del país es caótica. La categoría apropiada no es “orden”, sino “caos”. Y una de las razones es la existencia de un abanico heterogéneo de instituciones que tienen relación con el ordenamiento del territorio, sin que exista ninguna jerarquía clara entre ellas. En medio de este desorden las entidades se pelean entre ellas, sin poder determinar la instancia responsable. El resultado final es el daño ambiental, la deforestación, la falta de articulación entre los municipios, la pérdida de la biodiversidad, la contaminación de los ríos, la extensión de los cultivos de coca y de la minería ilegal. La paz tiene una relación estrecha con la forma como se ordena el territorio. Para el Plan de Desarrollo no hay ninguna duda de que el principal problema del país es el ordenamiento territorial.

El asunto está pendiente desde la Constitución de 1991. Veinte años después se aprobó la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial (LOOT), que no resolvió ninguno de los problemas relevantes. El desorden se ha agudizado.

  • Las Appa en una nueva jerarquía

Sin pretender resolver el problema, el art. 32 del Plan de Desarrollo que modifica el art. 10 de la ley 388 de 1997 y que se discutió muchísimo, define un orden de prevalencia del ordenamiento territorial.

El nivel 1 tiene que ver con la conservación, la protección del ambiente y los ecosistemas, el ciclo del agua, los recursos naturales, la prevención de amenazas y riesgos de desastres, la gestión del cambio climático y la soberanía alimentaria.

Las áreas de protección para la producción de alimentos (Appa) corresponden al nivel 2. El objetivo es doble. Por un lado, se trata de garantizar la producción de alimentos y, por otro, se busca que esta agricultura de bienes básicos no se aleje de los centros urbanos. En la definición de las áreas se da especial importancia a las definiciones de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA), así que en medio del caos institucional se le asigna una prioridad jerárquica. Gracias a su excelente nivel técnico, la entidad se ha convertido en una pieza central del ordenamiento del territorio. En los procesos de catastro multipropósito determina el nivel de asimetría entre la vocación y el uso del suelo.

El art. 32 define otros cuatro niveles inferiores en el orden de prevalencia, que no son objeto directo de esta discusión, pero sí expresan la intención de poner algún orden en medio del caos. En el parágrafo 1 se destaca la importancia del Sistema de Administración del Territorio (SAT) que, en condiciones ideales, debería permitir reducir el desorden.

La situación actual no permite pensar que estas medidas resolverán el problema del ordenamiento, que es intrínsecamente complejo. Por esta razón, la Misión de Descentralización propone que se lleve al Congreso una nueva ley, que reemplace la LOOT y que “…refleje el reconocimiento de la heterogeneidad de las entidades territoriales, permitiéndoles tener un rango de flexibilidad para la gestión de sus competencias con el fin de materializar una mayor descentralización y autonomía” (p. 54).

En otras palabras, el art. 32 no resuelve el problema del ordenamiento territorial, pero sí ayuda a establecer jerarquías. Para solucionar el asunto de raíz habría que expedir una nueva ley de ordenamiento.

  • La imposibilidad fáctica de cerrar los bordes

Colombia ha demostrado que es incapaz de cerrar los bordes de las ciudades y las áreas metropolitanas se siguen expandiendo. La presión urbana hala el precio del suelo hacia arriba, lo que crea una tensión entre los usos inmobiliario y productivo. Si el precio del suelo aumenta, termina siendo más atractivo destinar el lote a la urbanización que a la producción agrícola. Esta tensión se inclina hacia los usos urbanos. Es claro el desestímulo a la producción agropecuaria en los bordes y el progresivo alejamiento de la oferta de alimentos de las ciudades. En Colombia los planes de ordenamiento territorial han sido incapaces de cerrar el borde y ello se ha manifestado en mayores precios del suelo. Estas variaciones de los precios superan los aumentos en la productividad agrícola. Si efectivamente hubiera un cierre del borde y los precios del suelo rural se pudieran estabilizar, unos aumentos razonables de la productividad agraria permitirían que la producción de alimentos tuviera lugar en las cercanías de las ciudades.

La reflexión sobre las interacciones entre el precio del suelo, el costo de producción y la productividad es relevante porque permite abrir la discusión sobre el vínculo entre los cambios en la estructura de costos y las variaciones de la productividad. Se observa que la productividad agrícola se ha rezagado frente a los cambios en el precio del suelo. Este fenómeno es el reflejo de tres situaciones. La primera es el impacto de la expansión urbana en las áreas rurales continuas. La ciudad impone sus reglas de juego. Este enfoque ya lo propuso el Sistema de Ciudades, que pone el énfasis en la incidencia que tiene la aglomeración sobre su entorno. La segunda es el aumento del precio del suelo. El impacto inicial de la aglomeración se refleja en el precio del suelo. En la medida en que la ciudad va creciendo, el suelo va siendo relativamente escaso. Los mayores precios se observan en el mediano plazo. Y la tercera es la poca capacidad que tienen las pequeñas y las medidas unidades agrícolas de mejorar la productividad.

Los datos para Bogotá son dicientes. Entre 2015 y 2019 el aumento promedio de los precios del suelo en los bordes fue de 154,6 %. Para compensar este mayor precio, la productividad agrícola tiene que crecer, por lo menos, al mismo ritmo que el valor del suelo. En la zona rural del norte de Bogotá la finca tendría que aumentar su extensión de 5,09 hectáreas (ha.) a 6 para que el ingreso fuera equivalente al de la Unidad Agrícola Familiar (UAF), que es cercano a tres salarios mínimos. En el área rural de Tunjuelo se tendría que pasar de 14,1 ha. a 22 ha. Y en Sumapaz de 91,94 ha. a 110 ha.² Como estas ampliaciones de la extensión de la finca son imposibles, el propietario termina vendiendo la tierra a los inversionistas inmobiliarios.

Este conflicto entre precios y productividad se expresa finalmente en un alejamiento de la producción agropecuaria de los centros urbanos y ello se manifiesta en mayores costos de transporte. Las Appa del art. 32 son un intento por frenar este proceso. Pero, obviamente, su éxito depende de la articulación con los planes de ordenamiento de las ciudades y de un ejercicio colectivo que se traduzca en un cierre adecuado de los bordes. Sin estos acuerdos las discusiones sobre las jerarquías continuarán, sin que jamás se sepa quién tiene la razón.

__________________

Jorge Iván González

Publicado en RAZÓN PÚBLICA

²Infometrika, Universidad del Rosario. (2018). Cálculo de la Unidad Agrícola Familiar (UAF) Promedio en las Diferentes Zonas del Distrito Capital. Caracterización Socioeconómica de la Población Sujeto de Ser Estratificada con la Metodología de Fincas y Viviendas Dispersas de la Zona Norte, Tunjuelito y Sumapaz. Bogotá.

0 comentario
0 Linkedin
Download PDF

El filósofo, economista y primer director del Departamento Nacional de Planeación (DNP) de esta administración, hace una cruda y sentida radiografía de la marcha del primer gobierno de izquierda.

Hay que echar apenas un vistazo a los comentarios en internet para entender la dimensión de Jorge Iván González, arquitecto del Plan Nacional de Desarrollo y primer director del Departamento Nacional de Planeación (DNP) del gobierno del presidente Gustavo Petro: “No es fácil encontrar un economista con su talante”, dice un perfil de este filósofo, economista, docente universitario, buen conversador y, especialmente, un ser profundamente preocupado por esa Colombia profunda, a la que ningún gobierno ha sido capaz de sacar de la pobreza. “Su pensamiento es un balance cuidadoso entre la bondad humana, el rigor técnico-científico y la filosofía, capaz de proponer caminos para la cohesión social”.

González reflexiona con Cambio sobre la marcha de un gobierno al que él ayudó a elegir.

CAMBIO: Usted, que fue uno de los funcionarios más importantes de este Gobierno, ¿cómo está ahora?

JORGE IVÁN GONZÁLEZ: Profesionalmente, bien. Volví a la academia, al Externado y a la Nacional. Tengo trabajos con la Federación de Departamentos. Estoy muy dedicado a la lectura…

CAMBIO: Y de ánimo, al ver lo que está pasando, ¿cómo anda?

J. I. G.: Triste, profundamente frustrado.

CAMBIO: ¿Por qué?

J. I. G.: Por lo que está ocurriendo con un proyecto que no es solo mío, sino de toda una generación que soñó con una socialdemocracia posible, con un cambio estructural, y que ya no se dio.

CAMBIO: ¿Por qué cree que pasó esto?

J. I. G.: Habría que preguntárselo al presidente Petro. ¿Por qué desprecia el Plan Nacional de Desarrollo? ¿Por qué desprecia a quienes formamos parte del primer equipo económico del Gobierno? Allí estábamos César Ferrari, Gerardo Ardila, Ricardo Bonilla, Germán Umaña, José Antonio Ocampo, Cecilia López, entre otros. ¿Cómo se puede despreciar a ese equipo? ¿Cómo se desprecia a Ocampo, el pensador estructuralista más importante de América Latina? ¿Cómo se desprecia el conocimiento que representa la Universidad Nacional?

CAMBIO: Hay un orgullo en las universidades por la influencia que tienen en los gobiernos. Pocas veces como ahora la Nacional estuvo tan cerca del poder, ¿cierto?

J. I. G.: Así es. Yo digo: si alguna vez la Nacional estuvo cerca del poder, fue ahora. Y ese proyecto lo destruyó el propio presidente Petro. Eso es lo más doloroso.

CAMBIO: ¿Por qué ocurrió eso?

J. I. G.: Mi interpretación es que Petro intentó gobernar durante los primeros seis meses, pero al ver que no podía cumplir lo que prometió, hizo un giro maestro: pasó de gobernante a candidato. Lo dijo Alejandro Gaviria: “El candidato ganador tiene que aceptar la tragedia de ser gobernante”. Petro no quiso aceptar esa tragedia. Y al no poder gobernar, volvió a hacer campaña desde el poder.

CAMBIO: ¿Gobernó muy poco?

J. I. G.: Sí. Como lo digo: Petro gobernó seis meses. Después se dedicó a hacer campaña desde el poder.

CAMBIO: Vamos al principio. Usted fue el arquitecto del actual Plan Nacional de Desarrollo que, en concepto de muchos expertos, era la herramienta ideal para construir un país mejor. ¿Cómo fue eso?

J. I. G.: Este plan fue el resultado de muchos años de reflexión y experiencia. He trabajado durante años en el Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID), en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional, en el Instituto de Estudios Urbanos. Cuando Petro fue alcalde, trabajé como consultor en la formulación de su plan de desarrollo…

CAMBIO: Usted, que conoce a Petro desde hace mucho tiempo, ¿qué virtud vio en sus ideas para impulsar nuestra sociedad?

J. I. G.: Petro tuvo un gran acierto: planteó que el principal problema del país era el tema ambiental. Habló de Colombia como “la potencia mundial de la vida”. Ese es un mensaje muy potente. Y ningún otro plan de desarrollo había insistido tanto en la importancia de la geografía como este.

CAMBIO: A partir de esa idea central, ¿se empezó a discutir con la gente?

J. I. G.: Las propuestas que hicimos ‒lo que nosotros llamamos las “transformaciones” ‒ fueron realmente potentes. Una de las ideas más importantes, como lo he dicho, fue poner la geografía como eje central: priorizar el ordenamiento del territorio.

CAMBIO: ¿Por qué?

J. I. G.: El argumento del plan es que el principal problema de economía política en Colombia es precisamente ese: el ordenamiento del territorio. Esa era, de hecho, una idea que ya venía del presidente Petro desde su programa de gobierno durante la campaña.

CAMBIO: ¿Se tuvo en cuenta a todos los sectores?

J. I. G.: Fue un proceso muy complejo. Partimos del programa de gobierno, realizamos 51 diálogos regionales, pasamos por el Consejo Nacional de Planeación, consultamos a gremios, ministros… Claro, cada ministro intentó incluir artículos por su cuenta. Luego vino la etapa en el Congreso, donde se discutió intensamente. Fue un trabajo enorme.

CAMBIO: ¿Algunos encuentros fueron multitudinarios?

J. I. G.: Fueron días muy emocionantes. En Cali, por ejemplo, había en un mismo espacio 12 000 personas. Nosotros escuchábamos, y luego, al pasar al papel, tratábamos de reflejar las palabras más mencionadas para así priorizar los temas que le importaban a la gente. Fue una auténtica maravilla. ¡Diálogos regionales, en 573 municipios, con más de 250.000 personas! Un país volcado en trazar su futuro.

CAMBIO: ¿La gente creía que ahora sí vendría un cambio?

J. I. G.: Era muy conmovedor. Me sentía como un rock star porque la gente se acercaba para tocarlo a uno, le hablaba, le pasaba papelitos con sus aportes, y lo hacían con la convicción de que por fin estaban frente a un representante del Estado. Esa ilusión la alimentó Petro. Creó una expectativa general como pocas veces en nuestra historia.

CAMBIO: ¿La expectativa era general?

J. I. G.: De todos, pero la expectativa no era solo del pueblo. Nosotros, los funcionarios, también teníamos una enorme ilusión. Yo estaba feliz en Planeación. Sentía que por fin estábamos construyendo una razón pública nacional, como debe ser Planeación Nacional. Esa era su función: articular, dar sentido a lo colectivo. Y sentía que por fin estábamos llevando a la realidad toda la teoría que durante décadas habíamos cultivado.

CAMBIO: ¿Este es el plan más avanzado de nuestra historia?

J. I. G.: En nuestra historia ha habido planes muy completos, como Las Cuatro Estrategias, de Misael Pastrana. Pero, claro, hemos avanzado como sociedad: ahora en éstos, son protagonistas las mujeres, las comunidades LGBTI, los pueblos indígenas. El Plan Nacional de Desarrollo 2022–2026, Colombia, potencia mundial de la vida, es la hoja de ruta más avanzada.

CAMBIO: ¿Por qué?

J. I. G.: Porque abordamos en profundidad el problema estructural más grave: el ordenamiento del territorio. Todo está relacionado con eso: la violencia, la coca, la minería ilegal, el caos urbano. Ese fue el eje fundamental del plan.

CAMBIO: ¿Ese tema está en el acuerdo de paz del Estado con las Farc?

J. I. G.: Sí. Recogimos buena parte de lo acordado en La Habana. En realidad, el plan de desarrollo es una traducción muy seria de los acuerdos, especialmente en lo que se refiere a la transformación del campo. Le dimos una importancia central, junto con la modernización del sector agropecuario. Uno de los temas clave fue el catastro multipropósito. Sin catastro, no hay territorio.

CAMBIO: ¿Cuál era la meta en este punto?

J. I. G.: Propusimos una meta del 70 % de cobertura en 600 municipios. Pero vamos muy atrasados. El IGAC (Instituto Geográfico Agustín Codazzi) apenas llega al 28 %. Otro gran eje fue la transición energética, y en eso sí me queda una tranquilidad: Planeación Nacional nunca dijo “no más exploración”.

CAMBIO: ¿Por qué habla de tranquilidad?

J. I. G.: Porque ese fue un error grave de la ministra Irene Vélez. Le hizo un daño enorme a Colombia y a Ecopetrol. Si no se produce petróleo hoy, no será posible hacer la transición energética mañana.

CAMBIO: ¿Así es la cosa?

J. I. G.: Sí. Colombia necesita pasar de producir 750.000 barriles diarios a un millón. Siempre lo dijimos desde Planeación, y eso molestó al presidente. Pero no se puede tapar el sol con un dedo: la transición energética necesita recursos, necesita petróleo para hacerla bien hecha: eso no es de la noche a la mañana. Hay que cambiar, claro, pero de a poquitos. Necesitamos avanzar, por supuesto, pero con cierto realismo.

CAMBIO: Su diagnóstico ahora es que el plan no arrancó. ¿Por qué?

J. I. G.: Por varios factores. Después de los primeros meses, el presidente fue nombrando personas que demostraban un profundo desprecio por la institucionalidad, por esa visión, por ese conocimiento de quienes arrancamos.

CAMBIO: Pero el problema no es solo de los músicos, sino que el director de orquesta es él…

J. I. G.: Sí. A mí me impresiona el desprecio que ha mostrado el presidente por el plan. Un desprecio total desde la cabeza del Gobierno. Lo abandonó completamente. Aunque, visto en perspectiva, sinceramente creo que Petro nunca quedó satisfecho con el plan.

CAMBIO: ¿Por qué?

J. I. G.: Es muy sorprendente porque tenía una herramienta a su disposición que estaba en su programa de campaña. Entonces uno se pregunta: ¿cómo puede ser que, teniendo un plan sólido, con estrategias claras y con indicadores bien definidos, se termine hablando de cosas que no tienen nada que ver, como la Constituyente o la pelea con Thomas Greg & Sons? Ninguna de esas discusiones guarda relación con el Plan de Desarrollo, que era lo que ‒estoy seguro‒ le habría permitido a Colombia dar un salto hacia adelante. Este es otro Petro.

CAMBIO: ¿Cuál Petro le gustaba a usted?

J. I. G.: Yo me imaginaba un Petro distinto, uno parado en una plaza de la Orinoquía diciendo a los gobernadores: “Ustedes tienen 12 billones de pesos de inversión. No conviertan esto en una piñata. Nos reunimos la próxima semana para definir tres proyectos estratégicos para la región”. Con su capacidad de liderazgo y de convocatoria, así debería ser. Ejemplos como este son los que pretendía el plan de desarrollo, y que fuera por todo el país, tomando cuentas, supervisando. Me gustaba el Petro que lidera y articula. No el que va a manifestaciones a emprender peleas insólitas.

CAMBIO: ¿Usted cree que el plan no se va a cumplir?

J. I. G.: Siempre se “cumplen”. Planeación, como siempre, el último día dirá que se cumplió el 99,9%. Eso lo hacen todos los gobiernos. Sumarán, cuadrarán y dirán: lo hicimos. Pero los problemas quedarán. Eso es una mentira colectiva, una ficción que todos nos creemos. Nunca un gobierno va a admitir que cumplió el 15 % del plan. Todos lo “cumplen” al 95 %.

CAMBIO: En el territorio, ¿la desilusión será tremenda?

J. I. G.: Va a ser brutal porque el entusiasmo que generó este gobierno fue real, muy potente. Y ahora la gente siente que nada se ha cumplido. Lo impresionante es que el Gobierno ha logrado convencer a muchos de que no es su culpa.

CAMBIO: ¿Cómo así?

J. I. G.: A mí Petro me asombra por su capacidad para imponer el relato. ¿Cómo es que una persona que lleva semanas esperando una autorización médica, que hace colas, no culpa al Gobierno de la actual crisis de la salud? Culpa a las EPS, no a Guillermo Alfonso Jaramillo ni a Carolina Corcho, que han sido, ambos, un desastre como ministros y llevaron la salud a este punto. Eso es impresionante.

CAMBIO: En eso es muy bueno el presidente…

J. I. G.: El discurso de que todo es culpa del pasado y que las reformas no han podido hacerse por sabotaje ha sido muy eficaz. Entonces, ahora todo lo malo es culpa de otros: de las EPS, de Planeación, de Hacienda, de los tecnócratas de gobiernos anteriores.

CAMBIO: Se deformó la tarea de los ministros…

J. I. G.: Sus ministros ya no son gestores públicos, son activistas de una nueva campaña política.

CAMBIO: ¿Con qué propósito?

J. I. G.: El mensaje es: “A mí no me dejaron gobernar. En el próximo período sí vamos a poder hacerlo”. Como le dije: el candidato ganador tiene que aceptar la tragedia de ser gobernante. Petro no quiso aceptar esa tragedia. Y al no poder gobernar, volvió a hacer campaña desde el poder. Eso es lo que vemos en el día a día. Eso es un cambio magistral, impresionante, pero doloroso para quienes creímos que este era el momento del cambio estructural.

CAMBIO: ¿Todo su trabajo en el Plan Nacional se va a la basura?

J. I. G.: No. Cualquier gobierno futuro tendrá que retomar estos temas de alguna manera. No me imagino un gobierno que diga que el catastro, el ordenamiento territorial o la transición energética no son prioritarios. Usted solo necesita pararse en la plaza de Tumaco o en la de Medellín para entender que este país no está convergiendo. Las brechas territoriales son brutales. Y si queremos avanzar, hay que retomar estos temas que son realmente los importantes.

CAMBIO: En este gobierno se desprecian muchos de estos temas porque parecen cosas de tecnócratas.

J. I. G.: Así es, pero esa es una lectura equivocada. El problema ‒y esto es gravísimo‒ es que no existe en Colombia una institucionalidad que garantice la continuidad de los proyectos estratégicos a 20 años.

CAMBIO: ¿Por ejemplo?

J. I. G.: Tomemos el caso de La Guajira. Sus problemas no se solucionan con camiones cisterna o bombas de agua. Es un problema de ordenamiento territorial de largo plazo. Y el próximo presidente debería respetar ese enfoque.

CAMBIO: ¿En dónde está el problema?

J. I. G.: Aquí, cada nuevo gobierno llega con su propia agenda clientelista y borra lo anterior. Hay que planear y ejecutar con la mirada a largo plazo para dejar atrás estos problemas de años. El reto de un plan de desarrollo no es escribirlo, que en el caso nuestro fue un inmenso trabajo en el que participaron miles, sino implementarlo, ejecutarlo. Pero eso a Petro no le interesa.

Jorge Iván González

Entrevista hecha para la revista CAMBIO, Colombia

3 Comentarios
0 Linkedin
Download PDF

El grupo de los Brics (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) se creó en 2009. Posteriormente, en 2024 entraron Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán. Además, se ha aceptado, como miembros asociados a Argelia, Bielorrusia, Bolivia, Cuba, Indonesia, Kazajistán, Malasia, Nigeria, Tailandia, Turquía, Uganda, Uzbekistán y Vietnam.

Aunque Colombia no hace parte de los Brics, el país fue admitido como socio del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), que es el banco multilateral de los Brics. Para formalizar la admisión, Colombia debe suscribir acciones por un valor de 512,5 millones de dólares, que equivalen más o menos, a 2,1 billones de pesos. En el corto plazo se deberán pagar 429 mil millones de pesos. El resto será exigible únicamente si el NBD lo solicita.

La participación en el NBD abre las posibilidades de nuevos créditos para proyectos de inversión, y se espera que la tasa de interés sea menor que la de otros bancos.

1. Los Brics, un espacio multipolar

Desde su fundación, los Brics han tratado de ser un bloque Sur-Sur que, de alguna manera, contrarreste el peso de otros grupos como el G7 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Canadá, Unión Europea). En el escenario global, los países integrantes de los Brics (miembros asociados y plenos) representan el 40,4% de la riqueza y el 51% de la población mundial.

Los intentos de avanzar hacia la multipolaridad se dan en un contexto de poder asimétrico, en el que Estados Unidos tiene un claro liderazgo. Ello se ha expresado de manera significativa en las guerras de Irán, Ucrania y Gaza. Las manifestaciones de grandeza también se han reflejado en la políticas arancelaria y migratoria. Frente a las presiones de Trump, los Brics no han actuado como grupo. 

En teoría, los Brics podrían ser una alternativa al G7 y permitirían agilizar el camino hacia un mundo multipolar, pero en la práctica no se ha avanzado en la creación de un mercado común, en el desarrollo de una política arancelaria compartida o en la consolidación de un sistema crediticio integrado.

2. Dos debilidades de Estados Unidos

A pesar de los esfuerzos que está haciendo Estados Unidos por recuperar su poder en la esfera internacional, y no obstante su capacidad militar, tiene debilidades que no van a permitirle “ser grande de nuevo”. Dos fenómenos son notorios: su creciente endeudamiento y la pérdida de relevancia del dólar como divisa internacional.

La deuda del gobierno federal aumentó de 3 billones de dólares en 1960, a 35 billones en 2024 (en la denominación de los Estados Unidos, es 35 trillones de dólares; es decir, 35 y 12 ceros). Este monto equivale al 123% del PIB. A finales de los sesenta era 35%.

Los mayores tenedores de la deuda son, en su orden, Japón, China, Reino Unido, Irlanda, Luxemburgo, Suiza y Bélgica. Así que después de Japón, China es el gran financiador de los gastos del gobierno federal de Estados Unidos. Estos dos países tienen la mayor parte de los bonos emitidos por el Tesoro estadounidense. Esta dependencia financiera hace que la guerra de los aranceles no pueda ser tan agresiva como quisiera Trump a quien, finalmente, no le queda más remedio que cuidar su relación con China. 

El dólar, como divisa internacional, ha ido perdiendo relevancia. Al final la segunda guerra, prácticamente todas las transacciones se hacían en dólares. En el año 2000, 70% de las reservas mundiales de divisas estaban en dólares. Ahora el porcentaje se ha reducido a 57%. Otras monedas, como el yuán o el euro están reemplazando al dólar en las transacciones internacionales.

Estados Unidos sigue teniendo el privilegio de emitir una moneda que es divisa internacional y que es aceptada en el comercio mundial. Poco a poco ha ido perdiendo esta ventaja y el dólar, cada vez más, tendrá que competir con otras monedas que también están luchando por ser divisas en el campo internacional. 

3. Colombia y los Brics 

El acercamiento de Colombia a los Brics ha molestado a Estados Unidos, que no ve con buenos ojos, sobre todo, el avance de China en la región. La afiliación de Colombia al Nuevo Banco de Desarrollo puede contribuir a suavizar levemente el perfil de la deuda externa, pero no tendrá efectos significativos en el balance financiero del gobierno. La vinculación al NBD no resolverá ninguno de los problemas estructurales de las finanzas públicas. 

¡De todas maneras, bienvenida la iniciativa!

Jorge Iván González 

Publicado en la REVISTA SUR

1 comentario
0 Linkedin
Download PDF

El ministro de Hacienda ha dicho que es necesario utilizar la “cláusulas de escape de la regla fiscal”. Esta medida, que es inevitable, ha creado alarma entre los analistas económicos y se ha considerado como una expresión de la irresponsabilidad fiscal del gobierno.

Cuando en 2012 comenzó a aplicarse la regla fiscal, en el Gobierno Central Nacional el porcentaje del saldo de la deuda pública con respecto al PIB era de 33,2 %. En 2025 será de 60,6 %. Es claro entonces que durante los 13 años de vigencia de la regla, la deuda ha aumentado de manera significativa. Esta es una de las manifestaciones de su fracaso.

El crecimiento desbordado de la deuda en la mayoría de los países del mundo es la expresión de un problema estructural, ya que los ingresos corrientes no son suficientes para compensar los gastos de funcionamiento y de inversión.

Aunque en su versión inicial la regla no tenía como propósito el control de la deuda pública sino la regulación del déficit fiscal, el aumento del saldo de la deuda pública es un subproducto de la imposibilidad de reducir el déficit de las finanzas públicas.

Tiene razón el gobierno al solicitar la cláusula de escape. Los argumentos en favor de esta decisión son dos. Por un lado, la discrecionalidad no es irresponsabilidad. Y, por el otro, la pandemia fiscal. Además, se debe tener presente que las metas de la regla fiscal se construyen con funciones de producción, de empleo, de capital, que siempre son discutibles. Los resultados que se derivan de la regla dependen de los supuestos, y estos son débiles.

  1. La discrecionalidad no es irresponsabilidad

Durante muchos años hubo debates intensos entre keynesianos y friedmanianos. Los primeros defendían la discrecionalidad y los segundos las reglas. La concepción de las reglas fiscales tiene una clara influencia friedmaniana. En la visión de Friedman, la ausencia de reglas crea un espacio propicio para que los gobernantes abusen del señoraje monetario. Y de allí se llega a la conclusión equivocada de que la discrecionalidad es sinónimo de irresponsabilidad fiscal. Desde la perspectiva keynesiana los gobiernos pueden ser responsables en el campo fiscal sin que tengan que someterse a reglas fijas. Basta con guardar un principio elemental: En las coyunturas recesivas el Estado aumenta el gasto con el fin de impulsar dinámicas contracíclicas. Y en la reactivación, el Estado aumenta sus ingresos porque los ciudadanos y las empresas pueden pagar más impuestos.

Desde la perspectiva discrecional de Keynes, el gobierno tiene que regular los niveles de gasto y de tributos en función de las dinámicas del ciclo económico. Esta lógica no quiere decir que el déficit siempre aumente. De la discrecionalidad no se deriva un manejo irresponsable de las finanzas públicas. Y, a la inversa, las reglas no han sido el instrumento que garantiza la responsabilidad fiscal. No obstante la existencia de reglas, y no solamente en Colombia, los desbalances fiscales se han agudizado.

Por tanto, no hay una relación directa entre reglas y responsabilidad fiscal. Y esta conclusión se explica, sencillamente, porque las reglas no se cumplen. A pesar de los discursos a favor de las reglas, los gobiernos terminan actuando de manera discrecional, aunque no se recurra de manera formal a una cláusula de escape.

  • La pandemia fiscal

Desde el punto de vista estructural, el hecho más relevante del presupuesto es la caída de la relación entre la inversión y el servicio de la deuda. En 2025 se llegaría a 0,69 que es el punto más bajo de la década 2015-2025.

En 2025 el servicio de la deuda es de $112,6 billones, y la inversión de $78 billones. El pago de la deuda está ahogando la inversión. El valor de los intereses es de $85 billones, que equivaldría a 34 veces el presupuesto de la Universidad Nacional.

El peso tan bajo de la inversión con respecto al servicio de la deuda es la mejor expresión de la fragilidad de las finanzas públicas.

Estos resultados tienen que ver mucho con la necesidad de financiar los costos de la pandemia. Realmente, desde el punto de vista fiscal la pandemia no se ha acabado. La incidencia fiscal de la pandemia persiste. Por eso es pertinente afirmar que el país está viviendo una pandemia fiscal.

Los compromisos anteriores que deben pagarse en 2025 tienen que ver con: i) Los créditos de corto plazo contratados para comprar vacunas y, en general, para responder a la pandemia. ii) El cierre del déficit del Fondo de Estabilización de los Precios de los Combustibles (Fepc). iii) El pago a las empresas de servicios públicos por el desbalance derivado de la opción tarifaria. Los subsidios a los servicios públicos entregados los hogares todavía no se han reconocido a las empresas. iv) En varios contratos de concesión vial el riesgo de demanda lo asume el gobierno. Y como durante la pandemia no pasaron carros por los peajes, el desbalance tiene que ser reconocido a las empresas que administran las concesiones viales.

En las actuales condiciones, el servicio de la deuda golpea muy duro a la inversión. La estructura fiscal de 2025 es un obstáculo para el crecimiento de la economía. En tales circunstancias es tan legítimo, como en 2020 y en 2021, la suspensión de la regla. En aquel momento se justificó la cláusula de escape porque se estaba en medio de la pandemia. Ahora sería más legítimo hacerlo, porque desde el punto de vista fiscal la pandemia no se ha acabado.

Jorge Iván González

Publicado en la REVISTA SUR

2 Comentarios
0 Linkedin
Download PDF

Los trenes interoceánicos que anunció el presidente Petro en China son un sueño. También es una ilusión pensar que con la vinculación del país a la Franja y la Ruta de la Seda se volverá positiva la balanza comercial con China.

El déficit comercial con China es enorme y la tendencia observada entre 2012 y 2024 muestra que el panorama continúa siendo negativo para Colombia. En estos años el déficit se incrementó, de US-6,4 mil millones a US-13,5 mm.

Esta evolución refleja un problema estructural de la economía colombiana. El país no es competitivo. Y la firma del acuerdo de la “Franja y la Ruta” no va a cambiar esta situación. En el corto plazo no habrá variaciones sustantivas en la balanza comercial con China. Pasar de un déficit tan alto, a un superávit comercial es una tarea compleja que requiere tiempo. Y a pesar de todos los esfuerzos, quizás no sea posible.

La relación comercial de Colombia con China es complementaria, ya que el país exporta bienes primarios e importa productos industrializados. El CONPES de reindustrialización[1] muestra la necesidad de que la estructura de la balanza de pagos del país cambie, de tal manera que las exportaciones con alto valor agregado vayan reemplazando a las originadas en las economías extractivas y primarias. Este proceso toma tiempo. Y modificar el tipo de mercancías que se intercambian con China es una tarea compleja, que debería responder a una política estratégica de los gobiernos. Los pasos que se han dado en esta dirección han sido muy modestos. No se tiene una visión de mediano y largo plazo.

Colombia le exporta a China aceites crudos de petróleo o de mineral bituminoso [40,88 % del total de exportaciones a China], ferroníquel [15,83 %], hullas térmicas [11,2 %], desperdicios con cobre [6,26 %]. En general, el 82,4 % de las exportaciones corresponde a productos minero-energéticos, con un mínimo valor agregado.

Y, por el otro lado, el país importa de China bienes elaborados, industrializados y de alta tecnología: teléfonos inteligentes [9,57 % del total de las importaciones chinas, células fotovoltaicas [4,29 %]. Para no hacer la lista exhaustiva, se destacan las máquinas, aparatos de telecomunicaciones, motocicletas, neumáticos, convertidores estáticos, productos laminados.

Estas dos estructuras comerciales son completamente diferentes. Para que Colombia modifique las exportaciones a China se requieren transformaciones sustantivas en la productividad y la competitividad.

En el IV Foro Ministerial que reunió a los países de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) con China, Petro anunció que la firma del acuerdo con China “cambia la historia de nuestras relaciones exteriores”. Esta afirmación expresa un buen deseo. El listado de las mercancías que se intercambian entre los dos países muestra claramente que la situación no es de igualdad. Mientras que China ha logrado altos niveles de industrialización, Colombia sigue dependiendo de las exportaciones de materias primas y de bienes agrícolas sin mayor transformación. Y, peor aún, las exportaciones industriales siguen perdiendo peso relativo.

La “Franja y la Ruta” es la versión moderna –desde el 2013– de la “Ruta de la Seda”. Hacen parte de la “Franja y la Ruta” 148 países. Entre ellos 21 son latinoamericanos. Sin duda, la firma de los acuerdos ayuda a ampliar las perspectivas comerciales de Colombia, pero en el futuro próximo no es posible que haya una transformación estructural de la dinámica exportadora.

Con razón, los gremios empresariales han dicho que los acercamientos con China pueden enfriar las relaciones con los Estados Unidos. No es posible saber qué pasará. Pero lo sucedido estos días permite sacar cuatro conclusiones: 

  1. Es conveniente firmar la vinculación del país a la “Franja y la Ruta”. Amplía las oportunidades del país en el mercado internacional.
  2. Este hecho no modificará la estructura de la balanza comercial con China. Colombia seguiría exportando bienes primarios. Es ingenuo pensar lo contrario. De todas maneras, en las próximas negociaciones con los inversionistas chinos se debería exigir que los minerales que se explotan en Colombia, se exporten con un mayor valor agregado.
  3. Como lo han hecho otros países, el acercamiento a China se puede realizar de manera progresiva, de tal forma que no genere reacciones fuertes de los Estados Unidos. 
  4. La mirada a China debería ser un aliciente para que la reindustrialización del país avance más rápido. Los empresarios y el gobierno colombiano deberían aprender que los cambios estructurales en la producción únicamente se logran cuando se tienen proyectos estratégicos con una mirada de mediano y largo plazo.

__________________

[1] DEPARTAMENTO NACIONAL DE PLANEACION, DNP., 2023. Política Nacional de Reindustrialización, Documento CONPES, no. 4129, DNP, Bogotá.

Jorge Iván González

Publicado en la revista SUR, 12 mayo, 2025 

3 Comentarios
0 Linkedin
Download PDF

Los estudios de Garay y de Garay-Espitia [1] sobre los temas distributivos tienen varias virtudes, tanto desde el punto de vista conceptual, como desde la perspectiva de la política pública.

  1. Muestran de manera contundente las limitaciones de las encuestas de hogares. 

Hay un cierto consenso a nivel internacional que ha sido puesto en evidencia por Piketty [2], sobre las limitaciones que tienen las encuestas de hogares para medir la distribución. En Colombia, el Gini que resulta de allí es muy pequeño porque en el decil diez el promedio de ingreso mensual del hogar apenas es de 10-12 millones de pesos. Para evitar este sesgo es necesario examinar lo que sucede con la riqueza. Aunque esta aproximación es considerablemente mejor, todavía no es suficiente porque las personas más ricas tienen muchas maneras de esconder sus ingresos, comenzando por los paraísos fiscales.

2. Ponen en evidencia el bajo impacto de la política fiscal entendida como la conjunción de impuestos y subsidios.

Este resultado es contundente y cada día es más explícito en la literatura internacional. Diferente a lo que sucede en Europa, en América Latina la combinación de impuestos y subsidios no mueve el Gini. En Irlanda, por ejemplo, el Gini se reduce de 0,54 a 0,31. En Colombia apenas baja de 0,56 a 0,55. La explicación es sencilla: entre nosotros los ricos no pagan casi impuestos y, por los errores de focalización, terminan recibiendo subsidios.

Para corregir los errores de focalización, en el plan de desarrollo Colombia, Potencia Mundial de la Vida, se incluyó un artículo que obliga a avanzar en el registro universal de ingresos (RUI), que sería el instrumento ideal para mejorar la dinámica distributiva.

3. Exploran el decil 10. En sus diversos estudios, Garay y Espitia indagan por lo que sucede al interior del decil 10 (el de los de mayores ingresos). Es muy interesante observar el cambio del panorama distributivo cuando se indaga por lo que pasa en el decil 10. El descubrimiento del centil, del uno por mil, del uno por cien mil…ofrece una visión completamente diferente de lo que sucede con la acumulación de la riqueza, que cuando únicamente se consideran los deciles. La puesta en evidencia de los ricos, los súper ricos, los súper súper ricos, abre panoramas analíticos nuevos.

4. Proponen una nueva mirada a la tarifa efectiva de tributación. Desentrañan la información de la DIAN.

Este es un debate crucial. Las diferencias entre los analistas son significativas. Claramente, en personas naturales la tarifa disminuye con el ingreso. Los grandes ricos, cuya fortuna no depende de los salarios, tienen mayor posibilidad de evadir y eludir. En personas jurídicas las diferencias en la estimación de la tarifa efectiva son muy significativas. Ver: Avila[3] [62%], Barrera y Sánchez[4][20,2%], Comisión de Beneficios[5] [29 %], Comisión de Expertos[6] [66 %], Fedesarollo[7] [47%], Garay y Espitia[8] [1,96%; 5,36%], Gómez H. y Steiner[9] [52,2%], Ministerio de Hacienda[10] [25,5 %], Oecd[11] [22%], Javeriana[12] [22%], Villabona y Quimbay[13] [13,7%; 1,2%]. Es importante unificar las metodologías porque, de lo contrario, los debates de reforma tributaria terminan siendo imposibles.

5. Muestran la relación entre distribución y bienestar. Pigou[14] se pregunta por la forma como se pueden compatibilizar el crecimiento con el bienestar y propuso comparar el PIB per cápita de los ricos y de los pobres. Y se imagina varios escenarios. El primero, que es aceptable desde el punto de vista ético, representa una situación en la que el ingreso de ambos grupos mejora y, al mismo tiempo, se reduce la desigualdad. El peor escenario es aquél donde el ingreso se reduce en ambos grupos, y la desigualdad aumenta. Entre estas dos opciones, si se quiere extremas, hay muchas mezclas, de difícil evaluación ética. Por ejemplo, es posible que el ingreso de ambos grupos aumente, pero la desigualdad se agudice. La bondad de este escenario siempre será objeto de discusión.

En el informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas del 2010 [15], se hizo una comparación de la evolución que ha tenido el índice de desarrollo humano (IDH) en 40 años. El período de análisis fue 1970-2010. En este lapso de tiempo, la gran mayoría de los países mejoró el IDH. De esta tendencia positiva únicamente se exceptúan Zimbawe, Congo y Zambia. Y al tratar de encontrar alguna variable que pudiera explicar los avances en el IDH, la que mejor responde es la distribución del ingreso. Esta es la misma hipótesis subyacente a los trabajos de Garay y Espitia.

En estos días habría que preguntarse por el futuro de las plutocracias. La simbiosis Musk-Trump plantea numerosas preguntas. La riqueza de Musk se presenta como expresión de éxito, y como el logro supremo del sueño americano. Con Trump un súper súper súper súper-rico como Musk, no tendrá ninguna limitación, ni en la acumulación de ingreso, ni en su capacidad de influir en el gobierno y en la opinión pública. Se está presentando un cambio sustantivo en el tipo de capitalismo. La plutocracia se impone y los sueños del Estado del Bienestar están quedando atrás.

Durante la segunda mitad del siglo XX se consideró importante luchar contra la desigualdad y la concentración de la riqueza. Para lograr este propósito se consolidaron los impuestos progresivos. A finales de los años setenta, en el último rango del ingreso del contribuyente, la tarifa del impuesto a la renta llegó a estar cerca del 90 % en algunos países del norte de Europa. Estas tarifas han caído, y ahora son del orden de 45 %-50 %. Las menores tarifas han estado acompañadas de un aumento del gasto público. La conjunción de estas dos tendencias se ha reflejado en incrementos sustantivos de los saldos de deuda pública.

6. Plan de Desarrollo y cinco Gini. Sin duda, inspirado en los estudios de Garay y Espitia, en el Plan de Desarrollo de este gobierno se aprobó un artículo que obliga al Dane a entregar, cada año, cinco Gini: hogares, riqueza, tierra, inmobiliario y bursátil. Si este mandato se cumple, la sociedad tendrá una mejor comprensión de lo que está sucediendo con la distribución del ingreso y de la riqueza.

Jorge Iván González

Publicado en la revista SUR, Colombia

[2] PIKETTY Thomas. 2013. El Capital en el Siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, México, 2014.

[3] AVILA Javier. 2015. Tarifas Efectivas Promedio de la Personas Jurídicas. Año 2013, Documento Web, no. 058, Dian, Bogotá.

[4] BARRERA Carlos. SANCHEZ John. 2023. Indicadores de Pobreza y Desigualdad y los Efectos de las Últimas Reformas Tributarias. Estudio Macrofiscal, CGR, Bogotá.

[5] COMISION DE EXPERTOS EN BENEFICIOS TRIBUTARIOS, CBT., 2021. Informe Final, Ocde, Dian, Bogotá.

[6] COMISION DE EXPERTOS PARA LA EQUIDAD Y LA COMPETITIVIDAD TRIBUTARIA. 2015. Informe Final Presentado al Ministro de Hacienda y Crédito Público, Ministerio de Hacienda, Fedesarrollo, Bogotá.

[7] FEDESARROLLO. 2005. El Sistema Tributario Colombiano: Impacto sobre la Eficiencia y la Competitividad, Cámara de Comercio Colombo-Americana, Confecámaras, Usaid, Fedesarrollo, Bogotá.

[8] GARAY Luis, ESPITIA Jorge. 2021. “La Tasa Efectiva de Tributación de las Personas Naturales en Colombia. Una Perspectiva Más Integral que la de la Comisión de Expertos en Beneficios Fiscales”, Revista Sur, mayo 24.

GARAY Luis, ESPITIA Jorge. 2022. Una Nota sobre la Medición de la Tarifa Efectiva de la Tributación. El Caso Ilustrativo de Colombia, Bogotá, mimeo.

[9] GOMEZ Hernando J. STEINER Roberto. 2015. “La Reforma Tributaria y su Impacto sobre la Tasa Efectiva de Tributación de las Firmas en Colombia”, Coyuntura Económica, vol. 45, no. 1, jun., pp. 13-44.

[10] MINISTERIO DE HACIENDA Y CREDITO PUBLICO. 2022. Precisiones sobre la Tasa Efectiva de Tributación Empresarial en Colombia, Ministerio de Hacienda, Bogotá.

[11] ORGANISATION FOR ECONOMIC CO-OPERATION AND DEVELOPMENT, Oecd. 2018. Corporate Effective Tax Rates: Model Description and Results from 36 Oecd and Non-Oecd Countries, Oecd Taxation Working Papers, no. 38, Oecd, Paris.

[12] UNIVERSIDAD JAVERIANA. 2024. La Tributación por Tamaño de Empresa: Otra Forma de Desigualdad en Colombia, Observatorio Fiscal, Informe no. 52, Universidad Javeriana, Bogotá.

[13] VILLABONA Orlando. QUIMBAY Carlos. 2017. “Tasas Efectivas del Impuesto de Renta para Sectores de la Economía Colombiana entre el 2000 y el 2015”, Innovar, vol. 27, no. 66, oct.-dic., pp. 91-109.

[14] PIGOU Arthur. 1912. Wealth and Welfare, MacMillan, London.

[15] PROGRAMA DE LAS NACIONES UNIDAS PARA EL DESARROLLO, Pnud. 2010. La Verdadera Riqueza de las Naciones: Caminos al Desarrollo Humano. Informe sobre Desarrollo Humano 2010. Edición del Vigésimo Aniversario, Pnud, New York.

0 comentario
0 Linkedin
Download PDF

El gobierno ha insistido en la importancia de la economía popular. El Plan de Desarrollo define así la economía popular:

“La economía popular (EP) se refiere a los oficios y ocupaciones mercantiles (producción, distribución y comercialización de bienes y servicios) y no mercantiles (domésticos o comunitarios) desarrollados por unidades económicas de baja escala (personales, familiares, micronegocios o microempresas), en cualquier sector económico. Los actores de la EP pueden realizar sus actividades de manera individual, en unidades económicas, u organizados de manera asociativa. El impulso a la economía popular parte de una comprensión de sus dinámicas intrínsecas. Estas actividades generan valor social y económico significativo, y una vez entendido su funcionamiento y lógica de acción, se implementarán mecanismos que contribuyan a su crecimiento y productividad”[1].

De esta definición se pueden rescatar los siguientes elementos: i) Ocupaciones mercantiles y no mercantiles. ii) Baja escala. iii) Entender el “funcionamiento y la lógica de acción”. iv) Implementar mecanismos “que contribuyan a su crecimiento y productividad”.

La economía popular es un concepto novedoso. Abarca actividades diversas. Algunas se intercambian en el mercado y otras no participan en procesos mercantiles. Tiene un alcance que va más allá de lo puramente económico.

El tendero de barrio, por ejemplo, hace parte de la economía popular, pero su función en la actividad del vecindario no es solamente económica, sino que cumple con otras tareas que tienen relación con las interacciones sociales entre vecinos. Existe, entonces, una íntima relación entre los aspectos económicos y sociales. Ello significa que junto a las variables cuantitativas se tienen que considerar dimensiones cualitativas.

Tal y como observa el Plan de Desarrollo, el estímulo a la economía popular exige conocer su naturaleza. En este proceso vale la pena traer a colación las reflexiones de Sen sobre la agricultura india[2]. El autor hace tres observaciones que ayudan a entender elementos constitutivos de la economía popular.

Observación I: Cuando al trabajo familiar empleado en la agricultura se le “imputa un valor”, en términos de la tasa del salario estándar, gran parte de la agricultura india aparece sin remuneración” (Sen 1962, p. 243).

Observación II: En líneas generales, la “rentabilidad” de la agricultura aumenta con el tamaño de la explotación. La “rentabilidad” equivale al excedente (o déficit) del valor de la producción con respecto a los costos, incluyendo el valor imputado de la mano de obra” (Sen 1962, p. 243).

Observación III: De manera general, la productividad por acre disminuye con el tamaño de la explotación” (Sen 1962, p. 243).

La Observación I tiene que ver con la imposibilidad de aplicarle los parámetros técnicos usuales a la pequeña unidad productiva. Si se tiene como referencia algún estándar convencional, los resultados del ejercicio analítico parecen ilógicos. En las pequeñas unidades productivas se llevan a cabo tareas que podrían ser calificadas como “irracionales” desde los principios de la eficiencia paretiana. Aunque existe esta “anomalía”, la pequeña unidad se mantiene.

La Observación II se refiere a la relación positiva que existe entre el tamaño de la explotación y la rentabilidad. En las fincas grandes la productividad por trabajador es superior a la de las unidades pequeñas.

Y la Observación III es la constatación de la relación inversa. La productividad media por hectárea de las fincas pequeñas supera a la de las fincas grandes.

La gráfica combina las unidades de trabajo (jornales) en el eje horizontal y la producción, en el eje vertical. La pendiente negativa de la curva HP representa la no productividad marginal del trabajo. 

Las explotaciones de mayor tamaño estarían ubicadas hacia la izquierda, pues su productividad por trabajador es superior a la de las fincas pequeñas, que se ubicarían hacia la derecha. 

El volumen de los salarios está dado por el área OWAP. En el punto B, la productividad es suficiente para pagar los salarios. Allí habría equilibrio y la masa salarial OWBC es compensada con la productividad, de tal forma que la ganancia es cero. 

A la izquierda de B, la ganancia está dada por el área WHB. Esta situación se presenta en las fincas grandes – observación II

Las fincas pequeñas, a la derecha de B, tienen pérdidas representadas por el área BAP porque aún cuando su productividad por hectárea es más alta – relación inversa y observación III -, los costos relativos de la mano de obra son elevados. 

A pesar de que las fincas pequeñas tienen pérdidas, continúan operando – observación I – porque los miembros de la familia no las cuantifican como se hace en los balances usuales, que monetizan las horas de trabajo teniendo como referencia algún salario estándar. La comparación de las áreas WHB y BAP que debería ser el punto de partida para mantener o abandonar una explotación, no es considerada por las familias que explotan unidades pequeñas.

Si a la tienda de barrio se le aplican los criterios clásicos de la contabilidad financiera, el resultado puede ser decepcionante. Lo más probable es que el balance fiscal sea negativo y que, en teoría, la tienda esté quebrada. Y a pesar de que el balance contable sea negativo, la tienda se ha mantenido durante años. Esta es la esencia de la observación I

En la operación usual de la tienda participan los miembros de la familia que no cobran salario. Además, se utiliza el garaje de la casa que es propiedad de la familia, sin que se le impute un valor de arriendo. Tampoco se considera el costo del transporte porque el pequeño camión es, igualmente, de propiedad de la familia. Si estos costos se suman de manera juiciosa y se comparan con las ventas de la tienda, el déficit sería evidente. A pesar de este desbalance, la tienda se mantiene abierta año tras año.

La complejidad de la economía popular tiene que ser estudiada de manera adecuada. El censo económico que está realizando el Dane ayudará a comprender las características de la economía popular.

Jorge Iván González

Publicado en la Revista Sur

_____________

[1] REPUBLICA DE COLOMBIA., 2023. Ley 2294. Por la Cual Se Expide el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026 “Colombia Potencia Mundial de la Vida”, Congreso de la República, Bogotá, p. 135, énfasis añadido.

[2] SEN Amartya., 1962. “An Aspect of Indian Agriculture”, Economic Weekly, feb., pp. 243-246

2 Comentarios
1 Linkedin
Download PDF

La reducción del desempleo es importante. Ahora, en enero de 2025, la tasa de desocupación fue de 11,6 %. Con razón se observa cierto optimismo, pero este tiene que ser moderado. El promedio esconde diferencias regionales significativas. En Quibdó el desempleo fue de 30,9 % y en Medellín de 6,9 %. Esta brecha es significativa. También se observan diferencias importantes, especialmente entre los jóvenes y las mujeres. Estos temas han sido motivo de preocupación y la búsqueda de una inclusión igualitaria continúa siendo relevante.

Pero, desde otra perspectiva, a partir de los resultados del desempleo, vale la pena hacer dos reflexiones. La primera tiene que ver con la lejanía que todavía existe frente al ideal del pleno empleo. Y la segunda es la comprensión de la dinámica de la informalidad.

1. El sueño del pleno empleo

La tasa de 11,6 % es insuficiente cuando la meta propuesta es el pleno empleo. El llamado a conseguir este ideal lo hizo Vickrey, premio Nobel de economía. En un artículo célebre[1], Vickrey dice que no se puede olvidar que el objetivo final es el pleno empleo. Considera que este propósito es posible.

Vickrey critica el llamado desempleo “natural” o “estructural”, que es el nivel de desempleo que la economía puede alcanzar dadas sus limitaciones y posibilidades. Esta tasa de desocupación puede estar lejos del pleno empleo. La política pública, continúa Vickrey, no se puede contentar con alcanzar la tasa natural de desempleo y debe crear las condiciones que permitan llegar al pleno empleo.

La tasa natural o estructural también se conoce como el Nairu (non-accelerating inflation rate of unemployment), que es un nivel de desempleo más allá del cual se acelera la inflación. De allí se saca la conclusión de que una reducción del desempleo por debajo del Nairu tiene un efecto negativo porque acelera la inflación. Esta opinión Vickrey la considera inadecuada.

Las estimaciones que se han realizado en Colombia encuentran que el Nairu oscila alrededor del 7 %-8 %. Para Vickrey estos niveles siguen siendo muy altos, porque se debe pensar en el número de hogares que sufren por la falta de empleo.

Resumiendo, el 11,6 % es un buen nivel, comparado con años anteriores, pero es superior al Nairu de 7 %-8 %, y ambos son mayores que el pleno empleo. Está bien que se reduzca el desempleo, pero frente al ideal, todavía es necesario avanzar más.

2. La informalidad

La informalidad no puede continuar viéndose solamente como un problema. Sus dinámicas son complejas y tiene elementos positivos. No es pertinente insistir en la lucha contra la informalidad como un objetivo explícito de política. La formalización es, más bien, un subproducto de otras dinámicas.

El paso de la informalidad a la formalidad toma formas diversas porque dependiendo del sector, y de las condiciones específicas, los procesos son más o menos informales. A la formalidad se puede llegar por numerosas vías, algunas son estimuladas por la política pública y otras son incentivadas por los agentes privados.

Las empresas informales aprovechan las ventajas que les permiten mantenerse en el mercado. De alguna manera consideran que su vinculación a la formalidad sería tan costosa que las obligaría a salir del mercado. Los trabajadores piensan que la informalidad les permite un horario más flexible, autonomía e, incluso, ingresos relativamente altos. Los cuenta propia, sobre todo cuando el capital humano es bajo y la productividad reducida, llegan a la conclusión que con las formalización ganan muy poco.

En los estudios recientes no se observa la preocupación por definir de manera precisa la informalidad y, entonces, se opta por describir dinámicas aproximadas de una realidad borrosa que es lo informal. En lugar de pretender buscar una definición unívoca se prefieren aproximaciones diversas y estas caracterizaciones necesariamente se traslapan. Esta forma de mirar la relación formal/informal muestra que las fronteras son ambiguas y que los lazos se mezclan. En lugar de observar el fenómeno desde un solo ángulo, las investigaciones recurren a diferentes aproximaciones, sin preocuparse porque haya una consistencia sistemática entre ellas.

La informalidad disminuye a medida que los procesos de desarrollo económico se consolidan. Por tanto, no se requiere que haya políticas dirigidas exclusivamente a combatir la informalidad.

Los procesos informales se han mantenido a lo largo del tiempo y, sobre todo, se han ido transformando, mostrando una capacidad sorprendente de permanencia y de flexibilidad. Existe una especie de resiliencia de lo informal. Y frente a este fenómeno es lógico concluir que el propósito de la política pública debería ser contribuir a la formalización. Aceptando que este es el punto de llegada se debe actuar sobre las mediaciones que permitan alcanzar el objetivo final. Pero, de nuevo, el objetivo central de la política no debe ser la eliminación de la informalidad, sino la consolidación de otras dinámicas (urbanización, desarrollo, educación…) que se traducen, finalmente, en una disminución de la informalidad.

Los incentivos deben crear condiciones para que las personas acepten que es más conveniente estar en la formalidad que en la informalidad. Los sistemas de seguridad social tienen que estar diseñados de tal manera que la informalidad no sea relativamente mejor que la formalidad. La empresa formal que admite que sus trabajadores estén afiliados al régimen subsidiado de salud, con el fin de evitar los aportes a la seguridad social, contribuye al desarrollo de un complejo entramado en el que la seguridad social ofrecida por el Estado se convierte en un aliciente para la informalidad del mercado laboral. Inclusive, el Sisbén[1] ha creado incentivos para que se castigue a las familias que progresan, haciendo que crean que perderían los beneficios de los programas sociales si se formalizan. A los empresarios les conviene que los empleados sigan vinculados al régimen subsidiado, porque no tienen que contribuir a la seguridad social.

Estos temas deben continuar siendo motivo de estudio. De todas maneras, el llamado es a, primero, aceptar que la informalidad no siempre es dañina y, segundo, reconocer que la formalización es un subproducto de otras dinámicas, así que no tiene sentido que se proponga como un objetivo específico de política pública.

Jorge Iván González

Publicado en la revista SUR

________________________

[1] Vickrey, William (1996). “Quince Falacias Funestas del Fundamentalismo Financiero. Disertación sobre la Economía de la Demanda”. Cuadernos de Economía, vol. 18, no. 30, 1999, pp. 299-330.


[1] Sistema de Identificación de Potenciales Beneficiarios de Programas Sociales

1 comentario
0 Linkedin
Download PDF

Al observar la serie de la ejecución presupuestal (pagos/apropiaciones) entre 2001 y 2024, se concluye que en el 2024 el nivel de ejecución fue muy malo, de 81,7%, únicamente comparable al presentado en 2010.

En algunos sectores los resultados han sido especialmente pobres. Los de menor ejecución han sido tecnologías de la información (30,5 %), deporte y recreación (36 %), transporte (36,3 %), agricultura (37,6 %). Y un sector tan importante para la política social, como el de inclusión y reconciliación presentó una ejecución de 71,1 %.

Esta dinámica tiene dos consecuencias negativas. Por un lado, no permite llevar a cabo los programas definidos por el gobierno. Sectores tan importantes como el de agricultura tuvieron ejecuciones muy bajas. Las prioridades fijadas en la elaboración del presupuesto corresponden a las opciones básicas del gobierno y, si los dineros no se ejecutan, es evidente que no se logran las metas definidas por la administración Petro.

Y, por el otro, este comportamiento del sector público debilita el crecimiento de la economía porque no permite que el Estado cumpla la función de halar la dinámica del sector privado. En otras palabras, si el gobierno no invierte, el conjunto de la economía se resiente. La ejecución del sector transporte apenas fue del 36,3 %. En el plan de desarrollo Colombia Potencia Mundial de la Vida se mostró que el multiplicador de la inversión pública es de 1 a 4. Ello significa que por cada peso que invierte el Estado, la inversión privada aumenta cuatro veces. Por tanto, si la inversión pública cae, la actividad económica general se deteriora. El DANE acaba de informar que en el 2024 el PIB creció 1,7 %. Sin duda, la cifra hubiera sido superior si el gasto y la inversión pública no se hubieran rezagado.

Las razones que podrían explicar la baja ejecución del gobierno son complejas. Algunas hipótesis podrían ser las siguientes: i) La pérdida de la brújula. ii) La absolutización de la capacidad del activista político. iii) La desorientación de la función ministerial. iv) La ausencia de un organismo rector que articule proyectos de alcance estratégico.

  1. La pérdida de la brújula. Aunque el camino a seguir lo definió el Plan de Desarrollo, de manera inexplicable el gobierno ha despreciado las prioridades que allí se definieron. En lugar de seguir esta ruta, se han dado bandazos que han dispersado el gasto.
  2. El conflicto entre el activista político y el tecnócrata. De muy diversas maneras, y de forma reiterada, el presidente ha despreciado a la tecnocracia. No se trata de establecer una distinción arbitraria entre activistas y tecnócratas. Ser fiel a una idea política no desvirtúa la capacidad de realizar una buena gestión pública. De la misma manera, un buen técnico tiene que aceptar que no puede hacer abstracción de las implicaciones políticas de cualquiera de sus decisiones.

El desprecio presidencial hacia la tecnocracia de corte weberiano, y su absolutización de la capacidad del activista político, se ha traducido en el nombramiento de funcionarios de alto nivel que son incapaces de comprender la complejidad de la administración pública colombiana. Sus decisiones erráticas terminan expresándose de dos maneras. Por un lado, con una baja ejecución. Y, por el otro, realizando gastos ineficientes.

  1. Los ministros están desorientados. No han entendido que su función principal es la de coordinar acciones con los gobiernos locales, con una perspectiva que supere las lógicas sectoriales. El Plan de Desarrollo propuso 5 grandes transformaciones que son intersectoriales. Esta mirada de conjunto no ha sido asimilada por los ministros que continúan prisioneros de su enfoque sectorial. La falta de articulación de los ministros con los alcaldes y gobernadores se termina expresando en baja ejecución.

iv) Y la cuarta explicación podría estar en la ausencia de un organismo rector que obligue a articular proyectos estratégicos. Esta carencia se traduce en una dispersión de recursos, y en la ausencia de proyectos de inversión de largo plazo. Es muy diciente que dos grandes proyectos de inversión, como el ferrocarril Dorada-Chiriguaná, y la vía Guaduas-Villeta todavía no se hayan concretado, y continúen con problemas en la licitación. El Departamento Nacional de Planeación (DNP) debería ser la entidad llamada a tener la capacidad y el poder para orientar los recursos hacia proyectos estratégicos de largo plazo. Esta tarea no se está cumpliendo.

Las limitaciones anteriores han impedido que la gestión pública sea eficiente. Sin duda, la situación fiscal es compleja, pero también es necesario aceptar que la administración pública no ha respondido.

Jorge Iván González

Publicado en revista SUR, Colombia

0 comentario
0 Linkedin
Download PDF

Afirmación categórica del exdirector de Planeación, Jorge Iván González, quien formó parte del primer equipo del Gobierno Petro, dijo que “sin Armando Benedetti, el presidente no hubiera llegado a la Casa de Nariño”. Rajó a la actual administración.

Esta es la entrevista que le hizo la revista Semana, de Bogotá, el 14 de febrero, firmada por Francisco Argüello.

SEMANA: ¿Está sorprendido con todo lo que está pasando con Gustavo Petro?

JORGE IVÁN GONZÁLEZ: Desde el punto de vista del desorden de los consejos de ministros, ninguna sorpresa; siempre han sido desordenados, nunca se han respetado las agendas. Desde esa perspectiva, no veo ninguna diferencia. No estuve nunca en un consejo en el que se respetara de manera juiciosa alguna agenda. Es una lástima que, teniendo un instrumento tan potente como el Plan de Desarrollo, no sea la guía, la hoja de ruta del Gobierno. Este consejo de ministros introdujo elementos nuevos.

SEMANA: ¿Cuáles?

J.G.: Se hizo público y todo el mundo percibió lo que está pasando. También, la relación tan jerárquica que establece Petro con su equipo de gobierno. Cada vez los consejos de ministros son más jerárquicos. Los primeros eran bastante dialogales. Antes de la primera crisis, cuando salieron seis ministros, esos consejos eran bastante argumentados, pero eso se fue verticalizando y las relaciones jerárquicas del presidente se han ido acentuando. Me parece importante la fracción en el interior de personas del alma del petrismo: Susana Muhamad, Augusto Rodríguez, Jorge Rojas y Gustavo Bolívar. Hay una ruptura en el seno no solo político del petrismo, sino de personas de absoluta fidelidad y confiabilidad del presidente.

SEMANA: Cuando dice que la relación de Petro y sus ministros se ha jerarquizado, ¿a qué se refiere?

J.G.: Los primeros consejos de ministros eran debates. El presidente, en los primeros seis meses, trató de gobernar, ahí las relaciones no eran tan jerárquicas porque había personas de la calidad de José Antonio Ocampo, Alejandro Gaviria y Cecilia López. Había comentarios, se le decía: “Presidente, esto no se puede, miremos este tema y el otro”. El presidente, en sus primeros seis meses, trató de gobernar y entender la complejidad del Gobierno, los temas se discutían. Pero eso se fue perdiendo, Petro cada vez asumió más la posición de que tenía claridad y sabía lo que había que hacer, y empezó a establecer esas relaciones jerárquicas, muy notorias en este consejo de ministros. Él dice: “Yo tengo la razón, conozco los temas y ustedes no me dejan gobernar”. Me impresiona que todavía el presidente considere que la tecnocracia en Planeación y Hacienda es la que no lo deja gobernar.

SEMANA: Pareciera que se perdió el respeto con el presidente.

J.G.: Claro, la relación es completamente jerárquica, no hay una relación de colegaje, de complicidad. La posición del presidente es: “Ustedes, de alguna forma, no me dejan gobernar y quiero hacer la revolución”. Esa asimetría ha hecho muchísimo daño, él dice que los tecnócratas le siguen haciendo trampa y metiendo goles.

SEMANA: A Petro no le sirvieron los tecnócratas y tampoco la izquierda radical que está a su lado. ¿Entonces?

J.G.: Mire, por ejemplo, el DPS, que maneja 11 billones. Usted necesita unos equipos tecnocráticos muy potentes; si usted no tiene eso, no puede ejecutar. El Ministerio de Agricultura tenía un presupuesto de 9 billones y no logró gastarse ni siquiera cinco. ¿Por qué la ejecución es tan mala? Porque el Estado es de tanta complejidad que usted no puede pretender que una persona que nunca ha estado en el Gobierno lo haga. No niego la importancia del activismo, pero una cosa es estar en la calle como activista, y otra, manejar un aparato como el Estado, que es absolutamente complejo. Se necesita gente que sepa. No se puede improvisar nombrando a fieles al presidente, pero que no tengan la más mínima idea del tema. El resultado: las ejecuciones bajísimas.

SEMANA: ¿Cree que Petro se arrepintió porque sacó a los tecnócratas del Gobierno?

J.G.: Recuerde que Petro le dijo a Alejandro Gaviria en un consejo de ministros que había sido su peor error. El presidente no se arrepiente de nada. Lo que está viendo es que con otros ministros, mucho más cercanos a él, tampoco ha logrado lo que quería. Según lo que dijo en el último consejo de gobierno, Planeación y Hacienda le siguen haciendo trampa. El Ministerio de Educación tampoco está logrando el objetivo y, si alguien es fiel al presidente, es el ministro Daniel Rojas. Tampoco le satisface. El presidente no se arrepiente de habernos sacado a nosotros, pero nombró a otras personas que tampoco le están respondiendo. Por cierto, usted no puede parar el metro de Bogotá, hay que financiarlo, no hay remedio, no puede decir que lo va a parar, eso no se puede decir, el dinero lo tiene que conseguir Hacienda de cualquier manera. Ese tipo de informaciones desordenan mucho al Gobierno.

SEMANA: Entonces, ¿el problema es Petro?

J.G.: Yo no sé, hay cosas evidentes. Usted no puede frenar los contratos de vigencias futuras ni el metro de Bogotá. ¿Cómo para usted a los chinos? Usted tampoco puede hacer una universidad en El Tarra, en Norte de Santander, cuando tiene 250 bachilleres al año; no tiene sentido hacer una universidad en San Andrés cuando tiene a la Universidad Nacional con sede en la isla. Hay unos elementos de sentido común que el presidente sigue sin aceptar. No puede romper un contrato con la Oxy; el que lo rompa se va a la cárcel el resto de su vida. Quiere comprar coca, tampoco se puede. El presidente es muy inteligente, pero no entiendo. Todos los que estuvimos en el Gobierno nos hacemos la misma pregunta.

SEMANA: ¿Renunció en el mejor momento al Gobierno?

J.G.: En estos días cumplí un año de haber salido del Gobierno y sigo sintiendo una profunda tristeza. El país ha tenido dos momentos socialdemócratas: el de Ernesto Samper, ahí estaban varios colegas de la Universidad Nacional, pero a ese proyecto lo mató el proceso 8.000; y este Gobierno, que está fracasando. Uno podría decir que el proyecto de Samper fracasó por el 8.000, pero este Gobierno está fracasando por el mismo Gobierno.

SEMANA: Conclusión: ¿a Samper lo mató el proceso 8.000, y a Petro, su administración?

J.G.: Es la tristeza, a Petro lo está matando su propio Gobierno, un mal perverso endógeno. Yo podría decir que el proceso 8.000 fue un mal exógeno, pero esto ha sido el propio Gobierno, el propio presidente; él ha decidido desconocer por completo el Plan de Desarrollo.

SEMANA: ¿Petro está haciendo cambios en su gabinete mirando al 2026?

J.G.: Creo que eso ha sido claro. El presidente se ha convencido de que el sueño suyo, Colombia potencia mundial de la vida, ya no se consiguió en este Gobierno y necesita Gobiernos siguientes. El problema es que si no tiene los instrumentos tampoco va a lograr algún cambio. Hubo un reconocimiento implícito en el consejo de ministros de que muchas de las metas no se están consiguiendo. Ahora, las metas de Armando Benedetti no tienen nada que ver con lo que yo estoy diciendo. Me impresiona que las metas de Benedetti no son las del Plan de Desarrollo. En el consejo no dijeron qué hemos hecho en catastro multipropósito, en registro universal del año y por qué no se avanza en presupuesto. Empezaría preguntando en un consejo de gobierno: ¿por qué, si dijimos que el ordenamiento del territorio era alrededor del agua, hoy las PTAR siguen contaminando los ríos?

SEMANA: ¿Le da confianza Armando Benedetti en el Gobierno?

J.G.: Sin Armando Benedetti, Gustavo Petro no gana la presidencia. De ahí en adelante, no conozco nada de Benedetti, pero él fue una pieza central en la campaña.

SEMANA: Si hubiera participado en el consejo de ministros como director de Planeación, ¿hubiera aceptado a Benedetti?

J.G.: Yo en eso soy muy realista. Claro, Susana Muhamad tiene unos argumentos, pero la política es muy complicada. Si yo estuviera en un consejo de ministros, no le digo: “Presidente, lo amo”, como lo hizo alguno. Yo le hubiera dicho que hay tres instrumentos revolucionarios que no ha aplicado y por qué no los ha aplicado. No le hubiera hecho un juicio moral a Benedetti.

SEMANA: ¿Le preocupa que exministros de Petro como Alejandro Gaviria, José Antonio Ocampo, Cecilia López y ahora Álvaro Leyva sean críticos del Gobierno?

J.G.: Gustavo Petro sacó a Alejandro Gaviria en lugar de forzar una negociación o diálogo con Carolina Corcho. Nosotros firmamos una carta criticando muchos de los elementos de la reforma a la salud de la exministra, pero, si el presidente obliga a un diálogo entre Gaviria y Corcho, este mundo en materia de salud sería otra realidad. El gran error del primer mandatario fue haber sacado a Gaviria y luego a los seis ministros, y no haber obligado a un diálogo desde el principio. Y esta reforma cada vez la veo más enredada en el Congreso.

SEMANA: Usted es docente. ¿Con cuánto califica al Gobierno Petro?

J.G.: Si el parámetro y la nota se fijan con respecto al Plan de Desarrollo, uno.

1 comentario
2 Linkedin