Una evolución continua en mi vida

Por: Dario Gamboa
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Para llegar al momento existencial de mis creencias hoy, debí revisar la evolución y los influjos que tuvieron mi familia, la educación y mis propias vivencias. Fui el menor de una familia de seis hijos cuyos padres eran un Maestro masón, grado 33, y una devota católica tradicional. Desde pequeño viví la contradicción de dos visiones opuestas de lo que entonces pudieran ser mis creencias. 

Mi padre era un liberal convencido, discípulo ferviente de uno de los jefes liberales de la época, banquero y proveniente de familia de poetas y educadores. Mi madre, de escasa educación, estaba determinada a que sus hijos debían triunfar en la vida y obtener la mejor educación. Por eso,  estudiamos en el Liceo Francés Louis Pasteur de Bogotá. Allí aprendí de mis profesores franceses a pensar con libertad, a cuestionar y cuestionarme siempre y a expresar mis pensamientos con sinceridad. 

A mis 14 años conocí a un jesuita que marcó mi vida: Hernán Umaña, director de los Gonzagas, una organización juvenil que me formó en responsabilidad y servicio y me presentó un ideal juvenil, al mejor estilo de los “boy scouts”. Él buscaba jóvenes “con vocación” para ingresar a la Compañía de Jesús. Me apasioné por sus ideales y quise dedicar mi vida al servicio de los demás. Al terminar mi primer año de universidad, a los 20 años decidí ingresar a la comunidad y prepararme para ser sacerdote en la Compañía de Jesús. 

De mis maestros jesuitas recibí excelentes ejemplos de consagración a sus ideales, de profundidad intelectual, de respeto por mi manera de ser y de espiritualidad consistente. Mi maestro de novicios, Fernando Londoño, me regaló el privilegio de la espiritualidad Ignaciana y respetó su manifestación en mí, moldeándome con su sabiduría y ejemplo de vida espiritual. 

En mi vida de jesuita tuve claro que mis preferencias y mis habilidades personales se manifestaban de manera más profunda cuando estaba con grupos de jóvenes, de quienes aprendí y para quienes me fui formando como líder, profesor, facilitador de grupos y comunicador eficaz de los valores religiosos. Siempre quise traducir las verdades del lenguaje eclesial y clerical a un lenguaje que entendieran y a las vivencias personales y grupales de los jóvenes que encontré durante mi carrera. 

Mis propias vivencias religiosas se fueron transformando y adquirieron su pleno sentido en el contacto con grupos juveniles durante mis etapas de magisterio y de formación filosófica y teológica. En mi época de estudios de filosofía me impactó mucho estudiar con alguna profundidad a Teilhard de Chardin, lo que me llevó, poco a poco, al convencimiento actual de que la única realidad fundamental de todo es la Energía y de que somos fruto de una evolución explosiva de esa misma Energía. Al ser Energía e indestructible, la muerte no debe existir: la energía solo se transformará y mi eternidad tendrá sentido al transformarse mi existencia permanentemente.  

Poco después, en Teología, mi fe tradicional había desaparecido. Aunque las experiencias religiosas propias y con los jóvenes me motivaban profundamente en otro tipo de creencias, poco a poco fueron desapareciendo en mi mente el dualismo grecolatino y la culpa cristiana de ese conflicto innecesario en el que fui educado. Descubrí que mi “cuerpo” y mi “alma” no eran dos entidades contradictorias entre el bien y el mal, sino una sola realidad integrada de la Energía que pusieron en mi vida mis creadores naturales de la evolución. 

Entonces, evidentemente dejé mi vocación religiosa después de nueve años de preparación para el sacerdocio y viajé a los Estados Unidos a seguir mis estudios de maestría y doctorado en dos universidades, en Texas y Minnesota. 

Mi vida universitaria en el campo de la educación ‒para la maestría‒ y de las comunicaciones interculturales ‒para el doctorado‒ me ubicaron en medio de comunidades universitarias abiertamente multiculturales, donde mi pasión por los grupos y mi primer trabajo profesional  fueron las vivencias más intensas que se confirmaron al abrir mi mente a los cuestionamientos permanentes de mis creencias anteriores y al descubrimiento de mi crecimiento personal a medida que me abría a escuchar y conocer otras formas de ver la vida y encontrarle sentido a la existencia de tantas personas de tan diferentes partes del mundo, tan diversas en sus creencias y en sus culturas. 

He vivido en Colombia, Brasil y Estados Unidos durante mi carrera profesional de más de 40 años como ejecutivo de empresas multinacionales financieras y educativas, en las áreas de consecución y desarrollo de los mejores talentos para sus objetivos y estrategias en el mundo entero. Aprendí de cada experiencia profesional el profundo respeto al ser y al devenir humano y a la diversidad de culturas y creencias. Por esa misma razón, en mi vida personal, familiar y profesional me he apartado una y otra vez de los fundamentalismos y fanatismos religiosos y políticos del mundo entero, causantes para mí de todas las guerras en diversos rincones de la Tierra y en mi propio país. 

Hace pocos meses, al conocer en Miami a una amiga de mi esposa, que venía de la India, y percibir su carisma intenso de atención y cariño genuino con las personas que entraban en contacto con ella, le pregunté por el origen de la percepción que tuve de su magnetismo personal. Recibí una respuesta que, súbitamente, aclaró mi vivencia espiritual de la vida. Me respondió: “No soy yo quien tiene ese carisma que percibes, son los demás quienes lo tienen y, al relacionarme con ellos, me ayudan a completarme. Cada vez que me abro a conocer y a querer a alguien, siento que me estoy completando y estoy completando al otro”

Entendí entonces que todo tenía sentido en mi “espiritualidad” de ayer, de hoy y de siempre. Comprendí existencialmente que mi vida había sido y seguía siendo un movimiento continuo de salir hacia los demás, aprender de ellos y entregar lo que soy. Mi familia, los grupos de mi juventud y de mi vida de jesuita, las personas, los ejecutivos colegas de las corporaciones, mis amigos de distintas culturas, mi familia, pequeña y extendida, las religiones, el medio ambiente, los países en que he vivido, han sido quienes me han completado a través de esa Energía que vive dentro de mí y de todos en mi universo. 

Puede llamarse de la manera que se quiera, pero esa Energía hace que, al salir hacia ellos y regresar a mí, yo crezca, me enriquezca y los enriquezca con lo que mana de mí hacia ellos. Entendí que lo que me ha hecho feliz, lo que me ha llenado de paz espiritual y que también ha hecho feliz a muchos con quienes me he encontrado en la vida, es esa Energía del Amor que he recibido de tantos amigos, colegas, familia y maestros y que devuelvo a tantos que me llaman su amigo, su hermano, su colega y su maestro. 

He descubierto que entre más lo haga, más me enriquezco; que el darme a los demás, esa energía regresa en un movimiento continuo de diástole y sístole, semejante  al movimiento del corazón humano, movimiento semejante al Big Bang de la creación, que nos trae esa misma Energía que vive dentro de nosotros y en cada ser viviente, en los pensamientos y en el amor,  y que nos une y nos dispersa en ese movimiento creador de características explosivas continuas. 

En esto consiste mi espiritualidad hoy. En eso creo HOY. Mañana, ese pensamiento probablemente evolucionará al salir hacia otros y enriquecerme y enriquecerlos. Mañana seré otro creyente que evoluciona dentro de esa gran Energía, llámese Amor, Dios, Alá, Buda, Yahvé o cualquier otro concepto que respeto en quien lo crea.

Dario Gamboa

Miami, septiembre de 2020

16 Comentarios
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16 Comentarios

Jolupuster@gmail.com 28 septiembre, 2020 - 9:48 pm

Ese compartir la energía de la vida es otra forma de vivir la espiritualidad. Gracias, Darío.

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Patricia Maya 5 octubre, 2020 - 9:47 pm

Darío, gracias por compartir esa parte tan íntima de tu ser, gracias porque leer este corto relato abre mis ojos y despierta en mi alma esa sensación de gratitud que por ratos olvidamos, gracias por dar tanto.

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Dario@dgconsultants.global 11 octubre, 2020 - 10:08 pm

Me alegro que mis reflexiones te ayuden a descubrir la riqueza que hay dentro de ti. Un abrazo grande Patricia!

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Dario@dgconsultants.global 18 octubre, 2020 - 8:05 pm

Patricia. Me alegra que mi vivencia haya tocado puntos comunes en tu experiencia de lo trascendente.

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Virginia 13 octubre, 2020 - 3:57 am

Admiro enormemente el ser que eres y todo lo que en tu vida haz hecho y sigues haciendo por los demás; sin duda tu generosidad en todos los aspectos, nos llena a los que tenemos el privilegio de disfrutar tu esencia. Gracias Tío por haberme abierto tu corazón desde que me reconociste y haberme Guiado con tanto amor y humildad todos estos años. Te amo y agradezco por tu existencia. 🙏🏽♾❤️

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Dario@dgconsultants.global 18 octubre, 2020 - 7:59 pm

Tu vida ha completado la nuestra como una “hija del corazón”. Agradezco a la vida por aprender de ti el coraje ante la adversidad y la sinceridad en tu búsqueda interior del sentido de la existencia.

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Jose E Baute 13 octubre, 2020 - 4:59 pm

Querido Dario solo me queda expresar mi gran admiracion por tanta sabiduria y esa gran energia que proyectas donde quieras estas eres un gran der Humano un abrazo

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Dario@dgconsultants.global 18 octubre, 2020 - 7:56 pm

Gracias Kike! Lo que yo sea, lo debo a quienes me rodean: mi familia, mis amigos, mis colegas. Aprendiendo de todos nos completamos unos a otros. Abrazo agradecido por lo que has ayudado en mi construcción.

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Claudia 27 octubre, 2020 - 5:41 pm

Me llamo mucho la atención el titulo; verdaderamente somos una evolución de la vida, experiencias personales y entorno, nada se queda igual y vamos cambiando (para bien en el mejor de los casos) . No paramos de cambiar! Gracias por tu blog

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Gloria Joya 26 noviembre, 2020 - 3:20 am

Darío, que gusto leerte y también aquí sentir esa energía de amor que siempre tienes la generosidad de compartirnos.
Un gran abrazo y felicitaciones agradecidas por tu blog.

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Dario Gamboa 26 noviembre, 2020 - 11:40 pm

Gracias Gloria por estar en sintonía. Estamos felices con el blog y nuestros amigos. Abrazos a todos!

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César Augusto Torres Hurtado 13 diciembre, 2020 - 5:49 pm

Siempre he considerado que la mejor manera de educar y formar es a través del ejemplo y el respeto para los demás. Eres todo un agente multiplicador de Vida sana buena y alegre. Debes sentirte muy Feliz de tu paso por este mundo y seguro que donde te encuentres vamos a estar muy cerca para compartir. Un gran abrazo!!!!

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Miguel Caro 17 febrero, 2021 - 8:09 am

Al leerte recordé el libro de un querido maestro y amigo, el dr Bautista. Un día me llamó y me dijo “Miguel quiero escribir y publicar un libro sobre mi familia” y yo le dije: dr, tenga la certeza, será su mejor obra. “Gracias” al covid, él se dedicó a organizar materiales, pedir textos a parientes, recuperar fotos… en fin. Sacó una edición limitada de una obra maravillosa donde están él y sus ancestros, y lo mejor, deja un camino abierto para que “el olvido que seremos” no se devore sus señales amables y las nuevas generaciones puedan seguir el legado. Ahora que los hijos de Termineitor tienen como misión borrar cualquier señal de humanidad de cada individuo que habite este planeta, escribirse y escribirnos, pero sobre todo imprimir, es decir, publicar y circular en “físico” así sea pequeños tirajes, es algo que nos puede ayudar a ser García Márquez “Escribo para que mis amigos no me olviden” Considero este texto, Darío, como el inicio de una aventura donde tejerás palabras para que tus pasos y los de tus seres queridos no sean pasos sobre la arena, a la espera de las olas, o se desvanezcan en la nube, donde viven hoy, todos los que ni siquiera aceptan que algún día fueron niños y ni siquiera tienen una foto en un álbum familiar, pues ellos, léase bien, alegan que fueron creados por el soplo de una tuerca oxidada de su padre Termineitor y que fueron amantados por su madre, una pantalla.

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Carlos Posada 16 marzo, 2021 - 9:06 pm

La energía se comunica espontánea y generosamente. No es necesario ser consciente de compartirla, ni ser consciente de que la estoy recibiendo. Eso es la vida un compartir permanente propio de nuestra naturaleza. Ahora bien, hay energía positivas y negativas. Ojo, para ver qué energía estoy compartiendo. Gracias Darío por compartirme tu energia positiva.

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Luis+Arturo+Vahos 11 julio, 2021 - 3:03 pm

La espiritualidad no es un asunto de discurso, sino de contagio, decía mi Maestro. Creo que en tu caso esa máxima se cumple a cabalidad. Yo la percibo en la sonrisa franca que nos regalas en las reuniones de los jueves y en el blog; siempre dispuesto al servicio con gozo. Gracias Darío

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Dario Gamboa 11 julio, 2021 - 4:26 pm

Gracias Luis Arturo por la sinceridad y autenticidad que nos regalas con tus comentarios y permanente apoyo. Eres un ejemplo para muchos.

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