Comenzando el libro impreso de Javier Cercas, específicamente en la quinta página de la primera parte, “En busca de Bergoglio”, el autor se refiere a la “jesuitidad” de Francisco, el primer papa de esta comunidad religiosa. Esta mención me creó la curiosidad de averiguar qué tanto el libro hablaría de los jesuitas y, en consecuencia, decidí subrayar todas las alusiones que hiciera a la Compañía de Jesús y a sus miembros, para conocer de qué manera se refería a ellos y pintaba el panorama jesuítico, referido directamente al papa Francisco y a la orden de Ignacio de Loyola.
¿Quién era Jorge Mario Bergoglio para los jesuitas?
En el libro se afirma que “Bergoglio era un hombre dotado de una gran vocación de poder, una notable inteligencia política y un proyecto para la Compañía de Jesús.” Conversando Cercas con Antonio Spadaro, “jesuita como el papa y [a quien] algunos lo consideran su intelectual de cabecera” ‒“nombrado por el general de los jesuitas de acuerdo con el papa Benedicto” ‒ director de “La Civiltà Cattolica, una publicación jesuita de alto nivel intelectual, que aborda todo tipo de temas”, el autor dice de Bergoglio que “en todo caso, la gente no sabía muy bien quién era. ‒Ni siquiera los jesuitas.”
Y prosigue: “Los jesuitas lo conocían por sus vicisitudes en Argentina. Y (…) despertaba un cierto recelo.” “La idea que se tenía de Francisco antes de su elección era que se trataba de un conservador, con una visión muy tradicional, muy ortodoxa. Así se le veía. ‒¿También entre los jesuitas? ‒Ahí la historia es complicada. Yo mismo tengo problemas para hacerme una idea cabal de las relaciones entre Bergoglio y los jesuitas. Ha habido excesos contra él que no alcanzo a entender.”
Bergoglio “en 1958 solicitó el ingreso en la Compañía de Jesús.” Cuando se ordenó jesuita, lo primero que pidió fue que le mandaran a Japón, que, junto con China, es el otro polo de Oriente que los jesuitas tienen siempre en la cabeza… No pudo ir por cuestiones de salud, pero él tiene vocación de misionero, de misionero jesuita, de los que aspiran a conquistar las fronteras inexploradas del cristianismo.”
En 1973 lo nombraron provincial de los jesuitas argentinos y uruguayos, cargo que ejerció hasta 1979.” La teología de la liberación “situó a Bergoglio en una posición ambivalente, muy difícil, en especial desde los principios de los años setenta, cuando fue nombrado provincial de los jesuitas de Argentina y Uruguay: por un lado, su preferencia activa por los pobres y su compromiso con la justicia social provocaban la desconfianza de la derecha; por otro, irritaba profundamente a la izquierda al consagrarse desde su puesto de mando a alejar a los jesuitas del marxismo y la Teología de la Liberación ‒sobre todo de las versiones más extremas de la Teología de la liberación, que alentaban o justificaban las guerrillas, o militaban en ellas‒ y a reorientar a la Compañía de Jesús hacia un propósito únicamente religioso, pastoral.”
“Entre 1980 y 1986 desempeñó el cargo de rector del Colegio Máximo de San Miguel, el centro de formación de jesuitas más prestigioso de Latinoamérica”². “En 1990, tras un período de desencuentros con sus superiores, que lo acusaban de socavar su autoridad, conspirar contra ellos y dividir a la congregación, fue alejado de Buenos Aires y condenado al ostracismo en una residencia para jesuitas en Córdoba, donde pasó dos años de expiación.” Este hecho lo reitera Cercas hacia el final del libro: “Después de dominar durante años el destino de la Compañía de Jesús en Argentina y Uruguay, ejerciendo el cargo de provincial de la congregación, Bergoglio sufrió un destierro de Buenos Aires y una condena al ostracismo en Córdoba, acusado de conspirar contra sus superiores y de socavar su autoridad, perseguido por una reputación tóxica de soberbia, avidez de poder, inflexibilidad y autoritarismo.”
“El retrato que trazan de él los jesuitas argentinos de los años setenta y ochenta no es halagador (…): un tipo personalista, duro, soberbio, autoritario, divisivo, sinuoso, manipulador e intimidante (más de un novicio de la época asegura que inspiraba miedo).” “Entre los jesuitas se le conocía como «la Gioconda», por la expresión impenetrable de su rostro.”
“Visto desde ahora, es curioso que los conflictos más serios que vivió el papa con la Iglesia argentina no ocurrieron porque lo acusaran de progresista o de revolucionario, sino de lo opuesto. Me refiero a los rifirrafes que tuvo en los años setenta y ochenta con los suyos, con los jesuitas, que lo consideraban conservador, casi reaccionario, poco activo…”.
Cuando era provincial en Argentina, “desde esa época persigue a Bergoglio la denuncia sin fundamento de haber facilitado o propiciado o tolerado el secuestro y tortura de dos jesuitas, Orlando Yorio y Franz Jalics, a quienes los militares relacionaban con la guerrilla montonera; es un hecho, sin embargo, que no supo proteger a sus dos compañeros, o que los desprotegió, y que siempre se ha sentido responsable de ese yerro.” Quizá por eso, “algunos jesuitas argentinos lo consideraban reaccionario, autoritario e incluso cómplice de la dictadura.”
“El caso es que, con alguna excepción, la jerarquía de la Iglesia argentina apoyó la dictadura, a pesar de que era consciente de las salvajadas que estaba perpetrando; Bergoglio formaba parte de esa jerarquía (entonces era voz de los jesuitas) y no levantó la voz contra los militares.”
“Al trauma personal de su responsabilidad en ese episodio terrible se sumó, años más tarde, el trauma profesional (y mucho más duro) de su alejamiento obligado de los jesuitas de Buenos Aires y sus dos años de condena al ostracismo en Córdoba, a setecientos kilómetros de la capital. Fue un período determinante para él. (…) Bergoglio se alojaba en la Residencia Mayor de la Compañía de Jesús, en el centro de la ciudad, donde ocupaba una celda de doce metros cuadrados sin más mobiliario que un catre, una silla, un escritorio, una máquina de escribir Olivetti y un armario escaso de ropa”.
“La mención de la dureza y la severidad de Bergoglio [expresa Paolo Ruffini, “uno de los periodistas más prestigiosos de Italia”, dice Cercas] ‒es la primera vez que alguien alude a ellas desde que estoy en Roma‒ me retrotrae por un segundo a la terca reputación de autoritarismo que lo persiguió durante sus mandatos de jesuita en su país.”
“Los testimonios de los jesuitas que frecuentaron a Bergoglio en los años setenta y ochenta son coincidentes; también rotundos: Bergoglio es un hombre de temperamento fuerte, que en aquella época practicó el autoritarismo, se dejó llevar por la soberbia y dio rienda suelta a su ambición de poder.”
Según Cercas, el Bergoglio “que convivió con los jesuitas argentinos durante más de veinte años” era “duro, temperamental, soberbio, despótico y ambicioso.” Luego lo reitera y afirma: Bergoglio (…) había sido durante décadas el Bergoglio duro, temperamental, soberbio, despótico, intrigante y ambicioso que trataron sus correligionarios jesuitas.”
“En palabras del jesuita Juan Luis Moyano”, “en Argentina, sobre todo en los años sesenta y setenta (pero no solo entonces), Bergoglio ha sido tachado de conservador o ultraconservador, de estar demasiado preocupado por alimentar a los pobres y demasiado poco por preguntarse por qué lo son, de tener una visión social «sacramentalista, acrítica y asistencialista».”
“En marzo de 2013, tras la renuncia de Benedicto XVI al papado, víctima de su fragilidad física y su impotencia para reformar un Vaticano acorralado por la corrupción y los escándalos, Bergoglio fue elegido papa (momento en el cual se reconcilió con sus correligionarios jesuitas, de los que llevaba más de veinte años distanciado).” Más adelante dice lo mismo: “Le recuerdo al jesuita[Spadaro] que, cuando Bergoglio llegó al papado, llevaba veinte años sin mantener relaciones con la Compañía de Jesús.”
Bergoglio, el Papa jesuita
Lo que Cercas había dicho al comienzo, “el primer papa latinoamericano, el primer papa llamado “Francisco, el primer papa jesuita” lo repite: “es el primer papa latinoamericano, el primer papa jesuita.” “Su visión del mundo y su espiritualidad siguen siendo profundamente jesuíticas.” “Bergoglio es en primer lugar un jesuita.”
“Lo que me parece extraordinario es esa espiritualidad que le permite al papa, al enfrentarse a un problema cualquiera, buscar no la solución correcta, sino la solución de Dios. (…) ¿Cómo se encuentra la verdad de Dios? ¿El papa tiene su propio método? ¿Es un método que forma parte de la espiritualidad jesuítica? ‒Así es: forma parte de la espiritualidad jesuítica. ‒¿Él ha aprendido ese método de San Ignacio, de los jesuitas? “‒Y también de personas concretas, como Miguel Ángel Fiorito, un jesuita que fue su padre espiritual. (…) En cuanto el intruso se marcha, salgo de mi abstracción y le pregunto al jesuita si podemos continuar.” “El jesuita se ofrece a retomar nuestra conversación durante el viaje a Mongolia (…) y el jesuita contesta sin acusar incomodidad.”
“Él tiene vocación de misionero, de misionero jesuita, de los que aspiran a conquistar las fronteras inexploradas del cristianismo.” “Para los jesuitas, China lo es todo: el gran amor, la misión imposible.” “Eso es China en la imaginación de los jesuitas: un desafío, el país donde la Iglesia siempre ha fracasado, el lugar que persiguió a los cristianos y que todo el mundo considera impermeable al cristianismo”. “Japón (…) junto con China, es el otro polo de Oriente que los jesuitas tienen siempre en la cabeza.”
¿Has oído hablar de Matteo Ricci, el gran misionero jesuita de los siglos XVI y XVII?” En ese contexto misionero, Cercas menciona “la historia extraordinaria de Matteo Ricci y de tantos otros, sobre todo jesuitas como el papa”, pero “al final, Ricci fracasa por diversos motivos, sobre todo por intransigencias de Roma… Y la misión acaba, a los jesuitas los expulsan de China y se desencadena una persecución muy violenta contra ellos.”
El papa “ha recibido muchas influencias, todas ésas que dices y muchas más (santos como san Ignacio, teólogos como Methol Ferré, jesuitas como el padre Fiorito) y ha elaborado una síntesis muy personal”.
Refiriéndose el autor a los creadores de la capilla Sixtina, “el papa los observaba de una forma tan atenta, tan intrigada, tan curiosa… En eso yo creo que se nota que es un papa jesuita. No solo por la sagacidad o la preparación intelectual que asociamos a los jesuitas; también por la forma en que usa la imaginación.” Otro rasgo que menciona de Francisco es que “el papa tiene la valentía de disculparse, pero su disculpa es sinuosa; de hecho, alguien podría calificarla como jesuítica.”
La espiritualidad jesuita
Cercas le pregunta al director de la revista Civiltà Cattolica “en qué consiste la espiritualidad jesuítica. (…) Spadaro se toma unos segundos para reflexionar (…) Hay muchas formas de vivir la espiritualidad. La de los jesuitas está centrada en el discernimiento”.
El autor insiste: “¿Cómo es esa espiritualidad que le permite al papa, si le he entendido bien, averiguar lo que Dios quiere decir? ‒Es la espiritualidad de san Ignacio, la de los jesuitas, la del discernimiento”: “una palabra que, para él, es decisiva en el papa y en la espiritualidad jesuítica: la palabra «discernimiento».
Lo que más me llamó la atención fue que, según Spadaro, el discernimiento permite alcanzar no ya la verdad, sino la verdad de Dios. Brunelli [con quien está conversando] da un respingo, igual que si acabara de despertarlo de golpe. «Diana», pienso. ‒No lo sé ‒admite‒. No soy un jesuita, así que… Es una palabra muy jesuítica, ésa”.
Otras alusiones a los jesuitas
“Los religiosos (los jesuitas, los franciscanos, los benedictinos) vivimos juntos, en comunidad.”
“Los jesuitas somos una congregación culta, que ama la reflexión.”
“Ernesto Cardenal, ministro de Cultura, poeta, jesuita y militante de la Teología de la Liberación.”
“El jardín de Villa Malta, un espléndido palacete romano del siglo XVI, propiedad de los jesuitas, donde vive en comunidad la redacción de la revista de Spadaro: el llamado Colegio de Escritores de La Civiltà Cattolica.”
Quiero finalizar con un comentario que hizo Jaime Heredia sobre Jorge Mario Bergoglio en la tertulia 248, alusiva al tema “Cuando me fui de Colombia”, que ratifica apartes citados del libro de Cercas: “En Buenos Aires fue donde conocí bastante al padre Jorge Mario Bergoglio. Yo creo en tres conversiones: la de san Pablo, la de san Ignacio y la de Bergoglio. Ustedes no saben quién fue Bergoglio antes de llegar a Roma: una persona absolutamente extraña, de extremísima derecha, muy intrascendente. Pero después del arzobispado que tuvo en Córdoba (Argentina) cambió totalmente. Ya cuando lo nombraron en Roma era otra persona”.
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¹ Los números entre paréntesis se refieren a la primera reimpresión en Colombia (abril de 2025) del libro de Penguin Random House impreso por Editorial Bolívar Impresores. He resaltado en cursiva las referencias jesuíticas.
² En la página 79 el dato es algo diferente. Allí dice que “fue rector durante cuatro años” “del Colegio Máximo de San Miguel, el centro bonaerense de formación de jesuitas”
William Mejía
Julio, 2025


4 Comentarios
Excelente análisis William. Ponderado y, a la vez, ampliamente ilustrativo
William: Qué maravillosa síntesis sobre la personalidad jesuítica de Bergoglio. En mi lectura, que comencé con muchas reticencias y que me ha entusiasmado a medida que recorro las páginas con admiración y respeto, pensaba que solo iba ser una novela superficial sobre el Papa Francisco, pero a medida que he progresado estoy entendiendo su profundidad, realismo y pertinencia para comprobar la presencia de Jesucristo, a través de él, en nuestro confuso Siglo XXI. Continuaré leyendo y espero mantener contigo un diálogo al respecto. Saludos. Hernando
Te fajaste, William, con este artículo. Perfil muy completo, objetivo, de lo que pensaba Cercas sobre el Papa Francisco.
La cita 1 hace alusión a una versión anterior del artículo, en la cual cada cita iba acompañada de la página en la cual aparecía la alusión a los jesuitas. Para facilidad de lectura esos números fueron suprimidos. Las citas no siguen, estrictamente, la secuencia de las páginas, de la 17 a la 485. Con respecto a la nota 2, la otra página en que aparece el dato del tiempo en la rectoría es la 31.