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william mejia

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Dada la importancia del evento, acordamos que nuestra tertulia del jueves 30 de julio se inspirara en el Campeonato Mundial de Fútbol. Reflexiones, remembranzas, posiciones críticas, opiniones, brotaron espontáneamente, reflejando que el buen fútbol todavía nos sigue motivando. Aquí queremos consignar algunos testimonios.

Haz click aquí para disfrutar de la participación de William Mejia: https://youtu.be/7fXZR9hlToI

Exjesuitas en tertulia- 30 de Julio, 2026

Qué me gustó

  • El empate a cero de Cabo Verde (que participaba por primera vez en un mundial) con España, futuro campeón del mundial. Tampoco le ganó Uruguay, un excampeón del mundo, lo mismon que Arabia Saudita. Terminó invicto la primera ronda y su portero, Vozinha, fue una de las figuras destacadas del mundial. 
  • El primer lugar de Colombia invicta en la ronda de grupos, por encima de Portugal, uno de los favoritos.
  • El triunfo de Ecuador sobre Alemania, que sacó a los teutones del mundial. David le ganó a Goliat.
  • El empate de la República Democrática del Congo con Portugal capitaneado por Cristiano Ronaldo.
  • El paso a segunda ronda de los tres países anfitriones.
  • El triunfo de España.
  • La presencia de 48 países, que hizo del campeonato algo más mundial que europeo. En Qatar 2022, los equipos de Europa fueron 13 de 32 (40.6 %).
  • La cantidad de compatriotas en los estadios donde jugó Colombia: una marea amarilla.
  • La cantidad de jugadores morenos en gran parte de los equipos: un mestizaje cultural. Basta con comparar con los mundiales del siglo XX.
  • La presencia de Irán, a pesar de que Trump había dicho que podían jugar, aunque no le parecía apropiado que lo hicieran “por su propia seguridad y su propia vida”.
  • Los récords de Messi y Ronaldo.
  • El hecho de que el niño bañado por Messi para una propaganda de Unicef terminó jugando en el equipo que derrotó a Argentina en la final del mundial.
  • Que el ICE (Immigration and Customs Enforcement) no se hubiera metido a detener asistentes en los partidos de fútbol.

Qué me disgustó

  • El fútbol convertido en negocio y las ganancias multimillonarias de la FIFA. Infantino resultó el mayor vencedor del campeonato.
  • La suspensión de la sanción por tarjeta roja del delantero estadounidense Folarin Balogun, por presión de Trump a Infantino, lo que le permitió jugar un partido crucial de octavos de final de la Copa del Mundo contra Bélgica.
  • El trato que se le dio a la selección de Irán: viajaba de México a jugar en el estadio asignado, terminaba el partido y debía regresar a México.
  • El enorme costo de la boletería y otros altos costos para los turistas (visados, vuelos, alojamiento), significativamente mayores a los de campeonatos anteriores, lo que hacía que el fútbol se convirtiera en un lujo reservado a una élite.
  • La distribución del número de partidos entre las tres sedes: Canadá 13, México 13, y Estados Unidos 78; el triple de la sumatoria de los otros dos países. 16 sedes en total, durante 39 días.
  • Los intermedios de tres minutos en los partidos que hicieron pasar de dos a cuatro tiempos, como sucede en el básquetbol, para darle espacio a la propaganda por televisión.
  • Los recesos por calor cuando no se requería porque el estadio funcionaba con aire acondicionado.
  • Las distancias en avión que tuvieron que cruzar las selecciones de varios países y los hinchas.
  • Algunas demoras del VAR en dar respuestas a situaciones requeridas.
  • La actitud del equipo argentino de dar la espalda a la premiación de España, la trifulca que armaron contra jugadores españoles al perder el partido y la pancarta “Las Malvinas son argentinas”.
  • La falta de tiros a la portería de España en el partido final. Parecía que Argentina esperaba ir a los penaltis, gracias al buen desempeño de su portero.
  • Que Caracol no haya transmitido el partido por el tercer puesto (Inglaterra-Francia, ¡el partido con más goles: 10!) Me pregunto qué falló en su planeación de transmisiones del mundial, cuando los equipos que llegan a esta instancia resultan los mejores.
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Luego de nuestra tertulia sobre este tema, creemos oportuno compartir individualmente las intervenciones que nuestros compañeros prepararon para esa tertulia, con el fin de ayudar a nuestros lectores a profundizar individualmente en los alcances que encontramos en grupo al mensaje que conlleva este importante documento, en estos momentos de desarrollo de la Inteligencia Artificial.

Haz click aquí para disfrutar de la intervención de William Mejía : https://youtu.be/xR9vTibUFos

Exjesuitas en tertulia – 02 de Julio, 2026

Este texto busca recopilar lo que dice textualmente la carta encíclica Magnifica Humanitas de León XIV sobre la IA, antes que entrar a interpretarla u opinar acerca de ella. Por eso, la mayor parte de lo escrito está entrecomillado.

Tratándose de una encíclica sobre la inteligencia artificial, es necesario establecer cómo la define. Su numeral (99) responde que “No es posible dar una definición única y completa de la IA. Lo que podemos decir es que hay que evitar el equívoco de equiparar esta “inteligencia” a la humana. Estos sistemas imitan ciertas funciones de la inteligencia humana. Al hacerlo, a menudo la superan en velocidad y amplitud de cálculo, ofreciendo beneficios concretos en numerosos campos”. 

Sin definirla plenamente, la encíclica habla de inteligencia artificial en plural, lo que contribuye a ampliar el marco de su definición: “ (…) las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones, ni asumen el peso de las consecuencias. Pueden imitar lenguajes, comportamientos, valoraciones; pueden simular empatía o comprensión, pero no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio. Incluso cuando dichos instrumentos se presentan como capaces de “aprender”, lo hacen de modo diferente al de la persona humana. No es la experiencia de quien se deja modelar por la vida y crece en el tiempo por medio de decisiones, errores, perdón y fidelidad; es más bien una adaptación estadística a partir de datos y retroalimentaciones, que puede ser muy eficaz, pero no implica un crecimiento interior”.

La encíclica solo menciona dos veces LAS inteligencias artificiales. La segunda vez dice que “cualquier afirmación sobre la IA corre el riesgo de quedar obsoleta en poco tiempo, dada la impresionante velocidad de desarrollo de estos sistemas. (…) Todos nosotros, incluidos quienes los diseñan, sabemos muy poco sobre su funcionamiento efectivo. Las inteligencias artificiales modernas están más “cultivadas” que “construidas”: los desarrolladores no diseñan directamente cada detalle, sino que crean una arquitectura sobre la cual la IA “crece”. (98)

Las Características de la inteligencia artificial

Curiosamente, Inteligencia artificial aparece solo 12 veces en la encíclica, mientras que IA lo hace en 74 ocasiones. Las características que siguen responden a la sumatoria de ambas expresiones:

– Nos está cambiando: “En los últimos años se ha hecho cada vez más evidente cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando nuestro mundo.” (4)

– Debe entenderse “como una transformación que interpela desde dentro las categorías de la Doctrina social y exige un mayor desarrollo de la misma, en fidelidad al Evangelio”, y no como “un apéndice temático, o como una emergencia que hay que gestionar.” (17)

– “Cambia el modo de informarse, de comunicar y de acceder a los servicios”, debido a “la difusión de redes globales, plataformas y sistemas de IA”. (80)

– No es neutral, como tampoco lo son “…otras innovaciones tecnológicas (… que) “pueden aumentar la participación y la justicia, o ampliar las desigualdades, el control y la exclusión.” (85)

– Al tiempo con las demás tecnologías emergentes, la IA y ellas “ya son parte de nuestra vida cotidiana.” (90)

– IA, las ciencias cognitivas, la nanotecnología, la robótica y la biotecnología, (…) por su poder, pueden actuar como un acelerador del paradigma tecnocrático y, por ello, necesitan un nuevo marco espiritual, ético y político”. (93)

– Cualquier afirmación sobre ella “corre el riesgo de quedar obsoleta en poco tiempo, dada la impresionante velocidad de desarrollo de estos sistemas. En segundo lugar, todos nosotros, incluidos quienes los diseñan, sabemos muy poco sobre su funcionamiento efectivo”. (98)

– Está en desarrollo permanente, pues “los desarrolladores no diseñan directamente cada detalle, sino que crean una arquitectura sobre la cual la IA “crece”. En consecuencia, los aspectos científicos fundamentales ‒como las representaciones internas y los procesos computacionales de estos sistemas‒ siguen siendo desconocidos”. (98)

 – No es moralmente neutra, pues “todo artefacto técnico lleva consigo decisiones y prioridades: lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza y el modo en que clasifica personas y situaciones. Si un sistema se concibe o emplea tratando algunas vidas como menos dignas, o las excluye sin posibilidad de apelación, no es un simple instrumento que “hay que usar correctamente”; introduce ya un criterio que contradice la dignidad inalienable de la persona. Por eso, el discernimiento ético no se puede limitar a preguntarse si usamos un determinado sistema para un fin bueno o malo, sino que debe interrogarse también sobre el modo en el que está diseñado y qué idea de persona y de sociedad queda inscrita en los datos y en los modelos que lo guían.” (104)

– “Tiende a aumentar sobre todo el poder de quien ya dispone de recursos económicos, competencias y acceso a los datos. A la luz del bien común y del destino universal de los bienes, este fenómeno suscita seria preocupación: pequeños grupos muy influyentes pueden orientar informaciones y consumos, condicionar procesos democráticos e incidir en las dinámicas económicas en beneficio propio, contradiciendo la justicia social y la solidaridad entre los pueblos.” (108).

– Es “un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora.” (110)

– Sus herramientas permiten “manipular imágenes y videos”, porque en “la red no son raros los fenómenos de captación, chantaje y explotación sexual de menores, que se vuelven más insidiosos por el uso de perfiles falsos, de algoritmos que amplifican contactos peligrosos”. (141)

– Está “transformando rápidamente la estructura misma del trabajo”, al combinarse con la automatización y la robótica. “Se dice que esto traerá grandes mejoras para todos. En realidad, los “nuevos modos” de trabajar no son necesariamente mejores, porque mientras la IA promete impulsar la productividad haciéndose cargo de tareas ordinarias, a menudo los trabajadores se ven obligados a adaptarse a la velocidad y a las exigencias de las máquinas, en lugar de que estas últimas estén diseñadas para ayudar a quienes trabajan. 

Así, contrariamente a los beneficios anunciados sobre la IA, los enfoques actuales de la tecnología pueden paradójicamente “desespecializar” a los trabajadores, someterlos a una vigilancia automatizada y relegarlos a tareas rígidas y repetitivas. La necesidad de seguir el ritmo de la tecnología puede erosionar el sentido de la propia capacidad de obrar de los trabajadores y ahogar las capacidades innovadoras que están llamados a aportar en su trabajo.” (150)

– En su mundo, “nada es inmaterial o mágico. Cada respuesta que parece inmediata y perfecta proviene de una larga cadena de mediaciones, de una extensa red de recursos naturales, de infraestructuras energéticas y, sobre todo, de personas.” (173)

– Se sustenta “en el trabajo silencioso de millones de seres humanos, empleados en actividades poco visibles pero esenciales: etiquetado de datos, moderación de contenidos ‒a menudo pésimos‒ y entrenamiento de modelos. En muchos casos se trata de jóvenes, en su mayoría mujeres, que trabajan duro a cambio de remuneraciones mínimas.” (173)

– Se basa “en una cadena de explotación que se mantiene deliberadamente oculta” y en “la extracción de los recursos necesarios para la producción de los dispositivos y microprocesadores. (…) En algunas regiones del mundo, adolescentes y niños trabajan en condiciones peligrosas en la trituración de los materiales de los que se obtienen las tierras raras.” (173)

– Entra, “como factor de aceleración” en “la gramática de los conflictos. A la guerra visible se suman formas híbridas: ataques cibernéticos, manipulación de la información, campañas de influencia y automatización de decisiones estratégicas.” (183) 

– “Puede potenciar la defensa y la protección de los civiles, pero también puede bajar el umbral del uso de la fuerza, hacer opacas las responsabilidades y alimentar una cultura en la que el enemigo queda reducido a un dato y la víctima a un ‘daño colateral’.” (183) 

– Su desarrollo, junto con “las redes digitales y la economía globalizada”, crea “vínculos cada vez más estrechos, conectando en tiempo real las decisiones tomadas en un lugar con los efectos que producen en otro.” (187)

– “No libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad: solo puede hacerlo más rápido e impersonal, bajando el umbral del recurso a la violencia y transformando la defensa en previsión operativa, con las víctimas reducidas a datos.” (198).

El uso de la inteligencia artificial

Definidas las características de la inteligencia artificial, cabe pensar en el uso de la misma. Esto dice la encíclica:

“A la luz de cuanto se ha dicho, podemos comprender mejor por qué la IA puede ser una valiosa ayuda y, al mismo tiempo, exije un enfoque prudente y cauteloso. En los últimos años su uso privado ha crecido notablemente, y desde distintos ámbitos se reflexiona sobre las oportunidades y los riesgos vinculados a su rápida difusión. 

En el uso personal, tres aspectos, en particular, deben ser tenidos en especial consideración: la facilidad para lograr el resultado, la impresión de objetividad y la simulación de la comunicación humana. 

La velocidad y la sencillez con la que es posible obtener indicaciones, elaboraciones complejas, contenidos mediáticos y formas de asistencia concreta simplifican nuestras vidas, pero también pueden acostumbrarnos a delegar demasiado y a buscar respuestas rápidas, debilitando el juicio personal y la creatividad. 

La impresión de objetividad que las respuestas y las propuestas de estos sistemas pueden suscitar corre el riesgo de hacernos olvidar que éstas reflejan los parámetros culturales de quienes las han proyectado y adiestrado, con todas sus virtudes y defectos. 

La imitación artificial de una comunicación humana positiva ‒palabras de consejo, de empatía, de amistad, de amor‒ puede resultar gratificante e incluso útil, pero en usuarios poco conscientes puede inducir a engaño y dar la falsa impresión de estar en una relación con un auténtico sujeto personal. Cuando la palabra es simulada, no construye una relación, sino una apariencia. La imitación artificial de la relación de cuidado o de acompañamiento puede ser peligrosa cuando se introduce en un contexto pobre de relaciones y de afectos reales; entonces el riesgo no es tanto que una persona crea que está hablando con otra, sino que pierda el deseo mismo de buscar realmente al otro.” (100)

“Ampliando la mirada al uso de la IA en nuestras sociedades, constatamos que ya está presente en procesos de decisión en todos los ámbitos y a diversos niveles: en la comunicación, la gestión y el control. Las ventajas en términos de eficiencia y las potencialidades de mejora de algunos servicios son evidentes; sin embargo, una adopción rápida y acrítica nos expone a diversos riesgos, como el de subestimar el impacto ambiental. 

Los actuales sistemas de IA requieren grandes cantidades de energía y agua, inciden de manera significativa en las emisiones de anhídrido carbónico y consumen recursos de manera intensiva. Con el aumento de la complejidad, sobre todo en los grandes modelos lingüísticos, crecen también las necesidades de potencia de cálculo y capacidad de almacenamiento, que se apoyan en un conjunto de máquinas, cables, centros de datos e infraestructuras consumidoras de energía. Por eso es esencial desarrollar soluciones tecnológicas más sostenibles para reducir el impacto sobre el medioambiente y cuidar nuestra Casa común.” (101)

“El uso de la IA nunca es un hecho puramente técnico: cuando entra en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputación y libertad. Las decisiones delicadas que repercuten en el trabajo, el acceso a créditos y a otros servicios, y la reputación de las personas, corren el riesgo de ser confiadas completamente a sistemas automatizados que no conocen «la compasión, la misericordia, el perdón y, sobre todo, la apertura a la esperanza de cambio en el individuo, pudiendo así producir nuevas formas de descarte. Puede haber usos evidentemente antihumanos, como la manipulación de la información o la violación de la privacidad, pero puede haber también un engaño menos evidente, cuando los sistemas de IA, presentándose como neutrales y objetivos, reflejan y refuerzan estereotipos o posiciones ideológicas de quienes los han diseñado y programado.” (102)

“Es indispensable que el uso de la IA ‒sobre todo cuando involucra bienes públicos y derechos fundamentales‒ esté acompañado de criterios claros y controles efectivos, inspirados en la participación y la subsidiariedad; las comunidades y los cuerpos intermedios no pueden ser reducidos a destinatarios de decisiones tomadas en otros lugares, sino que deben poder contribuir al discernimiento y a la vigilancia. Además, la propiedad de los datos no puede confiarse solo al sector privado, sino que debe reglamentarse. Estos son fruto del aporte de muchos y no pueden ser vendidos o confiados a unos pocos. (108)

“En los últimos años, la literatura psicológica y psiquiátrica ha documentado con creciente insistencia cómo una exposición precoz y sin supervisión a los dispositivos digitales y a las redes sociales puede afectar negativamente al sueño, a la atención, a la regulación emocional y a las relaciones, especialmente en las edades más vulnerables, con consecuencias a veces dramáticas. A esto se suma la facilidad de acceso a escenas violentas o crueles que hieren la sensibilidad, a contenidos pornográficos e hipersexualizados, a mensajes que banalizan el cuerpo y la afectividad, y a propuestas que normalizan comportamientos de riesgo. En la red no son raros los fenómenos de captación, chantaje y explotación sexual de menores, que se vuelven más insidiosos por el uso de perfiles falsos, de algoritmos que amplifican contactos peligrosos y de herramientas de IA capaces de manipular imágenes y videos.” (141)

“El desarrollo y el uso de la IA en el ámbito bélico deben estar sujetos a las restricciones éticas más rigurosas, y al respeto de la dignidad humana y de la sacralidad de la vida, evitando una carrera armamentista.” (197)

Esta lectura parcial de la encíclica puede enriquecerse con otras vetas de su rico contenido, como ‒por ejemplo‒ bien común e IA, dignidad humana e IA, desarrollo humano e IA, ética e IA, educación e IA, exigencias e interrogantes que plantea la IA.

William Mejía Botero

Julio, 2026

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La lectura del libro de Javier Cercas, dada su naturaleza variada y su extensión en número de páginas, arroja luz sobre diferentes temas. Uno de ellos es la migración (más que el asilo, el refugio o el desplazamiento forzado). A continuación, varias citas que muestran la importancia que los migrantes tuvieron para el papa Francisco.

Esta primera cita es muy diciente de la importancia que tenían los migrantes para el pontífice argentino:

“La primera vez que el papa Francisco salió de Roma fue para visitar la isla de Lampedusa. Poco después de que resultara elegido 266º Sumo Pontífice de la Iglesia Católica a las siete y cinco de la tarde del 13 de marzo de 2013, tras un cónclave que se prolongó por espacio de algo más de veinticuatro horas y exigió cinco votaciones de los miembros del Colegio Cardenalicio, el papa leyó en un periódico que las playas de aquel pedazo de tierra italiana habían recibido muchos de los más de veinticinco mil cadáveres de emigrantes muertos durante la última década en su intento de cruzar el Mediterráneo desde las costas africanas, huyendo del hambre, la miseria y las guerras. 

El 8 de julio, cuatro meses después, Francisco celebró una eucaristía multitudinaria en el estadio deportivo de la isla y, dirigiéndose a los presentes tras un altar levantado con madera de una de las balsas naufragadas y sujetándose con una mano el solideo para que no se lo llevara el viento, preguntó: «¿Quién es el responsable de esta sangre?». Luego denunció lo que llamó «la cultura del bienestar, que nos lleva a pensar solo en nosotros mismos y nos hace insensibles al grito de los demás», alertó contra la «globalización de la indiferencia» y solicitó «la gracia de llorar por la crueldad del mundo, por nuestra propia crueldad y también por la crueldad de quienes, de manera anónima, toman decisiones que provocan dramas como éste». 

Aquello fue una declaración de principios en toda regla: el primer papa latinoamericano, el primer papa llamado Francisco, el primer papa jesuita empezaba su mandato denunciando urbi et orbi los desmanes cometidos por los ricos y los poderosos contra los pobres y los indefensos. «No crean que he venido a traer paz a la Tierra», dijo Jesucristo, y el papa hubiera podido repetirlo en aquel viaje inaugural: además de una declaración de principios, el discurso de Lampedusa era una declaración de intenciones.”

Cercas es un autor que se documenta mucho para escribir. No solo en este libro sino, por ejemplo, en El impostor, donde el proceso de decidirse a escribir le tomó mucho tiempo e investigación:

“Mientras me documentaba estos meses sobre el papa me he dado cuenta de una paradoja ‒digo por fin‒. Pongamos por ejemplo Viajando con el papa, el documental de Gianfranco Rosi. No sé si lo ha visto… ­‒Claro. ‒El documental está muy bien. Ahí, Francisco aparece hablando en el Congreso de Estados Unidos, visitando barrios miserables de África central o cárceles chilenas. Al principio de la obra se dice: «En estos viajes el papa ha hablado de los temas que más le interesan: la pobreza, la emigración, las desigualdades, la paz…». Y es verdad: de eso habla el documental.”

La emigración y la actualidad son temas que más le interesan a Bergoglio. Como pontífice, “el papa Francisco posee una gran capacidad para sintonizar con el presente, para intervenir en él, y además no le da miedo hacerlo. No se refugia en cuestiones abstractas; no: ahí tiene usted todo el discurso sobre la ecología, sobre los emigrantes. Son discursos que inciden sobre el aquí y ahora. Él siente la urgencia de hablar de esos temas. (…) Este papa habla de temas que interesan a todo el mundo: la guerra, el cambio climático, los pobres, los emigrantes… Y esto, para nosotros, los periodistas, es estupendo.”

En su viaje a Mongolia (“el fin del mundo” en el relato del escritor español), los migrantes también aparecen en ese país: “en algún momento empiezan a ondear banderas del Vaticano y de Mongolia en las farolas alineadas junto a la carretera y, a medida que la urbe se compacta, que los atascos de tráfico detienen el autobús y que cruzan frente a nosotros cada vez más colegiales de camino a su primer día de curso, me parece reconocer las ciudades franquistas de mi infancia en aquel revoltijo urbano grisáceo y sin personalidad, con bloques de viviendas de aire soviético, barrios de clase media levantados a orillas de un río de aguas turbias (el Tuul) y suburbios de emigrantes recién llegados de la estepa que escalan los cerros limítrofes y los colman de gers”.

Esta realidad, frecuente en el mundo de hoy por guerras, persecuciones, búsqueda de oportunidades, es motivo de conversación allá lejos: “durante el resto de la velada hablamos sobre la emigración masiva de los mongoles desde los pueblos perdidos en la estepa hasta la capital, donde primero plantan su ger y luego piden permiso para plantarla («Emigran porque les falta trabajo», se lamenta el padre Ernesto. «O porque se quedan sin sus animales. O porque sus hijos tienen que estudiar»).”

Los mongoles también migran, por diversos motivos: “las nuevas generaciones (excluyendo a los pocos privilegiados cuyo estatus no difiere del de los privilegiados de cualquier otra nación) viven todavía en las gers y, aunque la mayor parte ya no sean nómadas, tienen ante los ojos las mismas estepas sin fin que tenían las generaciones del pasado. Expectativas exageradas se hunden ante el título académico que no cualifica de verdad (el nivel de las universidades mongolas no es alto) y ante el trabajo inencontrable o mal remunerado. Muchos cultivan en consecuencia el espejismo de emigrar a Corea del Sur o incluso a Europa o América, desdeñando ofertas de trabajo en la patria que podrían garantizar un futuro aceptable. El retorno al glorioso pasado imperial, a la herencia de Gengis Kan, apelando al poder que ejerce sobre el imaginario colectivo, se propone como remedio a la confusión y la incertidumbre del presente por parte tanto de individuos como de grupos políticos y movimientos de opinión. El resultado, la mayor parte de las veces, no va más allá del rescate nostálgico de un sentimiento nacional-popular preocupante, que a menudo se traduce en posiciones extremistas que desembocan en xenofobia, discriminaciones o incluso violencia.”

La férrea posición de Francisco ante la migración forzada llevó a críticas como estas: “Hombre, los que sí sabemos que odian a Francisco son los de VOX, la ultraderecha; algunos, a muerte: le acusan de peronista, de comunista, de que no hace más que hablar de emigrantes y de ecología y de que todo lo demás le importa un pito”.

William Mejía Botero

Septiembre, 2025

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Continuando el artículo anterior donde Cercas mostraba que el papa Francisco escuchaba ‒y el escritor también lo hacía‒ ahora muestro la otra cara de la moneda: a un pontífice que escucha también las personas lo escuchan. Y algunas de ellas también se escuchan entre sí.

Al Papa lo escuchan

¿Por qué demonios toda esta gente le hace tanto caso a ese viejito vestido de blanco? ¿Por qué le escuchan las muchedumbres? ¿Por qué lo reciben por todas partes en olor de multitudes? ¿De dónde nace su poder de convocatoria…?

La gente, incluidos los ateos, escucha al papa porque es un líder religioso, porque es el jefe de la Iglesia católica, porque está a la cabeza de una institución que desde hace dos mil años promete la resurrección de la carne y la vida eterna. Por eso se le escucha.

“¿Hace falta ser creyente para escuchar el mensaje del papa? No, porque él habla del mundo, como todos los papas.”

“Yo he visto muchas entrevistas donde le preguntaban al papa por todo menos por aquello de lo que realmente sabe, lo que le da su poder, la razón por la cual la gente lo escucha. Es como si eso se escondiese. Como si no existiese. Sigue pareciéndome raro.”

“En cambio, ahora los medios están por todas partes y, aunque el papa no quiera que publiquen lo que dice, lo publican. ‒Claro. Y luego hay una cosa que no atañe al papa sino a quien lo escucha: la buena fe. ‒¿Qué quieres decir? ‒Que es evidente que algunos no escucharon las palabras del papa a los chicos rusos con buena fe.”

“Allí está, en un extremo humilde de la cancha, un par de filas detrás del padre Gian Paolo, mimetizado entre los demás curas, con su aire inconfundible de fuera de la ley y su barba indómita y su cuerpo refractario y achaparrado bajo la casulla verde y el alba sacerdotal, escuchando a Francisco con unción.”

“Me pregunto con verdadera curiosidad qué van a escribir sobre la homilía del papa, cómo traducirán en prosa periodística el poema que acabamos de escuchar, cuál va a ser mañana el titular de todos los periódicos.”

La escucha en la Iglesia

“La dinámica de un sínodo es singular: tú partes con una idea; luego escuchas a los otros y tu sentir cambia: es un proceso espiritual. (…) Etimológicamente, «democracia» significa «poder del pueblo», y en el sínodo se trata de escuchar al pueblo: al pueblo de Dios, como lo llama Francisco, pero al pueblo. Al final, es el papa quien decide, pero… (…) ‒No es exactamente que decida él. Es que durante el sínodo se instala en la Iglesia una capacidad de escucha del Espíritu Santo que es la que le lleva a tomar una decisión… (…) El discernimiento implica plegaria, reflexión, escuchar. ‒Y eso es el sínodo. ‒Exacto. ‒Bueno, pues a ese escuchar, a esa participación de la gente, yo le llamaría una forma de democracia.”

“«Es necesario volver a los viejos caminos del peregrinaje». Está bien esa frase… No me parece casualidad que, hoy, los viejos caminos del peregrinaje, Santiago, por ejemplo, o Fátima, vuelvan a escuchar los pasos de los peregrinos. ¿Por qué? Porque la intuición de la fe es una experiencia, y debemos estar dispuestos a tener esa experiencia.”

Las Piccole Suore della Sacra Famiglia es una banda de monjas desquiciadas por el consumo inmoderado de fe católica, como demuestra el hecho de que su jardín ha sido decorado por una mente psicodélica (…) por ejemplo: «Amar significa descubrir las partes de locura que hay en todos nosotros»; o éste: «Aprendamos a escuchar: la búsqueda de la verdad empieza con la escucha».”

“Yo creo que Bergoglio, para empezar, pensaba que Roma quedaba lejos, que él debía estar con su gente, en Buenos Aires, y no en Roma. Y luego pensaba que Roma, o el Vaticano, era un lugar demasiado autorreferencial, demasiado encerrado en sí mismo, que allí no se escuchaba de verdad a las Iglesias del mundo… En fin, me parece evidente que es eso lo que pensaba”. 

“He aquí la paradoja nuclear de la revolución liderada por Cristo: «Cuando pierdes tu vida, cuando la ofreces generosamente, cuando la arriesgas comprometiéndola en el amor, cuando haces de ella un don gratuito para los demás, entonces vuelve a ti abundantemente, derrama dentro de ti una alegría que no pasa, una paz en el corazón, una fuerza interior que te sostiene». En definitiva, «solo el amor apaga la sed de nuestro corazón, solo el amor cura nuestras heridas, solo el amor nos da la verdadera alegría». Escucho esas palabras como si estuviera escuchando la prosa incandescente de santa Teresa, y me pregunto qué estarán sintiendo el padre Ernesto y la hermana Ana y la hermana Francesca y la hermana Lucille al escucharlas, pero sobre todo me lo pregunto poco después, cuando el papa cita aquel otro pasaje de Mateo.”

“Hay alrededor de siete millones de católicos chinos: son muchos, aunque sean pocos comparados con los mil cuatrocientos millones de habitantes de China. Y te aseguro que allí se nos ve y se nos escucha. La misa del papa, durante la COVID, fue muy seguida.”

“Un sínodo es una asamblea de cristianos, habitualmente obispos, que se reúne cuando tiene necesidad de reflexionar sobre un problema determinado de la vida de la Iglesia, o de la doctrina ‒dice‒. Es un tiempo de escucha recíproca, de discusión, de plegaria y de discernimiento en común para encontrar una solución común.”

“Pero en un sínodo se parlamenta. ‒Eso sí: se parlamenta, se habla, se escucha y se reza.”

“Respuesta del papa: «No se trata de dirigir con la cabeza alzada como hacen los dominadores; no, sino de dirigir con humildad, con amor, como hizo Jesús». Y también: «No apacientes con la cabeza hacia arriba, como el gran dominador; no: apacentar con humildad, con amor, como hizo Jesús. Ésta es la misión que Jesús encomienda a Pedro. Sí, con los pecados, con las equivocaciones». Estas palabras son valiosas como llamada a la sencillez de los prelados que le escuchaban aquel día y como insistencia en el retorno al franciscanismo que Francisco predicó desde el primer instante de su papado.”

Otras escuchas

“Los curas y monjas del público me escuchaban con cara de haberse equivocado de evento.”

“¿Quiso decirme algo el cardenal Ravasi en el Palazzo di Spagna (…), y tal vez no se atrevió a decírmelo para no perturbar a los religiosos que nos escuchaban, para no perturbar a mi madre, para no perturbarme a mí?”

“Al llegar a la Sixtina nos sentamos por orden alfabético, en varias hileras de sillas dispuestas para la ocasión; éramos unos doscientos, jerarquías eclesiásticas incluidas. (…) Allí, esperando al papa mientras escuchaba aquella música sobrenatural.”

“Ahora el padre Spadaro no tiene necesidad de reflexionar; sin duda lo ha hecho mientras me escuchaba.”

“Tornielli me escucha con el mentón en el puño derecho. (…) Tornielli se incorpora en su butaca tras haberme escuchado atentamente, de nuevo la mano derecha apoyada en la barbilla.”

“Ruffini me escucha con atención, escrutándome de perfil. (…) Ruffini me escucha mientras parece rebuscar en su memoria.”

“El viejo vaticanista parece cada vez más relajado. Ahora hablamos de la elección de Bergoglio como papa y, mientras él me escucha con una pose reflexiva.”

“Le pregunto a Brunelli por la oposición que encontró Bergoglio a su llegada al papado y (…) me escucha muy serio, con los brazos cruzados de nuevo sobre el pecho.”

“Yo, sus homilías, las escucho con mucha atención; en cambio, voy a una iglesia y me encuentro con otro sacerdote y me duermo… Eso es lo que pasa: que la gente, en la iglesia, no encuentra personas vivas, como Bergoglio, y no identifica el cristianismo con una experiencia humanamente interesante, hermosa, rica, sino con una serie de preceptos, de normas…”

El 12 de febrero de 2016, Díaz viajaba en el vuelo papal entre La Habana y Ciudad de México y, cuando le tocó el turno de saludar a Francisco, le mostró una caja de limpiabotas. «Santo Padre», le dijo. «Mi mamá era soltera y se dedicaba a la venta ambulante para criarme. Un día, cuando yo era un niño, le escuché contar a una vecina que estaba muy triste porque no podía comprarme un traje para hacer la primera comunión. Entonces se me ocurrió salir a la calle y ganarme unos pesos como limpiabotas».

“Estos días hay un gran lama predicando en Gandantegchilin. Y el templo está lleno de gente. Gente que escucha con cuidado. Que entiende. Que desea aprender y educarse. No son creyentes por tradición: son creyentes por convicción.”

“Los católicos nos tomamos tiempo para reflexionar antes de hacer las cosas. Y eso me parece bueno. Atónito, diciéndome que solo un católico ortodoxo e iconoclasta como Chesterton sería capaz de una respuesta así, y que he tenido que llegar al fin del mundo para escucharla, siento en los párpados el peso del sol entrando a raudales por el ventanal del vestíbulo.”

“Durante toda la conversación, el hombre funge de traductor entre su mujer y yo y, cuando ella habla, escuchaembelesado.”

“La ciudad era un lugar extraño para ella. Se sentía sola, sus padres seguían trabajando en Zuunmod. Y en la Iglesia encontró compañía. El padre Kim la escuchó, la consoló, la aconsejó, la ayudó.”

“Su mujer le escucha, muy seria. Hablan. Parecen intentar averiguar entre los dos qué es lo que ella piensa.”

“Hasta este momento, el padre Giovanni me ha escuchado sin impaciencia, entrecerrando los ojos con sorna, en una actitud diáfana”.

“Los misioneros jóvenes escuchan al viejo sin parpadear, unos con los labios curvados en una sonrisa ambigua, otros con expresión circunspecta.”

“El padre Ernesto, que me observa de hito en hito, con cara de pensar que yo no debería estar escuchando lo que estoy escuchando

“Todos los misioneros han asistido a la invectiva del padre Giovanni con la benevolencia del adulto que escucha a un adolescente díscolo, cabreado y lenguaraz.”

“Los hombres blancos eran los más viejos. Que los otros los escucharan significa que los respetan por su edad y su experiencia. ¿Qué hay de malo en eso? Además, ya lo has visto: los viejos eran los más fogosos.”

 [Lola Gómez] “pide disculpas por haber escuchado, dice que ha sido sin querer, añade que solo pretende secundar el argumento de sus colegas españoles.”

“Mientras escucho a los periodistas, distingo una cara conocida entre la multitud creciente que espera detrás de las vallas.”

“A diferencia de lo que suele hacer al final de sus discursos, al final del que acabamos de escuchar el papa no nos ha pedido que recemos por él.”

“Eufórico, se vuelve hacia Fazzini, que lo escucha apoyado en el borde superior de su respaldo.”

“El padre Ernesto me escucha riéndose de nuevo.”

“En pie delante de la placa, un sacerdote y una mujer escuchan al coro.”

“Spadaro me ha escuchado con interés, asintiendo vagamente.”

“Nos escuchan mucho en África. Y desde luego en Bélgica, en Suiza… Y también en Líbano.”

“Mi trabajo consistía exactamente en eso, en comprenderlos, en penetrar en su mentalidad y su lenguaje y su manera de vivir, para poder transmitirles la fe. Pero solo puedes entenderlos si los escuchas, si dialogas con ellos, si adoptas con ellos un estilo sinodal y los conviertes en protagonistas.”

“Ruffini no está de acuerdo conmigo; Brunelli, sí. El resto escucha sin pronunciarse.”

“Si yo fuera el Gran Inquisidor de Dostoievski me horrorizaría escuchar al Gran Inquisidor de Bergoglio recurriendo a un poema erótico para explicar el máximo don de Dios.”

“Así que es obvio que el papa le ha pedido al padre Fernández que introduzca cambios en su dicasterio, pero me gustaría escuchárselo decir a él. No lo dice. Parece abstraído.”

“Le pregunto qué pasa y él echa un vistazo a un lado y a otro, como si temiera que alguien estuviese vigilándolos, o que pudiesen escucharnos. Luego se inclina un poco hacia mí. —¿No me vas a contar lo que te dijo el papa?”

Esta abundancia en el uso del verbo escuchar (mucho más que el verbo oír) ‒en promedio, cada 4.8 páginas‒ me hace pensar en cuanto falta utilizar la escucha en la vida diaria de los colombianos. Y qué necesario es que la escucha entre en el proceso educativo, que se centra en leer y escribir, algo en hablar, pero prácticamente nada en escuchar, una habilidad comunicativa indispensable, que ayuda a disminuir el nivel de violencia en el que el país está sumido.

William Mejía

Agosto, 2025

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Leyendo el texto de Javier Cercas me llamó también la atención la frecuencia con que encontraba el verbo escuchar. Hice un conteo en las 529 páginas del libro y vi que este verbo aparecía 109 veces. Decidí explorar y esto fue lo que encontré.

Un pontífice que escucha

Cercas afirma que Bergoglio tenía “una pericia demostrada en el tú a tú, en la relación personal. Dotes organizativas. Capacidad de concentración y de trabajo. Pasión por la lectura y gusto por la escritura (aunque nunca se ha considerado un teólogo ni un erudito). Afición a la ópera, que solía escuchar de niño los sábados por la tarde, con su madre y sus hermanos.” La escucha de Jorge Mario Bergoglio nació, quizás, en su afición por la música.

Como pontífice, “el 4 de octubre de 2013, durante una visita a Asís, la patria de san Francisco, Bergoglio pronunció un discurso sobre las dificultades del matrimonio ante una multitud agolpada en el exterior de la basílica de Santa María de los Ángeles: aquel día contó que había escuchado a muchas madres lamentarse de que sus hijos, algunos treintañeros granados, no querían casarse y de que, aunque tenían novias adorables, no se decidían a dar el paso y comprometerse y marcharse de casa y contraer matrimonio.”

En la primera conversación de Cercas con el pontífice, le toman al escritor varias fotografías de ese encuentro memorable. Dice que “de entrada, esta cuarta foto se diría la mejor: sin dejar de mirarme, el papa me escucha con una sonrisa tenue, absorto en lo que digo.” 

Cercas tiene un objetivo al acompañar al Papa en su viaje a Mongolia: “nada indica que no esté convencido de que, tras la muerte, otra vida nos aguarda. Ésa es su locura suprema, la máxima locura del loco de Dios. Por esa locura es por la que yo quería viajar con él al fin del mundo: para preguntarle por ella, para escuchar su respuesta y repetírsela palabra por palabra a mi madre. (…) En realidad, yo lo único que quiero es contarle que mi madre tiene noventa y dos años, que cree en Dios y está convencida de que, cuando muera, volverá a encontrarse con mi padre…». «Ah», me atajó Agasso. «Por ahí vas bien. Háblale al papa de tu madre y te escuchará». 

Bergoglio quería hacer un sínodo universal, en cuyo desarrollo la escucha fue parte de su metodología: “puede ser que la discusión lleve al papa a asumir algunas conclusiones del sínodo y otras no. Eso es la visión sinodal, importantísima para entender a Francisco: él tiene una idea, provoca una discusión, escucha, ve cuál es la reacción de la gente, cuál es el resultado de la discusión, si la Iglesia está o no madura para determinadas cosas, o es mejor hacer otras. Y decide.”

“Francisco no se impone sobre la realidad, pero sobre todo no se impone sobre Dios. ‒Así que él está escuchando. ‒Mucho. ‒Pero está escuchando a Dios. (…) Y eso cómo se hace? ‒pregunto. Spadaro sonríe, se encoge de hombros y dice «Ah». ‒Eso sin la fe es un poco difícil de explicar ‒asegura‒. Él reza mucho. Y escucha, escucha, escucha. Es lo que ocurre en los sínodos, por ejemplo; los papas no solían asistir a ellos, pero Francisco sí lo hace. Y escucha. Y trata de averiguar si lo que oye es fruto del espíritu bueno o del malvado. Él realiza un profundo trabajo espiritual de sintonía con lo divino.”

El Papa buscaba un laico para que dirigiera el Dicasterio para la Comunicación y contacta a Rufini, quien le contesta que no está seguro de ser la persona adecuada para el puesto, pues no conocía por dentro ni el Vaticano ni la vida eclesial. “El papa le escuchó, pero no le hizo caso: le pidió que le mandara un currículum y que esperase noticias.” Y lo nombró. 

La escucha (esa habilidad que no enseña la institución escolar, pues esta asume que oír es suficiente) es fundamental en la Iglesia. Consciente de eso, “Ha querido reformar Francisco el Vaticano, para que se abra, para que escuche, para que esté al servicio de la gente.”

Para Lucio Brunelli, vaticanista jubilado y amigo personal del pontífice, “la mejor definición de Bergoglio la dio el propio Bergoglio, en la primera entrevista que concedió como papa; se la hizo el padre Spadaro en La Civiltà Catolica, y allí declaró: «Si tuviera que decir qué soy de verdad, diría: “Soy un pecador”». (…) A lo mejor eso guarda relación con el hecho de que acabe todos sus discursos pidiendo a quienes lo escuchan que recen por él.” 

En la aeronave del viaje a Mongolia, Cercas aprovecha para acercarse al Papa y le dice: “En realidad, lo que quiero es llevarle a mi madre un mensaje. ¿Un mensaje? ‒Sí. Un mensaje suyo… Quiero saber si es verdad que, después de muerta, mi madre va a ver a mi padre. Quiero preguntarle por la resurrección de la carne y la vida eterna. Y quiero llevarle a mi madre su respuesta. El papa me ha escuchado con el oído avizor, como aparece en la foto de Vatican News (…); ‒Que venga a verme luego ‒dice, señalando la parte delantera del avión.”

«Ir a Mongolia», dice Francisco, “es ir a un pueblo pequeño en una tierra grande. Mongolia parece no tener fin y sus habitantes son pocos: un pequeño pueblo de gran cultura. Creo que nos hará bien escuchar este silencio, tan largo, tan grande. Nos ayudará a entender lo que significa, pero no intelectualmente: entenderlo con los sentidos. Mongolia se entiende con los sentidos.”

En ese país, cuando está cantando un grupo de discapacitados, “precedido por sus escoltas y sentado en su silla de ruedas, entra en la Casa de la Misericordia mientras los presentes nos ponemos de pie, las cámaras y los móviles en alto, y arrecian la música y las voces del coro. Francisco escucha el resto de la canción sentado bajo la placa conmemorativa… que llevan ya un rato llenas de gente.”

En el final del libro, el escritor la habla al pontífice: “Santidad, ¿recuerda su credo personal? (…) Me refiero al que escribió cuando se preparaba usted para que lo ordenaran sacerdote. Claro que me acuerdo, dijo el papa. (…) Yo lo llevaba guardado en mi móvil, y le leí al papa sus versículos finales (…). El papa escuchó aquellas palabras íntimas cabeceando levemente y, cuando terminé de leérselas, se volvió hacia mí.”

“Yo creo que el papa se divierte hablando con las personas, pensando en ellas. Así que no creo que se haya dicho: «Oh, no: la última cosa que me apetece es tener una conversación teológica con un intelectual español». (…) ‒No, no será así ‒añade el cardenal‒. Sentirá curiosidad, querrá escucharlo.” 

El escritor también escucha

En su libro, Cercas muestra que escucha muchas veces y a distintos interlocutores. Desde el comienzo de su extenso texto expresa que le “pareció excesivo viajar hasta Roma solo para escuchar unas palabras del papa Francisco”. 

Su interlocutor inicial, “Lorenzo Fazzini, se presentó como responsable de la Libreria Editrice Vaticana (LEV), la editorial de la Santa Sede, y me soltó a bocajarro que el papa Francisco viajaba a finales de agosto a Mongolia y que en el Vaticano habían pensado en mí para que escribiera un libro sobre el viaje, sobre el papa, sobre la Iglesia, sobre el Vaticano, sobre lo que yo quisiera. (…) Yo le escuchaba atónito, y en determinado momento le pregunté si, en el caso de que aceptase escribir el libro, podría hablar a solas con el papa. (…) Durante la semana siguiente discutí la posibilidad de escribir el libro sobre el papa con algunas personas de confianza. No lo hice porque no estuviera ya decidido o casi decidido a aprovechar aquella oportunidad inédita (siempre y cuando el papa accediese finalmente a concedérmela, claro está, y siempre y cuando yo pudiese conversar unos minutos a solas con él para hablarle de la resurrección de la carne y la vida eterna: para preguntarle si mi madre iba a ver a mi padre después de muerta); lo hice porque quería escuchar todas las objeciones posibles y someter mi decisión a un test de resistencia.”

“El papa, después de haber saludado a todos los periodistas, les dirige unas palabras sobre el viaje, que yo escucho distraídamente.”

“Mientras escucho la respuesta de Spadaro, tan nítida y tan bien estructurada como todas las suyas, se me ocurre que tal vez estoy escuchando un resumen de la crónica del viaje que el jesuita escribirá o ya ha escrito para La Civiltà Catolica.”

“Mientras escuchaba a Brunelli se me ha ocurrido que solo un íntimo del papa podría aclarar un enigma minúsculo, que me intriga.” “Escucho a Brunelli con gratitud ‒gracias a él he caído en la cuenta del alcance geopolítico del viaje del papa.”

“Mientras escucho hablar a Bruni, me digo que, para este hombre, trabajar a las órdenes de Bergoglio viene a ser como para un fanático del rocanrol trabajar con una síntesis en carne y hueso de Bob Dylan, los Beatles y los Rolling Stones.”

“Mientras escuchaba al prefecto he cogido la jarra de agua.”

“Sea como sea, yo le escucho con un interés máximo, tratando de imaginar lo que sentirían el padre Ernesto y sus compañeros si estuvieran allí.”

En fin, es un asunto complicado ‒termina el padre Giovanni: mientras le escuchaba, he pensado que, más que a un forajido de western, se parece a Yasir Arafat.”

“Me llamo Francesca, pero mi apellido es Allasia. Es una broma que debe de haber hecho mil veces desde que vive en Mongolia, y, tras escucharla, me pregunto quién fue el idiota que dijo que toda religión es una cruzada contra el humor.”

“Una tarde [mi madre] articuló unas palabras inteligibles, las últimas que le escuché. Llevábamos un rato solos, cogidos de la mano y en silencio; hacía tiempo que mi madre no sabía quién era yo.”

“Y ahora me pregunto si entonces, mientras él me sondeaba en el avión papal, pensé que podía leerme el corazón y por eso me lancé a plantearle de inmediato el interrogante. ‒Escucha bien ‒le digo a mi madre‒. Ahora es cuando le hablo de papá. ‒¿De papá? ‒pregunta mi madre. ‒De papá y de ti ‒aclaro‒. Escucha bien.”

“De modo que aquí estoy yo, ateo y anticlerical, laicista militante, racionalista contumaz e impío riguroso, volando en dirección a Mongolia con el anciano vicario de Cristo en la Tierra, esperando (…) que llegue mi turno para poder interrogarle sobre la resurrección de la carne y la vida eterna, para que me diga si mi madre verá a mi padre más allá de la muerte, para escuchar su respuesta y llevársela a mi madre.”

No creo que Javier Cercas se hubiera propuesto conscientemente utilizar el verbo escuchar. Mi hipótesis es que es algo inherente a su personalidad de escritor, a su manera de ver la vida y de interactuar con distintas personas y circunstancias.

William Mejía Botero

Agosto, 2025

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Comenzando el libro impreso de Javier Cercas, específicamente en la quinta página de la primera parte, “En busca de Bergoglio”, el autor se refiere a la “jesuitidad” de Francisco, el primer papa de esta comunidad religiosa. Esta mención me creó la curiosidad de averiguar qué tanto el libro hablaría de los jesuitas y, en consecuencia, decidí subrayar todas las alusiones que hiciera a la Compañía de Jesús y a sus miembros, para conocer de qué manera se refería a ellos y pintaba el panorama jesuítico, referido directamente al papa Francisco y a la orden de Ignacio de Loyola.

¿Quién era Jorge Mario Bergoglio para los jesuitas?

En el libro se afirma que “Bergoglio era un hombre dotado de una gran vocación de poder, una notable inteligencia política y un proyecto para la Compañía de Jesús.” Conversando Cercas con Antonio Spadaro, “jesuita como el papa y [a quien] algunos lo consideran su intelectual de cabecera” ‒“nombrado por el general de los jesuitas de acuerdo con el papa Benedicto” ‒ director de “La Civiltà Cattolica, una publicación jesuita de alto nivel intelectual, que aborda todo tipo de temas”, el autor dice de Bergoglio que “en todo caso, la gente no sabía muy bien quién era. ‒Ni siquiera los jesuitas.”

Y prosigue: “Los jesuitas lo conocían por sus vicisitudes en Argentina. Y (…) despertaba un cierto recelo.” “La idea que se tenía de Francisco antes de su elección era que se trataba de un conservador, con una visión muy tradicional, muy ortodoxa. Así se le veía. ‒¿También entre los jesuitas? ‒Ahí la historia es complicada. Yo mismo tengo problemas para hacerme una idea cabal de las relaciones entre Bergoglio y los jesuitas. Ha habido excesos contra él que no alcanzo a entender.” 

Bergoglio “en 1958 solicitó el ingreso en la Compañía de Jesús.” Cuando se ordenó jesuita, lo primero que pidió fue que le mandaran a Japón, que, junto con China, es el otro polo de Oriente que los jesuitas tienen siempre en la cabeza… No pudo ir por cuestiones de salud, pero él tiene vocación de misionero, de misionero jesuita, de los que aspiran a conquistar las fronteras inexploradas del cristianismo.”

En 1973 lo nombraron provincial de los jesuitas argentinos y uruguayos, cargo que ejerció hasta 1979.” La teología de la liberación “situó a Bergoglio en una posición ambivalente, muy difícil, en especial desde los principios de los años setenta, cuando fue nombrado provincial de los jesuitas de Argentina y Uruguay: por un lado, su preferencia activa por los pobres y su compromiso con la justicia social provocaban la desconfianza de la derecha; por otro, irritaba profundamente a la izquierda al consagrarse desde su puesto de mando a alejar a los jesuitas del marxismo y la Teología de la Liberación ‒sobre todo de las versiones más extremas de la Teología de la liberación, que alentaban o justificaban las guerrillas, o militaban en ellas‒ y a reorientar a la Compañía de Jesús hacia un propósito únicamente religioso, pastoral.”

“Entre 1980 y 1986 desempeñó el cargo de rector del Colegio Máximo de San Miguel, el centro de formación de jesuitas más prestigioso de Latinoamérica”². “En 1990, tras un período de desencuentros con sus superiores, que lo acusaban de socavar su autoridad, conspirar contra ellos y dividir a la congregación, fue alejado de Buenos Aires y condenado al ostracismo en una residencia para jesuitas en Córdoba, donde pasó dos años de expiación.” Este hecho lo reitera Cercas hacia el final del libro: “Después de dominar durante años el destino de la Compañía de Jesús en Argentina y Uruguay, ejerciendo el cargo de provincial de la congregación, Bergoglio sufrió un destierro de Buenos Aires y una condena al ostracismo en Córdoba, acusado de conspirar contra sus superiores y de socavar su autoridad, perseguido por una reputación tóxica de soberbia, avidez de poder, inflexibilidad y autoritarismo.” 

“El retrato que trazan de él los jesuitas argentinos de los años setenta y ochenta no es halagador (…): un tipo personalista, duro, soberbio, autoritario, divisivo, sinuoso, manipulador e intimidante (más de un novicio de la época asegura que inspiraba miedo).” “Entre los jesuitas se le conocía como «la Gioconda», por la expresión impenetrable de su rostro.”

“Visto desde ahora, es curioso que los conflictos más serios que vivió el papa con la Iglesia argentina no ocurrieron porque lo acusaran de progresista o de revolucionario, sino de lo opuesto. Me refiero a los rifirrafes que tuvo en los años setenta y ochenta con los suyos, con los jesuitas, que lo consideraban conservador, casi reaccionario, poco activo…”.

Cuando era provincial en Argentina, “desde esa época persigue a Bergoglio la denuncia sin fundamento de haber facilitado o propiciado o tolerado el secuestro y tortura de dos jesuitas, Orlando Yorio y Franz Jalics, a quienes los militares relacionaban con la guerrilla montonera; es un hecho, sin embargo, que no supo proteger a sus dos compañeros, o que los desprotegió, y que siempre se ha sentido responsable de ese yerro.” Quizá por eso, “algunos jesuitas argentinos lo consideraban reaccionario, autoritario e incluso cómplice de la dictadura.”

“El caso es que, con alguna excepción, la jerarquía de la Iglesia argentina apoyó la dictadura, a pesar de que era consciente de las salvajadas que estaba perpetrando; Bergoglio formaba parte de esa jerarquía (entonces era voz de los jesuitas) y no levantó la voz contra los militares.” 

“Al trauma personal de su responsabilidad en ese episodio terrible se sumó, años más tarde, el trauma profesional (y mucho más duro) de su alejamiento obligado de los jesuitas de Buenos Aires y sus dos años de condena al ostracismo en Córdoba, a setecientos kilómetros de la capital. Fue un período determinante para él. (…) Bergoglio se alojaba en la Residencia Mayor de la Compañía de Jesús, en el centro de la ciudad, donde ocupaba una celda de doce metros cuadrados sin más mobiliario que un catre, una silla, un escritorio, una máquina de escribir Olivetti y un armario escaso de ropa”.

“La mención de la dureza y la severidad de Bergoglio [expresa Paolo Ruffini, “uno de los periodistas más prestigiosos de Italia”, dice Cercas] ‒es la primera vez que alguien alude a ellas desde que estoy en Roma‒ me retrotrae por un segundo a la terca reputación de autoritarismo que lo persiguió durante sus mandatos de jesuita en su país.”

“Los testimonios de los jesuitas que frecuentaron a Bergoglio en los años setenta y ochenta son coincidentes; también rotundos: Bergoglio es un hombre de temperamento fuerte, que en aquella época practicó el autoritarismo, se dejó llevar por la soberbia y dio rienda suelta a su ambición de poder.” 

Según Cercas, el Bergoglio “que convivió con los jesuitas argentinos durante más de veinte años” era “duro, temperamental, soberbio, despótico y ambicioso.” Luego lo reitera y afirma: Bergoglio (…) había sido durante décadas el Bergoglio duro, temperamental, soberbio, despótico, intrigante y ambicioso que trataron sus correligionarios jesuitas.

“En palabras del jesuita Juan Luis Moyano”, “en Argentina, sobre todo en los años sesenta y setenta (pero no solo entonces), Bergoglio ha sido tachado de conservador o ultraconservador, de estar demasiado preocupado por alimentar a los pobres y demasiado poco por preguntarse por qué lo son, de tener una visión social «sacramentalista, acrítica y asistencialista».”

“En marzo de 2013, tras la renuncia de Benedicto XVI al papado, víctima de su fragilidad física y su impotencia para reformar un Vaticano acorralado por la corrupción y los escándalos, Bergoglio fue elegido papa (momento en el cual se reconcilió con sus correligionarios jesuitas, de los que llevaba más de veinte años distanciado).” Más adelante dice lo mismo: “Le recuerdo al jesuita[Spadaro] que, cuando Bergoglio llegó al papado, llevaba veinte años sin mantener relaciones con la Compañía de Jesús.” 

Bergoglio, el Papa jesuita

Lo que Cercas había dicho al comienzo, “el primer papa latinoamericano, el primer papa llamado “Francisco, el primer papa jesuita” lo repite: “es el primer papa latinoamericano, el primer papa jesuita.” “Su visión del mundo y su espiritualidad siguen siendo profundamente jesuíticas.”  “Bergoglio es en primer lugar un jesuita.

“Lo que me parece extraordinario es esa espiritualidad que le permite al papa, al enfrentarse a un problema cualquiera, buscar no la solución correcta, sino la solución de Dios. (…) ¿Cómo se encuentra la verdad de Dios? ¿El papa tiene su propio método? ¿Es un método que forma parte de la espiritualidad jesuítica? ‒Así es: forma parte de la espiritualidad jesuítica. ‒¿Él ha aprendido ese método de San Ignacio, de los jesuitas? “‒Y también de personas concretas, como Miguel Ángel Fiorito, un jesuita que fue su padre espiritual. (…) En cuanto el intruso se marcha, salgo de mi abstracción y le pregunto al jesuita si podemos continuar.” “El jesuita se ofrece a retomar nuestra conversación durante el viaje a Mongolia (…) y el jesuita contesta sin acusar incomodidad.”

“Él tiene vocación de misionero, de misionero jesuita, de los que aspiran a conquistar las fronteras inexploradas del cristianismo.” “Para los jesuitas, China lo es todo: el gran amor, la misión imposible.” “Eso es China en la imaginación de los jesuitas: un desafío, el país donde la Iglesia siempre ha fracasado, el lugar que persiguió a los cristianos y que todo el mundo considera impermeable al cristianismo”. “Japón (…) junto con China, es el otro polo de Oriente que los jesuitas tienen siempre en la cabeza.”

¿Has oído hablar de Matteo Ricci, el gran misionero jesuita de los siglos XVI y XVII?” En ese contexto misionero, Cercas menciona “la historia extraordinaria de Matteo Ricci y de tantos otros, sobre todo jesuitas como el papa”, pero “al final, Ricci fracasa por diversos motivos, sobre todo por intransigencias de Roma… Y la misión acaba, a los jesuitas los expulsan de China y se desencadena una persecución muy violenta contra ellos.”  

El papa “ha recibido muchas influencias, todas ésas que dices y muchas más (santos como san Ignacio, teólogos como Methol Ferré, jesuitas como el padre Fiorito) y ha elaborado una síntesis muy personal”.

Refiriéndose el autor a los creadores de la capilla Sixtina, “el papa los observaba de una forma tan atenta, tan intrigada, tan curiosa… En eso yo creo que se nota que es un papa jesuita. No solo por la sagacidad o la preparación intelectual que asociamos a los jesuitas; también por la forma en que usa la imaginación.” Otro rasgo que menciona de Francisco es que “el papa tiene la valentía de disculparse, pero su disculpa es sinuosa; de hecho, alguien podría calificarla como jesuítica.”

La espiritualidad jesuita

Cercas le pregunta al director de la revista Civiltà Cattolica “en qué consiste la espiritualidad jesuítica. (…) Spadaro se toma unos segundos para reflexionar (…) Hay muchas formas de vivir la espiritualidad. La de los jesuitas está centrada en el discernimiento”. 

El autor insiste: “¿Cómo es esa espiritualidad que le permite al papa, si le he entendido bien, averiguar lo que Dios quiere decir? ‒Es la espiritualidad de san Ignacio, la de los jesuitas, la del discernimiento”:  “una palabra que, para él, es decisiva en el papa y en la espiritualidad jesuítica: la palabra «discernimiento». 

Lo que más me llamó la atención fue que, según Spadaro, el discernimiento permite alcanzar no ya la verdad, sino la verdad de Dios. Brunelli [con quien está conversando] da un respingo, igual que si acabara de despertarlo de golpe. «Diana», pienso. ‒No lo sé ‒admite‒. No soy un jesuita, así que… Es una palabra muy jesuítica, ésa”. 

Otras alusiones a los jesuitas

“Los religiosos (los jesuitas, los franciscanos, los benedictinos) vivimos juntos, en comunidad.”

“Los jesuitas somos una congregación culta, que ama la reflexión.”

“Ernesto Cardenal, ministro de Cultura, poeta, jesuita y militante de la Teología de la Liberación.” 

“El jardín de Villa Malta, un espléndido palacete romano del siglo XVI, propiedad de los jesuitas, donde vive en comunidad la redacción de la revista de Spadaro: el llamado Colegio de Escritores de La Civiltà Cattolica.”

Quiero finalizar con un comentario que hizo Jaime Heredia sobre Jorge Mario Bergoglio en la tertulia 248, alusiva al tema “Cuando me fui de Colombia”, que ratifica apartes citados del libro de Cercas: “En Buenos Aires fue donde conocí bastante al padre Jorge Mario Bergoglio. Yo creo en tres conversiones: la de san Pablo, la de san Ignacio y la de Bergoglio. Ustedes no saben quién fue Bergoglio antes de llegar a Roma: una persona absolutamente extraña, de extremísima derecha, muy intrascendente. Pero después del arzobispado que tuvo en Córdoba (Argentina) cambió totalmente. Ya cuando lo nombraron en Roma era otra persona”.

____________________________

¹ Los números entre paréntesis se refieren a la primera reimpresión en Colombia (abril de 2025) del libro de Penguin Random House impreso por Editorial Bolívar Impresores. He resaltado en cursiva las referencias jesuíticas.

² En la página 79 el dato es algo diferente. Allí dice que “fue rector durante cuatro años” “del Colegio Máximo de San Miguel, el centro bonaerense de formación de jesuitas”

William Mejía

Julio, 2025

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Como producto del director cinematográfico Jordi Évole, asumo que la filmación que vi el mes pasado en Star+ tuvo un objetivo, una preparación, un guion y alguna edición, por lo que no creo que todo haya sido tan espontáneo como parece y aparece.

Viendo la grabación, me pregunté por qué motivo el papa Francisco accedió a entrevistarse con un grupo de muchachas y muchachos: ¿buscaba acercar la Iglesia a los jóvenes? ¿Quería mostrar que no tenía cortapisas para enfrentar un cuestionario tan variado? Observando el video percibí en él una hábil combinación del pastor con el político.

Las siete jóvenes y los tres muchachos (cuatro españoles, cuatro suramericanas, una estadounidense y un senegalés) que interrogaron al Papa fueron interesantemente escogidos: por ejemplo, un ateo, una víctima de un pederasta del Opus Dei, una chica que vende contenido para adultos en internet, una ultracristiana, un migrante, una lesbiana y una víctima de bullying. ¿Les dieron algunas indicaciones antes de su encuentro con el pontífice?

Creo que los temas abordados también tuvieron alguna preparación o selección temática, pues correspondieron a asuntos críticos como la migración, los abusos sexuales cometidos por religiosos, la pornografía, los derechos de género, la comunidad LGBTQ+, el aborto, el machismo, los abusos de poder, el papel de la mujer en la Iglesia.

Hubo preguntas ingenuas, como si el Papa tenía sueldo, teléfono y redes sociales, si extrañaba a su familia o se sentía solo. Otras llevaban cargas de profundidad. Esta variedad de interrogantes y comentarios hacía interesante el encuentro.

Hubo respuestas fuertes y claras, como las que dio sobre los casos de abusadores de menores, donde afirmó que no prescriben, y respuestas elusivas, como la que expresó sobre la representación de las imágenes de Jesús y María como personas blancas, cuando muy probablemente no lo fueron.

Hubo temas en que vi enredado al Papa, como los del aborto y el papel de la mujer en la Iglesia. En el primero, pidió que los sacerdotes no preguntaran mucho a la mujer que ha abortado y fueran misericordiosos con ella, pero por otro lado dijo que hay que ver el aborto desde un punto de vista científico. Sus respuestas frente a este espinoso tema no me parecieron absolutamente claras y convincentes.

En el segundo, lo vi evasivo al decir que hay que dejar el ministerio para los hombres y la maternalidad para las mujeres y afirmar que la promoción de la mujer va en la línea de su propia vocación, que la mujer tiene su función en la Iglesia, porque la Iglesia es mujer (argumentando que no se dice “el iglesia” sino “la iglesia”) para terminar afirmando que a la mujer hay que promoverla (pero no al punto que llegue al sacerdocio, digo yo). Aquí eché de menos una contrapregunta del tipo “entonces, ¿está a favor, o no, del sacerdocio femenino?

Mientras pasaba el video me preguntaba si una entrevista así la hubieran enfrentado Juan Pablo II o Benedicto XVI… Me respondí que no.

Francisco ha mostrado su perfil de pastor, su ausencia de temor para enfrentar un “interrogatorio” y su interés por acercarse al mundo de hoy.

William Mejía

Mayo, 2023

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Ante la propuesta de dedicar dos sesiones para compartir las poesías favoritas de nuestra autoría o de algún poeta preferido, nuestro grupo tuvo dos “Tardes de poesía” o “Patio de los poetas”. Se presentaron inspiraciones escritas hace muchos años o recientes, o escritas por otros poetas ‒famosos o no, familiares o compañeros jesuitas‒ a quienes admiramos y de quienes aprendimos a colocar en el papel los pensamientos y sentimientos de momentos y circunstancias especiales. En este Patio de los Poetas que iniciamos esta tarde en nuestra sección de cultura compartiremos con nuestros lectores los videos de estas muestras especiales para cada uno. 

Exjesuitas en tertulia- 14 de Julio, 2022
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