Yo estaba en Múnich 

Por: Jesus Ferro Bayona
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Por las noticias nos enteramos en tiempo real de que autoridades alemanas y terroristas habían iniciado negociaciones. Estos habían lanzado sus demandas por una ventana del apartamento donde estaban: pedían liberar 236 presos palestinos en Israel. No aceptaban intercambio de rehenes ni entrega de dinero como rescate.

Hoy, 5 de septiembre, se cumplen 50 años de la masacre de Múnich en los XX Juegos Olímpicos de 1972. Once deportistas del equipo olímpico de Israel fueron asesinados por el grupo terrorista Septiembre Negro.  

Yo me encontraba ahí en ese momento. Había llegado a la capital bávara un mes antes para continuar el aprendizaje de la lengua alemana que inicié con el profesor Alberto Assa en el Colegio de San José de Barranquilla. Me alojé en la casa de los jesuitas, donde funciona la Facultad de Filosofía todavía hoy. Un profesor austríaco nos enseñaba a hablar en alemán siguiendo un método coloquial acompañado de lecturas. Por las noches, la cena era con yogur, quesos, pan campesino y frutas frescas. Lo inédito era que la alimentación llegaba cada día en furgonetas repartidoras de los restaurantes de la villa olímpica y que evidentemente era parte de la abundante comida que los deportistas no consumían en su totalidad y que se distribuía en colegios, universidades, residencias de estudiantes y muchos otros centros juveniles.

Antes de empezar las clases del lunes 5, fuimos sorprendidos con la noticia aterradora de que varios miembros del equipo olímpico israelí habían sido asaltados a las 4 a.m., mientras dormían en sus apartamentos, por un grupo de ocho fedayines que habían escalado las rejas de dos metros de altura del complejo olímpico, vestidos con trajes deportivos para camuflarse entre los deportistas, pero que iban armados con pistolas y granadas que supieron esconder. A las 9 a.m., cuando vimos las imágenes, los terroristas habían matado ya a un atleta y al entrenador del equipo de lucha, y tenían como rehenes a nueve integrantes del equipo israelí. Solo ocho atletas pudieron escapar del asalto de los fedayines a los dormitorios de los deportistas.  Siguieron horas de espanto y zozobra, acrecentadas por la proximidad en que nos encontrábamos del lugar de los hechos y por la enorme cantidad de gente que había llegado a Múnich para los Juegos entre deportistas de muchos países, visitantes internacionales y prensa mundial. Unas 80.000 personas.

Por las noticias nos enteramos en tiempo real de que se habían iniciado negociaciones entre las autoridades alemanas y los terroristas, que habían lanzado sus demandas por una de las ventanas del apartamento en que se encontraban: pedían la liberación de 236 presos palestinos en Israel, sin aceptar intercambio de rehenes ni entrega de dinero como rescate. La televisión mostraba escenas angustiosas de la villa olímpica, despliegue de fuerzas de seguridad sobre las casas, helicópteros sobrevolando la ciudad. 

Cuando pensamos que la masacre había terminado, 24 horas después, murieron otros israelíes y varios secuestradores en medio de una balacera en el aeropuerto antes de subir a los aviones que los sacarían de Alemania. Imposible narrar aquí la historia completa. La contaré en un libro de relatos que preparo. No olvidaré jamás el final triste de los Juegos Olímpicos en el estadio de Múnich, acentuado por la marcha fúnebre de la Heroica de Beethoven. 

Jesús Ferro Bayona

septiembre, 2022

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

2 Comentarios

EDUARDO JIMENEZ 5 septiembre, 2022 - 6:25 am

Increible el relato de alguien que estuvo “en el lugar de la noticia.”
Me hizo recordar que tengo un buen amigo alemán, que vivía en Berlin Oriental cuando cayó el muro, y que fue uno de los miles de alemanes que esa noche pasaron a Berlin Occidental. Su relato tambien es impresionante. Gracias Jesu por relatarnos esa experiencia.

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Jesus Ferro Bayona 30 septiembre, 2022 - 11:18 am

Fue algo terrible e imborrable.

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