Tarde de Poesía – Jesus Ferro B.

Por: Jesus Ferro Bayona
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Ante la propuesta de dedicar dos sesiones para compartir las poesías favoritas de nuestra autoría o de algún poeta preferido, nuestro grupo tuvo dos “Tardes de poesía” o “Patio de los poetas”. Se presentaron inspiraciones escritas hace muchos años o recientes, o escritas por otros poetas ‒famosos o no, familiares o compañeros jesuitas‒ a quienes admiramos y de quienes aprendimos a colocar en el papel los pensamientos y sentimientos de momentos y circunstancias especiales. En este Patio de los Poetas que iniciamos esta tarde en nuestra sección de cultura compartiremos con nuestros lectores los videos de estas muestras especiales para cada uno. 

Exjesuitas en tertulia- 7 de Julio, 2022

              Extravío

Vida frágil y breve, 

mientras se filtra en mi corazón

una frase que no se escribe,

malestar infinito

como un invierno, 

se retuerce en una calle anónima.

Dolor sin direcciones,

El amor que duele 

como herida milenaria.

No encuentro el libro de los océanos,

ni de los territorios que viví sonámbulo,

surcador de precipicios dislocados.

Busco la frase que no se escribe

entre la lluvia eterna

de mi extravío sin límites.

El patio de la infancia

Hubo un tiempo perdido, 

momentos poblados por la dicha,

un patio inagotable

de matarratones torcidos,

de escondites inventados.

No había mañana peligroso,

ni amanecer acongojado,

ni noche de terrores.

Solo el patio, el placer, las grutas.

El atardecer era infinito

ebrio de un múltiple amor

entre la brisa cándida

de una risa intemporal.

Te busco a medianoche,

patio mío,

para encontrar mis ojos inocentes,

mi cuerpo estremecido

por los resplandores de la luna.

Espacio de mi invención endiosada,

te siento como el eco

de la palpitación ausente,

suprema invitación que lastima

en la piel calcinada del abandono.

               Pérdida

Castillo de mi reino desolado

Cuando la lluvia invoca las estrellas

Un sabor melancólico se mezcla 

Con la memoria de mis versos.

Ahí están tu mirada, 

las flores deshojadas,

Las promesas de mi infancia,

Todo ha perdido su misterio.

Petrificada está mi mansedumbre.

No soy feliz. Tal vez una aurora

Vendrá con sus monedas circulares.

Quedan la luna y los recuerdos 

Temblando en la espesura de este vino,

Dicha crepuscular de los salones

Sin muebles, sin cortinas, solo un eco.

Jesús Ferro

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