En la última de mis sesiones del grupo de Biodanza, al ritmo de una suave música, danzábamos con los ojos cerrados, dando rienda suelta al sentimiento de “Aceptación”, y mi mente produjo lo que quiero poner en palabras aquí abajo.
Y caminando hacia atrás, comencé a verme diferente.
Era yo, pero mis pies eran diferentes.
Mi cabello estaba entorchado en mi cabeza y mi vestido era muy amplio y elegante.
Pero era yo, caminando hacia atrás, y todos me miraban.
Y entonces, en ese instante, el aire se llenó de un silencio antiguo.
Las casas, con sus muros de piedra, guardaban secretos.
Sus calles de tierra y sobre ellas era yo, caminando hacia atrás.
Sentí que viajaba por otra vida, por otro tiempo, hacia un lugar donde todo era posible.
Y entonces, ellos me miraban y admiraban, sentía su amor incondicional,
decían que yo era una mujer con visiones, una que caminaba entre dos mundos.
Caminando hacia atrás en el siglo XV, tal vez me habrían llamado bruja,
pero las visiones que tenía eran bellas, llenas de luz
y mostraban caminos de esperanza, guiándome siempre hacia la armonía.
Y así, entre susurros del pasado, comprendí que esas visiones eran un puente.
No solo me conectaban con quienes fui,
sino con posibilidades que aún no sabía que podía alcanzar.
Y en ese camino, supe que nunca estaba sola.
Caminando hacia atrás llegué a donde quería, dejando el pasado en un lienzo
y dispuesta a partir de nuevo. Caminando hacia atrás.
Esa era yo y hoy esta soy.
Pilar Balcazar
Alicante, Febrero 2026













































