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Para nuestra primera tertulia de 2024, compartimos con nuestros compañeros nuestras reflexiones individuales sobre lo aprendido durante 2023 y nuestros proyectos personales para 2024. Publicamos ya la semana anterior el video de todas las intervenciones de la tertulia, y compartimos ahora algunas contribuciones individuales que nos han enviado sus autores.

Exjesuitas en tertulia- 11 de Enero, 2024- Intervención de Dario Gamboa
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No tuve que pensarlo mucho tiempo: fue el “café con leche” de mis años de adolescente, en las fogatas de los campamentos scouts de los Gonzagas, con Hernán Umaña S.J. al final del día. 

Resumíamos así en grupo lo que cada uno de los que estábamos en el campamento habíamos encontrado de positivo o de negativo de todo lo que había pasado en nuestro día. Lo que había funcionado bien y lo que hubiera podido funcionar mejor. Éramos muy claros y honestos en descubrir estos temas. Inmediatamente, el padre Umaña le agregaba lo que él llamaba “el azúcar” -balance entre lo positivo y lo otro- mezclado con los aprendizajes del grupo.  

Luego, al ingresar a la Compañía de Jesus, descubrí que esa práctica de revisar el día, no era otra cosa que “el examen de conciencia”, costumbre que San Ignacio de Loyola, fundador de los Jesuitas, había dejado plasmada en sus prácticas originales para la formación de quien ingresara a la orden, desde el primer día.

Al recorrer mi vida en contacto con los Jesuitas, años antes de ser miembro de la Compañía de Jesús –de los quince a los veinte años– y durante los casi 10 años que estuve dentro de la orden preparándome para ser sacerdote –de los 20 a los 30 años–encontré que, de los múltiples comportamientos que dejaron una huella indeleble en mi vida, ciertamente el que más me marcó, sin duda alguna, fue esta breve práctica diaria que aprendí de joven, practiqué dos veces al día siendo jesuita, seguí practicando consciente e inconscientemente durante mi vida como profesional, y continúo practicando aún hoy. 

Lo seguiré haciendo mientras sea consciente, por el resto de mis días en esta vida y quizás también en las que vengan en el futuro. Se ha incorporado definitivamente en mis hábitos de vida probablemente como la mayor arma de crecimiento como persona, de auto-conocimiento, de auto-control, de auto-propulsión. 

Detener lo que se está haciendo para reflexionar, revisar cuidadosamente lo vivido y sacar conclusiones tanto positivas como para aprender de lo que ha pasado durante el día, la parte del día, el proyecto, la actividad, el año, la época  de vida. Esto se volvió ciertamente un modo de ser que, al incorporarse en mí, me ha servido como un arma muy poderosa a nivel personal, profesional, matrimonial, familiar, y de mi vida entera como ciudadano de este mundo. 

Encontrarse con sinceridad consigo mismo, mirarse al espejo interior que no miente y desnudarse con humildad y objetividad para recorrer la memoria de lo acontecido, no es fácil. Requiere práctica permanente y honestidad con uno mismo. No en vano el examen de conciencia forma parte de los “ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola” que se hacen “en la presencia de Dios”.

Hoy para mí: “dentro de mí = en mi interior” donde habita también esa Energía que hoy identifico como “Dios” y la que encuentro sólo callando mi voz y mis pensamientos y adentrándome en mi conciencia como quien entra en la grabadora de todo lo que se ha vivido, para escudriñarla y sacarle provecho para el crecimiento diario de la vida. 

En la vida de novicio jesuita, además del examen individual dos veces al día, existió también otra práctica colectiva muy cercana a la anterior y muy impactante para mí al conocerla, que se llamaba “el ejercicio de culpas”. En esa sesión semanal de todos los novicios (éramos unos 18 a 20 en ese momento), junto al maestro de novicios que oficiaba como “moderador” del grupo, cada uno pasaba al frente y escuchaba, silencioso y de rodillas,los comentarios que uno por uno, sus compañeros le hacían, sobre todo en los comportamientos que observábamos pudiera mejorar cada novicio. 

Todos los comentarios debían comenzar con la frase: “Me parece que el hermano…” y se escuchaban una o dos frases que describían una cualidad, pero sobretodo un defecto o una conducta que mereciera algún comentario. No se podían hacer juicios, sino simples observaciones objetivas. Al final de los comentarios de todos, el P. Maestro resumía lo escuchado y agregaba su observación personal, siempre orientada a ayudar a quien estuviera al frente y que, como todos, estaba en el proceso de búsqueda de la santidad y de la perfección personal.

Mas tarde en la vida, y en familia, sin ser a veces consciente de ello, me descubrí creando un sin fin de momentos especiales con quienes establecía alguna relación personal y muy especialmente con mi esposa y con nuestros hijos. Unas veces, por ejemplo,revisábamos “el mensaje” de la película que acabábamos de ver,durante nuestro regreso en el auto hacia la casa. Hacíamos un balance del mes, o del año que acababa de terminar, o recorríamos en retrospectiva las experiencias de un viaje familiar o con otras familias y amigos.

Hoy, telefónicamente o en video-llamada, a la distancia, recorremos a veces individualmente o con mi esposa junto a nuestros hijos, sus viajes, sus experiencias de estudio o de trabajo, sus aprendizajes de vida afectiva, sus aventuras, las nuestras, nuestros viajes, la vejez y el retiro, y todo cuanto experimentamos en grupo y con lo cual queremos enriquecer la vida.

También en mi vida de profesional de la gestión de talentos en las empresas en las cuales trabajé, y a las que asesoré y continúo asesorando hoy como consultor, siempre me he vuelto a encontrar con mi amigo de Loyola, descubriéndolo oculto en los procesos llamados de “Análisis y Evaluación de desempeño” de los colaboradores y en las prácticas gerenciales de “dar y recibir feedback” o retroalimentación, con las cuales los más renombrados gurús de la administración de empresas, proporcionan técnicas y modos de hacerlo, como una de las mejores prácticas gerenciales de cualquier gerente de persona, sin importar el nivel que tenga en la empresa.

En los cursos y talleres de liderazgo que implementé a nivel global en varias empresas, tuve la oportunidad de identificar al gran maestro de Loyola como quizás uno de los primeros lideres de una organización mundial (la Compañía de Jesús) donde estas prácticas gerenciales sobreviven como uno de los grandes secretos no ocultos y, pienso yo, claves de su eficiencia como grupo, sus procesos de decisiones, su compromiso mutuo, su visión conjunta, su inspiración como líderes y su éxito misional y empresarial. 

Aprender de la experiencia pasada, y superar quizás el aspecto negativo de buscar “los defectos”, “los errores” o las “debilidades”, que invadían los exámenes de conciencia de aquella época , buscando mejor lo positivo de esto, descubriendo mejor las oportunidades “de aprendizaje”, de “crecimiento”, de “superación” fue un nuevo y sutil cambio que descubrí era necesario implementar para hacer de las revisiones del desempeño en las empresas algo menos “evaluativo” y mucho más “constructivo” en el uno-a-uno de los colaboradores con su jefe. 

Implementar en los equipos directivos de las empresas  la práctica grupal de la evaluación de 360 grados, donde todos los niveles de individuos (no solo el jefe) sino los colegas y los subordinados o colaboradores, y aun otros dentro y fuera de la empresa, participaran en una práctica anónima de feedback virtual, fue todo un proyecto en el cual conseguí la adhesión de todos los presidentes de las empresas con las cuales trabajé.

En varias de ellas, esta práctica colectiva sustituyó, con lujo y eficacia, la famosa y trasnochada “evaluación del desempeño” y llegó a ser el mejor termómetro para incrementos salariales y crecimiento profesional en las empresas. De esta forma, el “ejercicio de culpas” del ayer, del noviciado, hoy involucra también, en las empresas más progresistas, al jefe, al evaluador, al líder del grupo que ciertamente necesita aun más del feedback de sus colaboradores para ser mejor líder…y qué falta nos hacehoy a todo nivel!

He llegado a la conclusión, ahora en mis casi 79 años de vida, que el examen de conciencia, disfrazado modernamente con el atractivo nombre del “feedback” o retroalimentación individual y colectiva, a todo nivel, sigue vivo y presente en mi vida en los proyectos donde me involucro, en los grupos que manejo, en las vivencias familiares y en la vida como un todo, como la gran marca indeleble de una época bella y profundamente intensa de crecimiento y siembra de valores y de prácticas para la vida, de la cual he vivido desde entonces con inmensa satisfacción y gratitud. 

Gracias, San Ignacio de Loyola! Y gracias a todos los Jesuitas que la sembraron en mí!

Darío Gamboa Henao

Septiembre, 2023

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Al cumplirse, hoy exactamente, 30 años de la transformación de mi padre a su nueva vida y como homenaje a su vida y su legado, quiero compartir con nuestros lectores la carta que le escribí y que leí en su servicio fúnebre, la cual también leí recientemente en nuestra tertulia de amigos exjesuitas dedicada a compartir cartas a nuestros padres.

Introducción a la Carta a mi Padre- Exjesuitas en tertulia- 6 de Julio, 2023

Viejo, mi querido Viejo: 

Acabo de saber que te nos has adelantado y que la vida física, ese inmenso don que siempre te acompañó, ha sido sustituída por esa permanencia eterna en el alma de quienes te adoramos. 

Hoy estamos todos llorando compungidos porque has dejado de brillar en esa paz y esa bondad que tanto desplegaste durante tu vida y que ahora es nuestro más precioso tesoro. Te vas, adelante en el más allá, a reunirte con quienes adoraste y ahora te reciben para compartir esa vida otra que nunca termina. 

Nos dejas un legado inmenso a tus hijos de honestidad a toda prueba, de sencillez y simpatía, de rectitud y de bondad que te hizo amar siempre la vida en todas sus formas de amor. Has recorrido esta etapa de tu existencia con la mente abierta y limpia de un gran liberal en el pleno sentido de la palabra. Tu infancia y tu juventud vibraron con las ideas de los grandes caudillos, tu madurez y tus años dorados siempre encontraron en tí al pensador ágil y certero, al político fiel y responsable, al enamorado de su tierra, de su gente, de nuestra nacionalidad. La victoria de los nuestros y tu invariable vibración por esa Colombia sana y limpia que tanto amaste, te colocó en el umbral de una nueva vida y hasta podríamos decir que diste tu vida por una emoción para tu tierra. Nos deleitaste siempre con el suave arrullo de tus versos que embrujaron a quienes tuvimos la suerte de escucharte. Por esa patria que tanto amaste, quisiste volver nostálgico, luego de que hijos ingratos de la violencia te hicieron huir apresurado. EI destino quiso que permanecieras aquí para que aquí, en tu Cali querida, reposaras para siempre y desde aquí pudieras contemplar para siempre tu Mameyal querido y añorado que te vio descubrir el mundo y al que tantas veces regresaste en busca de inspiración. 

Qué dicha haber compartido contigo tantos momentos bellos de la vida. Qué dicha haber recibido de tí tantos y tan preciosos regalos de amor, de generosidad, de ternura y sinceridad, de responsabilidad y de cumplimiento con el deber. Tus hijos aquí reunidos, tus amigos, tus familiares aprendimos tanto de tí, que hoy te queremos despedir para este viaje sin retorno, para el que partes con tus maletas cargadas de realizaciones sólidas, simples, pero profundas y sinceras. 

Tus ideas y tu compromiso con tus causas te llevaron muchas veces a enfrentar peligros y a resistir preconceptos. Tu dedicación a la vida del espíritu y a sus inquietudes nos colocó una vez en caminos aparentemente separados, pero bien pronto los dos comprendimos que estábamos unidos en la consagración al servicio de los demás, a la causa de los menos poseídos, a la justicia social. 

Con todos tus hijos fuiste el padre serio y firme en quien encontramos siempre la palabra certera, el consejo recto, el soporte oportuno. La vida nos separó de tí en ocasiones, pero siempre nuestro reencuentro fue mejor. Te fuiste de mi casa porque querías volver a tu tierra y tu corazón gemía por la infancia como buscando en esos pequeños el cariño sincero y puro que no tiene condiciones. 

Pachín: Hoy lloramos todos juntos porque tu cabeza blanca siempre alegre y cargada del apunte cómico, no nos deleitará más con esos versos picantes, con las historias de fábula infantil o con el juego retozón de chispa encantadora. Dejaste en todos los que te queremos una huella maravillosa de bondad, de cumplimiento del deber, de amor por la vida. 

Estamos tristes, sí porque la vida ha llegado a tí a pedirte tu cuota de transformación para iluminarnos de otra manera. Todas las religiones del mundo que tanto te inquietaron, nos hablan de esa vida que existe y perdura cuando comienzas a vivir como tú lo has hecho. No has muerto, la muerte no existe para quienes como tú, la vida es un don, el optimismo es su señal y la sencillez, una virtud. Hay muchos otros vivos aparentes que son muertos en el espíritu porque no aman como tú lo hiciste, no vibran con lo sencillo y puro como nos enseñaste a hacerlo, no cantan al amor como tú lo has hecho. 

Gracias por la vida que contribuiste a darnos a quienes somos tus hijos de la carne y a todos los que se beneficiaron de tu contacto personal. Gracias por el amor y la dedicación que nos enseñaste, gracias por tu paciencia y tu inteligencia, por tu paz e inspiración. 

Hoy vuelves a tu tierra del alma con un bagaje lleno de riquezas. Las del cuerpo y la materia quedan atrás, las del espíritu te las llevas, pues, desde el lugar incierto donde estarás iluminándonos, nos las devolverás diariamente para seguir en esta senda que nos has preparado. 

Canta un ruiseñor en la mañana, se oye la voz de un niño que acaba de nacer y al que arrullas en tus brazos cansados pero inmensamente tiernos. Esa casa que construyo en lejanos horizontes y a la que quisiste volver, será un monumento a tu inspiración, a los momentos intensos que convivimos, a las largas conversaciones de dicha y fraternidad. 

Hoy estarás mucho más cerca de nosotros que lo que la vida te lo permitió. Hoy cantaremos con menos alegría, pero con más profundidad, porque has pasado por nuestra existencia y la has enriquecido y enaltecido para siempre. Vivir al lado tuyo fue un privilegio, adaptarse a todo lo cambiante fue tu virtud, transformarse para acompañarnos mejor y para siempre, será tu misión de ahora en adelante. 

Viejo mi querido viejo, ahora ya no caminas solo. Te acompaña la eternidad !   

Darío Gamboa Henao.

Septiembre 13 de 1993. 

Cali, Colombia

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Carta a mi Padre

Por Dario Gamboa
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El evocador artículo publicado por Chucho Ferro el reciente Día del Padre, nos animó para compartir en una tertulia de nuestro grupo, los mensajes que tendríamos para nuestros padres, resumiendo nuestra experiencia de vida con ellos. Pedro Benítez, Marta Helena Ferro, Samuel Arango, Jorge Luis Puerta, Juan Gregorio Vélez, Jesús Ferro, Rosario (Ro) Rodríguez, Julio Hidalgo, Alfredo Cortés, Bernardo Nieto, Darío Gamboa, Reynaldo Pareja y Vicente Alcalá leyeron en este orden sus cartas en una tertulia emotiva y profunda que compartimos con nuestros lectores.

Exjesuitas en tertulia, Jueves 6 de Julio, 2023
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Siguiendo con las reflexiones de nuestros compañeros sobre la reciente entrevista de los jóvenes con el Papa Francisco, publicamos el video de la intervención de Dario Gamboa en nuestra tertulia del jueves anterior.

Intervencion de Dario Gamboa en Exjesuitas en tertulia – 25 de Mayo, 2023
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Compartimos recientemente con el grupo, en una de nuestras sesiones, los momentos de transformación o cambio de nuestras vidas, constatando que en la diversidad de nuestras vidas siempre estuvo presente la unidad de un pasado común inmensamente valioso. Darío Gamboa participó con una presentación de power point de siete minutos. Bienvenida esta nueva forma de participar.

Intervención de Dario Gamboa en la sesión de Exjesuitas en tertulia – 30 de Marzo, 2023
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Australia y mi amigo

Por Dario Gamboa
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Hoy vuelo sobre tu verde inmenso hacia la Gran Barrera de Coral, celebrando las primeras dos  semanas de nuestro bello viaje a Australia.

En avión, a tres horas de Sydney…

Tus aguas de ríos y bahías te abrazan como hoy te abrazo -gran nación- que me ha permitido apreciarte y disfrutarte a través del gran amigo del Liceo Francés y de su esposa australiana, quienes nos abrieron las puertas de su casa y de su corazón. 

Han sido hasta hoy dos semanas intensas por la emoción y la belleza de muchas culturas, de muchos países diferentes que aquí se integran armónicamente en un país organizado, limpio, próspero y regalado por las energías del universo, con playas interminables bañadas por montañas azules y rocas que chasquean al frente de la casa de verano de nuestros amigos, al quebrar las olas gigantescas que vienen a reposar a su alrededor. 

Con mi amigo Gonzalo Bernal en su residencia de verano en Rosedale, Australia

Dos semanas de reencuentro de corazones con el amigo que no abrazaba desde hace 63 años y con nuestras compañeras de vida; dos semanas de cariño y comprensión, de redescubrimiento y de recordación intensas, de entonar cantos de El Francés de nuestra infancia y adolescencia cuando regresábamos de la playa, de compartir vidas de ayer y de hoy, historias de padres, hermanos, hijos y nietos en un himno mutuo a la experiencia de haber vivido lejos los dos de nuestro país de origen y haber recordado también los cuatro, nuestras vidas dedicadas a servir a la sociedad y a las gentes desde dos países fuera de Colombia, en nuestras carreras profesionales ya concluidas por cada uno de nosotros.

En Canberra, en el Museo de las guerras de Australia
La sede del Parlamento, en Canberra, la capital de Australia.

Qué jornadas de fraternidad! Qué manjares deliciosos compartidos! Qué playas interminables y majestuosas recorridas con ustedes y disfrutadas en estos días del comienzo del otoño austral!

El famoso Puente sobre el puerto- “Sydney Harbor Bridge”
El centro financiero de Sydney

Qué visitas acompañados en el tren súper organizado y puntual a la ciudad, los parques, las iglesias, los museos y los puentes de una de las metrópolis más bellas para conocer en este mundo.

Las “tres hermanas” en la Montaña Azul cerca de Sydney
El teatro de la Opera de Sydney y el Puente del Puerto.

Qué concierto en el icónico teatro de la ópera de Sydney en el día del aniversario de bodas de nuestros amigos! Qué vinos maravillosos de sus bodegas nos animaron nuestro recordar y nuestro revivir y qué celebraciones de familia con sus hermanas, sus hijas y sus nietos nos han devuelto al ayer de nuestra juventud en Colombia, cargado de historias, anécdotas y emociones.

Sydney, Australia, Gonzalo, Elizabeth y sus familias! Qué regalo tan inmenso nos han brindado desde lo profundo de sus vidas y desde las entrañas lejanas de este su hermoso país!

Y lo que falta…!

***

Desde Port Douglas, Australia, en la víspera de nuestro encuentro con los arrecifes de la gran Barrera de Coral, una de las siete maravillas naturales del mundo!

Dario Gamboa

Marzo 19 de 2023

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Como dicen que decía Heráclito*, “no hay nada permanente, excepto el cambio” o, dicho de otra manera, “lo único constante es el cambio…”.  Pero, ¿cómo enfrentamos ese cambio, que es permanente? 

A medida que se acerca el fin del año 2022 y se aproxima la primera semana del año que hoy comienza, muchos de nosotros tomamos estos días de tranquilidad y descanso para reflexionar sobre el año que termina, hacer un balance de los éxitos alcanzados, las alegrías personales, de la familia y/o de su círculo de amistades y, de alguna manera ‒consciente o inconscientemente‒, trazarnos objetivos y metas que quisiéramos alcanzar el año que empieza, en todos los aspectos de nuestras vidas. 

Reflexionando un poco sobre este fin de año, este balance me ha inspirado a compartir con mis lectores algunos simples pensamientos sobre el tema y varios aprendizajes de 2022 sobre el tema del cambio y cómo conseguirlo, que me han impactado.

Pero no tema, estimado lector. No voy a referirme al asunto del “cambio político” que pregonan unos y cuyos opositores se empeñan en negarlo a nivel del país, sino del cambio o los “cambios personales” que son mucho más difíciles de aceptar y de entender cuándo se han hecho contra nuestra voluntad y muchísimo más difícil cuando a pesar de los buenos propósitos que alguna vez tuvimos, no hemos conseguido hacerlos realidad nosotros mismos y no tenemos a nadie más para culpar de su fracaso.   

Todos, en algunas etapas de nuestras vidas, hemos tenido una variedad de experiencias de “final de temporada”, de balance, de hacer cuentas,  bien sea en los famosos “retiros espirituales” de los colegios o en los “ejercicios espirituales” de las vidas religiosas, las  “evaluaciones de desempeño” en nuestras vidas profesionales, los “balances financieros” de las empresas, las “sesiones de realimentación” de nuestros superiores, las “revisiones de la vida” luego de experiencias impactantes, los traslados a otro país, los triunfos, las enfermedades, las pérdidas familiares, los nuevos desafíos personales, familiares y profesionales. En mi familia tenemos como tradición hacer, en una reunión especial con los hijos, un balance de los hechos positivos del año y de las áreas que deberíamos mejorar en el año que comienza.

Muchísimas veces, desde que éramos jóvenes hasta la edad que tengamos, nos prometimos algo, lo escribimos para hacerlo más firme, se lo prometimos a  nuestra familia, a nuestro jefe y a nosotros mismos, y hasta firmamos compromisos financieros para “amarrar” esas promesas y “castigarnos” si no las cumplíamos, para encontrarnos en la mayoría de los casos con que esos “propósitos” para mejorar algo, para eliminar lo que juzgábamos que no estaba bien, para transformar alguna costumbre que sabíamos que nos estaba perjudicando se quedaron en escritos y propuestas y nunca se hicieron realidad.

¿Por qué? ¿Cuál es la razón para que siempre se repitan ciertas situaciones en mi vida en cualquier área de ella y casi siempre no consiga que esos propósitos sinceros y claros para eliminar un problema, para darle una nueva dirección a mi vida en tal o cual circunstancia, no lleguen a ser realidad a pesar de lo claro que lo veamos? 

Este año que termina creo que entendí el por qué esos intentos fallidos de “crear una realidad” diferente en mi vida con algunos de esos propósitos que hice tantas veces para “cambiar” algo que “sabía” claramente de qué se trataba, terminaron poco tiempo después, en algún lugar del olvido o en el abandono de la lista de propósitos. 

Este año comprendí que no debo asimilar pasivamente los cambios externos que me impactaron en la vida ‒como la inflación en el mundo, la guerra, los cambios políticos de mi país, los del país donde vivo, el cambio climático, los cambios en mi familia‒, sino también los cambios que vienen con mi edad y la de quienes me rodean. Comprendí e interioricé con una profundidad diferente que puedo y debo ser el “creador de mi nueva realidad”, no solo en las revisiones de fin de año, sino todos los días de la vida que tenga por delante. 

Comprendí y “sentí con emoción” que debo ser el revisor para darme realimentación con honestidad sobre lo pasado; comprendí que puedo ser el dueño y promotor, la autoridad y quien le da la visión y los objetivos a mi propia vida, quien identifica claramente lo que no quiero más en mi vida en las diferentes áreas de mi relación con el universo y quien interioriza con emoción y visualiza en su interior lo que quisiera vivir en la plenitud de la existencia en lo referente a la salud, al conocimiento, a la relación con mi familia, con quienes me rodean, los bienes materiales y el universo en el que tengo el privilegio de existir. 

He encontrado que debo concentrarme más en “a dónde quiero llegar” en cada uno de los aspectos de mi vida y no tanto en el “cómo llegar” a lograrlo. He descubierto que si no hago nada, como muchas veces ha pasado, la inercia de mi ego que me jalona hacia mis debilidades puede triunfar sobre lo que realmente quisiera construir con mis fortalezas.

Al interiorizar y revisar diariamente al final del día, con emoción, con sinceridad, con alegría y visualizar lo más concretamente posible hacia dónde quisiera concentrar mis energías conscientes e inconscientes, soñar despierto, semidormido, e imaginar y sentir esa realidad que estoy tratando de construir cada día, lo más concretamente posible, comienzo a descubrir que puedo ser artífice y creador de nuevas realidades para mí y para quienes me rodean. Poco a poco, los “cómo” de mis aspiraciones emocionales han ido apareciendo en comportamientos espontáneos que antes era difícil ejecutar y que hoy “inconscientemente” me surgen casi de manera natural.

¿Qué pasaba antes y qué sucede ahora? ¿Por qué es diferente? ¡La respuesta es muy simple! Antes, algunos de mis propósitos eran resultado de mi racionalidad, de mi lógica, de la comparación fría de números o a veces de comportamientos externos que  analizaba el lado racional de mi cerebro y, lógicamente, se ponían en una lista de acciones que deberían tener como resultado un cambio. ¿Que aconteció entonces?  

Simplemente redescubrí en algunas sesiones con algunos de mis compañeros y la iluminación inesperada de un guía, que hay que pasar al terreno de la emoción y el sentimiento, al lado emocional de nuestro cerebro, aquel que se conecta con nuestro más profundo inconsciente, con nuestros “casi sueños-despiertos”, para estar envuelto en este proceso de crear una nueva realidad para mí y para quienes me rodean. 

Volví a encontrar sentido a una práctica jesuítica de inmenso valor en la vida y creo que la base de la formación de los miembros de esa comunidad, para la cual su fundador, hace casi 475 años, les recomendaba al final del día. En el “examen de conciencia” diario y la preparación  para la oración del día siguiente, les instruía San Ignacio a “ponerse en la presencia interna de Dios”, revisar lo que había sido positivo y lo que debería mejorarse al día siguiente y trasladarse en su mente y en su corazón a lo que llamaba la “composición de lugar”, para imaginar, oler, sentir, conectar el corazón con el tema, las personas, los cuadros memorables en su mente para su oración del día siguiente, interiorizar los sentimientos y abandonar en el inconsciente y en el sueño lo que al día siguiente sería el contexto de su meditación/oración. Todo lo anterior, no tengo la menor duda, ha sido el motor de la pasión con la que quería Ignacio de Loyola formar a sus seguidores y conectarlos con la realidad del mundo. 

Probablemente esto ya lo haya vivido mucha gente, quizás este es el secreto oculto de la vida interior de muchas filosofías y religiones orientales, tan influyentes en estos años en todo tipo de personas de todos los niveles y profesiones del mundo occidental. 

Reencontrar la fuerza del interior que cada uno tiene en la creación de una nueva realidad para su vida y la de quienes nos rodean ha sido un gran aprendizaje que el universo me ha regalado este año. No importa la edad que tengamos, no importa la situación de salud en que nos encontremos ni importan las circunstancias que nos rodeen. 

Cada uno de nosotros tiene la posibilidad de no seguir siendo “víctima” de los cambios que suceden a nuestro alrededor cada día y sí tornarse “creador” de la propia realidad desde su interior, desde su emoción de vivir, desde su sentir con su familia, sus amigos, su trabajo, su país, su universo.    

¡Feliz año nuevo y feliz vida nueva!

Darío Gamboa

Enero, 2023

* De la producción intelectual de Heráclito apenas quedaron algunos fragmentos que fueron recuperados de textos de diversos autores antiguos, especialmente griegos. Las referencias al cambio aparecen en los fragmentos 49a (“En los mismos ríos ingresamos y no ingresamos, estamos y no estamos”) y 91 (“No es posible ingresar dos veces en el mismo río, ni tocar dos veces una misma sustancia mortal en el mismo estado, sino que por la vivacidad y rapidez de su cambio se esparce y de nuevo se recoge; antes bien, ni de nuevo ni sucesivamente, sino que al mismo tiempo se compone y se disuelve, y viene y se va”. 

Citas tomadas de Rodolfo Mondolfo (1966), Heráclito. Textos y problemas de su interpretación. México: Siglo XXI Editores, p. 36 y 41. La afirmación de que no hay nada permanente, excepto el cambio, es una extrapolación de lo que afirmó Heráclito (c. 540 – c.480 a. d. C.). Nota del editor.

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Mi perspectiva en este texto sobre el orgullo de ser colombiano tiene ‒como toda realidad‒ puntos muy positivos y también áreas donde creo que tenemos desafíos.

Siento orgullo de mi país por su naturaleza privilegiada; geográficamente, por su posición en el medio de América de norte a sur, por sus montañas que nos ofrecen diversidad climática y recursos hídricos, por sus selvas que mantienen el aire y la conexión con los ancestros y la tierra más o menos inalterada, por sus llanuras con el inmenso potencial agrícola si fuera adecuadamente explotado, por sus dos océanos que nos abren ilimitadas posibilidades comerciales.

Sin embargo, no siento orgullo por pertenecer a una generación que ha desperdiciado esa riqueza. Inconscientemente le hemos seguimos haciendo daño a esa naturaleza a través de las extracciones mineras y los derrames petroleros, la deforestación incontrolada, la falta de conciencia ecológica, la destrucción a través de los fumigantes químicos, la no inclusión de las sabidurías ancestrales en las decisiones sobre la tierra y el acaparamiento ilegal de tierras por mentes egoístas y capitalismo salvaje.

Siento orgullo de las personas colombianas que se han superado a través de la educación, el trabajo arduo, las dificultades geográficas y sociales de una violencia permanente, con espíritu emprendedor, con alegría infinita en todas sus regiones, con humor inteligente y optimismo admirable, con resiliencia a pesar de los inconvenientes, con una recursividad impresionante para resolver tantos desafíos. 

Admiro y me siento orgulloso de los profesionales colombianos en todas las disciplinas por su adaptabilidad, su creatividad, su espíritu de aventura y su increíble voluntad de tener éxito. Admiro a hombres y últimamente a mujeres profesionales y no profesionales que han luchado por superarse y que, en mi opinión comprobada por realidades de mi trabajo con personas de toda América, son de lejos los más exitosos en ambientes difíciles en el extranjero y también en el país.

Admiro también y me siento orgulloso de ellos‒ a los campesinos y gente humilde y de clase media de Colombia que mantiene en líneas generales una actitud positiva ante las limitaciones creadas por unas minorías dominantes que han sido, en mi opinión, prolongaciones de épocas feudales durante muchísimo tiempo, creando una cultura de sumisión y de servilismo que gradual y afortunadamente tiende a desaparecer.

Lamento y no me siento orgulloso de las clases dirigentes de mi país, que víctimas de un egoísmo capitalista también promovido a nivel global no han sabido aprovechar la riqueza de esos talentos y, en cambio, han explotado sin misericordia a amplias poblaciones de mis compatriotas enriqueciéndose exageradamente y sin el menor asomo de los valores cristianos que hipócritamente pregonan en alianza con muchos pastores religiosos, esto último ‒por fortuna‒ cada vez con menor frecuencia.

No me siento orgulloso del colombiano de todos los niveles que por cualquier razón se ha transformado en “sobreviviente del descuido o la inocencia de los otros o del gobierno” y se ha rebajado a la cultura del vivo, del robo y de la deshonestidad, desde el mínimo objeto en la calle hasta el robo en la evasión de impuestos, en la cuenta que no se paga, en el semáforo que no se respeta, en la regla que se quebranta, en la norma que se da el lujo de no seguir, etc. Tampoco me siento orgulloso de la cultura establecida a todos los niveles del “serrucho”, la comisión, la “palanca”, las influencias, los favores no justos, los amigos que ayudan a conseguir favores por ser amigos y no porque la persona sea capaz, etc. 

Me siento orgulloso y me inspira profundamente la belleza musical y folclórica producida por un grupo talentoso de compatriotas en todos los niveles sociales. Belleza que brilla a nivel internacional y que refleja las aventuras y los poemas de una sociedad que ha sufrido y se ha superado permanentemente.

Me siento orgulloso de los deportistas de mi país y vibro con sus triunfos y sus dificultades. Sobre todo, porque en su mayoría son reflejo de personas humildes con talentos físicos sobresalientes que han crecido y triunfado en muchos deportes y que nos anestesian con sus éxitos, ayudándonos a sobrellevar tantas dificultades de la vida diaria.

Me siento orgulloso de los artistas en muchas dimensiones ‒arte, pintura, teatro, literatura, escultura, manualidades, artesanías, etc.‒ que reflejan creatividad y laboriosidad inigualables. 

No me siento orgulloso de las personas que solo buscan defectos, problemas, limitaciones y tienen actitudes negativas de permanente frustración y las comunican con rabia, resentimiento y odio, creando polarización de uno u otro lado y destruyendo ambientes y familias con sus visiones egolátricas y destructivas.

No me siento orgulloso tampoco de los colombianos que piensan que su país, su música, su folclor, su himno nacional, sus artistas, su región, su ciudad, etc., son “los mejores del mundo”, porque eso solo me demuestra su visión limitada y poco objetiva de la realidad global, donde afortunadamente todos somos diferentes, pero no mejores o peores que otros. 

Me siento orgulloso de la educación recibida, de mis profesores extranjeros y nacionales y sobre todo jesuitas, que me ayudaron a prepararme académicamente, del nivel excelente de la educación privada para las minorías de las cuales soy parte y de las oportunidades que se tratan de ofrecer a muchos colombianos de bajos recursos para superarse y buscar un mejor futuro para sus próximas generaciones.

No me siento orgulloso del desastre social producido por educaciones polarizantes, incluyendo las religiosas, que estimularon la división y el odio a nombre de religiones e ideologías feudales y que causaron y siguen causando muchísimas divisiones e insensibilidad social ante el hambre de las grandes mayorías, mientras gozan de privilegios y adulaciones. 

Tampoco estoy orgulloso del descuido por parte de nuestras élites gobernantes de la calidad de la educación primaria pública de nuestros niños, donde se germina el futuro de nuestro país, ni del daño inmenso hecho a mi país por la llamada “lucha contra la producción y distribución de drogas”, marcada unilateralmente por potencias extranjeras como dañinas y nocivas para la salud y provenientes de la naturaleza, que al ser prohibidas han estimulado la ilegalidad, la violencia, el dinero fácil, la corrupción administrativa y la transformación de los valores éticos de honradez y trabajo en “valores” marcados por la ley del más fuerte , de las armas, de la opresión y la amenaza, que sutilmente nos han contagiado una ética del “sálvese quien pueda” y de una zozobra e inseguridad en todo el territorio de mi país.

Me siento orgulloso de los lazos que me ejemplarizaron individuos brillantes en cuanto a amistad, apoyo, aprendizaje mutuo, estímulo de lo espiritual, del altruismo, de la renuncia a sí mismos por amor a los demás, de la dedicación a una causa, del trabajo con perfección y la máxima calidad y de todos los demás valores manifestados por familia, profesores, amigos y sociedad en general.

No estoy orgulloso de la clase dirigente de nuestro país a la cual pertenecí, que le hizo el juego al temor generalizado a aceptar reivindicaciones sociales necesarias y prefirió etiquetar como “comunista, socialista o hasta chavista” todo intento de transformación democrática, lanzando al país a una orgía de violencia de la cual apenas ahora somos conscientes y nos hemos reconocido como victimarios ‒y al mismo tiempo víctimas‒, de un desastre que hubiera podido ser evitado con inteligencia y apertura de mente y, sobre todo, de espíritu y un coraje que echo de menos no haber tenido…

Me siento orgulloso de mis raíces familiares y de las de mi esposa, de las cuales cada vez más aprendo, y de las oportunidades que la vida me ha brindado para multiplicar esos lazos no solo a través de la familia directa, educando a nuestros hijos con espíritu claramente colombiano a pesar de haber nacido fuera, sino de las familias ampliadas en todo el mundo, que han surgido a través de los años de juventud, adultez y edad madura, llegando al privilegio de una tercera edad gozosa y acompañada de los amigos de un país bello, difícil y ambivalente que nos vio nacer y que nos lanzó por el mundo solo conectados con esas raíces invisibles que nos deleitan y no nos dejan escapar unos de otros. 

Ustedes son la parte más importante de esa realidad maravillosa llamada Colombia, mi país, que a veces pienso sentir con más intensidad cuando estoy fuera que cuando estoy en él… y que necesariamente, para mí, tiene muchísimos motivos para estar orgulloso y otros tantos para no estarlo. 

Darío Gamboa

Diciembre, 2022

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¿Quién no se ha emocionado al escuchar las notas del himno nacional de su patria en las grandes ocasiones de celebración histórica y quién no llega hasta las lágrimas, acompañadas de erizada de la piel, cuando escucha las notas del himno de su patria estando lejos, en otro país? 

Imaginemos lo que pasa dentro de cada jugador de fútbol cuando, al comienzo de un partido de la Copa Mundo, suenan las notas de su himno patrio y él sabe que dependiendo de su desempeño y el de sus diez compañeros, millones de personas tendrán felicidad o decepción al final de los próximos minutos de juego. Mucho más, cuando desde las tribunas, sus compatriotas que han venido de muy lejos corean a gritos fuertes la letra de su himno en un estadio abarrotado de fanáticos. Las cámaras de la televisión mundial recorren uno a uno los rostros serios y respetuosos de los futbolistas ante el himno de la patria y de sus ojos brota una que otra lágrima de emoción por estar en un momento culmen de su carrera profesional. 

La Copa de Fútbol del Mundo es el torneo deportivo más prestigioso y no sorprende que suscite gran cantidad de emociones, sobre todo entre los fanáticos de las selecciones nacionales participantes. Cada cuatro años, millones de personas en todo el planeta se reúnen para animar a sus equipos y jugadores favoritos, y las emociones que acompañan esta experiencia son incomparables. Desde la emoción de un gol ganador, que lleva a muchos a celebrar con abrazos y gritos de alegría, hasta la decepción por una derrota que se llora con angustia, la Copa Mundo genera una variedad de sentimientos en personas de todos los estratos sociales y ámbitos de vida de todos los países del mundo. 

El apego emocional a una selección nacional en la Copa Mundo es algo poderoso. Es una conexión que trasciende el idioma, la cultura e incluso las fronteras. Es una conexión que une a las personas de una manera que nada más puede hacerlo. Cuando un equipo gana, es una victoria de toda la nación, y cuando un equipo pierde, es una derrota para toda la nación. Este apego emocional es algo que pueden sentir personas de todo el planeta, independientemente de su nacionalidad o antecedentes. 

El vínculo emocional con una selección en este evento futbolístico también es motivo de orgullo para muchos. Es una forma de que la gente apoye a su país y su equipo. Es como un vínculo umbilical con la tierra que vio nacer a cada uno de nosotros o con la tierra a donde le llevaron sus padres o donde tuvo que emigrar y que lo acogió como hijo adoptivo y lo integró como a uno de los suyos. Es una forma de demostrar que son parte de algo más grande que ellos mismos y que están orgullosos de ser parte de eso. Es una manera de demostrar que están orgullosos de su equipo y del arduo trabajo que han realizado para llegar a la Copa Mundo tras superar una eliminatoria que privó a otros países de participar. El apego emocional a un equipo nacional en este torneo es algo que puede unir a las personas de una manera que nada más puede hacerlo. Es una conexión que puede sacar lo mejor de ellas y es algo que debe celebrarse y apreciarse. 

El fútbol es un deporte que existe desde hace siglos y es amado por millones de personas. Es el juego que cualquiera puede jugar, independientemente de su condición social, su estatura o su fortaleza. Es un juego fácil de aprender, que se puede jugar en una calle, un parque, una playa, un campo o un estadio. El balón es fácil de conseguir o fabricar y pocos  en la vida pueden afirmar que jamás han pateado una bola desde su infancia hasta la edad que tengan. Es un juego que se tiene que jugar en equipo, donde el esfuerzo individual debe sumarse a un colectivo armonioso, que para tener éxito debe sumar la capacidad y el talento de cada uno para llegar al anhelado momento del GOL, que es como una explosión de la creatividad colectiva, cuando el balón logra inflar la malla del arco rival, contagiando a millones en un grito universal de júbilo.

Al compartir esta breve reflexión sobre la emoción y la Copa Mundo que hoy presenciamos en todo el planeta me viene a la mente la increíble variedad de nuestras culturas, la increíble diversidad de razas, colores nacionales, estados de desarrollo de los países y la emocionante realidad de un baile de atletas alrededor de un balón en escenarios gigantescos que se llenan de fanáticos de sus equipos, sin mencionar los probables miles de millones que los acompañamos desde todas las naciones del mundo. ¡Qué fiesta de la unión, qué fiesta de la emoción, qué fiesta por el esfuerzo conjunto por el trabajo de equipo, qué pasión la de los jugadores que se entregan como guerreros por su país, por la tierra que los vio nacer o por la que los adoptó para su vida!  

Entonces, mi conciencia me pregunta: ¿por qué no utilizamos esa misma pasión para construir lo que hemos destruido? ¿Por qué seguimos matándonos unos a otros, por qué las invasiones y las guerras llenan de nubes nuestro porvenir? ¿Por qué seguimos descuidando y destruyendo la naturaleza? ¿Por qué no utilizamos la misma pasión que sentimos por nuestros equipos para devolverle a la Tierra y a nuestros semejantes el júbilo de construir juntos, de perdonarnos unos a otros, de trabajar en equipo por el bien colectivo?

¡Ojalá aprendiéramos del fútbol!

Dario Gamboa Henao

Diciembre, 2022

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El mundo que quiere China

Por Dario Gamboa
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Nuestra sesión tuvo como marco de referencia el video del periodista y profesor de Economía Inglés, Martin Jacques en una charla titulada :”Entendiendo el ascenso de China” que fue proyectada durante la sesión y sobre la cual los participantes nos dividimos en grupos para sacar las conclusiones. Los videos presentan la introducción y la charla del expositor en la primera parte y, en la segunda parte, nuestra tertulia cuando los grupos presentaron sus aprendizajes y conclusiones.   

Exjesuitas en tertulia – 10 de Noviembre, 2022 – 1a. parte
Exjesuitas en tertulia- 10 de Noviembre, 2022- 2a. parte
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Nuestro grupo aceptó el desafío de compartir de manera ordenada y por escrito las reflexiones de cada uno sobre los aspectos de la realidad de nuestro país que nos hacen (o no) sentirnos orgullosos de nuestra nacionalidad. Uno a uno manifestamos elementos de impacto en nuestras vidas y cómo hemos ido construyendo un tejido de eventos y personalidades, cultura y folclor, deportes y asuntos políticos que resumen vivencias, experiencias, sensaciones, tradiciones y muchas emociones relacionadas con nuestro país. Las compartiremos individualmente con nuestros lectores en próximas entregas.

Exjesuitas en tertulia – 3 de Noviembre, 2022
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Cuando estudiaba Comunicación social en la Universidad, muchas veces nos explicaron que el objetivo de la comunicación se lograba, no cuando la persona ‒origen de la comunicación‒ enviaba su mensaje a través del medio que escogiera, sino cuando el receptor demostraba que sí había ocurrido esa comunicación a través de una reacción, física o verbal. Hoy pareciera que el objetivo fuera causar controversia, rabia, ofender y mentir como estrategia para lograr una reacción emocional. ¿Seremos las marionetas de esas estrategias?  

Hasta no hace mucho tendíamos a juzgar talvez inocentemente que todo lo que venía de los medios tradicionales de comunicación “debería ser verdad”. Las opiniones sobre los hechos informados se generaban en nuestra mente gracias a la pluma o la perspectiva del reportero o autor del artículo del periódico de nuestra preferencia, de la revista especializada, de la radio o del canal de televisión favorito, que nos transmitían los últimos acontecimientos sociales, políticos, culturales o económicos del quehacer diario del país y del mundo. Muchas veces ni pensábamos si lo que decían era o no verdad, pues todos ellos nos merecían un gran respeto y confianza por la institución que las comunicaba. Nuestra mente podía confiar en todos o casi todos.

Con el correr de los años y el advenimiento de las redes sociales, dada nuestra limitada capacidad con los aparatos electrónicos, propia de nuestras edades, nos llega rápidamente la informacion después de haberla recibido a veces hasta de nuestros hijos y a veces hasta de los nietos, y la vemos porque no queremos quedar aislados de la sociedad y hasta de la familia. Tuvimos que montarnos en ese tren de la comunicación rápida y casi instantánea de los correos electrónicos, los wasaps, tuits, facebooks, messengers, instagrams, linkedins, tiktoks y casi de inmediato ingresamos (o nos ingresaron) a múltiples cadenas –ahora llamadas chats– de amigos del ayer, compañeros de colegio o de universidad, colegas de trabajo, etc. 

En este mundo de la hipercomunicación, a través no solo de los medios tradicionales (prensa, libros, revistas, radio, televisión, cine), sino sobre todo de esas redes sociales que nos invaden, la confusión y la variedad de noticias nos llegan con frecuencia inesperada, de fuentes múltiples y pareciera que no tuviéramos suficiente tiempo para –como dice un amigo mío– “tratar de beber agua como si proviniera de la boca de una manguera de los bomberos” y muchísimo menos intentar filtrar esa información.

Así comenzó la cantidad de mensajes que inicialmente nos perturbaban, anunciando su llegada, hasta que aprendimos a silenciar y ver solo cuando la curiosidad o la necesidad nos lo dictara… Pero llegaron los mensajes de las campañas políticas, primero en Estados Unidos y luego en casi todos los países, cuyas redes sociales fueron utilizadas, compradas y manipuladas por distintas corrientes políticas… Y ahí empezó la debacle. Comenzaron a llegarnos mensajes escandalosos, casi siempre contra los políticos de turno, ¡por quienes estábamos pensando votar…! ¡Qué curioso! ¡Los mensajes eran increíbles! Nos producían repugnancia, asombro, desconcierto y, claro, nos hacían dudar y a veces cambiar de opinión sobre nuestros políticos favoritos… Todo esto creó furia, desazón, intranquilidad… –y eso que nos los enviaban familiares y amigos–. Entonces, surgieron las divisiones, varios conocidos se salieron de las redes, esa amistad o relación familiar comenzó a resquebrajarse, pues lo que transmitía mi amigo, mi familiar, estaba en contra mis valores o de mis creencias.

Un amigo me envió hace poco un informe muy interesante sobre el modo como se fabrican esas noticias falsas que tienen como objetivo desinformar, desviar la atención, crear desacuerdo; en otras palabras –como decía algún político colombiano– hacer que los electores salieran “emberracados” a votar contra esta u otra alternativa, no a favor de alguna propuesta o candidato¹. 

Recientemente, el asunto de las fábricas o bodegas de noticias falsas me llegó en otro artículo que claramente nos impactó a muchos de nosotros. Se nos demostró cómo se construyó una estrategia coordinada de noticias falsas creadas por varios grupos políticos del país, a través de muchas redes sociales, contra nuestro gran amigo y compañero Francisco de Roux, acusándolo de muchísimas cosas y con una misión clara de desprestigiar su trabajo al frente de la Comisión de la Verdad. El enlace de esta demostración clara y evidente de los alcances de unas mentiras fabricadas contra Pacho puede verse más abajo².  

Uno se pregunta hasta donde hemos llegado en la manipulación de las mentes de muchas personas. Además, lo más grave y serio –y a veces entristecedor–, es seguir encontrando en muchas redes sociales y aun en nuestros grupos de chat de amigos, que son las mismas personas las que una y otra vez continúan siendo “marionetas” de esos creadores de noticias falsas, promotores del desastre, profetas de los apocalipsis que ya llegan, etc. Me pregunto muchísimas veces por qué insisten en hacerlo.  

¿Será una necesidad de su personalidad negativa que quiere “contagiar” a sus amigos de sus temores y ansiedades? ¿Será que pretenden hacerme o hacernos cambiar de opinión para que pensemos igual que ellos? ¿Será que necesitan demostrar que su verdad es la única que vale y que eso que están publicando, la mayoría de las veces sin verificar la autenticidad de lo que reenvían, es una ayuda para “los pobres ignorantes” de sus amigos? O, simplemente, ¿es un afán constante de “permanecer vigentes” ante un determinado grupo para recordarle que su preferencia política es la correcta y que por ella debemos votar en el futuro? 

¿O será que han (hemos) caído sin darnos cuenta en las redes de quienes nos utilizan como sus multiplicadores, como los “idiotas útiles” de los cuales hablaba Lenin, que cooperaban sin saber en la expansión del comunismo, solo que esta vez contribuimos a la expansión de algo verdaderamente falso, manipulado por ideologías radicales, como marionetas, tanto de la derecha como de la izquierda política?

Entonces, ¿cómo recuperar el derecho a tener informaciones serias de fuentes confiables y comprobadas en este mundo en el que cualquiera se convierte instantáneamente en un “influencer” y en el que grupos políticos han decidido dividir a la población para conquistar los votos a su favor? ¿Qué pueden hacer las autoridades para controlar estos delitos infames contra el honor y el prestigio de otros, creados por esas maquinarias políticas que muchas veces tienen nombre propio? ¿Cuándo estos delitos empezarán a ser castigados? Varios amigos me han enviado los enlaces para aprender a hacerlo, para defenderme de esas informaciones maliciosas, para evitar seguir haciendo el papel de “marioneta” de otros y ser responsable con mis amigos y compañeros³. 

Mi única conclusión a las preguntas que he formulado es que YO SOY el único responsable de verificar la veracidad de lo que recibo y retransmito y que soy el único responsable de verificar que lo que envío contribuye a enriquecer a mis amigos y familiares. Mi regla de oro es esta: si es tan grave lo que denuncian, si me produce rechazo porque no me lo esperaba, debo verificarlo antes de apretar el botón de reenvío. Son muchos los casos que conocemos en los cuales tenemos que pedir disculpas por haber creado una disputa entre amigos o familiares por haber sido la “marioneta” de una noticia falsa que me utilizó para dividir y no para construir con mis conocidos y mi familia. 

Solo siendo responsable de lo que comunico, conseguiré el objetivo de transmitir verdades, de construir país, de compartir mis conocimientos, mi vida y el compromiso con el futuro de nuestros hijos y nuestras familias. 

__________________________

¹ Un informe muy completo puede verse en  https://youtu.be/Zsb8WWBWy2E

² https://colombiacheck.com/investigaciones/asi-se-movio-en-redes-la-narrativa-de-desinformacion-en-contra-del-padre-de-roux

³ Dos enlaces para ayudar a mis lectores al trabajo de verificar la veracidad de las noticias recibidas en redes sociales son estos: https://latam.kaspersky.com/resource-center/preemptive-safety/how-to-identify-fake-news y https://www.unicef.org/colombia/casicaigo

Darío Gamboa

Octubre, 2022

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Ante la propuesta de dedicar dos sesiones para compartir las poesías favoritas de nuestra autoría o de algún poeta preferido, nuestro grupo tuvo dos “Tardes de poesía” o “Patio de los poetas”. Se presentaron inspiraciones escritas hace muchos años o recientes, o escritas por otros poetas ‒famosos o no, familiares o compañeros jesuitas‒ a quienes admiramos y de quienes aprendimos a colocar en el papel los pensamientos y sentimientos de momentos y circunstancias especiales. En este Patio de los Poetas que iniciamos esta tarde en nuestra sección de cultura compartiremos con nuestros lectores los videos de estas muestras especiales para cada uno. 

Exjesuitas en tertulia – 7 de Julio, 2022
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