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Al recibir la noticia ayer de la transición de mi gran amigo Alfredo Cortés, quien con su esposa Elsita nos inspiraron para vivir en esta ciudad de Alicante desde hace casi dos años y medio, mi corazón adolorido me guió para escribirle este mensaje de despedida, luego de haberle besado su frente hace dos días en el hospital y haberle dicho que lo quería mucho…. En su honor también les transcribo su última intervención en nuestra tertulia.

Haz click aquí para disfrutar de la última intervención de Alfredo en nuestras tertulias: https://youtu.be/Vr4fZeoao2I

Exjesuitas en tertulia- 12 de Marzo, 2026

Querido Alfredo:

Tu adorada Elsita me acaba de informar que hace unas horas te has marchado de esta existencia nuestra, a iniciar tu nueva vida, dejando los sufrimientos y los dolores que te agobiaron en los últimos meses, pero-me lo habías dicho- feliz de haber hecho realidad los sueños de tu existencia al haber construido una familia ejemplar y haberlos traído a triunfar a este paraíso de país y de ciudad, del cual hablamos muchas veces  y al cual nos ayudaste también  a instalarnos y hacer de él también nuestro paraíso con Pily. 

Anoche, hacia las 3 de la madrugada, me desperté súbitamente, e inmediatamente pensé en ti y en tu angustia y tu lucha cuando te visité hace dos días en el hospital y, dada la gravedad en la que estabas ayer, pensé que te estabas despidiendo de mí en la tranquilidad de nuestros subconscientes que probablemente se hablaron y se abrazaron con el amigo de la vida común de jesuitas con quien nos vinimos a re-encontrar en el ocaso de nuestras vidas. Gracias por ese abrazo de amigo!

Recuerdo perfectamente la fiesta que nos hiciste  con Elsita  hace dos años y medio cuando llegamos a tu apartamento de Alicante  para iniciar esta nueva etapa de nuestra vida en tu paraíso de ciudad. Recuerdo tus visitas, los encuentros, las dos noches de año nuevo en nuestro apartamento, tu inseparable poesía, las lágrimas de amor inexplicables al compartir las alegrías del vivir, de tus hijos, de tus hermosos nietos en sus video llamadas , el orgullo con que compartiste y nos entregaste cada rincón de tu ciudad, tu región y tu país en nuestras escapadas familiares por esta región bendita a donde me invitaste a vivir. 

 Tu vida, inundada de poesía, nos dejó hace un par de meses en nuestra tertulia de exjesuitas, cuando compartíamos lo que hacíamos para mantener la longevidad, el mayor  testimonio de amor por Elsita, la extraordinaria mujer que la vida te regaló . Estos meses de sufrimiento por tus enfermedades nos demostraron la intensidad del amor con que fuiste correspondido por una mujer valerosa, entregada, prudente, paciente y profundamente amorosa que se entregó a ayudarte en cada instante, con cada dolor, a consentirte con dulzura e infinita bondad, testimonio de su intensidad, su calidad humana y su amor por ti. 

Pero no te has ido, sólo has dado un paso a otro tipo de permanencia con nosotros. Permanecerás con los tuyos, con tus compañeros, con tus amigos, en la presencia que no se siente, que probablemente no se vea, pero que internamente nos marcó nuestra vida por los valores que trasmitiste a tus hijos y sus familias, por la integridad de tus enseñanzas, tu ejemplo de vida, de amor, tu hospitalidad, tu don de gentes y tus lecturas y tu poesía que te enriquecieron y se desdoblaron en infinitas conversaciones sobre todos los temas que nos regalaste y seguirán haciéndolo en las marcas que has dejado en cada uno de nosotros. 

Sigues vivo amigo! Has descansado del dolor y del sufrimiento pero seguirás siendo ese faro de luz para Elsita y tus hijos y sus familias y también para nosotros. Seguiremos muy cerca de ellos y ciertamente de ti. 

Hasta pronto querido Alfredo!!  Te lo dije el último día que te vi al despedirme: 

“Te quiero mucho”!

Darío Gamboa

Alicante, España

25 de Mayo, 2026

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Esto lo escribe un exjesuita a sus 81 años.

Anoche, conversando con unas primas de Pily que yo no conocía y nos visitaban, surgió la pregunta que con frecuencia me hacen cuando saben algo de mi historia: ¿qué cree hoy alguien que pasó casi diez años de su vida —de los veinte a los treinta— estudiando humanidades, letras, filosofía y teología para ser sacerdote en la Compañía de Jesús?

Respondí con la sinceridad máxima que me caracteriza. Creo en la Energía. En esa energía de la cual me siento parte y que se materializa en mi cuerpo y mis pensamientos, en mis deseos, en mi consciente y en mi inconsciente. En las cosas, en la naturaleza, en los animales, en el mar que me rodea y me invade. En las palabras con las cuales transmito lo que pienso, en los afectos que expreso, en las ondas con las cuales me comunico con otros seres humanos en el simple y profundo intercambio de la vida presencial, en mis reuniones por Zoom con mis amigos y en las trasmisiones cuánticas de homeopatía y los diálogos pre-sueño con el subconsciente que nuestros amigos Guillermo y Alberto nos enseñaron.

Esta mañana me desperté con pensamientos que aparentemente se formaron durante el sueño. Y me di cuenta de que lo que compartimos anoche —esa conversación sobre creencias— no era tan diferente de lo que viví durante años rezando en silencio dentro de una capilla. La oración de antes, pienso yo hoy, no era otra cosa que la transmisión mental y cuántica de esa energía que me conectaba con Jesús, con la Virgen, con los santos. Una forma de sintonía. Un canal abierto hacia algo más grande que uno mismo.

Lo que ha cambiado no es la conexión. Lo que ha cambiado es el nombre que le doy. Y en esa misma conexión viven también mis muertos. Mis padres y mi hermana que murieron hace décadas, siguen completamente vivos en mí: en el gesto con que tomo el té por las mañanas, en ciertas palabras que uso sin darme cuenta, en la forma como me río. Los que amamos y perdemos no desaparecen —su energía se transfiere, se aloja en nosotros, continúa moviéndose a través de nuestras decisiones y nuestros afectos. Los muertos que hemos amado son quizás la prueba más cotidiana y contundente de que la energía no se destruye: se transforma. Se queda. Sigue hablando desde adentro y a veces desde fuera.

Y si esa energía no muere, sino que se transforma, ¿por qué no pensar en la reencarnación no como dogma sino como posibilidad física? Creo que la energía que soy regresará en otro cuerpo, en otra planta, en otro animal, en otra ola del mismo mar que hoy me rodea. Creo que lo que llamamos muerte no es el fin, sino el momento en que esa energía que somos se libera de su forma temporal y regresa a la corriente grande, a la energía cósmica eterna de la cual vino. La muerte, entonces, no es una puerta que se cierra, sino un umbral hacia la eternidad donde esa energía continúa —sin nombre, sin el mismo cuerpo— pero intacta en su esencia.

Hoy esa misma energía me conecta invisiblemente con mi esposa con una mirada de afecto, con mis hijos que viven lejos, a través de una llamada, un mensaje de WhatsApp, un pensamiento que les envío antes de dormirme. Me conecta con mi familia, con el mar, con las realidades sociales y políticas de las cuales formamos parte. Y me conecta también —todavía, profundamente— con la persona y la vida de Jesús. No con la institución que sus discípulos construyeron y que ha llegado a convertirse en un poder hegemónico en nombre de “la palabra de Dios”, sino con él. Con lo que dijo, con lo que vivió, con la energía que irradió y que dos mil años después sigue moviéndose entre nosotros.

Porque eso es precisamente lo fascinante: esa energía no muere. Se transforma, se transmite, se expande. Cuando pienso, emito. Cuando hablo, emito. Cuando deseo, cuando me propongo hacer algo, cuando escribo estas notas al amanecer, emito. Y lo que emito viaja, toca, regresa transformado.

Las grandes religiones del mundo, tan distintas en sus formas y rituales, son en el fondo otras tantas maneras que la humanidad ha encontrado para sintonizarse con esa energía cósmica en la que todos vivimos. Diferentes lenguajes para la misma conversación fundamental. Diferentes caminos hacia la misma corriente. Y todas ellas, a su manera, han intuido lo mismo que yo intuyo hoy: que hay algo que no acaba, que somos más que este cuerpo temporal, que la muerte es una transformación y no una extinción.

A los 81 años, habiendo recorrido un camino de fe que empezó en los claustros de la Compañía de Jesús y que hoy me tiene frente al mar escribiendo estas reflexiones, lo que siento es que nunca he dejado de creer. Simplemente aprendí a llamarle a esa creencia por su nombre más honesto: Energía. Conexión. Presencia. Vida que no termina, sino que cambia de forma.

Y en eso descubro que estamos todos —creyentes y no creyentes, exjesuitas y agnósticos, humanos y animales, plantas y olas del mar, estrellas lejanas y muertos queridos que siguen vivos en nuestra memoria y probablemente en otras personas superiores— nadando en la misma corriente invisible que nos mueve, nos une y nos sostiene. Ayer, hoy y en la eternidad de la cual venimos quizás en vidas pasadas y hacia la cual todos, sin excepción, nos dirigimos.

Darío Gamboa

Alicante, Marzo 1, de 2026

Revisión de texto: Claude (una inteligencia artificial).

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Uno de los temas más debatidos en los últimos meses en muchísimas partes del mundo, fue traído a nuestra tertulia con el fin de esclarecer muchas teorías, percepciones, verdades y mitos sobre una realidad que impacta a millones de personas en el planeta. Con la ayuda de la Inteligencia Artificial, Darío nos presentó una síntesis de las respuestas a múltiples interrogantes que se hacen las personas locales, los gobiernos y los migrantes sobre la conveniencia o no de este intercambio de culturas y este aprendizaje sin fin de la convivencia humana en otros lugares diferentes a los países de nacimiento. Compartimos estas reflexiones con nuestros lectores.

Exjesuitas en tertulia- 4 de Septiembre de 2025

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Dedicamos en Julio una tertulia, preparada varias semanas antes a través de la lectura del libro reciente sobre el Papa Francisco, para conversar entre amigos sobre el impacto, las conclusiones, observaciones, reacciones o ideas clave de este libro reciente de Javier Cercas. Trece de nosotros compartieron sus escritos, puntos de conversación o improvisaciones sobre el tema. La tertulia se convirtió en un homenaje a la memoria y el impacto que tuvo el recién fallecido Papa en la transformación de la Iglesia católica. Hoy compartimos una de ellas.

Exjesuitas en tertulia- 24 de Julio, 2025

Mis reacciones al libro “El loco de Dios en el fin del mundo”.

Dario Gamboa- Julio 2025

Jorge Luis Puerta me había invitado hacía dos o tres días, por un mensaje de “Whatsup”,  a no perderme este libro. El 5 de Abril, un exalumno mío de hace 50 años que vive en Alicante, me envió otro mensaje recomendándome este libro que había comenzado a leer, y entonces decidí comprarlo. 

Lo leí en dos semanas y terminé de leerlo el sábado 19 del mismo mes, conmovido hasta las lágrimas al leer la última parte del mismo. El domingo 20, día de Resurrección presencié por TV la bendición del casi agonizante Papa que difícilmente podía hablar y era llevado en su silla de ruedas luego de su última bendición. Desperté el Lunes 21 con la noticia de su fallecimiento y agradecí que hubiera pasado dos semanas de mi vida aprendiendo del testimonio de su vida a través del gran escritor y su aventura que me habían enganchado extrañamente para mí, que no soy un gran lector de libros.

El centro de su libro, la resurrección, acababa de celebrarse en la iglesia y yo acababa de presenciar la “resurrección”, la transición del objeto del libro que acababa de leer,  al día siguiente del día de la resurrección. Pensaba y me hacía consciente de que estaba muy lejos de la fe que tuve entre mis 20 a mis 30 años, cuando fui Jesuíta, pero al mismo tiempo sentí una consistencia tremenda con lo que había leído del libro y la profundidad de esa fe de “carbonero” que llamábamos -casi sub-valorándola-  en aquellos años de formación para el sacerdocio.  Esto era la trama esencial de la pregunta central del libro del periodista/escritor hacia el papa Francisco, que utilizó magistralmente para acercarme a la personalidad de un hombre quien, durante su papado, me mantuvo en contacto con lo que fue el centro de referencia de mi vida hace más de 50 años.

El libro me marcó por su sencillez en ir descubriendo elementos importantes de los aportes del Papa Francisco a las reformas de una institución que respeto con cariño enorme, de la cual me había distanciado durante muchos años, pero que he acompañado desde la distancia con interés y con gratitud. Acompañar las reformas del primer Papa Jesuíta de la historia me fueron acercando poco a poco a través de los años, y en particular a través de algunas de nuestras tertulias de grupo, como las que dedicamos a su encíclica Fratelli Tutti y la semblanza que Fernando Mendoza nos ofreció de los desafíos que tenía durante su papado ante las necesidades de una iglesia más cercana a nuestra realidad.

Me llamaron la atención en el libro de Cercas, temas como la sinodalidad como una dinámica eclesial de horizontalidad y democracia sana en la toma de decisiones , la simplicidad de una fe sin complicaciones de la cual me refería al comienzo como el núcleo del libro, una crítica abierta y sincera al clericalismo de la iglesia y un esfuerzo gigantesco por acabar la imagen y la realidad de la alianza con y el poder inmenso de la estructura eclesiástica que trae desde casi el siglo tercero y que combatió con sinceridad y mucho arrojo.

Me impactó también la forma como Cercas descubre en la personalidad del Papa Francisco, al jesuíta original que resurge luego de muchos años alejado de la Compañía, al asumir el papado y haberse “convertido” como lo notaba Jaime Heredia -un compañero nuestro- que le conoció en su vida de Jesuíta en Argentina. 

Otro tema que me llamó mucho la atención durante la lectura, fue el descubrir a un Papa plenamente humano en sus limitaciones y profundamente humilde, en contraste con el Jesuíta argentino que en sus años de superior en ese país había dejado impresiones de arrogancia, soberbia y quien siempre se reconoció, cuando fue Papa, como un pecador que solicitaba que todos rezáramos por él. 

Diría que, en resumen, este libro me ofreció una visión íntima y reflexiva del papa Francisco, resaltando sus intentos de reformar la iglesia desde dentro, su enfoque en la espiritualidad del discernimiento jesuíta y su lucha por una institución más cercana e inclusiva de los fieles en su diversidad y más alejada de las estructuras de poder tradicional, más “periférica”. 

Para concluir, creo que este libro me ha llegado en un momento muy interesante de mi vida en el cual , a través de las memorias que estoy escribiendo de mi vida, como que se juntaran mis creencias actuales en el Dios de la Energía del universo que permanece y ha permanecido para siempre, dentro del cual vivo este pedazo de tiempo terrenal , con el Dios de todas las religiones y personas que conozco, que mantiene esa fe básica de que perduraremos para siempre, en esa fe simple de carbonero, que me da paz y que le da sentido al momento actual y a la realidad del futuro, llámese ella resurrección, reencarnación, transfiguración, o cualquier nombre que se le quiera dar a esa esperanza de eternidad que todos tenemos.  Eso, me da paz, como me la ha dado este libro maravilloso de Javier Cercas. 

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Coincidiendo nuestra tertulia del 1 de Mayo con la fiesta internacional del trabajo, decidimos centrar nuestra tertulia de ese día en un aporte voluntario de los participantes de las reflexiones que cada uno hizo sobre experiencias positivas y las más desafiantes de sus historias individuales en el mundo del trabajo. Esta perspectiva de un grupo de amigos, ya jubilados casi todos, sobre la riqueza del trabajo y su conexión con la educación, ahora desde una perspectiva más madura y objetiva, la queremos compartir poco a poco en las próximas ediciones de este blog como nuestra contribución para los lectores.

Exjesuitas en tertulia- 1 de Mayo, 2025

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La primera tertulia de este nuevo año 2025 fue una oportunidad para que compartiéramos, entre amigos, el balance de nuestras reflexiones de resumen del año que terminó y la agenda para el año que comienza. La riqueza de las contribuciones y la espontaneidad de todos puede servir también para nuestros lectores y por eso decidimos compartirla hoy y en próximas entregas.

Exjesuitas en tertulia- Jueves 9 de Enero, 2025

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En nuestra tertulia de los jueves, el 9 de marzo nos propusimos intercambiar nuestras experiencias, a propósito de este tema. Darío Gamboa se animó a escribir y a compartir con nosotros lo que sigue…

Al pensar en este tema, inmediatamente surgen las mujeres que marcaron mi vida en todas sus etapas. Las de mi infancia, adolescencia y juventud y las que aprendí a conocer durante mi juventud y después en mi época de jesuita.

Luego, al salir de la Compañía de Jesús, las que seguí descubriendo y con las que me relacioné durante mis años de postgrado y mis primeros años de profesional tanto en los Estados Unidos como en mis diez años en Brasil. Allí, después de una breve experiencia de convivencia, quien refresca e inunda mi memoria es Pilar, mi esposa, con quien llevamos juntos los últimos 33 años en los Estados Unidos y ahora en España, la madre de mis hijos y la persona con quien disfrutamos nuestros días y nuestras noches, nuestros sueños y nuestros proyectos, los viajes, la familia y los amigos, es decir, toda una vida en común.

Las primeras imágenes del pasado me traen a una Madre compartida con seis hermanos, yo el menor de todos. Separada en la práctica de mi padre, poco después de mi nacimiento, fue quien se echó encima de su breve educación y experiencia de vida -a los 15 años- el compromiso de “sacar adelante” a sus hijos, con limitaciones económicas, con sacrificios inmensos, con el literal “quitarse el bocado de su boca” para que alcanzara la comida para todos, con la dedicación total y exclusiva a sus hijos.

Soñaba muy alto. Logró negociar con el rector del Liceo Francés para que le recibiera sus 6 hijos por la pensión de 3, porque quería darles la mejor educación posible, que ella no había podido disfrutar! Un sinónimo de sacrificio, entrega, protección, con funciones de papá y mamá mezcladas con cariño y firmeza.

La segunda mujer en mi infancia y juventud fué nuestra única hermana (la segunda), para quien fui su “nené” por ser el menor; me mimaba y consentía. Quiso volar muy alto, en un mundo ilimitado y precoz para esa época. En vísperas de retirarse de su trabajo como cabinera internacional de Avianca para casarse, el error humano de un piloto nos la arrebató de esta vida en una montaña del Perú a sus 23 años… De ella, la gran huella de su enorme libertad personal, su romper todos los esquemas de la época, su pasión por las culturas, los viajes, el aprender, hablaba 4 idiomas perfectamente, el soñar y pensar siempre en grande!

Luego vienen mis compañeras del Liceo Francés, desde kinder hasta 4º de bachillerato. Algunas más bellas que otras, muchas de diferentes países y culturas y con quienes muchos amores platónicos -nunca expresados- de vez en cuando se materializaban en furtivos encuentros en los recreos, pero nunca en una relación de amistad o cariño mayor que lo normal entre compañeros.

A mis 14 años, y luego de la muerte de mi hermana, mi vida cambió y nos mudamos muy cerca de donde conocí, por invitación de un compañero del Francés, al P. Hernán Umaña y a la Congregación Mariana de los Gonzagas. A través de este grupo juvenil vibrante y comprometido, conocí la Compañía de Jesús y mi devoción por la Virgen María llenó mis ideales juveniles de realizaciones grandes por la humanidad, durante varios años. Allí, las hermanas de los Gonzagas y algunas congregantes de otros colegios, eran objeto de sueños de amor, para quienes estábamos casi listos a ser jesuítas.

Entré al noviciado de los jesuítas a los 20 años, desde la Universidad, y enamorado de verdad de la hermana de un compañero. Eso se disipó rapidamente con la complicidad del P. Maestro de Novicios quien me entendió y ayudó a resolver con hidalguía y espiritualidad, y ella logró comprenderlo.

En la Compañía me encontré con que esas mujeres que me habían acompañado sin mayor complicación en mis primeros 20 años se convertían, por causa de mi “vocación”, en algo “prohibido”, a lo cual debía renunciar por una causa mayor y más noble que abracé con entusiasmo juvenil.

La mujer se convertiría entonces en la gran “tentación”, lo que fue para mí una lucha interna permanente. En los apostolados me enfrentaba a esa realidad al seguir trabajando con jóvenes. Desde el noviciado, con el Movimiento familiar cristiano de los profesionales de Belencito, con sus jóvenes hijos y luego en el colegio de la población de Sta Rosa. Siempre me sentí atraído y siempre sentí que mi situación de “prohibido”, acrecentaba el anhelo, muchas veces inconsciente de esas jóvenes, por conquistar eso tan difícil…

Esto lo sentí mucho más intensamente durante mis años de magisterio en Medellín y Bogotá y especialmente después, en Filosofía y Teología, cuando por casualidades de la vida y por haber aprendido a manejar dinámicas de grupos juveniles con el P. Vela en mi época de magisterio, comencé, con algunos compañeros jesuítas, a ser requerido para los primeros “retiros y convivencias creados por nosotros” con colegios femeninos, masculinos y mixtos en Bogotá y otras ciudades de Colombia.

En esas experiencias de convivencia religiosa y autoconocimiento para los y las jóvenes durante los últimos cuatro años de mi carrera -casi todos los fines de semana- ni ellos ni ellas se imaginaron lo que contribuyeron a mi formación, al descubrimiento de mi inmadurez afectiva y de mi realidad insostenible, fruto de la decisión religiosa que había hecho con el voto de castidad.

Las luchas internas que tuve y las que tuvieron varias de mis amigas que tenían contacto con nosotros, cada vez eran más claras. Sentirme lo “prohibido” y también “lo inalcanzable”, precisamente por ser “lo intocado”, era comprensible y de alguna manera injusto para mí, pero mucho más injusto para ellas. A ellas, hoy les pido perdón por haberlas hecho sufrir, sin habérmelo propuesto desde luego! Pero a ellas también les debo la gratitud por haber contribuido a la claridad de una decisión que tomaría poco después, en los retiros previos para la petición del diaconado y del sacerdocio.

La elección era seguir SUBLIMANDO para el resto de mi vida y rechazando el amor por una mujer y de una mujer, sintiéndome incompleto, inmaduro y frustrado? O hacerlo por debajo de cuerda, como lamentablemente vine a saber después que pasaba con frecuencia. RENUNCIÉ a RENUNCIAR MÁS! Pedí salir de la Compañía de Jesús y mi objetivo personal fue entonces formar un hogar con una mujer.

Desde mis 30 años, al salir de la Compañía, a la fecha -casi 50 años después- la evolución de mi relación con lo femenino se fue descubriendo al querer vivir a plenitud todas las etapas que había dejado suspendidas. Lo hice de manera inconsciente y también consciente, pero siempre responsable en mis comunicaciones y conocedor de mi situación de “encantador” y “encantado” en un mundo internacional universitario y luego profesional en varios países, situaciones que me enriquecieron profundamente.

De lo físico inicial, pasé a complementar las relaciones, a experimentar situaciones de diversidad de personalidades, de culturas, de ausencias, de machismos culturales de donde yo venía. Aprendí que somos diferentes e increíblemente atractivos para algunos y algunas, aunque no siempre comprendamos comportamientos emocionales o familiares cuyos orígenes se nos pierden. Aprendí, y todavía aprendo, de la maravilla de las mujeres en su diversidad de compañeras de clase, de fiesta, de viajes, de cómplices, de trabajo, supervisoras, subordinadas o pares.

Y llego al presente de esta evolución, cuando comienzo a compartir la vida, desde hace 33 años, con la persona que, estoy convencido, había sido destinada por el Universo para vivir la vida conmigo, hasta que nuestras existencias actuales se sigan transformando y por toda una eternidad…

Me refiero a esa persona con la cual puedo ser exactamente lo que yo soy, la que me respeta como soy y a quien respeto como es, la persona que al compartir con ella paternidad y maternidad, aprendí a admirar e inclinarme ante ella con humildad en los momentos inolvidables y cuasi-místicos para mi, los de dar a luz para la vida a nuestros dos hijos y poder cortar sus cordones umbilicales, para entonces seguir caminando por la vida de la mano, construir juntos una familia y vivir juntos hasta nuestros días.

En resumen, la Madre admirable y siempre cercana a nuestros hijos, la amante, la cómplice de las aventuras, la socia de las decisiones más rápidas y valientes de nuestras vidas, mi polo a tierra, la que me inquieta en lo espiritual, la que me saca de lo tradicional, la que no tiene prejuicios religiosos, la que nos abre a muchos amigos, el centro emocional de la familia, la artista, la agente de viajes, la emprendedora por causas nobles, la alegría de la música de su vida, en una palabra “el cuello” de esta familia que sutilmente mueve “la cabeza” o me hace creer que soy la cabeza….alguien con quien, puedo decirlo con tranquilidad, aunque somos diferentes, somos UNO.

Nuestros hijos han podido nacer, tener su infancia y juventud, durante nuestros años de madurez profesional. Han podido crecer en un mundo mucho más abierto, sin tanto prejuicio religioso, lo que nos ha permitido procesar la homosexualidad de nuestro hijo mayor, abriéndonos aún más, a mundos insospechados de respeto y valoración del ser hombre o mujer, o gay, o lesbiana, o bi-sexual, asexual, conviertiéndonos a todos en admiradores de la variedad de cada ser humano.

Hoy, al aprender tanto de la mujer a lo largo de mi vida, también he podido valorar, integrar y aceptar conductas de mi lado “femenino” tradicional. Puedo expresar mis sentimientos abiertamente; llorar en los momentos lindos de la vida y “hasta en la despedida de un avión de carga” como dice una amiga, sentir con las plantas y los animales y la conservación del medio ambiente y gozar de la vida en plenitud gracias a la existencia de la MUJER que me ha enseñado tanto de esta realidad del universo que vivimos.

Muchas gracias a todas las mujeres de mi vida y a quienes nos completan y han completado en nuestras vidas. Somos incompletos sin ellas!!! Seguiremos aprendiendo de ellas!!!

Dario Gamboa

Alicante, España

Mayo 2024

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En la tertulia del 23 de mayo pasado, decidimos intercambiar las experiencias que cada uno había tenido con el dinero…

En mi infancia, como el menor de seis hermanos y ya en Bogotá con mi madre y hermanos -mi padre seguía trabajando en Cali, pues ya se había dado la separación no formal con mi madre- mi relación con el dinero fue factual: sabía que “el giro” de mi papá llegaba los comienzos de cada mes, enviado a mi hermano mayor (quien estaría en sus 14 o 15 años), para entregárselo a mi mamá para los gastos de la familia.

Mis padres habían decidido no dirigirse la palabra ni verbalmente ni por escrito, y entonces era mi hermano mayor el “interlocutor del dinero” entre mis padres. El dinero dividía y unía una familia y también era una obligación que el hombre tácitamente adquiría…al casarse…. La palabra que mi madre utilizaba era entonces “la obligación de su papá”, para referirse a ese dinero, lo cual denotaba quién era el responsable de producirlo, en nuestra sociedad machista tradicional. Ya no lo es tanto en nuestros días… afortunadamente.

Cuando ese dinero llegaba, mi madre lo utilizaba para pagar cuentas atrasadas del “fiado” de la tienda de la esquina, los servicios públicos, las pensiones del colegio de 6 hijos que había negociado por el valor de tres y el resto se utilizaba para las compras, para el diario de la semana, para ir a la carnicería o al vecino de la tienda de la esquina que nos proveía lo necesario para nuestra alimentación.

Mi madre se convirtió en una auténtica malabarista para hacer rendir ese dinero entre todos los gastos de la casa. Nunca era suficiente…. siempre había que privarse de algo, pero nunca podía faltar la comida en la mesa para todos. Siempre fuimos vestidos a los colegios a la altura de nuestros compañeros, algo de lo cual cuidaba mi madre con especial devoción, en una sociedad muy marcada entonces y creo que aún lo es, por las “apariencias” externas y los niveles sociales…

En mis años de adolescencia -cuando mi hermano mayor estudiaba su universidad en la nocturna y también trabajaba- se convirtió en la gran ayuda para todos. A mí me dejaba los inolvidables “dos pesos” encima de su mesa de noche para que, al madrugar yo para el colegio, los tomara sin despertarlo y los utilizara para mis “onces”.

Poco después fue mi hermana (la segunda y única mujer) quien también, al emplearse contra la voluntad de nuestros padres como cabinera internacional para Avianca, contribuyó también a la economía del hogar, trayéndome siempre muchos regalos de sus innumerables viajes internacionales, además de una bolsa grande de chicles bazooka, que yo vendía entre mis compañeros del Liceo Francés.

Ese fue mi primer negocio personal, buscando algún dinerito para mis gastos juveniles. También por cuenta del trabajo de mis hermanos para la época de Navidad, conseguí mi primer trabajo de empacador y detective informal, en el almacén Alfonso Puerta y Cía. de la carrera 7ª con la avenida Jiménez. Con mi primer sueldo le compré un regalo de Navidad a mi madre. En los años siguientes, al crecer los hijos, ella también decidió emplearse en Sears ….

Así pues, el dinero siempre fue de todos, principal responsabilidad de los mayores, quienes entregaban sus sueldos a mi madre para la “caja familiar”.

Después de la muerte de mi hermana, al ingresar a los Gonzagas a los 15 años, conocí al P. Umaña. De él aprendí que cualquier causa noble y constructiva, como lo era su trabajo con jóvenes de Bogotá, podía contar con un sistema de donaciones mensuales que él llamaba los “bienhechores Gonzagas”.

Ellos eran una gran ayuda para financiar a quienes no podíamos pagar las cuotas para los paseos, comprar libros, o música e implementos deportivos y ofrecer un lugar decente y atractivo en la curia provincial de los jesuitas para que nosotros nos sintiéramos atraídos a ese centro de actividades durante todos los días de la semana.

Siempre tuvo dinero para pagar mi cuota del paseo de fin de semana, lo que facilitaba el permiso correspondiente de mi familia. Aprendí también de él que era mucho mejor y más económico comprar cosas de buena calidad y durabilidad, aunque fueran de precio alto, que comprar cosas de mala calidad que se deterioraban con mayor rapidez. Sabia enseñanza que he mantenido toda la vida.

Era un maestro para conseguir dinero entre bienhechores y las familias de otros compañeros. Así tenía siempre todo lo necesario para un auténtico club juvenil abierto a muchísimos jóvenes de la ciudad, de diferentes colegios y, de paso, descubrir algunas incipientes vocaciones a la Compañía de Jesús.

Cuando ingresé a la Compañía a los 20 años, me impactó que todos los regalos que recibíamos, incluidos los que mi familia me hacía, se le entregaban al P. Maestro de novicios, para que los utilizara quien los necesitara. Fueron mis primeros ejercicios de desprendimiento de las cosas y la no pertenencia, ni la necesidad de casi nada.

Fue una gran escuela para posteriormente, en la vida, ser el peor compañero de compras de mi esposa, pues no sentía ninguna atracción por las vitrinas, ni tampoco caía en la tentación de comprar lo que se me colocara al frente.

En otras etapas de la formación como jesuita tuve mayor acceso al dinero por pagos recibidos cuando dirigía convivencias para jóvenes de muchos colegios en Filosofía y Teología. Siempre fueron entregados al P. Ministro de turno, luego de cubrir algunos gastos para la preparación de materiales o para la revisión de resultados. Era una pobreza relativamente fácil de llevar, pues se tenía acceso a todos los medios, cuando se trataba de gastos para los apostolados en los que nos fuimos involucrando.

Al retirarme de la Compañía a mis 30 años, mis estudios de post-grado en los Estados Unidos fueron totalmente autofinanciados con múltiples trabajos que oscilaron desde la limpieza de la cocina y el restaurante de alumnos en la cafetería de la Universidad todos los días a cambio de la alimentación, hasta la enseñanza de Francés y Español a primíparos del departamento de Lenguas Extranjeras.

Mi primer trabajo como profesional luego de mi maestría, fue ofrecido en Estados Unidos por Augusto Franco, en una convención donde ambos participábamos, para regresar a Colombia, substituyendo a otro exjesuita, Reynaldo Hernández, en la Dirección de Estudios en el Exterior de Icetex.

Un año exacto después, al recibir mi visa de residente en los Estados Unidos, obtuve mi primer trabajo allí, en la Universidad de Minnesota. Este trabajo me dio un salario suficiente para sobrevivir como estudiante del doctorado, como empleado de la Oficina para Estudiantes Extranjeros, pero no alcanzaba para ahorros ni tener mayores comodidades, como sucede con la mayoría de los trabajos académicos.

Entonces, el mundo de las corporaciones multinacionales apareció con una oferta que multiplicaba varias veces mi remuneración y beneficios de la Universidad, además de trasladarme a Brasil para asumir una responsabilidad enorme en el Citibank de ese país, como ejecutivo internacional de Recursos Humanos.

Casi con 40 años y de allí en adelante, mis responsabilidades y mis ingresos fueron aumentando. Luego de 10 años regresé a Miami con otras multinacionales, lo que nos permitió, ya como familia, educarnos, viajar y ahorrar, pero también compartir con la familia ampliada, especialmente en Colombia, nuestros beneficios que, por fortuna, crecieron generosamente hasta el final de mi carrera en las empresas hace 5 años.

El dinero entonces ha sido en mis últimos 40 años, el instrumento para ofrecer a nuestros hijos la educación que escogieron, en los lugares y costos que eligieron, con el único objetivo de dejarles ese importante legado. Nos ha servido también para expandir horizontes viajando mucho en nuestras vacaciones.

En el manejo del dinero con mi esposa han prevalecido siempre los criterios de “no es mi dinero, o tu dinero” sino “nuestro dinero”, de adquirir solo lo absolutamente necesario, de no desperdiciar, de repartir o donar cuando no se utiliza algo, de ahorrar siempre para la vejez, de invertir con audacia pero bien asesorados, de tener total transparencia en nuestras cuentas, incluyendo a los hijos, de tener todo a nombre de todos. En una palabra, de considerar que el dinero familiar es de todos siempre y de quien lo necesite. Para ahora recoger en estos años dorados de la vida lo que hemos sembrado, para seguir creciendo y seguir compartiendo.

Al ser el dinero un símbolo del intercambio de bienes y servicios entre las personas, lo veo como un instrumento que ofrece seguridad, felicidad y muchas oportunidades de compartir efectivamente con nuestros semejantes. Lamentablemente muchas veces el dinero , he sido testigo, puede ser la causa de muchas desaveniencias familiares y sociales que han producido y producen tanto dolor familiar y social. El dinero para mí, no es, no ha sido, ni será “La felicidad “ en sí, pero sí un canal, un medio y un instrumento para conseguirla, mantenerla, ofrecerla y buscarla.

Doy gracias a la vida que me ha dado tanta felicidad!!.

Darío Gamboa

Junio, 2024

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En nuestra tertulia del 15 de febrero, tuvimos el regalo de conversar con el Padre Arturo Sosa, S.J., general de los jesuitas en el mundo. A raíz de su presencia y de lo que nos dijo, consideramos estimulante traer a nuestro blog “en vivo y en directo”, las manifestaciones de algunos de nosotros.

Exjesuitas en tertulia, Febrero 22, 2024
Exjesuitas en tertulia, Febrero 22, 2024
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Para nuestra primera tertulia de 2024, compartimos con nuestros compañeros nuestras reflexiones individuales sobre lo aprendido durante 2023 y nuestros proyectos personales para 2024. Publicamos ya la semana anterior el video de todas las intervenciones de la tertulia, y compartimos ahora algunas contribuciones individuales que nos han enviado sus autores.

Exjesuitas en tertulia- 11 de Enero, 2024- Intervención de Dario Gamboa
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No tuve que pensarlo mucho tiempo: fue el “café con leche” de mis años de adolescente, en las fogatas de los campamentos scouts de los Gonzagas, con Hernán Umaña S.J. al final del día. 

Resumíamos así en grupo lo que cada uno de los que estábamos en el campamento habíamos encontrado de positivo o de negativo de todo lo que había pasado en nuestro día. Lo que había funcionado bien y lo que hubiera podido funcionar mejor. Éramos muy claros y honestos en descubrir estos temas. Inmediatamente, el padre Umaña le agregaba lo que él llamaba “el azúcar” -balance entre lo positivo y lo otro- mezclado con los aprendizajes del grupo.  

Luego, al ingresar a la Compañía de Jesus, descubrí que esa práctica de revisar el día, no era otra cosa que “el examen de conciencia”, costumbre que San Ignacio de Loyola, fundador de los Jesuitas, había dejado plasmada en sus prácticas originales para la formación de quien ingresara a la orden, desde el primer día.

Al recorrer mi vida en contacto con los Jesuitas, años antes de ser miembro de la Compañía de Jesús –de los quince a los veinte años– y durante los casi 10 años que estuve dentro de la orden preparándome para ser sacerdote –de los 20 a los 30 años–encontré que, de los múltiples comportamientos que dejaron una huella indeleble en mi vida, ciertamente el que más me marcó, sin duda alguna, fue esta breve práctica diaria que aprendí de joven, practiqué dos veces al día siendo jesuita, seguí practicando consciente e inconscientemente durante mi vida como profesional, y continúo practicando aún hoy. 

Lo seguiré haciendo mientras sea consciente, por el resto de mis días en esta vida y quizás también en las que vengan en el futuro. Se ha incorporado definitivamente en mis hábitos de vida probablemente como la mayor arma de crecimiento como persona, de auto-conocimiento, de auto-control, de auto-propulsión. 

Detener lo que se está haciendo para reflexionar, revisar cuidadosamente lo vivido y sacar conclusiones tanto positivas como para aprender de lo que ha pasado durante el día, la parte del día, el proyecto, la actividad, el año, la época  de vida. Esto se volvió ciertamente un modo de ser que, al incorporarse en mí, me ha servido como un arma muy poderosa a nivel personal, profesional, matrimonial, familiar, y de mi vida entera como ciudadano de este mundo. 

Encontrarse con sinceridad consigo mismo, mirarse al espejo interior que no miente y desnudarse con humildad y objetividad para recorrer la memoria de lo acontecido, no es fácil. Requiere práctica permanente y honestidad con uno mismo. No en vano el examen de conciencia forma parte de los “ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola” que se hacen “en la presencia de Dios”.

Hoy para mí: “dentro de mí = en mi interior” donde habita también esa Energía que hoy identifico como “Dios” y la que encuentro sólo callando mi voz y mis pensamientos y adentrándome en mi conciencia como quien entra en la grabadora de todo lo que se ha vivido, para escudriñarla y sacarle provecho para el crecimiento diario de la vida. 

En la vida de novicio jesuita, además del examen individual dos veces al día, existió también otra práctica colectiva muy cercana a la anterior y muy impactante para mí al conocerla, que se llamaba “el ejercicio de culpas”. En esa sesión semanal de todos los novicios (éramos unos 18 a 20 en ese momento), junto al maestro de novicios que oficiaba como “moderador” del grupo, cada uno pasaba al frente y escuchaba, silencioso y de rodillas,los comentarios que uno por uno, sus compañeros le hacían, sobre todo en los comportamientos que observábamos pudiera mejorar cada novicio. 

Todos los comentarios debían comenzar con la frase: “Me parece que el hermano…” y se escuchaban una o dos frases que describían una cualidad, pero sobretodo un defecto o una conducta que mereciera algún comentario. No se podían hacer juicios, sino simples observaciones objetivas. Al final de los comentarios de todos, el P. Maestro resumía lo escuchado y agregaba su observación personal, siempre orientada a ayudar a quien estuviera al frente y que, como todos, estaba en el proceso de búsqueda de la santidad y de la perfección personal.

Mas tarde en la vida, y en familia, sin ser a veces consciente de ello, me descubrí creando un sin fin de momentos especiales con quienes establecía alguna relación personal y muy especialmente con mi esposa y con nuestros hijos. Unas veces, por ejemplo,revisábamos “el mensaje” de la película que acabábamos de ver,durante nuestro regreso en el auto hacia la casa. Hacíamos un balance del mes, o del año que acababa de terminar, o recorríamos en retrospectiva las experiencias de un viaje familiar o con otras familias y amigos.

Hoy, telefónicamente o en video-llamada, a la distancia, recorremos a veces individualmente o con mi esposa junto a nuestros hijos, sus viajes, sus experiencias de estudio o de trabajo, sus aprendizajes de vida afectiva, sus aventuras, las nuestras, nuestros viajes, la vejez y el retiro, y todo cuanto experimentamos en grupo y con lo cual queremos enriquecer la vida.

También en mi vida de profesional de la gestión de talentos en las empresas en las cuales trabajé, y a las que asesoré y continúo asesorando hoy como consultor, siempre me he vuelto a encontrar con mi amigo de Loyola, descubriéndolo oculto en los procesos llamados de “Análisis y Evaluación de desempeño” de los colaboradores y en las prácticas gerenciales de “dar y recibir feedback” o retroalimentación, con las cuales los más renombrados gurús de la administración de empresas, proporcionan técnicas y modos de hacerlo, como una de las mejores prácticas gerenciales de cualquier gerente de persona, sin importar el nivel que tenga en la empresa.

En los cursos y talleres de liderazgo que implementé a nivel global en varias empresas, tuve la oportunidad de identificar al gran maestro de Loyola como quizás uno de los primeros lideres de una organización mundial (la Compañía de Jesús) donde estas prácticas gerenciales sobreviven como uno de los grandes secretos no ocultos y, pienso yo, claves de su eficiencia como grupo, sus procesos de decisiones, su compromiso mutuo, su visión conjunta, su inspiración como líderes y su éxito misional y empresarial. 

Aprender de la experiencia pasada, y superar quizás el aspecto negativo de buscar “los defectos”, “los errores” o las “debilidades”, que invadían los exámenes de conciencia de aquella época , buscando mejor lo positivo de esto, descubriendo mejor las oportunidades “de aprendizaje”, de “crecimiento”, de “superación” fue un nuevo y sutil cambio que descubrí era necesario implementar para hacer de las revisiones del desempeño en las empresas algo menos “evaluativo” y mucho más “constructivo” en el uno-a-uno de los colaboradores con su jefe. 

Implementar en los equipos directivos de las empresas  la práctica grupal de la evaluación de 360 grados, donde todos los niveles de individuos (no solo el jefe) sino los colegas y los subordinados o colaboradores, y aun otros dentro y fuera de la empresa, participaran en una práctica anónima de feedback virtual, fue todo un proyecto en el cual conseguí la adhesión de todos los presidentes de las empresas con las cuales trabajé.

En varias de ellas, esta práctica colectiva sustituyó, con lujo y eficacia, la famosa y trasnochada “evaluación del desempeño” y llegó a ser el mejor termómetro para incrementos salariales y crecimiento profesional en las empresas. De esta forma, el “ejercicio de culpas” del ayer, del noviciado, hoy involucra también, en las empresas más progresistas, al jefe, al evaluador, al líder del grupo que ciertamente necesita aun más del feedback de sus colaboradores para ser mejor líder…y qué falta nos hacehoy a todo nivel!

He llegado a la conclusión, ahora en mis casi 79 años de vida, que el examen de conciencia, disfrazado modernamente con el atractivo nombre del “feedback” o retroalimentación individual y colectiva, a todo nivel, sigue vivo y presente en mi vida en los proyectos donde me involucro, en los grupos que manejo, en las vivencias familiares y en la vida como un todo, como la gran marca indeleble de una época bella y profundamente intensa de crecimiento y siembra de valores y de prácticas para la vida, de la cual he vivido desde entonces con inmensa satisfacción y gratitud. 

Gracias, San Ignacio de Loyola! Y gracias a todos los Jesuitas que la sembraron en mí!

Darío Gamboa Henao

Septiembre, 2023

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Al cumplirse, hoy exactamente, 30 años de la transformación de mi padre a su nueva vida y como homenaje a su vida y su legado, quiero compartir con nuestros lectores la carta que le escribí y que leí en su servicio fúnebre, la cual también leí recientemente en nuestra tertulia de amigos exjesuitas dedicada a compartir cartas a nuestros padres.

Introducción a la Carta a mi Padre- Exjesuitas en tertulia- 6 de Julio, 2023

Viejo, mi querido Viejo: 

Acabo de saber que te nos has adelantado y que la vida física, ese inmenso don que siempre te acompañó, ha sido sustituída por esa permanencia eterna en el alma de quienes te adoramos. 

Hoy estamos todos llorando compungidos porque has dejado de brillar en esa paz y esa bondad que tanto desplegaste durante tu vida y que ahora es nuestro más precioso tesoro. Te vas, adelante en el más allá, a reunirte con quienes adoraste y ahora te reciben para compartir esa vida otra que nunca termina. 

Nos dejas un legado inmenso a tus hijos de honestidad a toda prueba, de sencillez y simpatía, de rectitud y de bondad que te hizo amar siempre la vida en todas sus formas de amor. Has recorrido esta etapa de tu existencia con la mente abierta y limpia de un gran liberal en el pleno sentido de la palabra. Tu infancia y tu juventud vibraron con las ideas de los grandes caudillos, tu madurez y tus años dorados siempre encontraron en tí al pensador ágil y certero, al político fiel y responsable, al enamorado de su tierra, de su gente, de nuestra nacionalidad. La victoria de los nuestros y tu invariable vibración por esa Colombia sana y limpia que tanto amaste, te colocó en el umbral de una nueva vida y hasta podríamos decir que diste tu vida por una emoción para tu tierra. Nos deleitaste siempre con el suave arrullo de tus versos que embrujaron a quienes tuvimos la suerte de escucharte. Por esa patria que tanto amaste, quisiste volver nostálgico, luego de que hijos ingratos de la violencia te hicieron huir apresurado. EI destino quiso que permanecieras aquí para que aquí, en tu Cali querida, reposaras para siempre y desde aquí pudieras contemplar para siempre tu Mameyal querido y añorado que te vio descubrir el mundo y al que tantas veces regresaste en busca de inspiración. 

Qué dicha haber compartido contigo tantos momentos bellos de la vida. Qué dicha haber recibido de tí tantos y tan preciosos regalos de amor, de generosidad, de ternura y sinceridad, de responsabilidad y de cumplimiento con el deber. Tus hijos aquí reunidos, tus amigos, tus familiares aprendimos tanto de tí, que hoy te queremos despedir para este viaje sin retorno, para el que partes con tus maletas cargadas de realizaciones sólidas, simples, pero profundas y sinceras. 

Tus ideas y tu compromiso con tus causas te llevaron muchas veces a enfrentar peligros y a resistir preconceptos. Tu dedicación a la vida del espíritu y a sus inquietudes nos colocó una vez en caminos aparentemente separados, pero bien pronto los dos comprendimos que estábamos unidos en la consagración al servicio de los demás, a la causa de los menos poseídos, a la justicia social. 

Con todos tus hijos fuiste el padre serio y firme en quien encontramos siempre la palabra certera, el consejo recto, el soporte oportuno. La vida nos separó de tí en ocasiones, pero siempre nuestro reencuentro fue mejor. Te fuiste de mi casa porque querías volver a tu tierra y tu corazón gemía por la infancia como buscando en esos pequeños el cariño sincero y puro que no tiene condiciones. 

Pachín: Hoy lloramos todos juntos porque tu cabeza blanca siempre alegre y cargada del apunte cómico, no nos deleitará más con esos versos picantes, con las historias de fábula infantil o con el juego retozón de chispa encantadora. Dejaste en todos los que te queremos una huella maravillosa de bondad, de cumplimiento del deber, de amor por la vida. 

Estamos tristes, sí porque la vida ha llegado a tí a pedirte tu cuota de transformación para iluminarnos de otra manera. Todas las religiones del mundo que tanto te inquietaron, nos hablan de esa vida que existe y perdura cuando comienzas a vivir como tú lo has hecho. No has muerto, la muerte no existe para quienes como tú, la vida es un don, el optimismo es su señal y la sencillez, una virtud. Hay muchos otros vivos aparentes que son muertos en el espíritu porque no aman como tú lo hiciste, no vibran con lo sencillo y puro como nos enseñaste a hacerlo, no cantan al amor como tú lo has hecho. 

Gracias por la vida que contribuiste a darnos a quienes somos tus hijos de la carne y a todos los que se beneficiaron de tu contacto personal. Gracias por el amor y la dedicación que nos enseñaste, gracias por tu paciencia y tu inteligencia, por tu paz e inspiración. 

Hoy vuelves a tu tierra del alma con un bagaje lleno de riquezas. Las del cuerpo y la materia quedan atrás, las del espíritu te las llevas, pues, desde el lugar incierto donde estarás iluminándonos, nos las devolverás diariamente para seguir en esta senda que nos has preparado. 

Canta un ruiseñor en la mañana, se oye la voz de un niño que acaba de nacer y al que arrullas en tus brazos cansados pero inmensamente tiernos. Esa casa que construyo en lejanos horizontes y a la que quisiste volver, será un monumento a tu inspiración, a los momentos intensos que convivimos, a las largas conversaciones de dicha y fraternidad. 

Hoy estarás mucho más cerca de nosotros que lo que la vida te lo permitió. Hoy cantaremos con menos alegría, pero con más profundidad, porque has pasado por nuestra existencia y la has enriquecido y enaltecido para siempre. Vivir al lado tuyo fue un privilegio, adaptarse a todo lo cambiante fue tu virtud, transformarse para acompañarnos mejor y para siempre, será tu misión de ahora en adelante. 

Viejo mi querido viejo, ahora ya no caminas solo. Te acompaña la eternidad !   

Darío Gamboa Henao.

Septiembre 13 de 1993. 

Cali, Colombia

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Carta a mi Padre

Por Dario Gamboa
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El evocador artículo publicado por Chucho Ferro el reciente Día del Padre, nos animó para compartir en una tertulia de nuestro grupo, los mensajes que tendríamos para nuestros padres, resumiendo nuestra experiencia de vida con ellos. Pedro Benítez, Marta Helena Ferro, Samuel Arango, Jorge Luis Puerta, Juan Gregorio Vélez, Jesús Ferro, Rosario (Ro) Rodríguez, Julio Hidalgo, Alfredo Cortés, Bernardo Nieto, Darío Gamboa, Reynaldo Pareja y Vicente Alcalá leyeron en este orden sus cartas en una tertulia emotiva y profunda que compartimos con nuestros lectores.

Exjesuitas en tertulia, Jueves 6 de Julio, 2023
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Siguiendo con las reflexiones de nuestros compañeros sobre la reciente entrevista de los jóvenes con el Papa Francisco, publicamos el video de la intervención de Dario Gamboa en nuestra tertulia del jueves anterior.

Intervencion de Dario Gamboa en Exjesuitas en tertulia – 25 de Mayo, 2023
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