Oferta y demanda es una ley del mercado, pero en el fondo es una realidad de la creación y una necesidad de la naturaleza humana: la creación ofrece y la humanidad demanda. En ese intercambio, surge el conflicto de muchas formas; la política debe gerenciar los conflictos.
Si no hubiera consumo no habría producción ni comercio (pensemos en la droga y el narcotráfico). Si no se produjera algo, no se demandaría (pensemos en el marketing y la publicidad). Si no se necesitara la energía eléctrica, no habría conflicto con las tarifas. Si se restringe la producción, oferta o comercialización del petróleo, sube el precio del barril. Si no hubiera carencias, no progresaría el populismo. Si no se quisieran más territorios, no habría guerras. Si no existiera ambición de dinero, si no se deseara el poder o el placer, no habría … pero tampoco habría…
Un poco simplista el análisis, en lo positivo y lo negativo, pero realista en el fondo.
Demandas, necesidades, deseos, carencias, requerimientos… muchas formas de motivación o impulso.
Ofertas, respuestas, promesas, oportunidades, soluciones… muchas formas de satisfacción o logro.
Pero, entre esos dos dinamismos se presentan múltiples conflictos. La política, en el buen sentido, debe ayudar a superar los conflictos; acudir a la negociación, a la normalización, la conciliación, la mediación, el arbitraje…
La política es el arte de conducir y armonizar la “polis”, la sociedad; la familia es la célula básica de la sociedad; la “polis” se ha convertido en la “aldea global”; por eso, la política debe ejercer su función de gerenciar los conflictos, desde la pareja hasta la comunidad internacional.
Oferta, demanda, conflicto, política: cuatro elementos, presentes en los diversos ámbitos de la vida y de la sociedad, desde lo personal hasta lo mundial.
Observemos la oferta de la creación y la demanda de la especie humana.
La creación ofrece luz para todos, tierra para todos, aire para todos, agua para todos, información para todos, abundancia para todos, salud para todos, naturaleza con sus recursos para todos, belleza para todos, armonía para todos, atracción e integración para todos, trascendencia para todos…
La especie humana, por su naturaleza y por su historia, demanda: claridad, alimento, libertad, fertilidad, conocimiento y educación, bienestar, medicina, trabajo y creatividad, arte, música, amor y solidaridad, espiritualidad…
Si no todos obtienen lo que ofrece la creación ¿es porque no hay suficiente, o porque no todos desarrollan su capacidad, o porque unos no se lo facilitan a los demás, o porque algunos no se lo permiten a los otros …?
La política debe servir para que todos tengan la oportunidad de disfrutar de todo. Como los conflictos son inherentes a las diversas situaciones, la política debe intervenir para la resolución de los conflictos a todo nivel, desde lo intrapersonal hasta lo global.
Eso es lo ideal, pero la realidad es que con frecuencia priman o prevalecen los intereses individuales sobre los colectivos; el bien particular se opone muchas veces al bien común; el bien aparente impide el bien real.
La tarea de la política es ingente y más cuando se trata de un país o de la comunidad internacional. Cuando la política falla, florece la violencia y la guerra.
Pensar que la política es solo cosa de algunos o que muchos estamos exentos de la política, es erróneo, es irreal, es irresponsable. Si todos afrontamos conflictos en un grado u otro, todos necesitamos la política, según nos corresponda, desde los ámbitos más reducidos hasta los más amplios; la política es un arte y un deber.
Vicente Alcalá Colacios
Julio, 2025


4 Comentarios
Otra gran oferta de la creación es un planeta sin fronteras, una gran demanda de la humanidad es la migración; entre ambos grandes conflictos, se necesita para armonizarlos una política justa. Muchos somos inmigrantes y emigrantes. Gracias por el artículo.
Muy claro y pedagógico el mensaje. Todo un esfuerzo de motivación para cimentar valores y expresar inquietudes. Gracias por tu colaboración y por hacernos reflexionar. Saludos. Hernando
Como siempre, gracias por ponernos a pensar.
Tienes razón al afirmar que pensar que estamos exentos de la política “es erróneo, es irreal, es irresponsable”. Elaborando sobre tu artículo, traigo a colación un documental (https://www.netflix.com/gb/title/81554996) que vi hace poco sobre el destino final de las prendas y productos que todos usamos y desechamos.
Quedé perplejo al recordar cómo millones de prendas, plásticos, zapatos y baterías, entre otros, terminan en los océanos o en basureros donde la disposición de los residuos no es la mejor. Muchos países reciben la basura de diversas compañías, pero no tienen la capacidad para tratarla y disponerla adecuadamente; como consecuencia, los desechos acaban en los mares, ríos o, sencillamente, en enormes extensiones donde se entierran o quedan al aire libre.
En esta problemática intervenimos todos: las empresas que producen los bienes, los consumidores que compramos, usamos y tiramos, y las administraciones locales y nacionales encargadas de la recolección y disposición final de estos residuos. Es, sin duda, un problema complejo, porque son muchas las partes involucradas, así como las actitudes frente al mismo.
Por lo general, se suele culpar a las compañías y, si son empresas con presencia global y marcas reconocidas (Adidas, P&G, Nike, GAP, ZARA, Amazon, etc.), las críticas son mucho más amargas y severas. Estas críticas son acertadas en muchos aspectos y, de ser ciertas, prácticas como destruir productos nuevos para que no sean donados o revendidos a menor precio —en detrimento del prestigio de la marca—, programar los productos para que queden obsoletos al poco tiempo, aumentando así las ventas, o incluso dañar intencionalmente alimentos para que no puedan ser consumidos una vez expirada su fecha de vencimiento, resultan abominables en un mundo donde mucha gente muere de hambre o no tiene forma de adquirir bienes básicos.
No obstante, siempre es más fácil culpar a otros y, más aún, si son compañías que generan altas utilidades y crecen año tras año: se convierten en el villano perfecto de la historia, y eso nos deja dormir más tranquilos, pensando que hay unos malos por ahí a los que hay que señalar y combatir.
Pero no: los “malos” de la película somos todos. Muchos damos regalos en Navidad y en los cumpleaños, nos gusta renovar el armario, comprar el capuchino en Starbucks o Juan Valdez con su tapita plástica, o pedir el granizado que se entrega en un prístino vaso plástico de un solo uso que, a pesar de lo que indica la etiqueta ambiental, no es reciclable. Obviamente, la intención al adquirir esos productos no es contaminar el planeta, pero lo estamos llenando de basura todos los días.
Existe una relación directa entre nuestros hábitos de consumo y los productos y estrategias que producen y emplean las compañías. Pareciera que lo primero que tenemos a la mano es revisar y cambiar nuestros hábitos, y asumir responsabilidad sobre nuestra huella ambiental en el planeta. Finalmente, todos somos parte del problema y parte de la solución.
Como siempre, gracias por ponernos a pensar.
Tienes razón al afirmar que pensar que estamos exentos de la política “es erróneo, es irreal, es irresponsable”. Elaborando sobre tu artículo, traigo a colación un documental (https://www.netflix.com/gb/title/81554996) que vi hace poco sobre el destino final de las prendas y productos que todos usamos y desechamos.
Quedé perplejo al recordar cómo millones de prendas, plásticos, zapatos y baterías, entre otros, terminan en los océanos o en basureros donde la disposición de los residuos no es la mejor. Muchos países reciben la basura de diversas compañías, pero no tienen la capacidad para tratarla y disponerla adecuadamente; como consecuencia, los desechos acaban en los mares, ríos o, sencillamente, en enormes extensiones donde se entierran o quedan al aire libre.
En esta problemática intervenimos todos: las empresas que producen los bienes, los consumidores que compramos, usamos y tiramos, y las administraciones locales y nacionales encargadas de la recolección y disposición final de estos residuos. Es, sin duda, un problema complejo, porque son muchas las partes involucradas, así como las actitudes frente al mismo.
Por lo general, se suele culpar a las compañías y, si son empresas con presencia global y marcas reconocidas (Adidas, P&G, Nike, GAP, ZARA, Amazon, etc.), las críticas son mucho más amargas y severas. Estas críticas son acertadas en muchos aspectos y, de ser ciertas, prácticas como destruir productos nuevos para que no sean donados o revendidos a menor precio, en detrimento del prestigio de la marca, programar los productos para que queden obsoletos al poco tiempo, aumentando así las ventas, o incluso dañar intencionalmente alimentos para que no puedan ser consumidos una vez expirada su fecha de vencimiento, resultan abominables en un mundo donde mucha gente muere de hambre o no tiene forma de adquirir bienes básicos.
No obstante, siempre es más fácil culpar a otros y, más aún, si son compañías que generan altas utilidades y crecen año tras año: se convierten en el villano perfecto de la historia, y eso nos deja dormir más tranquilos, pensando que hay unos malos por ahí a los que hay que señalar y combatir.
Pero no: los “malos” de la película somos todos. Muchos damos regalos en Navidad y en los cumpleaños, nos gusta renovar el armario, comprar el capuchino en Starbucks o Juan Valdez con su tapita plástica, o pedir el granizado que se entrega en un prístino vaso plástico de un solo uso que, a pesar de lo que indica la etiqueta ambiental, no es reciclable. Obviamente, la intención al adquirir esos productos no es contaminar el planeta, pero lo estamos llenando de basura todos los días.
Existe una relación directa entre nuestros hábitos de consumo y los productos y estrategias que emplean las compañías. Pareciera que lo primero que tenemos a la mano es revisar y cambiar nuestros hábitos, y asumir responsabilidad sobre nuestra huella ambiental en el planeta. Finalmente, todos somos parte del problema y parte de la solución.