En memoria de Manuel Briceño J., Carlos Bravo L. y Émile Poulat, maestros inolvidables.
Fiel a su divisa de que “la claridad es la cortesía del filósofo”, José Ortega y Gasset terminó entre aplausos su límpida disertación sobre el “yo soy yo y mis circunstancias”. A continuación, los asistentes a la tertulia de Sofrosina entablaron un diálogo que de inmediato giró en torno a la relación entre maestro y discípulo.
LINGUACUTA.- Estoy de acuerdo: yo soy yo y mis circunstancias… y mis circunstantes.
SOFROSINA.- Entre mis circunstantes considero fundamentales a quienes fueron mis educadores, empezando por mis padres y por todos los que me transmitieron su saber y, sobre todo, que me enseñaron a ser y a pensar.
LINGUACUTA.- ¿Insinúas que un educador no es sólo un instructor?
SOFROSINA.- Lo afirmo. Sin demeritar, por ello el oficio del instructor, docente o profesor que transmite un saber.
LINGUACUTA.- Es un arte, y bien necesario, el saber transmitir algo de la inestimable herencia de saberes que constituye la cultura humana.
SOFROSINA.- Pero educar es algo más que transmitir conocimientos. Maestro es quien, además de ser un buen docente, es un buen educador.
LINGUACUTA.- ¿Qué entiendes por “educar”?
SOFROSINA.- Cultivar a la persona toda; no sólo su cerebro sino también su corazón, su capacidad de amar, de desear, de imaginar, de sentir, de integrarse a la colectividad y de mejorarla.
ANTONIO GRAMSCI.- (Enfático. Agitando su abundante cabellera negra). Hay que dejar de concebir la cultura como saber enciclopédico en el cual el hombre no se contempla más que bajo la forma de un recipiente que hay que rellenar y apuntalar con datos empíricos, con hechos en bruto e inconexos que él tendrá luego que encasillarse en el cerebro como en las columnas de un diccionario para poder contestar, en cada ocasión, a los estímulos varios del mundo.
PAULO FREIRE.- A eso me referí cuando en mi Pedagogía del oprimido hablé de “educación bancaria”, ese tipo de educación que hace del educando un recipiente pasivo de conocimientos: “tú alumno, no sabes; yo, maestro, yo sí sé”.
SOFROSINA.- Por el contrario, educar implica una interrelación en la que también el maestro aprende y es modificado en ese proceso de intercambio.
PAULO FREIRE.- Sobre el vínculo entre maestro y discípulo puedes decirnos cosas muy interesantes, amigo Gusdorf, pues lo analizaste sin inocencia ni sentimentalismo en tu libro Pourquoi des professeurs.
GEORGES GUSDORF.- ¡Ya no lo lee nadie! Data de 1963, y muchos piensan que ya está pasado de moda.
SOFROSINA.- No lo creas. En el 2019 hicieron por primera vez una buena traducción al castellano. Se titula: ¿Para qué profesores?. La leí hace poco y pienso que sigue teniendo actualidad, más aún cuando no faltan quienes postulan que los nuevos adelantos tecnológicos -como el Internet y la IA- ofrecen herramientas suficientes para aprender por cuenta propia.
GEORGES GUSDORF.- ¡Pueden seguir soñando! El maestro es una presencia concreta, cualitativamente diferente de esas presencias abstractas y ausentes que pueden procurar las tecnologías actuales. Tú misma lo acabas de decir: el maestro no es solamente un docente. La IA puede enseñar, como pueden enseñar muchos docentes una disciplina intelectual, una técnica, un oficio, pero muy pocas personas disfrutan de la autoridad que les viene, no de su saber, sino de su valor y calidad como seres humanos.
PAULO FREIRE.- Interesante. Pero volvamos al tema del vínculo entre maestro y alumno.
GEORGES GUSDORF.- Es el maestro quien hace al discípulo y es el discípulo quien hace al maestro. El maestro promueve al discípulo, pero el discípulo también estimula al maestro para que dé algo bueno de sí mismo.
SOFROSINA.- No se da, pues, el uno sin el otro.
GEORGES GUSDORF.- Los dos viven, solidarios, la misma aventura. El maestro fue en otro tiempo discípulo, y el discípulo, si es digno del maestro, será maestro a su vez. La educación del género humano, en lo que tiene de mejor, se mantiene de época en época según la exigencia renovada de este cultivo del ser humano por el ser humano, de maestros en discípulos y de discípulos en maestros. Todo auténtico maestro es un maestro de humanidad.
MICHEL FOUCAULT.- (Desafiante). Lo que dicen es muy bonito, pero bastante idealista. También podemos considerar la educación como un ejercicio -abierto u oculto- de relaciones de poder. El maestro posee poder psicológico, social, físico. Puede premiar y castigar, excluir o incluir. Ayudarse de la promesa o la amenaza. Steiner, tú, que eres tan leído y que has reflexionado sobre los maestros, ¿qué opinas?
GEORGE STEINER.- (Ojeando la carátula de Lecciones de los Maestros, traducción de su Lessons of the Masters). Es cierto, también se puede hacer daño educativo…con las mejores intenciones. No sólo hay maestros carismáticos, también hay maestros que han destruido a sus discípulos psicológicamente y, en algunos raros casos, físicamente. Como contrapunto, ha habido discípulos que han tergiversado, traicionado y destruido a sus maestros.
LINGUACUTA.- Complicada labor la del educador.
GEORGE STEINER.- Educar sin un grave temor, sin una atribulada reverencia por los riesgos que comporta, es una frivolidad. Hacerlo sin considerar cuáles puedan ser las consecuencias individuales y sociales es ceguera. Sí, se trata de una labor complicada pero exaltante: el maestro tiene en sus manos la materia frágil de las posibilidades del discípulo.
SOFROSINA.- La cosa se vuelve más complicada si nos preguntamos: “¿Quién educará a los educadores?”. Eso es más difícil e importante que construir aulas o elaborar programas académicos. ¡El peor programa de filosofía, en manos de Platón es otra cosa!
LINGUACUTA.- Y el mejor programa en manos de un inepto, también es otra cosa.
GEORGE STEINER.- Los maestros, los que prenden fuego en las almas de sus alumnos, son tal vez más escasos que los artistas virtuosos o los sabios. Los maestros que saben lo que está en juego, que son conscientes de la interrelación de confianza y vulnerabilidad con sus discípulos son alarmantemente pocos.
SOFROSINA.- Por eso hay que cuidar con esmero a aquellos seres especiales capaces de cultivar las potencialidades de las personas que se les han encomendado, de cultivar su pasión por el saber, su capacidad de maravillarse y preguntarse por todo aquello que hace parte de la vida, su capacidad crítica, su mentalidad reflexiva, su creatividad. Dudo que eso vaya a lograrlo la IA.
LINGUACUTA.- Es fácil entender que ese tipo de personas no abundan y que, por consiguiente, los maestros que te “marcan” son escasos.
SOFROSINA.- Basta con uno. Si has tenido más de uno te puedes considerar muy afortunada. Yo tuve varios, sabios, discretos y respetuosos de mis propias búsquedas. Cada vez que pienso en ellos agradezco lo mucho que me aportaron.
ORTEGA Y GASSET.- Te lo encomio, pues en esta época de “rebelión de las masas” las muchedumbres están más inclinadas a la irreverencia que a la admiración y el agradecimiento hacia sus maestros.
GEORGE STEINER.- (Indignado) Cuando se eleva el incienso lo hace ante atletas, estrellas del pop, los locos del dinero o los reyes del crimen. ¿Ante quién se ponen en pie los alumnos? Plus de Maîtres [¡No más maestros!] proclamaba una de las consignas que florecieron en las paredes de la Sorbona en el parisino mayo de 1968.
MARÍA MONTESSORI.- (Con voz suave pero firme). Los buenos maestros dan un rayo de luz y siguen su camino.
FEDERICO NIETZSCHE.- (Luciendo un imponente y tupido bigote). Así habló Zaratustra: el verdadero maestro incita a sus discípulos a descubrir su propio camino. Se recompensa mal a un maestro si se permanece siempre discípulo.
GEORGE STEINER.- El verdadero discípulo sólo puede ser el que quiere aprender a seguirse a sí mismo.
HENRY DAVID THOREAU.- Y a marchar al ritmo de su propio tambor.
SOFROSINA.- Hicieron bien mis maestros en no pensar por mí sino en darme ocasiones de pensar qué podía aprovechar o no, y en estimularme para dar lo mejor de mí misma.
GEORGE STEINER.- Si educar es más que transmitir conocimientos, la enseñanza del maestro es, literalmente, ejemplar: las palabras instruyen, el ejemplo arrastra.
AGUSTÍN DE HIPONA.- Con palabras no aprendemos sino palabras: Verbis igitur nisi verba non discimus.
GEORGE STEINER.- Sin embargo, el “ejemplar” no debe convertirse en objeto de copia. El discípulo que copia el modelo se equivoca sobre el maestro y sobre sí mismo.
GEORGES GUSDORF.- Aquel que pretende imitar al maestro no lo imita en realidad, sino que se aleja de él, pues el maestro no imita a nadie. De hecho, el verdadero maestro es inimitable, y sus discípulos lo perciben claramente, el maestro es un original en el sentido positivo del término: no es un modelo para ser reproducido, sino un ejemplo en el cual el discípulo puede inspirarse.
SOFROSINA.- La imitación del modelo no produce más que una acción pasiva, un esfuerzo de conformidad. Por el contrario, la provocación del ejemplo es un estímulo para el discípulo.
MICHEL FOUCAULT.– (Con causticidad). Excusen si parezco mordaz, pero somos lo bastante viejos para saber que el hechizo del ejemplo puede actuar para lo mejor tanto como para lo peor; puede ejercerse en sentido ascendente o descendente en la escala de valores y de la construcción de la personalidad.
GEORGES GUSDORF.- No sobra la prudencia al escoger a un maestro. Además, por excelente que sea el maestro, ninguno logra la unanimidad, siempre encontrará contradictores. Pienso en seres extraordinarios como Sócrates y Jesús. Por otra parte, si nadie puede ser un maestro para todos, todos pueden ser un maestro para algunos. Cualquier ser humano puede convertirse en un guía de vida para tal o cual de sus semejantes en un momento difícil.
SOFROSINA.- Como a todo discípulo, también a mí me llegó el tiempo de separarme y de despedirme de mis maestros, pues el tiempo de todo maestro es limitado. Sin embargo, su recuerdo y mi gratitud han crecido con el alejamiento.
Dicho esto y después de lanzar numerosas vivas a sus maestros, los dialogantes se desvanecieron en la etérea inmensidad.
Rodolfo Ramón de Roux
Julio, 2025


6 Comentarios
Excelente pàgina. Muy agradable de leer. Que el maestro/discìpulo Rodolfo Ramon continùe por ese camino. Lo necesitamos.
Comparto la definición de nuestro querido SOFROSINA sobre el arte de educar: “Cultivar a la persona toda; no sólo su cerebro sino también su corazón, su capacidad de amar, de desear, de imaginar, de sentir, de integrarse a la colectividad y de mejorarla”.
La dialéctica entre el maestro y el discípulo a través de la educación positiva, crea vínculos que enaltecen el alma y trascienden el tiempo, que se regeneran como semillas en las nuevas generaciones creando lazos entrañables.
Tener por lo menos un verdadero maestro en la vida lo cambia todo, cuando le permitimos alumbrar en nuestro interior la chispa de la sabiduría humana, cuando compartimos nuestros destellos de esa sabiduría con él y con quienes están a nuestro alcance, de manera respetuosa, como buenos amigos.
Haber cruzado por los caminos de la vida a SOFROSINA, ha sido uno de los mayores privilegios que puede tener un improvisado discípulo que ha tenido la fortuna de haber tenido grandes maestros en la vida.
Mi mayor reconocimiento Rodolfo por tu sensibilidad y experiencia en el arte de Educar.
Rodolfo R: Que cierta tu última frase, especialmente cuando se refiere a personas como Manuel Briceño que dejaron en nosotros un acervo de virtudes y conocimientos: “pues el tiempo de todo maestro es limitado. Sin embargo, su recuerdo y mi gratitud han crecido con el alejamiento “. Gracias y saludos. Hernando
Educar es la única oportunidad de dejar una huella en el futuro de la humanidad; lo dijo Agustin Nieto Caballero, fundador del Gimnasio Moderno en Bogotá; su libro “La Escuela y la Vida” es una joya; fue mi brújula en mis 57 años de enseñanza.
Un abrazo, Gena
Pensar el papel de un educador, entendido el concepto, como la máxima expresión en la formación integral del ser humano, es volver a retomar desde la misma historia, la posibilidad de co-construirnos en relación con lo que yo soy fruto de ese recorrido a través del tiempo.
Ser un educador implica aceptarme desde mis realidades, y a la vez, entenderme desde la formación que me dieron mis educadores y mis compañeros. Cuando por cariño te aceptan en su grupo con un afecto especial e incluso te dan una identidad que luego marcará el paso por la vida. Dando de ti lo mejor y aquellos que luego serán tus discípulos, estarán eternamente agradecidos por ser con ellos un educador.
Educar es dar de sí lo mejor, y a la vez aceptar al otro desde sus realidades. Sólo esto es posible en la relación entre seres humanos. La IA no podrá ayudar a la formación integral de la persona, pienso que solo contribuye a un limitarse a repetir conceptos, sin darles un verdadero sentido.
Felicidades de nuevo Rodolfo. Sí que es una suerte haber tenido buenos maestros. No se encuentran muchos. No es fácil llegar a serlo. Como bien dices la mayoría de los maestros se hacen con sus alumnos y con el tiempo. Maestros excepcionales han acompañado a la humanidad y nos han enseñado a aprender, como nos decía Spinoza. A través de diferentes culturas nos han transmitido que el Gran Maestro lo tenemos dentro. En la nuestra, la cristiana, recibimos el mensaje de Jesús de donde está el reino de los cielos. Cuando uno aprende, sabe que no hay experiencia tan sublime como la de contactar con el Maestro Interior, con el Dios de la Naturaleza, con la Conciencia Universal. No es fácil, pero todos tenemos la posibilidad de hacerlo. Que el Maestro de la vida nos ilumine.